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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2142 críticas
9
30 de octubre de 2009
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La familia es el corazón de la sociedad, pues es dentro de ella donde comienza a palpitar el amor, donde fluye la sensibilidad y donde se manifiestan los demás valores que nos permiten establecernos como seres integrales e íntegros. Es la familia la que nos permite superar la incompetencia de los primeros años y es la que nos da las principales herramientas con las que enfrentaremos al mundo en los años subsiguientes. La familia es sostén, complemento, cooperación, participación y es la base desde la que podemos visionar, en micro, la sociedad de la que luego haremos parte. De aquí, la importancia enorme que tiene el poder existir en una familia sólida, respetable, amorosa.

La gran virtud de esta película – y del libro “Mujercitas” de Louisa May Alcott en que ésta se basa – es, precisamente, que recrea con honda sensibilidad y con una lírica sutil y entrañable, los pormenores de una familia de mujeres (cuatro hermanas adolescentes, su madre y su abuela), cuyo padre se haya, por entonces, participando en la Guerra Civil. Entre ellas, presenciaremos un magnífico ejercicio de convivencia, respeto, compañerismo, solidaridad… en un ambiente donde también llega el dolor, el conflicto… y la pérdida. Pero ellas, con su fortaleza espiritual y su profundo amor, consiguen aceptarlo todo y trascenderlo todo, que, al fin y al cabo, todo pasa, la vida siempre recupera su cauce y nos devuelve luego la armonía cuando nos preservamos firmes ante las crisis que llegan.

George Cukor logra la trascendencia con un filme de gran belleza visual, excelentemente fotografiado y con una ambientación impecable que preserva la totalidad de la historia en un tono romántico y cálido que nos toca muy adentro. Las actuaciones son, en general, muy ajustadas, y sobre todo, los personajes de las hermanas resultan plenamente encantadores. Katharine Hepburn da la impresión de que se estuviese representando a sí misma pues, el personaje le calza a la medida. Como ella, Josephine March es impetuosa, definida, anticonvencional, libre, “un espíritu inquieto” como la define el políglota profesor Bhaer, en quien hallará la fuerza trasparente que necesita para sentirse ella.

Otras versiones cinematográficas – anterior muda, en 1918, bajo la dirección de Harley Knoles y posterior, en 1949, dirigida por Mervyn LeRoy - se han hecho de “Mujercitas”, pero, creo que “CUATRO HERMANITAS”, permanecerá como la más eficiente, edificante y emotiva versión del libro de Miss Alcott.

Como dice Gary Zukav en su bello libro “El Lugar del Alma”:

“Tenemos muchas cosas que hacer juntos. Hagámoslas en sabiduría, amor y alegría. Hagamos de ello la experiencia humana”
Luis Guillermo Cardona
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10
9 de marzo de 2009
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres pesos pesados son los responsables de esta obra maestra del cine negro: James M. Cain autor de la novela “Doble Indemnización”, el especialista en tramas policíacas Raymond Chandler y el genial director austríaco Billy Wilder. Y lo que tenemos es una telaraña, tan fina y cuidadosamente construída, como la mejor red que pueda tejer una viuda negra.

Walter Neff es un exitoso vendedor de seguros quien, buscando renovar unas pólizas de autos, conoce a Phillys Dietrichson, la esposa de uno de sus clientes. Su tobillo lo deja fascinado (bueno, pudo ser cualquier otra parte de su cuerpo, pero en aquella época había que acudir a cualquier sutileza para eludir a la absurda censura) y el hombre pronto cae en la trampa que le tiende la señora, valiéndose de su tobillo y de otros rubios encantos.

Juntos, se disponen entonces a deshacerse del, según ella, descuidado, maltratador y borrachín marido, y el amigo Neff planea una estrategia donde calcula de tal manera cada paso que ha de seguirse, que todo hace presumir que de aquí resultará el crimen perfecto.

