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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2199 críticas
6
14 de diciembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Harald Berger y su enamorada Seetha, intentan huir de la venganza del Maharajá Chandra, pero sus hombres los atrapan cuando ellos desfallecen en el desierto. Entre tanto, Ramigani, quien ha comenzado a sentir deseos de ser él quien esté sentado en el trono de su hermano, se alía con Padhu y con los decontentos del reino, para usurpar el trono de Chandra. Seetha, a quien le han dado el palacio por cárcel, mientras su enamorado Berger se pudre en una mazmorra, será usada para los intereses de Ramigani, mientras que Irene, la hermana del arquitecto y su esposo el sr. Rhode, intentan como pueden hacer algo para salvar al prisionero.

En todo este lío se desenvuelve “LA TUMBA INDIA”, continuación de “El tigre de Esnapur”, en la cual Fritz Lang consigue elevar de alguna manera el bajo nivel que traía la primera parte. Sirviéndose libremente de la interesante historia del Taj Mahal (un proyecto que había acariciado, en 1956, al lado de Alexander Korda, pero que no consiguió salir avante) y valiéndose incluso del significativo cuento oriental “La telaraña en la cueva”, el director va nutriendo esta historia que sigue demostrando que el amor no es para nada un asunto material sino tan sólo una causa del espíritu.

Debra Paget carga esta vez –y por fortuna- con el mayor peso del filme y consigue lucirse en su sensual danza ante Shiva con una cobra al lado que todo el tiempo está pensando lo mismo que nosotros. Pero, fatal error ha cometido Lang al representar a uno de los más grandes dioses de la india como una mujer fea y desnuda cuando, para los hindúes, Shiva es símbolo de la belleza andrógina (como creador de todo cuanto existe y como ser destructor que regenera siempre en un plano superior).

Tampoco fue muy afortunado en las escenas de acción, las cuales deslucen con sus improvisados actores secundarios y con unos ataques que dejan mucho que desear. Pero, el filme tiene su encanto visual al poder contar con atractivas locaciones de la India. Y aunque la iluminación resulta bastante artificiosa, y fallida en algún momento (el final de Ramigani), la fotografía cumple en general con el preciosismo del filme y la historia se deja ver como un simpático entretenimiento.

Resulta bastante curioso que, en su regreso a Alemania y terminando su carrera, la luz de Thea von Harbou vuelva a iluminar el sendero de nuestro estimado Fritz Lang, y los restantes filmes que pudo realizar, llevan su nombre como un sello indeleble... como si el destino hubiera hecho de ellos una pareja para la eternidad.
Luis Guillermo Cardona
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8
9 de diciembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En cada ser humano existe indefectiblemente un lado de luz y un lado de sombra. El amor y el odio, la serenidad y la ira, el perdón y el resentimiento… están en cada uno de nosotros dispuestos a aflorar ante determinadas situaciones o conductas. Tan fácil podemos hacer un favor, como podemos dañar a otro. De la misma manera que estamos en capacidad de engendrar una vida, podemos quitarla en un sólo momento de debilidad.

Norah Larkin tiene un buen motivo para sentirse triste. El enamorado al que tanto esperaba, le ha enviado una carta el mismo día de su cumpleaños, para decirle que se ha enamorado de otra chica que ha conocido en el oriente. Entonces, Norah busca donde asirse para no caer en la depresión y en la angustia… y el bastón lo encuentra muy pronto en Harry Prebble, un corpulento dibujante de chicas y portadas quien, con las mejores argucias, termina emborrachándola y llevándola a su apartamento. En ese momento, ocurre un imprevisto cuando la chica procura defender su honor, y al día siguiente, Norah se entera de que está siendo buscada por asesinato.

Un bar llamado “La gardenia azul”… Una flor de esta clase que le ha regalado su fugaz pretendiente… Una canción con este nombre interpretada en persona por Nat King Cole… El disco en el equipo… Y la misma Norah llamada así por el periodista del Chronicle que se ha propuesto encontrar a la asesina, son elementos con los que se construye esta atractiva historia que Fritz Lang sostiene con firmeza y que, Anne Baxter, protagoniza regalándonos otra de sus brillantes actuaciones.

Queda, una vez más, plasmada la torpeza masculina que, con tantísima frecuencia, consigue arruinar la vida de magníficas mujeres, y queda también reflejada de nuevo la vitalidad de las damas para sobreponerse a los peores tropiezos. Y como es común en su filmografía, Lang nos convida a no condenar, pues es bastante fácil que podamos equivocarnos.

