El príncipe de la ciudad
1981 

7,1
2.127
Thriller. Drama
Daniel Ciello, un policía neoyorquino de origen italiano, a fin de librarse de ciertas implicaciones en prácticas heterodoxas, acepta colaborar con asuntos internos para sacar a la luz diversos casos de corrupción; pero lo hace con una condición: no delatar a sus compañeros. Sin embargo, las cosas no van a ser tan fáciles. (FILMAFFINITY)
30 de noviembre de 2009
30 de noviembre de 2009
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sidney Lumet ya había alcanzado uno de sus mejores momentos con esa severa denuncia a la corrupción policial que fue "Serpico", pero eso no impidió que regresara al tema tras entusiasmarse con la novela de Robert Daley, basada en hechos reales; por si fuera poco, además se arriesgó a filmar una película que terminó durando casi tres horas, y con un elenco lleno de rostros a los que el público masivo apenas identificaba, partiendo por el protagonista. ¿El resultado? Una cinta que pese a tres nominaciones al Globo de Oro y una candidatura al Oscar, pasó casi desapercibida para la crítica, y aún más para la taquilla. Tal vez su opresiva desesperanza –acentuada por la banda sonora de Paul Chihara- no fue apreciada como se merecía en su momento, pero con el tiempo "El príncipe de la ciudad" ha llegado a ser considerada como uno de los hitos en la carrera lumetiana, y como el propio realizador revela en su entretenido y fascinante libro “Así se hacen las películas” (Making movies, 1995), él la recuerda uno de sus trabajos más estilizados, e incluso Akira Kurosawa elogió su “belleza”.

Treat Williams
Y es que en verdad, si la vemos ahora que han pasado casi 30 años, es imposible no admirar todas sus virtudes: aunque es inevitable encontrar ecos de los directores que habían remecido el Hollywood de los años 70 –Scorsese, Ford Coppola, De Palma-, Lumet logró realizar un trabajo personal y sin concesiones, que sorprende por los detalles de una puesta en escena que parecía simple, pero se revela compleja y elaborada. "El príncipe de la ciudad" destaca por su dureza y violencia, por el aliento trágico que lo recorre, por los alcances morales de su historia, diestramente desarrollada en un potente y denso guión, el primero de los cuatro que el director ha tenido a su cargo a la fecha, co-escrito con Jay Presson Allen ("Marnie", "Cabaret"). Al disectar el atormentado proceso que vive el policía Daniel Ciello, quien se va quedando progresivamente solo mientras se ve obligado a delatar a sus compañeros, Lumet filmó una de las grandes tragedias del cine de las últimas décadas, que elude la épica para ahondar en el desencanto, en una trama que se va haciendo cada vez más agobiante para el espectador, casi tanto como para su protagonista, un Treat Williams en estado de gracia, vibrante y emotivo en su humanidad y desesperación, particularmente cuando empieza a sumergirse en la paranoia. Notable.
21 de marzo de 2016
21 de marzo de 2016
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es difícil poner pegas a esta poderosa indagación -inserta en el vasto grupo de producciones de Sidney Lumet sobre asuntos de corrupción policial, entre las que destaca, por encima de todas “Serpico” (1973)- en torno al periplo personal y moral de un corrupto policía arrepentido de la brigada de estupefacientes de Nueva York que va sacando a la luz todos los trapos sucios del departamento. Con un estilo tenso y realista Lumet despliega, con absorbente parsimonia, esta amarga y desesperanzada película, profunda y turbadora a un tiempo, cuyo guion adaptado, obra del propio Lumet en colaboración con Jay Presson Allen, ganó un Oscar. Con la detallada fotografía de Andrzej Bartkowiak, y una gran ambientación de calles, oficinas y de los mundillos de la droga -el propio Akira Kurosawa elogió la producción- es igualmente un afilado análisis de los ambivalentes sentimientos del personaje, las enormes presiones a las que debe hacer frente y la impregnación que va dejando en su familia y en su alrededor más inmediato, hasta acabar por estallar todo en un callejón de difícil salida. Con una intensa más que convincente interpretación de Treat Williams en el papel protagonista, acompañado de un plantel excelente de secundarios, tan sólo cabría poner alguna pega a su excesiva duración de casi tres horas aunque no llega aburrir en ningún momento. Por lo demás, magnífica película.
13 de noviembre de 2020
13 de noviembre de 2020
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El detective Daniel Ciello acepta cooperar con asuntos internos para investigar casos de corrupción en la policía, con una sola condición: no delatar a sus compañeros.
