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Sexo en Oslo

Drama Dos amigos heterosexuales que trabajan juntos como deshollinadores empiezan a replantearse sus certezas alrededor de su sexualidad a raíz de dos sucesos que sacuden sus vidas. Uno le cuenta a otro que, a pesar de no considerarse gay, ha tenido un encuentro sexual casual con otro hombre. Su amigo, por su parte, lleva tiempo sintiéndose mujer en unos sueños recurrentes en los que es seducida por David Bowie. Sacar a la luz estos secretos ... [+]
Críticas 8
Críticas ordenadas por utilidad
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7
20 de octubre de 2024
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dag Johan Haugerud lleva más de 20 años en el mundo del cine, tanto como director y como guionista. Tras realizar varios cortometrajes, su opera prima fue ‘I Belong’, una tragicomedia sobre el mundo femenino. Pero hubo que esperar hasta varios años después para ver su primer gran trabajo "Barn" un drama político donde nada es lo que parece, que fue presentado en Venecia. Ahora nos presenta "Sex" su último trabajo, que marca el inicio de una trilogía que se completa con "Love" y "Dreams". "Sex" forma parte de la Sección Oficial de la Seminci y viene con tres premios bajo el brazo del Festival de Cine de Berlín, dentro de la Sección Panorama.

La película empieza de manera brillante, vemos como un deshollinador (Jan Gunnar Røise) le confiesa a su jefe que se ha acostado con otro hombre, un cliente donde estaba trabajando. Y encima se lo ha contado a su mujer de la forma más natural posible. Su compañero (Thorbjørn Harr) le confiesa que desde hace un tiempo sueña que es una mujer y que es continuamente seducida por David Bowie. Esos quince minutos de plano fijo viendo a los dos compañeros hablando nos da la percepción clara de por dónde va a transcurrir el resto de la trama.
Por otro lado, tenemos a la parte femenina de la historia, la mujer del trabajador, al principio no le da mucha importancia a lo sucedido, pero poco a poco su ansiedad va creciendo y entre ellos va surgiendo una desconfianza y mediante unos diálogos interminables intentan llegar a comprender porque ha pasado esto. Mientras tanto la esposa del jefe se lo toma de otra manera, está fascinada por los sueños recurrentes de su marido e intenta comprender porque le excita que el gran David Bowie admire a su marido, aunque sea vestido de mujer.

La película es su conjunto es muy plana, casi todo sucede en espacios cerrados (y cuando nos muestra la ciudad de Oslo lo hace enseñándonos planos fijos de chimeneas en imágenes claustrofóbicas), donde el trabajo del director de fotografía es fundamental y en dónde el continuo movimiento de cámara es incesante y es un deleite para el espectador. Tiene un inteligente guion combinado con escenas de comedia árida. La cinta propone más preguntas que respuestas y eso hace que su visionado sea visto todo el rato con gran interés.
El mensaje principal que nos quiere mostrar el director con esta película, es si el ser humano está preparado para los cambios tanto físicos, psicológicos y sexuales de esta sociedad actual. Seguiremos con gran interés el resto de títulos que conforman esta trilogía.

Lo mejor: Los interminables planos fijos y los dos actores protagonistas
Lo peor: Su estructura narrativa puede costar un poco al espectador

Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
7
29 de octubre de 2024
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos adentramos en la vida de dos deshollinadores cuya amistad es puesta a prueba tras una serie de confesiones inesperadas que sacuden sus concepciones de identidad y sexualidad. Al abrirse uno al otro sobre sus deseos y experiencias más personales, ambos hombres se ven obligados a reevaluar sus identidades, hasta ahora concebidas en términos binarios. La película aborda temas de género y sexualidad con una honestidad refrescante y sin juicios, invitando al espectador a reflexionar sobre la fluidez de la identidad en un contexto social conservador.

Dag Johan Haugerud presenta esta historia con una sensibilidad que se aleja de los clichés, centrando la dirección en una narrativa lenta y contemplativa que permite a los personajes explorar sus sentimientos sin prisas. Los diálogos, capturados en tomas cercanas y sin adornos, resultan orgánicos, como si el director nos permitiera escuchar una conversación real y privada entre dos amigos. Haugerud emplea un enfoque minimalista, sin música de fondo en momentos cruciales, dando espacio al silencio para que actúe como reflejo del peso emocional de las revelaciones de los personajes.

Los actores principales ofrecen interpretaciones sutiles y convincentes, aportando una naturalidad que potencia la autenticidad de la historia. Cada confesión es transmitida con matices de nerviosismo y vulnerabilidad, destacando la dificultad de abrirse sobre temas que desafían las normas sociales. La química entre los protagonistas, combinada con la incomodidad que experimentan al tratar de entenderse mutuamente, permite que el espectador se conecte emocionalmente con sus experiencias. Su actuación es fundamental para transmitir los cambios internos, como el desconcierto de uno de ellos al experimentar sueños en los que adopta una identidad femenina, seducida por una figura enigmática como David Bowie.

