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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2164 críticas
7
12 de diciembre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine patriótico es una especie de subgénero que surgió a raíz de las dos Guerras Mundiales. Se trataba de utilizar este gran medio de comunicación de masas para ensalzar a los ejércitos locales, dejar mal parados a los enemigos, y elevar el ánimo del pueblo para que se comprometiera en la lucha por la defensa nacional. En términos generales, creo yo, que éste ha sido el tipo de cine más sesgado, idealista, y de mal gusto que haya podido hacerse… pero no puede generalizarse, pues, al haber comprometido en su realización a algunos de los mejores directores de la historia, éstos, cuando podían, se zafaban del yugo patriotero y se esforzaban por contar historias de verdadero significado aunque, al final, el encomio militar tuviese que quedar sentado.

En EEUU, gente tan valiosa como Frank Capra, John Huston, John Ford, William Wyler… y Michael Curtiz, fueron llamados en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, para que hicieran filmes patrióticos. Entre 1941-43, Curtiz fue prácticamente asignado para rodar películas argumentales con esta temática y “CAPITANES DE LAS NUBES” fue la segunda de ellas.

La historia está bellamente rodada en una impecable fotografía a color de la que se ocuparon cinco cinematografistas: Sol Polito y Wilfred M. Cline para las escenas en locación, y Dyer, Marshall y Hoch para la espectacular fotografía aérea que les mereció una nominación a los premios Oscar.

Curtiz logra que, la primera mitad de la película, sea una atractiva y significativa comedia, en la que dos pilotos civiles de los bosques canadienses, chocan entre sí por sus contratos laborales y por el amor de una preciosa, pero frívola chica, que cede ante los dos. Sin querer, queriendo, surge entre ellos una rabiosa, pero profunda amistad, que extrae de lo más hondo de sus seres, una gran capacidad de lealtad y sacrificio.

La segunda parte tiene ya los obligados efugios patrioteros, pero la amistad se sostiene eficientemente y el director consigue una acción muy atractiva con un equipo de brillantes pilotos de la Real Fuerza Aérea de Canadá que controla el aire con enorme pericia. El filme así, resulta bastante entretenido, y sólo las consabidas entregas de medallas y los emocionados discursos en pro de la patria, ponen un grado de sosería a un filme que, en general, divierte y alecciona.

James Cagney, quien influyó notablemente en el guión final, logra una eficientísima actuación y Brenda Marshall –la María de “El halcón del mar”- luce más bella que nunca como la coqueta Emily, quien habrá de recibir una lección que quizás la cambie para siempre.
Luis Guillermo Cardona
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7
5 de diciembre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para Danny Fisher la vida no ha sido fácil. Siendo muy chico, su madre murió en un accidente y enseguida su padre lo perdió todo llevado por la fuerza de las circunstancias. Ahora ellos, con su hermana Mimi, viven en un sector pobre de New Orleans, donde los nostálgicos blues resuenan en las calles cantados por aquellos que trabajan a sol y sombra para sobrellevar sus cargas.

Michael Curtiz, logra una bella entrada del filme rodada en las desoladas calles de aquel barrio donde se desenvolverá la historia, y luego da paso a la vida de Danny, el chico que ansía conseguir dinero porque vive dolido con las humillaciones que ha recibido, y sigue recibiendo, el bueno de su padre.

Cantante de rock’n roll, Danny se abre paso con la ayuda de Charlie Legrand y se convierte en cantante de planta de su Club King Creole, hasta donde llegan Maxie Fields, el mandamás del sector y su bella amiga Ronnie. Desde entonces, las cosas se complicarán y tendrá lugar un interesantísimo drama, bien estructurado y con personajes pletóricos de vida.

En lo personal, yo prescindo de las canciones de Elvis Presley, pues, ni su estilo ni su ritmo responden al tipo de música que me agrada, pero, en sus aspectos dramáticos, el filme me resulta mucho más logrado de lo que esperaba. Incluso, la interpretación del famoso cantante la encuentro acertada y siento que Curtiz logró extraer de él mucho más de lo que hicieron sus restantes directores. Empero, considero que Carolyn Jones resalta por sobre el resto del reparto, pues su interpretación de Ronnie, la chica ligada por intereses puramente monetarios con el inescrupuloso Fields, se torna llena de emotividad y calidad humana cuando, al lado de Danny, descubre que la vida puede tener otro rumbo y otro sentido.

Otros personajes, como el señor Fisher, ávido de que su hijo progrese en el estudio y siga por el camino correcto; Nellie, la joven almacenista, ejemplo de dignidad; o aún, el joven delincuente con problemas de habla, quien siente que Danny lo ha valorado como nadie lo ha hecho, resultan llenos de calidez y consiguen sensibilizarnos.

