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Living Among Us

Ciencia ficción. Terror Los vampiros se hacen públicos y un grupo de documentalistas decide pasar tiempo con ellos para ver cómo viven y coexisten con los humanos. Pero poco a poco se van dando cuenta de que algo se les va a venir encima. (FILMAFFINITY)
Críticas 2
Críticas ordenadas por utilidad
29 de marzo de 2022
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde sus primeras manifestaciones en la historia del cine con el “Nosferatu” (1922), de F.W. Murnau, o Drácula (1931) de Tod Browning, con el mítico Bela Lugosi (a quien ni el propio Cristopher Lee conseguiría eclipsar con las producciones de la Hammer), hasta nuestros días, la temática de los vampiros, ya sea siguiendo la estela del personaje creado por Bram Stoker, o, de modo más impersonal, con otros prototipos de este tan arraigado en el imaginario colectivo como culturalmente interesante ser, no ha dejado de ser una mina inagotable de innumerables propuestas creativas, cada una con su particular gracia e idiosincrasia.

Eso sí, muchas de ellas pretendiendo (siempre en vano) erigirse como “la verdadera”, la “auténtica”… o la “definitiva” historia q ue llegase a ser el epicentro del subgénero. Uno de estos casos sería la consagrada y premiada “Entrevista con el Vampiro” (1994), que no sólo contó con un reparto de lujo de primera fila (Brad Pitt, Tom Cruise, Christian Slater y Antonio Banderas), sinó que se consolidó como una de las primeras referentes, y por ende fuente de inspiración de muchas otras de la última generación de cintas que versan sobre las aventuras y desventuras de los chupasangres (incluyendo las de la saga crepúsculo).

No pocas son las referencias que “Living Among Us” (2019) guarda con la que sigue siendo, incluso casi 30 años después, un modelo prototípico o arquetípico de las historias de esta clase de monstruo. Así, sin ningún lugar a dudas, en más de una escena de la película dirigida por Brian A. Metcalf en 2013, y no estrenada hasta 2018, justo después de la muerte de uno de sus protagonistas, el actor John Heard, conocido entre otras como uno de los psiquiatras mandamases en “Despertares” (1991), podremos evocar a la que Neil Jordan realizó hace ya tres décadas.

Esta nueva propuesta aporta su grano de arena en plantear una peculiar base narrativa; algo cutre, pero que no adolece de seriedad y calidad, dando su toque de propia originalidad (manido tópico, pero muy “popu” entre los “hardcore” de la experimentación en el séptimo arte), en el archi aprovechado fondo de las historias de los “no muertos”.

Salvando las diferencias (en los años noventa apenas teníamos las herramientas actuales en tema de telecomunicaciones: chats, mails, interné, redes sociales… ), tanto en lo que se refiere al encuadre, como lo que respecta al guión, es innegable el paralelismo entre la historia interpretada por ídolos de la gran pantalla, y este relato, que las veces prende el formato de cámara en mano (cambiamos el magnetófono de Slater, por los artilugios digitales de Thomas Ian Nicholas (Mike), Travis Aaron Wade (Rick) y Jordan Danger (Carrie). Lo que en una es poesía y sentido estético de lo romántico, barroco y, según las etiquetas canónicas marcadas por la moda, llamado “gótico”, en “Living Among Us” es reducido a la desnudez; desde la construcción del entorno ambiental, pasando por el lenguaje de los personajes, el visual y sonoro del apartado técnico, hasta el planteamiento narrativo, Metcalf parece apostar por una especie de pseudo realismo con el que dibujar una verosímil y plausible realidad (la banda sonora incidental de Elliot Goldenthall en “Entrevista con el Vampiro” es un lujo del que “Living Among Us” queda desposeída, al no tener ni tan sólo compositor acreditado para una partitura que la habría hecho mucho más eficaz y completa).

El guión firmado por el propio realizador queda casi sin componer, para plasmar algo que perfectamente podría suceder, o estar sucediendo en un futuro no muy lejano. De hecho, en las sucesivas escenas podemos darnos cuenta de que la superficie de la ficción entraña simbolismos de hechos y realidades de candente actualidad: hipocresía social, violencia, mentira institucional, crisis de valores… Metcalf, que se asegura la omnipresencia en la cinta (dirección, guión, fotografía… hasta se permite interpretar a uno de los personajes), se asegura de contar mucho más de lo que aparenta hacer.

La máscara vampírica bajo la cual se reviste a los villanos de turno, podría ser algo totalmente circunstancial y agregado a la auténtica esencia de un metraje al que se podría perfectamente haber dado otro fondo temático. Es decir, lo que en la película son vampiros, podría haberse tradato de cualquier otra clase de espécimen: congregantes de una secta, miembros de una determinada clase social (por ejemplo de la política, que con los vampiros, por razones obvias, no guarda demasiadas diferencias), o asociados a algún tipo de banda criminal o mafiosa, deseosos de aparentar ante una sociedad atemorizada, no sólo su carácter inofensivo, sino también su voluntad de contribuir al bienestar general.

Tenemos ahí el boceto de una de estas historias con polémica sobre la moral de la inclusión o exclusión de un grupo diferente; la admisión en la realidad social de un colectivo al que se odia, teme, rechaza… por ser de índole distinta a lo que marcan los estándares del “stablishment”. Un colectivo que, por otra parte, tampoco renuncia no sólo a “formar parte de”, sinó a que su raza sea parte o total de la casta dominante, y para ello si es necesario, recurrir a lo más execrable (veamos aquí una referencia o semejanza con la película de Graham Baker, protagonizada por James Caan “Alien Nation”, de 1988).

Los personajes, a diferencia de “Entrevista con el Vampiro”, tienen un nivel de desarrollo y elaboración descriptiva casi nulo. Su caracterización es minimalista: con atuendos negros los varones, y la que marcan la diferencia, son las vampiresas, a cuya cabeza está la fría e implacable (escondida detrás de sus iniciales risueños buenos modales) Elleanor, interpretada por la bella Esmé Bianco. Del lado de los periodistas, tanto en sus atuendos como en su quehacer al principio, observamos lo mas desenfadadamente ordinario. En contraste con el encanto y atractibo de la presencia de los personajes creados por Anne Rice, en 1973.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Jordirozsa
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23 de abril de 2018
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de que los vampiros «salgan del ataúd», una familia compuesta por varios de ellos decide abrir las puertas de su casa para que se grabe un documental de su vida dando a conocer así su familia, sus inquietudes y costumbres pero a medida que el equipo de TV los va conociendo va sintiendo que algo no está bien.

Una película de cámara en mano, no recuerdo si metraje encontrado porque la vi hace tiempo. He decidido hacer la crítica ahora porque ayer vi «The lost tree» y quiero romper una lanza a favor de este director Metcalf que la verdad que esta «Living...» le da mil vueltas a la anterior «El árbol...».

Es de las típicas en las que parece que va todo bien y estupendo pero empieza a enrarecerse, las actuaciones están bien y los efectos especiales muy currados, sobre todo cuando uno de ellos se quema al sol. El final es algo «cheesy» —«cutre»— si no recuerdo mal pero bueno la experiencia final es buena. Aunque mi favorita de vampiros de cámara en mano siga siendo «Afflicted».

Total, el director se superó con este proyecto y digo «se superó» porque es el guionista de ambas producciones.

(Ni una película sin crítica).
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