Ana Karenina
1935 

7.0
2,106
Romance. Drama
Siglo XIX, Rusia zarista. Adaptación de la novela homónima del escritor ruso Leon Tolstoi. El conde Vronsky, un joven y apuesto oficial, se enamora perdidamente de Anna Karenina, esposa de un alto funcionario de San Petersburgo. Cuando se conocieron en una estación de tren, un guardavías murió arrollado por un tren, y Anna interpretó este hecho como un mal augurio. Como el marido de Anna se niega concederle el divorcio, deciden vivir ... [+]
2 de julio de 2020
2 de julio de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película goza con el beneplácito de tener una historia que es muy buena. Lo complicado era meterla en una película y que quedara bien, sin los típicos cortes de cine en adaotacide novela, y son imperceptibles.
La película está sustentada en cuatro momentos:
-el banquete inicial y su travelling
-la soldados bebiendo pasando por debajo de la mesa
-el baile
-la carrera de caballos.
La película se va desarrollando junto a la historia, y destaca la aparición de Greta Garbo, tras un a ráfaga de humo del tren, con su cara bombilla que ilumina la pantalla.
El encendido de velas del mayordomo también es espectacular, en una película que aprobaría de sobra tan solo con la puesta en escena, pero que la historia la hace subir al 7 que le pongo.
La película está sustentada en cuatro momentos:
-el banquete inicial y su travelling
-la soldados bebiendo pasando por debajo de la mesa
-el baile
-la carrera de caballos.
La película se va desarrollando junto a la historia, y destaca la aparición de Greta Garbo, tras un a ráfaga de humo del tren, con su cara bombilla que ilumina la pantalla.
El encendido de velas del mayordomo también es espectacular, en una película que aprobaría de sobra tan solo con la puesta en escena, pero que la historia la hace subir al 7 que le pongo.
8 de febrero de 2021
8 de febrero de 2021
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La trágica novela romántica de León Tolstoi sobre las costumbres de la élite y la pasión prohibida en la Rusia zarista está adaptada a la pantalla con un gran guión y está elegantemente dirigida por Clarence Brown.
Esta versión de MGM es brillante, está filmada con finura y mucha clase, y tristeza.
Garbo como Anna Karenina, la esposa de un rico ministro noble de San Petersburgo, está en plena forma y obtiene todos los buenos primeros planos, mientras que su amante obsesionado Fredric March como el elegante oficial de caballería noble Vronsky se ve espléndido. El efusivo hijo pequeño de Garbo esta bien interpretado por Freddie Bartholomew.
Esta compleja novela de Tolstoi se cuenta de una manera asombrosamente visual y resumida con genialidad y se burla de la superficialidad de la vida social y desenmascara su moral hipócrita.
La maldita aventura de la pareja protagonista, KARENINA-VRONSKY, avanza implacablemente como si fuera un tren descontrolado que va hacia el precipicio.
Nos tiene durante sus 90 minutos con los ojos en pantalla esta película...
Esta versión de MGM es brillante, está filmada con finura y mucha clase, y tristeza.
Garbo como Anna Karenina, la esposa de un rico ministro noble de San Petersburgo, está en plena forma y obtiene todos los buenos primeros planos, mientras que su amante obsesionado Fredric March como el elegante oficial de caballería noble Vronsky se ve espléndido. El efusivo hijo pequeño de Garbo esta bien interpretado por Freddie Bartholomew.
Esta compleja novela de Tolstoi se cuenta de una manera asombrosamente visual y resumida con genialidad y se burla de la superficialidad de la vida social y desenmascara su moral hipócrita.
La maldita aventura de la pareja protagonista, KARENINA-VRONSKY, avanza implacablemente como si fuera un tren descontrolado que va hacia el precipicio.
Nos tiene durante sus 90 minutos con los ojos en pantalla esta película...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El marido de la Garbo es el oficioso Alexis, excelentemente interpretado por el gran Basil Rathbone con su esposa Anna Karenina abandonada a su suerte trás un matrimonio ortodoxamente aburrido e hipócrita.