Nota superior para la música de Raoul Kraushaar, quien consigue ascender con gran eficacia, el tono emocional de las mejores situaciones. “LA GARDENIA AZUL” reafirma otro buen momento en la filmografía de Fritz Lang.
Luis Guillermo Cardona
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9
29 de noviembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Christopher Cross es, desde hace años, un respetado cajero en una empresa donde se siente muy estimado por el jefe y por sus compañeros de labores. Vive en relativa paz con su esposa y sus dos hijos, aunque presiente que ella sigue añorando a su primer esposo -un hombre que desapareció en un río y cuyo cadáver nunca fue encontrado- pues aún conserva su retrato colgado en una pared de la casa. Ante sus amigos, Cross se enorgullece de no necesitar aventuras que puedan perturbar el sosiego que ahora tiene… pero, muy pronto, tendrá en su mano la oportunidad de portarse como un caballero y el destino aprovechará para probar su firmeza, haciendo que se entrecruce (criss-cross) con una atractiva y noctámbula chica que se hace llamar Kitty, cuyo novio (un vividor, oportunista y explotador) la convence para que desplume al nuevo pretendiente.

Además de cajero, Cross es un pintor con gran sentido de la perspectiva y con una técnica que evoca a Henri Rousseau, sólo que él mismo no tiene mucha fe en su obra. Pero, habrá quien sí la tenga… y entonces se avendrá una triste suplantación de personalidades y un triángulo amoroso que tendrá lamentables consecuencias.

Con un guión de Dudley Nichols, libremente basado en la novela “La perra” de Georges de la Fouchardière, que ya había sido adaptada al cine por Jean Renoir, la película consigue algunos significados bien dignos de tomar en cuenta y que complementan lo que ya sucedía en “La mujer del cuadro”, filme con el que tiene algunas similitudes: De manera soterrada, es un alegato contra la pena de muerte, al mostrar como se cometen errores judiciales y se condena a inocentes sin mayores tropiezos (esto le costaría la prohibición en algunos estados norteamericanos y los siempre apresurados reproches del vergonzoso Will H. Hays). Y moralmente, deja bien expuesto un hecho inaceptado por la sociedad, pero demostrado de sobra por la psicología: Una conciencia marcada por un crímen cometido, suele sentirse asediada por un tormento mayor, cuando no recibe el castigo social que considera merecido. La cárcel, en numerosos casos, resulta tranquilizadora porque la persona siente que ya está purgando su pena. Pero, el que pasa “impune”, verá repetirse en su mente, hoy, mañana y cada noche, aquella escena abominable del delito que cometió en un momento de ira, de ligereza o desespero. Y es ésta, la prueba contundente de que la impunidad no existe, pues la conciencia es para todos, la peor cárcel del mundo. Y en un gran número de casos, el alcholismo y la drogadicción, como el tener que dormir con un radio o un televisor encendido, son maneras desesperadas de huir de los reclamos de la conciencia.

Esta es la clase de filme que no deja indiferente a nadie. Lang es un gran maestro.

Título para Latinoamérica: “MALA MUJER”
Luis Guillermo Cardona
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6
16 de septiembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras el gran éxito alcanzado con sus películas de corte social y espiritual “Siguiendo mi camino” y “Las campanas de Santa María”, el director Leo McCarey, se tomó una suerte de descanso para disfrutar de lo logrado. Tres años después, sintió que ya era hora de volver a los platós… y claro, como afortunado católico, no era raro que insistiera en el camino de la espiritualidad para contarnos otra historia donde la bondad y el compromiso humano estuviesen hondamente demarcados.

Lo que nos cuenta ahora, se inspira en una frase de 11 palabras que yo mismo, en mis charlas de crecimiento personal, suelo traer a colación mientras afirmo que, quien las practique, no necesita insistir mucho en la Biblia o en libro sagrado alguno, pues es la Regla de Oro que nos dará la paz y la armonía que tanto buscamos. La frase dice:

“Has con los demás como quieras que los demás hagan contigo”.

