El testimonio de Anne Lee
2025 

5.5
992
Drama. Musical
Inspirada en hechos reales, se centra en la líder religiosa Ann Lee, fundadora del Movimiento Shaker a finales de la década de 1770, llegó a construir una de las sociedades utópicas más grandes de la historia de Estados Unidos. Los seguidores de Lee la consideraban el Jesucristo femenino, y sus fieles le rezaban cantando y bailando. (FILMAFFINITY)
21 de mayo de 2026
21 de mayo de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El éxtasis de la fe y el peso del luto: una experiencia sensorial extenuante
Entrar a ciegas a *El testamento de Ann Lee* es, quizás, la mejor decisión que puede tomar el espectador. Impulsado por el eco de su gran recepción en la temporada de premios, decidí adentrarme en su propuesta sin demasiadas certezas. El resultado es un viaje visceral e inmersivo que te arrastra de lleno a un universo cargado de sensaciones encontradas, donde el impacto inicial se sostiene a base de puro estímulo sensorial.
Mona Fastvold construye una historia atrapante que, estructurada en tres arcos narrativos muy claros, se vuelve mucho más accesible de lo que su premisa académica sugiere. Sin embargo, es en su propia intensidad donde la película encuentra sus fisuras. El recurso musical y coral utilizado para canalizar el drama y el trance espiritual funciona con una fuerza arrolladora al principio, pero deviene en un bucle continuo que, sumado a una duración un tanto excesiva, termina por tornarse extenuante y reiterativo.
Entrar a ciegas a *El testamento de Ann Lee* es, quizás, la mejor decisión que puede tomar el espectador. Impulsado por el eco de su gran recepción en la temporada de premios, decidí adentrarme en su propuesta sin demasiadas certezas. El resultado es un viaje visceral e inmersivo que te arrastra de lleno a un universo cargado de sensaciones encontradas, donde el impacto inicial se sostiene a base de puro estímulo sensorial.
Mona Fastvold construye una historia atrapante que, estructurada en tres arcos narrativos muy claros, se vuelve mucho más accesible de lo que su premisa académica sugiere. Sin embargo, es en su propia intensidad donde la película encuentra sus fisuras. El recurso musical y coral utilizado para canalizar el drama y el trance espiritual funciona con una fuerza arrolladora al principio, pero deviene en un bucle continuo que, sumado a una duración un tanto excesiva, termina por tornarse extenuante y reiterativo.

Amanda Seyfried
Quitando este agotamiento formal, la propuesta brilla con luz propia en su factura técnica. Al igual que ocurrió recientemente con The Brutalist, la elección de rodar enteramente en celuloide de 35mm se vuelve una declaración de principios: la textura granulada, orgánica y táctil del fílmico impregna cada fotograma, construyendo una atmósfera opresiva y sucia del siglo XVIII que el pulido digital jamás podría emular. Es sobre este lienzo rústico y vivo donde se erige una labor interpretativa consagratoria.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Amanda Seyfried se desmarca por completo de su registro mainstream tradicional para entregar la actuación de su vida: descarnada, magnética y habitada por una locura mística descomunal. Una interpretación digna de una indiscutible nominación al Óscar, cuya única sombra este año fue haber coincidido en cartelera con el fenómeno de Hamnet. Resulta fascinante ver cómo ambas películas dialogan entre sí desde veredas distintas, utilizando la tragedia de la pérdida filial como el combustible sagrado para erigir un legado indestructible.
En definitiva, la crónica de los Shakers y su "madre salvadora" es una recomendación obligatoria. Una gran película que se queda a las puertas de la obra maestra debido a un montaje estirado y a la represión de sus propios recursos, pero que deja una huella indeleble en la retina del espectador.
* LO MEJOR: La actuación consagratoria de Amanda Seyfried, una exquisita fotografía en fílmico de 35mm que otorga atmósfera de textura rústica, viva.
En definitiva, la crónica de los Shakers y su "madre salvadora" es una recomendación obligatoria. Una gran película que se queda a las puertas de la obra maestra debido a un montaje estirado y a la represión de sus propios recursos, pero que deja una huella indeleble en la retina del espectador.
* LO MEJOR: La actuación consagratoria de Amanda Seyfried, una exquisita fotografía en fílmico de 35mm que otorga atmósfera de textura rústica, viva.
*LO PEOR: Montaje que estira innecesariamente la duración de la cinta y el abuso repetitivo del recurso musical y coral.
