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Críticas de Time Bandit
Ordenadas por:
124 críticas
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8
17 de octubre de 2013
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tercera película de la directora argentina Lucía Puenzo, que adapta su propia novela, que a su vez se basa en la historia real de Josef Mengele: un despiadado criminal Nazi, que tras la Segunda Guerra Mundial se refugio en Sudamérica, donde continuo con sus experimentos en animales y niños. Puenzo continúa en la línea de sus anteriores trabajos, aunque en este film el tema del despertar sexual (a diferencia de sus dos primeros trabajos) pasa más desapercibido, si que coincide con ella en el retrato de personajes imperfectos, y en la búsqueda de un refugio aislado del mundo exterior (el hotel en el lago, la comunidad de nazis refugiados…), aunque dichos refugios no son siempre tan idílicos como suelen parecer a simple vista.


Àlex Brendemühl da vida a Mengele, y la elección no podría haber sido más afortunada, no solo por el origen del actor (medio español y medio alemán), sino porque clava completamente el personaje. Su actuación es una de las mayores bazas de la película, ya que recrea perfectamente la personalidad fría y observadora de Mengele, como también su obsesión por su idea de perfección respecto al cuerpo humano. Por otro lado, Florencia Bado no se queda atrás pese a su temprana edad en su papel como Lilith, reflejando perfectamente el lado ingenuo e inocente de su personaje.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Time Bandit
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8
20 de mayo de 2015
20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los personajes más emblemáticos del cine de los años ochenta, vuelve a la pantalla grande 30 años después de que se estrenara su última aventura. Y lo hace por todo lo alto, ofreciendo, tanto a los fans de la saga, como a recién iniciados a su mundo, una aventura de altura, con secuencias de acción inigualables. El creador de la saga, George Miller, vuelve al volante de la misma; pero esta vez sin contar con Mel Gibson como protagonista, cediendo el relevo a Tom Hardy; que ha demostrado ser una elección idónea. El cambio generacional es comprensible por el tiempo transcurrido entre las anteriores partes y esta lo cual se puede apreciar notablemente en el apartado visual, especialmente en las frenéticas persecuciones, pero manteniendo en todo momento el encanto de las originales.

El universo postapocalíptico de Mad Max se expande más que nunca con esta nueva entrega. El personaje central continua siendo un lobo solitario que lucha desesperadamente por sobrevivir, y deberá de huir de sus perseguidores, que esta vez no se contentarán con robarle la gasolina, si no que buscan también su sangre. Y ese es uno de los puntos más interesantes de “Mad Max: Furia en la carretera”, no sólo son limitados los recursos del agua y la gasolina, si no los propios seres humanos entendidos como tal. Ya que la sociedad que se nos muestra es de una estructura completamente piramidal, con un poderoso señor de la guerra en la cabeza, y con los escalones inferiores pensados exclusivamente para servir las necesidades de los de abajo. Prisioneros transformados en bolsas de sangre y órganos, mujeres esclavizadas con el único propósito de parir a los hijos del líder, y un ejército adoctrinado desde niños cuyo mayor aspiración es morir luchando, con una mezcla de fanatismo religioso y uso de drogas.

La obra original, “Mad Max, salvajes de la autopista”, era una muy modesta producción indie. La segunda, ”El Guerrero de la carretera”, sin perder esa esencia, fue una producción mucho más ambiciosa. Y la tercera, “Más allá de la cúpula del trueno”, tiró más por el lado comercial en todos los aspectos. Esta cuarta entrega de la saga sigue el camino de la segunda, la más completa y popular, y casi llega a su altura. Sin perder el espíritu del cine independiente y de serie B más gamberro, tiene todas las virtudes que todo blockbuster debería tener. A parte de funcionar como entretenimiento puro y duro, se tratan de temas de calado como las injusticias sociales a escala máxima en ambientes hostiles y el fanatismo religioso, y al mensaje ecológico propio de la saga, en esta nueva entrega se impone un claro mensaje antipatriarcal y feminista; todos esos temas tratados sin pizca de moralina y sensiblería barata habitual de las producciones de Hollywood.

Si espiritualmente la obra está más próxima con “El guerrero de la carretera”, coge el gusto por dotar a algunos personajes de mayor barroquismo, algo característico de “Más allá de la cúpula del trueno”, a destacar ese guitarrista ciego con lanzallamas incorporado. En cambio, lo que emparenta a “Furia en la carretera” con el origen de la saga, es que su villano esté interpretado por Hugh Keays-Byrne, que también ejerció de ese rol en “Salvajes de la autopista”. Hubiera sido interesante que Mel Gibson hubiera hecho una aparición similar. Respecto al sustituto de éste último, Tom Hardy interpreta de manera ejemplar a un Mad Max aún menos hablador que su predecesor, que está lejos del típico antihéroe lacónico que usa rompe el silencio con frases cortantes e irónicas. No, más bien se parece como un lobo solitario, desacostumbrado al contacto social y que solo habla como última opción. Junto a él, Charlize Theron da vida a una heroína fuerte, en las antípodas de lo que se podía esperar de un personaje femenino en una película de estas producciones. Destacando sus miradas, con las que expresa más que con sus propias miradas. Juntos completan un dúo como pocos en el cine actual.

