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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1668 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
16 de enero de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una película curiosa. La dirige un coreógrafo norteamericano (Rob Marshall) cuyo debut en la dirección cinematográfica fue “Chicago”, realizada tres años antes. La protagonizan tres de las mejores actrices chinas: Zhang Ziyi, Gong Li y Michele Yeoh y tiene todas las características de una película japonesa que cuenta la historia de una Geisha, cuya vida, como es de suponerse, transcurre en la tierra del sol naciente.

Basada en la novela de Arthur Golden (otro norteamericano), la película tiene todas las bazas de superproducción y se desarrolla en un ambiente de impecable diseño artístico, con una iluminación y una fotografía perfectas, y con una partitura musical que resuena todavía en nuestros oídos (John Williams es grandioso).

La historia da cuenta de una jovencita que padece todas las vicisitudes de la crianza en un ambiente hostil y, al llegar a la adolescencia, los giros que da la vida la convierten en una cotizada geisha que no tiene más que un sueño: merecer el amor de un galante caballero que tuvo con ella un bello gesto cuando apenas era una niña.

Desde entonces, Zayuri (luego Chiyo) se convierte en ejemplo de la mujer con carácter que se traza un objetivo irreversible y que, para lograrlo, hace lo que toda mujer tendría que hacer: da lo mejor de sí, se muestra fina y con una fuerte personalidad, y de esta forma, hace que sea el hombre quien descubra que ella es un verdadero tesoro.

Con un ritmo pausado y poético aunque, a ratos, demasiado gélido, Marshall nos hace seguir con interés el proceso que, aquella bella y especial muchacha, tiene que seguir en la vida para alcanzar su ideal. La paciencia, la constancia y la firmeza, fluyen en un sendero trazado, desde el comienzo, para lograr el triunfo.

“MEMORIAS DE UNA GEISHA” es una película con aroma de mujer y hay en ella cosas que muchísimas jóvenes deberían considerar para poder fortalecer sus experiencias amatorias. Y ha de recordarse que una geisha es una artista, una cantante y una bailarina que vende su talento, pero no su cuerpo. Este es uno de los pilares para una vida digna… pero cada mujer determina lo que hace con sus principios.
Luis Guillermo Cardona
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8
4 de enero de 2015
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llevaban ya rato, los directivos de EON productions, tentando al actor Timothy Dalton para que aceptara representar al agente 007. Lo querían para “On her majesty’s secret service”, cuando Sean Connery se hartó definitivamente del papel, y lo llamaron para “Octopussy”, cuando Roger Moore empezaba a declinar en sus capacidades físicas, pero Dalton, que se había formado en la Academia Real de Arte Dramático, que había estado en la Real Shakespeare Company, y cuyas primeras actuaciones cinematográficas fueron en importantes filmes de época como “El león en invierno”, “Cromwell” y “María, reina de Escocia”, entre otros, se resistía a ponerse en la piel de ese agente anodino, machista y frío asesino, como venía caracterizado James Bond.

Hasta que llegó el año 1986, y por fin la oferta que se le hizo a Timothy Dalton, lo animó a firmar el contrato que lo convertía en el cuarto James Bond de la serie. La productora puso, entonces, en manos del hábil director John Glen, un generoso presupuesto; el guión (apenas con el título de uno de los cuentos, "The living daylights", que, Ian Fleming, incluyera en su última compilación de 1966, titulada “Octopussy”) se cuidó hasta el máximo, eliminando por fin los clisés que ya hedían del pasado; entró una nueva Moneypenny, y un nuevo Felix Leiter (aunque éste cambiaba en cada película); las escenas de acción se pusieron a tono con los avances tecnológicos de la nueva década logrando excelentes resultados; la apertura política que iniciaba Gorbachov, permitía mirar a Rusia con ojos más “amables” y entonces Bond tendrá como compañera y enamorada a una disidente que jugará entre los dos bandos… y hasta hará buenas migas con el general Pushkin (¡con nombre de inmortal escritor!). Y de esta manera, la “alta tensión” de la aventura, quedará muy bien compensada con un amplio distencionamiento de las relaciones políticas este-oeste.

