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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1726 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
26 de octubre de 2012
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La maestra Hizako Oishi, se encuentra en la playa en uno de sus numerosos paseos conversando con sus alumnos. Algunos de ellos dicen no querer ser pescadores o vendedores de arroz como sus padres y manifiestan su deseo de ser soldados. Oishi (o Guijarro como ellos la apodan), se muestra reservada ante el temor de que, entonces, lleguen a matarlos. Entonces, uno de los chicos pregunta: -“Maestra, ¿odia usted a los soldados?” A lo que ella responde: -“Me caen mejor los pescadores y también los tenderos”. Será este uno de los numerosos diálogos en que la bella maestra, dejará en claro su posición pacifista, y su firme alegato contra el militarismo y la guerra, a lo que se vería abocado su país durante tantos años… y con tan penosos resultados.

Realizado en 1954, y basado en la novela de Sakae Tsuboi, “VEINTICUATRO OJOS” alude a la mirada de los doce alumnos que, en el primer grado, tendrá a su cargo la nueva maestra, pues, la que venía con ellos, ha renunciado para contraer matrimonio. El filme, rodado con sumo empeño por el director, Keisuke Kinoshita, se centra en la evolución que la maestra Oishi -muy querida por los niños por su afán de romper convencionalismos sociales y por su compromiso personal con todos y cada uno de ellos- va teniendo en su vida al tiempo que, la de cada niño o niña, también se transforma hacia la felicidad… o la desgracia.

Kinoshita recrea un ambiente paradisíaco bordado de lagos, montañas, jardines y aquel inmenso mar donde los niños siempre están dispuestos a esperar el regreso de su maestra favorita. Pero como siempre sucede, la enfermedad, la pobreza, el fracaso… y la muerte, ocuparán su lugar para dar ocasión a la solidaridad, la compañía y el afecto, que los niños ¡y hasta sus padres! -a ejemplo de la maestra- aprenden a manifestar de manera pródiga y espontánea.

Durante la primera hora, y sumados otros momentos aíslados, sentí que estaba ante la obra de un realizador colmado de sensibilidad humana y artística; el personaje de la maestra me resultaba encantador, rebelde y muy bien interpretado por una radiante Hideko Takamine; y hasta los niños lucían brillantemente dirigidos, sirviéndose el director –como su compatriota Akira Kurosawa- del recurso de la segunda toma, en plano general y de espaldas, para suplir cualquier deficiencia interpretativa. Pero, infortunadamente, el filme comienza a agotarse con sus excesos melodramáticos, sus repetitivos cantos corales, y su culto a la personalidad de la maestra, llegando a alcanzar ¡150 minutos! para mostrarnos 18 años de su ejercicio en la docencia.

Creo que, con una edición rigurosa, de “VEINTICUATRO OJOS” podría extraerse un filme relevante. Tiene suficientes personajes muy bien consolidados, y su compromiso con la vida, rompiendo a la vez con las más rancias tradiciones, está plasmado con una calidez que sensibilizará a muchos.
Luis Guillermo Cardona
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8
5 de agosto de 2012
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un ser soberbio es un ser desadaptado. Es alguien que usa un escudo de prepotencia, de agresividad física y psicológica, con la cual oculta su propia sensación de hombre débil cargado de sentimientos de culpa. Pero el soberbio no logra comprender que no es feliz, que cada día se encuentra más solo, ni que con cada palabra y con cada acto de necio ataque, está haciendo daño a aquellos que le rodean y que quizás son las personas que más le quieren y le respetan. Quizás no haya en el mundo nadie más amargo (y amargado) que una persona soberbia, y sin duda alguna es la que más firmeza de carácter (y afecto) necesita para que pueda superar su deplorable estado.

Mi reconocimiento por el notable guión escrito por los muy jóvenes, Matt Damon y Ben Affleck, amigos desde la adolescencia y efectivos protagonistas de este filme que, con mano diestra, ha dirigido el estadounidense Gus Van Sant. Vuelve a quedar en firme la basa psicológica que considera el trato familiar como determinante de la manera como el individuo luego se enfrentará al mundo. Y, aunque con mofa y escarnio (explicable quizás en insatisfactorias experiencias personales) se deja por el suelo a ese sinnúmero de titulados de las ciencias humanas que, con su vago, simplista y desacomedido ejercicio, desacreditan a diario una profesión que, como se verá luego, puede lograr excelentes resultados, sobre todo cuando el profesional comprende con certeza que también él se cura junto a su paciente.

Magnífico el personaje del psicólogo Sean MacGuire que, con demarcado brillo, representa el inefable Robin Williams. Esta es la clase de hombre que conoce las reglas esenciales de la profesión y una de ella afirma que, “la psicoterapia, entendida correctamente, enseña el perdón y ayuda al paciente a reconocerlo y aceptarlo. Y en su sanación, el terapeuta se perdona junto con él” (1). Desde este sentido, “EL INDOMABLE WILL HUNTING” es un filme colmado de sabiduría y propende por el entendimiento entre la especie humana.

