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Críticas de Wellesford
Ordenadas por:
180 críticas
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9
18 de enero de 2014
20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
A estas alturas Scorsese dota de calidad a sus películas utilizando aparentemente el piloto automático. En este caso filma a un ritmo frenético una historia donde el sexo, la droga y el poder del dinero acaparan el cien por cien de sus tres horas de metraje... y se hacen cortas gracias a un guión plagado de diálogos afilados y dotados de mala leche.

Nos ofrece una experiencia orgiástica plena de dinamismo visual, una bacanal de tiburones de las finanzas, corredores de apuestas sin escrúpulos y estafadores. En realidad, el cineasta construye su película de manera similar a sus anteriores Uno de los nuestros o Casino (voz en off, flash back, humor negro...) Pero es de agradecer la ausencia de violencia, sin asesinatos truculentos; aquí sustituye a los gángsters por esos cabrones que provocaron la actual situación económica que nos asola y en lugar de con balas, ametralla a la platea mediante estertores de palabras contundentes.

El director italoamericano maneja con brío el ascenso a la cima, por medio de un camino plagado de cocaína, pastillas y sexo salvaje para (como no podía ser de otra manera) caer desde el precipicio de la inmoralidad y el exceso.

Muestra el retrato de un personaje, Leo DiCaprio, que arrolla a todos y cada uno de sus compañeros de reparto. La película es suya, transmite magnetismo y hasta consigue la hilaridad en no pocas ocasiones. Con o sin oscar, Leo permanecerá en la retina del espectador en la que, quizás, sea la mejor interpretación de su carrera, uno de los personajes más icónicos de los últimos tiempos.

El efecto retardado de unas pastillas deriva en una de las escenas/secuencias más hilarantes que yo haya visto en muchos años, dura varios minutos y no deja de ser llamativo que semejantes carcajadas me las haya provocado el binomio Scorsese/DiCaprio y no otros cómicos especialistas del género.
Wellesford
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8
11 de julio de 2013
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con la perspectiva que da el paso del tiempo, podría decirse que esta película es un verdadero precedente de La naranja mecánica que Kubrick filmó tres años después (no parece casualidad la elección de McDowell para protagonizar el filme del americano).
Firme representante del Free Cinema británico surgido en la década prodigiosa de los sesenta, Anderson presenta la rebelión estudiantil como una metáfora de la lucha contra un sistema conservador y anquilosado en rancias tradiciones. Ya, el espíritu revolucionario de los jóvenes estudiantes protagonistas está representado en las paredes que adornan con posters de Lenin, el Che Guevara, el indio Jerónimo y fotos de soldados en Vietnam, en cuyas habitaciones van germinando la postrera secesión contra la rígida y dictatorial disciplina del centro estudiantil.
El director construye esta fábula anárquica con un tono surreal, intercalando escenas en B/N (los momentos de misa, secuencias nocturnas,...) con el grueso de la narración de tonalidades opacas que reflejan el hermetismo de la institución.
He querido ver en la inclusión de la joven muchacha el símbolo exterior que representa la libertad y el estímulo inductor a rebelarse. Siempre que aparece en escena es indicativo de momentos oníricos, surreales. Se muestran elementos que sugieren libertad sexual, homosexualidad o pedofilia.
La dirección es elegante y sobria, mostrando la amplitud de los espacios en que se mueven los personajes y la narración está dividida en varios capítulos en los que se va forjando paulatinamente la catarsis final. Meritoria la secuencia del castigo a que son sometidos los tres díscolos liderados por Malcolm McDowell.
La revolucionaria premisa de esta película es extrapolable a la situación actual en que vivimos, aunque en el año de su estreno, 1968, su vigencia fuese de tal contundencia social, que la Palma de Oro en Cannes está más que justificada.
Wellesford
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9
25 de septiembre de 2012
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El binomio Powell-Pressburger alcanzan aquí la perfección estética y argumental a partes iguales. Con una fotografía rabiosamente preciosista, casi mágica, sobre unos decorados de lírica majestuosidad, nos presentan un lienzo fascinante desde la estética. Pero con ello son capaces de servirnos una propuesta argumental bien jugosa.
Un grupo de monjas son enviadas a un templo en los confines del Himalaya, una especie de Sri Lanka ancestral aislado del resto del mundo. Allí darán educación a sus gentes y atención médica mientras promulgan la fe. La descripción de cada personaje es claramente definido: la rigurosa superiora interpretada por Deborah Kerr, la díscola y enigmática Ruth o la tenaz y veterana trabajadora campestre con el rostro de Flora Robson.
Más allá del retrato costumbrista, la atmósfera y aislamiento del paradisíaco entorno provocará dudas y luchas interiores; la presencia de un hombre afincado en el lugar despertará la sexualidad y los recuerdos de antaño, dando lugar a conflictos psicológicos entre ellas y desavenencias con los habitantes.
La idílica estancia se va tornando diabólica cuando una de ellas cede a la locura y los sucesos avanzan hacia un tenso final en la campana instalada al borde de un profundo e insondable abismo (vertiginosos planos cenitales del lugar).
Todo el reparto está espléndido y puede verse a una jovencísima y exótica Jean Simmons, sin embargo los personajes casi son engullidos moviéndose en torno a un avasallador diseño artístico rebosante de ignota belleza, una de las fotografías más hermosas que haya visto en una pantalla, dándole un halo de misterio y leyenda al relato. Un deleite visual para un guión de inquietante poder psicológico, plagado de imágenes que se adhieren a la retina.
Wellesford
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9
3 de diciembre de 2012
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ozu filma con sensibilidad y preciosismo, sirviéndose de sus inconfundibles planos fijos, impecables, conformando una obra en la que los conflictos emocionales en un entorno doméstico afloran a raíz del interés de un padre que anhela poder casar a su hija, que ronda la treintena.