Los hilos del destino intervendrán previamente con el ánimo de sacarlo de aquel oscuro sendero que ha tomado, y Barton Keyes, técnico de reclamaciones de la compañía, quien siente por Neff un especial aprecio, le ofrece un puesto de oficina que Walter ni siquiera analiza y lo rechaza de inmediato.

Wilder, con su particular maestría narrativa, nos da cuenta luego de la indefectible crisis de nervios que produce el transgredir la conciencia, el delirio de persecución que pone a sudar ante cada persona que llega y la sensación, poco creíble pero absolutamente cierta, de que nada se encuentra oculto bajo el cielo.

Pronto, los hilos de la fina telaraña comienzan a ceder y el cardona Heyes hace acopio de toda la sagacidad, la pericia y la malica indígena que le proporciona el enanito que lleva por dentro y nos sorprende a cada instante con nuevas argmentaciones que lo ponen cada vez más cerca de la meta.

Billy Wilder nos brinda un entramado con diálogos elegantes, sutiles y precisos en cada una de las frases que brota de sus protagonistas, y la puesta en escena no descuida detalle alguno para generar suspenso, lecturas de segunda vista y un clima de intriga que nos mantiene pegados a cada plano que se va sucediendo.

Este es el cine que permanece, que recordaremos siempre y que no nos cansaremos de recomendar, porque cultiva una buena formación, nos permite acceder al entendimiento de la existencia y nos produce un disfrute incomparable al aguzar la inteligencia.

Billy Wilder es otro de los grandes… síguele la huella.

Título para Latinoamérica: “PACTO DE SANGRE”.
Luis Guillermo Cardona
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7
11 de enero de 2009
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los famosos aquelarres (reuniones de Brujas y/o brujos para invocar al diablo) fueron, con gran frecuencia, manifestaciones de inconformidad y rebeldía de los jóvenes oprimidos en su sexualidad por una clase social hipócrita, enmarcada en el fanatismo y en el oportunismo. Se celebraban dentro del bosque, donde pudiera penetrar la luz de la luna y se bebían pócimas que enervaban los sentidos, desinhibían las emociones y aumentaban la euforia que, luego, animaba los gritos exaltados contra el clero y contra la nobleza opresora.

Estamos en el siglo XVII, y la lujuria reprimida por un falso moralismo, se desbocaba en grupos que estaban dispuestos a liberarse de sus ataduras. Cualquier alusión al diablo, comenzó a servir de excusa para que la Santa Inquisición – que era la que realmente invocaba a Lucifer con sus acciones de cada día – aprovechara para reprimir aquellos actos de rebeldía que entonces se consideraron herejes.

Se detenía a los acusados – en una alta mayoría, mujeres jóvenes y bonitas – se les torturaba y se les hacía confesar, aunque tan sólo fuera para no seguir aguantando las torturas y las violaciones de que eran objeto por los emisarios de la iglesia.

Así perecieron cientos - quizás miles - de bellas jóvenes que sólo ambicionaban ser libres y dueñas de sus emociones. Y esto ocurrió en numerosos países de Europa.

En Salem, Massachusetts, sucedió, en 1692, un episodio no menos cruento, narrado con maestría por el escritor Arthur Miller en su obra teatral “Las Brujas de Salem” y que fuera primero llevada al cine, en 1956, por el francés Raymond Rouleau. La obra fue una soterrada crítica contra la era Macarthista que estaban padeciendo los intelectuales y artistas de los Estados Unidos, y narra la manifestación de histeria colectiva en que cae un grupo de chicas, manipulado por una perversa adolescente que está dispuesta a hacer colgar a todos los amigos y vecinos, que sea necesario, para salvar su pellejo.

El filme realizado ahora, con el título de “EL CRISOL”, por el inglés Nicholas Hytner, y protagonizado con eficacia por Daniel Day-Lewis, Wynona Ryder, Joan Allen y Paul Scofield, es un excelente reflejo de la hipocresía, el abuso de poder, el fanatismo, el oportunismo y algunas otras liviandades que empañan el valor de los seres humanos, como en aquel largo y tenebroso suceso conocido como: “la cacería de brujas”.

