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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

Ordenadas por:
1538 críticas (Ver todas por título) Página: 108
Su valoración: Buena
6 de Enero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La farsa es un delicioso estilo de comedia teatral, en el que se exageran y extralimitan los caracteres de sus personajes, se da la ocurrencia de situaciones enrevesadas, los decorados son ostentosos, chillones y casi ridículos en sus formas y colores, el vestuario es de una elegancia que raya con lo presuntuoso… y en especial, posee una forma graciosa, sutil y descomplicada, de mostrar la hipocresía, los vicios y desafueros de cierta clase de gente que presume de culta, ética y civilizada.

Profundas críticas sociales pueden estar a veces ocultas dentro de una “inocente” farsa, y con frecuencia, sus autores se sirven de ella para poder decir lo que, de otra manera, podría tener problemas con los compulsivos censores de ciertas épocas y países. Como es de esperarse, no todo el mundo capta lo bien orientadas que están sus flechas, pero ellos la pasan de maravilla con solo lograr que el público se divierta.

Anton Chéjov (“El Oso”, “Pedido de mano”…), Francisco de Rojas Zorrilla (“Entre bobos anda el juego”, “Don Lucas del Cigarral”) o Moliére (“El doctor enamorado”, “El médico a palos”…) son algunos ejemplos de autores clásicos que han escrito farsas, a los cuales se suma el francés Georges Feydeau (1862-1921) cuyas obras “La dame de chez Maxim” y “L’hôtel du libre Échange” (Hotel paradiso), publicada ésta en 1894, han sido llevadas incontadas veces al teatro y en varias ocasiones adaptadas al cine y la televisión.

En su montaje teatral, con Alec Guinness y Martita Hunt en los roles principales, “HOTEL PARADISO” significó para Peter Glenville, una de las obras que más éxito logró entre el público en los escenarios de Broadway y de Londres. Y fue esto lo que lo animó a asumir las tareas de productor, director, co-guionista y actor, en la versión cinematográfica que realizó en 1966, de nuevo con el genial y polifacético Alec Guinness en el rol del apremiado Benedict Boniface, y con la diva italiana Gina Lollobrigida como la bella e ignorada Marcelle Cotte, la vecina dispuesta a hacerle un provocativo regalo, porque entiende que su marido está necesitando de una buena lección.

El lugar escogido para la ansiada cita amorosa es el Hotel Paradiso, pero da la impresión de que la pareja va a tener unos cuantos obstáculos, porque, en pocos minutos y por diferentes intereses, al hotel llega también el escritor Georges Feydeau (Peter Glenville) el observador de todo lo que ocurre, porque está en plan de escribir una nueva obra… El señor Martin (amigo de Boniface) y sus cuatro hijitas… Henri Cotte, el marido de la bella, en plan de averiguar sobre un supuesto fantasma que ronda en uno de los cuartos del hotel… Victoire la doncella de Boniface con el nieto de los Cotte… ¡Y llegarán los que a nadie animan! convirtiéndose ésta en una noche de sustos, tropiezos, frustraciones, espantos… y posibles delaciones, que resulta muy entretenida y con unos cuantos momentos memorables e hilarantes (el encuentro de Boniface con el señor Martin en el hotel, la temida confesión a la policía, lo ocurrido llevado al escenario…).

Si quieres no darle esa buena lección a tu indiferente marido… vete una noche al “HOTEL PARADISO”.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Excelente
27 de Diciembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las mejores pruebas de que se sabe vivir, es la capacidad de atesorar los momentos bellos, románticos, cálidos y divertidos que hayamos tenido en la vida. Es decir, en nuestros recuerdos damos un lugar especial a lo que siempre nos servirá de aliciente para seguir adelante… y dejamos un poco más lejos, menos presente y en menor contacto con nuestras emociones, aquello que nos perturbó, que nos produjo sufrimiento o nos amargó la vida de alguna manera. Olvidar es imposible, pero sí podemos elegir aquello que queremos mantener más cerca.

¡Cuánta cosas amables, ocurridas en nuestros años mozos, nos trae a la memoria esta maravillosa película! Aunque sé que los jóvenes de hoy también consiguen disfrutarla, tengo que decir que “CINEMA PARADISO” está especialmente hecha para los más mayorcitos: para los que nos tocaron las exhibiciones en simultánea y las películas con nitrato; los que padecimos la hipócrita y obsesiva censura de la iglesia; los que pegábamos gritos a cada descuido del operador; los que vivíamos en un pueblo con loco a bordo, con el pelafustán que contaba las películas, y con el desadaptado que quería molestar a todos. También para aquellos que coleccionábamos fotogramas y posters de periódico, los que tuvimos un amor que nunca pudo ser… y los que vivimos el privilegio de ver en el cine a “Casablanca”, “La diligencia”, “Obsesión”… y a Buster Keaton, a Totó, Vittorio Gassman, Errol Flynn y Olivia de Havilland…

“CINEMA PARADISO” nos emociona hasta las lágrimas, nos hace sentir que hemos vivido, que la vida es bella, y que todo lo que sucede tiene un justo significado. Bendigo a Alfredo –perfecto ejemplo del amigo ideal-, por ese excelente cuento de “la princesa y el soldado” y, sobre todo, por su sabiduría al truncar una bella, pero probablemente pasajera historia de amor –fue la separación la que la hizo eterna-, para permitir que naciera un nuevo director de cine (para este caso, y en la realidad, Giuseppe Tornatore) cuyas películas, especialmente ésta, tienen aroma a inmortalidad.

