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Críticas de: Luis Guillermo Cardona
1617 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
18 de agosto de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las obras del escritor norteamericano Nathaniel Benchley (1915 -1981), ya habían atraído a los productores de cine en al menos un par de ocasiones, pero Benchley tuvo que esperar hasta que, el canadiense Norman Jewison, decidiera adaptar su novela “The Off- islanders” con el título “¡Ahí vienen los rusos!” (1966) y este filme lo hizo notablemente popular.

Llega entonces el año 1975, y es al director, Lee Philips –especializado en películas y series televisivas, de donde solo salió una vez para realizar “Las travesuras de Arnold” (basada también en una serie de tv)- a quien la ABC le encarga rodar el guión que, de la novela de Benchley “Welcome to Xanadu” (1968), había escrito Edward Hume y la convierte en “DULCE SECUESTRO”, una película en formato televisivo de bajo presupuesto, que obtuvo tanto éxito durante su estreno en la Friday Night Movie de la cadena televisiva, que motivó trasladarla a celuloide de 35mm, para poder exhibirla en las pantallas grandes del resto del mundo. Como dato curioso, valga decir que, “Sweet Hostage”, es una de las escasas películas que se estrenaron primero en Colombia, donde fue muy bien acogida.

En la línea de “El coleccionista” (1965), la película de Philips se ocupa también de un "enfermo mental" que, en su fuga del hospital psiquiátrico donde se encontraba recluido, al cruzar un pueblo con la camioneta robada, tropieza con una joven campesina cuyo vehículo se ha varado en el camino… y cuando la lleva hasta su casa, decide secuestrarla, conduciéndola entonces hasta una modesta cabaña a la vera de un río, donde hará cuanto pueda para congraciarse con ella.

Son dos seres incomprendidos: Doris, ya no soporta la intolerancia de su padre y su rudo temperamento… y cada día anhela dejar su hogar para irse a cualquier otro sitio aunque tenga que abandonar también a su madre. Y Leonard, es un joven demasiado culto para su edad, que, inadaptado al mundo en que le ha tocado vivir, se refugia en mundos fantásticos como Xanadú (símbolo de la opulencia y el bienestar), donde puede encontrar tranquilidad y dicha en abundancia… ¡y por eso terminó en un manicomio!

Martin Sheen y Linda Blair, alcanzan una gran empatía (¡simetría!), y el filme se desenvuelve con gracia y entusiasmo por la vida, mientras la pareja va descubriendo que, dentro de cada uno, un gran amor pugna por prodigarse a borbotones. Doris, ahora llamada Christabel y Leonard haciéndose llamar Kubla Khan (nombres extraídos del poema de Samuel Taylor Coleridge publicado en 1816), se conjugan haciendo ella de hacendosa ama de casa y aplicada alumna, y él de proveedor y maestro, en una entrega cálida y generosa.

La película se deja ver con satisfacción… y al final uno siente que es muy poco lo que comprende y lo que realmente indaga la mal llamada justicia, porque, muchos actos condenados con el rasero de las leyes, puestos ante la luz de la Verdad, lucen claramente como absolutas y atroces infamias. En “Dulce secuestro” hay un buen ejemplo de ello.

Título para Latinoamérica: “DULCE PRISIONERA”
Luis Guillermo Cardona
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8
15 de agosto de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una comedia bastante nutrida. Vas a encontrar en ella lucha de clases con la más fina sutileza; enfrentamiento de pareja con una astucia envidiable; diálogos punzantes, divertidos y certeros, con aroma a Billy Wilder y Charles Brackett nada menos; espíritu de comedia con el mejor “toque Lubitsch” picante y sofisticado… y con una interpretación de Claudette Colbert –como no la has visto nunca-, haciendo virtuoso alarde de esa sagacidad femenina que comienza a salir fuertemente a la luz desde el pasado siglo, y que ahora va llevando, día a día, a que las más formadas mujeres superen con creces a los hombres en los mejores terrenos (política, empresarismo, arte. humanidades…).

