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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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2027 críticas
9
26 de mayo de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Usted está convencido de que su esposa murió en un naufragio hace casi siete años. Ahora, ha vuelto a enamorarse y quizás usted piense en una nueva madre para los pequeños hijos que le han quedado. ¿Qué haría usted, si justo el día en que ha contraído matrimonio con su nueva enamorada, se entera de que su primera y muy querida esposa, continúa viva y ahora busca recuperar a su familia?

En este embrollo ha metido, el director Garson Kanin, al protagonista de su chispeante comedia “MI MUJER FAVORITA” (el título original es “My favorite wife”, pero decir eso es bigamia y es pecado, y tocaba suavizarlo para no meterse en líos con la inquisición). La situación es muy original y embarazosa… y para acabar de enredar las decisiones, nos daremos cuenta luego de que la esposita no es ningún sufrido angelito y que, en aquella isla donde pasó siete años “extraviada”, consiguió llevar a cabo una suerte de remembranza del paraíso, con Adán y Eva incluidos.

Con la maravillosa Irene Dunne, representando a Ellen Arden -la esposa reaparecida-desbordando ingenio, marrullas y encanto a borbotones, la situación resulta cada vez más ingeniosa y alocada, al tiempo que el pobre Nicky, el abogado tontuelo que representa con suma gracia el estupendo Cary Grant, se debate entre decirle la verdad a su nueva esposa Bianca o mandar al cuerno a la cachonda madre de sus hijos.

Escrita por Sam y Bella Spewack, con la colaboración del brillante escritor y director Leo McCarey (merecedores de una nominación al Oscar), era éste quien había comenzado a dirigir la película, pero un accidente en automóvil lo sacó del rodaje y él mismo decidió dejarla en manos de Garson Kanin quien era su amigo, y por entonces tenía ya alguna experiencia como director de comedias. Años después, más se oiría de Kanin como excelente guionista, siendo el autor de verdaderas joyas dirigidas por George Cukor como “La costilla de Adán”, “Nacida Ayer” o “La rubia fenómeno”, entre otras.

El punto de partida de esta disparatada y deliciosa comedia, fue “Enoch Arden”, el famosísimo poema de Alfred Lord Tennyson que ya había inspirado, entre otros, a David W. Griffith para su película del mismo nombre. Y para darnos esta pista, a la pareja principal se le puso a llevar el apellido Arden.

Llama también la atención ver a Randolph Scott, el reconocido héroe de tantísimos westerns, haciendo aquí del Adán que empaña la hoja de vida de la encantadora señora Arden, aunque también está dispuesto a casarse con ella.

Es muy probable que, Leo McCarey, haya asistido a Kanin durante el rodaje del resto de la película, porque en el filme se adivina el espíritu de ambos. Y la magia que, McCarey, había ya impregnado en sus anteriores y memorables comedias con Irene Dunne, “La pícara puritana” y “Tú y yo”, reluce de nuevo aquí, en esa romántica compenetración en la que el amor late muy hondo y el espíritu de re-unión familiar está dispuesto a salirse con la suya.
Luis Guillermo Cardona
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8
20 de mayo de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brad Allen es un compositor de revistas musicales –con más tiempo para hacer de donjuán que de escritor de canciones-, quien se ve obligado por las circunstancias a compartir su línea telefónica con la atractiva y difícil decoradora Jan Morrow, a quien, un auto último modelo, no la seduce en lo más mínimo como para caer en la trampa del matrimonio.

Brad y Jan se desprecian y se insultan, mientras que, el adinerado Jonathan Forbes –promotor de la última revista que ahora escribe Brad- muere por atrapar el corazoncito de la rubia y llevarla al altar de los incumplibles juramentos; y Alma, la alcohólica y anciana empleada de Jan, muere por ese Brad al que, en silencio escucha, seduciendo telefónicamente a una chica diferente cada tanto.

“CONFIDENCIAS A MEDIANOCHE”, es una de las más exitosas comedias realizadas en los años 50, la cual convirtió a Doris Day en la actriz más taquillera de aquellos años, al tiempo que le mereció su primera y única nominación al Oscar. Y sirvió también para que, Rock Hudson – quien traía un largo historial de dramas y aventuras- demostrara que tenía una especial vena para la comedia, al punto de completar luego, una trilogía con Doris Day (con “Pijama para dos” y “No me mandes flores”), la cual ya hace parte de las mejores películas de aquellos años.

Armado con un guión pleno de recursos muy variopintos y jocosos -que se llevaría un Oscar-, el director Michael Gordon, se pone en ascenso con una dirección bastante ágil y recursiva, en la que se sirve tan eficazmente de la split-image que termina por hacer escuela; da fuerza a cada imagen con una iluminación de tintes románticos y muy coloridos; resalta cada situación con unos sets de incuestionable buen gusto; y logra una dirección de actores impecable, con nombres complementarios como Thelma Ritter, quien obtendría su quinta de seis nominaciones al Oscar; Tony Randall, el perfecto perdedor dispuesto a hacer lo imposible para no perder al ser que ama; y Marcel Dalio, el irascible decorador francés, con tanto de buen gusto como de poco tino.

