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El proceso

Intriga. Drama Cuando un hombre se despierta por la mañana, se encuentra con que la policía ha entrado en su habitación y lo arresta, tras acusarlo de haber cometido un crimen.
Críticas 67
Críticas ordenadas por utilidad
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7
2 de abril de 2008
30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
1.

Acusado de un delito que desconoce y que nadie parece querer revelarle, el procesado no puede evitar considerar que tal vez sí haya hecho algo, que a fin de cuentas sí sea culpable. El sentido común se recompone y, con furia, no acepta este sometimiento, intenta revocar la sentencia. Todo aquel al que acude, todo aquel que acaba conociendo su desdichado destino, le presta una solícita ayuda, una comprensión tierna e infinita, pero algo en sus gestos les delata: no confían en realidad en la reversibilidad del proceso. Así, en esa suerte de escalera hacia el cadalso que es la travesía del Sr. K., cada uno de sus escalones (los compañeros de oficina, la súbitamente interesada vecina, la criada del abogado) cumplen la misma y ejecutoria función.

2.

Orson Welles volviendo a hacer de las suyas. Me refiero a que, de todos los papeles que podía elegir para interpretar, no elige el de un protagonista azorado por una presunta injusticia, sino que el suyo más bien es el de la presencia inquietante, aquel con una media sonrisa socarrona que nos hace pensar que nos escamotea algo, al igual que al desgraciado de K pendiente de su salvación. Y lo consigue con eficacia, ya que las escenas en las que aparece en pantalla son especialmente intensas.
Anthony Perkins & Orson Welles
En definitiva, una adaptación fiel de la obra literaria a la que sin embargo le reprocharía no haber intentado una interpretación tan apegada a la obra original, así como una marcada insistencia en el uso de lo kafkiano como simplemente absurdo cuando este adjetivo se abre a una consideración mucho más amplia.

3.

–Dime, tú, mi valiente amigo, que hombro con hombro hemos luchado contra tormentas y galernas, que supiste llevar mi nave a buen puerto, ¿por qué no puedes salvarme ahora?, ¿por qué me ajusticias con el lento puñal del tiempo?
Y tú, mi fiel esposa de compartido lecho, alivio y consuelo en la funesta hora, ¿por qué tan delicadamente ocultas mi destino?, ¿por qué me matas pacientemente con el veneno de tu comprensión?

- No te compadezcas. También tú eres mi callado verdugo.

4.

“En la representación o simulacro de proceso que solemos llamar vida humana, no hay jueces, no hay acusados, ni mucho menos inocentes y culpables, sólo hay verdugos” (en el artículo “Tres novelas que cambiaron el mundo” incluido en “Lecturas compulsivas”, F. de Azúa).
Jeanne Moreau
“Lo que ocurre en la cocina es el secreto de los que allí se sientan, y éstos lo guardan contra mí. Cuanto más tiempo se duda ante la puerta, más extraño se vuelve uno. ¿Qué pasaría si alguien abriera la puerta y me preguntara algo? ¿No aparecería yo acaso como alguien que quiere guardar su secreto?” (en “Regreso al hogar”, dentro de los Cuentos completos de Kafka).
9
12 de octubre de 2011
22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Welles lo olvidaron en América cuando vieron la arriesgada genialidad de sus proyectos. A Welles lo acogieron en Europa (Francia, España, Italia, Suiza, Gran Bretaña o Alemania) de forma abierta, permitiéndole sufragar sus proyectos de loco genio. A Welles siempre le gustó fusionar su talento al de otros genios y en este caso se sirvió de la inmortal y mítica obra de mi amado Kafka para componer una película impresionante y desbordante de toda la imaginería de su orondo artífice.
Welles penetra libre y muy personalmente en el laberinto kafkiano y como ya ocurriera con otras empresas de gran magnitud (sus adaptaciones de Shakespeare por ejemplo) el resultado es la fusión de dos materiales -el literario y el fílmico- en uno solo: la obra de Arte.
El argumento de "El proceso" es tratado por Welles como a Kafka le hubiera gustado (presupongo yo, me da ese pálpito, disculpen la osadía): demencial y oníricamente. Un empleado medio y gris (Perkins) es acusado un buen día de un delito inexistente por un sistema absurdo, prejuzgador, irracional, caótico. El empleado Josef K busca una respuesta a lo que le está ocurriendo envolviéndose en un universo laberíntico, claustrofóbico, fascinantemente oscuro. Welles aplica a "El proceso" un tratamiento estético expresionista, henchido de progresivo barroquismo, buscando en ese recargamiento un aumento de la sensación de inexplicabilidad, de densidad atosigante que rodea al protagonista de esta fábula o alegoría fantástica acerca de la Injusticia, la Culpabilidad/Inocencia, el Poder, el Sistema, del prejuzgamiento de la colectividad sobre el individuo, sin que a ésta le importen ni los motivos, ni los hechos, solo el resultado (¿les suena a hoy también quizás, no?). Se rodea de un grupo soberbio de intérpretes dónde brilla un Perkins en plena forma de personajes maltrechos y desequilibrados tras "Psicosis", Romy Schneider (¡qué gran actriz tan desaprovechada muchas veces;pobre Sissi!) y Takim Amiroff, junto a la siempre arrebatadora huella del propio Welles y las poderosas presencias de Moreau o Martinelli.
Anthony Perkins
Welles penetró hasta las profundidades del infinito laberinto de Kafka y uniendo ese laberinto al suyo, a su desbordante, desbordada y única mente logró salir por la puerta grande. El laberinto luego nos lo pasa a nosotros, en especial al Amigo Americano. Y ahora, califiquen del 1 al 10. Francamente da lo mismo. Obra maestra.

