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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
1939 críticas
10
14 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una película inolvidable. Si eres muy chico, te complacerás con la magnífica y leal relación que sostienen el pequeño Joe y su perra Lassie. Si eres un adolescente, la perseverancia de ese magnífico ejemplar collier, te despertará aprecio y profunda admiración. Y si eres un adulto, verás la sabiduría con la que algunos mayores consiguen tratar a los animales, dándonos ejemplo de cómo relacionarse inteligente y amorosamente con la naturaleza.

“LA CADENA INVISIBLE” es de esos filmes que obedecen a un especial momento de inspiración que el universo concede a ciertas privilegiadas personas. Tiene que haber una circunstancia especial o un propósito muy firme de ser maestro de luz en algún momento de la vida para que, repentinamente, se nos conceda la medida exacta de cada línea escrita, de cada momento narrativo, de cada actuación… de tal manera que el conjunto redunde en una obra de arte de gran significado para toda la humanidad.

Creo que no hay un ser humano a quien no le haga falta alguna de las pedagógicas salidas que nos ofrece esta aventura, y menos aún, puede haber alguien que permanezca indiferente al compromiso ejemplar conque actúa cada uno de sus personajes. Aquí brilla, en todo su esplendor, la buena educación, la honestidad, la comprensión, el sentido de justicia… y un buen número de valores que fluyen de entre los maravillosos potenciales que, tan generosamente, nos ha dado la existencia.

Opera prima de Fred M. Wilcox, un virginiano que se había iniciado como script para el director King Vidor, y quien luego de hacer tareas como director de segunda unidad y asistente de dirección, consigue del mayor, Eric Knight, esta adorable historia que, convertida en una gran película, inmortalizaría a la perra Pal con su fílmico nombre Lassie, y pronto ameritaría numerosos filmes (cuatro de ellos con Pal como protagonista) y muchos otros –series de tv incluidas- con diversos colliers aptos según la época.

Llegó a tal punto la estima que los americanos sintieron por Lassie, que hay estadísticas que afirman que, en la década de 1940, en los EEUU se pasó de tener cerca de 3.000 perros collier a 18.400. Cada niño quería tener uno en su vivienda, y para los adultos, era un verdadero orgullo sacarlos a paseo.

¡Cuánta falta le hacen filmes como este a los pequeños de hoy!
Luis Guillermo Cardona
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10
10 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
“La terrible señorita Dove”. Así la conocían sus alumnos por su extrema puntualidad, su carácter de muy frío aspecto y su rigor con el cumplimiento de los deberes. Y allí, en aquel pueblo llamado Liberty Hill, pasó varias décadas formando chicos que apenas empezaban en su proceso de adquirir conocimientos. Pero, la maestra tiene ahora 56 años y su cuerpo comienza a resentirse. Unos fuertes espasmos musculares a la altura de la cadera obligan a hospitalizarla y, ante la ausencia por enfermedad del viejo médico de la familia, en su cabecera va a estar el doctor Thomas Baker, uno de sus exalumnos, asistido por la enfermera Billie Jean Green… otra exalumna suya.

Será entonces ocasión para que, Miss Dove, comience a tener largas reminiscencias de su pasado… y quizás comprenda que aquella profesión que inició con el ánimo de saldar una gran deuda económica contraída por su padre antes de fallecer, también le sirvió para tener una vida plena aunque las apariencias parezcan demostrar otra cosa.

Una vez más, el director Henry Koster nos ofrece un filme pletórico de interioridad, de calor humano y vigor espiritual, recreando a un ser maravilloso que vivió para los demás y cuyos rigores sirvieron para formar a varias generaciones de hombres y mujeres responsables, comprometidos integramente con su sociedad. El filme está colmado de bellas y ejemplarizantes anécdotas, y traza magníficamente ese hilo con el que cada ser humano va bordando su existencia, hasta dejar esa huella indeleble de su paso por la vida.

“Yo no deseo que ellos (mis alumnos) regresen, solo deseo que lo hagan bien sin mi”, dirá en algún momento esa rígida profesora que nunca esperaba retribuciones, que desaprobaba los regalos de sus alumnos y las adulaciones como pago por favor alguno. Pero ahora, su crítico estado de salud comienza a motivar profundas reflexiones entre los habitantes de aquella colina de la libertad, y pronto, aunque ella no lo espera, cada corazón hará consciente lo mucho que Miss Dove significó para sus vidas.