Prepárense para una turbulenta y muy divertida historia de amor... y especialmente, para una batalla de sexos que no dejará cama sin bajar... chica sin seducir... ni hombre sin someter…

Y has de tenerlo bien claro: Puedes tener una muy buena profesión, un excelente empleo y un apartamento de primera… pero si no tienes amor, todavía no has llegado a la gran meta.

Título para Latinoamérica: “PROBLEMAS DE ALCOBA”
Luis Guillermo Cardona
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5
21 de abril de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este es un hotel bastante curioso (particularmente cinematográfico podríamos decirlo): según vemos en el panel telefónico, debe tener bastantes habitaciones, pero solo sabremos de cuatro, ocupadas todas por gente bien “rarita” y muy adinerada… y en este día ¡solo un botones! está al servicio de sus ocupantes. Con un poco de buena y de mala suerte, todo está dado para que, Ted (Theo o Theodore) el muy ambiguo botones, tenga una jornada de fuertes emociones y de crueles sensaciones.

Segmento I: The missing Ingredient (El ingrediente que falta)

En uno de los cuartos del hotel, se presenta un aquelarre de atractivas brujas (Valeria Golino, Alicia Witt, Madonna…) quienes se encuentran preparando una particular mezcla de efluvios humanos con la que pretenden revertir un hechizo maligno que le hicieron a su diosa Diana. La directora Allison Anders demuestra que sabe de viñetas y de muchos colores, pero hasta ahí, porque su corto es de un morbo sin gracia y de una insustancialidad casi plena. ***

Segmento II: The wrong man (El hombre equivocado)

Título de rememoración hitchcokiana, para otro corto, dirigido esta vez por Alexandre Rockwell, más morboso aún, y de un pésimo gusto añadido, que nos deja todavía más vacíos que el anterior. A Jennifer Beals -la recordada chica de “Flashdance”-, con mucha dificultad le permiten abrir la boca, situación que debió haber sido para ella, un verdadero castigo. *

Segmento III: The misbehavers (Los niños malos)

El director Robert Rodríguez, nos concede por fin un respiro con este simpático segmento en el que, una suerte de ganster -bien representado por Antonio Banderas-, casado con una chica oriental –Tamlyn Tomita-, deja a sus dos hijos a cargo del botones al que le ha pagado una buena suma para que se asegure de que no vaya a ocurrirles ¡absolutamente nada malo!, mientras ellos salen para una fiesta. Será una alocada y divertida situación en la que, la pequeña Lana McKissack, será junto a Tim Roth quien por fin nos deje ver algo de actuación y de verdadera gracia.*******

Segmento IV: The man from Hollywood (El hombre de Hollywood)

Con sus habituales afanes de cinefilia, Quentin Tarantino (director y protagonista de este último segmento), al lado de un camuflado (¿avergonzado?) Bruce Willis, y de nuevo con Jennifer Beals (otra vez sin poder hablar), se pega fácil de un viejo episodio de la serie “Alfred Hitchcock presenta”, basado en el clásico cuento de Roald Dahl, que protagonizaron Peter Lorre (el maquiavélico apostador) y Steve McQueen (el tipo que arriesga su meñique), y que él recuerda como “El hombre de Río” pero que, en inglés se tituló “Man from the south” (1959) y del que también existe una segunda y muy interesante versión, realizada en 1985, con John Huston como el jugador-verdugo que empuñará el hacha de carnicero confiando en ganar la apuesta. Sin el vigor hitchcockiano, Tarantino asume el objetivo de demostrar que la ambición rompe el saco, y que por la plata baila el perro… y el blandengue del botones quizás esté dispuesto a corroborar esto último. *****
Luis Guillermo Cardona
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8
16 de febrero de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se trabajaba en la producción de “Un día en las carreras”, el productor de la MGM, Irving Thalberg, murió cuando apenas tenía 37 años. Ya había dejado un respetable historial (“EL gran desfile”, “Ben-Hur, “La viuda alegre”, “Gran Hotel “, “Rebelión a bordo”…) en el que nunca quiso que figurara su nombre porque él creía que “la publicidad es algo que debe darse a los demás”. Para los Hermanos Marx (en especial para Groucho), Thalberg era el único genio que existía en Hollywood y siempre le agradecieron que les hubiera producido las, para ellos, sus dos mejores películas: “Una noche en la ópera” y “Un día en las carreras”. Incluso por esos días, Groucho llegó a decir emocionado: “Mi interés por el cine desaparecerá el día que Thalberg se aleje de nuestras vidas”.

