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Suro

Drama. Thriller Helena e Iván se proponen construir una nueva vida en los bosques de alcornoques, pero sus diferentes puntos de vista sobre cómo vivir en la tierra emergen, desafiando su futuro como pareja.
Críticas 45
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7
18 de noviembre de 2022
75 de 86 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los últimos años, seguramente por cuestiones de financiación, autocensura, arraigo indie y, ojalá, por tratar de ser más trascendentales y alegóricos, abundan las películas ambientadas en el mundo rural protagonizadas por muy pocos personajes y con historias psicológicas alimentadas por dilemas morales de difícil resolución, pero que dejan entrever un interesante análisis sobre nosotros mismos. Bienvenidas sean si manejan esas intenciones y recursos de forma tan certera como lo hace "Suro", un film interesante, duro y tenso.
Rodada en catalán y ópera prima de Mikel Gurrea, la película aborda la incomunicación de pareja, la inmigración, el choque cultural o la dificultad de otras formas de vida en entornos ya viciados a partir del anhelo de una pareja que se propone una nueva vida en el campo, cerca de un bosque de alcornoques que tendrán que aprender a gestionar. Iván y Helena comprobarán rápidamente que las contradicciones y deseos del mundo moderno se mantienen casi intactos allá donde vayan, recrudeciéndose en la soledad del nuevo lugar, escenario que verá aflorar sus diferencias como pareja y las frustraciones personales, logrando transmitir un mensaje contundente sobre nuestra sociedad y la imposibilidad de remar a contracorriente.
Vicky Luengo & Pol López
"Suro", que significa corcho en catalán, es un pesimista retrato de un mundo impregnado de egoísmo, de racismo o de clasismo en su seca y vieja corteza, de la que es casi imposible desprendernos, y todo ello a través de la visión madura pero a la vez naif de unos individuos que desearían otra cosa pero que no saben cómo lograrlo, completamente perdidos entre el caos y la nada.
El excelente nivel del cine español este 2022 quizá la haga pasar desapercibida entre el público y de cara a la temporada de premios, pero en otras circunstancias esta sería una de las películas que competiría entre lo mejor del año con merecimiento.

www.peliculismo.es
2
26 de marzo de 2023
163 de 273 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que más me molesta de los dramas rurales de nueva hornada española es que están manufacturados por urbanitas que lo más cerca que han estado del campo han sido algunos fines de semana que se han ido de excursión o cuando van en vacaciones a la finca de los tíos. Desconocen por completo la vida fuera de la metrópolis pero no dudan en ponerse a grabar una película sobre ella y claro, las cosas salen como salen.

La película nos presenta a un par de pijos de Barcelona que deciden cambiar de vida e irse a vivir a la masía que acaba de heredar la chica. "Barcelona ya es solo para turistas", dejan caer en plan crítica, pero lo cierto es que esto es así por gente como ellos, que tienen en propiedad varios pisos herencia de su familia y que se dedican a explotarlos sin dar un palo al agua. Sí, amigos, rentistas puros y duros, parásitos sociales que aquí se nos presentan como dos jóvenes idealistas que van a vivir al campo a "reencontrarse consigo mismos".
Pol López & Vicky Luengo
La pareja protagonista es muy dispar y no pegan ni con cola. Un enanito de medio metro que es casi una réplica exacta de Frodo Bolsón pero con una verruga entre ceja y ceja. Y Vicky Luengo, que se supone que es un (no tan) joven valor por algún motivo que desconozco pero que tiene voz, hechuras y actitudes de perroflauta adinerada y con demasiada afición por los porros.

En fin, se van a vivir a la masía y pronto queda claro que Frodo Bolsón es un idealista que quiere mantener las esencias de la vida en el campo y que la idea de la chica es convertir la masía en un chill-out para sus amiguetes (la gente de campo es muy fea). Yo había leído que esta película era un western, pero ya me dirá alguien por qué. Principalmente, es un aburrimiento constante, de ritmo lentísimo (las dos horas de metraje parecen cuatro) y que mezcla temas sin orden ni concierto con una voluntad de análisis profundo, sí, tan profundo como las ideas de tu amigo Paco el del bar.
Vicky Luengo
Enseguida los personajes empiezan a evolucionar. Eso sí, no siguen un desarrollo lógico o marcado por los acontecimientos. Todo es un poco random y nunca sabes muy bien a qué atenerte con ellos, porque están desastrosamente construidos. Sabes que a Frodo le ha dado por estar en el bosque y mezclarse con los jornaleros, con especial afición por los magrebíes (que por algo vota a Ada Colau). Los trabajadores autóctonos y los, eeeh, inmigrantes en estado irregular, no se mezclan ni hablan entre sí, porque cualquiera sabe que en el campo son todos una panda de xenófobos. Pero ahí está Frodo para poner orden y concierto y para trabajar recortando corcho aunque no haga maldita la falta.

