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La colina de la deshonra

Drama Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de prisioneros ingleses se encuentra encarcelado en un campo militar del norte de África. Allí sufren la ira de un sádico sargento. (FILMAFFINITY)
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10
15 de octubre de 2018 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los cinco hombres, desalentados y resignados al castigo que van a recibir, contemplan la colina, hecha de arena y piedras, mientras el Sol descarga con furia.
El sargento Williams grita "¡Atentos! ¡Subida a paso ligero!". Y allá van los cinco.

La cuesta se hace interminable, la bajada vertiginosa, el aire les empieza a faltar a los pocos minutos y, gracias al talento innato de Lumet tras la cámara, también a nosotros. Esa es, sin duda, una de las secuencias más duras y significativas de "La Colina", joya indiscutible de la Historia del cine y de los títulos más emblemáticos que podemos hallar en la filmografía de su director, quien, tras la también fantástica fábula de la Guerra Fría "Punto Límite", fue contratado por el productor Kenneth Hyman para llevar a la gran pantalla la obra del escritor y guionista británico Ray Rigby.
Una obra basada en las propias experiencias que éste vivió al ser recluido en una prisión militar durante la 2.ª Guerra Mundial. El rodaje toma lugar, curiosamente, en nuestras tierras de Málaga y Almería, justo cuando Sergio Leone las aprovechaba para sus "westerns" a la italiana, y contaría nada menos que con la estrella Sean Connery, quien admitiría que el personaje del sargento mayor Joe Roberts, condenado por agredir a un superior y permitir que sus hombres fueran enviados a una misión suicida, era completamente la antítesis del elegante, valiente y sofisticado agente secreto británico James Bond al que había estado interpretando, lo que suponía un fresco cambio de rumbo para él.
Sean Connery
Pero lo más interesante de todo era el guión, que no sedujo a Lumet por la trama, sino por los personajes, pues ellos la conducían. Dicha historia nos mete en una prisión militar situada en el desierto de Libia, llevada por el disciplinado sargento mayor Bert Wilson, cuando cinco hombres llegan al lugar tras ser acusados por diversos motivos: los soldados King, Stevens, Bartlett y McGrath y el sargento Roberts. Wilson trata a los prisioneros con dureza y, al mismo tiempo, respetando sus derechos; no obstante, el recién destinado sargento Williams se dedica a someter sin piedad al grupo de Roberts. Este abuso de poder y crueldad entrará en conflicto con otros oficiales de la prisión.
Se crea la discordia y el enfrentamiento con los convictos, que se revelarán con total rabia y desesperación. Hay que situarse en el contexto social e ideológico de la época para entender un film como "La Colina"; años '60, momento de cambios, de demolición del sistema conservador, de revolución cultural, de aceptación racial y de derechos; Luther King promulga su famoso discurso en el '63, la ley de Derechos Civiles sería aprobada en el '64 y el problema de la guerra de Vietnam respondido con dureza por los ciudadanos. La obra de Sidney Lumet, antimilitarista y centrada en el maltrato a los prisioneros y en la corrupción del sistema, reflejaría perfectamente aquella agitada época.
Una situación que ya aparecía reflejada en títulos como "El Hombre de Alcatraz", "Motín en el Pabellón 11" o la primera parte de la trilogía "La Condición Humana", de Kobayashi (y que volveríamos a ver en "La Leyenda del Indomable" y más tarde en "Brubaker", ambas de Stuart Rosenberg). Aquí Lumet, como demostraría a lo largo de su carrera, aboga por la justicia y condena con dureza la corrupción, dando una visión directa, cruda y sobre todo objetiva del asunto; dentro de la prisión hay tanto buenos (Harris, el oficial médico) como malos (Williams), como simplemente corruptos (Wilson, el comandante), pero todos obedecen leyes de un sistema equivocado, y al cual se enfrentará constantemente Roberts.
El director recuerda "Doce Hombres sin Piedad", pero desde la perspectiva más amarga (los presos no tienen posibilidad de saborear la libertad), al tiempo que su oficio tras la cámara concede un poder visual arrollador y dinámico al film, creando una atmósfera angustiante y de tensión creciente, realzado esto por la presencia de la soberana colina (atención a cuando Stevens la sube con la máscara de gas puesta; las intenciones de Lumet están claras), inequívoco símbolo de opresión y dominio, construida, para más inri, por los mismos prisioneros.
Un maravilloso Connery encabeza un grupo de actores comprometido y que lo da todo en sus interpretaciones, desde Ossie Davis, Jack Watson, Roy Kinnear y Alfred Lynch encarnando a los miembros del grupo de Roberts hasta Michael Redgrave, Ian Bannen, el imponente Harry Andrews y ese odioso Ian Hendry dando vida a los oficiales de la prisión. Igualmente destacables resultan la puesta en escena, la fotografía de Oswald Morris, el montaje de Thelma Connell y una banda sonora compuesta en su totalidad por gritos, golpes, el trotar de los prisioneros y el revolotear de las moscas.
Luchas internas en ambos bandos, violencia, cinismo e injusticia, ignorancia de los derechos, motines en pos del respeto y la comprensión; la desesperación se transforma en locura a medida que avanza la trama y la pesadilla conduce todo a un brutal clímax de pesimista final. Un Sidney Lumet lúcido y brutal, inmenso, en mi opinión más de lo que pudieran haber sido Martin Ritt, John Cassavetes, Robert Aldrich, Arthur Penn o Richard Brooks de haberse encargado ellos del proyecto.
Su obra no obtendría el favor del público aunque sí de la crítica, logrando su reconocimiento en Cannes.
Pero sea como fuere, pese a todo lo indigesta y corrosiva que pueda resultar, pese a lo difícil que es de digerir para el espectador medio, no deja de ser una obra maestra.
5 de enero de 2023 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
"La colina" -título con el que se editó este film británico en España, en dvd-, es un largometraje excelente, tal es su fuerza visual, narrativa y dramática; hace preguntas de difícil respuesta y no se contenta con un desenlace digamos "feliz" o tranquilizador. Quien vea aquí tan sólo un alegato antimilitarista -aunque la crítica al ejército, especialmente a sus mandos, sea feroz- o una crítica antibritánica -aunque se ataquen la hipocresía, la frialdad, el racismo y el clasismo de cierta mentalidad típicamente británica-, se equivoca. Hay todo eso, sí, pero hay mucho más.