Basado en la novela de Harold Robbins “Una piedra para Danny Fisher”, este filme resulta bastante sólido, logrando trascender el ego que envuelve la figura del llamado Rey del rock’n roll, al que Curtiz tuvo que exaltar más de lo que hubiese querido porque, las presiones de los productores, pesan a la hora de realizar una película.

Con todo, “EL BARRIO CONTRA MI” me resulta un filme valioso y digno de reconocimiento.

Título para Latinoamérica: “MELODÍA SINIESTRA”
Luis Guillermo Cardona
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8
6 de octubre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante el solsticio de verano, en las tierras altas rusas, las puestas de sol ocurren a altas horas y los amaneceres son más tempranos de lo habitual. Esto hace que la oscuridad no sea plena y a este fenómeno natural se le conoce como Las Noches Blancas. Cuando Fedor Dostoievski, escribe su novela con este título en 1848, creo que las cuatro noches en que esta transcurre son, sobre todo, una metáfora de lo blancas, luminosas y esplendorosas que se vuelven las noches cuando el amor palpita en los corazones.

En la novela, el protagonista y narrador de la misma, no tiene nombre, lo que hace fácil suponer que es el mismo autor quien asume un referente autobiográfico. Habitual paseador nocturno, un día conoce a Nástienka, una bella joven a quien descubre llorando, y él se afana por consolarla y acompañarla, naciendo así el amor a primera vista que lo lleva a desear su presencia y a apoyarla en el momento angustioso, y aparentemente crítico, por el que ella pasa.

Suso Cecchi D’Amico fue la escritora quien, animada por su propio padre, decidió escribir el guión basado en la corta novela de Dostoievski y se lo presentó a Luchino Visconti a ver si le interesaba. Así nace la versión cinematográfica de una obra que no figura entre los grandes hitos literarios del genial escritor ruso, pero que, no por eso carece de encanto y de un toque romántico capaz de conmover a muchísimos corazones.

La historia se traslada a un pueblecito italiano que recuerda a Livorno, y son Mario y Natalia la pareja que ansía, casi desesperadamente, el amor, pero hay un puente material y afectivo que espera ser cruzado definitivamente para que este sentimiento pueda tomar forma entre ellos dos.

Visconti ha hecho un filme de poderoso magnetismo, con una María Schell y un Marcello Mastroianni que nos hacen respirar sus afanes, su ternura, sus improcedencias y su deseo impetuoso por conquistar el amor. El guión se cuida de matizarlos, de mostrarlos como seres simples y normales, y al mismo tiempo, con unos sentimientos tan fuertes y claros que logran, sin restricciones, que nos conectemos con ellos.

Sólo ciertos rasgos de evidente misoginia, empañan un filme que emociona y que consigue que, también nosotros, veamos blancas aquellas desoladas noches donde los demás seres parecen fantasmas y apenas una prostituta (¿alusión a la Giovanna de “Obsesión”?) y unos atrevidos motociclistas, nos devuelven a la realidad de las noches de cualquier ciudad. Pero, el encanto persiste y el romanticismo nos mantiene en alto como si una blanca nube envolviera con ternura nuestros corazones.
Luis Guillermo Cardona
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7
29 de septiembre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Tartufo” es una obra de teatro encantadora, divertida, valiente, crítica. No obstante haber sido escrita por Jean Baptiste Poquelin (mejor conocido como Moliére) en 1664, conserva su plena vigencia con el paso de los siglos porque refleja y sanciona, con el mayor de los tinos, algunos infortunados comportamientos de extremada asiduidad entre los seres humanos: La hipocresía es la base central de la obra, pero de paso, también hay lugar para darle una patada bien trasera a la credulidad y para objetar el afán de disponer de la vida de los hijos para casarlos con quien al padre (o a la madre) se le antoje. Son estos, despropósitos que han causado infinitos males y que han lesionado moralmente a innumerables seres humanos a lo largo de muchos siglos.

La crítica de Moliére apuntaba sus flechas contra los tantísimos impostores que, vestidos de “espiritualidad”, se aprovechan de la ingenuidad y de la credulidad de los creyentes para arrebatarles sus bienes y sus herencias, y fue tan certera la recreación contenida en su magnífica obra que, altos prelados de la iglesia, se pronunciaron contra ella y, en muchos lugares, fue incluso prohíbida su lectura.