Anna Karenina viaja en tren desde su casa a Moscú para visitar a su hermano mujeriego Stiva, cuando el Conde conoce a Anna y se obsesiona con conquistarla.
Se enamoran perdidamente en un amor imposible.
Anna Karenina viaja en tren desde su casa a Moscú para visitar a su hermano mujeriego Stiva, cuando el Conde conoce a Anna y se obsesiona con conquistarla.
Se enamoran perdidamente en un amor imposible.
17 de abril de 2025
17 de abril de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Clarence Brown llevó a la gran pantalla con producción de David O. Selznick para la Metro y con suma distinción y opulencia esta exquisita adaptación de la novela homónima del escritor ruso Leon Tolstoi, regalándonos un incisivo melodrama de destino trágico admirablemente interpretado y ambientado.
Greta Garbo, fotografiada como fue habitual en su carrera por William Daniels, está excepcional en el papel principal, magníficamente acompañada por Fredric March encarnando a su amante y por un soberbio Basil Rathbone como esposo mancillado en su honor.
El gran Cedric Gibbons es el encargado de la dirección artística en esta película magistral sobre adulterio que expone inmejorablemente un romántico periplo extramatrimonial desde el afligido punto de vista de una protagonista en busca de felicidad amorosa.
La mítica actriz sueca ya había dado vida previamente al personaje de Tolstoi en el cine mudo bajo dirección de Edmund Goulding.
Greta Garbo, fotografiada como fue habitual en su carrera por William Daniels, está excepcional en el papel principal, magníficamente acompañada por Fredric March encarnando a su amante y por un soberbio Basil Rathbone como esposo mancillado en su honor.
El gran Cedric Gibbons es el encargado de la dirección artística en esta película magistral sobre adulterio que expone inmejorablemente un romántico periplo extramatrimonial desde el afligido punto de vista de una protagonista en busca de felicidad amorosa.
La mítica actriz sueca ya había dado vida previamente al personaje de Tolstoi en el cine mudo bajo dirección de Edmund Goulding.
25 de mayo de 2023
25 de mayo de 2023
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia de romance y tragedia que muestra lo duro que era para una mujer vivir en una época donde debe escoger entre su familia o su amante, aunque eso pudiera arruinar su reputación. Es un relato sobre como Ana tiene que enfrentar la realidad de aquel entonces en que no estaba bien visto que una mujer con esposo e hijos tenga una amante y más aún cuando dicho amante pone su deber por encima de su amada, al igual que el esposo de Ana. Una película bastante simple, pero con una buena historia. Mi calificación para esta película es un 8/10.
14 de abril de 2026
14 de abril de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
196/16(08/04/26) Con esta versión de “Anna Karenina” tengo la sensación de haber asistido a una gran tragedia comprimida hasta la asfixia: un melodrama elegante, visualmente impecable, interpretado con altura —sobre todo por Greta Garbo—, pero dramáticamente mutilado, incapaz de hacerme creer del todo en el amor que pretende elevar a mito. La fatalidad está ahí, sí, pero avanza más como obligación narrativa que como destino inevitable.
Lo primero que me asalta es la desproporción: adaptar a León Tolstói —y concretamente “Anna Karenina”, una de las cumbres de la literatura universal— en apenas hora y media es poco menos que una temeridad. Metro-Goldwyn-Mayer, siempre tan consciente de su prestigio, apuesta por la vía del lujo y la síntesis, confiando en que la forma supla al fondo. Y en parte lo logra… pero solo en parte.
Dirige Clarence Brown (“Intruder in the Dust”), artesano refinado, más preocupado por la elegancia que por la profundidad. Se nota que la película está concebida como un gran vehículo para Garbo, más que como una adaptación integral del texto. El guion poda sin piedad: desaparecen subtramas esenciales, especialmente todo el arco de Levin, que en la novela es casi el eje moral. Aquí, en cambio, todo se reduce al triángulo Anna–Vronsky–Karenin.
