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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
1895 críticas
7
4 de septiembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, es cierto, “el virus del mal no reconoce fronteras”, se expande cada día como una nube imparable que va oscureciendo hasta los sectores más altos y con más compromiso de la sociedad. Y ya a pocos parece importarles esta vergonzosa y terrible situación… es más, ya son muchos los que tienen bien metido en la cabeza que ser honrado es ser tonto, que ser digno es ser imbécil, y que ser tramposo y deshonesto es prueba de coraje y verraquera. Si estás dispuesto a jugar sucio, tienes empleo, un buen salario, “muchos amigos” y ocasión de divertirte por todo lo alto. Pero, si estás al margen de toda corrupción, trabajas con tus propios recursos… o te sumas a los desempleados, a los sin amigos y a los olvidados… no importa el talento que tengas ni lo mucho que podrías servir a la sociedad.

Todavía recuerdo que, a un amigo empleado del gobierno le pedí, hace algunos años, que me ayudara con un empleo. Me ofreció entonces que me metiera a trabajar con su grupo y que, en pocos meses, tendría una buena vinculación laboral para mí y para mi esposa. Le pregunté enseguida, si su jefe político era confiable como persona digna. Mi amigo me miró a los ojos y respondió con una claridad que se le atragantaba en el alma y con la que demostró que me apreciaba: “Sabe qué, Guille, mejor siga en lo suyo, porque por aquí no se consigue gente honrada”.

La película de Sergio Cabrera también apunta en este sentido. Donde se espera que haya justicia, sólo hay paños tibios y castigo para subalternos y cargos menores, pero el “poderoso” protege al “poderoso”, porque el dinero lo compra casi todo y puede poner una luz, aunque fría y mortecina, allí donde las almas sólo cargan veneno y sostienen el peso de haber hecho daño a incontadas personas.

El periodista, Víctor Silampa, decide indagar el caso de un hombre que ha sido asesinado para robarle 400 hectáreas de tierra en la troncal de occidente. Un concejal, un abogado, el dueño del bar Lolita’s, y alguna otra gente, están en el asunto, pero, Silampa, deseando encontrar al hermano de su ocasional amigo Estupiñan, quien está desaparecido, decide ir hasta el fondo del asunto porque su periódico espera resultados y él ya tiene bien metidas las narices hasta con una joven prostituta del acreditado bar, conocida como Quica.

Una correcta puesta en escena, algunas atinadas actuaciones, y una historia bien estructurada donde se precisan los grandes esfuerzos y peligros que afrontan el periodista y sus amigos para acceder a una verdad que, quizás no conozca la luz pública y hasta puede quedar a la espera de la verdadera justicia, hacen de “PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO” una experiencia cinematográfica realista que, sin duda, consolida la carrera de uno de los más calificados cineastas con que ha contado nuestro país: Sergio Cabrera.
Luis Guillermo Cardona
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9
3 de septiembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las leyendas que hablan de ángeles caídos son de origen pagano y Satán es presentado como “enemigo de Dios” o como “el ángel del mal”, cuando no es más que aquella fuerza que permite al hombre crecer y engrandecerse por el simple hecho de resistirlo. Ese es su propósito, y su juego, es ofrecernos la tentación reiterativa hasta que caigamos en ella por debilidad e inconsciencia… o logremos vencerla definitivamente, logrando con ello ascender en nuestro proceso de iluminación. Cada que se cae en la tentación se pierde poder y Satanás se acerca más a ti, pero, cada que la vences, expandes tu luz y te haces más fuerte ante la vida. Cuando uno comienza a creer que la vida es injusta, horrible, y promulga todo lo que la demerite, comenzará a atraer motivos para corroborar este pensamiento. Pero, cuando se convence de que el mundo es bello y está lleno de cosas gratas, atraerá los hechos correspondientes que afirmarán sus pensamientos. Es ley de atracción y es indefectible. La energía sigue al pensamiento. Recibes de lo que das.

La ópera prima de Andrés Baiz, “SATANÁS”, habla de estas cosas, y en tal sentido, está muy ajustada al pensamiento evolucionado que, poco a poco, va demostrando que en la vida nada es cuestión de azar, los seres humanos vamos haciendo cadena, y con nuestras acciones nos convertimos en piezas de entramados que cada tanto se desenlazan. A esta lógica obedecen las tres historias que nos cuenta en su película: el cura en conflicto con su espiritualidad, pues comienza a sentir repulsa por los humildes y a su cuerpo lo invaden incontenibles impulsos eróticos en los que habrá de arrastrar a su empleada Irene. La bella Paola que se alía con el par de fleteros para esquilmar a sus galanes. Y el profesor de inglés, muy informado pero de endeble tolerancia, y quien espera mucho de los demás, pero se prodiga muy poco, pues tiene como principio la teoría de la selección natural.

