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| 6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ignasi Borràs
Manresa (España)
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Su valoración:  |
13 de Abril de 2009 |
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Excelente film bélico rodado en Europa, con apuntes psicológicos del director de "Grupo Salvaje" por lo que le sirve de pretexto para justificar su visión de la violencia más cruda en la fría contienda de la Unión Soviética invadida por las tropas alemanas. Estamos ante un Peckinpah en su etapa final que ya empezaba a declinarse. Sus "westerns" habían pasado a mejor vida.
Pero faltaba rodar una película bélica sin olvidar su particular tarea de montar los míticos planos de sus anteriores films; ralentís de soldados cayendo en combate y la sorprendente habilidad de compaginar el sonido con las secuencias de batalla, sin olvidar el sonido de metralletas y explosiones que rodean a sus atrincherados anti-héroes, como matiz a la idea de que no solo de violencia se tiñe este largometraje, sinó también de un portentoso antibelicismo evidenciado en los rostros de cada uno de los protagonistas.
No falta decir que los títulos de crédito iniciales lo dicen todo; con la triste canción infantil alemana "Hänschen Klein" (Pobre Juanito; sobre un niño que se despide de su mamá) apreciamos imágenes de archivo alternadas desde diferentes extremos de esa suprema Alemania que quiso reconstruir Hitler partiendo de la máquina publicitaria nazi (desfiles; juventudes hitlerianas escalando montes; vida privada del Führer,etc...) con de los vencidos soldados... Y Peckinpah se recrea en el realismo patente de las vencidas tropas de la Wermacht; hartos y cansados de las promesas incumplidas desde su lejana tierra y a un pie de la muerte en territorio hostil.
Es en ese escenario donde Steiner (James Coburn) es ascendido a sargento, sin olvidar que en el uniforme lleva la Cruz de Hierro por su heroismo y valerosidad, aunque esa distinción ya no le sirve de nada para él. En la guerra es un deshumanizado salvaje que merece el respeto de sus compañeros de pelotón y del coronel Brandt (James Mason) y el capitán Kessel (David Warner), pero no así de su superior Stransky (Maximilian Schell) que quiere oler la guerra y la muerte como nadie. Incluso el propio Steiner, intentará persuadirle. Pero los fines del capitán de despacho y palacete Stransky, educado en la aristocracia prusiana, es de pasearse e impresionar a las francesitas con su Cruz de Hierro en hipotético permiso por las calles de París. Su inmadura ambición la acabará pagando Steiner y sus hombres en una misión suicida.
Pero es en lo psicológico lo que recrudeze esta gran película. El duelo entre clases diferentes y carácteres opuestos; el veterano contra el principiante. El enfrentamiento final Schell-Coburn merece estar en la antologia del cine bélico en la escena en que se ven acorralados por los imparables tanques rusos. "Le enseñaré como lucha un oficial prusiano" le dice Stransky a lo que Steiner le acomete con la lapidaria frase; "Y yo le mostraré donde crecen las Cruces de Hierro".
Gloriosos bastardos los de Peckinpah.
Ignasi Borràs 
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| 5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tio Penthal
Ciudad Real (España)
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Su valoración:  |
11 de Julio de 2008 |
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Si os gusta el cine de Peckinpah y no la habeis visto, ireis de cabeza al infierno. Quizás sea mejor película "Grupo salvaje", pero esta es sin duda un referente del cine en general, y del cine bélico en particular. Impregnada del desencanto hacia la especie humana que marca gran parte de la obra del tío Sam, está repleta de momentos mágicos, hipnóticos que en manos de otro director podrían rozar el ridículo. La actuación de Coburn y Schell es magnífica, y muy poquitas cosas chirrían en el desarrollo de la película. En fin, muy recomendable.
Tio Penthal 
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| 5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jamago1978
Madrid (España)
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Su valoración:  |
6 de Febrero de 2010 |
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No es el mejor Peckinpah, tampoco el peor. Soy de los que prefiere una película irregular, con momentos grandiosos, a una película correcta sin más. Unas cuentas secuencias espléndidas pueden hacer buena una película. Creo que algo parecido decía Hitchcock. Y en "La cruz de hierro" las escenas y diálogos míticos abundan.
