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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1761 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
30 de abril de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Feliz encuentro entre el maestro Akira Kurosawa y el gran actor Toshiro Mifune. Iniciado el rodaje del filme, el guión estaba centrado plenamente en el personaje del Dr. Sanada, un médico temperamental, punzante y bebedor, pero al mismo tiempo noble y condescendiente, que interpretaba el atinado actor Takashi Shimura, miembro ya de la familia fílmica del director japonés. Se trataba de mostrar la ambivalente relación del singular galeno con algunos de sus pacientes, y el personaje de Mifune, un gánster llamado Matsunaga, quien llega para que le saquen un “clavo”, estaba pensado como uno más entre los pacientes de Sanada… pero he aquí, que la sorprendente actuación de Toshiro deja encantado al visionario director, y pronto, su personaje es extendido hasta el punto de ponerlo de tú a tú con el que interpreta Shimura. Y así, se iniciaría una relación descollante que daría lugar a un buen número de filmes que hoy hacen parte de lo más apreciable que nos ha legado el lejano oriente (“El Perro Rabioso”, “Rashomon”, “Los Siete Samuráis”, “Trono de Sangre”, “Yojimbo”, “Barbarroja”…).

La historia se desarrolla en un pueblo de escasos recursos, donde el gansterismo es también fuente de sobrevivencia y de poder. Las aguas lluvias anegan las calles sin pavimento, y el fango entonces, se convierte para Kurosawa en un leitmotiv que revela el hundimiento del ser en medio del alcohol y la irresponsabilidad, y quizás, el abandono de un Estado falto para todos de oportunidades.

Los personajes de Sanada y Matsunaga, se mueven en una interesante relación de amor-odio, de te acepto-te rechazo, de vive y muérete, que da cuenta de la ambivalencia humana donde lo que parece no es tal como parece.

El personaje del médico resulta también harto interesante, porque da cuenta del hombre sin pretensiones, sin afanes de enriquecimiento, y que ejerce su profesión con tanta naturalidad, que cae sin empacho en el gesto improcedente, en la frase ruda y también en el alcohol que le permite escapar, a ratos, de una realidad que no le está ofreciendo grandes perspectivas.

Se trata pues, de un retrato sobre gente del común, vista con simpatía y con clarísimos rasgos de valoración. Es evidente que, Kurosawa, conocía muy bien al pueblo.
Luis Guillermo Cardona
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9
21 de marzo de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Cuánta inequidad hay en este mundo que le quita toda posibilidad de digna sobrevivencia a millones de hermanos!, ¡Cuánto egoísmo que sólo trae desdicha y soledad!, ¡Cuánta apariencia y cuanto afán de sentirse superiores a los demás, cuando bien se nos demostrará que todos somos iguales!

En este mismo instante, miles de seres humanos deambulan por las calles en busca incesante de unas pocas monedas para llevar la comida mínima a su casa. Cientos de personas caminan largos kilómetros para conseguir la escasa agua que les permita sobrevivir. Millones de obreros sin empleo van, de un lado a otro, con la gris esperanza de que alguien les ofrezca un trabajo digno.

Cuando recuerdo las viejas películas, a mi memoria regresa Umberto D, tratando de impedir vanamente el desalojo. Y recuerdo a Ali y a su hermana Zahra, en permanente angustia por los raídos zapatos tenis que comparten. Y he aquí que, con su inmensa sensibilidad frente a la gente común y con esa lírica humanística que le fluía constantemente, también el maestro Akira Kurosawa se había ocupado de hacer un filme donde, para un novato detective, su arma de dotación se convierte en un objetivo incesante, cuando esta le es robada en un autobús.
Un largo camino tendrá que recorrer entonces, pero la vida pondrá a su lado a un hombre noble y brillante, el detective Satori. No por nada, Satori significa resplandor, destello de iluminación. El detective se convierte para el novato en una lección de ejercicio profesional cabal y digno, que quizás cambie su vida para siempre. Y para nosotros, será un elocuente reflejo de la integridad que se preserva aún en las condiciones más difíciles.

Es época de postguerra. En Japón abunda la miseria y los más pobres acuden en muchos casos a la prostitución, el contrabando de armas y a cualquier otra cosa que les permita sobrevivir. Es, en este medio, donde los dos policías comenzarán a buscar al hombre que acaba de cometer un delito y que, quizás, tiene la colt sustraída a Murakami.

