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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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1990 críticas
6
31 de agosto de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando uno pregunta ¿por qué algunas personas nacen con discapacidades? Encuentra muchos tipos de respuesta. Si le preguntas a un médico, quizás te diga que la causal son ciertas deficiencias en el proceso de gestación. Si indagas con personas de ciertas sectas seudoreligiosas, de seguro te dirán que es un castigo que la persona recibe a consecuencia de la ley de karma. Y si le preguntas a un escéptico, es muy posible que afirme que eso se debe a que la vida es injusta. Lo que yo creo, es que los seres humanos –hijos Todos de un Dios Grande y Único- nacemos diferentes porque, para cada uno, el universo tiene planes diferentes. Y estoy seguro de que todos, absolutamente todos, son planes de la más alta relevancia. El hecho de que ciertas diferencias o carencias las asumamos como una desgracia, obedece tan solo a los modelos conceptuales que ordinariamente maneja una u otra sociedad, y por supuesto, a los patrones de personalidad que haya aprendido cada individuo.

En mi ocasional trabajo con discapacitados, he podido escuchar de labios de algunos frases muy acertadas: “No es el mundo el que tiene que adaptarse a mi –me decía un joven parapléjico-, sé que soy yo el que tengo que adaptarme al mundo, pues no son los demás sino yo el que luzco extraño”. Y una encantadora chica invidente confesaba: “La discapacidad te vuelve el primero en todo, te prestan más atención y siempre hay alguien dispuesto a ayudarte. De esta manera he aprendido a querer muchísimo a la gente”. Y puedo asegurarlo, la discapacidad es la escuela que la vida les brinda a ciertas personas, para que se preparen mediante la superación, a un maravilloso servicio que se les tiene asignado. De ellas mismas y de su entorno, dependerá que consigan llevarlo a cabo.

Marlee Matlin, la joven americana con hipoacusia severa desde los 18 meses, lo ha logrado: Ahora es una estrella, se ganó un premio Tony por su representación en la versión teatral de la obra adaptada luego al cine, y también como protagonista del filme de Randa Haines, se ha llevado el premio Oscar a la mejor actriz. Pero, infortunadamente, “HIJOS DE UN DIOS MENOR” no alcanza para mostrar sus logros como consagrada servidora en importantes instituciones de ayuda a los niños, y centrado en la obra de Mark Medoff, se dedica a enseñarnos a una preciosa joven de 21 años, con demasiada repulsa ante la vida por algunos hechos del pasado. Después, el filme se convierte en un romance entre el instructor y la alumna, donde escasos momentos logran poseer algún brillo, mientras el resto resulta como una nube a escasos minutos de la fuerte lluvia. Y para ser una historia donde se habla en LS (lengua de señas) hay excesivos diálogos, demasiado manoteo y tediosas “traducciones” cuando, en su comportamiento natural, esta clase de personas suele conseguir magníficos y expresivos silencios.

Una exigente actuación de William Hurt –quien también se merecía el Oscar, pero su premio fue quedarse con la actriz-, sus logros en el habla de algunos de sus alumnos y una notable banda sonora es, junto a la grata presencia de Marlee Matlin, lo mejor que puedo rescatar de un filme al que le faltó una dirección más fuerte y una historia con matices más iluminados.

Título para Latinoamérica: “TE AMARÉ EN SILENCIO”
Luis Guillermo Cardona
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10
27 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Definitivamente, carácter es lo que un hombre necesita para poder trasegar con firmeza por la vida. Un hombre debe saber lo que quiere, creer con firmeza en lo que ha experimentado y defender contra todos lo que tenga por verdad. Probablemente, esto no le signifique muchos amigos, ni aplausos, ni prebendas… pero conservará algo que vale más que todo esto y mucho más: el honor y la integridad. Se puede alcanzar cualquier éxito en la vida, se puede llegar a poseer el mundo entero, y se puede tener en el bolsillo dinero por montones… pero si no se ha logrado con transparencia y dignidad, jamás serás feliz aunque logres que los demás así lo crean. Y esto por una sola y simple razón: porque tú lo sabes y sabes que Dios lo sabe.