La historia es espléndida: Michael Brandon, un eficiente hombre de negocios quien, por razones muy precisas, solo duerme con la camisa de sus pijamas, está acostumbrado a cambiar de mujer como de cepillo de dientes, ¡cada seis meses!, y ya ha superado incluso al rey Henry VIII, en cuanto a los himeneos que ha contabilizado. Pero toda escalera tiene un punto donde concluye el ascenso… y la francesa, Nicole De Loiselle, va a entrar en su vida, para darle una lucha sin par donde, la mujer, ya no va a ser de aquellas tontas pasivas que, hasta ahora, nuestro hombre tuvo a su lado.

La película se desenvuelve con una fluidez tal, que no nos da tregua ni para pestañear, so pena de perderse una frase lustrosa o un sorpresivo gag. Todo parte de la obra teatral homónima del escritor polaco Alfred Poznanski (1883-1934), -nacionalizado Savoir en Francia por la consabida necesidad de evitar a los intolerantes xenófobos-, y “LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL” tendrá cuerda suficiente para hacernos pasar un rato delicioso, mientras un hombre enamorado lucha para domar a su singular fierecilla –siguiendo incluso las pautas de Shakespeare- y la indomable francesita lucha para demostrarle que no todas las mujeres son piel sin sesos y que, con un poco de aplicación, la inteligencia femenina puede llegar a ser incluso superior.

Escenas como la compra del pijama – ¡mucho ojo a la toma en la que contesta al teléfono el presidente de la tienda!- o la cita con el profesor Urganzeff ¡son deliciosas! y Lubitsch vuelve a la carga con ese humor corrosivo pero generoso, que lo hace ver las improcedencias de la vida con actitud crítica, pero con corazón bien dispuesto.

Y que sea ocasión de recordar al memorable dramaturgo inglés en “La fierecilla domada”: “Es el alma la que enriquece al cuerpo, y así como el sol asoma entre las más oscuras nubes, también el honor puede entreverse en el vestido más humilde”.
Luis Guillermo Cardona
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10
12 de agosto de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brillante adaptación de la novela homónima que hiciera famosa a Isabel Allende (hija de un primo del inmolado presidente chileno Salvador Allende), “LA CASA DE LOS ESPÍRITUS” transcurre en el ambiente de un latifundio que surge de entre las ruinas, convirtiéndose a fuerza de explotación, abusos y ultrajes, en una hacienda de lujo para beneficio del arribista e inescrupuloso Esteban Trueba y de su inmerecida familia.

El director danés, Bille August -quien viene de convertirse en el realizador más importante de su tierra con “Pelle el conquistador” y “Las mejores intenciones”- recrea, en micro y como una alegoría, lo que habría de ser el oscuro proceso que llevaría a la mayor infamia de su historia a la aguerrida nación chilena, cuyo principal protagonista sería el dictador Augusto Pinochet. Las semejanzas de Esteban con éste deplorable personaje son intencionadas: imponencia, ambición desmesurada, indolencia, un historial inexpiable… y recuérdese, aquella imagen del senador con gafas oscuras que le hace el guiño al general del ejército para que inicie la toma de palacio.

August acude a un reparto excepcional, en el que sobresale Jeremy Irons, cuyo personaje, Esteban Trueba, pasa de la soberbia y la crueldad más extrema, a la dura lección que siempre nos trae la vida con la esperanza de persuadirnos de salir del atraso y acceder a la evolución. En él se aplica a cabalidad la ley de resonancia que, con gran sapiencia, Salomón define con estas palabras: "Las cosas con las que pecas son las mismas que te servirán de castigo".

Inmejorable, Glenn Close, interpretando a Férula, la mancillada hermana de Esteban cuyo “pecado” -consecuencia de una soledad indoblegable-, fue amar espiritual y platónicamente a la nívea esposa de su cruel hermano. Brillante también, Meryl Streep, como esa mujer de potente personalidad, cuyo nombre le venía como anillo al dedo: Clara. Con poderes de telequinesia, precognitivos y mediúmnicos, esta aguerrida luchadora, leal a su obtuso y conservador marido, da prueba del carácter y del autocontrol que desearíamos para todo ser humano.