¡Cuánto agradezco que se nos haya permitido ver el filme completo como lo pensara su director!, pues, en los 167 minutos, como ahora podemos verla (44 más que en su primera exhibición), se recuperan algunas situaciones de la conversión del Salvatore adolescente en hombre, que se habían cortado para hacer el filme apto para todo público y, lo más especial, es que se nos permite saber que ocurrió luego de la desaparición de Elena, contado con un romanticismo perfecto y con una conmovedora actuación de Brigitte Fossey.

Ya muchos habrán dicho que la banda sonora de Ennio Morricone es inmortal, que será imposible olvidar al Alfredo de Philippe Noiret y al Totó de Salvatore Lo Cascio, que el filme está colmado de estupendos toques de comedia, de honda ternura y fuerte emocionalidad… y bueno, para mi es un filme maravilloso, una de las más bellas películas que haya visto en la vida.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Buena
23 de Diciembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo he sentido y lo he comprobado muchas veces: Así como no hay nadie tan próximo a la música clásica como un amante del rock, no hay igualmente nadie tan cercano a la espiritualidad como un hombre de izquierda. Y casualmente, tanto al roquero como al izquierdista, les duele la vida, nunca están conformes, y suelen ponerse a disposición del cambio donde ven la esperanza de que pueda –y deba- suceder. Hablo por supuesto de los auténticos, porque, deplorablemente, tampoco estos senderos están exentos de gente liviana. Aquellos, son de corazón sangrante y noble, y sienten como suyo el dolor del pueblo y el lamento de los excluidos.

Creo que, Leonardo Favio (1938-2012), fue un hombre de corazón sangrante. Conoció la pobreza en su infancia, fue abandonado por su padre, estuvo en la cárcel… y tuvo la suficiente experiencia para comprender que las cosas en el mundo no andan bien repartidas. Después de estudiar en un seminario de donde se escapó pronto, hizo pequeños papeles en radioteatros conseguidos por su madre, hasta que consiguió acercarse al cine donde hizo de extra y de actor secundario, hasta llegar a su mayor deseo que era el de convertirse en realizador.

“NAZARENO CRUZ Y EL LOBO” fue la quinta película de este comprometido peronista, y en ella vuelve al tema que siempre alimentaba sus populares canciones: El Amor. Basado en un cuento tradicional argentino, esta es la historia de un muchacho que, como yo, vivió la “tragedia” de ser el hijo número 7. Al saberlo enamorado, Nazareno Cruz es visitado un día por el diablo y éste lo pone en la disyuntiva, según la cual debe escoger entre el oro o el amor. Si renuncia al amor lo hará rico, pero si elige el amor se verá convertido en lobo en cada noche de luna llena.

Favio se la juega con un guión que roza la más modesta, cristiana y poco sostenible tradición oral, pero logra sacarlo avante con unos magníficos y originales sets; sirviéndose de “encantadoras” y auténticas brujas que poco tuvieron que pasar por la sala de maquillaje; y con una, en general, muy cuidada fotografía, complementada con efectos que realzan los tonos emocionales de la gótica narración. Incluso, esos largos planos dispuestos a dar espacio para que suenen completos los preciosos temas “Soleado” de Zacar (Ciro Dammicco) y algún fragmento del “Rigoletto” de Giuseppe Verdi, tienen su propia magia. Y huelga decir que, el gallardo y cansado diablo, está muy bien representado por Alfredo Alcón, uno de los más sobresalientes actores argentinos.

Es la segunda vez que veo este filme y vuelve a conmoverme profundamente ese sentido momento cuando el rey del averno le dice a Nazareno: “No te olvides de mi. No te avergüences de mi cuando estés frente a Dios, Nazareno. Yo también, si Él quisiera, me repartiría como un pan de amor entre la gente”.
Luis Guillermo Cardona
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9 de Noviembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"CROSS CREEK" es un filme personal, ajeno a cualquier tipo de concesión comercial y de una belleza indescriptible. Martin Ritt es uno de los escasos realizadores de plena dignidad en el cine norteamericano. Títulos como "El Hombre que venció el miedo", "La Tapadera" o "Norma Rae" (para sólo citar algunos), dan cuenta de un cine hecho para trascender y capaz de dejar, en cada espectador, una huella eterna.

Consecuente con este propósito, Ritt se basa ahora en un texto autobiográfico (la novela homónima de Marjorie Kinnan Rawlings, publicada en 1942), y el resultado, es una poderosísima reivindicación de la tierra y el más bello reconocimiento de la grandeza y la bondad que suele haber en los seres más "simples".

