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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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2009 críticas
8
18 de diciembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El nombre de, Miss Sarah Grace Cooke, no parece sonar en los oídos de mucha gente… pero para el actor y dramaturgo Emlyn Williams (1905-1987), fue el más grato recuerdo que conservó de sus años de adolescencia, pues fue ella la maestra que, pensando tan solo en servir a los demás, logró que las cosas cambiaran en aquellas tierras de Wales (Gales) donde los muchachos, al terminar su infancia, no tenían más opción que trabajar en las minas, donde se hacían viejos sin conocer otro mundo distinto y sin poder acceder a la cultura, el emprendimiento o la esperanza de una vida mejor.

Para el mundo literario, teatral y cinematográfico, donde se proyectaría eternamente con el título “EL TRIGO ESTÁ VERDE”, Miss Cooke se convertiría en Miss Moffat, para entremezclar ficción y realidad, dando al personaje los mejores matices que estuvieran acordes con los propósitos dramáticos de la obra. Lo que ocurriera en Mostyn, Flintshire a comienzos del siglo XX, se trasladó a una aldea de Glansarno a finales del XIX, y el resto, son aquellos recuerdos donde la maestra es el eje central de la obra, en la que se convierte en un reluciente ejemplar de mujer comprometida, dispuesta contra todos y contra todo, a dejar el mundo mucho mejor de lo que ella lo encontró.

Su esfuerzo, que no lo dirá el filme de Irving Rapper, pero lo sabremos luego cuando sigamos el sendero del verdadero Morgan Evans, fue más allá de expandir el saber de niños, adolescentes y adultos, en cuyas mentes hizo comunes las letras, el bien decir y las matemáticas, pues el alumno predilecto sería, con los años, un reconocido actor teatral y cinematográfico (“La ciudadela”, “Major Barbara” o “Veneno para tus labios”, entre otras, donde sería dirigido por el mismo Rapper y Bette Davis estaría en el rol protagónico). Y además de acreditado dramaturgo, hasta sembraría un pinito como director, con un filme que significaría el debut de ese gran actor que fue luego Richard Burton.

Resulta muy diciente, y curiosa, la manera como Rapper introduce al personaje de Bette Davis, quien por entonces cargaba con esa imagen de “malvada” por sus actuaciones en “Jezabel”, “La carta” o “La loba”. La vemos entrar a Pengarth house con una figura un tanto sombría y con secos aires de “ahora yo soy la dueña”… hasta que abre su corazón al paso de los muchachos mineros, y entonces, Mr. Jones y Miss Ronberry, quienes serán sus mayores colaboradores, verán surgir a la gran mujer que se esconde en aquella menuda figura.

Aquellos tiempos en Wales, Inglaterra, estaban signados por el oscurantismo. El terrateniente de turno, quien, salpicado por la entereza de la maestra quizás vea brillar un poco de luz en su propio corazón, repetirá las palabras que eran comunes entonces (y todavía ahora en muchos otros lugares): “Con gente como usted, que enseña a la gente a leer, escribir y tener ideas, Inglaterra se volverá un sitio peligroso”. Pero, la evolución humana es incontenible y siempre habrá seres de luz, como Miss Sarah Grace Cooke, que no buscan la fama sino el privilegio de servir, y que, con sus incontenibles esfuerzos harán incesante la marcha hacia la cumbre de la especie humana.

Título para Latinoamérica: “CUANDO EL AMOR FLORECE”
Luis Guillermo Cardona
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8
19 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para la mitología griega, Pigmalión era un notable escultor muy escéptico con el sexo femenino, razón por la cual rechazaba cualquier opción de comprometerse con muchacha alguna. Pero ocurrió que, un día, se dedicó a esculpir la figura de una doncella a la que dedicó tanto tiempo y esmero que se convirtió en la más bella imagen que hubiera realizado en su vida, y sin siquiera pensarlo, Pigmalión sintió de pronto que se había enamorado perdidamente de aquella inerte figura. Al observar el embeleso y la tristeza que manifestaba ante aquella mujer imposible, Venus, la diosa del amor, se compadeció del escultor, y con un soplo la convirtió en una magnífica mujer de carne y hueso. Galatea, como la llamaría Pigmalión, se convierte entonces en su esposa… y el amor demuestra de nuevo que, para él, nada es imposible.

Esta es la historia que inspira al magnífico escritor, George Bernard Shaw, para escribir una versión moderna titulada “PIGMALIÓN”, que se vendería como el pan, triunfaría en Broadway en 1914, y desde 1935, sería llevada al cine en numerosas ocasiones. La versión de Anthony Asquith y Leslie Howard (tercera adaptación cinematográfica), tiene a su favor un guión escrito por el mismo Shaw, en el que los diálogos corrosivos y mordaces hacen las delicias de quien sepa degustarlos.

La historia está cargada de fe en los seres humanos y demuestra que, cuando conseguimos creer firme y sinceramente en los potenciales de una persona, la persona misma terminará creyendo en sus propias capacidades. De esta manera, se logrará que aflore lo mejor de su propia esencia, quedando abierto el camino para que se transforme en un ser nuevo y representativo. Siempre se puede, todo lo que hace falta es que, el amor y la fe, broten desde muy adentro porque, solo entonces, habrá perseverancia e inspiración.