Un guión que roza lo minimalista, donde la trama aparentemente sólo es una excusa para conectar entre si las diferentes secuencias de persecuciones. Pero este exceso de simpleza y la apariencia de que todo sea demasiado lineal, no tiene porque ser negativo; o al menos no afectar de tal manera al resultado final. Pues lo que consigue, al ir camino recto en lugar de andarse por las ramas, es que la historia se centre en lo principal de una manera más que efectiva. En definitiva, uno de los mejores blockbusters de los últimos años (¿el mejor desde que se estrenara la primera parte de “Los Vengadores? Puede ser), un entretenimiento de alto nivel, que esperemos que se mantenga en sus secuelas.
Time Bandit
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7
20 de diciembre de 2014
18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
La comedia de la temporada del cine francés, que cuenta con una premisa bastante similar al mayor taquillazo español del año, “Ocho apellidos vascos”; con la diferencia que, mientras esta última, al igual que pasaba con la también francesa “Bienvenidos al norte” explota los tópicos y las diferencias entre las regiones, lo que limita el alcance de la mayor parte de su humor al ámbito nacional. En cambio, las diferencias entre los personajes de “¿Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?” son mucho más universales, ya que no se basan en las distinciones entre dos regiones, ni siquiera de dos naciones, sino entre varias culturas (o religiones) diferentes. Puede que el matrimonio burgués y conservador testigo de cómo sus cuatro hijas se casan con un musulmán, un judío, un chino y un negro, que aquí nos encontramos sean franceses, pero podrían haber sido trasladados a cualquier otro país occidental sin necesidad de demasiados cambios.

Como ya apunta la premisa, el mayor peso de la trama (y de las situaciones cómicas) se apoya en las diferencias culturales, el hecho de que entre en tu familia una persona de otra cultura, etnia o religión, y los prejuicios entre éstos. Otro punto en común con la ya mencionada obra de Emilio Martínez-Lázaro es que ambas, pese a tratar temas tan espinosos como pueden ser ETA o el conflicto entre Palestina e Israel, en ningún momento salen del políticamente correcto humor blanco, pero no por ello perdiendo su efectividad. En ese aspecto, aciertan a no dibujar a los inesperados yernos (y sobre todo, a la familia del último de éstos) como si fueran ángeles perfectos y todo bondadosos, a los que el público se viera obligado a aceptar, simplemente, por su absoluta ausencia de maldad. En cambió, huyendo del maniqueísmo moralista, se muestran en todo momento como seres humanos, con virtudes y defectos similares al resto de los mortales, pero manteniendo sus características propias de su respectiva cultura.

El punto más flojo de la obra, sin duda alguna, es la insuficiente profundidad de todos los personajes; especialmente en el caso de las hijas, que salvo con la pintora-depresiva (que aun así, estas dos características no son suficientes para un personaje ni medianamente bien definido), del resto a parte de un par de menciones a su profesión, que tampoco resultan demasiado relevantes, no sabemos absolutamente nada sobre ellas. Aunque esto se compensa en parte por las correctas interpretaciones, donde destacan por encima del resto las de los veteranos Chantal Lauby y Christian Clavier. En cambio, su mayor baza a favor sea su ritmo, prácticamente carente de puntos bajos, que va “dejando caer” los momentos de mayor acierto cómico a buena distancia entre ellos: sin amontonarlos, ni dejando grandes “desiertos”. A lo que ayuda un montaje muy acertado, que en más de una ocasión colabora con éxito a la comicidad.

Una buena comedia para un mundo que cada día es poco a poco más universal, y afortunadamente, cada vez un poco más tolerante con el resto. Si esta obra tiene un mensaje, es que los prejuicios por muy grandes que sean, y por muy insalvables que parezcan las diferencias, siempre es posible derrotar esas dos barreras con voluntad mutua. Puede pecar de ser una visión, a día de hoy, todavía muy optimista, pero a veces hace falta para combatir el pesimismo del día a día. Y para eso, la risa siempre es una perfecta aliada.
Time Bandit
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8
3 de julio de 2015
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brasil, ese país exótico de fútbol y mujeres hermosas bailando en el carnaval, pero también de grandes desigualdades. Aunque el interés desde el resto del mundo se centre en el primer aspecto, esta vez se nos muestra la segunda; y lo hace a través de la relación de una criada y sus jefes, pero especialmente las de estos con sus respectivos hijos, y con los del otro. Los expertos dicen que una de las pruebas más fiables para comprobar el nivel de desigualdad de un país es comparar el salario de los padres con las de sus descendientes; si los hijos de los ricos tienen por general sueldos muy altos, y en cambio los vástagos de los menos favorables siguen recibiendo los salarios más humildes, el resultado es un país desigual en la que el puesto de siervo o amo se hereda, de la misma forma que se hacía en la no tan lejana Edad Media. La humilde criada de esta película lo ve con naturalidad, pero no su hija. Ella no se ve como la sierva de nadie, y con un gran esfuerzo hará todo lo posible para no serlo nunca. Un esfuerzo que no es solo suyo, sino de todos los hombres y mujeres de Brasil y del mundo, que quieren cambiar el mundo por uno más justo.