Facu Farfán -
Facu Farfán -
16 de marzo de 2026
16 de marzo de 2026
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La pareja creativa (y sentimental) formada por la cineasta noruega Mona Fastvold y el estadounidense Brady Corbet han desembarcado para cambiar el cine contemporáneo desde sus cimientos. Porque saben y porque pueden. Además, han decidido convertirse en los herederos legítimos de Dios Padre Paul Thomas Anderson y se trata de otra victoria alcanzada. Porque lo primero que tengo que decir sobre “El testamento de Ann Lee” (2025) es que, si no me mostrasen los créditos, diría que estamos ante un film de Paul Thomas Anderson. El logrado mimetismo conseguido por esta pareja de genios es tal que es fácil confundirlos. Obviamente, este film no está a la altura de “The Brutalist”, sencillamente porque casi nada puede estarlo y porque es cierto que recogen resultados más sublimes cuando dirige él (“La infancia de un líder”, “Vox Lux”, “The Brutalist”) que cuando dirige ella (“Dobles parejas”, “El mundo que viene”), pero siempre brillando a un nivel sobresaliente. Pero, en el seguimiento religioso (nunca mejor dicho) a PTA, si “The Brutalist” bebía abiertamente de “Pozos de ambición”, este film hunde sus raíces en otra obra maestra de Paul Thomas Anderson, “The Master”.

La siguiente cuestión a analizar es determinar el género de esta joya cinematográfica. Porque vive en la equidistancia entre el drama de época y el musical, sabiendo jugar con ese equilibrio mágico y con vocación ancestral durante sus 136 minutos. Cuando quiere ser musical, tan sólo en determinados momentos, lo hace con un gusto exquisito y con fundamento, abandonando esa dinámica que aborrezco del género en la que de pronto sus personajes se ponen a cantar o bailar en mitad de la calle. Aquí, por suerte, no funciona así. Sus momentos musicales siempre están anudados a las estrambóticas ceremonias religiosas que tienen lugar en pantalla y con un sentido narrativo claro. Dicho sea de paso, tampoco estamos ante bonitos y agradables números musicales, por cuanto se trata de reflejar las estridencias religiosas de una secta que basa su culto en los gritos, las violentas coreografías y las convulsiones y porque su compositor, Daniel Blumberg, como en “The Brutalist”, también se inspira en la música desasosegante que Jonny Greenwood crea para los films de Paul Thomas Anderson.

Esta maravilla fílmica contiene al menos 3 secuencias que pasarán a los anales: una a bordo de un barco en mitad del Océano Atlántico, otra en torno a un incendio (la sombra de “Pozos de ambición” de Paul Thomas Anderson es alargada) y otra en un camino cubierto de nieve. La maestría de Mona Fastvold para la creación visual de las mismas resulta épica. Dicho sea de paso, también está dividida en capítulos con sus títulos y fechas correspondientes, otra marca de la casa Fastvold-Corbet.
Es sobresaliente la dirección de fotografía de William Rexer que, siguiendo la estela que inaugurara el maestro Stanley Kubrick para “Barry Lyndon”, rueda exclusivamente con luz natural de las velas y de las ventanas de las casas del siglo XVIII en el que se ambienta el film, dotándolo de una pátina oscura maravillosa tan propia de Corbet-Fastvold, un film oscuro para contar una historia oscura. O sea, la perfección.
En cuanto a la historia que narra el guión de Mona Fastvold y Brady Corbet, resulta apasionante al contar el origen de la secta conocida como “Movimiento Shaker” en la Manchester del siglo XVIII y que después se expandiría por los USA durante su etapa fundacional, sosteniendo la tesis de que Dios es único para hombres y mujeres y, por tanto, si el primer advenimiento fue en Jesucristo, tenía que llegar un segundo advenimiento en una mujer, Ann Lee. Estamos ante una secta de formas extrovertidas, que manifiestan su fe gritando, saltando, convulsionando y formando extrañas coreografías que el film, muy sutil en su ateísmo lógico y muy respetuoso con semejantes exageraciones, muestra de manera magistral.