Como en "Serpico", Sidney Lumet se basa en hechos reales para explorar la corrupción policial con realismo y crudeza, desde la complejidad. Filma la odisea de un agente atormentado por la mala conciencia que un día decide redimirse. El tono es casi documental, seco, preciso. Observamos la utilización que hace la policía de los yonquis, la relación con los reyes de la calle, el dinero que entra de origen ilícito. También los diferentes intereses que se mueven cuando Ciello se convierte en un peón del juego de la ley, un títere en manos de altos poderes; atisbamos el sufrimiento de su familia, sus remordimientos, los problemas con la justicia, el peligro acuciante, la sensación de que más le valdría haberse estado callado.
Una historia potente dirigida con talento a la que perjudica su larga duración (casi tres horas).
Como en "Serpico", Sidney Lumet se basa en hechos reales para explorar la corrupción policial con realismo y crudeza, desde la complejidad. Filma la odisea de un agente atormentado por la mala conciencia que un día decide redimirse. El tono es casi documental, seco, preciso. Observamos la utilización que hace la policía de los yonquis, la relación con los reyes de la calle, el dinero que entra de origen ilícito. También los diferentes intereses que se mueven cuando Ciello se convierte en un peón del juego de la ley, un títere en manos de altos poderes; atisbamos el sufrimiento de su familia, sus remordimientos, los problemas con la justicia, el peligro acuciante, la sensación de que más le valdría haberse estado callado.
Una historia potente dirigida con talento a la que perjudica su larga duración (casi tres horas).
13 de abril de 2011
13 de abril de 2011
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia real de un policía que en un ataque de conciencia quiso denunciar algunas irregularidades y terminó delatando a sus compañeros y marcando un antes y un después en la historia de la policía de NY. Narración meticulosa e implacable. Desde un punto romántico o nostálgico, la ambientación, los exteriores, el vestuario setentero, con unos actores que no son conocidos, no es otra cosa que un auténtico viaje de placer. Mi interpretación en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Son comunes las películas en las que los policías se sumergen tanto en el mundo de la delincuencia y la miseria que llegan a formar parte de ella. No sólo por convertirse en delincuentes, sino también, desde la más firme moral, estar atrapados en su labor. Un ejemplo es 'Ley 627', de Tavernier. El protagonista, por su profesión, lleva una vida igual de miserable y sin rumbo que los yonquis a los que persigue. Y lo que hace, por muy en serio que se lo tome, tampoco sirve para nada.
En este caso, al principio vemos a los toxicómanos, dependientes, enganchados, forzados a vivir en la podedumbre por su adicción. Cuatro espabilados les sacan la sangre, la policía les trata como subhumanos. No valen más que el poco dinero que puedan reunir o los chivatazos que puedan dar. El protagonista, un policía, convive y trata con ellos en las calles. Su unidad ya ha traspasado hace tiempo la línea que diferencia el delito de la ley y simplemente impone su orden en el caos y saca provecho de ello.
En este caso, al principio vemos a los toxicómanos, dependientes, enganchados, forzados a vivir en la podedumbre por su adicción. Cuatro espabilados les sacan la sangre, la policía les trata como subhumanos. No valen más que el poco dinero que puedan reunir o los chivatazos que puedan dar. El protagonista, un policía, convive y trata con ellos en las calles. Su unidad ya ha traspasado hace tiempo la línea que diferencia el delito de la ley y simplemente impone su orden en el caos y saca provecho de ello.

Treat Williams
Como es joven, es captado por una investigación de corrupción en la policía. Todavía no le ha dado tiempo a corromperse, tiene una carrera meteórica, es el eslabón débil de su grupo, corrupto hasta las orejas. Vemos que el personaje tiene sus desvelos por este motivo, que su padre le dice cariacontecido que todos saben que la policía es corrupta. Típicas chinitas diminutas pero que resquebrajan todo el cristal.Duda, pero al fin acude al ayudante del fiscal, se ofrece a colaborar, va de gallito, impone él las condiciones y....
...termina atrapado por los engranajes de la ley como un yonqui a la heroina. SU actitud chulesca del principio se va al garete. La gente con la que colabora va ascendiendo gracias a él y le abandonan por destinos mejores. Le van usando, para diferentes casos, unos y otros leguleyos. Todos sus compañeros le dan la espalda. Es un cadáver andante por las amenazas de muerte. Tiene que huir de la ciudad con su mujer y su hijo. Se le ve sudar, retorcerse de angustia. Comenta que cuando dice la verdad tiene la sensación de que miente. Su evolución no es distinta a la del yonqui que empieza en grandes fiestas, o la de la que termina puta engatusada por millonarios. Quería marcarse un punto a su favor e irremediablemente termina arruinando su vida. No parecía así al principio, pensaba que lo podía controlar, pero...
