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Anatomía de un asesinato

Drama Frederick Manion (Ben Gazzara), un teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer (Lee Remick). Ella contrata como abogado defensor a Paul Biegler (James Stewart), un honrado hombre de leyes. Durante el juicio se reflejarán todo tipo de emociones y pasiones, desde los celos a la rabia. Uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine. (FILMAFFINITY)
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6
14 de mayo de 2023 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me justan las películas de juicios. Este film viene con una puntuación muy alta, y realmente tenía expectativas. Pero si bien es entretenido, y tiene muy buenos momentos, es demasiado largo y no me terminó de atrapar. Y hay muchas cosas que no entendí, que escribo en el spoiler.

Me quedaron dudas sobre la conducta de algunos personajes, hay partes que me quedaron en blanco. Como positivo las actuaciones de los actores en general es aceptable, a pesar de su longitud la cinta es ágil y entretenida.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No se por qué hay varias cosas que no entiendo... Y los comentarios que pusieron 10 no lo explican...

Por empezar, el final es anodino, sin fuerza, esperaba algo sorprendente. Eso de la hija natural, en un personaje secundario, realmente no es tan importante. Yo esperaba conocer algo nuevo de la pareja violada-acusada... o algo que fuera otro móvil de asesinato (una deuda, el conocer algo vergonzante del acusado)

No entiendo bien la conducta de la mujer ¿por qué coquetea con el abogado? ¿por qué cambia de conducta?

¿Por qué nunca se aclara la relación que existe entre el acusado y su mujer? ¿Por qué la maltrata, y luego huyen juntos? ¿Se aman, se odian, se celan, se recelan, son compinches, se engañan?

¿Por qué no le pagan al abogado y huyen? ¿Un militar en servicio huye? ¿No cree que lo pueden encontrar en cualquier sitio con facilidad?

¿Qué es eso de dos fiscales que se intercalan? ¿Uno dubitativo y el otro agresivo y seguro? ¿Para que habla el dubitativo, si después le da protagonismo al otro? ¿Por qué no toma el caso el seguro y listo?
¿El ayudante de nuestro abogado abandona el alcohol de repente, sin más?

¿Los fiscales se juegan la vida defendiendo al Estado que es EL querellante, ya que los familiares directos del muerto ni se involucran y sólo son testigos; e incluso la hija natural, se mantienen distantes? Eso no lo entiendo.

¿Por qué el compañero de celda delata eso (no sabemos si es verdadero o falso) y el acusado se pone loco? ¿Por qué reacciona así?

¿Cómo un abogado sin práctica cotidiana, logra ser tan perspicaz y despierto? Realmente un desperdicio. Vive necesidades económicas, cuando podría, con tres juicios al mes y ese talento, tener una gran reputación, clientela y una pequeña fortuna...

¿Hace falta una hora para presentar a los personajes y recién comenzar el juicio? ¿No se podría haber abreviado un poco todo eso, sr. Otto Preminger?

¿Los juicios en aquellos tiempos de EEUU se daban con ese tono coloquial entre jueces y abogados, con interrupciones, destratos, bromas?

¿Y por qué tiene una nota tan alta? Hay film de juicios mucho mejores que este, que sin ser malo, es algo extraño...

Pareciera que lo extraordinario del film, en su momento, 1959, fue hablar explícitamente de algunos temas sexuales (violación, penetración, esperma, actitud ninfómana de la mujer del acusado, la palabra 'braga'...) y también dar a entender el detestable argumento que si la mujer provoca (que el abogado desbarata) puede ser violada... Pienso que envejeció mal; por ej., el asunto de las risas de la palabra 'bragas' me resultó indiferente.

Y debe haber sido una de las películas con más nominaciones y menos premios...

Con todo, no la pasé mal.