Henrik Bergman es un modesto ser humano que ha sufrido ya bastante. Huérfano de padre, junto a su madre pasó por todo tipo de necesidades, y ahora vive en un frío y pobre apartamento donde se esfuerza por adelantar sus estudios de teología. La presencia de su adinerado abuelo, rogándole que vaya a ver a su abuela moribunda, sólo despierta en Henrik viejos resquemores y deja ver con claridad la posición que asume -y asumirá en adelante- frente a cierta clase social. Su prometida, la camarera Frida Strandberg, es el único solaz de Henrik en algunas noches, pero la vida pronto le llevará a conocer a Anna Akerblom… y una vida intensa, tampoco exenta de conflictos, pero con más brio y verdadero afecto, comienza a tener lugar en aquella Suecia de comienzos de siglo, donde la lucha de clases pesará más en su vida que el ejercicio religioso.

“LAS MEJORES INTENCIONES” es un filme para escudriñar interiores, para ver al ser humano desde sus emociones más íntimas, para sentirle con objetividad desde sus contradicciones, y para entender el brillante juego que nos propone la vida con los polos de luz y de sombra que indefectiblemente nos animan a unos y a otros. Lo grande y ejemplar en Henrik y Anna (finísima semblanza de los padres del renombrado cineasta Ingmar Bergman, autor del magnífico guión) es su infinita capacidad para trascender sus errores, para aceptarse el uno al otro con sus altas y bajas, y para seguirse amando por una razón bien relevante: ambos anhelan con fervor el bien común y el uno con el otro hacen un perfecto complemento.

El director, Bille August, resulta más que digno de la tarea encomendada, pues “LAS MEJORES INTENCIONES” resulta admirable por donde se le mire. A un guión inobjetable, se suma una efectiva puesta en escena (véase la precisa conjunción entre relieves vivenciales y clima), una fotografía enmarcable, una banda sonora fulgurante (Stefan Nilsson tan magistral como en “Pelle el conquistador”)… y un conjunto actoral sobresaliente. Para Pernilla August, Ghita Norby y Samuel Fröler mis mayores aprecios.
Luis Guillermo Cardona
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10
26 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lasse Carlson ha quedado viudo, y ahora que siente que su juventud se ha marchado para siempre, le ha quedado un hijo tardío y unas condiciones económicas bastante difíciles. Pero él todavía se siente con fuerzas y su hijo Pelle es un pequeño de una vitalidad admirable, así que deciden salir de su tierra natal Suecia, para irse a Dinamarca donde creen que encontrarán mejores oportunidades. Al llegar a la isla de Bornholm, pronto consiguen trabajo en una granja donde reciben vivienda, alimentación y un modesto salario… y entonces, la realidad social con su eterna lucha de clases cargada de explotación, prepotencia, castigos infames, humillaciones y abusos, entran en escena para dejar bien clara la situación de enorme desventaja en que vivían los campesinos de finales del siglo XIX.

Basado en unos pocos capítulos de la inmensa novela “Pelle erobreren” del escritor danés Martin Andersen Nexos (1869-1954), el director Billie August nos brinda un verdadero fresco cinematográfico que resplandece con sus magníficas imágenes, su esplendorosa puesta en escena, su emotiva banda sonora con un bellísimo tema en los títulos de crédito y su excelente dirección de actores. Pero sobre todo, August se luce con su equilibrada adaptación, donde logra entender a plenitud los motivos de unos y otros, los matiza muy sabiamente… y así, consigue que veamos una serie de hechos sin que se nos anime a sentir odio por ningún ser en particular. Su mayor alegato apunta contra una sociedad plena, en la que aún hay lugar para toda suerte de agudas contradicciones y donde se truncan hasta las más pequeñas esperanzas de los seres más modestos.

Todavía resuenan en mis oídos aquellas esperanzadoras palabras del viejo Lasse a su hijo durante el viaje en barco: “Allí el brandy es casi tan barato como el agua, y los salarios son tan altos, que los niños no tienen que trabajar y pueden jugar todo el día con sus amigos”. Es triste, muy triste, cuando se comprueba luego que, en los países ricos, la miseria es mucho más grande porque hay dinero en abundancia, pero solo para unos pocos, y el calor humano parece perdido para siempre porque la ley que rige es la explotación infame del hombre por el hombre.

Magistral la interpretación de Max von Sydow. De antología la relación que sostiene con su hijo, estupendamente representado por Pelle Hvenegaard (el nombre fue pura coincidencia). Y hago reconocimiento de Björn Granath, muy efectivo en su papel de Erik, el acordeonista rebelde.

Este es el cine que permanecerá para siempre.
Luis Guillermo Cardona
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9
18 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
A esta película no le resulta fácil llegar al gusto de mucha gente. Primero por ser en blanco y negro; después, porque la pareja protagonista no se parece en nada a un galán o a una diva; tampoco se verá ni una escena de espectaculares acciones, ni tipos requetemalos que le amarguen la vida a nadie; no tiene efectos especiales; y vestuario, escenografía e iluminación son casi neorrealistas. Es decir, fue clara y decididamente hecha como televisión para el cine.