Will Hunting, un muchacho desadaptado, con un extenso prontuario en actos delictivos, comienza a sentirse retado por una serie de ejercicios de matemáticas combinatorias que, el profesor Gerald Lambeau, deja en uno de los tableros de la facultad con la esperanza de que alguien intente resolverlos. De manera anónima, Hunting aporta las soluciones… y pronto se convertirá en el mayor interés de aquel profesor, que siente que se está enfrentando con un verdadero genio. Pero, en busca de su readaptación, será cuando entre en juego el psicólogo MacGuire, y comienza así un choque -y encuentro- de personalidades, hondamente satisfactorio.

Toda vez que el cine cumple con el entendimiento humano está haciendo verdadero arte.

(1) “Psicoterapia: propósito, proceso y práctica” Fundation for inner peace

Título para Latinoamérica: “EN BUSCA DEL DESTINO”
Luis Guillermo Cardona
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6
21 de junio de 2012
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cada día, hay alguien en el mundo del cine ávido de hacer dinero por montones. Se pone entonces a escribir un guión… pero como no le surgen ideas propias, comienza entonces a mirar sus archivos y/o su videoteca, y si lo que trata de escribir es, por ejemplo una comedia, comienza a revisar las viejas películas de las que tiene un grato recuerdo y entonces empezará a extraer escenas que muy pocos hayan visto o que imagine que ya nadie recuerda. Es lo que ha sucedido con “El botones”, “Atracción Fatal”, “The Artist” y muchos otros ¡éxitos!

Al preparar “EL GUATEQUE”, las cosas pudieron suceder más o menos así: Queriendo ver una vieja película, Blake Edwards –un director que ha hecho tantos filmes que alguna vez ha dado en el clavo- se animó a ver “Gunga Din” de George Stevens… y al ver al idiota hindú que decide ponerse de parte de los ingleses impidiendo así la libertad de su patria, pensó que se podría revivir a un tipo así e invitarlo a una fiesta de Hollywood. Pero, ¿Qué hacemos en la fiesta que resulte divertido? Se acordó entonces de Peter Sellers, quien venía pasando por un gran momento y a quién el mismo había dirigido en “La pantera Rosa” y en “El nuevo caso del inspector Clouseau”. ¡Y claro! El histrionismo de este estupendo comediante inglés basta por sí mismo para asegurar un personaje bastante simpático. Pero a Edwards, parece que no le bastaba con lo que podía dar Sellers, porque entonces revisa las viejas películas de Jacques Tati y hace que su personaje imite decididamente, la amabilidad, la buena educación, la torpe delicadeza y hasta una que otra situación tomadas de “Mi tío” y de “Las vacaciones de Mr. Hulot”.

¿Y los personajes secundarios? Edwards se tropezó entonces con una simpática película de Henry Koster titulada “Dos hermanas de Boston” (que no ha visto mucha gente) donde hay un mesero fabuloso, representado por Ben Blue, que siempre se está tomando la última copa. Y bueno, después se encontró en otro filme con la escena de la puerta que, al entreabrirse, deja ver a un tipo queriendo ahorcar a otro, en otra se encontró la escena del pollo… y así sucesivamente, hasta lograr una serie de situaciones memorables que él no consigue mejorar, pero si aprovechar suficientemente.

Sin ser tampoco original, se le abona la asidua crítica que hace al mundo del cine mostrando a directores queriendo aprovecharse de las nuevas promesas, a estrellas que son cero sesos, a productores que solo se interesan por el metal… Y contra todo, Sellers consigue sacar avante un filme que entretiene a las nuevas generaciones, las cuales quizás, hasta lleguen a creer en las “geniales ideas que se le ocurren” a ese limitadísimo director que fue siempre Blake Edwards.

¿Es Jacques Tati?, ¿Es Stan Laurel? ¿Es Ben Blue?… ¡No, es una comedia de Blake Edwards!

Título para Latinoamérica: “LA FIESTA INOLVIDABLE”
Luis Guillermo Cardona
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9
29 de noviembre de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Christopher Cross es, desde hace años, un respetado cajero en una empresa donde se siente muy estimado por el jefe y por sus compañeros de labores. Vive en relativa paz con su esposa y sus dos hijos, aunque presiente que ella sigue añorando a su primer esposo -un hombre que desapareció en un río y cuyo cadáver nunca fue encontrado- pues aún conserva su retrato colgado en una pared de la casa. Ante sus amigos, Cross se enorgullece de no necesitar aventuras que puedan perturbar el sosiego que ahora tiene… pero, muy pronto, tendrá en su mano la oportunidad de portarse como un caballero y el destino aprovechará para probar su firmeza, haciendo que se entrecruce (criss-cross) con una atractiva y noctámbula chica que se hace llamar Kitty, cuyo novio (un vividor, oportunista y explotador) la convence para que desplume al nuevo pretendiente.

