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Harry Lime
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
19 de Septiembre de 2005 |
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La coherencia interna del cine de Sam Peckinpah es algo que esta fuera de toda duda, y en este sentido “Grupo salvaje” es un film que es a la vez compendio y resumen de una forma de entender la vida, regida por unos códigos no escritos pero con una fuerte carga ética y moral. Considerado como uno de los primeros westerns crepusculares de la historia, en “Grupo salvaje” los límites entre el bien y el mal se difuminan, aunque Peckinpah no deja lugar a dudas respecto a sus preferencias personales, decantándose con meridiana nitidez por los forajidos que encabeza Bishop (Holden), en contraposición al grupo de los facinerosos caza recompensas que dirige Thornton (Ryan), viejo amigo y compañero de fechorías de Bishop, que busca conseguir con su captura su indulto total después de salir de la cárcel. Film que nos habla de desarraigo, honor, dignidad y amistad traicionada, sus protagonistas son hombres cuyo tiempo se ha acabado, que no tienen ni lugar ni futuro en el nuevo mundo que viene. El viejo, el suyo, se desmorona a su alrededor y solo les queda como única salida valida unirse para ir puntualmente a la cita con su destino.
El impecable guión de W. Green y el propio Peckinpah, el soberbio montaje de L. Lombardo, la extraordinaria fotografía de L. Ballard, la hermosa partitura de J. Fielding y unas interpretaciones sensacionales de los protagonistas y de esta galería de secundarios de lujo que formaban parte del universo de Peckinpah, todo bajo el control de un director en plena madurez creativa, contribuyen a hacer de “Grupo salvaje” no solo uno de los mejores westerns de la historia, sino una obra maestra absoluta de imperecedera huella en la historia de lo que hemos venido en llamar el “Séptimo arte”.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Film amargo, desencantado y violento como pocos sus imágenes guardan, sin embargo, momentos de sobrecogedor lirismo, desde la despedida que los habitantes del pueblo de “Agua Verde” dedican a los hombres de Pike Bishop mientras se escucha “La golondrina” como autentico réquiem musical en honor de unos hombres a los que ellos saben con certeza que no volverán a ver, hasta este último recorrido por las calles en busca de una muerte asumida y deseada. Fantasmas del pasado a la búsqueda de una muerte digna, la encontraran haciendo aquello que mejor saben hacer. El sangriento tiroteo final no solo da cabida a un brutal estallido de violencia, en absoluto gratuita, sino también a un canto a la amistad. En este sentido la imagen de E. Borgnine gritando el nombre del personaje de W. Holden en el momento de morir es, como mínimo, significativo. Después solo queda la hora de los homenajes, el de Thornton cogiendo el revolver de Bishop como signo inequívoco de admiración y respeto hacia el amigo muerto, y el del propio Peckinpah recordando en flash-back los rostros sonrientes de los componentes de este grupo salvaje, que ya forman parte de la historia.
Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona 19 de septiembre de 2005
Harry Lime 
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| 73 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
2 de Septiembre de 2007 |
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Llevo más de quince años a la caza y captura de un western que pueda situarse al nivel de “Hasta que llegó su hora”, la mejor película del oeste de la historia del cine. Incomprensiblemente, hasta ayer noche no había tenido ocasión de visionar “Grupo salvaje”. Increíble, pero cierto. La tenía ahí, acurrucadita en un rincón, como hacemos con un buen vino o un buen whisky. Esperando la ocasión. Esperando ese momento especial para degustarla con placidez y fruición. Anoche descorché y desvirgué “Grupo salvaje”. Bueno, tal vez lo más correcto sería decir que “Grupo salvaje” me metió un par de ostias y me quitó la caraja de encima. Yo que creía que con los spaghettis de Leone ya había visto todo lo que quedaba por ver!!!. Craso error. Peckinpah es mucho Peckinpah. Ahí queda eso.
Por fin me di cuenta a qué se refería la gente con esa manoseada expresión de “crepuscular”. Crepuscular es “Grupo salvaje”. Crepuscular es corroborar que a pesar de esa violencia gratuíta que impregna la peli, que a pesar de esa amoralidad y anarquía que la caracteriza y que a pesar de ese profundo desencanto aliviado a base de putas, risotadas y lingotazos se esconde, subrepticiamente, un férreo código de honor. Un código fraguado a base de sangre, balazos y polvo. El polvo de Mexico. Territorio de inadaptados. Territorio de hormigas y escorpiones.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Gracias por impulsarme a verla.
Taylor 
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| 52 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
2 de Septiembre de 2007 |
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En la escena en la que el grupo de bandidos llega al pueblo natal de Ángel, uno de los viejos del lugar manifiesta: “Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores; tal vez los peores más que nadie”. The wild bunch es una película llena de figurantes infantiles. Los niños conviven con los adultos. Participan, a su manera, de la vida adulta: empujan a un par de escorpiones contra un ejército de hormigas y después les prenden fuego, acompañan al desfile del ejército de salvación con risas y brincos, juegan a dispararse con el dedo índice extendido, corren tras el vehículo que arrastra a Ángel por el suelo y alguno monta en su espalda. ¡Pero si un bebé es amamantado por una madre cuyo pecho casi está tapado por una canana! Los niños se suman a la violencia porque la han mamado. Y la asumen como un juego.
