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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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1822 críticas
6
19 de julio de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres muchachos, alumnos de un sabio maestro, le dicen a éste un día:
-Maestro, enséñenos el arte de la resurrección.
-El poder y el conocimiento – dice él – han de llegar a nosotros cuando estemos preparados para recibirlos, porque, sino es así, pueden convertirse en algo peligroso y volverse en contra nuestra.
Tras insistir, el maestro les enseña las frases y los pases mágicos con que podrán resucitar a cualquiera. Ya preparados, los chicos salen de paseo por el campo, y al rato, descubren una osamenta en el camino. Uno de ellos sugiere probar las enseñanzas del maestro.
-No. – advierte el más sensato- No sabemos a que ser pertenece esa osamenta y podría ser peligroso.

Entusiasmados con la idea de experimentar, los otros chicos insisten, y al final, optan por hacer el ejercicio. Hechos los pases indicados y dichas las palabras mágicas, al instante, un gigantesco lobo renace de entre la osamenta y, como hallase con hambre, atrapa a los tres chicos y los devora con ansia.

Inspirado en el cuento de la Calabaza Mágica que le narró su abuela, según el cual, a quien se convierta en su dueño, le concederá todo lo que desee, Raymond-Wang Bao, un pequeño colegial que vive en las nubes mientras descuida el estudio, se convierte en amo de la poderosa calabaza, y de inmediato, hasta sus más ínfimos deseos se tornan realidad.

De esto deviene una significativa lección que chicos y chicas – incluídos sus padres - deberán asimilar si desean ahorrarse terribles malestares, sobre todo, si son de aquellos acostumbrados a tenerlo todo… y a concederlo todo.

Que no suele valorarse lo que se obtiene sin esfuerzo porque carece de mérito y que, el mayor tiempo y el mayor trabajo invertido, aumenta el valor de aquello que realizas. Hazlo por ti mismo y reconocerás su gran precio, deja que otros te lo hagan y aquello te importará poco.

“EL SECRETO DE LA CALABAZA MÁGICA” se verá sin duda como un filme modesto y sin mucha originalidad, pero no está exento de gracia y encanto en todo su desarrollo. A los niños los envuelve fácilmente en su fantasía y los adultos sentimos que es una lección causal que llega a nuestra vida, es decir, que en este preciso momento, la estamos necesitando como una luz en la formación del carácter de nuestros hijos.
Luis Guillermo Cardona
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10
12 de julio de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Son diversas las razones que, un director de cine chino, podría aducir a la hora de animarse a contar una tragedia imperial en la que asistiremos al intenso y brutal proceso de desintegración de una familia. Podría querer, en principio, rememorar un hecho histórico que puede contarse ahora en la China comunista y que, otrora, había estado vedado. Así, estaría ilustrando los ríos de sangre, mediante los cuales se llegaba al poder y la dura brutalidad con la que éste se sostenía. Los colores dorado y rojo, predominantes en el filme, son un recordatorio de la conjunción oro-sangre con que se forjan los imperios. Tambien es posible que, por su bagaje cultural, se sienta atraído por las apasionantes tragedias griegas y/o por la tragedia shakespeariana, y hubiese querido adentrarse en esta fascinante experiencia. Y una tercera opción, es que haya querido contar un hecho reciente, adaptándolo a una historia antigua.

El guión de la “LA MALDICIÓN DE LA FLOR DORADA”, es una libre adaptación, por parte del director Zhang Yimou, de la novela “Lei Yu” (Tormenta Eléctrica) de Cao Yu, llevada ya dos veces al cine (en 1957, donde aparece un jovencísimo Bruce Lee, y en 1961, dirigida por Shilin Zhu), en la que se describe el ascenso y caída de una familia de ricos industriales de los años 30 (siglo XX). Hacer una plasmación de este tipo de procesos, que no son cosa del pasado sino que tienen, con matices, la más perpetua vigencia en pleno siglo XXI, es muy atinado, y es una forma de contar – para evadir censuras y otros peligros - por la que optaron muchos realizadores del western americano e incluso algunos que hicieron ciencia-ficción.

Pero, cualquiera que fuese el caso – aunque todos, creo yo, son válidos y factibles -, lo cierto es que Zhang Yimou, ha vuelto, como en “Héroe” y como en “La Casa de las Dagas Voladoras”, a hacer otro filme espectacular, visualmente fascinante, contado con hondo sentimiento, pletórico de significado, y exultante de un género novedoso y deslumbrante - que parece asignado a pocos – como es el Wuxia.

Gong Li, ganadora del premio a la mejor actriz en el Festival de Hong Kong y del premio de la Crítica especializada, consigue una descollante labor como la obstinada emperatriz que, mientras su marido, el emperador Ping, la droga para trastornar sus sentidos, ella borda crisantemos dorados para sacar adelante su propio proyecto de cambio estructural.