Como Henry Higgins, Leslie Howard logra un personaje tan encantador en sus resistencias, como fluido en sus afanes de transformar a la burda florista que lo busca para que la eduque con sus conocimientos de dicción. Su confianza en sí mismo y su atracción por Eliza están tan a punto, que enseguida acepta la apuesta que le hace su amigo, el capitán Hickering, según la cual este pagará la totalidad de los gastos causados por la muchacha, si antes de seis meses consigue hacerla pasar por una duquesa ante altas personalidades (para el caso, será la embajada de ¡Transilvania!) y como un guiño al ascendente de Howard-Higgins, “el gran sabueso” Carpatti, la confundirá con una princesa húngara.

“La diferencia entre una dama y una florista –dirá con sabiduría Eliza- no está en como se comporta sino en como la tratan los demás”. Exacto mensaje para entender que las personas casi siempre corresponden según como se las trate.

Con su tono divertido, desenfadado y pulcro, “PIGMALIÓN” se convierte en una película muy agradable y digna de un grato recuerdo. Y ya ustedes traerán a su memoria cuantos filmes posteriores se han inspirado en ella.
Luis Guillermo Cardona
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7
1 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
“La muerte no es real. No es sino nacimiento a una nueva vida… e iréis adelante, y adelante, y adelante, a planos de vida superiores y cada vez más altos”. (El Kybalion)

Dentro del plantel en una escuela de Montreal, se ha suicidado la profesora Martine Lachance. En su reemplazo, ha llegado un refugiado argelino de nombre Bashir Lazhar. Para la profesora, su problema parece ser que venía ya de largo, pero todo lo que sabremos es que abrazó a un chico que no acogió con agrado este gesto y la denunció ante sus padres exagerando un tanto lo ocurrido. Sucede esto en tiempos en que, en Canadá, “hay que tratar a los niños como si trataras con residuos radiactivos. No los toques o te quemas”. –Dirá uno de los profesores de la escuela.

Para el profesor Lazhar, la vida tampoco ha sido fácil, pues, por un libro que escribió su esposa en contra de la política de reconciliación nacional con la que se concedió amnistía a numerosos asesinos del Estado, su casa fue incendiada cuando ella se encontraba dentro con sus niños. Por suerte, él había salido antes hacia Montreal con la intención de preparar un lugar para toda la familia.

Ahora, el profesor quiere dar a otros niños un aliento de vida, y frente a la crisis que se cierne en esta institución, tratará de sembrar esperanza y reconciliación en los corazones de sus alumnos. “Es difícil entender por qué alguien quiere suicidarse, pero es imposible comprender porqué lo hizo aquí” -comentará Lazhar sobre el caso de la profesora-. Pero, no es imposible, profesor. Quizás Martine quería denunciar los malos tratos, la intolerancia y los prejuicios que, también y en numerosas ocasiones, reciben los maestros de parte de algunos padres o acudientes. Pues, solemos ver al mayor como victimario del menor, pero parecemos incapaces de ver las comunes ocasiones en que, el mayor es víctima de las mentiras, las exageraciones o los maltratos del menor.

Resulta muy válida y necesaria, esta película basada en la novela “Bashir Lazhar”, escrita por Evelyne de la Cheneliére, ya que muestra el otro lado del conflicto en la educación y se solidariza con aquellos profesores que lo dan todo de sí mismos y no siempre reciben aplausos o congratulaciones… y mucho menos reconocimiento del Estado.

Creo que, el director Philippe Falardeau, ha conseguido con “PROFESOR LAZHAR”, un filme que complementa lo hecho hasta ahora por otros realizadores, y fueron muy merecidos los 6 premios Genie por mejor película, director, actor (Fellag), actriz de reparto [Sophie Nélisse], guión y edición, que recibió en la gala del cine canadiense.

Por supuesto que “la escuela y la violencia no van juntas”. Pero esto será cuando el compromiso de cambio lo asumamos todos, porque, mientras sigamos creyendo que son los demás los que tienen que cambiar, que el mal está en los otros pero nunca en mi, todo va a seguir igual. Y así no debe ser.
Luis Guillermo Cardona
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8
1 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pionera en los títulos de cine-escuela con niños discapacitados, a la que seguirían títulos como “Ana de los milagros” (1962) o “Ángeles sin paraíso” (1963), “MANDY” es una importante película que refleja con valiosos elementos, el proceso que debe seguirse para ayudar a los niños que nacen con problemas auditivos. Son ya tiempos en que comienzan a invertirse algunos roles, y ahora es el padre el obstinado, frente a la intuición y la fe que tiene la madre de que en la institución elegida (Royal Residential Schools para niños sordos), sacarán adelante a la pequeña Mandy, hasta hacerla apta para vivir en sociedad.