Kurosawa consigue que cada personaje tenga vida propia, los recrea en sus carencias y en su abundancia, en sus fortalezas y en sus debilidades, en su terquead y en su sabiduría… y crea así, un cuadro humano que quizás produzca ese destello que se borrará de pronto, pero que tal vez consiga que ya nunca más seamos los mismos.

Cuán significativo sería que las grandes productoras de películas, promovieran este cine que dignifica al hombre. Y toda institución formativa debería permitir que los jóvenes accedieran a estos mensajes. Es sólo cuestión de método… y de amor por la humanidad. Y estas dos cosas están haciendo ahora más falta que nunca.
Luis Guillermo Cardona
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9
25 de enero de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Claro que hay grandes periodistas! Sin duda, entre la gente que ha escrito y aún escribe en los periódicos y revistas, habla en la radio… o se comunica a través de la internet, hay gente profesional, rigurosa, responsable, que conoce el oficio y lleva en la sangre la búsqueda de la verdad. Y son ellos, los menos, los especiales, quienes sostienen la maltratada dignidad del periodismo. Porque aquí, como en tantas otras profesiones, se mantienen infiltrados los mediocres, los oportunistas, los ególatras y los vendidos. Aquellos que atraen odio hacia el periodismo, siguen avante con sus infames mentiras, con sus deformaciones de la verdad y con su conciencia vendida a los intereses del mejor postor. Son reaccionarios, perversos y causan vergüenza cuando los vemos hablar desde los labios, pero jamás desde el corazón.

Billy Wilder, sabe harto de periodismo y se duele como nosotros cuando ve, al cuarto poder, sirviendo como mercenario de los otros tres poderes o ejerciéndose en función del individualismo más enclenque. Ya nos había mostrado, lo que es capaz de hacer un reportero obtuso, en su brillante película “El Gran Carnaval”. Y en 1974, animado quizás por la manera como se estaba informando sobre el caso Watergate, el derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende en Chile, o sobre los casi 20 mil asesinatos que hubo el año anterior en los EEUU, decidió realizar la tercera, de cuatro adaptaciones cinematográficas, que ha tenido la ya clásica obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur.

Apenas conozco la versión de H. Hawks, que no consiguió motivarme, pero Wilder se ha fajado un filme que impacta en todo el plexo solar, nos agita con fuerza y ternura el corazón y deja bien al desnudo la trapacería, el sensacionalismo y las infamias que pueden llegar a cometerse en aras de mezquinos intereses personales. Periodismo y política agitando la bandera de la mentira para satisfacer su apetito de poder.

Como ya es habitual en sus obras más personales: Una impecable dirección de actores. Soberbios Lemmon, Matthau, Gardenia y Pendleton; una cámara casi invisible, ubicada fundamentalmente en plano general o medio; una ambientación rigurosa y muy efectiva en el desplazamiento de los personajes; y ese toque mágico de los diálogos precisos, mordaces y de una fluidez excepcional.

“PRIMERA PLANA” nos deja muy satisfechos. Duele la triste realidad que recrea por más que esté ambientada en el Chicago de los años veinte, pero sus brillantes toques de comedia y ese descreste actoral de casi todos sus intérpretes, hace que pasemos una magnífica velada y que nos quede fijo en la memoria el gran talento que tuvo siempre Billy Wilder.
Luis Guillermo Cardona
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9
15 de diciembre de 2009
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que, a estas alturas, ya nadie duda de la enorme capacidad que tuvo Billy Wilder para la comedia. Su cine, pulcro, equilibrado, aleccionador y profundamente divertido, ha echado hondas raíces y permanece en el gusto de cientos de cinéfilos como una de las experiencias más gratas que podamos tener una y otra vez. Porque, lo bueno de Wilder, es que su cine se disfruta hoy, dentro de un año, dentro de diez o dentro de cien años. Es perenne como las aguas del mar, porque ha sido engendrado con todo el vigor del arte por excelencia.

Subestimada por algunos, y muy apreciada por otros, entre los que me incluyo yo, “BÉSAME TONTO” es una comedia que se sostiene gracias a unos fabulosos personajes llenos de contradicciones y tambaleantes, hasta entonces, en buena parte de sus decisiones, hasta que un día la luz entra en la casa con rostro de cantante seductor y de prostituta ejerciendo su oficio. Nada común, pero bastante corriente en el delicioso juego de la vida.