Desde mucho antes de escuchar este mágico mensaje de boca del reverendo Daniels, Sam Clayton ya lo llevaba bien metido entre sus sienes, y para él, servir, compartir, dar, colaborar… son cosas de cada día y con cualquier ser humano que se cruce en su camino. Pero, con su manera de actuar, da la impresión de que este buen samaritano se aprendió muy bien la parábola del maestro Jesús, pero aún ignora o desconoce los conceptos de mesura, equilibrio y sensatez de que hablaba el Buddha. Y es entonces, que el bien que hace a los demás sin medida alguna, comienza a perturbar la armonía de su hogar, su esposa y su empleada se sienten abusadas, y sus hijos comienzan a sentir deseos de perturbar a cuanta visita llega de improviso.

Pero, este punto medio, lógico, racional y humano, no lo defiende la historia de McCarey, sino que se opta por persuadirnos de que Clayton hace lo justo, porque la recompensa para él quizás se encuentre en camino. Resulta, en definitiva, un perturbador modo de vida que, para quienes somos humanos, demasiado humanos, resulta imposible de asumir como ideal… y es bien seguro que, ni el mismo McCarey en su vida cotidiana, fue capaz de tomárselo tan a pecho.

La historia de Sam Clayton tiene, no obstante, aspectos muy positivos, situaciones conmovedoras, momentos muy divertidos, escenas ejemplarizantes… y bueno, bien pudo terminar en Roma canonizando a ese buen samaritano, que lo dio todo a su querido prójimo, hasta el punto de olvidarse de que tenía hijos y una linda esposa a los que, antes que nada, tenía el deber de hacer felices.
Luis Guillermo Cardona
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8
10 de julio de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí uno de más los brillantes momentos que haya podido tener Jerry Lewis en toda su carrera. Funciona de maravilla como comedia, posee una preciosa puesta en escena, y su personaje principal es explicado psicológicamente con signos y detalles efectivamente elaborados.

El guión escrito para este filme, entre Jerry Lewis y Bill Richmond, es de una significación harto apreciable. Aunque la historia podría parecer bastante ligera, en realidad contiene un cúmulo de mensajes que sólo podrían surgir de alguien calificado y tan conocedor de los intríngulis humanos, como del juego de analogías.

Herbert H. Heebert acaba de graduarse con honores, y después de saludar a sus padres (un hombre apreciable y una madre horrorosamente maquillada, representada por él mismo = rechazo a lo que de ella hay en él), corre feliz a encontrarse con su prometida, pero la descubre besándose con otro hombre. Terrible decepción que lleva a Herbert a sentir odio por las mujeres y a jurar que jamás se casará. No obstante, veremos luego, en un excelente juego de imágenes, que nuestro hombre se cruza en diversos espacios, con varias preciosas y disponibles chicas, a las cuales rechaza de inmediato. Sin embargo, él sigue en el mismo lugar, lo que indica que está imaginando (impulsos reprimidos) lo que podría suceder. Y su ansia se complace (ley de atracción) cuando, al frente de donde se encuentra, descubre un anuncio donde se solicita a un joven soltero. Enseguida empatiza con la dama que lo atiende y el empleo es suyo. Katie es lo opuesto de su madre: cara amable y limpia de maquillaje que, de inmediato, le inspira confianza, y de hecho, en ella encontrará a una aliada incondicional hasta cuando arruina las invaluables colecciones de la anfitriona, la señora Wellenmellon (desprecio de la acumulación material).

Accederemos entonces a un majestuoso set de llamativos colores y en forma de vivienda con numerosas habitaciones, el cual deja al descubierto la forma como se estructura el rodaje de una película. De esta particular manera, Lewis pareciera decirnos que su filme no pretende servir a la alienación, anticipando así su siguiente trabajo, “Un espía en Hollywood”, donde dejará al descubierto la fantasía de la Meca del cine. En aquel lugar, tres H se llevará la sorpresa de su vida, porque, creyendo que sólo dos damas son las habitantes de esa mansión, cuando el todavía niño se levanta (después de dormir con la nalga erguida como bebé que quiere botar los gases)… descubre que son decenas de atractivas mujeres las que habitan el enorme espacio.

Vendrá entonces un largo proceso de compartir, hacer daños, dominar a los intrusos, dejar por el piso a la tv, provocar carcajadas… y descubrir los valores y los irresistibles encantos femeninos, hasta que entra en escena la fiera reprimida que permitirá presagiar un verdadero torrente.

No me cabe duda, esta es una comedia hecha para trascender.
Luis Guillermo Cardona
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