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5
17 de octubre de 2008
17 de octubre de 2008
67 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de nada le pediré disculpas a Miquel porque me voy a reiterar en lo mismo: "Desayuno con Diamantes" es una película infantil, sin pies ni cabeza.
Ya está. Ya lo he dicho.
Los votos a partir de 5 estrellitas, que es mi apuesta máxima por esta película están regalados y son un despilfarro. Lo que ocurre aquí dentro, sospecho, es que hay mucho mitómano cegado por los diamantes de Tiffany’s y por la espectacular belleza de Audry. Ni aún así es justificable que esté alzada a la Meca del cine (la película, no ella). Hoy se contempla como el clásico con mayúsculas, por el Moonriver que nos conmueve a todos y por Audry. Punto final, ahí se acaba todo y no hay discusión posible, menos a objetar que esta película es absurda. Hoy vendría a ser algo parecido a “Algo pasa con Mary”, no digo más. Claro que a "Algo pasa con Mary" le pondré un 1 y a "Desayuno..." un 5, que tampoco soy del todo inmune al fanatismo cinéfilo.
Ya está. Ya lo he dicho.
Los votos a partir de 5 estrellitas, que es mi apuesta máxima por esta película están regalados y son un despilfarro. Lo que ocurre aquí dentro, sospecho, es que hay mucho mitómano cegado por los diamantes de Tiffany’s y por la espectacular belleza de Audry. Ni aún así es justificable que esté alzada a la Meca del cine (la película, no ella). Hoy se contempla como el clásico con mayúsculas, por el Moonriver que nos conmueve a todos y por Audry. Punto final, ahí se acaba todo y no hay discusión posible, menos a objetar que esta película es absurda. Hoy vendría a ser algo parecido a “Algo pasa con Mary”, no digo más. Claro que a "Algo pasa con Mary" le pondré un 1 y a "Desayuno..." un 5, que tampoco soy del todo inmune al fanatismo cinéfilo.

La escena: Audry, guapísima cantando en la ventana el Moonriver. Hay un tema musical mítico y una actriz mítica. No puedo más que rendirme a esa evidencia porque me parece maravillosa, ella. Y sólo por ella, la película merece ser vista. Pero paremos ahí: todo lo demás es confeti, nubes de algodón, un carnaval, un sinsentido y una serie de diálogos que nadie comprende. Si están escritos por Capote, menos me sorprende aún. Capote es la maruja de la literatura americana.
Lo de “A Sangre fría” y me refiero a la novela es de escándalo. Va desmenuzando toda la macabra historia como si escribiera desde la sección de sucesos sanguinarios de El Caso. Engancha sí, pero no está más que narrándonos, con mucho estilo de acuerdo, el crimen de Puerto Urraco. Que no me hablen de él como primer novelista non-fiction de la historia, por favor.
Pero volvamos a la película: no hay un sólo personaje que se comporte como una persona, de esas de andar por casa o que te tropiezas en la calle. No. Son histriónicos del primero al último. Si es una comedia, puñetera la gracia que me hace... Blake Edwards debió sugerir: comportáos como si estuvieráis todos “chalaos” y venga... ¡Acción!
Lo de “A Sangre fría” y me refiero a la novela es de escándalo. Va desmenuzando toda la macabra historia como si escribiera desde la sección de sucesos sanguinarios de El Caso. Engancha sí, pero no está más que narrándonos, con mucho estilo de acuerdo, el crimen de Puerto Urraco. Que no me hablen de él como primer novelista non-fiction de la historia, por favor.
Pero volvamos a la película: no hay un sólo personaje que se comporte como una persona, de esas de andar por casa o que te tropiezas en la calle. No. Son histriónicos del primero al último. Si es una comedia, puñetera la gracia que me hace... Blake Edwards debió sugerir: comportáos como si estuvieráis todos “chalaos” y venga... ¡Acción!

Audrey Hepburn
Ella, Audry, está de atar; él es una gabardina andante y un pelele con más paciencia que Job, por no mentar toda la gama de personajes secundarios, a cada cual más estrafalario (¡esa fiesta de disfraces es un desmadre! ¿y el chino? ¿a qué viene esa caricatura del chino?).