En cambio, la chica prefiere quedarse a su bola en la masía, obsesionada quién sabe por qué con arreglar un depósito que está hecho fosfatina desde la ampliación del estado de confinamiento decretado por Dios sobre Noé y los suyos en el Arca. Vicky Luengo logra una interesante y alternativa interpretación, fundamentada en mosqueos con su marido y en miradas perdidas en un primer plano que dan todo el rato la idea de que se está volviendo loca y de que va a cometer algo chungo. Pero no, esto no ocurre, de modo que debo entender que he sido yo quien no ha sabido ver el fascinante debate que tiene lugar en su interior y que el director ha intentado plasmar a base de machacones planos de este estilo cada vez que ella aparece después de cabrearse con su marido (unas doscientas cincuenta ocasiones en todo el filme).

El argumento da un poco igual, porque es tonto, simplista y errático hasta decir basta. El guion está trabajado con desidia y con la mente de un niño de cuatro años que se cree un genio pero que en realidad va ligeramente atrasado con las cartillitas para aprender a leer. Las frases que sueltan los protagonistas a veces son de vergüenza ajena, y al bueno de Frodo Bolsón le caen en suerte unas cuantas. Con especial mención a esa escena de conflicto en la que el director trata de imitar (u "homenajear") a Perros de Paja, para convertir en terror rural lo que hasta entonces es un bodrio indefinible, y que genera una alta dosis de vergüenza ajena cuando comprendes que está hecha en serio, que no esconde ninguna parodia, que es así y punto.

No es este el único caso de guionista poco dotado. Como todo mal guionista, en la película aparece un burro al que le dan unos minutos de plano y comprendes enseguida que es el típico recurso barato, sí, amigos, ese pobre burro va a acabar mal para hacer avanzar el guion (en qué dirección, eso ya es harina de otro costal). Podríamos citar también la fiestecita del final, con una escena donde Vicky Luengo se marca una interpretación que optaría a situación más absurda, ridícula y dura de ver por la vergüenza ajena que ocasiona, ya que no viene precedida de una serie de motivaciones que te puedan explicar qué narices le pasa a esa chica. Por no hablar de la conclusión, en la que se cierra el círculo del ridículo, del sinsentido y de las frases sentenciosas y estúpidas de las que tan orgullosamente hace gala esta película.

La verdad es que me he puesto de mala leche escribiendo esta crítica. El cine español tiene un enorme problema (quizá compartido con otros países, no lo sé). Y es que solo puede rodar películas quien tiene mucho dinero y contactos. Y esto casi siempre solo ocurre si has nacido en una familia de bien. Y si estás en contacto con puestos de poder (también ocupados por pijos como tú) y puedes beneficiarte de subvenciones. Cuando esta gente filma sobre cosas que no conoce, o que conoce solo por encima, ocurre el desastre, que es lo que sucede aquí.

Ojalá podamos ver algún día en España un drama rural moderno honesto, rodado con talento y con conocimiento de causa. Quien espere encontrar algo de esto en Suro, mejor que busque en otra parte.
7
25 de septiembre de 2022
41 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director donostiarra Mikel Gurrea presenta en la Sección Oficial del Zinemaldia su primer largometraje, “Suro”, con el que consigue el premio Irizar al Cine Vasco y el Fipresci de la crítica internacional y de la Asociación Vasca de Guionistas.

El film cuenta la historia de una pareja que toma la decisión de irse a vivir al campo y las tensiones que eso conlleva. Vicky Luengo y Pol López encarnan con garra, naturalidad y realismo a una pareja de jóvenes arquitectos, Iván y Helena, que ven la oportunidad de llevar a la práctica un nuevo plan de vida cuando Helena, embarazada, hereda una propiedad en una zona rural y deciden explotar el corcho (‘suro’) de un extenso bosque de alcornoques.

Con un ritmo cercano al western, con cercanía, asistimos a los entresijos de esta pareja, desde su aparente afinidad, hasta penetrar en lo más íntimo de su mundo interno. Cómo esos árboles que quedan desnudos, sin corteza, se verán cara a cara sin máscaras. El contacto con el entorno rural y las tensiones de convertirse en terratenientes, pondrá a prueba la imagen de sí mismos y la credibilidad de unos ideales que deben pasar a la práctica. La nueva realidad les obligará a enfrentarse a sus contradicciones, a replantearse sus convicciones sobre la inmigración, la explotación laboral, y los valores que son prioritarios para sostener su nuevo hogar.

Excelente debut, con una escenografía y clima a la altura de las notables interpretaciones de los dos protagonistas, que saben transmitir con naturalidad las contradicciones propias de su generación y del momento actual.
3
10 de diciembre de 2022
47 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ópera prima de su director, también guionista, este Suro cuesta trabajo de asimilar, igual que con viento cuesta pelar los alcornoques, casi los más protagonistas del film.

Es fácil reconocer en la película intentos de acercamiento al drama social (migrantes trabajando de manera ilegal), al drama de relación (de la pareja protagonista) y a una historia de vida rural. Sin embargo, la historia, tal cual se plantea, no puede con todo lo que quiere abarcar, y, de esta manera, las evoluciones de los personajes a veces son injustificadas y las situaciones que generan clímax resultan artificiosas.

