Críticas de: Luis Guillermo Cardona

7,5
Media votos
1786
Películas valoradas
1403
Críticas
4
Listas
Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

Ordenadas por:
1403 críticas (Ver todas por título) Página: 108
Su valoración: Buena
7 de Junio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ligeramente basada en la vida de James Fisk Jr, el hombre que causó uno de los peores días de pánico en la bolsa de Nueva York, en aquel Viernes Negro de 1869 -pocos años después de que terminara la Guerra de Secesión- esta película de Rowland V. Lee se centra en las extrañas motivaciones que un hombre puede tener, por el afán de sentirse grande y poder así conquistar el amor de una mujer.

Desadaptado para la vida escolar, el Fisk de la vida real fue camarero de hotel, vendedor ambulante de dudosos productos, traficante de algodón durante la Guerra Civil y, finalmente, corredor de bolsa donde logró escalar peligrosos peldaños (estos tres últimos hechos pueden verse en el filme). Con su socio Jay Gould se aliaron a Daniel Drew, propietario de los ferrocarriles Erie, y lucharon contra Cornelius Vanderbilt quien pretendía hacerse con ellos. Para todo esto, sobornaron, presionaron, manipularon… y engañaron siempre que se les hizo necesario.

Casado muy joven con una supuesta lesbiana que hasta se atrevía a vivir con su amiga mientras él viajaba, en su estadía en Nueva York, ya mayorcito, Fisk se enamora de la show-girl Josie Mansfield, una chica de negros cabellos y rollizas carnes (nada que ver con la adorable Frances Farmer de la película). A ella la impulsa en su carrera, pero, como dice el dicho “afortunado en el dinero, desafortunado en el amor” y entonces vuelve a ponerse en camino otra fórmula de la vida “cucho consigue chica – chica consigue chico – cucho se queda sin chica y sin “chinco””.

Edward Arnold, un actor de fuerte carácter y de sólida presencia, vuelve y juega, como en “Rivales”, a conquistar el amor de esa mágica mujer que se merecía un lugar muy alto en el cine hollywoodense, pero que, pocos años después, sería víctima de la infamia por querer ser ella misma y negarse rotundamente a ser otra oveja del rebaño.

Rowland V. Lee logra una interesante semblanza del delirio de grandeza, a la vez que sondea los ilusos propósitos de aquellos que, pretendiendo valer por lo que poseen, con cada obsequio dejan sentado el escaso grado de estima en el que se tienen. Y por alguien que no se valora a sí mismo, se puede sentir un profundo agradecimiento si es generoso… pero de ahí, al amor profundo y apasionado, hay un trecho infranqueable, que sólo se gana con el ser… y no hay otra manera.

“EL ÍDOLO DE NUEVA YORK” es también un brindis por la amistad, y aunque Nick (Cary Grant) y Luke (Jack Oakie) sobrepasan aquel límite donde ya no se es amigo sino cómplice, un aliento de luz parece acompañarles cuando el líder pretende escalar hasta el último peldaño de la ambición.

Todos mis pesares para “El rey de Nueva York”. Y brindo por aquellos que entienden que el amor es el único tesoro que se puede poseer.
Luis Guillermo Cardona
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Excelente
27 de Mayo de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
No hay nada más difícil que querer ver espíritu donde sólo hay materialismo. No hay nada más complicado que conseguir que te entiendan quienes sólo ven dinero, bombillas y motores. Y no hay nada más triste que ver repetirse una, y un millón de veces, la misma historia... y los seres humanos de esto no aprendemos nada.

Larry Darrel es un inconforme. Ya no está seguro de que el progreso de la humanidad esté representado en abundancia económica, en mejor tecnología o en una vida más fácil. Como hombre reflexivo y atento a lo que le rodea, Larry se está haciendo las mismas preguntas que muchos hombres se han hecho a lo largo de la historia y que apuntan al ser, al origen y al verdadero destino humano. Muchos ven esto como simple rutina y rápidamente dejan de lado aquellas esenciales preguntas acomodándose a las respuestas más triviales que, comúnmente, se les ocurrieron a otros. Pero, bien saben los hombres más sensibles, que es imposible evitar su planteamiento y que las respuestas sólo pueden hallarse en el propio corazón.

Darrel asumirá el camino de los hombres más valientes y renunciará al amor por su pareja, a su posición económica y a su propia patria, para irse en busca de sí mismo hasta el lugar más remoto que sea necesario. París... India… y trabajos de pueblo como el sacar carbón de las minas o trabajar en un barco carguero irán, gradualmente, abriendo un sendero que jamás había imaginado. Y os aseguro que no hay ficción alguna en lo que pareciera ficción.