El resultado es una narrativa que avanza como ese tren que tanto simboliza la historia: imparable, sí, pero también rígido, predeterminado, incapaz de detenerse a respirar.
Donde la película sí brilla —y con fuerza— es en su envoltorio. La ambientación es fastuosa: salones aristocráticos, estaciones envueltas en vapor, teatros convertidos en escaparates sociales… Todo respira ese refinamiento artificial que Hollywood sabía construir como nadie.
La dirección artística es impecable, el vestuario opulento y perfectamente integrado en la dramaturgia social de la historia: aquí el traje no solo viste, sino que define jerarquías y máscaras. La fotografía, elegante y clásica, se recrea en los primeros planos de Garbo como si supiera que ahí reside el verdadero núcleo emocional.
La música de Herbert Stothart (“El mago de Oz”) acompaña con solvencia, oscilando entre lo popular y lo sinfónico sin estridencias. Todo suena bien, todo luce bien… pero pocas veces duele como debería.
Si la película no se derrumba por completo, es por Greta Garbo. No es una exageración: Garbo es la película. Hay algo en su presencia —esa mezcla de frialdad, fragilidad y misterio— que convierte incluso los momentos más precipitados en algo digno de contemplación. Su voz, grave y melancólica, sostiene diálogos que, en otras bocas, sonarían impostados. Su rostro, filmado con devoción casi religiosa, transmite más que muchas escenas enteras. Desde su aparición entre el vapor de la estación hasta su descenso final hacia la tragedia, Garbo dota al personaje de una sensación de fatalidad que el guion no siempre justifica. Ella sí me convence de que Anna está condenada. La película, en cambio, no siempre. Especialmente poderosa me resulta su progresiva descomposición: esa manera de pasar del control al temblor, de la dignidad al desgarro. Y frases como: “Sea cual sea la forma en que uno viva, supongo que hay un precio que pagar”. Resuenan más por cómo las dice que por lo que realmente construye la película a su alrededor.
El contraste con sus compañeros es evidente.
Fredric March, como Vronsky, me resulta sorprendentemente débil. Hay algo impostado en su interpretación, una falta de naturalidad que hace difícil creer en su magnetismo. Su amor por Anna no arde: se declara.
En cambio, Basil Rathbone (“The Adventures of Robin Hood”) está magnífico como Karenin. Su contención, su rigidez moral, su forma de convertir la humillación en orgullo herido… todo en él tiene una densidad que la película agradece. Es, probablemente, el único que logra equilibrar a Garbo.
El resto del reparto cumple sin más, aunque destaca cierta irritación en el tratamiento del hijo de Anna, interpretado por Freddie Bartholomew, cuyo sentimentalismo roza lo empalagoso hasta romper la tensión dramática.
Hay momentos donde la película roza lo que podría haber sido.
La escena del teatro es especialmente reveladora: no es tanto una representación artística como un circo social, un escaparate de hipocresías donde Anna es juzgada sin piedad. Ahí sí aparece el Tolstói crítico, el que desenmascara la moral de la aristocracia.
También funciona el arranque, con ese presagio brutal del hombre aplastado en la estación: una imagen potente, simbólica, que anticipa el destino de Anna.
Y, por supuesto, el desenlace. Aunque llega demasiado rápido, la escena final conserva una fuerza trágica innegable, en gran medida gracias a Garbo, que consigue que el espectador sienta el peso de lo inevitable.
Y aquí está el núcleo de mi decepción: no termino de creer en la historia de amor. El romance entre Anna y Vronsky surge con una rapidez que roza lo arbitrario. Falta desarrollo, falta tiempo, falta conflicto interno. Cuando la película me dice que ese amor lo es todo, yo aún estoy intentando entender por qué. Esto es especialmente grave porque toda la tragedia depende de ello. Si no creo en ese amor, tampoco creo en su destrucción.
El guion intenta compensarlo con frases intensas —“Estoy harta del amor!”»— y con una progresión dramática acelerada, pero no basta. La emoción necesita madurar, y aquí apenas tiene tiempo de existir.
