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28 de mayo de 2026
28 de mayo de 2026
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Considerando que entré al cine con el menor contenido posible sobre lo que iba a ver, y solo teniendo a una de mis actrices favoritas de lo últimos años y a la productora del momento como base, esta película era una parada obligatoria. Y teniendo en cuenta que todavía no sé si me gustó o no la cinta, puedo decir que es un viaje sumamente interesante.
Vamos por partes: mientras nos adentramos en la cinta vamos descubriendo un mundo conceptualmente tan atrapante como no me pasaba como la primera vez que ví el Show de Truman o Pesadilla en la Calle Elm. Técnicamente, el concepto funciona muy bien. Lo malo es cómo se le da desarrollo a dicho mundo, algo que me temía mientras avanzaba la cinta.
Sin entrar en spoilers, el concepto que rodea a Backrooms es muy bueno (salís del cine pensando qué lugares de la vida diaria pueden ser una backroom). Lo que noto menos conciso es: teniendo gran parte del tiempo de la película para presentarnos el mundo, darle contexto y un cierre convincente y resolutivo, la película centra su eje en generar tensión (que sí lo logra, siendo un punto a favor de su debutante director Kane Parsons) y anticiparnos para lo que va a venir, que luego se apura en su resolución y hasta en cierto punto toma decisiones caricaturescas.
Vamos por partes: mientras nos adentramos en la cinta vamos descubriendo un mundo conceptualmente tan atrapante como no me pasaba como la primera vez que ví el Show de Truman o Pesadilla en la Calle Elm. Técnicamente, el concepto funciona muy bien. Lo malo es cómo se le da desarrollo a dicho mundo, algo que me temía mientras avanzaba la cinta.
Sin entrar en spoilers, el concepto que rodea a Backrooms es muy bueno (salís del cine pensando qué lugares de la vida diaria pueden ser una backroom). Lo que noto menos conciso es: teniendo gran parte del tiempo de la película para presentarnos el mundo, darle contexto y un cierre convincente y resolutivo, la película centra su eje en generar tensión (que sí lo logra, siendo un punto a favor de su debutante director Kane Parsons) y anticiparnos para lo que va a venir, que luego se apura en su resolución y hasta en cierto punto toma decisiones caricaturescas.

Renate Reinsve
A nivel actoral Renate Reinsve cumple con su rol, Chiwetel Ejiofor da una buena interpretación y es el más destacado (teniendo en cuenta lo poco que conocía de sus actuaciones pasadas), pero que sus tramas no llegan a ser tan interesantes como el mundo, haciendo que te importe poco que les llegará a pasar.
En resumen: me parece una buena experiencia (haría falta verla una segunda vez) pero que no llega a tener una construcción acertada y el final parece poco satisfactorio. Aún así, es digna de darle una oportunidad.
En resumen: me parece una buena experiencia (haría falta verla una segunda vez) pero que no llega a tener una construcción acertada y el final parece poco satisfactorio. Aún así, es digna de darle una oportunidad.
21 de mayo de 2026
21 de mayo de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El éxtasis de la fe y el peso del luto: una experiencia sensorial extenuante
Entrar a ciegas a *El testamento de Ann Lee* es, quizás, la mejor decisión que puede tomar el espectador. Impulsado por el eco de su gran recepción en la temporada de premios, decidí adentrarme en su propuesta sin demasiadas certezas. El resultado es un viaje visceral e inmersivo que te arrastra de lleno a un universo cargado de sensaciones encontradas, donde el impacto inicial se sostiene a base de puro estímulo sensorial.
Mona Fastvold construye una historia atrapante que, estructurada en tres arcos narrativos muy claros, se vuelve mucho más accesible de lo que su premisa académica sugiere. Sin embargo, es en su propia intensidad donde la película encuentra sus fisuras. El recurso musical y coral utilizado para canalizar el drama y el trance espiritual funciona con una fuerza arrolladora al principio, pero deviene en un bucle continuo que, sumado a una duración un tanto excesiva, termina por tornarse extenuante y reiterativo.
Entrar a ciegas a *El testamento de Ann Lee* es, quizás, la mejor decisión que puede tomar el espectador. Impulsado por el eco de su gran recepción en la temporada de premios, decidí adentrarme en su propuesta sin demasiadas certezas. El resultado es un viaje visceral e inmersivo que te arrastra de lleno a un universo cargado de sensaciones encontradas, donde el impacto inicial se sostiene a base de puro estímulo sensorial.