Algunos personajes son un preciso ejemplo de conciencia de clase y compromiso social, como Blanca (Winona Ryder) la bella y digna rebelde o como Pedro Segundo (Antonio Banderas) el líder inconforme... Otros, son un reflejo de la ignorancia y la ignominia, como Esteban Jr., el hijo bastardo del Senador, quien sirve de instrumento para el regreso del bumerán…

Con la fuerza de sus personajes y con ese ímpetu con que August la ha realizado, LA CASA DE LOS ESPÍRITUS” nos remueve las entrañas, nos recrea unos hechos que no deberían repetirse jamás (pero que absurdamente todavía suceden en unos cuantos países) y nos vuelve a recordar que, contra todo, la vida es maravillosa, porque siempre existirán seres humanos con fortaleza de espíritu y aguerrida voluntad –como los ya mencionados- a los que Isabel Allende y Bille August acaban de inmortalizar, porque el objetivo supremo de todo arte es conducirnos desde las sombras hacia la luz.
Luis Guillermo Cardona
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6
4 de agosto de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como Thriller (o suspenso) Psicológico se puede llamar a cualquier historia que involucre sensiblemente los trastornos emocionales de sus protagonistas, los cuales venían ya presentes en su personalidad o se van causando mediante una serie de hechos que llevan a tener sensaciones de tensión, angustia, prevención, miedo… haciendo imprevisible la realidad a la que no se consigue cotejar frente a la ilusión como se debiera.

En esta suerte de historias, no intervienen para nada las autoridades del estado (policías, detectives…), por tanto no pueden enmarcarse precisamente dentro del Cine Negro; y en casos como el de la película “SOSPECHA”, tampoco ésta puede caracterizarse como Historia criminal puesto que, en ella, no queda probado ningún asesinato.

Considerado el padre del Thriller psicológico, Anthony Berkeley (1893-1971), aficionado a firmar con distintos seudónimos sus novelas (A. Monmouth Platts y Francis Iles sobre todo), fue el autor de obras como “Cicely Disappears”, “Malice Aforethough”… y entre ellas, “Before the fact” (1932), en las que desarrolla la psicología de sus personajes al máximo nivel para contar intrigantes historias donde el suspenso tiene un lugar preponderante.

Pero, “Before the fact”, (en la que está basado el filme) sí es una historia de crímenes, solo que el director Alfred Hitchcock no contaba con que, en su nueva etapa en los EEUU, tendría que enfrentarse a patrones tan radicales y un tanto absurdos, como el hecho de que los actores James Stewart, Gary Cooper y Cary Grant tras convertirse en ídolos populares, ya no podían representar roles de delincuentes o criminales en las películas, porque la sociedad los había ya asumido como símbolos de la integridad del hombre americano.

Esto llevaría a que, con base en el Código de producción, la RKO obligara al director inglés a modificar el desenlace de “SOSPECHA” que, según él tenía planeado, hacía de Cary Grant lo que nadie se esperaba y el vaso de leche lo veríamos vacío, mientras Aysgart caminaba silbando por la calle y la tía de Lina leía una carta que ella le escribió. En principio incluso, habían obligado a Hitchcock a que descartara toda escena en la que Grant pareciese implicado en hechos atroces… pero este impasse se superó luego y la película logró salvarse de la mutilación fatal.

¿Y qué ha quedado? Un thriller con una inesperada pero legítima propuesta, en el que un hombre al que “todo lo condena", de pronto podría demostrar que, es un trastorno nervioso con fijaciones del pasado (recuérdese que el padre de Lina es un general) y con delirio de persecución, el que lleva a su esposa a toda suerte de especulaciones y ansiedades.

