68 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Desde su debut como director Wes Anderson ha conseguido dos cosas: hacerse con un estilo personal y poner de acuerdo a toda la crítica a la hora de rendirle pleitesía. El problema es que sus películas vienen marcadas por unos personajes estrafalarios y un sentido del humor no siempre fácil de entender (prueba de ello es la poca gente a la que se escucha reir en toda la sala) lo que provoca que no sea nada fácil entrar en sus historias ni disfrutar de ellas. Nadie le niega su capacidad como director y su brillantez a la hora de mover la cámara. Tampoco su capacidad innata para dirigir repartos corales donde cada personaje suele disponer de su momento de gloria. Pero su capacidad para generar emociones está bastante más abajo de lo que algunos pretenden hacer creer. Y eso que en esta película que nos ocupa “Moonrise kingdom”, la narrativa es algo más accesible que en anteriores trabajos y los personajes ya no parecen todos salidos de un manicomio, aunque alguno sí hace méritos para entrar. Pero la perplejidad con que uno va observando el devenir de la historia no ayuda en nada a entrar en ella y no consigue que esta le transmita ninguna de las emociones que a priori persigue. Así pues, la historia de Sam y Suzi en la que en principio muchos de nosotros nos podríamos ver reflejados, nos pasa por delante como un cuento friki de un autor que sabe que actúa con red.
24 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
"Cyrus" pertenece a aquel tipo de películas de las cuales te esperas otra cosa. Todo su envoltorio (trailer, cartel, sipnosis y la presencia de Jonah Hill en su reparto) hace pensar que nos vamos a encontrar con la típica comedia independiente que te va a dar unos cuantos gags algo conseguidos pero de la que no puedes esperar gran cosa más. La primera escena parece confirmar todas las sospechas, e incluso la escena siguiente reafirma la línea pero hay algo ya en esa fiesta que induce a pensar que la película va a tomar otros felices derroteros. Primeramente hay que advertir que "Cyrus" posee una serie de personajes más sólidos que los que acostumbran a pulular por este tipo de producciones. Aquí no se trata de apelar al chiste fácil y amenizarlo todo con cancioncitas de pop de autor. "Cyrus" va mucho más allá y apoyado en la espléndida interpretación de John C. Reilly, que carga con uno de los personajes más íntegros que uno ha tenido el placer de contemplar últimamente, destripa una relación a tres bandas en la cual salen a la superficia todas las miserias amorosas y sentimentales que marcan el devenir del ser humano de nuestra era. Desde los celos hacia la nueva pareja de tu ex, al miedo a la soledad y al daño emocional pasando el sentimiento de pertenencia madre-hijo. Los hermanos Duplass abordan la historia desde el convencimiento del que sabe lo que quiere contar y cómo lo quiere contar, haciendo un ejercicio de condensación narrativa en un ajustado metraje al que solo le falta algo más de intensidad dramática en algunos momentos y algo más de protagonismo por parte de una Marisa Tomei a la que se la encuentra algo desubicada. En todo caso una agradable sorpresa de dos directores a tener en cuenta que han sabido tratar al espectador como adulto alejándose de tópicos y de rasgos de género anquilosados,construyendo una historia que empieza como una comedia y acaba adquiriendo trazos mucho más dramáticos, y que culmina en una escena final de mágico sabor agridulce.
Lo mejor: John C. Reilly.
Lo peor: que la gente entre convencida de que va a ver una comedia sin más.