Tiene también sentido la asociación con “El Dr Jeckyll and Mr Hyde” de R. L. Stevenson, pues, el hombre se convierte en lobo o en paloma según sea aquel al que alimente. Y esto es lo que se llama asirse a un hecho harto común en nuestra sociedad: la masacre, insignificante para muchos, recordado con rabia y tristeza por los familiares y amigos de las víctimas, pero, espina dorsal para un creador quien, con un buen bagaje existencial y bien aplicados recursos técnicos, puede hacerse a un filme que ejemplariza y pesa a todo nivel en la cinematografía colombiana.

Reconocimiento a la procedente novela de Mario Mendoza y a las sólidas actuaciones de Damián Alcázar y Marcela Mar.
Luis Guillermo Cardona
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6
29 de agosto de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un Artista es una persona sensible capaz de entender y de sentir como propios los sufrimientos de su pueblo, sus problemáticas y carencias. Y se vale del arte para reflejar la historia, denunciar atropellos, reclamar transformaciones sociales donde impere la justicia o para proponer una forma de vida donde prime el entendimiento, la armonía, la solidaridad y el amor. El artista debe fortalecer los más bellos ideales, debe motivar entusiasmo y satisfacción con la vida, y debe hacer sentir que es posible que vivamos fraternalmente los unos con los otros.

“APOCALIPSUR”, la ópera prima del colombiano Javier Mejía, puede resaltarse por su aceptable técnica formal (iluminación, edición, sonido, encuadres…) y porque logra algunas metáforas de eficaz significado: el hombre que roba dinero a su jefe contrastado como Judas con la imagen de Jesús; la iguana como leimotiv, quizás para aludir a la manera como los jóvenes se van arrastrando por la vida… o aquel ataúd que se desplaza por el cauce de un río, rememorando la muerte del amigo en condiciones parecidas. También consigue despertar cierta simpatía por los muchachos que viajan en la camioneta mientras recuerdan sus andanzas con el amigo asesinado, y hasta podemos sentir admiración por el precioso rostro de la chica que les acompaña (Maricela Gómez), una tigresa -mezcla de ángel y demonio- irremediablemente atractiva.

Pero, “APOCALIPSUR”, falla en cosas esenciales: 1. El título es demasiado resonante para la sencillez de lo que cuenta. 2. La historia es ubicada en 1989, época de gran convulsión en Antioquia por el enfrentamiento entre el llamado Cartel de Medellín y la organización Los Pepes, que significó masacres, bombas, miedos colectivos, fuertes asedios policiales, y la tortura y/o el asesinato de miles de personas (la película habla de 25 mil), pero, nada de esto luce reflejado en el filme, pues, los escasos incidentes recreados, apenas se asemejan a los que suceden en el día a día de una época cualquiera. 3. El viaje, realizado hacia ninguna parte, hacia la nada, no es más que el famoso paseo turístico por Medellín conocido como La Vuelta a Oriente, donde sólo se muestran nuestros bellos paisajes y una vida excesivamente tranquila mientras los chicos, a pleno día, y alguna vez en la noche, tienen su pequeña e impune orgía de drogas, sexo y procacidades, la cual parece aplaudirse. 4. Los recuerdos sólo atinan en la escena del secuestro de El flaco y de Caliche donde hay camaradería y buen manejo del encierro, siendo los demás vagas anécdotas que apenas ilustran decadencia social y personal, acudiendo al recuerdo de “Pink Floyd-The Wall” para la escena del rapado. 5. La secuencia con el travesti es de pésimo gusto porque, a esta persona, se la utiliza como hacen con ella sus habituales clientes, y además, es claro que se realiza con evidentes propósitos sensacionalistas.

Con todo, creo que Javier Mejía es de los pocos directores nacionales a quien yo le daría otra oportunidad.
Luis Guillermo Cardona
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3
13 de julio de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al cine le concedo que juegue con la ficción que considere, que enaltezca a personajes que quizás no fueron tan grandes, que cambie hechos en beneficio de la estructura dramática… pero, lo que no le concedo, es que juegue a distorsionar la vida espiritual en aras de propósitos melodramáticos oportunistas que, además de rondar la estupidez, animan en los espectadores más incautos la más nociva sensibilización.

Esta película, con su pretendida visión del cielo, no es más que una apología de la venganza, una invitación al odio, y un distorsionamiento necio de la dimensión del amor, donde no hay lugar para resentimiento alguno, porque allí, simplemente, no se reconoce el pecado, y porque al llegar a ese nuevo estado, nos damos cuenta que no hemos perdido nada, y en cambio, lo hemos ganado todo.

