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La colina de la deshonra

Drama Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de prisioneros ingleses se encuentra encarcelado en un campo militar del norte de África. Allí sufren la ira de un sádico sargento. (FILMAFFINITY)
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6
2 de marzo de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
"The Hill" es otra película que muestra la barbarie militar desde adentro, pero esta vez poniendo especial énfasis en la personalidad de cada uno de los cinco nuevos prisioneros que llegan al campo de detención y algunos de los jerarcas que harán de sus vidas un infierno.

El film se va desarrollando entre crudas muestras de crueldad, brutalidad, cobardía, abuso, corrupción y -eventualmente- algo de valor. Sobresale, por supuesto, Sean Connery como el prisionero menos tolerante ante la injusticia pero todas las interpretaciones están muy bien (el gordito cobarde, el oficial médico pusilánime, el soldado negro despreciado por su color y los dos bestiales sargentos). A propósito, es muy difícil no recordar al enfermizo Hartman de "Full Metal Jacket", aunque -en el caso de "The Hill"- el sádico sargento Williams es más real, más auténtico.

Agobiante al principio por la profusión de brutales y torturantes ejercicios físicos, carreras, marchas y gritos, y más teatral a medida que avanza, la película resulta siempre interesante aunque peca por exceso de metraje. Podría haber sido más atrayente con algo más de ritmo en su última parte o menor duración, pero el resultado final es igualmente satisfactorio.
9
30 de octubre de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
… le hincaré el diente a una de mis películas favoritas de todos los tiempos.

A groso modo: Nos encontramos con una película que habla sobre la condición humana, sobre el Ejército, sobre la obediencia castrense… temáticas que incomodan, que molestan además a “los que están arriba”… y veo, entonces, que su puntuación evidencia una valoración a la baja de los méritos mostrados. Claro, es mi opinión.

Hay dos temas centrales: El primero de ellos es la naturaleza de la obediencia, ofrecida desde su aspecto más degradante, digo, desde las actitudes de sumisión. Las leyes se erigen y ondean desde la cúspide. Pero acabamos viendo que en el fondo son filfa, mera excusa para sojuzgar, para dominar, para esclavizar.

El segundo tema procede de la manera en que se responde a dichas imposiciones, cómo los diferentes individuos se relacionan con ella. Se reacciona de mil maneras, dependiendo del carácter del sujeto y del poder que se posee en el escalafón. Pocos hay que las discutan y no actúen desde la obediencia ciega, casi todos agachan la cabeza, el castigo para el desobediente promete ser ejemplar.
Sean Connery
“The Hill” está escenificada en una prisión militar, y toda la cinta se circunscribe a ello. Pero el argumento es demasiado rico en contenidos como para limitarnos a ceñirnos solamente a escenarios castrenses.

Así, la sociedad, como la conocemos, funciona como una prisión: Premios y castigos; limitación de la movilidad; aislamiento humano; desconfianza y enfrentamiento entre iguales; no se premia la inteligencia, sino el servilismo; la base de todo es la coerción; normas irracionales por doquier; estructura jerárquica opresora; tortura y humillación para los “indeseables”; los más débiles, de entre los insurrectos, resultan los primeros en ser aplastados; se utilizan las diferencias para enfrentar a la población; los que están “más arriba” en la estructura no aparecen nunca en “el teatro de operaciones”; el “sistema perfecto” es mera propaganda; los mejor posicionados acostumbran a hacer la vista gorda, se corrompen; y podría seguir…
La figura de Roberts (Sean Connery): Es un militar, cree en su disciplina, pero es inteligente y comprende la tiranía que alberga la institución de la que procede. Cree que las cosas se pueden hacer de otra manera, desde dentro de la propia institución militar, y por eso se lleva los porrazos que se lleva.

Hay dos momentos clave en la cinta, van en el spoiler. Dos momentos que hubieran podido permitir “la ruptura de la baraja”…

En conclusión, película de argumento sencillo, pero de hondura latente. Película con abundante riqueza sustancial, aunque quizás para muchos se pueda hacer algo árida por su premisa de “angular” tanto la disciplina férrea del campamento (lo que es necesario para marcar la rigidez y anti-humanidad de la prisión). Lumet nos deja una de las mejores obras de la historia, al menos a tenor del contenido mostrado. En mi opinión, primerísimo nivel. Un 9,2.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
1) La insurrección del presidio al completo. La masa social tiene la posibilidad de levantarse, de acabar con todo el sistema. Hay indecisión, hay miedo, hay desconfianza, hay cobardía. El sargento jefe Wilson conoce bien a su “población”, y es capaz de sofocar el levantamiento con fáciles maniobras. El “pueblo” tiene el poder y la fuerza, pero no es capaz de hacerse valer.
2) La escena final. Hubiera podido ser una victoria parcial, me refiero a acabar con el militar sádico. Pero “el pueblo” pierde la cabeza, no es capaz de obrar con estrategia, con inteligencia. Hubiera sido una pequeña victoria, aunque, dentro de los parámetros del sistema castrense, victoria, al fin y al cabo.
7
24 de abril de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Lumet no era un director de fórmulas. Era de esos que prefieren incomodar antes que complacer, y aquí se nota desde el primer fotograma. Para entender lo que hace La colina de los hombres perdidos hay que entender también de dónde viene cada pieza: un director que nunca tuvo miedo a arriesgar, un Sean Connery que en 1965 ya era el hombre más famoso del mundo y que precisamente por eso quiso alejarse del smoking de Bond y ponerse el uniforme sucio de un preso, y un guionista, Ray Rigby, que escribió desde la experiencia propia. No imaginó la brutalidad de una prisión militar británica: la vivió.