Nota: 6 (interesante)
8
5 de agosto de 2011 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es un verdadero festín para los amantes del drama judicial. Basada en un Best Seller. “Anatomía de un asesinato” es un deshuesado pericial en un juicio real.
Irónicamente Traver, alguna vez magistrado de Michigan. Prefirió regresar a la vida tranquila y dedicarse a la pesca. Y dejar de litigar.
Reconozco que este proceso judicial técnicamente perfecto y al cual admiro. Me atrapa durante el proceso. Pero después de verla siento como un rechazo al arte de litigar, ya que todo es intimidante, “conteste ¡Sî! Conteste ¡No! Algo a lo que los abogados están acostumbrados porque es su oficio.
Creo que al arte del litigio salpica de dureza el arte del cine, donde todo es más alegórico.
En las cortes, en los tribunales no hay nada de espiritualidad. Ya que no es una sala de cine, en donde se cultivan las fantasías del ser humano.
Por eso, esta película es magnîfica, bien hecha, con un “Stewart-Sinatra” dirigiendo el show y una Lee Remick atrapante. Sin embargo en nuestro mundo cinéfilo mágico, los títulos de abogados se quedan al margen. El realismo de “Anatomía de un Asesinato” lastima las ilusiones del mundo del cine. Casi a llegar a un documental disfrazado.
El alma del cinéfilo se siente agraviada como una esposa traicionada. Como cuando se habla de bragas en una cena familiar. Todo el mundo mágico del cine se escandaliza ante este proceso judicial tan real, tan real… como los humanos que vemos fuera de la pantalla. Por eso, cuando entren a ver esta película, poner un letrero a la entrada de la sala: ¡Sôlo para cuerdos!
9
21 de febrero de 2012 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las grandes películas del gran Otto Preminger, con su habitual blanco y negro de sus películas, y los títulos de crédito originales. James Stewart ofrece una de sus interpretaciones más "cachondas" por parte del actor, su abogado es un sarcástico, atípico y cínico abogado defensor. Consigue una de sus mejores interpretaciones y además una nominación a los OSCAR de 1960. Sobre el resto del reparto geniales Arthur O´Connell como "su consejero" inteligente, bromista pero borrachín, George C. Scott (pervertido en su interrogatorio a la protagonista) como el hábil fiscal de la acusación (ojo a sus referencias en la participación en una contienda bélica, porque luego encarnará al señor George S. PATTON, por la que ganó un oscar) y Lee Remick, que esta genial en su papel, y añade un carácter muy pero que muy erótico a la película, y responsable del juicio por el cual me quedan aún dudas sobre el final, sobre si fue ella quien incitó al asesinado a cometer la violación. Nunca se celebraría un juicio tan sarcástisco y tan insultante como el de esta gran película coral. Es Brutal, desgarradora e impactante para acabar la década de los 50, que para Stewart esta rellena de algunas de sus mejores interpretaciones (VERTIGO, THE MAN FROM LARAMIE, HARVEY O THE GLENN MILLER STORY). Otro aspecto al que habría que prestarle atención es a la música de jazz, y la afición del protagonista al piano. Otto Preminger ya jugó con la música en EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO (con Sinatra), y será muy habitual este elemento en otras películas de este austriaco.
James Stewart, Lee Remick & Ben Gazzara
Lo del título de la crítica viene relacionado con la prenda de la protagonista que es clave para determinar la violación, decía el juez no tienen otro nombre con el que se refería a ella, y decía el gran GCSCOTT, el nombre en francés es peor. y yo pregunto porque ese nombre es tan innombrable....
9
5 de mayo de 2013 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anatomía de un asesino de Otto Preminger, es posiblemente su obra culmen, un auténtico regalo para los amantes del séptimo arte. Dirigida de forma admirable e inteligente, le imprime un ritmo personal y único, marca de la casa.
Contiene un guión muy interesante, que es llevado a cabo de forma absorbente gracias a un argumento penetrante e inspirador. Además, la acción es acompañada en los momentos oportunos por una música bella y estimulante.
Las actuaciones son todas auténticas y con personalidad, posiblemente de las mejores actuaciones colectivas que he visto hasta el momento, ya que interpretan todos de forma muy convincente, atrayendo al espectador y haciéndole disfrutar en sus más de 2 horas y media de cinta. Mención especial al mejor papel de juez que he visto de la mano de Joseph N. Welch.
Para concluir, mencionar también unos destacables y estéticos trabajos de cámara, y unos diálogos ingeniosos, irónicos, ácidos y ocurrentes que se desatan durante el litigio. Como he dicho antes, un regalo para la vista, totalmente recomendable para los amantes del buen cine clásico, y para los que buscan excelentes cintas con historias de juicios en su interior.
8
27 de junio de 2014 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Preminger, director y productor de sus films, fue un liberal claramente comprometido, se encontraba en el mejor momento de su carrera cuando abordó esta película, uno de los títulos mayores de su filmografía, y uno de los mejores ejemplos de plasmación en el celuloide del funcionamiento y de los procedimientos ordinarios de la justicia. Encuadrada en el subgénero del cine de juicios que tantas grandes películas ha proporcionado y que permanecen en nuestra memoria, esta apasionante película es una de las más logradas, en mi opinión. Desde los créditos del film, presentados por los dibujos del gran diseñador Saul Bass, mientras escuchamos las notas musicales del maestro del jazz, Duke Ellington, el cual aparece en un momento del film al piano, podemos apreciar la vida cotidiana de un perezoso abogado de provincias venido a menos (James Stewart en uno de sus mejores trabajos), derrotado como fiscal que pasa el tiempo pescando y tocando jazz con su piano.

