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Caravana de paz

Western. Aventuras Travis y Sandy, dos jóvenes tratantes de caballos, aceptan la oferta de guiar a un grupo de mormones que se dirigen a California para cultivar las fértiles tierras del valle del río San Juan. En medio de las dificultades del viaje se encuentran con un trío de artistas ambulantes que siguen su mismo camino: se trata de una pareja madura y la joven Denver, de quien Travis se enamora. Pero su encuentro con los Clegg, unos forajidos a los ... [+]
Críticas 35
Críticas ordenadas por utilidad
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8
18 de agosto de 2020 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
En efecto, como es bien sabido "Caravana de paz" constituye una de las cintas menos conocidas de John Ford, pero no por ello es menos importante.
El nudo de la trama es un viaje, un viaje que para los mormones es la búsqueda de un lugar en el Oeste donde establecerse, para otros la oportunidad de ganar un dinero, de tener compañía, de huir de la justicia o de tratar de imponerla. Incluso los indios navajos que aparecen son capaces de integrarse y bailar junto a los caravaneros, y eso que para ellos "Los hombres blancos son todos ladrones, pero los mormones roban menos". Y hablamos de grupos humanos porque se trata de una obra coral, mejor, de grupos corales, al principio independientes pero que poco a poco confluyen en una comunidad de intereses, en un mismo final en el valle del río San Juan, la Tierra Prometida. No es por tanto tan extraño que no aparezcan grandes estrellas en el reparto. Hasta el protagonismo se comparte. Todos los elementos que constituyen la caravana, hombres y mujeres, mulas y caballos, perros y gatos, carros y carretas, todos constituyen un cuerpo entero, único, una unidad donde lo individual se subordina a lo colectivo. Esto es precisamente lo que más queremos destacar aquí.
Ben Johnson & Joanne Dru
En cuanto a escenas sanitarias vamos en esta ocasión bien servidos con solo contemplar el carro del Dr. Locksley Hall y sus equívocas acompañantes, repleto de anuncios publicitarios de sus mercancías y servicios: "Teeth pulled", "Hair restored", "Elixir lightning" ... Con la inevitable extracción de bala usando el elixir de serpiente de Singapur como anestésico (pre y postoperatorio).
Antes que nosotros se ha hablado con acierto de los grandes méritos de la dirección, guión, interpretación, música (y bailes), paisajes, folclore, etc. No insistiremos más en ello. Solo que el verdadero mérito está en el viaje, en la marcha. De hecho al final ni se describe la ansiada tierra de promisión que se busca con tanto anhelo.
Así pues, invitamos desde aquí a ponernos también en marcha para contemplar esta magnífica obra de arte: "¡Carros al Oeste!"
7
25 de enero de 2021 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
En apenas hora y media John Ford consigue otro de sus grandes títulos a pesar de que en su momento pasó relativamente desapercibida para la crítica que posteriormente la reconoció como una obra maestra.

Ben Johnson protagoniza esta historia en la que encarna a un tratante de caballos que junto a su compañero de fatigas guía un convoy de mormones a través del desierto hasta su particular tierra prometida. Por el camino se encontrarán con una banda de peligrosos forajidos a los que el sheriff local persigue con ahínco.

Se trata de un tenso viaje en el que el suspense está muy conseguido porque la violencia puede desatarse en cualquier momento.

Buen guion y reconocidos actores en el reparto, muchos habituales en el cine de Ford, para una gran película a pesar de su modestia y sencillez. Notable.
6
20 de febrero de 2009
6 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ahora bien, aunque sea una obra menor del gran maestro, no deja de ser interesante. Para mí el problema es que tiene poco guión y tanta música, que está bien por otra parte, da la impresión que Ford tampoco tenía demasiado que contar. Ford es de mis directores preferidos y me encantan muchos de sus westerns y películas en general como el hombre tranquilo, pero está me ha llegado a aburrir, no mucho, un poco solo pero viniendo de Ford es una pequeña decepción, sobre todo viendo las altísimas notas que se le dan a este film. No, definitivamente nada que ver con sus muchas obras maestras. Para concluir diré que sí es una película interesante, pero desde un punto de vista histórico y antropológico. Y la Dru muy guapa. Yo diría que le falta un actor de caracter y de primer plano a la película. Ben Johnson no es mal actor pero no es ni Wayne ni Stewart ni Peck, ni Widmark ni Tyrone ni Ladd ni muchos otros que ya son una leyenda del séptimo arte.