Este es uno de esos filmes que nos llega al alma porque traza la vida de seres humanos fuertes e inmensos, de esos que hacen que en cada rincón de este mundo siga brillando la dignidad y la alegría. Cunde el buen ejemplo y florece la armonía, fluye el amor y el universo entero se complace con la especie humana.

Memorable, Jennifer Jones, en un rol bien diferente a los que venía interpretando, y firmemente asentada en ese personaje con apariencia de témpano de hielo, pero con un corazón tan cálido y luminoso como la luz del sol.

Título para Latinoamérica: “EL OCASO DE UN ALMA”
Luis Guillermo Cardona
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7
7 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En tiempos de crisis, los primeros que aseguran su sobrevivencia son los deshonestos, porque para ellos, el dinero no se consigue únicamente trabajando, ¡se consigue de cualquier manera! Y así, acudirán al robo, el asalto, la extorsión, la estafa, la usura, la falsificación, el secuestro, el chantaje, el desfalco, la expropiación… o el crimen si es necesario. Todo un sartal de medios con los que se tira a la caneca la dignidad, con tal de mantener el poder, el status o asegurar la sobrevivencia sin hambre y sin carencias de ningún tipo. Así funciona la mezquina y ruinosa ley del “Yo cuento y usted no cuenta”.

Durante la Gran Depresión, iniciada en el año 1929 en los EEUU –como en cualquier otra crisis económica de la historia reciente-, los bancos jugaron su particular papel: expropiaron inmisericordemente por el no pago de deudas, se quedaron con el dinero de la gente acusando falsas quiebras, y con idéntico argumento consiguieron que los gobernantes –sus mayores accionistas- les inyectaran grandes sumas de dinero en pro del manido argumento de que, de su solvencia, dependía la estabilidad económica del país (léase oligarquía).

Por todo esto, la gente llegó a tenerle una gran animadversión a los bancos y así, cuando surge John Dillinger, ese asaltante especializado en hacer abrir cajas fuertes, la gente lo acoge como a un héroe popular que los reinvindica ante los poderosos. Dillinger se hizo célebre por su presencia viril, su prontitud para asaltar un banco (un minuto y cuarenta segundos), y por su facilidad para huir de cualquier prisión donde estuviesse recluido. Pero sobre todo, el pueblo admiraba su talante dispuesto a hacer cualquier trabajo sucio lo más limpiamente posible, pues Dillinger solo mataba a servidores del Estado y siempre bajo presión, y además, respetaba sagradamente el dinero de los clientes porque solo le interesaba el de los banqueros (véase la precisa y veraz escena del primer asalto).

Aunque el filme fatiga y se viene a menos con esas pesadas tomas de cámara en mano, con esos extravagantes planos de medio labio superior hasta la frente, y con esa acción oscura donde rara vez se sabe quien dispara y los efectos ópticos son patentes, aún queda decir que Michael Mann logra un filme muy interesante como documento histórico y que, algunas escenas, además de realizadas en precisas locaciones y con una iluminación muy ajustada a la época, están hechas con la maestría de un artista cabal: El primer asalto de Dillinger; la atinada desmitificación del controvertido exdirector del FBI, J. Edgar Hoover; la detención de su novia Billie… o ese magnífico recuento de sus últimos momentos, con la película “Manhattan Melodrama” como acto premonitorio y visionario de una realidad en proceso de transformación. Faltó forma, pero siento que había profundo contenido.
Luis Guillermo Cardona
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8
2 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, era un bocazas, un jactancioso, un burletero, un mujeriego… y de seguro muchas otras cosas. Pero aún, es el boxeador más grande de la historia, y fue un hombre comprometido con los derechos civiles como muy pocos deportistas lo han sido en época alguna.

Ya que odiaba llamarse Cassius Clay por considerarlo nombre de esclavo, al convertise al islamismo se le asignó el honroso nombre de Muhammad Ali, que él comenzó a llevar con el mayor orgullo. Por esta razón no bebía ni fumaba, y así -además de la soberbia-, el otro pecado capital que jamás pudo vencer fue el de la lujuria, porque las mujeres hermosas lo ponían siempre a pararse en la cabeza.