23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
“Melancolía” es una película con el sello personal de su autor. Igual que hizo con su anterior “Anticristo”, “Melancolía” empieza con un breve prólogo en el que la música y las imágenes ralentizadas se fusionan en unos instantes de evidente belleza cinematográfica. También, como en su penúltimo trabajo, Von Trier hace uso de un hermetismo narrativo que dificulta el seguimiento de la historia, desconcertado como está el espectador ante las reacciones, muchas veces incomprensibles, que experimentan los diferentes personajes. La diferencia, y el principal problema bajo mi punto de vista, es que si en “Anticristo” a pesar de las dificultades Von Trier sabía captar la atención del espectador y solo lo dejaba ir en escasos momentos, la historia de Justine, la principal protagonista de “Melancolía” no logra enganchar ni de entrada y es fácil desconectar del film en su primera parte, sin duda la más floja de las dos que componen la película. Y aunque en su segunda parte parece claro que el film gana en interés, cuesta ya recomponer el feeling con la platea, y más si el ritmo, las interpretaciones y los acontecimientos siguen al servicio del lenguaje plástico que Von Trier se empeña en imponer por delante de cualquier consideración. Así pues, “Melancolía” puede resultar visualmente agradable de contemplar, con planos particularmente bellos y uno especialmente grandioso, el final. Lo malo es que para llegar a él, hemos tenido que aguantar más de dos horas de cine anodino y, hay que decirlo claramente, excesivamente pretencioso.
Lo mejor: el impresionante último plano.
Lo peor: su primera parte que lastra irremediablemente el resto de la película.
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Dice Eliseo Subiela, el director de “No mires para abajo”, que esta es la película que le hubiera gustado ver en su adolescencia. Y seguramente gran parte de los problemas de este film, al que hay que reconocer sus grandes dosis pedagógicas, están precisamente en que Subiela ha realizado una película temporalmente desubicada. Pretender educar sexualmente al público en la era de la ciber.información se antoja como una empresa atrevida pero con pocas posibilidades de salir exitoso, y hacerlo con la historia de una pareja que le pone nombre de persona a sus órganos genitales es tantear demasiado el ridículo para acabar irremediablemente cayendo en él.
La película tampoco funciona como historia de amor, que al fin y al cabo no es otra cosa, pues, y a pesar de todas las posturas y numeritos eróticos, la pareja protagonista no transmite ningún tipo de magia ni pasión y los esfuerzos de Subiela por darle a la cinta un tono poético impregnado de surrealismo desembocan en pobres resultados. Solo algún aislado pasaje, como el abrazo al ciprés en las alturas, dejan ver algún poso de inspiración en el director argentino. Escaso bagaje para una película que ni a estas alturas puede escandalizar a nadie, ni su historia de amor tiene la suficiente fuerza para llegar a provocar demasiadas emociones a un público que ni con 81 impulsos acaba de quedar satisfecho.
Lo mejor: los diálogos entre los dos hermanos.
Lo peor: su apariencia de película pasada de moda.
22 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
No me parece nada extraño que “Bienvenidos al norte” haya batido records de recaudación en su país de origen, Francia, pues la película de Dany Boon tiene todos los ingredientes que caracterizan a las mejores comedias. Unos personajes entrañables y bien definidos, con los que el espectador se puede identificar fácilmente, una historia que no por previsible en muchos momentos deja de ser agradable y efectiva y pizcas de “slapstick”, comedia costumbrista y gotas de romanticismo hacen del film un producto de aquellos que salen de vez en cuando y que es apropiado para todo tipo de público. Diríamos que Dany Boon parece inspirado por la misma musa que en su día ayudó a Roberto Benigni a crear “La vida es bella”, película con la que “Bienvenidos al norte” comparte no pocas cosas. Sobre todo ese mensaje optimista, de superación de todas las dificultades que la vida va poniendo en nuestro camino, de la lucha al fin y al cabo por ser feliz sea cual sea el entorno en el que nos ha tocado vivir.
El problema que puede presentar esta película es su carácter eminentemente local, que juega constantemente con referencias al estilo de vida de la gente del norte de Francia y en concreto a su lenguaje, con lo cual es muy recomendable verla si es posible en versión original para intentar no perder ninguno de los matices en los que se apoyan algunos de sus mejores gags y disfrutar plenamente de la divertida actuación de Kad Merad y Dany Boon, su pareja protagonista, símbolo de la amistad y el buen rollo que preside todo el film y cuya mejor muestra es la serie de tomas falsas que acompañan los títulos de credito finales del film.
Lo mejor: no baja el tono en ningún momento.
Lo peor: que el doblaje seguramente la hará perder gran parte de su atractivo.