¿Ha vuelto a repetirse después con otros matices? Indaga en la historia reciente y quizás encuentres donde.

¿Llegará acaso el día en que el nombre de Dios sea utilizado para exaltar el amor y no para buscar el beneficio personal?

Mantenemos la esperanza en los seres humanos. Algún día, aunque sea después de mucho dolor, habremos de Ver.

Título para Latinoamérica: “LAS BRUJAS DE SALEM”.
Luis Guillermo Cardona
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7
13 de abril de 2016
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los salones de variedades se asemejan a las pasarelas en que, en ambos espacios se pueden apreciar chicas muy atractivas, pero, mientras en el primer espectáculo se ofrece música, baile, comicidad… en las pasarelas se ven vestidos y otras prendas que a alguien pueden –también- interesar. Las variedades y las pasarelas tienen otra cosa en común: Animan a los buscadores de ligues y aventuras sexuales a proponer salidas a la chica por la que más se sienten atraídos. Para esto sirven las flores, los obsequios en metal, las notas galantes o incluso una tarjeta donde se escribe una suma en dinero bastante tentadora.

El hecho de que algunas chicas acepten este tipo de proposiciones, ha llevado a que estas profesiones gocen de cierta mala fama desde que existen en el mundo. Pero, así como esto es cierto, también es un hecho demostrable que, en estos medios, hay chicas con un fuerte carácter y un alto nivel moral que no ceden fácilmente a las tentaciones, pues su formación y su visión de futuro las lleva a pensar muy en serio con respecto a cualquier decisión que asuman en la vida. ¿Por qué están entonces en estas profesiones? Por muchas razones válidas: Porque se sienten bien remuneradas, porque creen fervientemente que esto va a servirles de escalón para acceder a otra profesión a la que aspiran (actuación, diseño, trabajo en medios de comunicación…), o porque simplemente creen que allí conocerán al hombre de sus sueños.

Peggy Martin es bailarina y cantante de un coro, porque su madre la llevó allí convencida de que, como ella, podía llevar la profesión con dignidad. Y es precisamente su madre quien le enseña que, no se debe salir con cualquier aventurero que busque pasar el rato porque mucho vale la integridad. Pero, Peggy va a sentir una gran curiosidad, cuando un nuevo y asiduo asistente al espectáculo, comience a enviarle orquídeas diariamente con notas que ni siquiera firma y que consiguen conmoverla.

Así comenzará una historia de amor donde la dignidad de la chica va a ser balanceada y entonces sabremos si se hace merecedora del amor de un hombre de verdad y si tiene un lugar en una sociedad marcada por los prejuicios.

“LAS CHICAS DEL CORO”, es un filme de bajo presupuesto que supuso el lanzamiento (en su reestreno) de la inmortal Marilyn Monroe como protagonista, pero que no obtuvo el éxito esperado porque fue hecha más como ejercicio de estilo (se rodó en tan solo diez días) y como complemento de una matiné. Todavía la linda rubia tendría que aparecer en varios títulos como actriz de reparto, antes de que fuera mitificada con su aparición en “Niágara”, sin embargo, la película dirigida por Phil Karlson, no está exento de atractivo, y además de que cuenta con un ramillete de magníficas piernas generosamente exhibidas, tiene una historia bien contada entre el drama y la comedia, ofreciéndonos al final una muy interesante sorpresa.

Acompañando a Marilyn, Adele Jergens como Mae y sobre todo Nana Bryant (la señora Carroll) nos van a dar una clase de actuación encantadora.
Luis Guillermo Cardona
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8
25 de noviembre de 2015
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las guerras han tenido, con mucha frecuencia, una génesis de este tipo: Alguna potencia ha visto un apetitoso pastel (un país pequeño con grandes riquezas y/o estratégicamente ubicado) y planea quedarse con él… pero suele ocurrir que también hay otros que ya lo han visto, y entonces, entre ellos se van a pelear para quedarse con todo el pastel o al menos con un buen pedazo. El pueblo que hace las veces de pastel, hará lo posible para defenderse y preservarse libre, y claro, no es raro que tenga que hacer alianzas con quienes considere que pueden ser los menos lesivos para ellos. Entre muchas otras, esto vale para las dos guerras mundiales, para la guerra contra el Vietnam, contra Irak… y ahora contra Siria. Y cada país que alguna vez reciba un buen golpe por su intromisión, enfilará las baterías de los más alineados medios de comunicación, para ponernos de su lado y hacernos sacar pañuelo por los atroces actos de aquellos a quienes vienen agrediendo, a los que harán lucir como irracionales agresores. Pero, absurda y neciamente, en vez de comprender que son los gobiernos de sus países los responsables indirectos de tales desmanes, la gente los legitima para que sigan atacando con más furor a quienes son los primeros agredidos… pero ignoran que el bumerán ha de regresar lamentable e indefectiblemente, porque la equitativa compensación es ley universal.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Austria era un pastel que se repartían Los Aliados (EEUU, Inglaterra, Francia y La Unión Soviética)… pero iniciada La Guerra Fría, en occidente los rusos volvían a ser mostrados como “los enemigos de la paz del mundo” y el cine, entonces, se encargaría de jugar su más amplio papel para contribuir al deterioro de su imagen.

“EL TERCER HOMBRE” también se sumó a este “inocentillo juego”, pero lo hizo con el mayor recato posible, porque el guión (de encargo) fue escrito por un hombre de gran valía como fue Graham Greene y la dirección estuvo en manos de Carol Reed, un director consecuente que, con el singular y muy efectivo cierre del filme, dejaría sutilmente plantada su definitiva posición (escribo sobre la versión restaurada de 104 minutos).

Se trata de un escritor de novelitas western -cuyo ídolo es Zane Grey, lo que dice bastante de su nivel-, que cuando llega a Viena esperanzado en un trabajo que le ha ofrecido su amigo de infancia Harry Lime, descubre que éste ha muerto atropellado por un camión y ahora mismo lo están enterrando… y para colmo, cuando habla con el mayor Calloway -quien viene investigando el caso- éste se referirá a su amigo como “el peor de todos los sinvergüenzas que ensucian la ciudad”.

Holly Martins –un nombre muy holly-woodense- decide entonces aclarar por su cuenta lo ocurrido a su amigo… y el misterio que empieza a tejerse alrededor, dará para que piense en una nueva y realista novela a la que ya ha dado por título “El tercer hombre”.

Con una impecable fotografía de Robert Krasker, cuyos preciosos claroscuros y sus eficaces encuadres psicológicos, lo hicieran merecedor del premio Oscar, Reed ha logrado un filme de intriga que atrapa de principio a fin, mientras nos pasea por la otrora majestuosa Viena, ahora en deplorables ruinas como consecuencia de la infame guerra. Una particular música –que haría historia- interpretada en cítara por su autor Anton Karas, complementa eficazmente aquel paisaje con su intencionada austeridad instrumental; y el blanco y negro de las imágenes preserva un tono documental nostálgico y significativo.

El inmejorable reparto tiene a Joseph Cotten como protagonista y lucirá muy curioso el plano con el que se introduce a Orson Welles (minuto 65), porque genera una doble sorpresa: La alusiva a la historia que se nos viene contando y de paso la relacionada con Cotten-actor quien debutara con Welles nada menos que en títulos como “Citizen Kane”, “The magnificent Ambersons” y “Journey into fear”. Drama y cinefilia en una conjunción perfecta.

“EL TERCER HOMBRE” es entretenimiento seguro y Graham Greene se consolida aquí como uno de los mejores escritores de aquellos años.
Luis Guillermo Cardona
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