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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1549 críticas (Ver todas por título) Página: 108
Su valoración: Buena
18 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante la Segunda Guerra Mundial, un piloto francés fue obligado por los nazis a transportar un tesoro (joyas, lingotes de oro y valiosas pinturas) hacia algún lugar de América del Sur. Durante el viaje, el piloto hizo escala en Casablanca donde fue interrogado y detenido… y el tesoro desapareció. Se sospecha ahora, que puede estar escondido en el hotel Casablanca, pues los nazis están tan interesados en hacerse con él, que ya han eliminado a los últimos tres gerentes. Pero la vida sigue y alguien más acepta tomar el cargo que los otros han dejado saliendo en una funeraria. Se llama Ronald Kornblow (¡Groucho Marx!) y por supuesto contará con dos ayudantes, Tony y Rusty (ya saben ustedes quienes son), para que lo vean salir en ataúd… o para resolver junto a ellos el ya largo misterio del tesoro perdido. Nunca antes el apellido de los artistas y la K de su personaje venían tan al caso.

“UNA NOCHE EN CASABLANCA” surge por interés de United Artists y su productor David L. Loew, quien además de los Marx, de entre el viejo equipo, solo cuenta con Sig Ruman quien vuelve a hacer las veces de su “temible” enemigo, en un rol que se convierte en una de sus mejores intervenciones.

Es fácil deducir que el filme no fue asumido con la intención de hacer algo demasiado original o memorable, y que tan solo se buscaba unos buenos dividendos complaciendo al público con una historia divertida que le hiciera reír durante un rato. La primera pista es que se aprovecha el enorme éxito obtenido cuatro años antes por “Casablanca”, un filme que proseguía en la memoria de mucha gente. Se buscaba parodiarla de alguna manera, pero quizás por la friega de la Warner, a la que el más locuaz de los Marx respondió con varias cartas que hicieron historia y que pueden leerse en su libro “Groucho y Yo”, apenas se redujo a poner en los créditos The Marx Bros., intencionado reflejo de la clásica firma Warner Bros.

En segundo lugar, se mantienen algunos puntos comunes con filmes anteriormente realizados, y entonces volvemos a ver a Chico interpretando “Barrilito de cerveza”; se hace otra rutina de Harpo tratando de que chico entienda lo que él acaba de ver; regresa el improcedente intermedio musical… y el común romance de la parejita alterna, otra vez vuelve y juega, con la dichosa salvedad de que, el joven de ahora, no sabe cantar.

Sin embargo, el objetivo de generar un rato divertido se logra en buena manera, pues, por fortuna se contó con el notable creador de gags Frank Tashlin (futuro exitoso director) quien aporta, cuando menos, dos de los mejores momentos que tiene la película: Harpo sosteniendo el edificio que un policía toma como una burla, y la estupenda secuencia con el nazi Stubel tratando de empacar su ropa y los tres aliados convirtiéndolo en un imposible.

Fue este el último filme que bien podía llamarse “de los Hermanos Marx”. Su carrera buscaba acercarse a la recta final… pero ya habían logrado un más que merecido lugar en la historia de la comedia cinematográfica.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Notable
13 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es evidente que una de las grandes contradicciones de nuestra apreciada RAE, es acoger la palabra nobleza (del latín nobilis: noble): generosidad, sencillez, bondad de corazón. Y en segunda acepción, nobleza se acoge como sinónimo de aristocracia (individuos que por nacimiento, por merced del soberano, o por haberlos comprado, poseen títulos y gozan de grandes privilegios a diferencia del resto de ciudadanos). Tiene que haberse colado, entonces, un aristócrata en la academia o sobre realidades históricas, los de la RAE son tan objetivos como un congreso que sigue la brecha presidencial.