El listón en drama social-costumbrista está alto, se me ocurren Éric Rohmer, Ken Loach, Aki Kaurismaki, Mike Leigh... Y sobre vida rural, los españoles Manuel Gutiérrez Aragón, Icíar Bollaín, Montxo Armendáriz, Carlos Saura... Y no voy a hablar de referentes de cine sobre relaciones de pareja, que no acabaría la crítica. Quiero decir que, a pesar de su condición de ópera prima, hay mucho cine, muchos referentes, mucha escuela, como para meterse en un lío semejante.

El dúo protagonista interpreta realmente bien, igual que Ilyass El Ouahdani. Pero lo hacen tan tan bien que el contraste con el resto de intérpretes es demasiado fuerte para que pase desapercibido, se nota mucho que no son profesionales como ellos y esto en ocasiones te saca de la película.

Al final se dice muy poco, se sugiere muy poco de todos los temas que la película quiere tratar, y esa es la mayor decepción. Quiere ser realista pero no lo consigue por querer serlo demasiado. Una manera de mezclar diversos aspectos de la vida algo complicada o artificial. Parece sencilla, pero en realidad es simple. Y en el desenlace te encuentras con otro par de disparates de guión y una metáfora que no termina de funcionar.

Un buen intento, y mucho ánimo para Mikel Gurrea y su equipo, sé que lo pueden hacer mejor.

Firma: un espectador.
8
Estamos ya en diciembre, a punto de acabar el año, y sigo asombrándome del maravilloso año que está teniendo el cine español. Sinceramente, no recuerdo ningún otro año donde se hayan producido tantísimas películas de calidad tan alta. Y, lo que es más importante, películas realizadas por directores/as que, en muchos casos, son primerizos. Hecho que permite augurar un enorme futuro para nuestro cine.
Es el caso de Mikel Gurrea que debuta en el largometraje con “Suro”; pero también lo es el de la maravillosa Alauda Ruiz de Azúa con sus “Cinco lobitos” o el de Carlota Pereda con “Cerdita” -hay más realizadores/as, pero no caben todos en estas líneas, lo lamento-. El talento joven que está llegando a nuestras pantallas a base de esfuerzo, trabajo y brillantez creo que merecería un artículo aparte y ser reivindicado a capa y espada.

En cualquier caso, volviendo a la película que nos atañe -Y que llega a nuestros cines el dos de diciembre- encontramos en “Suro” una extraña, pero muy eficaz, mezcla de temáticas.
A priori, si nos basamos en la premisa inicial, estamos ante una película en la que se nos relata la historia de una joven pareja de dos idealistas que decide, un buen día, abandonar su vida en la ciudad e irse a vivir a una casa bastante aislada y rodeada de bosque donde llevar a cabo su plan de vida futura. Esta premisa podría haber supuesto, en otras manos, la enésima historia de amor en un paraje apartado. Pero, por suerte, no es el caso de “Suro”.
El largometraje dirigido por Gurrea no solo nos muestra esa parte centrada en la convivencia, en los pactos que se producen en una pareja cuando se realiza un cambio tan absolutamente drástico a todos los niveles, y en las formas en que el statu quo cambia, sino que nos introduce distintas variables, como es el trabajo del campo o la inmigración asociada a este, que le permite realizar un profundo y muy inteligente drama social.

La película va mucho más allá de lo que a priori podríamos esperar de ella -o, al menos, de lo que esperaba yo, quizá de forma muy prejuiciosa por mi parte- y juega muy bien con los géneros. Realizando, en primer lugar, un retrato de los dos miembros de la pareja cuando inician su andanza en este lugar, para ir mostrándonos, poco a poco, como los diferentes conflictos que deben gestionar van haciéndoles crecer tanto de forma conjunta como por separado como individuos. Y, lo que es más importante, va mostrándonos como las ideas que a priori compartían sobre temáticas claves en su vida, y que parecían férreas e inamovibles, quizá pueden tambalearse muchísimo antes de lo que cabría esperar a poco que viene un mal oleaje.
Además, todo ello lo narra consiguiendo generar una tensión creciente que nace en casi cualquier escena -hecho que me ha recordado, salvando las distancias, a “As bestas”- y que ayuda a que la película funcione con un ritmo muchísimo más elevado de lo que suele ser habitual en largometrajes de este corte.

En definitiva: “Suro” va jugando poco a poco con las situaciones que expone para que tanto los personajes como nosotros, los espectadores, vayamos formándonos una opinión ante lo que estamos viendo. Y que, de esa forma, se produzca crecimiento y un aprendizaje a través de, en ocasiones, el conflicto y en otras del dialogo.
Creo que gran parte de la magia de la cinta se sitúa precisamente en no quedarse en lo superficial y en lo artificioso decidiendo, en cambio, bajarse al barro convirtiéndose, por momentos, en una historia muy cruda cuando lo que está narrando lo requiere. Además, es una cinta que cuenta con una actriz como la copa de un pino como es Vicky Luengo que vuelve a demostrar -y ya van unas cuantas veces- que está entre las más talentosas de nuestro país. Muy recomendable.

Twitter: @QuiqueMartin27, colaborador de Mundoplustv
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