Dalton quedó muy bien compensado y mejor acreditado, porque es indudable que, “007: ALTA TENSIÓN”, se ha posicionado como uno de los títulos emblemáticos de la serie, pues reúne todo, absolutamente todo, lo que reclama una buena película.
Bond está muy bien matizado: Tiene salidas de muy buen talante; los gadgets con que cuenta, además de efectivos, resultan bastante divertidos; sus diálogos son ágiles y jocosos; sabe ponerse romántico cuando el momento lo permite; y su destreza es muy marcada en las escenas de acción, hasta el punto de que, él mismo, asumió varias de las situaciones de riesgo.

El reparto que le acompaña es de primera línea, con un estupendo Jeroen Krabbé, como el ambicioso general Georgi Koskov; la inglesita, Maryam d’Abo (¡cuidado que el poster busca confundirnos!), hace a una menuda pero guerrera chelista, dispuesta a cuidar hasta la muerte su lujoso Stradivarius; y John Rhys-Davies, luce estupendamente como el general Pushkin, jugando a quedar empatado con Bond en esas cosas de salvarse la vida.

Y a lo largo de la emotiva trama, algo nos queda bien claro: En los momentos relevantes hay que hacer siempre lo que nos dicta la razón, especialmente si va ligada al corazón. Lo correcto no va con bandera alguna… es lo correcto ¡y así hay que hacerlo!

Me gusta el Bond de “007: ALTA TENSIÓN”, porque tiene escrúpulos. Así son los hombres cuyo cuerpo está revestido de un gran espíritu.

Título para Latinoamérica: “SU NOMBRE ES PELIGRO”
Luis Guillermo Cardona
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7
4 de enero de 2015
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, hay momentos y circunstancias en que la desobediencia tiene un gran valor. Por ejemplo, puede permitir que consigas ser el que realmente quieres ser, cuando, digamos, tu padre quiere que seas médico, pero tú anhelas ser actor y desobedeces. Si triunfas y eres feliz haciendo lo que ahora haces, bien que valió la pena desobedecer. La desobediencia tiene un gran valor, cuando ante leyes o decretos injustos del Estado, la gente se une e incumple lo que se le exige en forma colectiva. Si hay firmeza en ésta actitud, es bien probable que el resultado sea la derogación o nulidad de la nueva norma.

En realidad, son muchos los ejemplos que podrían darse de los casos en que vale la pena desobedecer… como también hay claros ejemplos con los que se podría demostrar que, en otras ocasiones, es bueno, muy bueno, obedecer.

Frank Corvin, fue un desobediente cuando trabajó en la Nasa por 1950, y pocos años después, esto le costaría ser despedido junto a su equipo de pilotos con el que arruinó varios costosos aviones… pero a cambio, pudo batir el récord de velocidad y altitud. Cuatro décadas después, la Nasa está en graves problemas con un satélite ruso que cuenta con armado americano, al cual hay que repararle su sistema de guiado, o de lo contrario, se estrellará contra la tierra en poco más de un mes. Y al buscar quien pueda repararlo, todo conduce hacia el nombre de Corvin, el piloto aquel que aprendió como pocos, desobedeciendo.

Y, contra la política y criterios de los jefes de la Nasa una vez más, Corbin va a tratar de imponer la idea de que, sea él y su viejo equipo (ahora todos mayorcitos), los que reparen el artefacto… ¡con el permiso de realizar el viaje hacia el espacio! Así, se pretenderá abrir la puerta a un singular proceso sin parangón en la historia y con un cuento que quizás resulte tan ficticio como fabuloso, porque Clint Eastwood procurará poner sobre el tapete, la sana idea de que no se puede ignorar la experiencia y la sabiduría que llegan con la edad. ¿Saldrá avante en sus propósitos este “The ripe stuff” (Material acabado), como les llamaría la prensa parafraseando el título de la película “The right stuff”?

“SPACE COWBOYS”, es una agradable aventura en la que, Eastwood, reunirá a notables veteranos como Tommy Lee Jones, James Garner y Donald Shuterland, para conformar ese equipo al que, su antiguo jefe Bob Gerson (James Cromwell), va a resultar un hueso duro de roer.