Amigo del gran orador y líder por la causa de los afrodescendientes, Malcolm X, Ali hizo suya esta lucha y tomó toda suerte de riesgos para no traicionar sus principios bajo ninguna circunstancia. Por esto, se negó rotundamente a ser reclutado para luchar en la guerra contra el Vietnam, pese a que podía ser condenado a cinco años de cárcel y a una multa de diez mil dólares. Su declaración fue contundente:

"¿Por qué me piden que vaya a diez mil millas de mi casa, a tirar bombas y a abalear a gente de piel oscura, mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan hasta los más simples derechos humanos? No voy a ir a incendiar y a asesinar a otra nación pobre, solo para que los esclavistas blancos continúen con su dominación".

Esta era la voz de un hombre comprometido, derecho, con conciencia de clase. Y al saberlo así, su megalomanía sonaba a broma, a rezago infantil y a ese afán provocador que juega su rol en el negocio publicitario. Porque, otra cosa que no puede negarle nadie, es que Muhammad Ali tenía un estupendo sentido del humor:

"Soy tan rápido, que anoche en el hotel apagué el interruptor de la luz… y me metí en la cama antes de que el cuarto estuviese a oscuras”.

En “ALI”, Michael Mann nos muestra al ser humano con todos sus matices, y hace tanto o más hincapié en su compromiso político y en su quehacer personal, que en su carrera boxística ya harto conocida por todos. Siento que podrían sobrar algunos metros de película, pero en general, el filme brilla con esa semblanza humana hecha con gracia y sensibilidad. Y sin duda, consigue que veamos la grandeza de espíritu que había en aquel campeón que aún continúa haciendo historia.

Título para Latinoamérica: “MUHAMMAD ALI”
Luis Guillermo Cardona
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10
30 de abril de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces tengo la impresión de que, como sociedad, giramos… y giramos… y giramos… en un círculo interminable pintado siempre con los mismos colores. Y aquello que llaman evolución, no parece ser otra cosa que pasar de mono a hombre, para enseguida volver a mono. Piense solamente en las parejas, se casan con el único argumento de que “estamos enamorados” o porque “nos necesitamos el uno al otro”, pero no importa -y ni siquiera nos preguntamos-, si también estamos preparados emocional, intelectual y experiencialmente, para asumir la responsabilidad de pareja.

El hombre de talento será siempre visto por los mediocres como un rival en potencia, lo tomarán como un gran riesgo, y aunque aquel caballero no pretenda serlo, el simple hecho de resultar inteligente, recursivo, propositivo, entusiasta y especialmente caballeroso, inspirará temor en los incompetentes quienes, entonces, evitarán tenerlo cerca de su pareja o buscarán deshacerse de él a la primera oportunidad.

“NIÑERA MODERNA” es la clase de película que atina de cabo a rabo en su propuesta argumental y, además de que lo hace con gracia y picardía, con conocimiento de causa y con sabiduría, consigue proponer un camino que, de no tomarse en cuenta, estaremos condenados a seguir viendo tantísimos y deplorables ejemplos de parejas disfuncionales, inmaduras y con una permanencia que no supera la de un circo en un pueblo.

Un estupendo conjunto de actores que calza a la perfección sus zapatos, con un Clifton Webb que recrea a uno de esos personajes que no deja ternilla sin sacudida; con Robert Young y Maureen O’Hara como la pareja en aprietos, preparada para ver un nuevo descubrimiento cada día; y con Ed Begley como el chismoso vecino que, queriendo inmiscuirse en las vidas ajenas, de pronto termina haciendo un inesperado “milagro”, dan como resultado un filme que, con plena razón, anticipa dentro de su misma historia que habrá una trilogía para conocer las maneras como ese autoproclamado genio, Lynn Belvedere, nos da ejemplo de un hombre que vive como Dios manda y como a él se le da la gana.

No tengo más que reconocerlo, Walter Lang ha hecho una comedia que es oro puro.

Título para Latinoamérica: “NIÑERA ÚLTIMO MODELO”
Luis Guillermo Cardona
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