Mona Fastvold construye una historia atrapante que, estructurada en tres arcos narrativos muy claros, se vuelve mucho más accesible de lo que su premisa académica sugiere. Sin embargo, es en su propia intensidad donde la película encuentra sus fisuras. El recurso musical y coral utilizado para canalizar el drama y el trance espiritual funciona con una fuerza arrolladora al principio, pero deviene en un bucle continuo que, sumado a una duración un tanto excesiva, termina por tornarse extenuante y reiterativo.

Quitando este agotamiento formal, la propuesta brilla con luz propia en su factura técnica. Al igual que ocurrió recientemente con The Brutalist, la elección de rodar enteramente en celuloide de 35mm se vuelve una declaración de principios: la textura granulada, orgánica y táctil del fílmico impregna cada fotograma, construyendo una atmósfera opresiva y sucia del siglo XVIII que el pulido digital jamás podría emular. Es sobre este lienzo rústico y vivo donde se erige una labor interpretativa consagratoria.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Amanda Seyfried se desmarca por completo de su registro mainstream tradicional para entregar la actuación de su vida: descarnada, magnética y habitada por una locura mística descomunal. Una interpretación digna de una indiscutible nominación al Óscar, cuya única sombra este año fue haber coincidido en cartelera con el fenómeno de Hamnet. Resulta fascinante ver cómo ambas películas dialogan entre sí desde veredas distintas, utilizando la tragedia de la pérdida filial como el combustible sagrado para erigir un legado indestructible.
En definitiva, la crónica de los Shakers y su "madre salvadora" es una recomendación obligatoria. Una gran película que se queda a las puertas de la obra maestra debido a un montaje estirado y a la represión de sus propios recursos, pero que deja una huella indeleble en la retina del espectador.
* LO MEJOR: La actuación consagratoria de Amanda Seyfried, una exquisita fotografía en fílmico de 35mm que otorga atmósfera de textura rústica, viva.
En definitiva, la crónica de los Shakers y su "madre salvadora" es una recomendación obligatoria. Una gran película que se queda a las puertas de la obra maestra debido a un montaje estirado y a la represión de sus propios recursos, pero que deja una huella indeleble en la retina del espectador.
* LO MEJOR: La actuación consagratoria de Amanda Seyfried, una exquisita fotografía en fílmico de 35mm que otorga atmósfera de textura rústica, viva.
*LO PEOR: Montaje que estira innecesariamente la duración de la cinta y el abuso repetitivo del recurso musical y coral.
Facu Farfán -
Facu Farfán -
23 de mayo de 2026
23 de mayo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá de cualquier película de terror, suspenso o drama, nada va a ser más terrorífico que la vida real, y el contexto de una guerra ya roza lo inimaginable. Cualquiera puede tener sus posturas o posiciones respecto a uno u otro bando en un conflicto; sin embargo, cuando en el medio está la vida de una niña de seis años, cualquier debate geopolítico se desmorona y deja de importar.
Ese es el mensaje tan potente e implacable que entrega La voz de Hind Rajab, un film que posa su mirada en un caso particular que, trágicamente, bien podría reflejar el calvario de cualquiera en la Franja de Gaza.
El peso de la narrativa y los constantes giros basados estrictamente en lo que ocurrió no te dejan descansar ni un solo minuto. Un relato tan crudo solo podía contarse con la verdad, y es ahí donde la directora toma la decisión ética y artística más acertada: renunciar a los artilugios de la ficción para recordarnos que esto es real, que pasó y que sigue pasando en este momento.
Ese es el mensaje tan potente e implacable que entrega La voz de Hind Rajab, un film que posa su mirada en un caso particular que, trágicamente, bien podría reflejar el calvario de cualquiera en la Franja de Gaza.
El peso de la narrativa y los constantes giros basados estrictamente en lo que ocurrió no te dejan descansar ni un solo minuto. Un relato tan crudo solo podía contarse con la verdad, y es ahí donde la directora toma la decisión ética y artística más acertada: renunciar a los artilugios de la ficción para recordarnos que esto es real, que pasó y que sigue pasando en este momento.

