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| 66 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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adrian vigo
Fuenlabrada, Madrid (España)
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Su valoración:  |
17 de Septiembre de 2005 |
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Al terminar de ver "La Quimera del oro" te entra la misma sensación que cuando acabas de tener un bonito sueño: alguna que otra lagrimilla de felicidad en los ojos, una sonrisa que no se borra de tu cara, y la sensación de que has aprovechado el tiempo a lo grande. Esta es una película bellísima, llena de momentos inolvidables (el baile de Charlot con los panecillos es realmente entrañable); con momentos en los que se antoja difícil no dejar escapar alguna que otra lagrima, como cuando el protagonista se queda solo en nochevieja; y con un final antológico (incomprensiblemente eliminado en la versión con narrador de 1942).
Los que ya la han visto seguro que envidian a los que no, ya que podrán disfrutar de este fantástico clásico por primera vez, una experiencia extraordinaria, como un bello sueño.
adrian vigo 
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| 46 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
20 de Abril de 2008 |
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Largometraje nº 3 de Chaplin. El guión, escrito por Chaplin, se inspira en documentación gráfica de los buscadores de oro, de la fiebre del oro de Klondyke (1896-98), y en el libro sobre el desastre del grupo Donner (1846). Se rueda en escenarios naturales de CA (L.A., San Fernando Valley, Sierra Nevada, Inverson Ranch) y Colorado y en los Chaplin Studios (Hollywood), durante 16 meses (entre enero-1924 y mayo-1925), con un presupuesto de 2 M dólares. Es nominado a 2 Oscar (sonido y música). Producido por Chaplin para la UA, se estrena el 26-VI-1925 (EEUU).
La acción tiene lugar en Alaska, en 1896. Charlot (Chaplin) llega a Alaska como buscador solitario de oro. A lo largo de su recorrido conoce a Georgia (Hale), al bandido Big Jim McKay (Swain) y a Black Larsen (Murray). Durante su estancia se ha de enfrentar a frío, hambre, soledad, tormentas de viento polar y enventuales ataques de osos.
El film es una comedia muda, que constituye una obra clásica del cine. El realizador con frecuencia dijo que deseaba ser recordado por este film, uno de los mejores de su filmografía. Describe los horrores del hambre y el frío, retrata con precisión la soledad, extrae expresividad de la pantomima y establece que la felicidad se encuentra en los caminos del amor y la solidaridad, no en los del dinero. Desarrolla una narración concisa, estilizada y sobria, en el marco de una magnífica economía de medios. Combina con maestría humor, ironía y sátira, con drama de gran calado. Extrae comicidad de las sorpresas, los contrastes, los traspiés, lo absurdo y lo grotesco, hasta el punto de convertir el film en un admirable compendio de chistes visuales. Tras la obra se ocultan largas horas de trabajo y esfuerzo, puestas al servicio del perfeccionismo que inspiró siempre a Chaplin. La obra se reestrena en 1942 con banda de música, efectos sonoros y la voz en off de un narrador, que evita los carteles originales. Es entonces cuando el film obtiene 2 nominaciones a los Oscar (sonido y música).
Son escenas memorables la tormenta de viento que impide a Charlot salir de la cabaña, la pelea de Larsen y Big Jim por una escopeta, la cabaña arrastrada por el viento hasta balancearse sobre el borde del precipicio, la invitación de unas muchachas para la cena de Nochevieja, el baile de los panecillos y tenedores y la comida de la bota cocida. El film es citado en "Banda aparte" (Godard, 1964) y "Repulsión" (Polanski, 1965).
La música, de Max Terr (versión 1942), subraya la comicidad de la acción y los lances dramáticos y románticos, con una partitura original rítmica, rápida y colorista. La fotografía, de Roland Totheroh y Jack Wilson, en B/N, trata de minimizar el estatismo y la posición frontal de la cámara, combinando posiciones diversas dentro y fuera del escenario principal. Añade simpáticos efectos visuales (visión alucinada de un pollo). Gran interpretación de Chaplin. Película magistral.
Miquel 
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| 43 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
27 de Mayo de 2006 |
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Desde un principio, Chaplin engarza una serie de gags fabulosamente divertidos como el de la ventolera que impide a Charlot salir de la cabaña de Black Larsen o como el de la pugna de Larsen y Big Jim McKie por una escopeta que apunta indefectiblemente a la cabeza de Charlot por mucho que éste corra de un lado a otro o se suba por las paredes.
Sin embargo, a medida que avanza The Gold Rush, con la llegada del vagabundo a la lejana ciudad del norte y todas las peripecias y relaciones que surgen entre los personajes, el maestro Chaplin evidencia una madurez narrativa excepcional, se revela su prodigioso talento para transmitir emociones y su entrada por derecho propio en el empíreo cinematográfico.
