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Un día especial

Drama El 6 de mayo de 1938, Hitler visita Roma. Es un día de fiesta para la Italia fascista, que se vuelca en el recibimiento. En una casa de vecinos sólo quedan la portera, un ama de casa, Antonietta y Gabriele, que teme a la policía por algún motivo desconocido. Al margen de la celebración política, Antonietta y Gabriele establecen una relación afectiva muy especial que les permite evadirse durante unas horas de la tristeza y monotonía de ... [+]
Críticas 61
Críticas ordenadas por utilidad
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8
20 de enero de 2012
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tremendo derroche de buena cámara y fantásticas actuaciones. Es una película de dos, pero vaya dos, la gran Sofía y el incombustible Marcello. A parte, la ambientación de la casa de Antonieta, muy parecida a cualquier casa española del franquismo hasta casi nuestros días (en algunos hogares, aunque ya menos), donde todo está tan desordenado, roto, imperfecto... y es que la imperfección es la perfección.

Perfecto el papel de Cenicienta de Sofía, con un maquillaje excepcional. La lentitud con la que avanza el film es fantástica.

Recomiendo verla en V.O. con subtítulos, porque el doblaje deja mucho que desear.

Merecidamente nominada al oscar, es una obra sencilla, difícil de hacer, que representa muchísimo de fondo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Empieza el film con la llegada de Hitler a Roma, en el año 38. Eran tiempos de auge del fascismo, y hasta ahí, todo siendo fiel a lo original, incluso en blanco y negro. Pero de pronto, nos transporta a un pequeño barrio, donde hay un bloque de pisos, en la ciudad de Roma.

Nos presenta a una familia de un matrimonio y sus 6 hijos, que se preparan para ir al desfile. Cuando ellos se van y se queda la mujer sola, entonces empieza la película de verdad, a la señal del loro que se escapa en dirección a la ventana de un vecino.

Y ese vecino es Gabriel, que está a punto del suicidio, cuando recibe la visita inesperada de Antonieta. Para ambos resulta ser una experiencia dulcificante, sólo amargada por los extremos principios impuestos sobre Antonieta, que se auto castiga para no disfrutar de lo que le pide el cuerpo.

A partir de ahí, vemos una serie de alusiones a lo que era la vida en aquel fascismo (y en la España de entre crisis 1929-2012). La mujer con la pata quebrada en la casa, fabricando la casa y lavando platos. Mientras el hombre es más conocido en un burdel que en su propia oficina.
-"Un hombre ha de ser un buen marido, buen padre y buen soldado"
-"Sólo no estaré celoso si mi mujer se lía con el Duce"
-"¿No te han multado por celibato?.- Claro, ni que eso significara ser rico.
-"Hay un soldado que nos robó, pero es capitán de la legión. Si es fascista es buena persona"
-"Me miró desde su caballo, y me desmayé"
-"No cambies tu conducta por lo que haya dicho esa mujer.- ¿Y tú por qué has dejado de moler café?"

Es impresionante, lo intenso de la cámara, como sigue a los protagonistas, haciendo un cine puro, realista, con escenas largas donde se sigue a la protagonista, como espiándola.

Tal vez, como dije antes, el sonido de la radio en la VO está más conseguido, porque se oye de lejos, sin embargo en la versión doblada no se molestaron por darle algún efecto.
9
15 de abril de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El primer viernes de Mayo de 1938 todo romano que se precie se levanta para recibir a Hitler. Es una jornada historia. Sin embargo, en la tan fascista casa vecinal que nos muestra Ettore Scola tres personajes deciden no acudir a recibir al führer. La portera, que a pesar de tener que quedarse en el edificio escucha todo el desfile por la radio, Antonietta, una atareada ama de casa y Gabriele, un melancólico personaje que por algún extraño motivo teme las visitas.

La mañana sigue avanzando y poco a poco vamos descubriendo como el 6 de mayo de 1938 no es una jornada tan particular para Antonietta y Gabriele. Personajes ambos, que por distintos motivos se sienten constantemente oprimidos por una sociedad fascista que en ese momento en Italia lo impregnaba todo. El constante sonido del desfile en la radio durante todo el film simboliza a la perfección este sentimiento.

Los caminos de estos dos protagonistas se acabaran encontrando y lo demás dejo que lo descubran ustedes mismos (no quiero contar de mas y romper la magia de la película).
Toda esta historia esta perfectamente remata por una fotografía melancólica, que nos hace sentir tristeza por esa sociedad totalmente entregada al fascismo, y por unas actuaciones mas que magistrales de ambos protagonistas (Sofía Loren y Marcello Mastroianni).

Amigos cinefilos si les gusta el buen cine siéntese y disfruten de esta película.
8
13 de mayo de 2020 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo mejor, lo más satisfactorio, lo más virtuoso, es la sencillez.
Un microcosmos, unos actriz y actor gigantescos, un contexto inescapable a través de terceros o crónicas de radio.
Poco más se necesita.