Jamás habrá justicia mientras se piense que, el castigo del victimario, es lo que resarce a las víctimas. Y no puede haber justicia, porque esto -que es sólo mísera venganza- pone a las víctimas y al victimario de igual a igual en su capacidad de odio y en la predisposición a causar dolor. La justicia sólo se causa cuando la víctima demuestra que es superior al victimario en su potencial de amor y de perdón. Y quien comprende nunca condena. Y quien sabe que sólo nos podemos hacer daño a nosotros mismos, no añade sal a la herida. Y sólo se abren las puertas del cielo a quien ha dejado muy atrás cualquier sentimiento de juicio o de condena.

“DESDE MI CIELO” es una película hecha con algún talento técnico, visualmente es atractiva y su banda sonora conmueve, pero, lo que por este lado enaltece, se viene completamente al piso con su extremada pobreza argumental.

Visto desde la psicología, George Hardy es la clase de hombre a quien, la soledad y las carencias afectivas, lo inducen a alimentar esperanzas afectuosas en personitas menores. Por eso crea para ellas espacios amables y toda suerte de objetos atractivos. Ansía dar, pero no sabe dar, porque sus deseos sexuales reprimidos pugnan por escapar tan pronto tiene al frente suyo a una joven solitaria. Sin duda, hay en su interior algún trauma que le impide relacionarse con las mujeres mayores (defecto físico, frustración pasada, desprecio por la madre…) Al entrar en contacto con las niñas, su ansiedad y su represión, lo llevan a actuar con ligereza y con tan marcada torpeza que, de inmediato, inspira un afán de huída. Y al sentir su dignidad comprometida y la inminente condena social, Hardy mata por miedo… y después mata de nuevo en reiteradas situaciones porque, quizás con cada nuevo crimen, “borra” de su atormentada conciencia el último hecho que lo asedia como la sombra al caminante. Con semejante tormento, cómo añadir más odio a semejante víctima de las inextricables motivaciones de la vida. Y cuando su acto deplorable te dio como regalo un mundo perfecto, cómo va a ser posible que desees la venganza ¡Así no debe ser!

Ridículo titular esto: “DESDE MI CIELO”
Luis Guillermo Cardona
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8
7 de julio de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tuve la impresión -desde el momento en que comencé a ver esta película-, que Calabuch podría ser una palabra en juego con Calatayud, la ciudad de la provincia de Zaragoza donde está localizada la Academia Logística del ejército de tierra español… y mi sospecha se confirmó más aún cuando, en alguna escena de la película, suena en versión instrumental aquella vieja canción de Emilio El Moro en la que rememora una tierra de pasiones: “Si vas a Calatayud / no preguntes por Dolores / que una copla la mató / de vergüenza y sofocones”.

Pero, Calabuch aparece ubicada en el Mediterráneo (Peñíscola como locación) lo que podría ser un despiste o quizás porque, cuando se piensa en el paraíso, siempre la imaginación incluye agua en los alrededores. Y lo que Berlanga pretende aquí, es proponernos el paraíso. Y por eso se inventa este pueblo de contraste (y de fábula), bien diferente de la España que él conocía… y muy parecido a la tierra que siempre soñó.

Calabuch es un lugar de esperanza, y cuando allí llega Jorge Serra Hamilton, el sabio atómico que busca llevarse sus secretos lejos, muy lejos, de los guerreristas, pareciera que el cielo le premia sus anhelos de paz, porque allí en Calabuch, en medio de las carencias, descubre que la felicidad es, por sobre todo, compartir.

Berlanga, con su alter ego Edmund Gwenn, el memorable actor que, quizás igual que a nosotros, lo hizo soñar con sus apariciones de noble anciano en filmes como “De ilusión también se vive”, “El caso 880” o “Pero… ¿Quién mató a Harry?”, impone en aquel pueblo, una vida descomplicada y placentera donde, como bien lo describe el viejo Hamilton: “Cada uno hace lo que le gusta, nadie se preocupa por ser diferente de los demás ni de lo que piensen los demás, y cada quien vive su vida sin hacerle daño a nadie”.

La historia fluye como un río cristalino e incesante, en aquel Calabuch donde la amistad, el respeto, la solidaridad, la música… y la alegría, emanan hasta de aquellos que, en otros senderos, serían la sombra de muchas historias. Berlanga pareciera acordarse de la Utopía de Tomás Moro (y ya llevamos dos Moros comprometidos de alguna manera), y como le ocurre, probablemente, a todo ser humano en algún momento de su vida, visualiza aquel lugar y aquellas condiciones de vida con las que podría sentirse en paz. Y a fe que, Berlanga, entendía harto sobre la grandeza de lo simple.

“CALABUCH” es un bello filme, es una invitación a soñar, y es una luz de esperanza sobre la que valdría la pena reflexionar seriamente. Pues debe ser terrible mirarse ante el espejo y sentir que uno hace parte de aquellos que amargan al resto de la humanidad.
Luis Guillermo Cardona
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