Porque más allá de ese caso de asesinato que le ofrecen para defender, esta es la historia de una redención, la de un hombre de leyes fracasado y un viejo amigo alcohólico (excelente Arthur O´Connell) que ejercerá de pasante para resarcirse de sus heridas y amarguras, defendiendo un caso difícil y morboso junto a una secretaria para todo (Eve Arden), sin remunerar y enamorada de su dubitativo patrón. Acompañan en el reparto a Stewart un grupo de actores emergentes que luego serían grandes, George C. Scott, Ben Gazzara y una fascinante Lee Remick, que encarna a una atractiva y ultrajada esposa que desprende una atracción sexual irrefrenable. La película rinde homenaje a un célebre magistrado liberal perseguido por el macarthysmo, Joseph N. Welch, haciendo el papel del bondadoso juez, y que entonces dejaba atrás la pesadilla antidemocrática que había padecido la sociedad.
A pesar de su larga duración, la película no aburre, pero se toma su tiempo para describir a los personajes, matizar el ambiente y los detalles de su personalidad, transmitiendo cercanía, verosimilitud y cotidianidad. Cosas difíciles de encontrar en el vertiginoso y estereotipado cine actual. Tras los primeros 50 minutos, asistimos al inicio del largo proceso judicial, que ocupa, con un breve receso de 5 minutos entre las dos sesiones, el resto del film, un juicio lleno de trucos sibilinos, brillantes escaramuzas y golpes bajos por ambas partes. Los testigos van relatando lo ocurrido, pero lo más destacable, en mi opinión, es que Preminger acertadamente no toma partido, cuidándose muy mucho de ofrecernos algún “flash back” de lo ocurrido, porque sabe que sería dar legitimidad a los hechos y lo que el cineasta pretende, es que nosotros, el espectador juzgue igual que debe hacer el jurado, que casi no aparece físicamente, porque lo que busca el director es el juicio del espectador, juicio que yo también me reservo.
Hay una cosa evidente, y es que los personajes hacen precisamente lo contrario de lo que dicen, sus actitudes contradicen sus palabras. Preminger dejará sentadas, además, las claves de su posición ética sobre el asunto. Porque si, por un lado, no duda en explotar, incluso con brillantez, los resortes habituales y peculiares del cine criminal que es el film de procedimiento, jugando siempre con la inteligencia del espectador mientras le muestra la superioridad de los métodos democráticos que incluye las ventajas e inconvenientes del jurado popular. Preminger logra verdaderos prodigios de puesta en escena para subrayar, negar o afirmar, el uso de la profundidad de campo será así un recurso brillante que le permitirá ampliar constantemente el universo visual del espectador, al tiempo que marcará siempre la cambiante superioridad de los argumentos de la acusación o la defensa.
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