No voy a negar que el montaje es caótico y a ratos un auténtico despropósito. La historia avanza a trompicones, de manera confusa. Sin embargo, la película nos cuenta lo que quiere contar; la guerra es una mierda y en ella también hay ricos y pobres, gente con honor y auténticos gusanos, hombres y ratas. A veces puede resultar demagógica o incluso simplona, pero nunca pierde de vista la épica, y eso se agradece.
No es "Grupo salvaje", pero en "La cruz de hierro" la violencia y la derrota siguen siendo poesía (aunque un poco menos).
jamago1978 
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| 5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Farinhas
Bilbao (España)
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Su valoración:  |
10 de Febrero de 2010 |
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En los créditos iniciales, en el momento en el que se dice “directed by: Sam Sam Peckinpah”, suena una gran explosión. ¿Coincidencia, casualidad? Personalmente, no lo creo. Representa que, cada vez que este hombre dirigía algo, explotaba, era un bombazo, pura dinamita, y con razón, esto es: por lo extremadamente humanos que eran sus personajes (con todo lo bueno y malo que suponga dicha condición), por los temas que elegía, por su tratamiento del sexo y la violencia, y por encontrar mucho lirismo y belleza precisamente en ésta última.
El pelotón, encabezado por un frío Coburn, representa muy bien las bases de lo que luego acabaría llamándose existencialismo. No hay verdad absoluta, salvo la guerra. Aún así, relata la camaradería como nadie, la cual se maxifica en el campo de batalla. El guión recoge sobrecogedoras frases como, “-¿Qué haremos cuando acabe la guerra?”; -Esperar a la siguiente”. También se describe el respeto al enemigo, a la juventud, la forma en la que se pierde la coherencia ante las voluptuosas curvas de las féminas… en suma, aquellos aspectos vitales que precisamente nos convierten en humanos.
El tratamiento que inflige sobre la violencia es soberbio, ralentizando los tiroteos, donde la sangre brota en efluvios lentos, dotando de un gran lirismo, de manera que la imagen es bella, a pesar de retratar la crueldad más absoluta que es la muerte del hombre por el hombre. Un mensaje nos queda claro, la violencia es condición humana, y hay que reprimirla.
Se vuelve a ver la diferencia de clases dentro del estamento militar. Los “aristócratas prusianos”, que no alemanes, que buscan una cruz de hierro como sea, para autoafirmarse, pero no quieren salir de la trinchera, ni ensuciarse de barro. Los soldados, los verdaderos mártires de un guerra injusta y en la que no creen… toda una serie de elementos antibelicistas, con la innovación de hacerlo desde el punto de vista del ejército nazi. Todo un atrevimiento.
Destacaría también este atrevimiento en ciertas escenas concretas, teniendo en cuenta la época en la que se rodó, tales como felaciones y el constante homo-erotismo entre ciertos militares, jugando constantemente con la ambigüedad sexual de los mismos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Me quedo con la escena final, a Coburn riéndose histéricamente del asustado Capitán que nunca jamás había pisado el campo de batalla. Matarlo habría sabido a poco. La humillación de un aristócrata siempre es mejor que matarlo directamente. La muerte habría sido demasiado rápida. Esta escena va precedida de una conversación cuyo colofón resume el film en dos lapidarias frases:
- El Capitán: “Le enseñaré cómo pelea un aristócrata prusiano”.
- Corburn: “Le enseñaré dónde se ganan las cruces de hierro”.
Farinhas 
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Es uno de los mejores bélicos de todos los tiempos, Peckinpah puso todo su sangriento talento ( Grupo salvaje, La cabeza de A. García ) en recrear de manera directa, cruda y sin remilgos la realidad de la guerra, tanto en el frente como en las retaguardias.
El mensaje antibelicista y anti-mandos es claro y rotundo; las escenas son de realidad aplastante. Las interpretaciones ( sobre todo un gran Coburn ) muy buenas.
Se nota que Peckinpah y Leone ( el de Hasta que llegó su hora ) son los maestros de un grupo de aficionados imitadores, algunos muy populares como Tarantino; pero mientras los Malditos bastardos de éste, resulta un tímido y desapasionado homenaje, los de Peckinpah van directos al infierno con el equipamiento de lo auténtico.
De 8 para arriba.
Juan Spedvagon 
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