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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1773 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
10
18 de julio de 2012
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El abismo luce bastante cerca para Mavis Gary, una escritora que ha convertido al personaje central de la serie de historias que publica con éxito -dirigida a los adultos jóvenes-, en un alter ego de su propia existencia diaria, en la cual han comenzado a faltar cosas esenciales como el afecto, la autoestima y la seguridad emocional. Entonces, Mavis decide abandonar a su pareja, y en compañía de su peluda mascota, abandona Minneapolis y se marcha a Mercury, Minnesota, donde cree poder encontrar gratos recuerdos de su adolescencia perdida.

“Es extraño, como los instintos iniciales parecen acertados. Cometes errores en el camino, pero el universo se ocupa de que acabes con las personas a las que estás destinada”. Esto siente Mavis cuando se encuentra con su antiguo novio Buddy Slade, ahora casado y con un bebé recién nacido. Pero Mavis se olvida que aquella regla a veces funciona a la inversa, y lo que se espera de nosotros es que cerremos círculos, que pasemos la página y que veamos lo pasado como aquella escuela en la que aprendimos a leer, pero a la que ya no podemos regresar jamás en los mismos términos.

Un magnífico retrato de mujer carcomida en su fuero interior, pero dispuesta a mantenerse viva a como dé lugar, es lo que ha logrado Jason Reitman (“Juno”) tomando como partida otro desabrochado, pero efectivo guión de Diablo Cody (Brook Busey-Hunt), la ex-stripteasera convertida ahora en aguda escritora, que viene atrayendo –por merecimiento propio- el interés de los productores de cine y televisión.

Su lenguaje, a algunos podrá parecerles obsceno, pero Cody habla de lo que ha vivido y dice las cosas como se acostumbra en particulares medios… y yo creo que hasta se han depurado para no herir susceptibilidades o atizar la censura. Pero resulta imposible negar la efectiva capacidad que tienen ella y el director, para poner en escena a seres humanos fuertes y reales, capaces de emocionarnos y de sorprendernos con esa psicología debidamente depurada, y con esa sinceridad que se desborda hasta conseguir que, un primer rechazo, se convierta luego en un profundo sentimiento de comprensión y tolerancia.

La interpretación de Charlize Theron es magnífica. Obsérvese con detenimiento la escena del bar donde se presenta la esposa de Buddy con su banda de música, y podrá sentirse la profunda fuerza emocional que proyecta Charlize en cada uno de sus gestos. Y hay sobriedad, fluidez e introyección plena, en cada momento de su actuación. Podemos decirlo ya: estamos ante una de las mejores actrices del siglo XXI.

Y es cierto, “a veces para poderte curar, otros tienen que salir heridos”.

Título para Latinoamérica: “ADULTOS JÓVENES”
Luis Guillermo Cardona
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10
14 de julio de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los EEUU, como en mi querida Colombia y en muchos otros países (¿o será en todos?), frente al incremento de cualquier delito, a la clase política –tan pobre en ideas como rica en ambiciones- lo primero que se le ocurre es el aumento de la represión y el incremento de las penas. En los años 20, con la famosa y ridícula Ley Seca que prohibía el licor en todos los Estados de la Unión y para todos los ciudadanos, la represión en los United States era un verdadero asco. Había policías hasta en la sopa, soplones en todas las esquinas, y además de que se bebió más que en cualquier otra época, hubo que padecer el cometimiento de cientos de asesinatos por cuenta de los gánsteres y de la misma policía.

El pueblo estaba harto, pero hablar era pecado. Por esto, siento que “LIBERTAD” (que debió ir entre signos de exclamación), contiene un soterrado grito que, el director Leo McCarey, lanzó públicamente de la manera más sutil.

Este brillante corto es, sin duda, uno de los mejores y más significativos que pudieron hacer Laurel & Hardy. Burló sin dificultad cualquier censura, porque nadie consiguió ver otra cosa que una inocente comedia para reírse un rato. Pero veamos: la historia se despliega mostrando a hombres como George Washington, Abraham Lincoln y el general de los ejércitos John J. Pershing, cabeza de la fuerza expedicionaria durante la Primera Guerra Mundial, quienes defendieron el derecho a un país libre y en libertad. Enseguida, un intertítulo reza “Y aún hoy… la pelea por la libertad continúa”, y entonces vemos a Laurel & Hardy, vestidos como reclusos, huyendo aterrados de un policía que les dispara a matar.