La escritora adquiere una casa, en el área rural de Florida, como su refugio. Se conoce como Cross Creek por estar localizada entre el lago Orange y el lago Lochloosa. Dedicada a escribir novelas góticas que los editores le rechazan, poco a poco, la señorita Rawlings se va viendo afectada por la sutil belleza natural que la rodea y por las significativas relaciones personales que surgen, para ella, en el día a día.

Miss Marjorie comprende pronto que, "el hombre nació de la tierra antes de ser engendrado por un ser humano", y aquel alejado sitio en Cross Creek, se convierte en un manantial de poesía que la transforma para siempre, como ser humano y como escritora.

Con una cámara precisa y una atinada edición que no deja imagen sin significado, Ritt permite, y este quizás sea el mayor valor de la película, que tambien nosotros consigamos ver, sentir y amar todo aquello que antes, quizás, nos resultaba indiferente. Y así, conseguimos sentir los magníficos fulgores de la tierra y la inmensa potencialidad que cabe en cada ser humano.

Mary Steenburgen, consigue una sólida representación de esa escritora -premio Pulitzer- que ya se había inmortalizado con su libro “El Despertar”, también llevado al cine de manera muy apreciable por el director Clarence Brown. Y el proceso de cambio que, en ella genera aquella sapiente tierra, mantiene un aura que brilla, pausadamente, pero bien acrisolado y en una ascendencia incesante.

Ese sitio en Cross Creek (convertido hoy en el Parque Histórico Estatal Marjorie Kinnan Rawlings), le pertenece al viento y a la lluvia, al hombre y a la historia. El filme de Martin Ritt es un legado para la humanidad.
Luis Guillermo Cardona
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22 de Octubre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Junto a Sergei Eisenstein, Vsevolod Pudovkin y Alexander P. Dovzhenko, Mark Donskoy (1897-1951) conforma el panteón del cine clásico soviético. Con su trilogía sobre Maxim Gorki se ganó el reconocimiento internacional y mucha gente apreció su lírica composición de imágenes y su capacidad para despertad sentimientos muy gratos en los espectadores con su ternura y su sentido humanitario, cualidades que mantuvo a lo largo de sus veintitantas películas. En la, por entonces, llamada Unión Soviética, Donskoy fue reconocido como un hijo insigne y recibió numerosos premios por su labor cinematográfica como La Orden de Lenin, El artista del pueblo y Héroe del trabajo socialista, entre otros.

“LA MAESTRA RURAL” constituye un buen ejemplo del cine que realizaba Mark Donskoy. En ella reivindica a la mujer en su compromiso social a favor de los más necesitados, y logra que su carácter y su dignidad, reluzcan con toda su fuerza, situándola, así, en una sociedad igualitaria que creía en sus potenciales tanto como en los del hombre.

El filme tiene tintes autobiográficos, pues, Donskoy –como el personaje de Sergei-, también sirvió en el Ejército Rojo durante el proceso revolucionario, pasó varios años siendo prisionero de las fuerzas zaristas, y habiendo estudiado derecho, fue luego fiscal al servicio de Ucrania. Sobre su posible relación con la profesora, eje central del filme, no se sabe nada, pues el director fue siempre bastante reservado con su vida personal.

Varvara Vasilievna (Vera Maretskaya) es una atractiva joven que tiene un ideal muy claro: quiere servir a la formación de los niños y, aunque en tiempos del zarismo, lleva una vida de comodidad y holgura, ella siente que su lugar está en Siberia, la tierra de los exiliados por graves delitos, donde también habitan cientos de niños que tienen poco acceso a la educación, pues, muy pocos profesores se animan a emprender el viaje hacia aquellos nevados y mal recordados horizontes.

Como es habitual, al llegar a aquella fría aldea se encontrará con cierta resistencia al cambio, pero con afecto, claridad y firmeza, Varvara se irá ganando la voluntad hasta de Vorónov, el fortachón al que muchos temen, y cuyo hijo, Prov, se convertirá para ella en uno de sus predilectos. Las imágenes de Donskoy son muy cuidadas, abundan las analogías en las que se sirve bellamente de las aves y las flores, y el filme nada en aguas de perseverancia, solidaridad, y ternura… y una vocación como la que deberían tener todos y cada uno de los profesores del mundo.

Sin duda, Donskoy no era ajeno a la atracción por el cine hollywoodense, pues, la escena inicial cuando la profesora ensaya en el aula vacía la forma como se dirigirá a sus alumnos, la habíamos visto seis años antes en el filme de Tay Garnett “Dueña de su destino”.

En lo personal, “LA MAESTRA RURAL” me ha dejado un gusto a cine mesurado, emotivo, comprometido y se reafirman en él las palabras del educador brasilero Paulo Freire: “El maestro tiene que caminar con un pie en el sistema y el otro en su voluntad de cambiarlo”.
Luis Guillermo Cardona
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