Quién sabe por cuales circunstancias de la vida, en 1925, Friedrich W. Murnau se sintió tentado a llevar al cine una versión libre de "TARTUFO" que había escrito Carl Mayer. El tono de la obra se había convertido en un drama, desaparecían la mayoría de los personajes secundarios, y se incluía un prólogo y un cierre ambientados en la época actual, con lo que se demostraba la vigencia de la hipocresía y su carácter de eterna entre la especie humana.

Para los puristas y fieles a la obra original, este filme de seguro les traerá desencanto. Pero, en mi caso -aunque la obra de Moliére me resulta de muy grata recordación y me encantaría ver una adaptación cinematográfica con todos sus personajes, que se ajustara a sus magníficos diálogos y a su fabuloso tono de comedia mordaz y edificante- la versión de Murnau también me agrada porque creo que logra, con su proverbial eficacia fotográfica y con actores muy calificados, dar cuenta del mensaje principal de Moliére pese a que, por tratarse de cine mudo, era obligado hacer más visual lo que en la obra se sostiene, en mucho, con base en los diálogos.

El filme, probablemente, lo disfrutarán más quienes no hayan leído la obra, pero les sugiero que la lean luego porque, “TARTUFO”, es un gusto que nadie debe perderse. ¡Ah! Y al final, estoy seguro que desearán regalársela al cura de su barrio, a la profesora de su hijo(a), a su querida suegra… o al político de la familia, pues en estas comunidades abunda la hipocresía. ¿O qué tal que, de pronto, fueras tú quien debiera mirarse en el espejo?

¿Cuándo habrá de ser que actuaremos con los demás como nos gustaría que actuaran con nosotros?
Luis Guillermo Cardona
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9
20 de septiembre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La familia Wells recibe una carta de un aristocrático pariente lejano, en la que se invita a una de las hijas a pasar una temporada en su castillo a cambio de que se ocupe, como institutriz, de Katrine la hija de la pareja. Miranda, la hija mayor de 18 años, convence a sus padres de hacer ella el viaje y pronto se hallará en una lujosa mansión donde conocerá a Nicholas Van Ryn, un extraño hombre cuya esposa evidentemente teme y la hija no siente ningún afecto por ellos. Educada en un marcado ambiente religioso, la hija del granjero, pese a todo, se siente atraída por aquel sórdido ambiente y por el personaje con el que comparte, un hombre contradictorio, galante y cordial con ella, pero con un ejercicio social bastante cuestionable aunque, paradójicamente, no rinde pleitesía a los aristócratas como él y deja ver muy claro que se siente entusiasmado con su modesta pariente. Escéptico y prepotente, pronto Van Ryn dejará entrever cuales son sus verdaderos propósitos y que está dispuesto a conseguirlos a como dé lugar.

Tras una larga y exitosa temporada como guionista y productor, el debut como director de Joseph L. Mankiewicz -el cual le fue asignado cuando Ernst Lubitsch enfermó- deja ya, claramente revelado, su gran talante para contar historias con alma y asidas poderosamente a la realidad. “EL CASTILLO DE DRAGONWYCK” es un retrato explícito y lúcido de alguno (o de todos) los incontados hombres soberbios y con afanes de sentirse dioses que han pisado, y pisoteado, la faz de la tierra.

Colmada de matices psicológicos sobre la megalomanía de los “poderosos”, el filme delinea simultáneamente el ineludible proceso que, más tarde o más temprano, comienza a desmoronar las ilusas pretensiones de aquellos hombres que, al final, son tan terrenales como los demás.

Vincent Price logra, en este cuento gótico, uno de sus más eficaces roles dando vida a Nicholas Van Ryn, el hombre para quien las mujeres sólo son recipientes del hijo varón que tanto añora para conservar su descendencia. Y Gene Tierney es Miranda Wells, la preciosa adolescente que cae en sus redes cuando, con su última esposa, ya ha quedado claro que no podrá darle otro hijo.

Basado en la novela de Anya Seton, el guión de Mankiewicz es muy fluido, con diálogos llenos de altura y pulcritud, y con unos personajes finamente delineados. La historia es contada cronológicamente entre 1844 y 1847, y la ambientación, sobre todo en los interiores, es sofisticada en todos sus detalles. Lo que sigue de aquí en adelante, es la consolidación del que sería considerado por muchos, el más culto de los directores de Hollywood.

Una pequeña cotilla que no demerita en nada a la película: El texto bíblico que lee Efraín, el padre de Miranda, cuando pide a ella que abra la biblia en un lugar cualquiera, es Génesis 21:14… y ella ha abierto el libro bastante adelante.
Luis Guillermo Cardona
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