Lumet rueda en Almería — ese rincón árido que el cine ha usado mil veces para fingir que está en otro lado — y saca partido de cada centímetro de polvo y soledad. El desierto no es decorado: es un personaje más. Dice algo sobre el aislamiento, sobre esos lugares donde la ley no responde ante nadie porque los que mandan son la ley. Ahí está el verdadero núcleo de la película: el poder que ciertos hombres se otorgan a sí mismos, sin nadie que los supervise, y el horror completamente ordinario que de eso se desprende.

El blanco y negro seguramente le ha costado reposiciones. Es una pena real, porque la película las merece. Hay algo en esa fotografía que encaja perfectamente con la dureza de lo que se cuenta — ningún color hubiera sido más honesto.

El rodaje en Almería no fue solo una elección de producción económica. Lumet insistió en localizaciones reales de exterior para que los actores sintieran físicamente el agotamiento del calor y el confinamiento — una decisión que contribuyó directamente a la tensión auténtica que se percibe en las interpretaciones.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El final no te da lo que quieres, y eso es exactamente lo que lo hace grande. Hay un momento catártico donde el "malo" recibe lo que el espectador lleva toda la película deseándole. Pero Lumet no lo deja ahí. Porque si la justicia se toma por la mano, la justicia legal desaparece.

Connery termina la película gritando, desesperado, pidiendo que paren — y sí, es cierto que en esta película se grita mucho, pero ese grito final es distinto. Es el grito de quien entiende que ganar así no es ganar. Un final amargo, de los que el cine comercial todavía hoy esquiva con la misma cobardía de siempre. En 1965 era una rareza. En muchos sentidos, sigue siéndolo.
25 de noviembre de 2021
1 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entiendo lo que pretende el bueno de Sidney Lumet. Una peli en la que aborrezcas los rigores de la disciplina militar, que te enfrente al absurdo de la dureza castrense y las injusticias de ese tipo de trato para los soldados en un centro de castigo. Y lo consigue, rechazo total a todo lo que representa el abuso de poder. Esto es un canto antibelicista de libro.

Ahora bien, la forma en la que lo narra es bastante coñazo. Salvo un par de momentos de la peli al final donde hay más emoción... (ver en spoiler), la realidad es que nos tiramos dos horas viendo a unos pobres diablos haciendo ejercicio y sufriendo putadas por un guardia venido a más bastante psicópata (inevitable acordarnos de La Chaqueta Metálica de Kubrik, que explota esto con mucho mejor tino en una revisión moderna del puteo militar). Y lógicamente, los reclusos se rebelan, cada uno como puede, ante tamaña injusticia sostenida en el tiempo.

Pero los planos son lentos y monótonos, la película se hace infumable, hasta la escena en que sacan a todos los presos para hacer un careo con el jefazo me parece carente de sentido y sobreactuada.

Amigos, yo también soy de amar y vanagloriar los clásicos, pero tampoco es menos cierto que su naturaleza de clásicos viene de que soporten el paso de las generaciones. Por tanto, están pensados para ser revisitados y también criticados, si se convierten en un truño. Yo adoro a Sean Connery y sé que Lumet es un director cojonudo, pero no en esta peli, a otro perro con ese hueso. El sentimiento que ha predominado viendo esta peli ha sido la necesidad de huir. Yo era un preso más, pero de una película que no ha soportado el paso del tiempo y que, me imagino, sigue teniendo las valoraciones hinchadísimas de quienes fliparon al verla cuando eran jóvenes y no se han molestado en volver a verlas con la sensibilidad y los ojos de cinéfilo de hoy.

Si queréis torturaros con el peso de las expectativas creadas, vedla y me contáis. Yo aguanté su metraje al completo de milagro.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Ahora bien, la forma en la que lo narra es bastante coñazo. Salvo un par de momentos de la peli al final donde hay más emoción (con el gran Connery enfrentándose al comandante cabrón y autoritario), la realidad es que nos tiramos dos horas viendo a unos pobres diablos haciendo ejercicio y sufriendo putadas por un guardia venido a más bastante psicópata (inevitable acordarnos de La Chaqueta Metálica de Kubrik, que explota esto con mucho mejor tino en una revisión moderna del puteo militar).
1
29 de septiembre de 2011
10 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
Subir y bajar una montañita de arena a 45 grados es el castigo para los muchachos que hayan sido malos. Esto es la II Guerra Mundial y estamos en África, en un campamento de prisioneros británicos.

Sí, parece duro lo de la montañita (the hill, que la llaman ellos), y lo es. Una sufre muchísimo viendo a los chavales subir y bajar con tantísimo calor. Y colaría perfectamente si no fuera porque luego te enteras de que en el campo de prisioneros tienen unas ordenanzas por las cuales ninguno de ellos puede morir ni resultar herido y que pueden presentar cuando se les antoje una hoja de reclamaciones protestando por el trato, y le cae un puro al jefe que se caga.

Veamos. Estamos en mitad de una guerra mundial, en un campo de prisioneros, y resulta que tienen más garantías que cualquier preso en una cárcel española???? Esto cómo se come?

Si tienes la menor lesión le buscas un follón al director de la cárcel; si se subleva el personal no puedes ni tocarle; si a un preso se le va la pinza y se cuela en el despacho del jefe en paños menores sólo puedes reñirle y decirle que se está portando muy mal.

Entonces... así es la guerra? Y por esa gilipollez nos acojonamos tanto? Pero hombre, si hasta en el patio de un colegio hay más peligro.
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    Yo maté
    España1957
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    45
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