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Críticas 1.693
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
1 de junio de 2010
22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
(*)"En este lugar moraré, y mis herederos, hasta el fin del mundo"

Peter Jackson era el Ojo. Estaba dentro de Barad-Dûr, mirando todo lo que pasaba en la Tierra Media y vigilaba que todo saliera bien. Y vaya si salió.

Como ya comenté en mi crítica de "La Comunidad del Anillo", el que un director se atreva a rodar una trilogía como ésta tiene que estar loco por narices, y Jackson no sólo está loco sino que todo Mordor se ha unido para darle las fuerzas necesarias para acabar la trilogía de la manera en que la ha acabado: con 11 estatuillas, entre ellas la de mejor película y mejor director, y decenas de premios de diversa índole. Desde luego, merecido lo tiene.

Y es que "El Retorno del Rey" es la culminación perfecta para la trilogía más ambiciosa de la historia del cine. Es el final del camino para todos, la batalla anunciada, la épica, el romance, la gran guerra de la Edad y las despedidas. Después de la inconclusa segunda parte, la historia coge un "crescendo" imparable que culmina en un ya legendario final y, entre medias, las grandes alianzas entre los hombres que luchan para salvaguardar el mundo que conocen, y que prefieren morir a ver cómo la oscuridad del Oeste lo arrasa todo. La blanca Minas Tirith, última gloria de Númenor, será testigo de la última batalla de la Gran Guerra del Anillo mientras que dos pequeños hobbits se las ven y se las desean para finalizar con éxito su proeza, igual que en las grandes historias que se contaban en la lejana Comarca.
John Noble
Como ocurriera en las dos primeras partes, tanto los escenarios como los personajes son tal y como uno se los puede imaginar al leer los libros de Tolkien. La majestad de Minas Tirith, la oscuridad de Mordor, la tenebrosidad de Barad-Dûr, la fetidez de Ella-Laraña, la tristeza y nostalgia de los Puertos Grises, el aire legendario de las batallas y la soledad compartida de Sam y Frodo al llegar al Monte del Destino. Es tal la profusión de momentos memorables, es tan rico el abanico de contrastes, que no se puede calificar a esta película y, ya puestos, a la trilogía entera, por menos de obra maestra. Pocas películas me ha emocionado tanto, y todo gracias a que Peter Jackson ha cuidado el más mínimo detalle como buen admirador de la obra que es (salvando, claro está, las inevitables licencias artísticas para hacer la película más comercial, pero todos sabemos que no hay ni un solo libro cuya versión cinematográfica sea perfecta).

El largo final está totalmente justificado, y contiene para mí los momentos más bellos de la película (al Spoiler). Todos los personajes merecían acabar la aventura de la mejor forma posible, y el resultado quizás no convenza a los más ortodoxos seguidores de la obra de Tolkien pero incluso ellos reconocerán que el final del libro no encajaría bien en la película.
La inmortal obra de Tolkien ha generado una película también inmortal, y sin duda será recordada por los siglos de los siglos.

Namárië...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La coronación de Aragorn como Rey de Gondor es de una belleza sublime. El canto élfico del rey mientras cae sobre él una lluvia de pétalos es la mejor forma de plasmar la poesía de las descripciones de Tolkien.
Igual de poética es la despedida en los Puertos Grises, el portal élfico hacia el Más Allá que conecta con la Tierra Media, y por el que todos los que han llevado la carga del Anillo deben cruzar. Frodo parte en el navío que lleva a todos a Valinor, la de blancas arenas, en su viaje hacia el lejano Este donde se encuentra la inmortalidad. "No os diré, no lloréis, pues no todas las lágrimas son malas"...
12 de noviembre de 2009
20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Inquietante y escalofriante. Todo un clásico del género de terror, y más concretamente del subgénero de espíritus ruidosos habitando mansiones antiguas. Peter Medak, realizador más bien televisivo, firma un ejercicio de tensión y suspense muy aceptable, y lo consigue con franca facilidad. Esos "travelling" de la cámara buscando "algo" por los rincones de la casa son, sencillamente, de lo mejor de la película. El ambiente general del film está muy bien conseguido, logrando retener al espectador tras la pantalla, consiguiendo que siga la investigación con la máxima atención y sobresaltándose en contadas y muy bien seleccionadas ocasiones.
Hoy en día se podría considerar que el planteamiento del film y sus clichés propios del género están muy vistos, pero se debe a que esta película sirvió de inspiración a más de un director, incluyendo a nuestro Amenábar. Es una cinta pionera en su género y sorprendió en su época, aunque ya se haya quedado un tanto desfasada.
En cuanto a las actuaciones, son de lo más correctas sin ser brillantes, y se encuadran perfectamente dentro del tono general.