Versión cinematográfica del libro “The day is ours” de la escritora inglesa, Hilda Lewis (1896-1974), fue el brillante Alexander Mackendrick quien le dio rumbo, logrando un particular triángulo amoroso en medio del difícil proceso en el que, la pequeña Mandy de 6 años, lucha para adquirir el lenguaje que la haga plenamente comprensible. De esta manera, el conflicto familiar alcanza una relevancia central, pues, Christine la madre de la niña, se ve abocada a separarse temporalmente de su marido, porque tiene la certeza de que, el escaso, sobreprotector y amargo apoyo que, sus suegros y ellos mismos como padres, vienen ejerciendo con la niña, solo la convertirá en un ser marginado sin posibilidad alguna de socialización.

Es entonces que, la relación entre la atractiva y solitaria Christine, y el profesor Dick Searle, un hombre que a veces juega a ser duro, pero que quiere con sinceridad a los niños y demuestra una profunda vocación, comienza a estrecharse… y despertará celos... y será motivo hasta para un complot por parte de alguien de la institución que ve con malos ojos al eficiente instructor.

Representada con mucha credibilidad por la pequeña Mandy Miller, quien ya había debutado con Mackendrick en “El hombre del traje blanco”, Mandy Garland es un prístino ejemplo de lo que puede alcanzarse cuando se tiene fe, cuando se persevera y cuando se cree firmemente en las posibilidades de desarrollo que residen en cada ser humano.

Estimo que, en promedio en el mundo, uno de cada cien mil niños nace ahora con problemas de hipoacusia. Esta deficiencia genera trastornos emocionales y baja autoestima, limita enormemente la capacidad cognitiva, y con frecuencia, se vive en un gran aislamiento al no conseguir hacerse comprender por los congéneres. Pero, cuando se les trata adecuadamente desde muy temprano y se les cualifica para aprender a hablar o conocer el lenguaje de señas, estos niños se tendrán en mejor aprecio, conseguirán relacionarse con mucha gente, y en algunos casos, hasta podrán ser creadores, artistas o convertirse en seres de alta utilidad para quienes padecen el mismo tipo de problemas. Presten atención al personaje del filme, Jane Ellis, para que vean a una mujer ejemplar.

Al terminar de ver a “MANDY”, siente uno haber estado ante un filme enaltecedor, ejemplo de perseverancia y de fe, en el hombre y en la ciencia. Muy recomendable.

Título para Latinoamérica: “MURALLAS DE SILENCIO”
Luis Guillermo Cardona
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8
19 de septiembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un monumento a los caídos en combate durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) da cuenta “en una ciudad cualquiera de Europa” (¡París!) de que con la llegada, ahora, del ejército alemán, se repite aquella historia de violencia, atropellos, privaciones, injusticias, detenciones, desapariciones, torturas… y muerte. La libertad es otra vez pisoteada, la cultura arrasada, las instituciones mancilladas y la vida humana convertida en pieza de uso o de desuso.

Durante aquella invasión a París en la Segunda Guerra Mundial, conoceremos a Albert Lory, un temeroso profesor –todavía él mismo no sabe quien es realmente- a quien sus alumnos respetan muy poco y los bombardeos que amenazan su vida (o la de su dominante y temperamental madre) lo llenan de impotencia y de angustia. Lory, está “secretamente” enamorado de una adorable maestra llamada Louise Martin, cuyo hermano, Paul, aparenta amistad con los fascistas, pero luego sabremos que sus ideales son claros.

Este valiente, elocuente y esmerado filme, segundo de Jean Renoir en Hollywood, realizado en pleno conflicto bélico (1943), resultaba un oportuno alegato contra la guerra y las invasiones, una positiva invitación al compromiso ciudadano, y una acérrima defensa de los derechos humanos… pero, curiosamente, no se estrenó en Francia hasta el 10 de julio de 1946, cuando ya la guerra había terminado. En cambio, en EEUU, se estrenó de inmediato, el 7 de mayo de 1943. ¿Razones? Quizás con un poco de malicia indígena usted pueda atinarlas.

Resulta muy encomiable y aleccionadora, la manera como Renoir (basado en un guión del prolífico e irregular Dudley Nichols), va avanzando en el proceso de autoencuentro que vive el profesor Lory (magníficamente representado por Charles Laughton), hasta convertirse en un ser que da, al Valor, su verdadero y profundo significado. Y la secuencia del juicio se convertirá, sin duda, en un segmento cinematográfico perfecto.

Maureen O’Hara vuelve a reencontrarse con Laughton tras “Esmeralda, la zíngara", siendo esta vez, un tanto más generosa con el gordito que en aquella ocasión. De nuevo su rostro hace que resplandezca la pantalla y su rol, aunque inferior al de Laughton, da ejemplo de la solidaridad femenina y de la dignidad que debe imperar en los peores momentos.

Pese a sus pequeñas fallas (alemanes mostrados con demasiada tolerancia, algún anacronismo y dos o tres efectos de sonido muy imprecisos: Durante el desmantelamiento de la imprenta, el fusilamiento…), “ESTA TIERRA ES MÍA” perdurará como una aleccionadora historia de resistencia contra la tiranía y como reafirmación de que, cuando los pueblos se unen y cuando lo que se defiende es la justicia y la dignidad, no hay enemigo que pueda contra esa magna fuerza.
Luis Guillermo Cardona
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