9
14 de febrero de 2024 Sé el primero en valorar esta crítica
Una de los western menos conocidos de Ford, quizás por no tener un actor principal de relumbrón. Aquí ese actor principal es el grandísimo actor secundario Ben Johnson, tan asiduo en las películas de Ford y para mí inolvidable en ese papel de malvado corregido al final por su conciencia en "Raíces profundas", de George Stevens. Pero están casi todos los "fordianos", Johnson, Carrey Jr, Bond...
Esto que diré ya ha dejado de ser subjetivo, pues es compartido por millones: ¡Qué a gusto se está viendo un western de John Ford! ¡Uno siente un bienestar tan distinto a eso que hoy llamamos "bienestar"! Y es que el bienestar que nos procura el ver un western fordiano apunta a una especie de felicidad. Todo se torna mágico, ningún otro director apunta en sus western a ese western ideal, al western de niños que muchos tenemos en nuestro corazón. Un sombrero, un caballo, un revolver, una mirada, un paisaje...es el western platónico, y por lo tanto el western amoroso y bello. Y en Ford uno no se hace la pregunta inútil de si era o no era así. Ante el arte, esa pregunta resulta frívola, superficial. La música de los pioneros es, como en "Río Grande", inolvidable en esta "Caravana de paz". Y el humor fordiano, que aquí aparece como un repetido tema musical en las advertencias del reverendo al líder del grupo mormón (Ward Bond), un cascarrabias, blasfemo, incapaz de corregirse con su mera voluntad. Los personajes femeninos, excelentes. La adorable Jane Darwell, a la que dan ganas de abrazar cuando mira a alguien sonriendo (casi siempre hacia arriba) con su pequeño pero voluminoso cuerpo. Qué rostro de humor encontró en ella Ford. Y qué decir de la actriz principal, Joanne Dru. Contemplarla y nada más. Cuando me acucian problemas y preocupaciones, yo no lo dudo, una de Ford. Te garantiza una pequeñita (a veces grande) incursión nada menos que en esa cosa tan efímera y difusa que llamamos felicidad. Eso es Ford. Nada menos.
9
15 de mayo de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
Caravana de paz (Wagon master, 1950) fue un de los proyectos que John Ford puso en marcha con la productora que fundó junto a Merian C Cooper, Argosy Pictures, desde 1947, con El fugitivo (1947) hasta su colapso en 1953 por el fracaso de The sun shines bright (1953). Fueron producciones que controlaba sin intromisiones de Estudios, como fue el caso de Fort Apache (1948), Tres padrinos (1948) o La legión invencible (1949). Caravana de paz supuso el primer protagonista para Ben Johnson, a quien tras años dedicado a la labor de especialista, Ford le ofrecería papeles secundarios en Tres padrinos y La legión invencible, posibilitando su primer protagonista en una producción de Argosy, Mighty Joe Young (1949), de Ernest B Schoedsack. Caravana de paz partió de una idea del propio Ford tras enterarse, durante el rodaje de La legión invencible, de la expedición mormona Hole in the rock, entre 1789 y 1880. Propuso a su hijo Patrick y a un frecuente colaborador, desde 1948, Frank S. Nugent, que desarrollaran su idea. Sorprendente es el abrupto inicio de Caravana de paz. Una sobreimpresión de unos pasquines de Se busca sobre la imagen de uno de los cinco componentes de la banda-familia de los Cleggs, cual variante de los Clanton de Pasión de los fuertes (1946), del mismo Ford, en el momento de realizar el atraco a un banco. Tras una acción que demuestra la inclemente crueldad de su líder, Uncle Shiloh (Charles Kemper), aparecen los títulos de crédito (no era usual en aquellos tiempos comenzar una obra con una secuencia previa a los títulos de crédito). Esa amenaza gravitará sobre las imágenes posteriores, definidas por la distensión y la luminosidad, por el desapego vital y un radiante espíritu solidario, en especial a través de gestos y acciones. Ya manifiesto en la posterior presentación de los dos amigos protagonistas, Travis (Ben Johnson) y Sandy (Harry Carey), que regresan a la civilización para vender los caballos que han capturado en las tierras salvajes de los Navajos, con esa conversación en la que Sandy intenta calcular infructuosamente el dinero que van a ganar, siendo corregido cálidamente por Travis. O en el encuentro con Wiggs (Ward Bond), que comanda la caravana de mormones. Durante la conversación negocian la venta de caballos. Contrasta la actitud relajada de Travis (cortando con su cuchillo un trozo de madera) y la intemperancia de Briggs, quien también les propone que les guíen, como jefes de carretas (wagon masters) hasta la tierra donde quieren asentarse, precisamente de donde vienen Travis y Sandy.