Al final, lo que me queda es una sensación de oportunidad desaprovechada.
La película simplifica la complejidad moral de la novela, elimina sus múltiples capas sociales y filosóficas, y se centra en un melodrama que, aunque elegante, carece de la profundidad necesaria para trascender.
Desaparece el contraste entre campo y ciudad, la reflexión sobre las clases sociales, la dimensión espiritual del texto original… Todo queda reducido a una historia de adulterio con barniz de tragedia.
Lo primero que me asalta es la desproporción: adaptar a León Tolstói —y concretamente “Anna Karenina”, una de las cumbres de la literatura universal— en apenas hora y media es poco menos que una temeridad. Metro-Goldwyn-Mayer, siempre tan consciente de su prestigio, apuesta por la vía del lujo y la síntesis, confiando en que la forma supla al fondo. Y en parte lo logra… pero solo en parte.
Dirige Clarence Brown (“Intruder in the Dust”), artesano refinado, más preocupado por la elegancia que por la profundidad. Se nota que la película está concebida como un gran vehículo para Garbo, más que como una adaptación integral del texto. El guion poda sin piedad: desaparecen subtramas esenciales, especialmente todo el arco de Levin, que en la novela es casi el eje moral. Aquí, en cambio, todo se reduce al triángulo Anna–Vronsky–Karenin.
El resultado es una narrativa que avanza como ese tren que tanto simboliza la historia: imparable, sí, pero también rígido, predeterminado, incapaz de detenerse a respirar.
Donde la película sí brilla —y con fuerza— es en su envoltorio. La ambientación es fastuosa: salones aristocráticos, estaciones envueltas en vapor, teatros convertidos en escaparates sociales… Todo respira ese refinamiento artificial que Hollywood sabía construir como nadie.
La dirección artística es impecable, el vestuario opulento y perfectamente integrado en la dramaturgia social de la historia: aquí el traje no solo viste, sino que define jerarquías y máscaras. La fotografía, elegante y clásica, se recrea en los primeros planos de Garbo como si supiera que ahí reside el verdadero núcleo emocional.
La música de Herbert Stothart (“El mago de Oz”) acompaña con solvencia, oscilando entre lo popular y lo sinfónico sin estridencias. Todo suena bien, todo luce bien… pero pocas veces duele como debería.
Si la película no se derrumba por completo, es por Greta Garbo. No es una exageración: Garbo es la película. Hay algo en su presencia —esa mezcla de frialdad, fragilidad y misterio— que convierte incluso los momentos más precipitados en algo digno de contemplación. Su voz, grave y melancólica, sostiene diálogos que, en otras bocas, sonarían impostados. Su rostro, filmado con devoción casi religiosa, transmite más que muchas escenas enteras. Desde su aparición entre el vapor de la estación hasta su descenso final hacia la tragedia, Garbo dota al personaje de una sensación de fatalidad que el guion no siempre justifica. Ella sí me convence de que Anna está condenada. La película, en cambio, no siempre. Especialmente poderosa me resulta su progresiva descomposición: esa manera de pasar del control al temblor, de la dignidad al desgarro. Y frases como: “Sea cual sea la forma en que uno viva, supongo que hay un precio que pagar”. Resuenan más por cómo las dice que por lo que realmente construye la película a su alrededor.
El contraste con sus compañeros es evidente.
Fredric March, como Vronsky, me resulta sorprendentemente débil. Hay algo impostado en su interpretación, una falta de naturalidad que hace difícil creer en su magnetismo. Su amor por Anna no arde: se declara.
En cambio, Basil Rathbone (“The Adventures of Robin Hood”) está magnífico como Karenin. Su contención, su rigidez moral, su forma de convertir la humillación en orgullo herido… todo en él tiene una densidad que la película agradece. Es, probablemente, el único que logra equilibrar a Garbo.
El resto del reparto cumple sin más, aunque destaca cierta irritación en el tratamiento del hijo de Anna, interpretado por Freddie Bartholomew, cuyo sentimentalismo roza lo empalagoso hasta romper la tensión dramática.