Lumet elabora un drama de una sinceridad desgarradora con personajes encerrados, como hará luego en "Tarde de perros" (Dog Day Afternoon, 1975), y afronta una situación límite estudiando temas importantes como la justicia, la rebelión, la disciplina, la violencia, la desesperación, el sadismo, el afán de poder, la solidaridad o la manipulación. Harry Andrews, un líder nato, domina o trata de dominar a los suyos, como Sean Connery, otro líder nato, pero caído en desgracia, domina o trata de dominar a los suyos. El drama carcelario se torna en suspense: no se sabe quién ganará la partida. Lo que sí está claro es que esa prisión militar en medio del desierto egipcio es un infierno, mayor aún que el de la guerra que se adivina cercana, porque aquí se despoja al hombre de su dignidad.
8
23 de diciembre de 2017 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sidney Lumet realiza aquí una brillante drama carcelario con pocos recursos. Toda la película acontece en un campo de prisioneros se supone que ubicado en algún lugar indeterminado de África o Asia. Los actores, excelentes, especialmente Sean Connery, crean un dramón a partir de la nada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Toda la película acontece, como he dicho, en un campo de prisioneros. Sean Connery, que era suboficial es inmediatamente especialmente odiado a su llegada por los carceleros, un sargento y un sargento mayor. La crueldad está en hacer que los prisioneros suban y bajen de una colina artificial cargados con macutos o sacos de arena. Estos dos personajes consiguen matar a uno de los prisioneros. Hay diversos giros argumentales. Al final, cuando todo parece estar ganado, Hay que contemplar como dos prisioneros agreden (y se supone que matan) al sargento. Final de la película.
7
15 de mayo de 2020 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Selecta y desgarradora dirección de Sidney Lumet. Desgarradora, por su contenido descriptivo cruel; selecta, por igualar a solo pocos títulos en su análisis de la instrucción militar y la guerra, como lo hicieron sublimemente La Chaqueta Metálica y Apocalypse Now. Aunque no es mi género favorito, es una pieza trascendental y una gran labor de Sidney Lumet.
7
18 de marzo de 2021 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
88/23(17/03/21) Atractivo drama carcelario dirigido por Sidney Lumet, ambientado en una prisión militar en el Norte de áfrica (enrealidad filmada en Almería) en el ocaso de la WWII, donde el castigo favorito a los prisioneros es hacerlo ascender y descender una colina artificial en pleno calor del día (al parecer esta idea influida por las infames ‘Escaleras de la Muerte’ del capo de concentración de Mauthausen). Guión de Ray Rigby , que durante la II Guerra Mundial prestó su servicio como soldado con el Octavo Regimiento Británico en África del Norte, pero, varios comportamientos suyos que se asumieron como grave desobediencia, lo llevaron a centros de castigo en dos ocasiones y estas experiencias, fueron tomando forma años después, hasta que se convirtieron en “The Hill” (La Colina, 1965), una novela que, él mismo trasladaría a guion cinematográfico (con la colaboración de R.S. Allen), y con el cual ganaría el premio a Mejor Guion en Cannes, tras ser rodado por el Lumet, en lo que es un alegato contra los abusos del poder, contra la deshumanización castrense, que los aliena del sistema, un ataque contra la disciplina militar donde la alegoría es la ‘Colina’ que cual Mito de Sisifo los castigados de subir y bajar cual piedra del mencionado, sin ,más sentido que doblegar su espíritu contestario, derivando una batalla de voluntades, una partida de ajedrez mórbida. Teniendo como baluartes a un reparto coral excelente, encabezado por Sean Connery (queriendo escapar del encasillamiento de James Bond), que es un sargento preso que se enfrenta a su sádico guardián suboficial encarnado por Harry Andrews, también Ian Bannen, Ossie Davis, Ian Hendry, Alfred Lynch, Roy Kinnear y Michael Redgrave. Todo ello para mostrar un film muy atmosférico, tenso, radiante en los enfrentamientos, donde no hay banda sonora para acentuar lo árido del escenario, pero que el metraje se le va de las manos, estirándose con redundancias y exageraciones burdas inverosímiles (lo del comportamiento del soldado de color encarnado por Ossie Davis en el tramo final resulta muy divertido en un film de los Monty Python, aquí te saca de todo dramatismo y te descoloca)