Soy un ferviente admirador de Los Hermanos Marx… Zeppo, bueno, fue una estrella fugaz; Chico, resultaba frío, pero era un excelente pianista y le hacía una soberbia segunda (o primera) a las rutinas con su hermano mayor; Groucho, está a la altura de Oscar Wilde jugando a los sarcasmos y a las frases mordaces, y sus extravagancias son maravillosas. Y Harpo, es el inigualable niño grande, capaz de decirlo todo sin una sola palabra y capaz de crear un caos entre el orden más estricto. Ellos juntos hicieron historia, revolcaron la historia, y dueños de una gran conciencia, exaltaron lo que se debe exaltar y se pararon (literalmente) encima de lo que debe cambiar (vean sino a Groucho y a Chico en el teatro junto a Lasparri).

Me tomó tres veces penetrar la brillante estructura narrativa que posee “UNA NOCHE EN LA OPERA” (verla con subtítulos o con locuaces al lado es improcedente), y una vez más, me convenzo que siempre vale la pena volver a ver a los Marx, porque cada vez lucen más frescos y es posible ver cosas en cada película que no se vieron en otras ocasiones. Lo que pasa, a veces, es que se les ve buscando solo frases ingeniosas o gags divertidos y de ahí no pasamos, pero puede suceder que, como en “Sopa de Ganso” o en “UNA NOCHE EN LA OPERA”, el director tenga otras ideas que implican atención y cierto bagaje para poder penetrarlas.

El director Sam Wood se ha tomado su tiempo, tiene como claro objetivo una irreverente e iconoclasta crítica a la prepotencia y a la aristocracia, y no muestra empacho en arruinar un concierto, convertir una sala de opera en un teatro donde se cuecen duelos y se venden crispetas, y es capaz de hacer que, algo tan popular como el tema “Take me out to the ball game”, irrumpa encima de nada menos que “Il trovatore”. Y es Harpo el que atrae la atención, primero de los chicos (jugando al pianista) y después del público, cuando, con sus locas piruetas sobre el escenario, sigue fielmente el ritmo de la opera de Verdi. Los Marx, hijos del pueblo y mancillados por los “nobles”, dejan sentado, al reivindicar a Ricardo y a Rosa, que su rechazo no incluye a la Opera, sino a la arrogancia y al abuso.

De esta manera, y aunque en lo personal siento que sigue sobrando alguna canción y noté que se pasaron unos cuantos baches al momento de editar, creo ahora que es bien cierto: “UNA NOCHE EN LA OPERA” es una de las más relevantes películas que hicieron un día, los estupendos Hermanos Marx.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Buena
7 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una película sobre la constancia de una niña, que después de tenerlo todo y vivir como una princesita, de repente parece necesario que vea la otra cara de la vida para poder fortalecerla como ser humano. Y quizás, por haber vivido en La India, aprendió lo suficiente sobre la resistencia, la fe y el amor, porque con estos potenciales habrá de enfrentarse a los reveses que truncan su armonía. Entonces, Sara Crewe, demostrará que cuando hay constancia, se mantiene viva la esperanza que nos alienta; que cuando se tiene fe, sustentada en la guía de la intuición, hay muchísimas probabilidades de que estemos en lo correcto; y cuando se tiene amor, el universo atraerá a las personas que servirán de apoyo para que podamos seguir adelante.

Junto a “El pequeño Lord” y “El jardín secreto”, “LA PEQUEÑA PRINCESA”, conforma la brillante trilogía infantil con que la escritora anglo-americana Frances Hodgson Burnett (1849-1924), brindó a los jóvenes del mundo un acervo de experiencias que ejemplarizan los valores que hacen posible enfrentarse a las vicisitudes a las que quizás, un día, nos veremos abocados. Sus historias están llenas de sabia percepción, de acogimiento con valor y la suficiente entereza para que sepamos hacer uso de las herramientas positivas naturales con las que, poderosamente, hemos sido dotados.

El capitán Reginald Crewe debe marchar a la guerra, pero quiere asegurarse de que su “princesita”, huérfana de madre, quede en buenas manos hasta su regreso. Con plena confianza y dispuesto a pagar lo que sea necesario, la deja entonces en el internado de Miss Minchin en Londres, pero jamás pasa por su pensamiento que la vida podría dar un extraño giro... y su Princesita tal vez no lo sea para siempre.