Aquí sobreactúa hasta el gato, Audry, Peppard y el resto del reparto, entre el que horror! aparece el tal marqués de Villalonga, uno de los rancios patricios españoles ya desaparecidos, que se congratuló toda su vida de haber besado a la chica.
No hay nada detrás de esta historia, no hay vida inteligente. Desengañáos. Es una película hueca, sólo una ilusión óptica con una preciosa banda sonora. Podréis ponerle mil diezes al Moonriver... pero no a la película.
Y por cierto, lo del gato no tiene nombre.
Aquí sobreactúa hasta el gato, Audry, Peppard y el resto del reparto, entre el que horror! aparece el tal marqués de Villalonga, uno de los rancios patricios españoles ya desaparecidos, que se congratuló toda su vida de haber besado a la chica.
No hay nada detrás de esta historia, no hay vida inteligente. Desengañáos. Es una película hueca, sólo una ilusión óptica con una preciosa banda sonora. Podréis ponerle mil diezes al Moonriver... pero no a la película.
Y por cierto, lo del gato no tiene nombre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
¿Qué está buscando Audry Herpburn en esta historia? Cariño, protección y que le den muchos mimos porque en el fondo es una romántica empedernida. Vale. Y para eso, ¿hace falta infantilizar a su personaje? Actúa como una niña.
Tampoco entiendo porque abre tanto la boca cuando arrecia la lluvia, está casi por atragantarse. ¿Que porqué lo hace? porque sobreactúaaaaaaa !
Lo del gato no tiene nombre, y no sólo porque no tenga nombre (se llama “gato”) sino porque su relación con Herpburn es absurda. ¿Qué culpa tiene el gato? Está llenando su corazón, vale, por eso lo adopta. Es tan dura que ni nombre le pone (por no atarse a las cosas y a los seres a los luego le toma cariño) y resulta que en un momento se desmorona, con tanta fragilidad (a todo esto lloviendo a cántaros) que manda al gato a tomar por saco y luego corre tras él.
Y entonces llora que te llora por la calle hasta caer rendida en los brazos del jefazo del Equipo A.
Tampoco entiendo porque abre tanto la boca cuando arrecia la lluvia, está casi por atragantarse. ¿Que porqué lo hace? porque sobreactúaaaaaaa !
Lo del gato no tiene nombre, y no sólo porque no tenga nombre (se llama “gato”) sino porque su relación con Herpburn es absurda. ¿Qué culpa tiene el gato? Está llenando su corazón, vale, por eso lo adopta. Es tan dura que ni nombre le pone (por no atarse a las cosas y a los seres a los luego le toma cariño) y resulta que en un momento se desmorona, con tanta fragilidad (a todo esto lloviendo a cántaros) que manda al gato a tomar por saco y luego corre tras él.
Y entonces llora que te llora por la calle hasta caer rendida en los brazos del jefazo del Equipo A.
10 de agosto de 2009
10 de agosto de 2009
51 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo parecido le dice Peck a Jones en uno de sus taitantos "rodeos" a la morena. No es jerga. No se lo dice ni sutilmente, ni a la luz de las velas. Se lo dice tirándole de los pelos y arrastrándola por el establo. Para el caso es lo mismo.
Eso sí: ella, desmelenada, mantiene su dignidad intacta atravesándolo con esa mirada de fiera enjaulada que de un momento a otro parecerá que le salte al cuello...
Ya podéis esperar, ya.
Entre tanto Jennifer, la prima exótica, asiste al folletín de infortunios del linaje texano y feudal sobre tierras a las que bautizan como “Nueva España” y de las que tanto Peck como Cotten (herederos), se piran, (por supuesto), antes de que lleguen los “registradores de la propiedad”. Y empieza el culebrón.
Huelga decir que el señor registrador de la propiedad es amigo del terrateniente y que además, comprende y le duelen, las desdichas del patriarca (siempre los más dolientes personajes del west). Por enésima vez, estamos en la tierra más endiablada del mundo (y eso que no hay indios): Texas. Penas y disgustos de los hijos: uno es político y por eso traidor (le llaman Judas: Cotten). El otro es el forajido, el guapo y el chuzas (pero es el que mola; el que le mola a la Jenni: Gregory Peck).