P.D.: Un fuerte abrazo amiga kafkiana brynhild54.
8
9 de mayo de 2009
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Welles se luce ante el reto de poner imágenes al texto de Kafka, no creía posible una mejor adaptación. Le he metido mano con todo el prejuicio que soy capaz de desarrollar cuando creo a priori en la imposibilidad de igualar en cine la buena literatura.
Me quito el sombrero caballeros, bajo mi punto de vista las sensaciones de amargura, indefensión, incomprensión y todo aquello que Kafka nos hace sentir con su pluma se repite con El Proceso de Welles. La ambientación, el blanco y negro y un excelente Perkins hacen que me dé cuenta de lo malo que es prejuzgar y lo bueno que es darse cuenta de haberse equivocado, lo reconozco.
Absolutamente recomendable tanto para el que haya leído a Kafka como para el que no.
9
18 de julio de 2010
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Proceso es, ya antes de visionarla, un hito, un acontecimiento histórico, el encuentro fílmico de dos de los mayores genios del S.XX, el escritor Franz Kafka y el cineasta Orson Welles. Pero al visionarla uno descubre que es mucho más que eso. Welles nos presenta un relato atormentado y atormentador sobre los entresijos del poder y como estos acaban por adormecer a todo un pueblo, sometido y resignado, corrompido en sus ideales.

La trama arranca cuando Josef K. es detenido, aunque realmente siempre ha sido un prisionero, de sí mismo y del sistema que ayuda a perpetuarse. Él no sabe porque lo detienen, nosotros tampoco, y eso nos carcome durante la primera media hora. Después nos dejamos embaucar por el poder visual de Welles y las palabras de Kafka, y ya nos da igual cual es su delito, si es que cometió alguno.

El Proceso trata el tema de la culpabilidad como muy pocos lo han hecho, pero no es tanto una culpabilidad individual, sino colectiva. Un sentimiento escondido y soslayado por una sociedad autodestructiva, que al desconocer su sistema legal se encuentra desprotegida ante unas esferas de poder inaccesibles.
Anthony Perkins
La justicia cegada y un entramado burocrático omnipresente son dos de los puntales de este mundo distópico que describe El Proceso. Los edificios son enormes y laberínticos, los ciudadanos se mueven de un lugar a otro recibiendo respuestas inconexas e ilógicas que serían el equivalente al “vuelva usted mañana” del que hablaba Larra. Cuando el Estado lo ocupa todo, la libertad individual queda relegada a su mínima expresión, y lo que en un principio iba a ser una sociedad perfecta acaba convirtiéndose en una terrorífica.

El mundo se oscurece, y la realidad se funde con lo onírico, dando como resultado una pesadilla asfixiante e hipnótica, que nos empuja a la locura mientras nos deslizamos por un camino farragoso lleno de personajes estancados y puertas que llevan a insospechados lugares. Nunca sabemos que habrá al cruzar el umbral, que nos deparará el futuro en un mundo que padece demencia colectiva.

Sólo sabemos que a cada paso que da K. se adentra más en el interior de un laberinto psicológico pero también físico, planteado brillantemente desde la Dirección Artística en perfecta sintonía con la dirección de Orson Welles, y los movimientos que la cámara hace bajo su batuta. Aunque nos podamos llegar a perder por el camino, todos sabemos desde el principio una cosa, la fatalidad se encuentra en el centro de la historia, haciendo que a K. le sea imposible escapar de su condena.
9
3 de julio de 2013
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
"El proceso" es una complicada producción europea basada en una obra de Franz Kafka, protagonizada por un ciudadano condenado a recorrer los crueles e inescrutables caminos de la ley y los aparatos del estado, que está contemplada y recreada desde la barroca e intencionada mirada de ese genio llamado Orson Welles.

Welles transfiere la época de la novela al momento contemporáneo, y lo que personalmente ha puesto en esa álgebra de puros valores son las experiencias, las vivencias, los pensamientos y el drama del hombre de hoy. Este hombre sobre el que pesa permanentemente la amenaza de una culpabilidad sin culpa, de un proceso sin proceso, y de una pena sin justificación, han sido la más espantosa concentración aritmética de la profecía kafkiana. Cada espectador puede sentir que cada escena, cada frase, cada personaje de la película se aplican sobre sí mismo, sobre su caso particular.

Quizás en esta obra envolvente las atmósferas y los decorados tienen más presencia que los personajes. Un desbordante torrente de imágenes de aliento expresionista, con unos techos angustiosamente bajos y unos inquietantes travellings recorriendo todo el relato, que nos proporciona una desoladora reflexión acerca del desamparo del individuo frente a las instituciones y sus ejecutores, ya sean abogados, jueces, policías, verdugos o simplemente funcionarios.
Pocas veces más el cine nos ha ofrecido una tan desesperada alegoría de nuestro sistema, perpetrada mediante una concepción estética de un barroquismo muy especial, entre onírico y expresionista.
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