La fotografía sigue una paleta fría y oscura, acorde con el entorno de trabajo de los personajes, reforzando visualmente la atmósfera introspectiva y de introspección que caracteriza al filme. La elección de localizaciones, predominantemente en interiores, crea una sensación de confinamiento que refleja la presión que sienten los personajes al enfrentarse a sus propias revelaciones. Además, la ausencia de una banda sonora predominante permite que el espectador se concentre completamente en los diálogos y en las emociones que éstos desencadenan, aumentando la tensión emocional en cada escena.

Es una propuesta audaz que se adentra en temas complejos de identidad sexual y de género sin caer en convencionalismos, logrando una experiencia intimista y reflexiva. La dirección de Haugerud y las interpretaciones matizadas de los protagonistas permiten que la película se sienta honesta y cercana, invitando al espectador a cuestionar las etiquetas y a ver la identidad como algo fluido y personal. Destaca como un examen sensible y profundo de la sexualidad y la amistad, que desafía los estigmas y ofrece una visión moderna y respetuosa de las experiencias personales.
4
13 de marzo de 2025
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La propuesta del cineasta noruego Dag Johan Haugerud desorienta, en este caso en el peor sentido del término. “Sex” es un film extraño por anodino, por desnortado, por aburrido, porque nunca sabes hacia dónde camina su narración mientras que los zooms abundantes, los largos planos fijos y las extensas conversaciones de sus apáticos personajes supuran algo de tedio durante sus muy excesivos e innecesarios 118 minutos de metraje, los cuales podrían haber quedado reducidos a la mitad perfectamente.

Su inicio a través de un zoom setentero y una larguísima conversación rodada en un solo plano entre los dos hombres que la protagonizan promete mucho, pero… Nada más lejos de la realidad, puro espejismo dado que el resto de su propuesta es más de lo mismo hasta empachar.

Y ello a pesar de que la temática daba para mucho, por cuanto se trata de dos deshollinadores que, mientras que comparten el almuerzo en el trabajo, encuentran el momento para exponer con total libertad pero un poco de incomodidad por vergüenza ciertos momentos vividos de indefinición sexual a sus 40 años. En el caso de uno de ellos (interpretado por Thorbjom Harr) porque lleva varias noches soñando con que David Bowie lo mira para seducirlo como si fuera una mujer; mientras el otro (encarnado por Jan Gunnar Roise) le confiesa que ha tenido una experiencia sexual esporádica con otro hombre que ha confesado a su mujer.

Bien llevado, el argumento podría haber dado para mucho, pero el guión del propio director noruego no profundiza, ni emociona, ni tan siquiera discurre hacia algún objetivo concreto, ni en las conversaciones durante el trabajo entre los dos amigos ni cada uno de ellos en su respectiva casa y con su familia me trasladan nada concreto. Dicho sea de paso, la vida familiar del soñador supone además una digresión sin destino aparente con un hijo obsesionado con ser youtuber con una lesión en una muñeca (finalmente todo tiene la misma poca coherencia que aparenta así descrito), mientras que interesa algo más lo que ocurre en el hogar de quien confiesa haber tenido un relación homosexual que tiene que analizar hacia dónde lleva su matrimonio con una esposa desconcertada por tan inesperado giro.

Lo único interesante de esta sobrevalorada película es el aspecto visual, con una paradójicamente luminosa (para una producción noruega) dirección de fotografía de Cecilie Semec, porque sobre el aspecto actoral mejor no entro por no ser capaz de valorar el hieratismo de sus actores y actrices, no apto para andaluces de sangre caliente.
6
20 de abril de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una realidad onírica en el sentido del comportamiento de los personajes crea el universo necesario para cuestionarse si la identidad sexual y de género es algo que puede evolucionar. Las referencias a Bergman e incluso Almodovar (qué he hecho yo para merecer esto) con su BSO al estilo Bernardo Bonezzi, acaban en un microuniverso en colores pastel, reflexivo e hipnótico… cuesta entrar, y cuesta salir.
7
12 de junio de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos amigos y compañeros de trabajo como deshollinadores, ambos heterosexuales, se cuentan intimidades. El supervisor (Thorbjorn Harr), sentado en la mesa relata un sueño donde David Bowie emana bondad y belleza y le estaba mirando como si fuera una mujer.

Cuando el plano, su empleado (Jan Gunnar Roise) le cuenta que unos días atrás ha mantenido una relación sexual con un hombre por primera vez en su vida. Cuando su supervisor dice que no sabía que era gay, el empleado dice "No lo soy".

La cosa es como que ambos empiezan a replantearse sus certezas alrededor de su sexualidad, a raíz de estos dos sucesos. Sacar a la luz estos secretos pondrá a prueba su amistad, sus vidas familiares y su propia identidad.

Reparto y otros aspectos técnicos

Están bien en el reparto Thornbørjn Harr y Jann Gunnar Røise principalmente, acompañados por Siri Forber, Birgitte Larsen o Theo Dhal, entre otros. La música juega un papel importante, con la ondulante banda sonora jazzera de Peder Capjon Kjellsby.