Aunque la protagonista a primera vista sea la madre, el gran peso de toda la trama recae sobre los hombros de su hija: sin ella, simplemente, no habría historia. Antes, en esa mansión todo estaba en su sitio, cada pieza estaba colocada exactamente en su sitio, parecía un paraíso aislado de las miserias de las calles de su país. Pero con la llegada de la hija de la criada, todo cambia, el orden que parecía inquebrantable se cae como un castillo de naipes. Esa familia burguesa no es tan perfecta como parecía. Al principio, los tres miembros de la misma tratan de alagar a la recién llegada, pero poco a poco irán mostrando su verdadero rostro, cuando la careta de las buenas intenciones caiga para mostrar las verdaderas intenciones que tienen cada uno de ellos para con la hija de su criada. Además, se va haciendo más palpable lo que se intuye desde el primer momento (y que da nombre al título), y es que el hijo de la familia adinerada se siente mucho más cómodo con su criada (y niñera) de lo que jamás ha estado o estará con sus progenitores.

La directora brasileña Anna Muylaert acierta con el tono, entre el drama y la comedia, con el que cuenta la historia; consiguiendo un gran equilibrio en el que no cae en ningún momento en el melodrama, ni se queda en lo superfluo. Destacando también en su trabajo, la muy acertada elección de encuadres, que “atrapan” a los personajes dentro del escenario, mostrando cuál es el sitio que le corresponde a cada uno, del cual no deben salir. La trama se desarrolla con un buen ritmo, mostrándonos de forma completamente creíble la evolución de sus personajes; donde también influye la labor de todo el reparto. En este aspecto hay que destacar la gran actuación de Regina Casé, dando vida a la servil y sumisa criada, que consigue dotar de un gran humanismo al personaje.

Una película que acierta al plantear y ejecutar su crítica social, y que cuenta con ciertos toques buñuelescos, como cierta similitud con “Diario de una camarera”, y especialmente “Susana, demonio y carne”. Al mismo tiempo, sirve para recordar al público (o al menos, a todo aquel que le conceda la oportunidad) que se puede hacer cine de calidad fuera de Estados Unidos y Europa.
Time Bandit
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7
25 de noviembre de 2014
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nueva obra del veterano director Ken Loach, que en esta ocasión nos traslada a la Irlanda de los agitados años treinta para contarnos la historia real del activista James Gralton, que con la ayuda de varios amigos y jóvenes de clase obrera de su pueblo natal convirtió un albergue en el único lugar en el que poder soñar y ser libres en esa Irlanda asfixiada por la gran depresión. Un lugar donde los jóvenes escuchan música y bailan, pero también aprenden arte, literatura, deporte, y sobre todo, a pensar por sí mismos. Pero ello provocará las iras de los latifundistas locales y de su párroco, que los considerará anticristos.

El cine del británico Ken Loach siempre ha estado relacionado al realismo social, sin intentar disimular sus ideales políticos, lo que suele producir el desprecio de muchos simplemente al no estar de acuerdo con dichos ideales. Pero dejando éstos al margen, no cabe duda de que nos encontramos ante una obra bien realizada sobre unos principios narrativos sólidos, y que cuenta con una preciosa fotografía que brilla tanto al mostrarnos los paisajes verdes de Irlanda, como en los abundantes planos de interior, que consiguen trasportar al público a una casa obrera de la Irlanda de los años 30. Las interpretaciones en todo momento resultan creíbles, pero no llegan a brillantes. Es cierto, que los personajes no poseen todos los matices que hubieran necesitados, llegando en algún momento al maniqueísmo.

La película inicia con imágenes de archivo para ayudar al espectador a introducirse mental y emocionalmente en el periodo histórico en el que se ubica la obra. Y esa sensación no abandona al espectador en toda la obra, ya que se esté de acuerdo o no con lo que la obra nos plantea, no cabe duda que consigue reflejar la época y el lugar que recrean. Siendo la elección de actores locales una gran elección para lograr este propósito. Ver esta obra es como mirar por una mirilla hacia el pasado, deteniéndose en un punto en concreto, y observar lo que sucede.

Seguramente, la subtrama del romance sea uno de los puntos más flojos de la obra, ya que no goza del suficiente tiempo como para poder desarrollarse del todo, lo que hace que el público no pueda sentir ninguna empatía por los dos enamorados, a lo que no ayuda el hecho que las escenas dedicadas a ésta no brillen precisamente por su original planteamiento. Pero, pese a ello se trata de una obra realizada con cuidado y mucha pasión, lo cual se nota de principio a fin. ¿Que se nota a favor de que parte recae la simpatía del realizado? Mejor eso que hundir toda la obra en una tibia falsa neutralidad. Un canto a la libertad, en todas sus formas, que tres cuartos de siglo después de los sucesos que narran, siguen siendo necesario.
Time Bandit
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