Después, en su desesperado afán de libertad, sortearán toda suerte de obstáculos –policías como moscas- para conseguir intercambiar los pantalones que por la prisa -y su habitual y “encantadora” torpeza- se pusieron uno el del otro. El cangrejo que, incidentalmente cae entre los pantalones de Laurel, mientras tratan de cambiarse a la entrada de una pescadería, podría simbolizar que, nuestros asustados amigos, sienten a los policías como un cangrejo pegado del…

Tras un corto y divertido segmento para dar cabida a su eterno rival, James Finlayson, y a su frecuente ímpetu destructivo (desahogo de la rabia reprimida), nuestros amigos llegan a un edificio en construcción donde un ascensor se convierte en lo que parecieran desear como una escalera al cielo (ya que como forma de libertad física parecería absurda). Sobre el esqueleto de una estructura, en una escena muy lograda y agradable, los veremos padecer el vértigo -como Harold Lloyd en sus mejores tiempos-… y el final es "delicado", pero aplastante, de lo que ellos consideran como el peor enemigo de su libertad.

La fotografía la hizo alguien que pronto sería otro gran realizador: George Stevens.
Luis Guillermo Cardona
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7
30 de abril de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Feliz encuentro entre el maestro Akira Kurosawa y el gran actor Toshiro Mifune. Iniciado el rodaje del filme, el guión estaba centrado plenamente en el personaje del Dr. Sanada, un médico temperamental, punzante y bebedor, pero al mismo tiempo noble y condescendiente, que interpretaba el atinado actor Takashi Shimura, miembro ya de la familia fílmica del director japonés. Se trataba de mostrar la ambivalente relación del singular galeno con algunos de sus pacientes, y el personaje de Mifune, un gánster llamado Matsunaga, quien llega para que le saquen un “clavo”, estaba pensado como uno más entre los pacientes de Sanada… pero he aquí, que la sorprendente actuación de Toshiro deja encantado al visionario director, y pronto, su personaje es extendido hasta el punto de ponerlo de tú a tú con el que interpreta Shimura. Y así, se iniciaría una relación descollante que daría lugar a un buen número de filmes que hoy hacen parte de lo más apreciable que nos ha legado el lejano oriente (“El Perro Rabioso”, “Rashomon”, “Los Siete Samuráis”, “Trono de Sangre”, “Yojimbo”, “Barbarroja”…).

La historia se desarrolla en un pueblo de escasos recursos, donde el gansterismo es también fuente de sobrevivencia y de poder. Las aguas lluvias anegan las calles sin pavimento, y el fango entonces, se convierte para Kurosawa en un leitmotiv que revela el hundimiento del ser en medio del alcohol y la irresponsabilidad, y quizás, el abandono de un Estado falto para todos de oportunidades.

Los personajes de Sanada y Matsunaga, se mueven en una interesante relación de amor-odio, de te acepto-te rechazo, de vive y muérete, que da cuenta de la ambivalencia humana donde lo que parece no es tal como parece.

El personaje del médico resulta también harto interesante, porque da cuenta del hombre sin pretensiones, sin afanes de enriquecimiento, y que ejerce su profesión con tanta naturalidad, que cae sin empacho en el gesto improcedente, en la frase ruda y también en el alcohol que le permite escapar, a ratos, de una realidad que no le está ofreciendo grandes perspectivas.

Se trata pues, de un retrato sobre gente del común, vista con simpatía y con clarísimos rasgos de valoración. Es evidente que, Kurosawa, conocía muy bien al pueblo.
Luis Guillermo Cardona
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9
21 de marzo de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Cuánta inequidad hay en este mundo que le quita toda posibilidad de digna sobrevivencia a millones de hermanos!, ¡Cuánto egoísmo que sólo trae desdicha y soledad!, ¡Cuánta apariencia y cuanto afán de sentirse superiores a los demás, cuando bien se nos demostrará que todos somos iguales!

En este mismo instante, miles de seres humanos deambulan por las calles en busca incesante de unas pocas monedas para llevar la comida mínima a su casa. Cientos de personas caminan largos kilómetros para conseguir la escasa agua que les permita sobrevivir. Millones de obreros sin empleo van, de un lado a otro, con la gris esperanza de que alguien les ofrezca un trabajo digno.

