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| 34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
30 de Enero de 2010 |
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Cuando una niña visita con su hermano deforme la tumba de su padre, mira al cielo e implora por el bien de aquellos a quien quiere… el silencio de Dios nos parte el alma.
La tumba es una piedra que apenas sobresale de la nieve. Los habitantes de ese mundo de frontera transitan en la muerte de igual forma que en la vida: el mismo viento, la misma tierra yerma, el mismo frío elemental. El ciclo de las estaciones no conoce otro lenguaje que el invierno.
Mulas ebrias para soportar el trayecto hacia ninguna parte. Mulas de carga, no caballos. Nunca vi llorar de esa manera.
La cinta es sobria, aterradora. Sin más efecto que la sensación de realidad. Quisiera pensar que ese cariño que se muestran los hermanos redime el sufrimiento.
Ayer me fui hasta El Escorial a ver la peli. Hoy he tenido una ponencia. Qué duro trabajar un sábado. Qué mes de enero más gravoso. Qué mal pagada la docencia. Al acabar la sesión, una compañera me da las gracias por avenirme a que me exploten. Trabajar un sábado, uf. Con el dinero de una hora viviría una familia en el confín de Persia, por tiempo indefinido. Después de mediodía he vuelto a casa. He visto ‘El hombre mosca’ con mis hijos –de seis y ocho años. Allí estarían en edad de trabajar.
Hacía tiempo que no me sentía tan afortunado. Ni tan triste.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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Servadac 
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| 23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
30 de Enero de 2010 |
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Abrumadora carga de patetismo. Simplemente, la posición central del chaval tullido. No hace falta más. A continuación, relato diáfano.
Escalón tremendo de la existencia humana. Se puede llamar círculo infernal.
Muerto el padre guerrillero, el niño preadolescente es cabeza de familia. Lleva el pan a casa.
Y en Occidente hay niños de cuarenta años, dependientes, flojos.
Contrabando en la frontera. Rudimentario, con mulas y cargando a la espalda cajas, fardos, ruedas de tractor. Por altos de montaña escarpados, expuestos a emboscadas.
Mulas drogadas con alcohol, para aguantar.
Hermanos unidos, afectuosos, para sobrevivir.
Los cuidados, sacrificios, cariños para el desvalido, el hermano deforme, en un mundo inhumano.
O antropológico, demasiado humano.
Al volver del trabajo los niños cantan: “La vida me está envejeciendo. Acorta mi juventud y me acerca a la muerte”.
Se podría mostrar una existencia más dura, pero volvería insoportable la pantalla.
Pequeños espacios: casas, bar, escuela, diminutos.
Viviendas de barro, escalonadas en la pendiente ladera.
La nieve en todas partes, hasta la rodilla.
Árboles pelados, como garras, en los grandes lienzos blancos. Sin hojas, sin verdes.
Con hacha reducir a leña un tronco seco diez veces la estatura, echárselo a la espalda.
¿Vida? Jugársela trabajando como mula para pagar la operación con que prolongar unos meses la vida del hermano.
Nada que no sea inmisericorde en esa región del globo.
Kurdistán, pueblo sin estado.
Contado sobrio, transparente, sin aparente mediación; sin huellas subjetivas, irreprochable.
Un desgarro se opera en el espectador despacio y sin pausa. Al final, el alma partida en dos.
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[A Héctor, a todos los que nunca damos al NO]
Archilupo 
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| 19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
12 de Abril de 2009 |
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Es Bahman Ghobadi, para mí, el único director del medio oriente actualmente capacitado para hacer de sus películas obras de arte. Es un músico frustrado que se inició en la fotografía antes de dedicarse al cine, que tuvo una infancia marcada por una etapa nómada en la que muchas familias kurdas trataban de huir de los continuos bombardeos iraquíes y por el posterior abandono de un padre autoritario. Ésas semillas han hecho de él un director atípico, sin una cultura cinéfila destacable, con un dominio sobresaliente del sonido y de la imagen, cuyo plan de trabajo suele consistir en escribir en un folio la línea argumental principal e integrar en ella las anécdotas más adecuadas de las que le van contando los habitantes del lugar, que decidió desde su primer corto que dejaría el cine si éste no le permitía contar las vivencias de su pueblo con la misma fuerza con que las transmitía la palabra hablada.