El resultado es una experiencia absoluta: se siente como una de las mejores películas que he visto y, a la vez, de las experiencias más complicadas que he tenido frente a una pantalla. Te deja la certeza de haber asistido a una pieza única, indispensable, pero que hay que estar preparado para mirarla. Grandísima película.
5 de agosto de 2026
5 de agosto de 2026
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Considerando que ya estoy bastante exhausto del Universo Marvel y del cine de superhéroes en general, creo hablar por muchos al decir que una nueva entrega del arácnido en salas siempre es una cita obligatoria, aunque sea por pura nostalgia.
Se esperaba hace tiempo una película enfocada 100% en Spider-Man —sin la sombra de Iron Man ni la necesidad constante de sostener a otros personajes— que recuperara la esencia de Peter Parker. En gran medida, esta nueva cinta cumple con creces.
Si bien exige estar relativamente al día con el MCU, estamos ante la entrega más sólida y madura de esta etapa. Vemos finalmente la evolución del personaje y una acción callejera en Nueva York mucho más fiel al cómic, algo que se disfruta de principio a fin.
Sin entrar en terreno de spoilers, los momentos de acción están impecablemente dirigidos: las secuencias de Spidey columpiándose por la ciudad son un espectáculo visual y las revelaciones resultan emotivas y atrapantes.
Se esperaba hace tiempo una película enfocada 100% en Spider-Man —sin la sombra de Iron Man ni la necesidad constante de sostener a otros personajes— que recuperara la esencia de Peter Parker. En gran medida, esta nueva cinta cumple con creces.
Si bien exige estar relativamente al día con el MCU, estamos ante la entrega más sólida y madura de esta etapa. Vemos finalmente la evolución del personaje y una acción callejera en Nueva York mucho más fiel al cómic, algo que se disfruta de principio a fin.
Sin entrar en terreno de spoilers, los momentos de acción están impecablemente dirigidos: las secuencias de Spidey columpiándose por la ciudad son un espectáculo visual y las revelaciones resultan emotivas y atrapantes.
Aunque deja la vara alta y prepara el terreno para lo que se viene en diciembre, la película funciona porque logra asentar un enfoque propio que dejará a los fanáticos más que satisfechos.
11 de agosto de 2026
11 de agosto de 2026
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Pocas son las ocasiones en las que se pueden disfrutar obras como esta en la gran pantalla —en mi caso, la primera vez que me cruzo con el cine de Godard—, pero más allá de la oportunidad, estamos ante una película de culto que trasciende las épocas y te revela, en poco menos de dos horas, lo que es la verdadera pasión por el cine.
Ante los ojos de la crítica, tal vez no sea la entrega más aclamada del director, pero sí la más profunda. Godard sale de su zona de confort para entregar un drama humano y estilístico tan potente que resulta casi imposible de ver en el cine de nuestros tiempos.
Basta con escuchar la hermosa banda sonora de Georges Delerue o apreciar el montaje perfecto rodado en Capri. Destacan la mítica escena del departamento, donde Michel Piccoli y Brigitte Bardot dan cátedra de actuación, el uso del lenguaje visual a través de colores que reflejan emociones no dadas a la palabra, la analogía del desamor tomando como eje La Odisea de Homero, y la feroz crítica del autor ante el avance del cine comercial. Hay tantos detalles técnicos que harían de este análisis algo interminable.
Ante los ojos de la crítica, tal vez no sea la entrega más aclamada del director, pero sí la más profunda. Godard sale de su zona de confort para entregar un drama humano y estilístico tan potente que resulta casi imposible de ver en el cine de nuestros tiempos.
Basta con escuchar la hermosa banda sonora de Georges Delerue o apreciar el montaje perfecto rodado en Capri. Destacan la mítica escena del departamento, donde Michel Piccoli y Brigitte Bardot dan cátedra de actuación, el uso del lenguaje visual a través de colores que reflejan emociones no dadas a la palabra, la analogía del desamor tomando como eje La Odisea de Homero, y la feroz crítica del autor ante el avance del cine comercial. Hay tantos detalles técnicos que harían de este análisis algo interminable.

Brigitte Bardot & Jack Palance
Fue mi primer acercamiento a Jean-Luc Godard (y definitivamente no será el último). Me fui de la sala con la sensación de haber presenciado cine del bueno, del que cada vez más escasea. Una verdadera obra maestra.
Más sobre Facundo Farfan
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