Definitivamente, una más que aceptable película de terror psicológico para los amantes de este tipo de cine, y ¿por qué no? para el resto del público en general.
11 de agosto de 2015
18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los fructíferos ochenta dieron mucho de sí en lo que respecta a la creatividad de directores noveles que empezaron su andadura por entonces. Steve Barron no se ha hecho un hueco importante dentro del género salvo por un par de títulos más por fama que por calidad: “Tortugas ninja” (1990) y “Los caraconos” (1993), pero su debut con “Sueños eléctricos” fue acertado desde la perspectiva que dan los años.

El filme era de rabiosa actualidad en el año de su estreno, 1984, cuando los ordenadores personales empezaban a entrar en las casas particulares (¡ay!, ese Amstrad de 64K…). Barron quiso hacer una película moderna, actual e incluso algo adelantada a su tiempo respecto al uso de la tecnología y la inteligencia artificial. Aplica en el estilo todos sus conocimientos de realizador de videoclips para Madonna, A-Ha o Michael Jackson, por lo que el filme es muy visual y emplea la música como otro elemento indispensable, además de usarla como catalizador para el argumento.
Lenny von Dohlen
Tal como reza la frase inicial que resume la película, se trata de una historia de amor cibernética. Un ordenador personal, debido a un accidente casero producido por su dueño (Lenny von Dohlen), alcanza conciencia propia y se enamora de la vecina del piso de al lado (Virginia Madsen), al igual que también lo hace el propio dueño.

En el reparto no hay grandes actuaciones que destacar, si bien podemos disfrutar de una jovencita Virginia Madsen en uno de sus primeros papeles. El protagonista, Lenny von Dohlen, hace un debut correcto sin más, sin que alcanzara gran repercusión cinematográfica posterior.

“Sueños eléctricos” entretiene sin más, dejando una sensación agradable y positiva a pesar de un final poco elaborado. Destaca, como es habitual en las películas de la época, la banda sonora, combinando el buen hacer de Giorgio Moroder con canciones de grupos actuales por entonces como Culture Club y otros, con ese sonido característico que sólo es propio de los ochenta.
Recomendable para volver a disfrutarla los que la llegaron a ver en su momento, y para los que aún añoramos aquella década cada vez más lejana.
8 de marzo de 2024
16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dentro de la infinidad de películas más o menos acertadas sobre exorcismos que ha dado este subgénero, y lejos de la todavía hoy en día escalofriante “El exorcista” (1973), se encuentran ejemplos que se desmarcan un tanto del estereotipo que creó la película de Friedkin. “El exorcismo de Eastfield” es uno de esos raros casos en los que el tratamiento del tema principal, la posesión demoníaca, es curiosamente lo que menos miedo da.

Y es que se trata, una vez más, de un “caso real” sucedido en Australia, etiqueta que siempre viene muy bien a cualquier película para soslayar la importancia de lo que se cuenta. De esta manera, al espectador no le cabe duda de la autenticidad de lo que ve (amén de las licencias artísticas de directores y guionistas).

El filme de Nick Kozakis se centra en una joven (Ella Bourne) con problemas de salud mental. En vista de que la psicóloga no hace progresos con ella, su esposo (Dan Ewing) decide ponerla en manos de una congregación de fanáticos religiosos, liderados por un loco (Tim Pocock), para ayudarla a purgar su mal de una vez por todas.

Lo más aterrador del filme no es que la poseída empiece a hablar idiomas antiguos, que gire la cabeza 180 grados o que eche espumarajos verdes por la boca. Lo que de verdad aterra e inquieta es el fervor enfermizo de los fanáticos, el empeño de buscar el mal donde no lo hay y luchar contra un enemigo inexistente. En este sentido, Tim Pocock resuelve bien su papel de cultista maníaco y enardecido, creando un falso clima entre sus seguidores que vociferan y rezan mientras son incapaces de ver la realidad de la crueldad en sus mismas narices.

Kozakis pone en entredicho el extremismo religioso y el efecto ceguera que produce entre los fanáticos. Es una película incómoda pero bien acabada, teniendo en cuenta que es el primer largo del realizador.
29 de octubre de 2024
19 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Casey Affleck, hermano pequeño del celebérrimo Ben y nuevo ejemplo de la inexpresividad de los Affleck, protagoniza esta aventura espacial algo tramposa pero bien llevada de la mano de Mikael Hafström.

El director sueco construye un relato a medio camino entre el thriller psicológico y el thriller psicológico, porque lo que es ciencia-ficción como tal sólo está presente en unos escenarios repetitivos y en el fundamento de la historia, referido a un viaje tripulado hacia Titán, la gigantesca luna de Saturno. Dicho viaje necesitará del impulso gravitatorio de Júpiter u “honda gravitacional” del título, pero como pronto se podrá comprobar, lo mismo hubiera dado que el viaje fuera a La Recueja.

A pesar de todo, Hafström construye el relato mediante flashbacks bien situados y dosifica muy bien la intriga, de forma que consigue enganchar al espectador durante toda la proyección, jugando con él al despiste y provocando un final con sorpresa doble, aunque no del todo imprevisible.
Frente a la escasa oferta de títulos de ciencia-ficción memorables, “Slingshot” no contentará a los más puristas del género, pero menos da una piedra.
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