Infortunadamente, la resolución resulta tan impropia y abrupta, que no se la creen sino los incondicionales, pues de hecho, el filme se viene al piso en detrimento de sus innegables aciertos estructurales: preciosa fotografía, ajustada puesta en escena, metódica iluminación… e incluso, la brillante actuación de la tantas veces atormentada Joan Fontaine (merecedora del Oscar) y también la de Cary Grant quien, con su "infumable" piropo: “Monkey face” (que a Lina no le hace ninguna gracia, pero nunca lo objeta), ya tiene para resultar abominable.

El guión de Samson Raphaelson, Joan Harrison y Alma Reville, daba para una memorable historia criminal… pero una vez más se impuso la obstinación de los productores a quienes el arte debe tantísimos atropellos.

Título para Latinoamérica: “LA SOSPECHA”
Luis Guillermo Cardona
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7
23 de julio de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si nos atenemos a los retratos que acreditados pintores hicieron de Anna Boleyn (Ana Bolena), ésta, con los cánones de mujer que hoy tenemos, no era precisamente una belleza. Pero al lujurioso, burdo y cruel rey de Inglaterra, Henry VIII (Enrique VIII), le resultaba preciosa, y complementado esto con la capacidad que tenía, la por entonces jovencita Anna, para coquetear sin conceder nada, terminó por encaprichar perdidamente al obeso rey, hasta el punto que, desde entonces, no deseó otra cosa que separarse de su actual esposa, Catalina de Aragón – quien no consiguió darle un heredero-, para convertir en reina a su llamativa doncella.

No se sabe, a ciencia cierta, en que año ni donde exactamente, nació Anna Boleyn. Tan solo se ha concluido que fue en la primera década del siglo XVI, y su natalicio se lo pelean dos ciudades: Norfolk, donde dicen "¡De aquí no es!" Y Rorchfold Hall, donde exclaman "¡¿De aquí?, que tal!" Lo único que se sabe con precisión, es que Anna Boleyn fue otra de las tantas muchachas de la historia que combinaron sus atractivos con la codicia y que sería esto lo que traería grandes sombras a su vida, porque la belleza es un privilegio, pero ligada a la ambición... es muy fácil que se convierta en desgracia.

“ANA BOLENA” fue la segunda gran producción (tras “Madame DuBarry”) que consiguió hacer el director Ernst Lubitsch en Alemania, contando de nuevo con un holgado presupuesto para la recreación de época, y con un guión de Fred Orbing y Hanns Kräly, nos ha contado de manera bastante fidedigna, la historia de la segunda esposa de Henry VIII y la segunda infamia conque quedó manchado el solio de Inglaterra.

Lubitsch no guarda recato alguno para recrear al rey en su glotonería, su promiscuidad, su falta absoluta de respeto para con las mujeres… y su total carencia de escrúpulos a la hora de querer salirse con sus caprichos. También pone bien en evidencia la manera como la iglesia católica de Inglaterra -contradiciendo incluso al Papa-, dejó a un lado toda fidelidad y todo recato para complacer a su nuevo benefactor, llegando incluso a cederle, de una vez y por todas, la cabecera institucional. Sin duda, tenía razón Anna cuando complacida con esto, afirmaba que “la iglesia católica no sirve a los senderos del cristianismo”, pero esto no justifica la deslealtad… ni fue tampoco un buen camino el que propuso luego el monarca con el surgimiento de la iglesia anglicana, pues era “el mismo envuelto con distinta guasca”, como suele decir la gente de mi tierra.

Emil Jannings es de nuevo el acertado protagonista, recreando a un Henry VIII con un notable parecido físico. Henny Porton, quien tuviera un estupendo doble rol en “Las hijas del cervecero”, es ahora la “descocada” Anna Boleyn; y Aud Egede Nissen recrea a una preciosa Jane Seymour (también menos atractiva según consta en sus retratos, pues el buen gusto no era precisamente lo que caracterizaba al rey), la tercera mujer que, al convertirse en reina, también estaría próxima a la desgracia.

P.D: ¿Y por qué sería que Lubitsch no eligió como protagonista a Pola Negri, si aquí tenía otra buena ocasión para ponerla en manos de algún feo verdugo?
Luis Guillermo Cardona
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