Y he aquí su primer largo: tierras yermas, comercio clandestino, minas por los senderos, emboscadas en la frontera… Y, entre todo esto, nuestros protagonistas, unos hermanos que han quedado huérfanos, que tienen en Ayoub a un cabeza de familia demasiado joven y en Madi a un lastre demasiado pesado. La historia empieza y acaba en dos puntos cualesquiera de sus vidas, se construye a base de retazos, y su dramatismo es reforzado con un montaje brusco y seco, un reguero de sonidos atronadores y la hipnótica mirado de esos críos, unos actores escogidos de entre los vecinos del pueblo. ¿Cómo es posible entonces que sus lágrimas parezcan tan sinceras? ¿Acaso estamos viendo escenas reales que acontecieron durante este rodaje "improvisado"? Me temo que sólo el director podría aclarárnoslo. Pero, fuera cual fuera su respuesta, una cosa es segura: lágrimas así sólo pueden derramarse si se ha experimentado ese dolor.
A estas alturas podríais preguntarme qué es para mí el infierno, y yo os contestaría que ni fuegos crepitantes ni calderas hirviendo, sino el insoportable llanto de un niño minusválido que tiembla desamparado en los helados páramos kurdos.
jastarloa 
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| 11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
18 de Abril de 2011 |
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La cuestión del cine de denuncia me parece un tema espinoso. Supongo que si la denuncia causa efecto, si logra un resultado social positivo, la película cumple su función. El cine adquiere "utilidad". Sin embargo, yo tengo preferencia por su "inutilidad", esto es, el mayor o menor grado de emoción que me provoca una película.
Por supuesto, respeto que el cine pretenda cambiar la realidad, y hasta me parece loable, pero considero que el arte resulta una vía bastante limitada para ese fin. Esto no quiere decir que todo cine de denuncia me resulte desechable, pero su verdadero valor para mí no estará en la terrible realidad que presente, sino en la emoción que consiga con ella. En el cómo y no en el qué.
En este caso, Ghobadi propone un alambre de espino en forma de película, y, a priori, pocas cosas me invitan a cruzarlo.
Me doy de bruces contra lo esperable en una película de realismo social: una factura un tanto ramplona (ignoro si por falta de presupuesto o por vocación de "realismo"), una planificación correcta, pero muy pocas veces brillante, unos actores y personajes verosímiles y convincentes, pero un tanto planos, con poca profundidad emocional, algo que resulta extensible a todo el ambiente que se nos propone. La única virtud que agradezco de verdad es el tono seco que permite a la película no subrayar lo que ya está subrayado de sobra en el guion. Algo necesario en este tipo de cine.
Estaríamos hablando de una película correcta y perfectamente prescindible dentro de este fatigoso género, y no del buen cine que es "Un tiempo...", de no ser porque, de repente, aparecen dos estocadas que rematan la faena y al espectador.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: • El regateo.
El comienzo de la escena habla por sí solo: Madi, el niño deforme, aparece llevado con las demás cargas en la mula. No se me ocurre imagén más simple y a la vez tan potente.
Ghobadi rueda todo el fragmento de la discusión de si Madi se queda con la nueva familia de la hija o con la suya propia desde la distancia, desde el punto de vista del niño, esperando en la nieve mientras los adultos negocian a lo lejos. Al igual que él, oímos ("Ya tenemos a diez chiquillos", "El trato consistía en que Madi iba con la novia"), pero apenas vemos ni entendemos; nos limitamos a pasar frío. Al final, Madi se queda con su familia, quienes vuelven a casa con una mula como compensación.
No hay llantos ni sangre ni violines, y, sin embargo, me resulta difícil imaginar una mayor sensación de desprecio por la dignidad humana como la que se transmite en esta escena.
• La emboscada.
Sigue sin aparecer la violencia de forma visible en la película, pero se siente del todo presente en esta escena por el sonido en off de las metralletas y por el pánico de los comerciantes. Aparecen planos cortos, los dos niños protagonistas abandonados por los adultos, y una mula borracha que parece no andar. Se logra una tensión completamente cinematográfica.
La narración termina sin conocer si, después de todo, el chaval conseguirá el dinero para la operación de Madi, si éste vivirá o no. Da igual. Ghobadi ya nos ha escupido cómo es la vida en ese mundo.
***
Finalmente, cruzo el alambre de espino que decía al principio junto con los protagonistas. Sin embargo, no tengo muy claro que lo que me empuje a ello sea esa realidad presente que hay que cambiar (realidad que no sé si es cierta -cosa que a todas luces parece- o está adulterada).
Mi sensación es que, simplemente, me empuja una cámara
GVD 
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| 15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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cassavetes
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
20 de Diciembre de 2005 |
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Cualquier plano de esta película vale más que bastantes películas enteras de las que se estrenan en los tiempos actuales. Bahman Ghobadi resulta ser otro más de esos poderosísimos creadores de imágenes que tan a menudo nos llegan del Oriente Medio.
cassavetes 
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