Eso sí: ella, desmelenada, mantiene su dignidad intacta atravesándolo con esa mirada de fiera enjaulada que de un momento a otro parecerá que le salte al cuello...
Ya podéis esperar, ya.
Entre tanto Jennifer, la prima exótica, asiste al folletín de infortunios del linaje texano y feudal sobre tierras a las que bautizan como “Nueva España” y de las que tanto Peck como Cotten (herederos), se piran, (por supuesto), antes de que lleguen los “registradores de la propiedad”. Y empieza el culebrón.
Huelga decir que el señor registrador de la propiedad es amigo del terrateniente y que además, comprende y le duelen, las desdichas del patriarca (siempre los más dolientes personajes del west). Por enésima vez, estamos en la tierra más endiablada del mundo (y eso que no hay indios): Texas. Penas y disgustos de los hijos: uno es político y por eso traidor (le llaman Judas: Cotten). El otro es el forajido, el guapo y el chuzas (pero es el que mola; el que le mola a la Jenni: Gregory Peck).

Jennifer Jones
Para más enjundia y desgracia: eso de que se te meta una mestiza en casa, (o en el establo) es intolerable y más aún que tu señora esposa, aún muriéndose y con la mayor pinta de beata que ha dado el western haya sido un putón verbenero... (de alguna manera, rizando el rizo..., la culpable de que él esté postrado en silla de ruedas).
Nota mental. Si echas una cana al aire o sólo fantaseas con "otro", tu marido acabará en silla de ruedas.
Aquí abunda moral con la que predicar aunque ninguna con la que argumentar.
El colmo. John Ford es un macarra visto lo visto en “Duelo al Sol”.
Película, sí, para lucimiento de Jennifer Jones. Le dan un aire moruno, gaditano, le sueltan la melena y a mí, me recuerda tantísimo a la Chunga que es difícil hacerse a la idea de que en realidad sea mitad cherokee.
¿Qué diantre pinta Cotten aquí? Por otro lado ¿a Gregory Peck...? ¿cuándo le ha venido siquiera imaginado ese papel de malote con su amable rostro de Atticus*? Nunca. No cuela.
Nota mental. Si echas una cana al aire o sólo fantaseas con "otro", tu marido acabará en silla de ruedas.
Aquí abunda moral con la que predicar aunque ninguna con la que argumentar.
El colmo. John Ford es un macarra visto lo visto en “Duelo al Sol”.
Película, sí, para lucimiento de Jennifer Jones. Le dan un aire moruno, gaditano, le sueltan la melena y a mí, me recuerda tantísimo a la Chunga que es difícil hacerse a la idea de que en realidad sea mitad cherokee.
¿Qué diantre pinta Cotten aquí? Por otro lado ¿a Gregory Peck...? ¿cuándo le ha venido siquiera imaginado ese papel de malote con su amable rostro de Atticus*? Nunca. No cuela.

Gregory Peck & Jennifer Jones
Las cherokees no bailan flamenco, danza del vientre y siete velos, todo a la vez. Es imposible. Eso sí, la negra tonta sigue siendo, más tonta todavía, la subordinada de la nana de Escarlata O’hara y el padre, inflexible, más duro que el Peñón, el mismo que hemos visto mil y una veces en demasiadas historias de Hollywood.
La película vale por lo que vale el plano final. Y ¡maldita sea! el plano final es inolvidable.
Así que estáis condenados a verla.
* (En) "Matar a un ruiseñor".
La película vale por lo que vale el plano final. Y ¡maldita sea! el plano final es inolvidable.
Así que estáis condenados a verla.
* (En) "Matar a un ruiseñor".
11 de noviembre de 2008
11 de noviembre de 2008
39 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
- Una actriz de primera (en la realidad y en la ficción)
- un guionista de categoría (juicioso pero celoso)
- su esposa (testigo de cargo)
- un director de teatro (enamorado de la grandísima Davis)
- un crítico mordaz (siempre Sanders, siempre así de cínico)
- y Eva.