Pero lo que también resulta estar por encima del bien y del mal es la interpretación de Amanda Seyfried, una de esas que se pegan a la retina del cinéfilo para no abandonarlo jamás, que supone un alarde en sesión continua, que ocupa toda la vida de la protagonista, desde la adolescencia hasta su madurez, y en la que Seyfried, en un recital sin precedentes, ríe, llora, grita, se convulsiona, canta, baila, conmueve, repele… Un auténtico caudal de la naturaleza irrefrenable ante la cámara. Se merienda a cualquier otro actor o actriz que aparezca en plano, incluso a la mismísima Stacy Martin que sostiene un interesante personaje secundario.
Una cinta que destripa las miserias de una secta pero sin hacer leña del árbol caído, con respeto y curiosidad entomóloga, buscando incluso algún elemento positivo entre tanto desvarío, como su firme posición contraria a la venta de esclavos o al uso de las armas, en contraposición a terribles pilares como un celibato absoluto incluso con matrimonio de por medio que da lugar para otra secuencia entre Ann Lee y su marido de esas que marcan. Puro caviar cinéfilo de principio a fin.
Es sobresaliente la dirección de fotografía de William Rexer que, siguiendo la estela que inaugurara el maestro Stanley Kubrick para “Barry Lyndon”, rueda exclusivamente con luz natural de las velas y de las ventanas de las casas del siglo XVIII en el que se ambienta el film, dotándolo de una pátina oscura maravillosa tan propia de Corbet-Fastvold, un film oscuro para contar una historia oscura. O sea, la perfección.
En cuanto a la historia que narra el guión de Mona Fastvold y Brady Corbet, resulta apasionante al contar el origen de la secta conocida como “Movimiento Shaker” en la Manchester del siglo XVIII y que después se expandiría por los USA durante su etapa fundacional, sosteniendo la tesis de que Dios es único para hombres y mujeres y, por tanto, si el primer advenimiento fue en Jesucristo, tenía que llegar un segundo advenimiento en una mujer, Ann Lee. Estamos ante una secta de formas extrovertidas, que manifiestan su fe gritando, saltando, convulsionando y formando extrañas coreografías que el film, muy sutil en su ateísmo lógico y muy respetuoso con semejantes exageraciones, muestra de manera magistral.
Pero lo que también resulta estar por encima del bien y del mal es la interpretación de Amanda Seyfried, una de esas que se pegan a la retina del cinéfilo para no abandonarlo jamás, que supone un alarde en sesión continua, que ocupa toda la vida de la protagonista, desde la adolescencia hasta su madurez, y en la que Seyfried, en un recital sin precedentes, ríe, llora, grita, se convulsiona, canta, baila, conmueve, repele… Un auténtico caudal de la naturaleza irrefrenable ante la cámara. Se merienda a cualquier otro actor o actriz que aparezca en plano, incluso a la mismísima Stacy Martin que sostiene un interesante personaje secundario.
Una cinta que destripa las miserias de una secta pero sin hacer leña del árbol caído, con respeto y curiosidad entomóloga, buscando incluso algún elemento positivo entre tanto desvarío, como su firme posición contraria a la venta de esclavos o al uso de las armas, en contraposición a terribles pilares como un celibato absoluto incluso con matrimonio de por medio que da lugar para otra secuencia entre Ann Lee y su marido de esas que marcan. Puro caviar cinéfilo de principio a fin.
4 de abril de 2026
4 de abril de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ni Amanda Seyfried levanta esta película.
Por momento se hace muy pesada, el planteamiento musical se hace del mismo modo poco compresible y lastra y mucho la película.
Quiere transmitir algo que desde luego no logra en ningún momento, y hay que reconocer que la puesta en escena es más que acertada, pero eso es todo.
Hay poca química en el reparto, que no logra pasar del mero acercamiento, pero nula transmisión de sentimientos.
Parece estar formada por retazos mal unidos entre ellos, da la sensación de ser un corta pega de imágenes y poco más.
Por momento se hace muy pesada, el planteamiento musical se hace del mismo modo poco compresible y lastra y mucho la película.
Quiere transmitir algo que desde luego no logra en ningún momento, y hay que reconocer que la puesta en escena es más que acertada, pero eso es todo.
Hay poca química en el reparto, que no logra pasar del mero acercamiento, pero nula transmisión de sentimientos.
Parece estar formada por retazos mal unidos entre ellos, da la sensación de ser un corta pega de imágenes y poco más.