Pike, Thorton, Sykes… son viejos cansados de la vida. Fueron niños que aprendieron que la vida no es un juego. Y son salvajes y violentos, no pueden ser de otra forma, no han recibido otra educación. La acción de The wild bunch se enclava en la revolución mejicana, en una lucha de humildes hormigas contra un poderoso alacrán. El pesimismo y la esperanza se dan la mano.
Sam Peckinpah, guionista y director, creó una película de violencia exacerbada, muy elaborada gráficamente, muy vívida, al ras de los personajes. Pero la opción de Peckinpah por mostrar el horror de las armas es determinante. The wild bunch se abre con una cruenta matanza sin sentido y se cierra con otra, igual de sangrienta, pero totalmente justificada: del enfrentamiento de Pike y compañía a Mapache y sus acólitos no cabe otro desenlace. Sus caducas vidas, historiales de excesos, claman a gritos un final que se salga de la regla. Cansados de la vida, con la imposibilidad de recuperar la inocencia, pero deseosos de terminar a lo grande, de ser recordados, de cambiar el mundo, a mejor… Buscan su final, pero solo saben matar.
Kick'Em Ars 
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| 46 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kriza
Monument Valley (Estados Unidos)
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Su valoración:  |
7 de Enero de 2008 |
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Tod=s estaréis de acuerdo que los críticos puristas academicistas sólo aceptan el uso de la cámara lenta y los tics enfermizos de zoom al perro viejo Sam. Él es la excepción. Nadie negará que el cine del renegado más controvertido de la década de los 60 pertenece al cine mainstream, concretamente al western crepuscular, pero tenía unos vicios de la serie B que no veas... ¡que golfo y maleducado era el tio!
Claro que, no es lo mismo decir John Woo, Jess Franco o Peckinpah. A John Woo también le molaba el "ballet de la violencia", pero su cine es demasiado barriobajero y su violencia demasiado gratuita para ellos. Y tienen razón. "La lírica de la violencia" de Peckinpah, no era la serie B, ni era la violencia gratuita del pretencioso más perverso del universo (según ellos): Sergio Leone.
Peckinpah utilizó magistralmente la violencia (siempre justificada, por cierto) como la única reacción posible de misóginos y cochinos salvajes e inadaptados ante el crepusculo del lejano oeste. La violencia como fin, no como medio. Los personajes están condenados al fracaso desde el principio. Pero les queda la camaradería y la muerte. Por eso, esta peli es violenta, pero está lleno de lirismo arrebatador. La escena final es de una carga emocional impresionante.
Cuando 'Wild Bunch' se estrenó allá en el 1969, muchos críticos se hartaron de fusilar la peli diciendo que era la película más violenta jamás hecha por el hombre. No obstante, con el tiempo la critica más purista también ha reconocido que 'Grupo Salvaje' es sin duda la obra maestra del americano y el último gran western de los 60.
La peli bebe mucho del spaghetti: de los éxitos de Leone, por supuesto. Y nadie puede olvidar en el 1966 a Franco Nero en su papel de Django con la puta ametralladora matando hijos de perra. Peckinpah no ignoró los westerns bastardos de Europa.
Kriza 
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| 32 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
11 de Octubre de 2009 |
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En el inicio hay un toque a lo Buñuel, quien solía insertar imágenes de animales como metáfora del comportamiento humano: unos escorpiones son entregados a una masa de hormigas rojas por unos niños que sonríen con maligno regocijo.
La película muestra un hormiguero humano, un caos de grupos relacionándose con violencia extrema:
Bandidos disfrazados con uniformes de agentes de la ley.
Agentes de la ley de paisano, actuando como cazarrecompensas y bandidos.
Ciudadanos de clase media, piadosos y antialcohólicos, acribillados por el fuego cruzado.
Los niños que, entre juegos con alacranes a los que añaden fuego, son espectadores de todo y se empapan de ello.
El ejército regular, ridiculizado en su despliegue de torpezas.
El ejército de opereta del general Mapache y sus grotescos asesores prusianos.
Los indios autóctonos: un poblado y los resistentes ocultos en las montañas, grupo éste tratado con simpatía por Peckinpah (de origen indio, como es sabido).
Si la refriega inicial, con la consiguiente matanza, alcanza brutales cotas de violencia, salpicada de detalles crueles, la escena del duelo final, cuatro contra todos, bate de largo el récord que ostentaba “Bonnie and Clyde”. Es un larguísimo final, estilizado mediante un montaje amplificador, a base de ralentizaciones, congelaciones y repeticiones, para mostrar como una danza macabra las caídas de esos cuerpos reventados a balazos y descosidos, por cuyos rotos brotan chorros de sangre.
Un festín para los buitres.
Entre matanza y matanza se suceden rituales del whisky, risotadas estruendosas, visitas al burdel, espectacular voladura de un puente, bellos paisajes fronterizos, todo sobre un trasfondo —recurrente en el director— de lealtad traicionada: dos forajidos veteranos, que un día fueron inseparables y ahora se tiran a matar (sobresalientes William Holden y Robert Ryan).
Si la época de los últimos bandidos se canta aquí con una poesía áspera y tremenda, son en cambio profundamente líricas las breves escenas del abandono del poblado indio, acompañadas de una canción coral y melancólica que llega bien adentro, escenas que significativamente se repiten como colofón.
Todo lo demás es rabia. Rabia en forma de cine.
Archilupo 
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