La primera hora, está repleta de incesantes toques de comedia con los que podremos reír a mandíbula batiente, para luego pasar a un sorpresivo drama de suspenso con muy atractivos efectos especiales, donde podremos apreciar la profunda amistad que, desde muy jóvenes, ha unido a aquellos pilotos que anhelan realizar su gran sueño. El resultado es un filme agradable y aleccionador, siempre que estemos dispuestos a hacernos los locos con la manera olímpica como, ciertos profesionales, procurarán superar las pruebas de aptitud. ¡Y se les permitió usar el nombre de la NASA!

Título para Latinoamérica: “JINETES DEL ESPACIO”
Luis Guillermo Cardona
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3
3 de enero de 2015
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muchos bombones, dinero y promesas tuvieron que ofrecer los directivos de EON productions para asegurar a un actor inteligente como Sean Connery, en seis de las películas del agente 007, de las cuales, apenas dos merecen el aprobado como agradables y conservados divertimentos, mientras que las restantes quizás lucieron mejor en su momento, pero ahora se sienten muy, pero muy aburridas. Y puede sumársele a éstas, “Nunca digas nunca jamás”, un pretendido remake de “OPERACIÓN TRUENO”, que Connery aceptó hacer para otra productora porque la tentación económica era bastante llamativa, además de que (aunque no lo dijo públicamente) es muy probable que su ego le reclamara no quedar empatado con Roger Moore, quien, para esa fecha, 1983, llevaba ya seis apariciones como James Bond. Pero el destino le jugó una mala pasada a Connery, porque dos años después, también Moore estrenaría su séptima película… y toca decir que el destino no parecía estar demasiado contento con lo que habían hecho porque, curiosamente, ambos se despidieron con sendos fracasos.

“OPERACIÓN TRUENO” está supuestamente basada en el noveno libro, “Thunderball”, que Ian Fleming publicara en 1961, pero esto se torna bastante controvertido puesto que, en los créditos del filme, todo empieza con una historia original de Kevin McClory, Jack Whittingham y Ian Fleming, la cual el segundo de ellos convirtió en un guión cinematográfico… que luego sería retocado por Richard Maibaum y John Hopkins. Un lío que además no apunta a nada, porque todos ellos deberían sentir vergüenza de que les hubiesen pagado por escribir semejante bobería que vuelve a los mismos clisés que, en solo cuatro películas que llevaba hasta esa fecha la productora inglesa, ya olían a la repetición de la repetidera: Bond que tiene una pelea…Bond que entra en la oficina de la secretaria de M y cuelga el sombrero que jamás lleva puesto… Bond que seduce a la primera chica que se pone en su camino,.. Bond que parte en busca de un maniático que planea un golpe contra la paz del mundo… Bond y la chica mala a la que también se “tira”… Bond y la chica buena a la que pronto se “tirará”… Bond que… y entonces uno comienza a sentir, eso ya lo vi, eso ya lo vi, eso ya lo vi… Ya sé la razón por la que las películas las sacan cada dos o tres años: es dando un tiempo de espera para que la gente no recuerde que, lo que ahora está viendo, ya lo vio.

Terence Young nos ha dado otro filme soso a morir, con un montón de escenas submarinas que deben de haber exigido un gran desgaste físico a esa segunda unidad que contrataron absolutamente para nada, porque los tipos bajo el agua apenas producen sueño. Las actrices, Claudine Auger y Luciana Paluzzi, resultan hablando un inglés perfecto, pues ambas fueron dobladas no obstante que sus roles (Dominique y Fiona, respectivamente) las identifican como francesa e italiana. Y Ernst Stavro Blofeld, el archienemigo del agente 007, tendrá solo una breve aparición para poner al número dos de Spectre, Emilio Largo, a manejar totalmente la inoficiosa operación.