Miss Minchin es ejemplo de la hipocresía y el oportunismo que flota alrededor del mundo, y es todo bondades mientras luzca la abundancia, pero su lado oscuro sale fácilmente a flote cuando entiende que hay carencia. Al contrario, y por fortuna, su hermano Bertie es todo corazón… y quizás sirva de aliento a la pequeña Sara, quien no se resiste a perder a su padre aunque todos dijesen que se encuentra muerto.

Walter Lang, un director por el que empiezo a sentir que necesita redescubrirse (sus películas posteriores “Niñera moderna” y “Su otra esposa” me han resultado encantadoras), logra con “LA PEQUEÑA PRINCESA” un filme de gran atractivo visual, y aunque soy de los que sienten que Shirley Temple nunca tuvo suficientes dotes como actriz (pónganla al lado de Margaret O´Brien y se apagará por completo), creo que tiene aquí uno de sus más afortunados momentos, gracias a la pericia y la paciencia de Lang en la dirección de actores.

Mucho más agradable me resulta la presencia del veterano, Arthur Treacher, quien, como Bertie Minchin, logra un carácter simpatiquísimo y lleno de bondad. Con él, el filme adquiere soltura, el drama se ameniza y la Temple logra una empatía que le permite mostrarse desenvuelta y simpática. No por nada, a Treacher lo tendría a su lado en varias de sus películas (“Heidi”, “Stowaway”), y otras actrices juveniles (Deanna Durbin, Elizabeth Taylor…) también se complacerían de tenerlo en algunas de sus apariciones cinematográficas.

Destinada a repetir, para el cine sonoro, varios de los grandes éxitos de la “novia de América” Mary Pickford, creo que, con “LA PEQUEÑA PRINCESA”, Shirley Temple logró imponer un poco de dignidad a su maltrecha experiencia actoral. La película es muy recomendable para los pequeños... ¡Y claro! también para los adultos.

Título para Latinoamérica: “SUEÑO DE HADAS”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
1 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para Jean-Marc Clement, el acaudalado ascendiente de los multimillonarios Clement de Francia que se hicieran ricos a cuenta de guacas, armas, globos, mujeres ricas, torres… la vida es aparentemente perfecta, pues pareciera tenerlo todo: empresas, acciones, edificios, autos de lujo… sin faltarle las chicas con las cuales puede tener una aventurilla cada día de la semana, si se le antoja.

Uno de sus asesores, va a enterarlo de que, en la calle 14 de Greenwich Village, un modesto grupo de teatro está trabajando en el montaje de una revista, cuyo mayor propósito es ponerlo en ridículo ante la sociedad, pues piensan que lo que hace con su fortuna es vergonzoso.

Atendiendo a una sugerencia del asesor, Clement decide asistir a un ensayo de la obra. Allí se embelesa con una coqueta rubia conocida como Amanda Dell, que hace de cantante y bailarina… y pronto, el multimillonario termina convertido en un “modesto desempleado” aspirando a un papel en la revista por su ´gran parecido´ con el criticado francés, y para el caso, ha adoptado el “desconocido” nombre de Alexander Dumas… sí, el mismo del autor de “Los tres Mosqueteros”.

En uno de los más bellos roles que pudo interpretar en su vida Marilyn Monroe –y este sería prácticamente el último, puesto que, su siguiente película “Something’s got to give”, en la que aparecía de nuevo con el director George Cukor, quedó inconclusa ante el advenimiento de su misterioso deceso-, su presencia, además de magnética como la sensual estrella de la revista que se está montado, resulta ejemplarizante y conmovedora, dada la integridad, el sentido solidario y la transparencia que asume como mujer. Para Clement –y para nosotros- a una mujer así nos resulta muy fácil amarla, porque es de aquellas, sensatas y claras, que eligen a un hombre por lo que es y no por lo que tiene.

