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Críticas 403
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
30 de abril de 2026
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estuve presente en la premiere mundial de “Los mejores años de nuestra vida”, el documental sobre Hombres G dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, en los Cines Verdi de Barcelona, dentro del BCN Film Fest. Los tenía a apenas una fila de distancia. A Rafa, David, Dani y Javi. Cuatro tipos que, para muchos, no son solo un grupo de pop, sino una parte íntima de nuestra biografía sentimental.

Yo tenía incluso preparado mi pequeño discurso de agradecimiento, sin importarme parecer una groupie con canas y 46 primaveras. Quería decirles que son, literalmente, la banda sonora de mi vida. Que todo empezó cuando, con mis dos mejores amigos, y con apenas siete u ocho años, rasgábamos raquetas de tenis como si fueran guitarras en el polideportivo de nuestro pueblo de veraneo, Albarracín, cantando “Marta tiene un marcapasos” sin saber muy bien qué estábamos cantando, pero ya completamente atrapados por aquella melodía pegadiza, luminosa e irresistible. No pude hablar. Eran demasiados los que querían agradecerles lo mismo: haber estado ahí, durante toda una vida.
Creo que no hay un solo mes de mi existencia en el que no haya escuchado alguna canción de Hombres G. Y eso, dicho así, puede parecer una exageración de fan, pero en mi caso es una certeza biográfica. Los he defendido a capa y espada, los he visto entre diez y doce veces en escenarios distintos y he conseguido algo que me hace especial ilusión: que mis amigos, sean del entorno que sean, cuando escuchan una canción suya piensen inmediatamente en mí. Seguramente he sido insistente con ellos, pero Hombres G han estado en fiestas, viajes, rupturas, veranos, borracheras, celebraciones y días malos… así que son parte de lo que soy y de mi historia.

Por tanto, huelga decir que “Los mejores años de nuestra vida” me pareció magnífico. Pero intentaré, en la medida de lo posible, aislar de la ecuación que se trata de mis artistas favoritos y valorar el documental como obra cinematográfica. Y ahí también funciona. Tiene un montaje dinámico, vivo, muy bien medido, que evita la tentación del documental plano y complaciente. Alterna pasado y presente con naturalidad, combina archivo, testimonios y emoción sin que el ritmo decaiga, y sabe cuándo detenerse en una herida y cuándo romper la solemnidad con humor. Es un documental que entiende muy bien a sus protagonistas: no los convierte en estatuas, sino en amigos que han envejecido juntos, que se conocen demasiado, que se quieren, que se han cansado, separado, reconciliado y vuelto a encontrar en las canciones.
Uno de sus grandes aciertos es que no se queda en lo cómodo. Evidentemente están los éxitos, la euforia adolescente, los gritos, los estadios y esa explosión de popularidad que los convirtió en un fenómeno difícil de explicar solo desde la nostalgia. Pero el documental también entra en zonas menos luminosas: la separación a finales de 1992, los motivos de aquel desgaste, el cansancio acumulado tras una fama gigantesca en los años ochenta, la carrera en solitario de David Summers y la necesidad de tomar distancia cuando la maquinaria del éxito ya no permitía respirar. Esa parte es importante, porque sin ella el relato sería solo celebración. Y Hombres G, como toda historia que dura cuarenta años, también son sus fracturas.

El documental acierta también al explicar por qué este grupo fue capaz de llenar estadios en la época de sus discos más exitosos, desde “Hombres G” en 1985 hasta “La cagaste… Burt Lancaster” en 1986 y “Voy a pasármelo bien” en 1989, y por qué, después de su regreso, han dejado de ser únicamente un fenómeno adolescente para convertirse en patrimonio sentimental de varias generaciones. Hay algo profundamente bonito en ver cómo aquellas canciones han resistido mejor que muchos discursos solemnes. Y verlos, tantos años después, seguir llenando estadios de 65.000 personas como el Estadio GNP de Ciudad de México en abril de 2025, confirma que lo suyo no fue solo una moda: fue, y sigue siendo, una historia de amor con varias generaciones.

Quizá por eso “Los mejores años de nuestra vida” emociona tanto. Porque no habla solo de Hombres G. Habla de lo que las canciones hacen con nosotros cuando pasan los años. Habla de cómo una melodía aparentemente sencilla puede guardar dentro una infancia entera. Habla de la amistad, de la memoria, del paso del tiempo y de esa extraña forma en que algunas bandas dejan de pertenecer solo a sus miembros para pasar a formar parte de quienes las han cantado durante décadas. Yo entré al Verdi como fan, eso no lo voy a negar. Pero salí con la sensación de haber visto un documental honesto, entretenido, muy bien montado y mucho más profundo de lo que podría esperar quien solo se quede en la superficie de sus estribillos.

No puedo acabar esta crítica de otra manera: os quiero, Rafa, David, Dani y Javi. Larga vida a Hombres G. Y gracias por este excelente documental sobre vuestra trayectoria, porque aunque quizá no nos conozcáis a todos, en realidad también habéis contado un pedazo de la nuestra.
30 de abril de 2021
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre fui más de Aliens que de Alien, sin embargo, al ver ambas películas juntas, me decanto finalmente por el suspense de la primera. Asimismo, refiriéndome al Octavo Pasajero, su exquisito sonido y una magnífica edición cubren con éxito su menor presupuesto. Aún así, frente a una Sigourney Weaver bastante insípida, nos encontramos con una heroína consagrada en la secuela.