Hay momentos donde la película roza lo que podría haber sido.
La escena del teatro es especialmente reveladora: no es tanto una representación artística como un circo social, un escaparate de hipocresías donde Anna es juzgada sin piedad. Ahí sí aparece el Tolstói crítico, el que desenmascara la moral de la aristocracia.
También funciona el arranque, con ese presagio brutal del hombre aplastado en la estación: una imagen potente, simbólica, que anticipa el destino de Anna.
Y, por supuesto, el desenlace. Aunque llega demasiado rápido, la escena final conserva una fuerza trágica innegable, en gran medida gracias a Garbo, que consigue que el espectador sienta el peso de lo inevitable.
Y aquí está el núcleo de mi decepción: no termino de creer en la historia de amor. El romance entre Anna y Vronsky surge con una rapidez que roza lo arbitrario. Falta desarrollo, falta tiempo, falta conflicto interno. Cuando la película me dice que ese amor lo es todo, yo aún estoy intentando entender por qué. Esto es especialmente grave porque toda la tragedia depende de ello. Si no creo en ese amor, tampoco creo en su destrucción.
El guion intenta compensarlo con frases intensas —“Estoy harta del amor!”»— y con una progresión dramática acelerada, pero no basta. La emoción necesita madurar, y aquí apenas tiene tiempo de existir.
Al final, lo que me queda es una sensación de oportunidad desaprovechada.
La película simplifica la complejidad moral de la novela, elimina sus múltiples capas sociales y filosóficas, y se centra en un melodrama que, aunque elegante, carece de la profundidad necesaria para trascender.
Desaparece el contraste entre campo y ciudad, la reflexión sobre las clases sociales, la dimensión espiritual del texto original… Todo queda reducido a una historia de adulterio con barniz de tragedia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Y sí, entiendo que es imposible adaptar una obra de más de mil páginas en 95 minutos. Pero entre la fidelidad total y la simplificación excesiva hay un término medio que aquí no se alcanza.
Me quedo con la belleza, con la atmósfera, con Garbo dominando cada plano como si el cine existiera solo para ella. Pero también me quedo con la sensación de vacío, de historia amputada, de emoción que no llega a desplegarse. Es una película que se admira más de lo que se siente.
ZONA SPOILER
El desenlace bajo el tren debería ser devastador. Y, sin embargo, aunque visualmente funciona y Garbo lo eleva, no me destruye como debería. Porque la tragedia no se construye solo con destino, sino con recorrido. Y aquí ese recorrido ha sido demasiado breve, demasiado simplificado. Anna no cae: es empujada por un guion que corre más que ella.
Y aun así… cuando la veo, cuando escucho ese temblor en su voz, cuando su rostro se quiebra… casi me convence de que todo ha valido la pena. Casi.
Elegante, icónica por momentos, pero emocionalmente insuficiente para la magnitud de lo que adapta. Garbo la salva; Tolstói, en cambio, se queda fuera del encuadre.
Gloria Ucrania!!!
Me quedo con la belleza, con la atmósfera, con Garbo dominando cada plano como si el cine existiera solo para ella. Pero también me quedo con la sensación de vacío, de historia amputada, de emoción que no llega a desplegarse. Es una película que se admira más de lo que se siente.
ZONA SPOILER
El desenlace bajo el tren debería ser devastador. Y, sin embargo, aunque visualmente funciona y Garbo lo eleva, no me destruye como debería. Porque la tragedia no se construye solo con destino, sino con recorrido. Y aquí ese recorrido ha sido demasiado breve, demasiado simplificado. Anna no cae: es empujada por un guion que corre más que ella.
Y aun así… cuando la veo, cuando escucho ese temblor en su voz, cuando su rostro se quiebra… casi me convence de que todo ha valido la pena. Casi.
Elegante, icónica por momentos, pero emocionalmente insuficiente para la magnitud de lo que adapta. Garbo la salva; Tolstói, en cambio, se queda fuera del encuadre.
Gloria Ucrania!!!
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
Últimas películas consultadas
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana

