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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
1839 críticas
10
29 de enero de 2010
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este es el Chaplin que me llega al alma. Productor, director, actor, compositor y guionista, el archiconocido Charlot, logra con “TIEMPOS MODERNOS” lo que cabe llamar una obra plena de autor. Y es, además de una deliciosa comedia, una fuerte y acerada crítica contra la sociedad de su época a la que conocía de palmo a palmo, y que ahora atentaba, por muchos frentes, contra la gente del común. Estamos en la era industrial, y el arribismo de los grandes empresarios, está llevando a la clase obrera a convertirse en verdaderas piltrafas, debido a la explotación y el abuso de que se les está haciendo víctimas. Se está llevando a los seres humanos a trabajar como robots y se les exprime hasta el límite su capacidad productiva, sin importar sus derechos ni sus necesidades esenciales. Nada, como podrá verse, que no siga ocurriendo setenta años después y tras haber cambiado de siglo.

Charlot representa al obrero extenuado por el exceso laboral pero, con gran maestría, intercala sus mágicos toques humorísticos que crean solaz y aligeran la ira que los prepotentes provocan. Así, deja su semblanza de la infame explotación del hombre por el hombre, y luego da paso a otro problema no menos crucial: la intolerancia del mundo frente a los millones de excluidos que sueñan con realizarse.

Charlot hace amistad con una agraciada joven quien, por fuerza de las adversidades, se encuentra deambulando y huyendo del encierro, pues sus hermanitas acaban de ser llevadas a un orfelinato tras la muerte de su padre. Ella y el vagabundo lucen hechos el uno para el otro, y ella revela un carácter y una fortaleza de ánimo que la pone de tú a tú con el solidario “gentleman”. Así, el impulso nacerá de ambas partes y la vida comienza a brindarles oportunidades que serán arruinadas por imprevistos sorprendentes.

Chaplin exuda ingenio, agudeza, crea efectivas simbologías (las ovejas y los obreros camino al trabajo, el hombre tragado literalmente por la máquina, el banderín que te enrola en una causa incomprendida…) y se rebela, con su particular terquedad, contra el inamisible progreso del cine que había incorporado el sonido desde 1927. Han pasado 9 años y todavía Chaplin creía que el sonoro sería la ruina de la expresión actoral. Pero, por fortuna, lo hace con gracia incorporando divertidos efectos y su ya clásica “A Nonsense Song” (Canción sin Sentido), con la que logra consolidarse en un empleo conseguido por la chica… hasta que entran de nuevo en escena los implacables verdugos del Estado.

La historia en pleno se resiente de una sociedad excluyente, señaladora, inhumana, y Chaplin lo hace con la maestría del arte que logra extraer gracia hasta de la peor tragedia.

Muy bien por el Chaplin que aquí reafirma su inmortalidad y mi venia para Paulette Godard quien, con su denuedo, libera a la mujer del paternalismo de Charlot y la pone a la altura del hombre… como siempre ha debido ser.
Luis Guillermo Cardona
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9
17 de diciembre de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de John Huston huele a locas aventuras, a detectives de noches oscuras… y a perdedores, cuya derrota les sirve para auto-descubrirse, convirtiéndose entonces en un triunfo del ser. Y en el primer terreno, uno de sus mayores éxitos es, para nosotros, “LA REINA DE ÁFRICA”, una travesía con guión de Huston y de James Agee en la que dos seres, ya creciditos y harto dispares, de pronto descubren que en realidad los une las cosas más esenciales. El destino se confabula para ponerlos en una barcaza con rumbo a una isla donde puedan huir de las atrocidades nazis que, para empezar, acaban de destruir la aldea donde Rose era misionera, e indirectamente, causaron la muerte de su hermano.

Charlie Allnutt surge entonces como el ángel salvador que sacará a Rosie de aquella trampa, donde él pudo disfrutar de sus atenciones gastronómicas, un día en que sus tripas le pitaban como un tren en marcha.

Lo que a mi me llega muy hondamente de esta película, es el magnífico cuadro que logra Huston de la relación de pareja. Que los opuestos se atraen, que aunque a una mujer la miramos primero por su belleza, es por su fuerza interior que realmente nos enamoramos. Que cuando dos seres, animados por una idea común crean sinergia, sus lazos hacen trenza y los vientos soplan fuerte hasta conseguir – como ahora - que se despierte el amor, y que el nuevo lazo sea entonces una viga casi irrompible…

Rose y Charlie… Ella, una beata cuyos amores eran Dios, su hermano y los nativos… estos dos últimos ya perdidos. Él, un solterón sin otro amor que su African Queen, una casi agotada barcaza, con la que aún reta a los ríos y los mares. Ella, astemia y ordenada. Él, bebedor de noches solitarias, y sucio por el duro trajinar de cada día. Ella, dispuesta a hacer algo grande en beneficio de su patria en guerra. Él, sin más afán que el de protegerse, pero dispuesto a secundarla cuando siente que ya su lazo se ha trenzado para siempre.

Actitudes del más dulce romanticismo, reacciones de regreso a épocas no quemadas, y demostraciones de una fortaleza que sólo puede inspirar el amor, se entremezclan, equilibradamente, en una encantadora aventura por la exótica África a bordo de aquella African Queen, testigo junto a nosotros, de uno de los más encantadores e inolvidables romances de la historia del cine.

Quien pueda prescindir sin objeciones de sus, poco elaborados efectos visuales y especiales - cosa que para Huston fue siempre secundaria – y prefiera, como nosotros, la interioridad y la construcción de personajes con un claro y profundo sentido de la vida, tendrá aquí una historia de gran pulcritud y de belleza palpitante. Y Bogart y Hepburn se le asentarán en el alma.

Título para Latinoamérica: “LA REINA AFRICANA”
Luis Guillermo Cardona
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7
5 de noviembre de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
He escuchado a tanta gente quejarse de la ineficacia de la “Justicia” y he presenciado, directamente, tantos actos de inoperancia de la misma, que tengo la impresión de que, a casi toda la humanidad se le ha dado, alguna vez en la vida, la oportunidad de comprobar que la “Justicia” cojea… pero muchísimo.

Frank y Jesse James, fueron dos célebres asaltantes de trenes y bancos en el viejo oeste norteamericano. Huérfanos de padre desde muy niños, durante la Guerra Civil, se unieron a la guerrilla sudista de William C. Quantrill, pero, terminada y perdida su guerra contra los yanquis con la que querían impedir la abolición de la esclavitud, retomaron las armas creando una pandilla de bandoleros conocida como la James Band. Dice la leyenda que, como Robin Hood, robaban a los ricos y les daban a los pobres. Diez mil dólares de recompensa, ofrecidos un día por el jefe de ferrocarriles, bastaron para que dos de sus secuaces - los hermanos Bob y Charlie Ford - traicionaran a Jesse James un día, y Bob le disparó, con total certeza, en la nuca.

Durante aquellos años en que, Fritz Lang, investigaba y contemplaba con sumo interés el oeste norteamericano, le vino de perlas que, Darryl F. Zanuck, le encargara la secuela de “Jesse James” (Tierra de Audaces) que, con Tyrone Power y Henry Fonda, había dirigido Henry King. El rol protagónico lo prosigue Henry Fonda quien, como Frank James, lo vemos ahora en una actitud redimida llevando una vida de granjero, responsabilizándose del joven Clem, hijo de un viejo amigo muerto, y asistido por “Pinky”, un negro divertido y noble, con quien se lleva de maravilla (un nuevo intento sudista de mostrar, como en “Lo que el Viento se Llevó” y en tantos otros filmes, que los esclavos se la pasaban muy bien).

El cambio parece definitivo y Frank James luce en un remanso de paz… pero, la redención no resulta fácil cuando se vive en un medio donde la “Justicia” la determinan los “poderosos” y Frank se entera que su hermano Jesse ha sido asesinado por los Ford y que, estos, han quedado libres y disfrutando de la gruesa recompensa. Es entonces, cuando el hombre se ve abocado a tomarse la justicia por su mano, y para esto, debe enfrentarse contra el poder y la prepotencia de los que tienen la sartén por el mango.

“LA VENGANZA DE JESSE JAMES” entremezcla, en sendas dosis, el drama y la comedia para denunciar los impedimentos que tiene un ser humano para volverse digno en medio de una sociedad corrupta y sometida a leyes arbitrarias. Tiene momentos encantadores como la escena en que Frank aclara a “Pinky” que debe llamarlo Ben o la secuencia del juicio que se le lleva a Frank acusado de asalto y asesinato… y se sostiene en una aventura con buen ritmo y con matices humanos de notable interés.

Debut de Gene Tierney, como la novata periodista admiradora de Frank James, y notables actuaciones de todo el equipo que secunda a ese gran actor que es Henry Fonda.
Luis Guillermo Cardona
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10
18 de octubre de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es la clase de filme que se le puede recomendar a la humanidad entera. ¡Cuán poco cuesta realizar una película así, pero cuánta sensibilidad hay que tener para poder lograrla! Y claro, se necesita ser sensible a las cosas simples y a la interioridad humana, para poder compenetrarse, firmemente, con esta mágica historia.

Lo que sucede, es arrancado de la vida y del vigor del hombre. Alvin Straight es un campesino, de 73 años, cuyo cuerpo se halla bastante resquebrajado. Aunque tuvo numerosos hijos de los que sobreviven siete, ahora sólo comparte su vida con Rosie, su hija sufrida y discapacitada, pero con una inimaginable lucidez.

Un día, Alvin es notificado de que su hermano Lyle ha sufrido un paro cardíaco, y aunque hace ya diez años que no se ven - alejados por viejos disgustos -, Alvin siente que ya es hora de perdonar y de olvidar los errores del pasado. Entonces, en su vieja podadora, emprende un insólito viaje de 510 kilómetros que, tras una primera frustración, él reemprende adquiriendo un nuevo cacharro con más aguante, y el viaje lo asume como un acto de expiación donde podrá transpirar todos los resquemores del pasado.

Alvin está viendo la vida con sentido. Tiene una total predisposición para dar de sí cada experiencia vivida que se le viene al paso, y aunque no es un hombre de muchas palabras, ni es tampoco un intelectual, sus vivencias son tan claras y él las expresa con tanta humildad y calidez, que no tarda en tocar el alma y en sensibilizar al más curtido. Su vida, entonces, se convierte en fuente de luz, y a la vez, en receptora de los favores de un puñado de seres auténticos que la existencia pone en su camino. Un esplendoroso sendero colmado de luz celeste, de cielos estrellados que nos recuerdan que, entre tanta oscuridad, siguen resplandeciendo incontadas estrellas, y bordado con verdes y sembradas llanuras de una belleza inefable, se convierte en una exultación de la vida y en un canto de esperanza que da prueba fehaciente de que, para nosotros, es posible el regreso al paraíso.

Y todo lo que se requiere es convivencia, compartir, confiar… y caminar. Si te prodigas, harás que la humanidad sea pródiga contigo; si fluyes como fuente, verás fluir las bondades del universo; y si das amor a todos los que te rodean, podrás saborear y disfrutar de todos los néctares del mundo.

El director, David Lynch, ya se había hecho grande con “El Hombre Elefante”. Con “THE STRAIGHT STORY”, se hace digno de nuestro más profundo aprecio. ¡Qué poderoso se vuelve el arte cinematográfico con obras como ésta... y con realizadores como Lynch!

Título para Latinoamérica: “UNA HISTORIA SENCILLA”.
Luis Guillermo Cardona
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7
3 de octubre de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La pobreza, es antes que nada, la cruel consecuencia del egoísmo humano, donde cada quien acapara para sí mismo, sin tomar en cuenta lo que puede estarle quitando o faltando a otros. La pobreza es también el resultado de los gobiernos corruptos que niegan al pueblo las oportunidades de estudio, y de trabajo bien remunerado, que éste necesita. La pobreza es lo que se aviene cuando se abusa de la necesidad o de la ignorancia, para explotar a los trabajadores con míseros salarios que apenas alcanzan para sobrevivir. Pero la pobreza, también hay que decirlo, es consecuencia en muchos casos, de una vida desordenada e irresponsable donde anida la deshonestidad, la irresponsabilidad y la degradación.

Si miráramos más hondo, podríamos ver que la pobreza existe entre los seres humanos porque, los que lo tienen “todo” son, en su mayoría, pobres de amor y, en este sentido, son objetivamente más pobres que los pobres. Porque el amor es lo único que en realidad se necesita, pues es lo único que nos puede hacer felices.

“LOS OLVIDADOS”, funciona cabalmente como recreación de la miseria y las funestas consecuencias a las que ésta conduce, pero siento que se queda corta al no ilustrar las poderosas causales que conducen a ella. Se recrea la orfandad, el maltrato de los padres, el escaso compromiso de las instituciones de reforma juvenil y la exclusión absoluta de aquello que ofrece el otro lado de la sociedad. En este fangal, las carencias materiales, la delincuencia, la agresividad, el abuso y muchas otras sombras que oscurecen la existencia, anulan y acechan a todos sus habitantes.

La ambientación es casi neorrealista y los personajes son vivos retratos de los que deambulan por las barriadas, pero, para que todo esto no resulte descontextualizado, cabía mostrar como la ostentación y el despilfarro conviven, sin escrúpulos de ninguna clase, con la miseria más cruel y dolorosa. Y ahí estaría su simiente. Pero, cabe entender que la opresión que padecía la industria cinematográfica, no daba para tomarse licencias muy directas que comprometieran a los detentadores del poder.

Con todo, “LOS OLVIDADOS” resulta un filme valiente, más comprometido con los problemas sociales que con los resultados económicos, de cara al pueblo y en contra de “los poderosos”. Y esto, sin duda, merece nuestro aplauso.

“La política – decía Aristóteles – es una ciencia más elevada y mucho más útil que la medicina”. Así podría, y así debería ser, pero, para detrimento de la humanidad, la política no es hoy día sino una vulgar y repugnante patraña.
Luis Guillermo Cardona
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