"Realmente no hay mucha historia", dijo Lumet. "Todo es carácter: un grupo de hombres, presos y carceleros por igual, impulsados por la misma fuerza motriz, el miedo". Sean Connery aceptó interpretar el papel principal porque representaba un cambio de ritmo con respecto a James Bond. "Es solo por mi reputación como Bond que los patrocinadores pusieron el dinero para The Hill ", dijo.

Tiene un inicio sugerente con un incisivo plano-secuencia viendo a presos subir y bajar la colina del título, los vemos agotados y exhaustos, tras lo que el objetivo se aleja para que podamos ver que estamos en una prisión, en el modo ágil que conocemos en pocos minutos a los personajes, su carácter y el entorno rígido que marcará la historia. Cada uno de los roles encarna un modo de afrontar las condiciones del lugar, con esa celda con los nuevos presos con el negro que sufre el racismo, el violento, el que no desea estar con el resto, el débil, el ‘héroe’. En el lado de los mandos del presidio está el cruento guardia que quiere doblegar sobre todo al ‘héroe’, esta su superior que loa poya, está el doctor que un tanto tibio, y está el ‘pasota’ comandante. Y cuando uno de los prisioneros muere por el trato inhumano de un guardia se desencadenan las hostilidades, donde se llega incluso a un amago de motín.

Roberts se nos presenta como héroe, porque a pesar de estar recluido por indisciplina esta tiene motivos morales ensalzables, un sargento mayor de escuadrón del Royal Tank Regiment, condenado por agredir a su oficial, que le había ordenado una misión suicida sin sentido, con lo que nuestras simpatías están con él. Se enfrenta a la brutalidad representada en su carcelero Williams, que pretende anular la rebeldía de Roberts con brutalidad, es en los personajes volubles donde está el desarrollo, los de ambos lados de la prisión, donde los acontecimientos radicales les irán moviendo y posicionando moralmente en sus iniciáticas ambigüedades. A esto se circunscribe la narración, con varios conflictos catárquicos que desembocan en un rush final algo artificioso y poco creíble.