Pero bien mirado, esta es la clase de filme que debería interesarle a mucha gente, porque nos enseña a personas comunes como nosotros, sencillas como nos gustan de veras, con problemas de socialización como algunos de los nuestros, y con serias oportunidades de mejoramiento que están dispuestas a enfrentar a la primera ocasión que se presente. La ausencia de riqueza material la suplen con una gran riqueza humana y espiritual, pues, tanto Marty como Clara, saben de solidaridad, de tolerancia y de respeto como muy pocos en este mundo.

El guión de Paddy Chayefsky –ganador del Oscar y del premio en Cannes- consigue extraer y dar brillo a la grandeza de lo simple, nos deja sentir cuan diáfano es aquello que fluye del corazón sin prevención ni malicia alguna, y sin reproches ni condenas, nos convida a revisar los parámetros de belleza y de valoración personal que discriminan e imponen reglas que nunca hacen justicia a la pluralidad humana.

Ernest Borgnine y Betsy Blair resultan encantadores e inmejorables como aquel carnicero de 34 años y aquella maestra de 29 que, a punto de alcanzar la llamada edad de la soltería eterna, de pronto se encuentran en un salón de baile y sienten renacer la esperanza el uno con el otro.

Con gran tino para los detalles, el director Delbert Mann va entremezclando sus debilidades, contradicciones y grandísimos valores, y al final deja bordada una preciosa semblanza de dos seres humanos a los que se consigue amar sin restricción alguna… y es entonces, cuando uno se da cuenta de que, en definitiva, la verdadera belleza va sensiblemente ligada al conocimiento.

Muy merecidamente, “MARTY” recibió también el premio Oscar como Mejor película, Borgnine se llevó a casa el Oscar al mejor actor, y Delbert Mann, entonces un notable debutante, fue premiado como mejor director.

Y tú, que ya tienes 30... 35 años... ¡¿Qué esperas para casarte?!
Luis Guillermo Cardona
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10
14 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una película inolvidable. Si eres muy chico, te complacerás con la magnífica y leal relación que sostienen el pequeño Joe y su perra Lassie. Si eres un adolescente, la perseverancia de ese magnífico ejemplar collier, te despertará aprecio y profunda admiración. Y si eres un adulto, verás la sabiduría con la que algunos mayores consiguen tratar a los animales, dándonos ejemplo de cómo relacionarse inteligente y amorosamente con la naturaleza.

“LA CADENA INVISIBLE” es de esos filmes que obedecen a un especial momento de inspiración que el universo concede a ciertas privilegiadas personas. Tiene que haber una circunstancia especial o un propósito muy firme de ser maestro de luz en algún momento de la vida para que, repentinamente, se nos conceda la medida exacta de cada línea escrita, de cada momento narrativo, de cada actuación… de tal manera que el conjunto redunde en una obra de arte de gran significado para toda la humanidad.

Creo que no hay un ser humano a quien no le haga falta alguna de las pedagógicas salidas que nos ofrece esta aventura, y menos aún, puede haber alguien que permanezca indiferente al compromiso ejemplar conque actúa cada uno de sus personajes. Aquí brilla, en todo su esplendor, la buena educación, la honestidad, la comprensión, el sentido de justicia… y un buen número de valores que fluyen de entre los maravillosos potenciales que, tan generosamente, nos ha dado la existencia.

Opera prima de Fred M. Wilcox, un virginiano que se había iniciado como script para el director King Vidor, y quien luego de hacer tareas como director de segunda unidad y asistente de dirección, consigue del mayor, Eric Knight, esta adorable historia que, convertida en una gran película, inmortalizaría a la perra Pal con su fílmico nombre Lassie, y pronto ameritaría numerosos filmes (cuatro de ellos con Pal como protagonista) y muchos otros –series de tv incluidas- con diversos colliers aptos según la época.

Llegó a tal punto la estima que los americanos sintieron por Lassie, que hay estadísticas que afirman que, en la década de 1940, en los EEUU se pasó de tener cerca de 3.000 perros collier a 18.400. Cada niño quería tener uno en su vivienda, y para los adultos, era un verdadero orgullo sacarlos a paseo.

¡Cuánta falta le hacen filmes como este a los pequeños de hoy!
Luis Guillermo Cardona
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