También está la interpretación musical del supervisor con su coro y su grupo de orquesta. Aparece descalzo, con una bata roja y pantalones cortos y dirige un breve canto de alabanza y una danza lenta y sensual, caricias incluidas.

Cecilie Semec, como directora de fotografía, hace uso de planos lentos muy bien llevados, en la observación minuciosa de los personajes, con un brillo permanentemente etéreo.

El problema de la culpa y la conciencia

Resulta que el empleado le cuenta su relación gay a su esposa (Siri Forberg), veinte años de matrimonio, manteniendo que no cree que sea una infidelidad porque no le ha mentido. Ella no lo ve así y no se podrá quitar de la cabeza el suceso, y le manifiesta su preocupación de que pueda ser gay.

Clave de la experiencia es que el marido admite que le excitó que un hombre le mirara con deseo. Curiosamente conmovedora la idea de que los hombres quieren sentirse deseados, en formas que no se adecuan al molde tipo.

Ella, confundida, acaba por rechazarlo, no le permite tener sexo, incluso decide irse a dormir a otra cama.

El supervisor y su voz cambiada

De otro lado, el supervisor, que canta en un coro, está perplejo pues nota un cambio en su voz, que suena un poco más aguda. La directora del del grupo (Nasrin Khusrawi) le hace sacar la lengua y le ayuda diciéndole que el problema está en su mente y que es fruto del estrés.

No sólo esto, le invita a sacar su lengua, la profesora toma la lengua entre sus manos con una especie de tela, lo cual suena a cosa graciosa, pero los personajes lo toman muy en serio.

Ocurre también, que, para este personaje, el sueño con David Bowie se hace recurrente y disfruta con la sensación de que lo miren como a una mujer. Bowie lo mira en el sueño como nunca nadie lo había hecho.

Sobre el ser bisexual y la identidad

Esta cinta dirigida y escrita por D. J. Haugerud, noruego, deviene especie de psicodrama sexual, por ese discurso con disquisiciones minuciosas y a veces fatigosas sobre el significado del amor, el sexo y la fidelidad. Reflexiones rígidas y argumentos severos sobre la sexualidad.

También se puede decir que son hygge, porque la película nos brinda líneas de diálogo íntimo, de agradable convivencia, con sentimientos de bienestar y satisfacción. Más bien de cultura nórdica.

Pudiera parecer especie de vacuna contra lo que se denomina “masculinidad tóxica”: cuestionar reflexivamente y con sensibilidad, humor y franqueza, el asunto homoséxico.

Ambos protagonistas masculinos parecen acoger con agrado una nueva vivencia de vulnerabilidad, de un lado femenino prexistente y desaprovechado, que no equivale a debilidad, sino a libertad personal.

Pero apunto que la bisexualidad humana, lo femenino y lo masculino en cada ser, está descrita por el psicoanálisis desde hace décadas. Freud, Jung, etc. ya dijeron en cada persona hay mezcla de características del propio sexo como del contrario, el anima (lo femenino), el animus (lo masculino), etc.

Incluso Jung afirmó, con la llegada de la vejez, en el hombre, el lado femenino sale a le luz que deviene más dulce y compasivo; en tanto que en la mujer aflora su oculto lado masculino y se torna más activa y dominante.

Los hijos

El guion de Haugerud expande hábilmente sus pensamientos sobre los roles y expectativas de género al observar a los hijos adolescentes de los dos protagonistas.

El hijo mayor del deshollinador, Hans Petter (Hadrian Jenum Skaaland), se mete en problemas en la escuela por preguntar cuánto ganan los padres de otros estudiantes compañeros.

También se pregunta el joven por qué dos mujeres desconocidas se sintieron libres de pedirle a él y a su padre que cargaran con un refrigerador por ser hombres, y luego apenas les agradecieron, como una falta importante.

El hijo del supervisor, Klaus (Theo Dahl), está inseguro acerca de sus notas en todos los ámbitos, temiendo que sus calificaciones mediocres lo lleven a un futuro de estudios y trabajos con escaso nivel. Quiere ser influencer como su novia.

Por ir clausurando

La historia de esta cinta parece especie de devaneo-romance escandinavo donde los hombres de atreven a experimentar sexual, onírica y psicológicamente de su dimensión femenina, sin enfrentarse a prejuicios violentos o suposiciones binarias del mundo exterior, salvando la pareja del subordinado, cuya relación homosexual es vivida con pesar y ambivalencia por su mujer.

Esta discordia doméstica es manejada con madurez, sesgo civilizado en casa y un exceso de racionalizaciones, que son defensa contra la angustia.

La escritura de Haugerud es reflexiva y está plagada de ideas sustanciales, especie de experimento mental. Lo mejor es que la palabra de los personajes se toma al pie de la letra, pero sin juzgar ni valorar cínicamente su comportamiento.

Revista Encadenados: https://encadenados.org/criticas/sex-3/
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