La película contiene fuerza narrativa, pasión en sus personajes y teje una intrigante tragedia, con dos o tres impactantes escenas de acción y con toques de drama debidamente bordados, haciendo que nos sintamos en uno de esos filmes que se aprecian con absoluta complacencia.

¡Inolvidable!
Luis Guillermo Cardona
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10
3 de junio de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo se me ha removido muy hondo al terminar de ver esta película. Se me atragantó la garganta, mis ojos se humedecieron, y una sensación de tristeza y profunda consideración pude sentir por Ricci y por Bruno, ese papá comprometido y ese niño leal, que en medio de la miseria de la postguerra, luchan por sobrevivir contra todas las carencias.

Aún les queda el amor y los lazos de familia junto a la buena María, una mujer que conserva la fe, y si es necesario, la deposita en una santona para alimentar la esperanza. Pero, los reclamos del día a día se tornan difíciles, y una luz de esperanza llega para Ricci cuando la oficina de empleos le anuncia un trabajo como pegador de carteles. Pero, para asumir el cargo necesita una bicicleta… y él, justo la suya, la tiene en el empeño. Salvada la situación por la ingeniosa María, Ricci inicia su tarea recorriendo las calles con su bicicleta y la imagen de Rita Hayworth, bella y rozagante, recibe, todavía con torpeza, la pega de sus manos para adornar las carteleras.

El futuro parece luminoso. Con el dinero que recibirá Ricci, podrá cubrir sus necesidades primarias, y desde ahora ya nada faltará en la casa. Pero, por razones que ignoramos, el destino pone en su camino a un jovenzuelo que apagará la vela encendida y traerá una nueva sombra a la existencia de aquella familia.

Desde entonces, una simple bicicleta se convierte en el tesoro más preciado del mundo y su búsqueda será toda una odisea para aquel atribulado padre y su pequeño hijo. Pareciera una historia increíble y absurda, pero, en este mundo, donde los mismos hombres hemos dado paso a todas las carencias y donde hay gente que se permite tener en exceso, mientras otros no tienen nada, no sólo esto es posible. También el gran esfuerzo puede causarlo un par de tenis o una migaja de pan.

Obra cumbre del Neorrealismo italiano debida, principalmente, al talento conjugado del escritor Cesare Zavattini, autor de algunos de los más relevantes guiones de aquella escuela y Vittorio de Sica, el director que también firmara otros dos grandes hitos como fueron “Milagro en Milán” y “Umberto D”, “LADRÓN DE BICICLETAS” es, desde el lado psicológico, la condición extrema que puede llevar a un hombre a un momento de debilidad y ver, de repente, empañados todos los principios que hasta entonces defendía. Que los errores son humanos y que sólo en la carencia, y bajo presión, podemos saber hasta donde se puede llegar.

Escenarios e iluminación naturales, y actores sin experiencia de los que ha logrado extraerse un sentido de humanidad inconmensurable, “LADRÓN DE BICICLETAS” es la perfecta exultación de lo simple donde, la fuerza de las emociones y la ebullición de los sentimientos, dan clara prueba de la verdadera riqueza que debe poseerse.

Título para Latinoamérica: “LADRONES DE BICICLETAS”.
Luis Guillermo Cardona
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9
3 de mayo de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Cuántas lecciones nos brindan los niños! Si los adultos supieran despojarse de ese manto de prepotencia y de sabelotodo con que, tantos, suelen arroparse, llegarían a comprender que los niños traen intacto el conocimiento heredado del libro de la historia. Somos nosotros los que, por lesa ignorancia, borramos su capacidad de beber de la Gran Fuente y los hacemos sentir desconocedores e ineptos.

Con inagotable creatividad, con una originalidad que renueva el estilo del cine animado y con un conocimiento de la vida que trasciende la limitada dimensión en que vivimos, el director japonés Hayao Miyasaki, quien ya se había lucido con “Mi Vecino Totoro” y “La Princesa Mononoke”, logra una encantadora y fascinante película, que llega muy bien a los chicos y que quizás nos motive a hacer cosas de mayor significado.

Chihiro, es una niña de diez años en viaje de mudanza con sus padres, que tras tomar un atajo, llegan a un lugar desconocido, donde encuentran provocativas viandas que los incita a calmar el hambre. Nadie atiende aquel lugar, y la niña, tiene la percepción de que no debe comer de aquella oferta tan disponible. Pero sus padres no siguen este sentir y comen hasta saciarse, viéndose convertidos, muy pronto, en un par de cerdos que han dejado su apariencia humana.