Esta jornada, otra más en las miradas de sus protagonistas, acaba siendo, tal y como dice el título, particular.
Porque ruge el silencio y el aislamiento, la soledad oprime con su poderosa presencia, y todos han olvidado que cualquier fascismo, antes invadir a otros, invadió el propio espíritu de sus habitantes.
Antonietta y Gabriele se encuentran, no tanto por casualidad, sino porque estaban deseando cualquier excusa para salir de sus encajonados apartamentos, y se agarran a ella con alegría superficial, dejando traslucir subterránea desesperación.

En este caso, es maravilloso, contar con esos grandes Sophia Loren, y Marcello Mastroianni.
Cada pregunta no es solo una cuestión a resolver, sino un salvavidas al otro lanzado; cada gesto no es un mero movimiento de mano, sino una invitación a compartir algo de todos alejado; cada micromomento en el que el otro se ausenta en habitación contigua es otra oportunidad para recomponer la poca autoestima casi extinguida.
Me podría pasar semanas observándolos, pero la realidad, el drama, es que solo tienen esa jornada, para sentir que siguen siendo un poco humanos.

De la individualidad a la colectividad, uno se atreve a preguntarse cuántas historias como esta habría, sepultadas bajo banderas y ensalzamiento del orgullo nacional.
Cuántos vivían en prisión de muebles bonitos, cuántos esperaban ir a recoger la colada y toparse con mirada furtiva, intrigante, no mecánica y ya instruida.

Es triste.
Pero más triste sería, no haber nunca vivido este día.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Me sobraba el intercambio carnal entre Antonietta y Gabriele.
No hacía falta, nada aquí lo pedía, su conexión es más profunda que eso.

Pero, una vez más, había otra dictadura al acecho: la del público, que quiere ver a sus grandes estrellas en lo mismo de siempre, aunque ellos prefirieran usar su nombre para llamar la atención sobre las cosas serias.
9
18 de julio de 2021 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
De las múltiples películas que hicieron juntos, Marcello Mastroianni y Sophia Loren, yo diría que esta es de las mejores, por lo menos de las que más me han gustado más a mi personalmente. Narrada prácticamente en tiempo real, solo con el diálogo, ya te trasmiten múltiples emociones, con el trasfondo del programa de radio retransmitiendo la visita de Hitler a Italia. Se hace una intensa radíografia a la sociedad de la época, en ese momento que las cosas iban bien, casi todos eran unos felices fascistas, unos por inercia y algo de ignorancia como la Loren y otros por convicción, como su marido, se refleja la tristeza y el desarraigo en el personaje de Mastroiani, represaliado por su homosexualidad y el de la Loren cargada de hijos, con un marido al que ya no quiere, que le engaña con otras mujeres y la anula como persona. Ettore Scola utiliza el espacio del edificio de oficinas de forma magistral, por cierto la Loren a pesar de su aspecto desastrado está bellísima.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La escena final, con Mastroiani abandonando su piso con la policía y la Loren leyendo y observándolo a través de la ventana, es ciertamente conmovedor.
8
10 de abril de 2015 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Seguramente, “Una jornada particular” ha pasado a la historia como una bella historia de amor, muy bien interpretada, y con un trasfondo social muy marcado por el contexto histórico en que está rodada. Seguramente, ésos fueron los rasgos que determinaron el merecido reconocimiento internacional que en su día tuvo este film. Hoy, pasados casi 40 años, la fuerza de esta película se mantiene igual. Podemos estar saturados de historias sobre opresión fascista, vemos la homosexualidad como algo cada vez más normalizado… pero el espíritu triste y decadente de la película permanece. “Una jornada particular” desprende amargura y soledad, gracias al talento de Scola y al buen oficio de todos los que intervienen en la película. Las interpretaciones de los actores, la fotografía de De Santis, la utilización de la música y el sonido... Todo funciona milimétricamente al servicio de lo que Scola quiere contar. En un arranque portentoso, nos colamos por la ventana en el piso de una familia media romana en los años 30. Y así nos adentramos en un mundo acotado por el propio edificio. Los elegantes movimientos de cámara y la inteligente composición de las escenas sirven para que Scola juegue con el espectador, aprovechando con inteligencia las limitaciones de espacio y tiempo para crear la sensación de claustrofobia o de intimidad, según convenga. El ahogo físico que provocan las habitaciones de estos pisos romanos constituye el mejor entorno para situar el ahogo que sufren los protagonistas en sus respectivas vidas.

“Una jornada particular” puede recordar a “Breve encuentro”, de Lean, o incluso a "Los puentes de Madison", de Eastwood, pero sólo en su planteamiento argumental. La dimensión social de la historia y el lenguaje cinematográfico se ajustan a cánones muy diferentes. Loren y Mastroianni se alejan de sus roles habituales de sex-symbol y galán, respectivamente, y encarnan con veracidad y contención unos papeles llenos de matices, que viven una relación clandestina e imposible, pero también liberadora. Momentos triviales, como podrían ser tomar un café, tender ropa o comer una tortilla, adquieren dimensiones propias, en función de los sentimientos e impulsos de los personajes. La complicidad, la sexualidad, el dolor… Todo se narra con una extraordinaria delicadeza, hasta llegar a un desgarrador final. El desenlace supone la sublimación del juego de ventanas y sonido de radio que Scola propone, como principales vehículos de comunicación con un mundo exterior cruel y despiadado.

Una película sin estridencias, pero definitivamente triste...
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