Cuando recuerdo las viejas películas, a mi memoria regresa Umberto D, tratando de impedir vanamente el desalojo. Y recuerdo a Ali y a su hermana Zahra, en permanente angustia por los raídos zapatos tenis que comparten. Y he aquí que, con su inmensa sensibilidad frente a la gente común y con esa lírica humanística que le fluía constantemente, también el maestro Akira Kurosawa se había ocupado de hacer un filme donde, para un novato detective, su arma de dotación se convierte en un objetivo incesante, cuando esta le es robada en un autobús.
Un largo camino tendrá que recorrer entonces, pero la vida pondrá a su lado a un hombre noble y brillante, el detective Satori. No por nada, Satori significa resplandor, destello de iluminación. El detective se convierte para el novato en una lección de ejercicio profesional cabal y digno, que quizás cambie su vida para siempre. Y para nosotros, será un elocuente reflejo de la integridad que se preserva aún en las condiciones más difíciles.

Es época de postguerra. En Japón abunda la miseria y los más pobres acuden en muchos casos a la prostitución, el contrabando de armas y a cualquier otra cosa que les permita sobrevivir. Es, en este medio, donde los dos policías comenzarán a buscar al hombre que acaba de cometer un delito y que, quizás, tiene la colt sustraída a Murakami.

Kurosawa consigue que cada personaje tenga vida propia, los recrea en sus carencias y en su abundancia, en sus fortalezas y en sus debilidades, en su terquead y en su sabiduría… y crea así, un cuadro humano que quizás produzca ese destello que se borrará de pronto, pero que tal vez consiga que ya nunca más seamos los mismos.

Cuán significativo sería que las grandes productoras de películas, promovieran este cine que dignifica al hombre. Y toda institución formativa debería permitir que los jóvenes accedieran a estos mensajes. Es sólo cuestión de método… y de amor por la humanidad. Y estas dos cosas están haciendo ahora más falta que nunca.
Luis Guillermo Cardona
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9
25 de enero de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Claro que hay grandes periodistas! Sin duda, entre la gente que ha escrito y aún escribe en los periódicos y revistas, habla en la radio… o se comunica a través de la internet, hay gente profesional, rigurosa, responsable, que conoce el oficio y lleva en la sangre la búsqueda de la verdad. Y son ellos, los menos, los especiales, quienes sostienen la maltratada dignidad del periodismo. Porque aquí, como en tantas otras profesiones, se mantienen infiltrados los mediocres, los oportunistas, los ególatras y los vendidos. Aquellos que atraen odio hacia el periodismo, siguen avante con sus infames mentiras, con sus deformaciones de la verdad y con su conciencia vendida a los intereses del mejor postor. Son reaccionarios, perversos y causan vergüenza cuando los vemos hablar desde los labios, pero jamás desde el corazón.

Billy Wilder, sabe harto de periodismo y se duele como nosotros cuando ve, al cuarto poder, sirviendo como mercenario de los otros tres poderes o ejerciéndose en función del individualismo más enclenque. Ya nos había mostrado, lo que es capaz de hacer un reportero obtuso, en su brillante película “El Gran Carnaval”. Y en 1974, animado quizás por la manera como se estaba informando sobre el caso Watergate, el derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende en Chile, o sobre los casi 20 mil asesinatos que hubo el año anterior en los EEUU, decidió realizar la tercera, de cuatro adaptaciones cinematográficas, que ha tenido la ya clásica obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur.

Apenas conozco la versión de H. Hawks, que no consiguió motivarme, pero Wilder se ha fajado un filme que impacta en todo el plexo solar, nos agita con fuerza y ternura el corazón y deja bien al desnudo la trapacería, el sensacionalismo y las infamias que pueden llegar a cometerse en aras de mezquinos intereses personales. Periodismo y política agitando la bandera de la mentira para satisfacer su apetito de poder.

Como ya es habitual en sus obras más personales: Una impecable dirección de actores. Soberbios Lemmon, Matthau, Gardenia y Pendleton; una cámara casi invisible, ubicada fundamentalmente en plano general o medio; una ambientación rigurosa y muy efectiva en el desplazamiento de los personajes; y ese toque mágico de los diálogos precisos, mordaces y de una fluidez excepcional.

“PRIMERA PLANA” nos deja muy satisfechos. Duele la triste realidad que recrea por más que esté ambientada en el Chicago de los años veinte, pero sus brillantes toques de comedia y ese descreste actoral de casi todos sus intérpretes, hace que pasemos una magnífica velada y que nos quede fijo en la memoria el gran talento que tuvo siempre Billy Wilder.
Luis Guillermo Cardona
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