Nos presenta la cotidianeidad del Japón a pocos años del fin de la guerra, a través de unos personajes que viven y se mueven en un país que está cambiando, occidentalizado paulatinamente (planos de carteles de Coca-Cola, otros de establecimientos escritos en inglés...). Las tradiciones y costumbres familiares de antaño se van diluyendo mientras vemos la evolución de la trama; la negativa reacción de la hija y posterior conformidad, así como el empeño del padre y la tía, hasta llegar a la resignación paterna ante un futuro de soledad.

Bello retrato de las relaciones humanas, del amor irrenunciable a los seres queridos, del sacrificio intrínseco en el ciclo de la vida. Cada encuadre transpira armonía y una homogénea serenidad se advierte en la simplicidad de cada plano, logrando un compendio solidamente enternecedor.
Wellesford
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8
24 de enero de 2013
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spielberg ofrece una cinta centrada en un puntual y crucial momento de la historia americana, el consabido proceso legislativo para la aprovación de la XIII enmienda. Opta por un relato más intimista de lo que aparentemente muchos esperaban, dejando a un lado las connotaciones épicas que el acontecimiento pudiera plantear, pero aportando ajustadas dosis de lirismo en su puesta en escena.

Dirige con sobriedad, paseando suavemente la cámara entre la dialéctica de los congresistas y dejando muestras de sapiencia cinematográfica a lo largo del metraje, con escenas de gran sutileza en su caligrafía visual. En este sentido me parece su película más "fordiana", pues contiene varios planos que lo corroboran. La mayor parte de la acción tiene lugar en interiores, algo inusual en el director y que defraudará a los que esperen otra cosa.

Profusamente dialogada, mostrando las diatribas y argucias políticas que el asunto requiere. El dinamismo argumental no decae, a pesar de su metraje se hace ameno, contando con un par de momentos de gran fuerza emocional gracias a un elenco extraordinario...

... y aquí llegamos, a su reparto. Lo de Lincoln... perdón... Lewis, es demencial, este británico es el mejor, a secas. Su contención, gesticulación, aplomo, carácter... hacen que te creas en todo momento que estás viendo al presidente más admirado de USA, hay que verlo para creerlo. Tommy Lee Jones tiene alguno de los mejores momentos con sorpresa argumental incluída; Sally Field brilla entre la mayoría masculina del reparto y las breves apariciones de la magnífica remesa de secundarios aportan esmeradas actuaciones en su justa medida.

El apartado técnico, como no puede ser de otra manera tratándose del director y una historia de época, es irreprochable: ambientación, diseño artístico, etc.

Gran película que no agradará a muchos adeptos spielbergianos por su carencia de epicidad y que repudiarán los que de antemano no esperan nada de este director, filmada con sólido pulso narrativo, a ratos pausado, apuntalada por un soberbio reparto, con el presidente a la cabeza. Eso sí, es una gran película americana... por si no lo sabían.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Wellesford
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