Tenía la esperanza de que esta película resultara tan divertida que pasara como un trueno, pero en realidad resultó más aburrida que un largo aguacero con uno escampándose al lado de una señora de esas que no paran de hablar.
Luis Guillermo Cardona
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7
26 de diciembre de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si es, James Bond, el que se fascina con la espía rusa Anya Amasova; si es él quien la protege y quien se expone a que ella le mate por haber eliminado antes a su novio; y si es él el que está dispuesto a salvarla a riesgo de morir por ella… ¿Por qué titular en español a esta película como “La espía que me amó”?. ¿Fue el ego inglés el que reclamó esta traducción o fue la premura de nuestros tituladores que, a veces, se arriesgan sin ver previamente las películas? Lo que si es plenamente cierto, es que a los productores les dio ese cosquilleo británico que se resiste a reconocer abiertamente que las mujeres rusas son fascinantes, demasiado fascinantes, y entonces se negaron a llamar a una auténtica actriz nacida en Moscú o sus alrededores -de esas que harían babearse a Bond- y prefirieron a una newyorkina, hija de un policía y regularcita actriz, como es Barbara Bach.

Curiosamente, la novela original -décima obra que publicara Ian Fleming- salió a la luz, en 1962, con el título “El espía que me amó”. Pero, la explicación del cambio, podría estar por el lado de los enredos y limitaciones del idioma inglés, en el cual, el artículo The, es traducible como el, la, lo, los, las, y en este contexto caben, El o La, según sea el capricho de quien traduzca. O quizás obedece a que, Fleming, al publicar esta novela -y cansado de que las películas nunca fueran fieles a lo que él escribía-, estableció una cláusula que permitía usar el título, pero no el argumento, en caso de una adaptación cinematográfica. Y como la historia que escribieran, Christopher Wood y Richard Maibaum, no se parece en nada a lo que contara en su obra, también al título se le dio ese pequeño (e inelegante) giro. Es decir que, éste, en muy pero muy poco, es lo que pudiera llamarse un Bond-Fleming.

Con un amén a estas disquisiciones, es necesario decir que, “LA ESPÍA QUE ME AMÓ”, es desde todo punto de vista, un grato entretenimiento que, a los recalcitrantes anticomunistas, debe de haber sorprendido y molestado tremendamente, cuando ingleses y rusos lucen cogidos de la mano y estrechamente unidos por una misma causa: Averiguar quien se está apoderando de sus submarinos, pues, súbitamente ha desaparecido uno inglés y otro ruso.

Y ¡sorpréndanse!, el agente (espía) 007, va a trabajar a brazo partido y muy unidito con la agente (espía) XXX (¡qué morbosidad!) para desenmascarar a Karl Stromberg, cuya nacionalidad es fácil deducir, además de que a él si lo representa un auténtico ario, Curd Jurgens. Imagino a Fleming revolcándose en su tumba, pues, libres los productores de contar lo que quisieran, se libraron de la rancia estrechez ideológica del regularcito escritor, y puestos a tono con el momento histórico, lucieron progresistas y se desbordaron en el presupuesto para brindarnos un espectáculo de alto vuelo por donde se le mire. Le falta algo de solidez a la historia (pues la escena del gordo atrapando a Bond por la corbata y a punto de caer al abismo, es un atentado contra las leyes de la física. Y el eterno caso del hombre que quiere acabar con la humanidad “para construir un mundo mejor”, es un desvarío contra las leyes humanas), pero, como espectáculo de acción, sets de lujo, comedia ligera y chicas deslumbrantes (aunque también algunas lucen harto cosificadas), el director Lewis Gilbert, nos asegura dos distencionantes horas en las que, semi-apagado el cerebro, se pasa de lo lindo como suele ocurrir con buena parte de esta serie que, al mismo tiempo, y bien enchufado el sentido crítico, también sirve para entender el alto grado de decadencia que aún padece la cacareada cultura inglesa.

Y como la psicología ha probado que, entre los tipos muy mujeriegos suele camuflarse un incontenible impulso homosexual, para borrar toda duda sobre este Bond-Moore que ya luce bastante mayorcito -y para quienes no vieron “Al servicio secreto de su majestad”-, aquí se nos recordará que él estuvo casado, pero su esposa fue asesinada. En “Solo para sus ojos” se insistirá en recordar esto y entonces veremos, a un “constante” James, llevando flores a la tumba de su esposa Teresa, quien murió en 1969, a la corta edad de 26 años (rebaja incluida). Y se espera que ya, a nadie, le queden dudas sobre la virilidad del 0-0-7.

James Bond volverá…
Luis Guillermo Cardona
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