Ives Montand, hace una magnífica segunda figura –con Marilyn es muy fácil pasar a segundo plano- y como el adinerado don Juan que quiere evitar que lo pongan en ridículo, hace el ridículo durante toda la película, pretendiendo ser el comediante-cantante-bailarín de revista, que ni ayudándose de grandes como Milton Berle, Bing Crosby y Gene Kelly, consigue emerger del pozo. Gran sutileza la del director George Cukor y su guionista Norman Krasna, pues es una forma muy inteligente de salirse con la suya, jugando a los caballeros.

Otros grandes actores como Tony Randall, Wilfrid Hyde-White y Dave Burns, se convierten en fuertes pilares de esta estupenda comedia-musical, que luce muy bien dosificada, sirviendo también de reflejo para que veamos como se mueven aquellos –muy tristes seres- que se hacen a la conquista y al éxito mediante el soborno, el alto pago y/o la manipuladora influencia. Al tiempo, una bella lección de mujer adorable por dentro y por fuera, queda plasmada para satisfacción nuestra y para gloria de aquella frágil muchacha rubia, que ya pertenece a la historia del arte y a la eternidad.

Título para Latinoamérica: “LA ADORABLE PECADORA”
Luis Guillermo Cardona
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31 de Enero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Alfred Hitchcock le agradaba mucho Sigmund Freud, pues, cuando el director inglés comenzó a hacerse importante en la industria del cine, el médico y escritor austriaco, ya había causado revuelo mundial con su innovador método del psicoanálisis y había publicado sus mayores obras “La interpretación de los sueños”, “Psicología de las masas”, “Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de la neurosis”, entre otras. Esto motiva a que su cine se vea frecuentemente impregnado de fuertes efugios psicológicos y profundos conflictos de personalidad y, precisamente “VÉRTIGO”, es una de sus obras más centradas y más logradas en estos aspectos.

Un policía en retiro, a causa de un grave incidente en el que no pudo controlar la acrofobia que padece, y que lo ha marcado para siempre, es llamado por un amigo para que le haga seguimiento a su esposa Madeleine, pues él cree que, una mujer fallecida hace tiempo, cada tanto toma posesión del cuerpo de su esposa, creando en ella una suerte de trastorno disociativo de la personalidad, que la lleva a hacer muchas cosas que luego no recuerda en absoluto.

Aunque desde su primer diálogo, el detective John “Scottie” Ferguson (James Stewart), deja sentado su escepticismo ante tales fenómenos, atraído por la especial belleza de la extraña Madeleine, termina entrando en el juego y comienza a descubrir una serie de incidentes que lo intrigan sobremanera. Lo curioso es que actúa más como psicoanalista que como detective ante la ambigua y fascinante rubia, pero el cambio sin duda se produjo porque no luciría bien un psiquiatra sufriendo de terror a las alturas.

La trama está muy bien hilvanada, los síntomas que maneja "la paciente” se corresponden efectivamente con este tipo de neurosis, y como le ocurre a Scottie, también los caballeros terminamos enamorados de aquella frágil y fascinante muchacha que pareciera ser víctima de una traviesa jugada del destino.

Hitchcock va dando pequeñas y sutiles puntadas para ojos avisores, y luego… ¡Increíble! Nos transparenta el secreto para ponernos en ventaja con respecto al detective… y así sabremos luego lo agudo que él resulta, cuando con sus propios recursos consigue desentrañar el misterio. La catarsis... bueno, es muy dudable, porque quién sabe porqué circunstancias se hace la “justicia” del ojo por ojo, y no creo que, Scottie ni espectador alguno (bueno, sí creo), consiga quedar conforme viendo malograda a la inolvidable Madeleine… Judy… o mejor Kim Novak.

No cabe duda, con “VÉRTIGO”, Hitchcock nos ha dado un magnífico entretenimiento: Para la vista (cada imagen denota una cuidadísima composición); para el oído (diálogos que obligan a no perderse ni una frase y una alucinante partitura musical de Bernard Herrman); y para la mente, porque nos mete en una brillante trama, que nos obliga a concebir ideas e interpretaciones hasta mucho después de que hemos visto el último plano. Así se hace el cine de perenne aroma.
Luis Guillermo Cardona
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