Un retrato dramatizado de la mujer ambiciosa, de una arpía y... destacado el rol denostado de la Eva evangélica y del “Adán-crápula-Sanders”.
Él... el que se beneficia de las mieles del Edén pero que tras ella, sale expulsado del paraíso, aquí con nombre y reputación: Broadway.
“Eva al Desnudo” puede releerse al revés, como El Corán; de derecha a izquierda. Y así es como te encuentras a un Sanders (personaje crucial convertido en Eva) que seduce a la ya de por sí ambiciosa Baxter (Adán).
Expulsados de lo divino (Broadway) hacia colinas, no montañas, mejor remunerados (las de Hollywood).
El teatro consiste en reducirse a un espacio de muchísima mayor honestidad (Bette Davis) que el del mundo del cine (Baxter). Pero... ¿es el procedimiento para triunfar en el teatro de la vida que las mujeres se devoren las unas a las otras?
- un guionista de categoría (juicioso pero celoso)
- su esposa (testigo de cargo)
- un director de teatro (enamorado de la grandísima Davis)
- un crítico mordaz (siempre Sanders, siempre así de cínico)
- y Eva.
Un retrato dramatizado de la mujer ambiciosa, de una arpía y... destacado el rol denostado de la Eva evangélica y del “Adán-crápula-Sanders”.
Él... el que se beneficia de las mieles del Edén pero que tras ella, sale expulsado del paraíso, aquí con nombre y reputación: Broadway.
“Eva al Desnudo” puede releerse al revés, como El Corán; de derecha a izquierda. Y así es como te encuentras a un Sanders (personaje crucial convertido en Eva) que seduce a la ya de por sí ambiciosa Baxter (Adán).
Expulsados de lo divino (Broadway) hacia colinas, no montañas, mejor remunerados (las de Hollywood).
El teatro consiste en reducirse a un espacio de muchísima mayor honestidad (Bette Davis) que el del mundo del cine (Baxter). Pero... ¿es el procedimiento para triunfar en el teatro de la vida que las mujeres se devoren las unas a las otras?

Bette Davis
Me quedo con:
1. "Mi único deseo es que me entierren de pié" (Bette)
2. Se ríe de Hollywood (Bette)
3. El teatro es arte mayor que el del cine (Bette)
4. Tema recurrente: la mujer siempre se agobia con su edad... “"Bill tiene 32 y los aparenta. Los aparentaba hace 5 años y los aparentará dentro de 20” (Bette)
5. Genuflexiones exquisitas de (Bette)
6. "(Su) temperamento consiste en reclamar como los niños atenciones cuando se sienten faltos de cariño" (Bette)
6. Curiosa esta vida nuestra... las cosas que se dejan caer al subir la escalera, olvidando que se necesitan cuando has de volver a ser mujer". (Bette).
7. Bette, Bette, Bette, Bette, Bette, Bette y siete veces Bette.
Probablemente contiene los diálgos más audaces de la historia del cine de los 50 (pronunciados por Bette); de ello también se encarga el cínico George Sanders, tan incisivo y corrosivo como en su otro papel de crápula, parásito y vividor de maneras aristócratas en "El Retrato de Dorian Grey". Pero ella (¿la he mencionado?), es la mayor DIVA de la historia del teatro, cuando exultante declama: "¡no seré nunca un ratón, sino una rata!
1. "Mi único deseo es que me entierren de pié" (Bette)
2. Se ríe de Hollywood (Bette)
3. El teatro es arte mayor que el del cine (Bette)
4. Tema recurrente: la mujer siempre se agobia con su edad... “"Bill tiene 32 y los aparenta. Los aparentaba hace 5 años y los aparentará dentro de 20” (Bette)
5. Genuflexiones exquisitas de (Bette)
6. "(Su) temperamento consiste en reclamar como los niños atenciones cuando se sienten faltos de cariño" (Bette)
6. Curiosa esta vida nuestra... las cosas que se dejan caer al subir la escalera, olvidando que se necesitan cuando has de volver a ser mujer". (Bette).