Basado en la magnífica novela de W. Somerset Maugham, “EL FILO DE LA NAVAJA”, es una impecable adaptación que recrea con gran sobriedad una época, y sobre todo una sociedad que sigue, tal cual, repitiendo por enésima vez las mismas ligerezas. El análisis es objetivo e imparcial, respetuoso del proceso que cada uno vive, marcado también por un atinado y entremezclado toque de humor y de tragedia y, en definitiva, con esa lucidez que sólo cabe en los grandes maestros.

Edmund Goulding ha puesto en alto su carrera con un filme memorable, entrañable y lacrado con el sello de la perennidad. Notables actuaciones de gente como Tyrone Power, Gene Tierney, Herbert Marshall… y unos especiales Clifton Webb como Elliott Templeton y, Anne Baxter, galardonada con el premio Oscar por su rol de Sophie, solidifican una obra plena se sentido filosófico y vivencial.

Y resuenan todavía aquellas palabras del maestro hindú:

“No habrá verdadera felicidad hasta que los hombres aprendan a buscarla dentro de ellos mismos (…) El camino de la salvación es difícil de recorrer, tan difícil como andar sobre el filo de una navaja. Pero no es un secreto”.
Luis Guillermo Cardona
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Notable
25 de Mayo de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Si busca usted una comedia divertida, ingeniosa, romántica, con buenos diálogos, muy bien interpretada… y con algunos empujoncitos de la buena suerte, ¡ésta es su película!

“CÓMO ROBAR UN MILLÓN Y...” resulta divertida cuando el implacable búmeran de la vida deja vislumbrar que ha llegado a su punto de regreso. Quienes sienten este palpitar son, Charles Bonnet, un experto en falsificaciones de arte para quien, emular a Van Gogh y a otros grandes artistas, satisface su ego y exulta su vanidad cuando ve como los ilustres “expertos en arte” pagan caro y sonríen complacidos. Y su adorable hija, Nicole, que adivina el lado sucio de este juego, pero no está en condiciones de contradecir a su brillante y complacido padre quien “cuando hace un Van Gogh, ¡es un Van Gogh!”… Sólo que ahora, en la cumbre de su vanidosa auto-confianza, se ha atrevido a falsificar la escultura “Venus” de Benvenuto Cellini a sabiendas de que, en este terreno, ya se puede comprobar la autenticidad de una obra.

Avaluada en un millón de dólares, la obra se exhibe en un famoso museo parisino y, por entonces, Nicole conoce a un ladrón de sociedad que intenta robar en su casa, por el cual se siente fuertemente atraída. Con Simon Dermott, que así se llama este pretendiente de guante blanco, comienza entonces un fuerte plan que, con algunas argucias, mucho arrojo… y una necesaria ayudita de la Providencia, le permitirá salvar el pellejo de su padre antes de que se compruebe que anda desplumando a las mansas palomas de la alta sociedad.

Insostenible como tesis de lógica argumental (licencias permisibles en toda comedia), pero tan encantadora y divertida en los hechos que suceden, que uno se la pasa de maravilla viendo a ese trío de grandes actores: Audrey Hepburn, Peter O´toole y un inolvidable Hugh Griffith, haciendo de las suyas.

En los diálogos abundan deliciosas píldoras:
Bonnet, el falsificador, casi compungido: “Vivimos en un mundo materialista donde no existe la fe y la confianza”.
Nicole, su aguerrida hija, a Simon: “¡No creerá usted que soy capaz de robar una cosa que no sea mía!”
O ¿qué tal éste diálogo?:
Nicole a Simon: “¡Es usted el hombre más detestable que conozco!”
A lo que Simon responde: “Cuando se frecuentan círculos criminales no se puede ser exigente”.

No busque una trama a lo Hitchcock, aunque Audrey se tape la cara para hacérnoslo creer. Prepárese para una buena diversión y la encontrará seguramente.

Título para Latinoamérica: “CÓMO ROBAR UN MILLÓN”
Luis Guillermo Cardona
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Interesante
21 de Mayo de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El último notable comediante que venía surgiendo en los EEUU de los años 50, ya tenía una sólida experiencia: Diez años (tres en clubes nocturnos y tv, y siete en el cine) haciendo de pendejo y torpe al lado de un Dean Martin, cantante y seductor, el self-man americano. Y otros 12 años, como protagonista en solitario, en una repetición del popular tontuelo, pero intentando también probarse como él mismo y aprendiendo lo posible para acceder al siguiente escalón, la dirección.