La armonía preside la narración, puntuada por excéntricos detalles, característicos de Ford, como la mujer, la hermana Ledeyard (interpretada por Jane Darwell, la madre de Las uvas de la ira, 1940), que toca el cuerno, un tanto desafinadamente, para poner en movimiento la caravana, o el encuentro con la caravana del doctor Locksley (Alan Mowbray, el actor que recitaba a Shakespeare ante la horda de los Clanton en Pasión de los fuertes), varados en mitad del desierto porque se quedaron sin agua, y sin mula ( ya que desapareció encabritada tras darle whisky), y completamente borrachos. Antológica la presentación de los componentes de esta troupe formada por tres, en la que destaca Denver (Joanne Dru), con quien, a lo largo de la narración, Travis establecerá un proceso de atracción y cortejo, con sus vaivenes, ante todo definido por los gestos y las miradas. Frente a los representantes de la pureza y corrección moral (aunque Perkins, Russell Simpson, reprenda con frecuencia la tendencia de Wiggs a los juramentos), la troupe del doctor es la de la embriaguez y la picaresca (Locksley es una especie de farsante curandero). En el cine de Ford la primera no es nada sin la segunda, o sin ella conduce a la hipocresía y la inflexibilidad, tan terrible como la salvaje brutalidad de los Cleggs, que se unirán a la caravana.
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spoiler:
Sin duda, el salvajismo a temer no es el de los indios, con quienes compartirán una pacífica noche de bailes en su poblado, sino el de unos supuestos civilizados, los Cleggs, quienes se unirán a la caravana por conveniencia (Clegg tiene aún en su brazo la bala disparada por el cajero del banco a quien luego mató a sangre fría). El primer conflicto acontecerá cuando uno de los Cleggs, Jesse (Mickey Simpson), intente forzar a una india, lo que determinará que Wiggs ordene que lo azoten como castigo para no soliviantar a los indios. Resulta particularmente admirable la serie de primeros planos de los rostros en el enfrentamiento entre los Cleggs y Briggs, Travis y Sandy: un auténtico duelo de miradas, contrapunteados por los de los indios. Para asentarse en un territorio virgen, en un entorno natural, salvaje, y establecer un espíritu civilizado definido por la conciliación y la solidaridad ( un espacio casi mítico) se hace necesario extirpar el salvajismo definido por la depredación y la crueldad, por la imposición de la voluntad. Pese a que ayudaran a Shiloh, extrayéndole una bala de su hombro, y les suministraran comida, los Cleggs no dudarán en pretender sustraerles su fundamental sustento, el cual es a la vez posibilidad de futuro, el grano para cultivar. Será el detonante del definitivo enfrentamiento violento, tras el cual Wiggs señalará a Travis que pensaba que no mataba humanos, y Travis responde que así es, solo a serpientes. Aunque, curiosamente, la intervención de los Cleggs, cuando se apoderan de la caravana, determinará que Denver no se marche, pese a que Travis le había propuesto que fuera su pareja, hecho que posibilitará que puedan afianzar su relación. Ford plasma a través de su fluida narración, como la del movimiento de la caravana, cómo se realiza una progresiva integración con el paisaje, con el entorno, como si desplazamiento y residencia se conjugaran. En el cine de Ford todo reside en el entre.
Alexander Zárate
elcinedesolaris.blogspot.com
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