7. Bette, Bette, Bette, Bette, Bette, Bette y siete veces Bette.
Probablemente contiene los diálgos más audaces de la historia del cine de los 50 (pronunciados por Bette); de ello también se encarga el cínico George Sanders, tan incisivo y corrosivo como en su otro papel de crápula, parásito y vividor de maneras aristócratas en "El Retrato de Dorian Grey". Pero ella (¿la he mencionado?), es la mayor DIVA de la historia del teatro, cuando exultante declama: "¡no seré nunca un ratón, sino una rata!

Y en esto, sacude su abultada melena, arrojando impetuosa su abrigo de pieles y deshaciéndose de los guantes de satén con la mayor elegancia que jamás otra actriz manejó.
Anne Baxter está a la altura... en la película, pero jamás lo hubiese conseguido en el teatro frente a esa enorme Margot (Bette).
Se cierra el telón y...? Obra maestra donde las haya.
Y además sale una tal Bette Davis... Diosaaaaaaaaaa !
Anne Baxter está a la altura... en la película, pero jamás lo hubiese conseguido en el teatro frente a esa enorme Margot (Bette).
Se cierra el telón y...? Obra maestra donde las haya.
Y además sale una tal Bette Davis... Diosaaaaaaaaaa !
22 de abril de 2010
22 de abril de 2010
37 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo normal sería dudar con respecto al tadem Carrey-Winslet a la hora de decidirse por esta película.
Y sin embargo la inusitada pareja de intérpretes pasa a ser esencial en el melodrama que se nos avecina, al igual que las bolas de nieve que se estampan el uno contra el otro en un momento envidiable para cualquier ser humano doliente, sufriente y aficionado al amor.
Lo que cuesta digerir, no son las muecas de Carrey sino la complicación extrema a la que una difícil convivencia de pareja pueda llegar. Al punto de decidir borrarla de tu memoria por las bravas, sin embargo queriéndose el uno al otro a más hartar.
No es una película típica pero típico es que a grandes sorpresas como es “Olvídate de mí” no se les saque más provecho. Se le exige más a una película cuando es buena. Narrando una historia tan sorprendente, lo suyo es exigir todavía mayor potencial. O será que yo le pido peras al olmo.
Es en el montaje donde obra la decepción. Cae en el exceso, en el comodín del efectismo por las buenas: la cinta da más ventaja al envoltorio que al contenido. No tendría nada en contra en principio porque el celofán eclipsa y es arrollador, pero el meollo de la cuestión, el guión en sí, la idea nunca antes concebida es tan buena que sobran, creo, todos los recursos videocliperos e informatizados de los que se vale.
Y sin embargo la inusitada pareja de intérpretes pasa a ser esencial en el melodrama que se nos avecina, al igual que las bolas de nieve que se estampan el uno contra el otro en un momento envidiable para cualquier ser humano doliente, sufriente y aficionado al amor.
Lo que cuesta digerir, no son las muecas de Carrey sino la complicación extrema a la que una difícil convivencia de pareja pueda llegar. Al punto de decidir borrarla de tu memoria por las bravas, sin embargo queriéndose el uno al otro a más hartar.
No es una película típica pero típico es que a grandes sorpresas como es “Olvídate de mí” no se les saque más provecho. Se le exige más a una película cuando es buena. Narrando una historia tan sorprendente, lo suyo es exigir todavía mayor potencial. O será que yo le pido peras al olmo.
Es en el montaje donde obra la decepción. Cae en el exceso, en el comodín del efectismo por las buenas: la cinta da más ventaja al envoltorio que al contenido. No tendría nada en contra en principio porque el celofán eclipsa y es arrollador, pero el meollo de la cuestión, el guión en sí, la idea nunca antes concebida es tan buena que sobran, creo, todos los recursos videocliperos e informatizados de los que se vale.

No es una historia al uso. Un drama, sí. Pero no de esos en los que la desgracia, la enfermedad o la muerte arrollen con todo. No es ese tipo de “Love Story”.