Y el sabio, y siempre acudiente destino, movería las fichas a mediados de 1960 cuando, la productora Paramount, cae en la cuenta de que no hay película de Jerry Lewis para estrenar en el próximo verano. Enterado de esto, el mismo Lewis se reúne con su amigo, el guionista Bill Richmond, y en un bolión, juntos escriben las aventuras de un botones entre los salones y cuartos de un gran hotel.

La Paramount concede entonces a Lewis su ferviente deseo de dirigirse a sí mismo… y así comienza el debut, como actor y director, de un clown ensalzado por algunos y menospreciado por muchos… pero bueno ¿no es algo como eso lo que, en definitiva, nos pasa a todos?

Con “EL BOTONES”, Lewis rinde, a su manera, un decidido y entusiasta homenaje a sus admirados maestros de la Edad de Oro de la comedia. Rueda la película en blanco y negro; su personaje es el de un "mudo" que hasta el final sólo silba, imita y se expresa con muecas; y por la escena se deja ver, de tanto en tanto, un caballero que se parece sorprendentemente a alguien a quien Lewis aprecia tanto que hasta ha decidido llevar su mismo nombre: Stan(ley) Laurel.

La “historia”, colmada de sucesivos gags, sobrios y muy ligeros, verosímiles y untados de rico absurdo, resultan en ocasiones muy regulares, pero otras bastante buenos. Lewis “peca” por tomar ideas de los viejos realizadores de comedias como Keaton (la señora que le golpea por meterse con el marido que le pega a ella), Capra (la gente que por montones sale de un auto normal), Los Hermanos Marx (el gentío que cabe donde no cabe)… y hasta se repite a sí mismo con la rutina de imitar a una orquesta imaginaria. Incomoda también, un cierto ego del que todavía no consigue liberarse, pero, en general, el fime divierte y se pasa el rato con unas buenas risas.
Luis Guillermo Cardona
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Interesante
12 de Mayo de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
En esta sociedad, ¡machista hasta el cogote!, hasta para ser espías las mujeres llevan las de perder. Cualquier espía debe tener, primero que todo, cualidades políticas del más alto nivel: lealtad incondicional a la patria, espíritu de sacrificio y reserva absoluta. Después, si es hombre, debe ser inteligente, astuto, osado y recursivo, y todo estará a su favor. Pero, una mujer que se anime a ser espía, además de las cualidades anteriores, tiene que ser atractiva… y puta. Sólo así podrá servir “como se debe” a la patria.

Desde el momento en que se convierten en espías, tanto el hombre como la mujer, pierden su identidad y comienzan a llamarse como cualquier chatarra que vuele: H-14, como el comandante Krakov de Rusia. La H significa Hombre, Homo sapiens, Varón. Si es mujer, le asignan como a la chica de “FATALIDAD”, el código X-27. La X significa sexo, piernas abiertas, puta.

A X-27 (Marlene Dietrich siempre dispuesta a que se la devoren), le mataron al marido en acción y ahora, al verla haciendo de prostituta para poder sostenerse, el jefe del servicio secreto austríaco la contrata, pues ya sabe como llevarse con los hombres. Todo anda bien, la joven muy eficiente y leal… hasta que entra en escena un deplorable y sorprendentemente prolífico actor llamado Victor McLaglen, quien tuvo su momento iluminado en “El delator”, pero luego se dedicó a ser un mal tonto en numerosos westerns de John Ford y otras insignificancias. Coronel ruso y espía en Austria, H-14 será puesto en manos de X-27, en la que será su misión más importante.

Y con esta necia, burdamente cómica, e incompatible relación entre una polifacética actriz y un esterotipado actor de forzada sonrisa, comienza a venirse al piso una historia que lucía interesante y que, formalmente, estuvo realizada con la característica brillantez del gran Josef von Sternberg: apreciable iluminación, preciosa fotografía, un original uso de las sobreimpresiones… y hasta ese famoso tema musical, “Ondas del Danubio”, dando un aire de romanticismo al personaje central.

Después, quedará sentado que la traición es buena y encomiable siempre que sea para ayudar a los aliados. Sabremos, también, que los gatos negros traen mala suerte, pero a sus dueños. Y esa acomodación que hace X-27 de sus medias negras para seducir a quienes le apuntan, deja bien sabido que hay mujeres que, ni al momento de safarse de este gran lío machista, dejan de ser lo que siempre fueron.

Sin duda, “FATALIDAD”, es el más liviano de los siete filmes que hicieron juntos Sternberg - Dietrich.
Luis Guillermo Cardona
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
FA en Facebook | FA en Twitter | Preguntas más frecuentes | Política de privacidad / condiciones de uso | Ir a Versión MÓVIL
© 2002-2014 Filmaffinity - Movieaffinity | Todos los derechos reservados