Aunque su metraje resulta sugestivo, esperaba algo más de complejidad y que no me lo quisieran dar todo masticado. Además cual es la alternativa? Hacer un ‘resort’ de la prisión? En este sentido me resulta su mensaje simplista, pues además querer hacernos ver que todos los presos son buena gente es vivir en el País de la Piruleta.

Sean Connery está notable en su papel de héroe, demuestra un gran carisma. Tiene una gran frase como señala Roberts, “Todos estamos cumpliendo condena aquí, incluso los tornillos” (funcionarios de prisiones); Harry Andrews como el sargento mayor Wilson exhibe su gran carácter y poderío marcial; Ian Hendry está radiante como el sádico sargento Williams que intenta medrar con castigos a los presos; Jack Watson como el preso Jack McGrath irradia violencia latente; Roy Kinnear como Monty Bartlett borda su rol, otro preso, este un nihilista cobardón que no quiere problemas; El sargento Harris al que da vida Ian Bannen, refleja la brújula moral del relato, empatiza con el sufrimiento de los presos, y por ello se enfrenta a los que los maltratan. El actor infunde gran humanismo al personaje; El médico encarnado por Michael Redgrave aporta ambigüedad moral en su timorato personaje; Ossie Davis (el único actor no ingles del reparto) resulta bastante histriónico, no ayuda su paródica conversión final.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En la puesta en escena destaca la cinematografía en glorioso b/n de Oswald Morris (“El espía que surgió del frío” o “El violinista sobre el tejado”), jugando con sus contrastes de grises, emitiendo feísmo climático, con plano-secuencias (sobre todo los de la colina para traspasarnos el sufrimiento), con insidiosos travellings, con zooms enfatizantes, creando sensación claustrofóbica, con esa singular forma de filmar diálogos de los guardias que nos e les ven los ojos por la visera de la gorra, emitiendo superioridad.

Spoiler:

La historia me chirría por algunos comportamientos arbitrarios con los que dan bandazos de tono. Pues durante la mayor parte del metraje nos quieren hacer ver la tiranía sádica en la que viven estos ‘pobres’ prisioneros’, pero sin embargo hay momentos en que resulta bufa, por como los presos combaten con supuestas ordenanzas las actuaciones d ellos guardias, me resulta algo grotescamente burocrático en un entorno de la prisión, donde con cualquier percance le puedes buscar las cosquillas al guardia de turno, esto no me es verosímil en un escenario de una cárcel en plena Guerra Mundial, donde lo que debe primar es la disciplina (si, la disciplina). El colmo es el guiñolesco proceder del soldado de color, que ante el racismo recalcitrante se declara en rebeldía contra el ejército, se quita la ropa, quedándose en gayumbos y luego actuando como un demente al que nadie toca, sin hacer caso a las órdenes, riéndose en el patio de todos, irrumpiendo en el despacho de un oficial al que chulea quitándole los puros y tumbándose en su sofá, y repito, nadie le toca un pelo, esto no tiene ni pies ni cabeza, pues además esto provocaría el efecto dominó de todos los presos hacer lo mismo y Santas Pascuas, vamos, un atropello a la razón. Pareciendo Esto una parte grimantye salida de una fars militar propia (como he dicho) de los Monty Python. Entiendo es un acto contra el racismo, pero había muchas mejores formas de exponerlo.

El rodaje tuvo lugar en Almería, España, a partir del 8 de septiembre de 1964. Un antiguo fuerte español en Málaga se utilizó para la prisión. Muchas personas asociadas con la producción consideraron que la filmación fue placentera, a pesar de las difíciles condiciones: las temperaturas superaron los 46 ° C (114 ° F) y casi todo el elenco y el equipo se enfermaron, a pesar de que miles de galones de agua fresca traído.

En la última escena, Roberts suplica (en vano) a los compañeros de celda que detengan la paliza a Williams, pues Roberts había ganada la partida de ajedrez, pero la violencia vengativa dará al traste con ella, esto reflejado en ese primer plano de desesperación de Roberts.

Solo hay una línea en la película que indica que la guerra está en marcha: donde el comandante sugiere que Roberts desea permanecer en prisión "por el resto de la guerra".

Me queda una película irregular, pero entretenida, agregando un mensaje bastante deprimente sobre la cainita naturaleza humana. Fuerza y honor!!!
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