Cuando falleció aquel estimado productor, los Marx se sintieron perdidos… pero contra todo, el director Sam Wood, consiguió que “Un día en las carreras” pudiese llegar a buen puerto. Por estos días, la productora RKO, viendo el lío en que se hallaba la MGM, se interesa en llevarse para sus toldas a los exitosos hermanos… y entonces se parte de una obra que había sido un gran éxito en Broadway, “Room Service” de John Murray y Allen Boretz, y se entrega al notable escritor Morrie Ryskind, para que la acomode al estilo de los hermanos Marx.

Vista como tal, la obra me parece estupenda. Es ágil, recursiva, novedosa respecto a lo que ya era común en los comediantes; consigue sostenerse, sin aburrir ni un minuto, en prácticamente un solo set; se ahorra, por primera vez y felizmente, los aburridos segmentos musicales de sus filmes anteriores y logra momentos de mucha creatividad y realmente divertidos.

Pero, y este es un pero no tan pero, se nota que, más que un filme de los Hermanos Marx, este es un filme de Donald McBride quien, como Gregory Wagner el supervisor del hotel, ya había triunfado en los escenarios teatrales, y quien sin duda, se lleva las mayores palmas desde el comienzo hasta el final. Su rol como el riguroso defensor de los intereses del hotel, empeñado en sacar a la tropa de actores que comandan los Hermanos (socios en el filme), y sobre todo a estos, pues ya deben una considerable suma y no han pagado ni un solo peso, da origen a situaciones inolvidables que McBride asume con un magnífico histrionismo.

Después, los Marx optarían por volver a la MGM, pero “EL HOTEL DE LOS LÍOS” queda como una estupenda película, aunque no sea como sus predecesoras, “una película de los Hermanos Marx”, sino una película con ellos como co-protagonistas.

Seis años después (1944), la obra sería filmada de nuevo por Tim Whelan como un musical, con el título “Step Lively”, y con el notable Walter Slezak, como el supervisor del hotel.

Título para Latinoamérica: “SERVICIO DE HOTEL”
Luis Guillermo Cardona
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9
1 de febrero de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para Jean-Marc Clement, el acaudalado ascendiente de los multimillonarios Clement de Francia que se hicieran ricos a cuenta de guacas, armas, globos, mujeres ricas, torres… la vida es aparentemente perfecta, pues pareciera tenerlo todo: empresas, acciones, edificios, autos de lujo… sin faltarle las chicas con las cuales puede tener una aventurilla cada día de la semana, si se le antoja.

Uno de sus asesores, va a enterarlo de que, en la calle 14 de Greenwich Village, un modesto grupo de teatro está trabajando en el montaje de una revista, cuyo mayor propósito es ponerlo en ridículo ante la sociedad, pues piensan que lo que hace con su fortuna es vergonzoso.

Atendiendo a una sugerencia del asesor, Clement decide asistir a un ensayo de la obra. Allí se embelesa con una coqueta rubia conocida como Amanda Dell, que hace de cantante y bailarina… y pronto, el multimillonario termina convertido en un “modesto desempleado” aspirando a un papel en la revista por su ´gran parecido´ con el criticado francés, y para el caso, ha adoptado el “desconocido” nombre de Alexander Dumas… sí, el mismo del autor de “Los tres Mosqueteros”.

En uno de los más bellos roles que pudo interpretar en su vida Marilyn Monroe –y este sería prácticamente el último, puesto que, su siguiente película “Something’s got to give”, en la que aparecía de nuevo con el director George Cukor, quedó inconclusa ante el advenimiento de su misterioso deceso-, su presencia, además de magnética como la sensual estrella de la revista que se está montado, resulta ejemplarizante y conmovedora, dada la integridad, el sentido solidario y la transparencia que asume como mujer. Para Clement –y para nosotros- a una mujer así nos resulta muy fácil amarla, porque es de aquellas, sensatas y claras, que eligen a un hombre por lo que es y no por lo que tiene.

Ives Montand, hace una magnífica segunda figura –con Marilyn es muy fácil pasar a segundo plano- y como el adinerado don Juan que quiere evitar que lo pongan en ridículo, hace el ridículo durante toda la película, pretendiendo ser el comediante-cantante-bailarín de revista, que ni ayudándose de grandes como Milton Berle, Bing Crosby y Gene Kelly, consigue emerger del pozo. Gran sutileza la del director George Cukor y su guionista Norman Krasna, pues es una forma muy inteligente de salirse con la suya, jugando a los caballeros.

Otros grandes actores como Tony Randall, Wilfrid Hyde-White y Dave Burns, se convierten en fuertes pilares de esta estupenda comedia-musical, que luce muy bien dosificada, sirviendo también de reflejo para que veamos como se mueven aquellos –muy tristes seres- que se hacen a la conquista y al éxito mediante el soborno, el alto pago y/o la manipuladora influencia. Al tiempo, una bella lección de mujer adorable por dentro y por fuera, queda plasmada para satisfacción nuestra y para gloria de aquella frágil muchacha rubia, que ya pertenece a la historia del arte y a la eternidad.

Título para Latinoamérica: “LA ADORABLE PECADORA”
Luis Guillermo Cardona
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