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El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot

Aventuras. Drama Calvin Barr, un veterano estadounidense que desde la II Guerra Mundial ha vivido con el secreto de que fue el responsable de asesinar a Adolf Hitler, es reclutado por el Gobierno Norteamericano para intentar dar cazar a una criatura mitológica: Bigfoot, que vive en los bosques canadienses. (FILMAFFINITY)
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Críticas 16
Críticas ordenadas por utilidad
23 de agosto de 2019
21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sofisticada y con corazón. Transpira solemnidad. Está repleta de poéticas metareflexiones sobre la muerte de las viejas historias, los viejos monstruos que han sido el alimento subcultural de los hijos del siglo XX. Es un poema. El que logre mantener su tono, su personalidad, tras tal rocambolesco coctel de ideas y emociones que propone, es un gran logro. La película tiene un montaje, fotografía y banda sonora soberbios. Puerta de entrada a un nuevo realizador muy capaz de encontrar la identidad propia de la historia que cuenta y mantenerla hasta el final de sus consecuencias, por inconexas que estas parezcan.

Infravalorada por las espectativas que genera el título. Yo sin duda pienso seguirle la pista al guionista y director.
Paulie Badshadow
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28 de abril de 2019
14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Será que me gusta cómo trabaja San Elliott y no me parece tan mala como otras criticas.
Me parece original, bien ejecutada y con un toque sentimental que no me disgusta.
Y la he disfrutado mucho más en versión original (quien pueda y se atreva, incluso subtítulos) por la voz del protagonista.
Manolo Sierra
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27 de diciembre de 2020
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me vi empujado a verla por lo surrealista del título. Al principio pensé que era un guión que rechazó Clint Eastwood y que ofrecieron a Sam Elliot, pero no. Para mi es una película con buen argumento pero que falla al implementarlo o quizás lo oculta tan bien que la mayoría del publico se quedó a ciegas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Efren
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11 de marzo de 2019
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo no tan malo

Sam Elliot se echa el filme al hombro, con una caracterización natural de hombre duro, retraído y nostálgico que vive perseguido por su pasado.

Técnicamente bien realizada con una fotografía nocturna que nos recuerda el Noir.

Interesante la versión de la historia de Hitler así como su adaptación, sin duda esos flash junto con Elliot es lo mejor del filme.

Lo malo

El arroz con mango que es el filme, las analogías que no funcionan y lo forzado que se siente todo, sobre todo lo de Pie Grande que no tiene sentido argumental ni genera valor al argumento.

El efecto de Pie Grande es patético.

Fuertes cambios de ritmo que desvían el interés.

El disque humor negro no funciona.

5.5/10

Opinion Final: Un filme que empieza bien, con un personaje central interesante que se disuelve en demasiados flashbacks y una trama secundaria que quiere servir como analogía pero no funciona en lo mínimo
CINELOCURA
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20 de marzo de 2020
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos ante una flagrante genialidad indiscutible y totalmente desapercibida. The Man Who Killed Hitler and then The Bigfoot, a pesar de su estrambótico y rocambolesco título de Serie B pura, y su concepto propio de la misma, Robert D. Krzykowski (director de la película) hace un ingenioso y portentoso esfuerzo para hacer de la absurdez más ridícula un drama tintado de suspense, con un convincente romance atemporal, dando un giro completo a todos los aspectos cinematográficos (de contenido y forma) para brindar un sorpresivo esputo audiovisual al espectador. En los primeros segundos de metraje, el director sorprende con una primera línea de diálogo impactante, siendo esta el popular saludo nazi ("Heil Hitler") en un espacio y tiempo discordante para ello, iniciando, así, lo que podríamos considerar el primer acto, donde, a través de la concatenación de analepsis, la narración nos otorga la capacidad de psicoanalizar al protagonista y héroe de esta peculiar historia: Calvin Barr (Sam Elliott). Las escenas retrospectivas, tan importantes para el entendimiento del móvil y trasfondo de gran parte de los personajes, están encajadas en momentos narrativos críticos de forma perfecta, empleando transiciones sutiles (y algunas recreadas de manera flamante, sobretodo en el segundo acto) con las que se consigue que el espectador centre su atención parcialmente en la sucesión concorde y dispar de historias. El que considero el segundo acto comienza con una conversación que sirve a modo resolutivo de aquellas desinformaciones o dudas suspendidas obviamente necesarias para que la cinta sea atribuida al género del suspense, y que sirven para completar el dibujo histórico y psicológico del protagonista, pero también para crear el nudo correspondiente en la línea temporal en la que se sitúan los personajes y, así, alargar la sombra del pasado para correlacionarla con el presente. Sam Elliott hace una interpretación recia con gesticulaciones prácticamente inexistentes, exprimiendo un semblante inmutable y sereno que tan bien se ajusta a la construcción del personaje en cuestión; un héroe americano, veterano militar atormentado y maltratado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en el que la sabiduría que otorga la senectud lo infecta de perorata amarga, aunque humilde, en relación a la visión actual del mundo. No son pocos los planos en los que tanto la luz y posicionamiento en cámara de atrezzo y personajes crean imágenes simétricas, muy evocadoras al cine de Wes Anderson, donde la composición siempre se basa en líneas rectas donde el punto fuga a una altura horizontal, haciendo que los personajes en plano capten la atención absoluta del espectador y los sucesos que ocurren en primer plano. La caracterización y vestuario pasan inadvertidos (incluida la de Hitler) hasta la presentación del antagonista del segundo acto, The Bigfoot (Mark Steger), de una factura extraordinaria a la par que terrorífica que recuerda a los célebres y clásicos monstruos de Hammer Productions, como también recuerda a la misma su introducción, movimientos y relación afectiva, casi dadivosa, promovida por el que debería ser su cazador (invocadora ineluctable de La mujer y el monstruo de Jack Arnold). La implantación de Calvin Barr al mundo de la criatura, la curiosidad frente a lo desconocido, es un tema recurrente en el cine de ciencia ficción y terror, por lo que no es extraño que el director haga uso de los recursos propios del género (especialmente la trillada concepción del "cazador cazado"), la cual no sorprende a partir de su utilización. Por lo tanto, tampoco sorprende la forzosa irrupción del protagonista en el mundo del fenómeno (llamado en la película "La zona muerta", supongo, aludiendo al popular título de David Cronenberg) siendo prácticamente, tanto en contenido como en forma, una calcamonía de Aniquilación de Alex Garland. A pesar de ello, no minimiza el elogiable debut cinematográfico de un director ingenioso al que se debe seguir la pista. (7).
Tiggy
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