23 de junio de 2026
23 de junio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
“El testamento de Ann Lee” se adentra en la figura de Ann Lee, líder religiosa del siglo XVIII y fundadora de los shakers, una comunidad cristiana conocida por su vida austera, su celibato y sus particulares formas de expresión espiritual. Como me suele ocurrir con las películas basadas en hechos reales, agradecí que la película me permitiera descubrir una historia y un movimiento religioso del que apenas sabía nada.
Sin embargo, más allá de ese interés inicial, la película no terminó de atraparme. Se me hizo larga y demasiado contemplativa, justo un tipo de cine que suele costarme. No sentí una verdadera inmersión ni una conexión emocional fuerte con lo que estaba viendo. Tampoco logré conectar con Ann Lee como personaje, pese a reconocer la buena actuación de Amanda Seyfried. Hay intensidad, entrega física y una composición muy trabajada, pero no consiguió que me implicara de verdad en su recorrido, más interesado en transmitir un estado espiritual que en acercarme emocionalmente a ella.
Sin embargo, más allá de ese interés inicial, la película no terminó de atraparme. Se me hizo larga y demasiado contemplativa, justo un tipo de cine que suele costarme. No sentí una verdadera inmersión ni una conexión emocional fuerte con lo que estaba viendo. Tampoco logré conectar con Ann Lee como personaje, pese a reconocer la buena actuación de Amanda Seyfried. Hay intensidad, entrega física y una composición muy trabajada, pero no consiguió que me implicara de verdad en su recorrido, más interesado en transmitir un estado espiritual que en acercarme emocionalmente a ella.

Sí destacaría algunos aspectos formales. El vestuario y la ambientación están muy cuidados y ayudan a situar la historia en una época y en una comunidad muy concretas. En ese sentido, la película tiene personalidad y una propuesta visual reconocible.
El problema es que, tratándose de un musical, yo espero salir con alguna canción en la cabeza, con algún momento que me acompañe después del visionado. Y en este caso no fue así. La música forma parte del dispositivo de la película, pero no me dejó ninguna melodía memorable ni una emoción que permaneciera.
“El testamento de Ann Lee” es una película singular y con interés histórico, pero también demasiado fría, contemplativa y distante para mi sensibilidad. Agradezco lo que me permitió conocer sobre los shakers, aunque no fue una experiencia cinematográfica que me emocionara ni que recomendaría especialmente.
El problema es que, tratándose de un musical, yo espero salir con alguna canción en la cabeza, con algún momento que me acompañe después del visionado. Y en este caso no fue así. La música forma parte del dispositivo de la película, pero no me dejó ninguna melodía memorable ni una emoción que permaneciera.
“El testamento de Ann Lee” es una película singular y con interés histórico, pero también demasiado fría, contemplativa y distante para mi sensibilidad. Agradezco lo que me permitió conocer sobre los shakers, aunque no fue una experiencia cinematográfica que me emocionara ni que recomendaría especialmente.
2 de julio de 2026
2 de julio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta no es una película complaciente con el público, más bien es exigente y arriesgada, encabezada por una Amanda Seyfried cuya entregada participación puede romper prejuicios en su carrera. Logra un balance perfecto entre la fragilidad de una madre golpeada por la tragedia y el magnetismo casi mesiánico de una líder espiritual.
Filmada de manera impecable en 35 mm, la crudeza visual y la coreografía de los rituales religiosos te mantienen inmerso en una atmósfera opresiva, casi de terror folclórico, que recuerda a producciones de época muy cuidadas. Es un ejercicio cinematográfico atractivo, pero implacable en su desarrollo.
Es una película de nicho y de ritmo deliberadamente lento. Sus 137 minutos pueden sentirse pesados para el público general debido a su narrativa contemplativa. Además, la visceralidad con la que se retrata ciertos eventos traumáticos puede resultar demasiado gráfica e incómoda para algunos espectadores.
Francisco Maldonado: MúsicaCineTV
Filmada de manera impecable en 35 mm, la crudeza visual y la coreografía de los rituales religiosos te mantienen inmerso en una atmósfera opresiva, casi de terror folclórico, que recuerda a producciones de época muy cuidadas. Es un ejercicio cinematográfico atractivo, pero implacable en su desarrollo.
Es una película de nicho y de ritmo deliberadamente lento. Sus 137 minutos pueden sentirse pesados para el público general debido a su narrativa contemplativa. Además, la visceralidad con la que se retrata ciertos eventos traumáticos puede resultar demasiado gráfica e incómoda para algunos espectadores.
Francisco Maldonado: MúsicaCineTV
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
España
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana
