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The Poor

Drama Narra la historia de cómo llegaron a prisión tres hombres, que ahora que están a punto de ser libres, no quieren salir, ya que no tienen ni donde dormir ni de qué vivir. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
22 de julio de 2011
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde mi punto de vista esta es la película que confirma a Yilmaz Güney como el Victor Hugo del cine, ¿cómo no ver en este crudo film un recuerdo de "Los miserables"? Me refiero a aquellos para los que la suerte es esquiva y para los que no existe la justicia. Posiblemente esta sea la única película en la que el director turco abandona la despiadada Anatolia para recalar en una de las ciudades más carismáticas y contradictorias del continente europeo: Estambul, hoy en día un foco turístico que aún esconde grandes miserias, lo cual hace que, por desgracia, esta película esté de rabiosa actualidad. La belleza de Santa Sofía o la Mezquita Azul contrastan vivamente con la -sea literalmente dicho- mierda en que nadan los protagonistas de este film, desde los niños hasta los adultos. Mientras los cruceros atraviesan el Bósforo o atracan en el Cuerno de Oro miles de buscavidas se afanan en sobrevivir diariamente. Precisamente el valor del cine de Güney reside en el hecho de que a lo largo de su filmografía realiza un recorrido completo por toda la geografía de Turquía, radiografiando su sociedad de arriba a abajo, de tal manera que si algo caracteriza a su obra es su afán globalizador, ese deseo por captar la realidad en toda su extensión.

Así pues, el carácter comprometido de Güney salta a la vista, no menos que su izquierdismo. Sus películas son, en buena medida, un ejercicio analítico de la sociedad turca desde el punto de vista del marxismo, pero no sólo desde una perspectiva clásica, sino también gramsciana, ya que el director, como buen vástago de una familia kurda condenada a vivir bajo el yugo de un estado opresor como el turco sabía perfectamente de la importancia de otros factores como el cultural en la comprensión de la realidad. Así pues, como ocurre a lo largo de toda su filmografía -aunque quizás de un modo más marcado aquí- los individuos retratados por el director kurdo se encuentran sometidos a la fuerza superior de un sistema dominado por una estructura cerrada que les impone una realidad a la que no pueden escapar: cada paso que dan los sume un poco más en la miseria, más o menos al modo de un agujero negro que va absorviendo lentamente la luz de sus vidas de forma irrevocable. No hay esperanza, no hay salida: es la lógica misma del sistema la que los ahoga sin remisión. Y esa situación desesperada queda perfectamente retratada en el hecho de que los tres protagonistas adultos traten de forzar su permanencia en la cárcel durante unos meses para poder salir de allí con el buen tiempo, no obstante el alcaide, acostumbrado a tretas de ese tipo, no pospondrá su salida: no hay esperanza.

Y es que, en estos submundos, la desgracia te marca desde muy pronto. Lo vemos en el caso de Abu, un pequeño que sólo conoció la desgracia al verse su madre obligada a casarse en segundas nupcias con un despiadado anciano que lo obligaba a mendigar y a cuya madre trató de prostituir.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
davilochi
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