La niña llega entonces hasta un extraño palacio donde es recibida por Haku, un aprendiz de brujería que aún sirve al bien y que se muestra dispuesto a ayudarla. Adentro, la niña se enfrentará a una difícil experiencia donde tropezará con las más contrarias fuerzas y donde podrá experimentar el valor de la intuición, la resistencia, la perseverancia… y la trascendental importancia de guiarse por un objetivo claro para poder que el universo reacomode sus fichas en beneficio de lo que tanto ansiamos.

Miyazaki entremezcla, con una gran belleza visual, leyendas, dioses mitológicos, potestades del mal, y de la mano de la valiente Chihiro, nos va conduciendo por un laberinto donde abundan las sorpresas y los ejercicios existenciales.

Chihiro da cuenta de lo relevante que es la capacidad intuitiva para guiarse en la vida, nos muestra la facilidad que tienen los niños para adaptarse a cualquier medio y salir avantes, y nos corrobora que, saber lo que se quiere, es el primer paso para conseguir el triunfo.

En el largo camino, conoceremos a Yubaba, la hechicera que convierte a los humanos en cerdos para sus futuras cenas, y a Ceniba, su alma gemela con alientos de bondad. Nos complaceremos con Haku el valiente héroe que se funde con Chihiro en su lucha contra el mal. Veremos a “Sin cara” la triste diosa del dinero que trata de seducir a la niña con curiosos resultados… y con ellos, habrá otros singulares personajes que nos mantienen pegados a una original y aleccionadora historia que revela a Hayao Miyasaki como un verdadero artista.

Muy merecidos sus numerosos trofeos y muy justo el éxito que alcanzó en las taquillas. Es una muy, pero muy grata película.
Luis Guillermo Cardona
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10
13 de febrero de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los seres humanos tenemos una estructura compleja. El potencial de nuestra mente es infinito ya sea para construir o para destruir. Las experiencias, las emociones, las decisiones que tomamos cada día y las consecuencias que estas nos traen, determinan gradualmente, el tipo de situaciones a que nos veremos abocados a futuro. Es por esto que, cuando nos vamos a dormir con el propósito de descansar, es mera suposición porque, la verdad, es que uno sólo descansa cuando despierta, cuando abre los ojos, cuando puede verse a sí mismo, y a las cosas que lo rodean, como realmente son.

A veces, la estructura emocional con que nacemos o la que se va formando en los primeros años, se colma de miedo a todo lo que enfrentamos y, cual ratones, vemos al mundo en pleno – con alguna sagrada excepción – como si todo quisiera aplastarnos, o como si todos fueran nuestros enemigos. Pero, como los ratones, resistimos y sobrevivimos. Seis mil millones de seres humanos en contra, miles de especies animales depredadoras, aguaceros y tormentas dispuestos a ahogarlos… y los ratones prosiguen su existencia contra todos los afanes aniquiladores y habitando la totalidad del planeta, con apenas los polos como única excepción.

Los seres temerosos, como algunos personajes de este emotivo filme: Lennie, Candy y la esposa de Curley, luchan también por sobrevivir en un mundo que se muestra hostil hacia todo el que se muestra débil.

Lennie se apoya en George. Ha aprendido a dejar que él tenga las ideas y él sigue sin cuestionar lo que George siempre propone. Así se siente seguro, aunque llegan a veces los momentos difíciles, cuando el inconsciente lo domina y su miedo lo impulsa a apretar con demasiada fuerza. Así mató a los ratones que la tía Clara le regalaba. Y así, acerca la desgracia hacia esa vida humilde que todavía sueña y que guarda la esperanza de poder vivir en paz.

El rancho Tyler sirve de marco a la confrontación de poderes, a la irracionalidad humana, y a la lucha por ser, en medio de las adversidades y del miedo.

En una segunda lectura, es una metáfora de la sociedad. Un microcosmos de una dictadura, con un patrón (gobernante), con fuerzas represoras y prepotentes (los guardianes de Curley) y con una clase trabajadora que hace su labor en condiciones desventajosas.

Basada en la afamada novela homónima, de ese gran escritor que fue John Steinbeck (“Viñas de Ira”, “Tortilla Flat", “Al Este del Paraíso”…), esta segunda adaptación para el cine ha sido dirigida con precisión y gran potencia emocional por Gary Sinise, un reconocido actor que se merecería otras oportunidades tras las cámaras. Y el filme que hemos visto, es de gran valía como obra de arte y como relevante drama que ahonda en los sentimientos y en las íntimas razones que suelen llevar a los seres humanos a saltar las normas convencionales.

Cuando al final comprendas las motivaciones de Lennie, pregúntale a tu corazón que es lo que siente por él.
Luis Guillermo Cardona
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