Además de cajero, Cross es un pintor con gran sentido de la perspectiva y con una técnica que evoca a Henri Rousseau, sólo que él mismo no tiene mucha fe en su obra. Pero, habrá quien sí la tenga… y entonces se avendrá una triste suplantación de personalidades y un triángulo amoroso que tendrá lamentables consecuencias.

Con un guión de Dudley Nichols, libremente basado en la novela “La perra” de Georges de la Fouchardière, que ya había sido adaptada al cine por Jean Renoir, la película consigue algunos significados bien dignos de tomar en cuenta y que complementan lo que ya sucedía en “La mujer del cuadro”, filme con el que tiene algunas similitudes: De manera soterrada, es un alegato contra la pena de muerte, al mostrar como se cometen errores judiciales y se condena a inocentes sin mayores tropiezos (esto le costaría la prohibición en algunos estados norteamericanos y los siempre apresurados reproches del vergonzoso Will H. Hays). Y moralmente, deja bien expuesto un hecho inaceptado por la sociedad, pero demostrado de sobra por la psicología: Una conciencia marcada por un crímen cometido, suele sentirse asediada por un tormento mayor, cuando no recibe el castigo social que considera merecido. La cárcel, en numerosos casos, resulta tranquilizadora porque la persona siente que ya está purgando su pena. Pero, el que pasa “impune”, verá repetirse en su mente, hoy, mañana y cada noche, aquella escena abominable del delito que cometió en un momento de ira, de ligereza o desespero. Y es ésta, la prueba contundente de que la impunidad no existe, pues la conciencia es para todos, la peor cárcel del mundo. Y en un gran número de casos, el alcholismo y la drogadicción, como el tener que dormir con un radio o un televisor encendido, son maneras desesperadas de huir de los reclamos de la conciencia.

Esta es la clase de filme que no deja indiferente a nadie. Lang es un gran maestro.

Título para Latinoamérica: “MALA MUJER”
Luis Guillermo Cardona
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7
10 de noviembre de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fue, Georges Meliés, el primer realizador cinematográfico que imaginó su propia aventura con dirección al satélite de la tierra cuando, en 1902, realizó “El viaje a la luna”, una encantadora fantasía, desbordante de imaginación. De seguro, Meliés, como luego Fritz Lang, sabían del libro de Jules Verne “De la tierra a la luna”, porque todos ellos, como muchos entre nosotros, alguna vez sentimos en lo más profundo del corazón, el deseo de viajar a aquella luminosa esfera que tan fascinante resulta cuando nos sentimos embriagados de romanticismo.

Y creo que es esto lo que, finalmente, interesa a Fritz Lang en esta historia que comienza como un complot donde, un grupo de poderoso$ malandrines, con el único afán de apoderarse de la supuesta riqueza aurífera existente en la luna, está dispuesto a expropiar, amenazar y matar, con tal de hacer parte del proyectado viaje que tienen entre manos el científico Georg Manfeldt y el profesor Wolf Helius.

Con estos, terminarán en la nave, una pareja de astrónomos comprometidos en matrimonio (Friede Velten y Hans Windegger), y junto a ellos, Walter Turner, el representante de los ambiciosos… y un polizón inesperado que aparecerá luego.

Infortunadamente, Lang dedica mucho tiempo en la exposición de la incipiente técnica astronáutica, a la que él mismo junto a su esposa y guionista Thea von Harbou, dedicó largas horas indagando cuanto había… pero no era todavía lo suficiente. Esto lleva a que la película, en sus aspectos científicos, luzca hoy un tanto primitiva y hasta risible para particulares espectadores, cuando bastaría asumir un pequeño esfuerzo de ubicación en la época, y sobre todo, una cierta capacidad de trascender la parafernalia, para poder disfrutar de una historia que nos ofrece personajes de gran solidez moral, de notable calidez humana, y con diáfanos propósitos en beneficio de la ciencia.

La suerte de triángulo amoroso que se da entre Wolf, Friede y Hans, es manejado con gran holgura moral, dejando ejemplarizado un esquema de comportamiento que luego repetirían otros notables realizadores. El sentimiento y el comportamiento asumido contra el agresor, develan una apreciable fortaleza espiritual; y la lealtad a la amistad se asume con gran entereza por todos los protagonistas.

Queda reconocer que algunas composiciones escénicas están muy bellamente logradas. Hay espacio para, al menos, un par de entretenidas notas humorísticas. El efecto visual de la transformación de Turner está muy bien logrado, y queda ese gusto a toque humano que, en mi caso, supera casi cualquier fallo técnico.

Si entiendes que más allá de lo físico hay cosas mucho más relevantes, estoy seguro que disfrutarás viendo “LA MUJER EN LA LUNA”.
Luis Guillermo Cardona
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