El dueño de casa (un hilarante Ray Walston), es un profesor de piano, casado con una agraciada dama llamada Zelda (interpretada con encanto por Felicia Farr, por aquel entonces esposa de Jack Lemmon) a quien, cada día, atormenta con sus ridículos celos que ya bordean la paranoia. Orville no admite con su esposa la menor insinuación de hombre alguno, y como ella es atractiva, ocasiones no le faltan a este atorado esposo para que haga un bello ridículo ante nuestros ojos.

Y este es el primer gran atractivo de la película. Wilder encuentra deliciosas situaciones para ilustrar los celos con gracia singular… mientras el marido sufre y los involucrados se espantan. Entre tanto, Zelda se comporta como una madura mujer que ve con indiferencia, y con estoica paciencia, las desentonadas de su especial marido.

Una sensual y provocativa Kim Novak, entrará en escena para convertirse en el personaje más aleccionador de la historia, cuando acepta hacerse pasar por la esposa del profesor de piano, para prestarse a los coqueteos del presuntuoso cantante Dino (el nombre de pila de Dean Martin era Dino Crocetti)). Con su personaje de Polly, la Novak hará renacer sentimientos ya perdidos en la apreciación que, de las féminas, tenía el Beethoveniano maestro, y nos llevará a comprender que, el valor de una persona, será para nosotros, el que nosotros decidamos darle.

Divertida, encantadora, sensitiva y llena de calidez, “BÉSAME TONTO”, resulta muy atractiva como obra cinematográfica y bien le vendría a los señores machistas que tanto pesan (por pesados), en nuestra sociedad.
Luis Guillermo Cardona
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8
10 de octubre de 2009
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la Calle de la Providencia (atención a este nombre), hay una mansión bajo el número 1109 (¿no les recuerda algo este número?) la cual pertenece a un hombre muy devoto. Ya verán en las paredes numerosas imágenes católicas que adornan, especialmente la sala de estar, que él mismo ha dado en llamar “el paraíso terrenal”, por los gratos momentos que ha pasado allí con sus amigos.

Un día, a la salida de la ópera, Edmundo, decide invitar a un grupo de amigos a cenar a su casa y, después de cumplida, cuando parece que ya es hora de marcharse, ninguno de sus invitados consigue salir de “el paraíso terrenal” aunque lo han intentado algunos… y otros, simplemente se acomodan a dormir como si les atrajera quedarse.

Este suceso, sirve a Luis Buñuel para hacer un vivo retrato del comportamiento burgués en situación de crisis… y entonces saldrá a flote la comidilla, la intolerancia, el individualismo, el irrespeto por la pareja del otro, el reto arrogante… y una que otra manifestación de cortesía, de galantería y de amistad, sobre todo por parte de los anfitriones quienes, ¡curiosamente!, entre sus mascotas tienen a un oso y a unos corderos. ¿Alguna relación con la URSS de entonces (presencia intimidante) y con los mansos que se siguen unos a otros sin saber para donde van?

Lamenta uno la austera ambientación con que fue rodado el filme, el excesivo ostracismo en que se mueven los invitados y la presencia de actores que no dan la imagen burguesa que uno desearía, pero Buñuel logra lo esencial: recrear la incompetencia y la inconsciencia de los dueños del poder para vivir en armonía. Como en “Un Perro Andaluz”, “La Edad de Oro”, “El Discreto Encanto de la Burguesía”… o “Ese Oscuro Objeto del Deseo”, donde los anhelos de sus personajes no consiguen realizarse por obra de la Providencia, de la resistencia popular, y sobre todo, a causa de las pesadas cargas sociales que a todos nos amargan, en “EL ÁNGEL EXTERMINADOR”, el deseo de salir tampoco se alcanza por un “perverso” deseo buñueliano de encerrar a sus personajes en la casa 1109, como en el 11-09 de Nueva York, fue por un perverso deseo de Osama Bin Laden, que tantísimos empresarios y empleados quedaron encerrados en una trampa aterradora… y mortal para la mayoría.

Enfermedad, hambre, encierro, muerte, pesadillas y sueños anhelantes, se dan cita en medio de ese mundo surreal de Luis Buñuel, donde también hay lugar para la simbología, el fetichismo, el sarcasmo y para la más soterrada crítica a los pilares que sostienen, tan mal sostenida, a esta sociedad que padecemos.

“EL ÁNGEL EXTERMINADOR” hay que verlo con la mente muy abierta.
Luis Guillermo Cardona
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