Dos personajes secundarios, durante una noche, asisten ignorantes a una historia de amor de dos años. Genialidad por parte de los guionistas que narran en presente, en futuro y pasado y en todas las conjugaciones verbales posibles.
La estética de la película: todos sus planos cargan con un contenido cuidadosamente bello, relajante, nevado, al borde del mar; incluso los trenes y los tranvías apaciguan el desenfreno de la urbe. En la vida de la amantísima pareja no interceden esas incomodidades. Menos aún la nieve.
Ambas interpretaciones son buenas. De la de Winslet no dudaba: es una gran actriz. De la de Carrey sí. Pero me equivoqué. Lo borda.
Más a favor de la película: su banda sonora, acertadísima.
Película sorpresa y de ritmo arrollador como arrolladoramente recomendable por la parte que me toca.
Dos personajes secundarios, durante una noche, asisten ignorantes a una historia de amor de dos años. Genialidad por parte de los guionistas que narran en presente, en futuro y pasado y en todas las conjugaciones verbales posibles.
La estética de la película: todos sus planos cargan con un contenido cuidadosamente bello, relajante, nevado, al borde del mar; incluso los trenes y los tranvías apaciguan el desenfreno de la urbe. En la vida de la amantísima pareja no interceden esas incomodidades. Menos aún la nieve.
Ambas interpretaciones son buenas. De la de Winslet no dudaba: es una gran actriz. De la de Carrey sí. Pero me equivoqué. Lo borda.
Más a favor de la película: su banda sonora, acertadísima.
Película sorpresa y de ritmo arrollador como arrolladoramente recomendable por la parte que me toca.
19 de junio de 2010
19 de junio de 2010
34 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
No puedo evitar que esta película me recuerde a “La invasión de los ladrones de cuerpos” dirigida por Don Siegel, cuatro años antes, en 1956.
Compararlas es odioso, pero no sé porqué me da que Wolf Rilla se acordó de Siegel cuando puso en marcha este proyecto. ¿De serie B? Tampoco estoy segura si con esa catalogación se menosprecia esta joyita. De serie J, es el telefilm de Carpenter, el nefasto remake protagonizado por Superman en los 90.
“El pueblo de los malditos” es una sorprendente pieza de terror (nada da más miedo que los niños) en la que la imponente presencia de George Sanders y la caracterización albina de los monstruitos, arrasa.
Es cierto que no se buscan explicaciones lógicas al fenómeno y menos lógico aún que no se indague en las pesquisas siendo Sanders, padre de una de las criaturas, científico de profesión. De todas formas es loable la velada crítica al sistema y al Estado cuando precisamente Sanders se enfrenta a un alto mando militar aduciendo que dudosamente una sociedad evolucionará mientras exista siempre ese miedo a lo desconocido. A lo desconocido que hay que erradicar. ¿Y si nos leyeran la mente?
Compararlas es odioso, pero no sé porqué me da que Wolf Rilla se acordó de Siegel cuando puso en marcha este proyecto. ¿De serie B? Tampoco estoy segura si con esa catalogación se menosprecia esta joyita. De serie J, es el telefilm de Carpenter, el nefasto remake protagonizado por Superman en los 90.
“El pueblo de los malditos” es una sorprendente pieza de terror (nada da más miedo que los niños) en la que la imponente presencia de George Sanders y la caracterización albina de los monstruitos, arrasa.
Es cierto que no se buscan explicaciones lógicas al fenómeno y menos lógico aún que no se indague en las pesquisas siendo Sanders, padre de una de las criaturas, científico de profesión. De todas formas es loable la velada crítica al sistema y al Estado cuando precisamente Sanders se enfrenta a un alto mando militar aduciendo que dudosamente una sociedad evolucionará mientras exista siempre ese miedo a lo desconocido. A lo desconocido que hay que erradicar. ¿Y si nos leyeran la mente?

Martin Stephens & George Sanders
Por eso me desconcierta el final. Sin embargo no hay dilema: llegados al punto en que ni existe libertad de pensamiento teniendo que esconder nuestras ideas tras un muro de piedra, Sanders hace lo que toca.
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