Kick'Em Ars 
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| 30 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gort
Marte (España)
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Su valoración:  |
9 de Julio de 2008 |
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Lo reconozco, siempre he desconfiado un tanto del término cinefilia, esa indagación pormenorizada a través de los estantes y pasillos de la inabarcable Filmoteca. Me parecía que una dedicación tan exhaustiva tenía más de recuento de cadáveres o víctimas que de amor por ese ente esquivo llamado cine.
Será tal vez debido a mi naturaleza perezosa, pero siempre abrigué la convicción de que bastaba una sola película para poder amar el cine y que ese afortunado individuo contendría todas las demás posibles, las ya acabadas y las aún por concebir.
A pesar de que esa película no ha llegado a rodarse nunca es con las de Chaplin que descubrimos que ya existe, anterior a todas las que jamás lleguen a filmarse, referencia hacia la que escoran sus proas indefectiblemente y probablemente origen de todas ellas.
Cuando el viejo Scottie cantaba en fin de año (Auld Lang Syne) creí ver en los rostros entristecidos de las mujeres a Gretta (Dublineses), súbitamente atrapada por algo que pensó desaparecido. Y la introspección a la que esa música las lleva supone una ruptura -no se puede volver a bailar igual pese al jolgorio-, la misma que motivó a la Srta. Kubelik en una fiesta parecida, para nosotros posterior cronológicamente, en realidad la misma fiesta.
Y esa misma noche, pero en la cabaña, el sueño anhelante de Charlot prefigura la ensoñación a plena luz del día de aquel, en San Francisco, que tras un cambio de peinado y de traje es incapaz de discernir la realidad. ¿Son acaso el mismo hombre?
Considerando estos indicios no es de extrañar, entonces, la incesante búsqueda, ni las decepciones ni la envergadura de la tarea se presentan como obstáculos, ¿cómo renunciar a seguir el rastro de ese mundo que se introduce paulatinamente en el nuestro?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Año 2207.
Ninguna imagen ilustraba la portada del estuche de “The gold rush”, la única película rescatada del holocausto iconoclasta del s. XXII. El estuche, todo un éxito comercial en aquellos tiempos de recuperación económica, incluía lo siguiente:
-Un álbum con imágenes recuperadas, fragmentos inconexos que remitían a un todo.
-Un libreto repleto de hipótesis y conjeturas varias a propósito de la historia del cine.
-Un disco brillante y blanco con una inscripción en letras azules: “The gold rush”.
-Un tubo de pastillas con caras de diferente color (blanca y azul).
-Una receta médica para rellenar el tubo de pastillas.
Las instrucciones insistían en que, una vez finalizado el visionado de la película, debía tomarse una de las pastillas, la cara blanca sobre la lengua. Tras su ingestión el espectador la olvidaba, permitiendo así la supervivencia del cine originario. La sociedad entera de aquel siglo vivía habiendo visto a Charlot pero sin poder recordarlo.
Tras el visionado a solas en su casa, abatido por la extinción repentina de aquel mundo en blanco y negro, el cinéfilo decidió no tomar el remedio que se le prescribía. ¡Que el cine muriera en él si era el precio que debía pagar por no olvidar aquellas imágenes!
Precisamente, en una serie de largas noches de insomnio, era la de aquel vagabundo andrajoso la que le asaltaba a los pies de la cama. No se le aparecía nunca solo, sino siempre de la mano de otras presencias, apariciones que dedujo eran las de aquellas películas perdidas y que reclamaban agónicamente su lugar en el mundo.
¿Lo creerás? Al igual que el vampiro, el cinéfilo apenas se defendió.
Gort 
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| 18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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aka IDIOT
No os mováis tanto, (Estados Unidos)
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Su valoración:  |
25 de Mayo de 2009 |
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Tuve la suerte de poder asistir a un pase de la película con música en directo, con un pianista que interpretaba una de las magistrales partituras con las que Chaplin solía adornar sus películas. La sala abarrotada de gente esperaba para poder contemplar una experiencia inolvidable.
Probablemente porque el Chaplin de La quimera del oro es la versión más infantil, tierna y simple del genio inglés. Es una película que capta en sí misma la esencia más concreta de eso que llamamos cine. Es cine sin referencias externas, sin mensaje, sin artificios. Cine infantil, para niños de todas las edades. Original, divertido.
En definitiva, Chaplin representa en ella lo más conceptual del arte, lo más abstracto. Captura la humanidad misma con extrema sencillez y se la lanza al espectador, que la recibe asombrado por su falta de interferencias.
Y es que si yo fuera autor, creador de algún tipo de obra artística, prohibiría a los receptores de mis obras que vieran La quimera del oro, me prohibiría a mi mismo recordarla. Porque la mayoría de las veces, la realidad de lo auténtico duele a los que tan sólo prentenden emularla.
aka IDIOT 
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