Por una veleidad moral pierde a todos sus amigos, trunca la vida de su familia, se convierte en un apestado y, encima, la ley también se vuelve contra él. Todo esto sin estar seguro de querer hacer lo que está haciendo. Y pierde el control de su delación. Termina contándolo todo. Enfrentado a todos. Solo. Y, además, proscrito para toda la vida en el cuerpo de policía. Su destrucción psíquica es devastadora. La película muestra cómo los débiles o los que dudan por un instante pero para siempre, los que dan ese traspiés de no dejarse llevar, en cualquier sentido o condición, pueden ser machacados, deglutidos y escupidos de la vida.
...termina atrapado por los engranajes de la ley como un yonqui a la heroina. SU actitud chulesca del principio se va al garete. La gente con la que colabora va ascendiendo gracias a él y le abandonan por destinos mejores. Le van usando, para diferentes casos, unos y otros leguleyos. Todos sus compañeros le dan la espalda. Es un cadáver andante por las amenazas de muerte. Tiene que huir de la ciudad con su mujer y su hijo. Se le ve sudar, retorcerse de angustia. Comenta que cuando dice la verdad tiene la sensación de que miente. Su evolución no es distinta a la del yonqui que empieza en grandes fiestas, o la de la que termina puta engatusada por millonarios. Quería marcarse un punto a su favor e irremediablemente termina arruinando su vida. No parecía así al principio, pensaba que lo podía controlar, pero...
Por una veleidad moral pierde a todos sus amigos, trunca la vida de su familia, se convierte en un apestado y, encima, la ley también se vuelve contra él. Todo esto sin estar seguro de querer hacer lo que está haciendo. Y pierde el control de su delación. Termina contándolo todo. Enfrentado a todos. Solo. Y, además, proscrito para toda la vida en el cuerpo de policía. Su destrucción psíquica es devastadora. La película muestra cómo los débiles o los que dudan por un instante pero para siempre, los que dan ese traspiés de no dejarse llevar, en cualquier sentido o condición, pueden ser machacados, deglutidos y escupidos de la vida.
6 de abril de 2012
6 de abril de 2012
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Daniel Ciello era un buen hombre. Padre de familia, y agente de policía del cuerpo de narcóticos de Nueva York. El rolex, las casas bonitas, una ropa de primera y coches buenos. Demasiadas cosas como para que las voces no hablarán de él, y de sus compañeros. Y una herida abierta: la mirada dolida de su padre y hermano. Quizás por ello, el bueno de Ciello decidió redimirse. Era el momento de ajustar cuentas, poner nombres y apellidos a todos los asuntos de corrupción que conocía. Ya no había vuelta atrás.
La trama argumental combina perfectamente las miserias de la corrupción con el naufragio moral del protagonista. Los miedos y temores de Ciello son captados a las mil maravillas por Lumet. A uno le cautiva la soledad de un tipo que tan sólo quería hacer las cosas bien, olvidar el pasado y reconducir su vida por cauces más apropiados. Todo ello lleva aparejado el proceso de investigación, el día a día de tan ardua tarea, que termina por mostrarse de un modo un tanto farragoso de cara al espectador.
La trama argumental combina perfectamente las miserias de la corrupción con el naufragio moral del protagonista. Los miedos y temores de Ciello son captados a las mil maravillas por Lumet. A uno le cautiva la soledad de un tipo que tan sólo quería hacer las cosas bien, olvidar el pasado y reconducir su vida por cauces más apropiados. Todo ello lleva aparejado el proceso de investigación, el día a día de tan ardua tarea, que termina por mostrarse de un modo un tanto farragoso de cara al espectador.

Treat Williams
Notable película. El gran Sidney Lumet desentrañaba aquí las miserias que azotan los bajos fondos de una gran ciudad como Nueva York. Narcóticos, dinero y agentes de la ley. Un escenario propicio para dar pie al germen de la corrupción. Quizás el resultado final de la cinta haya sido un tanto irregular. Los dotes de grandeza que posee esta historia se difuminan en un montaje complejo y aparatoso, además de cargar con el lastre de un metraje excesivamente largo. El gusto por el detalle de Lumet acaba siendo contraproducente, notando el espectador que ha faltado cierta sutileza a la hora de administrar los tiempos de esta historia.
En definitiva, imponente retrato acerca del mundo de la corrupción policial. Una historia grandiosa, bien ambientada pero irregularmente explicitada. Encontramos buena materia prima en 'El príncipe de la ciudad', tan sólo le podemos achacar la ausencia de esa brillantez narrativa que, por ejemplo, sí tenía 'Serpico' (1973).
En definitiva, imponente retrato acerca del mundo de la corrupción policial. Una historia grandiosa, bien ambientada pero irregularmente explicitada. Encontramos buena materia prima en 'El príncipe de la ciudad', tan sólo le podemos achacar la ausencia de esa brillantez narrativa que, por ejemplo, sí tenía 'Serpico' (1973).
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