El universo Alien es otro de los que pondría en un altar. Estos son mis “pro’s” y mis “no tan pro’s”:

Pro’s: (1) El diseño de producción de Aliens es inaudito y es una clara muestra de la enorme inyección de recursos de la factoría de James Cameron; (2) Sigourney Weaver, como ya he comentado, explosionando y dando rienda suelta a todo su poder; (3) La banda sonora también es otra más de las que recordamos de inmediato; (4) Efectos especiales que a fecha de hoy siguen pareciendo muy buenos; (5) Esta es la película que crea el universo Aliens, con una trama que nos deja anhelosos de más historias.
No tan pro’s: (1) El ritmo me parece desigual. La primera parte de la película se me hace un tanto carente de ritmo; (2) El sonido: así como en la primera es sorprendente y parte involucrada en la tensión, el suspense y credibilidad de la película (como en el aterrizaje, por ejemplo), en la segunda parte tiene un buen sonido, pero reduce su presencia.
31 de julio de 2023
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película retrata en tres actos la vida de la escritora neozelandesa Janet Frame, una biografía tormentosa de quién pasara 8 años en una institución psiquiátrica encerrada por una mala diagnosis. Este es el hecho negativo que más destaca en su vida aunque la lista de desgracias se suceden en este largometraje. Parece que Campion se recrea más en la parte dramática de su vida que no en el éxito como excelente poetisa.

En mi opinión, el desarrollo narrativo es lento y me ha costado mantenerme atento. A lo largo de los minutos esperaba que Frame remontase y cuando parece que lo consigue (en la isla blanca), Jane Campion, la maravillosa directora de "El piano", retrata el costumbrismo de las Baleares con flamenco y saeta! Ole tú Campion! Te regalo la "h" para que la añadas al apellido!

Lo que sí admito es la notable actuación de las tres actrices que interpretan a la escritora, sobre todo a Kerry Fox recreando su etapa más madura.

Poco más que añadir. Me ha parecido demasiado extensa y quizá no me ha despertado el interés o curiosidad que sí suelen conseguir otros biopics.
13 de abril de 2022
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dejando de lado "Dersu Uzala" (1975), respecto a Kurosawa, más allá de buscar como influyó su filmografía en la saga galáctica de George Lucas (como "La fortaleza escondida" -1958- o la misma "Dersu Uzala"), me parece soporífero. Sé que iré al infierno por decir esto, y me condenarán a ver la saga completa de "Sharknado" mil veces, y también sé, que probablemente me falte esforzarme más a la hora de valorar esta película en su década y país, pero como voy teniendo "horas de vuelo" en el Séptimo Arte, puedo aseverar que no entiendo el mérito del director japonés.

En la película que nos ocupa, Kenji Watanabe es un viejo funcionario público al que le detectan una enfermedad terminal y decide llenar su vacío existencial haciendo un sprint final para dar sentido a su vida. Para algunos parece ser más lacrimógena que "Hachiko" (Lasse Hallström, 2009)... pero a mi me parecen 143 interminables minutos de un largometraje plano.
Takashi Shimura
Tampoco entiendo el hype que se le da a las actuaciones: la chica joven que enseña a vivir a Watabe sobreactúa, y Watabe... en fin... más allá de poner cara de pasmarote, pues mucho más no hace...

No me emociona en ningún momento y, dado el argumento, debía conseguirlo. Repito, soy consciente de que debería ser más condescendiente y evaluarla dentro de su época y la cultura japonesa, pero como en el cine se trata de disfrutar, esta película se ha situado en las antípodas de mi ideal de entretenimiento.
27 de noviembre de 2020
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Respecto a *La sombra del pasado*, cuando acabé de verla mi primera impresión fue de incredulidad. Me costó dar crédito a las coincidencias que se dan en la película que no revelaré para no caer en spoiler. Sin embargo, indagando un poco más en la historia, descubrí que en realidad se trata de un biopic del artista alemán Gerhard Richter, por lo que estamos hablando, una vez más, de que la realidad supera a la ficción.

La película para mi tiene un desarrollo desigual: un primer tramo que me parece espectacular, donde trata la esquizofrenia de Elisabeth (Saskia Rosendahl), de su desgraciado final y del bombardeo de Dresden. Estos primeros minutos me parecen sublimes: desde la actuación de Rosendahl, a la fotografía (destacando la imagen de los aviones lanzando papel plateado), a la música orquestral de Max Richter (por cierto, fue nominada tanto a fotografía como a mejor película de habla no inglesa, ambos premios ganados por la “Roma” de Cuarón).
Tom Schilling
La parte central de la película me resulta algo tediosa, particularmente la búsqueda del pintor de su estilo propio. Tiene sentido, pero se me hace larga.

Y el desenlace vuelve a interesar sin brillar nunca como en ese primer tramo, destacando tanto en el intermedio como en la parte final, la actuación del médico nazi: Sebastian Koch.

Como conclusión: buen intento de Donnersmarck que se queda a medio camino y no llega a la pulcritud de su opera prima: “La vida de los otros” (2006).
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