Ana Karenina
1935 

7.0
2,106
Romance. Drama
Siglo XIX, Rusia zarista. Adaptación de la novela homónima del escritor ruso Leon Tolstoi. El conde Vronsky, un joven y apuesto oficial, se enamora perdidamente de Anna Karenina, esposa de un alto funcionario de San Petersburgo. Cuando se conocieron en una estación de tren, un guardavías murió arrollado por un tren, y Anna interpretó este hecho como un mal augurio. Como el marido de Anna se niega concederle el divorcio, deciden vivir ... [+]
16 de diciembre de 2005
16 de diciembre de 2005
23 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Segunda adaptación al cine de la novela homónima de Leo Tolstoy. Dirigida por Clarence Brown y producida por David O. Selznick, obtuvo el premio a la mejor actriz del New York Critics Circle y el premio a la mejor película extranjera del Festival de Venecia.
La acción tiene lugar en Rusia (San Petesburgo y Moscú) en tiempos del zar Nicolás I (1825-1855). Narra la historia de Anna (Greta Garbo), casada en matrimonio de conveniencia con Alexei Karenin (Basil Rathbone), aristócrata y funcionario de alto rango. Tras conocer al conde Vronsky (Frederich March), se enamora de él. La película explica la conmoción que produce en el ánimo de Anna el súbito descubrimiento del amor y la pasión, ausentes hasta entonces de su vida. Por fidelidad a este amor sacrifica posición social, nivel económico, la compañía del hijo, el honor personal y el reconocimiento público. Asume una vida de marginación, cargada de grandes riesgos. El marido, encarnación de la crueldad, reacciona con ira incontenida: le niega el divorcio, las visitas al hijo y la humilla duramente. El torbellino de pasiones incluye la ingratitud del amante, el egoismo del hermano, la fría compasión de la cuñada, la añoranza del hijo, la coquetería de Kitty, etc. La película condena la doble moral y la hipocresía de la alta sociedad, el culto a las apariencias, el amor convenido por intereses ajenos a la pareja, la represión del amor sincero, la sujeción de la mujer al capricho del marido en la tramitación del divorcio. En suma, exalta el amor puro, sincero, desinteresado y dispuesto a los mayores sacrificios, pese a sus riesgos para la mujer. Son escenas destacadas la de la escalinata de la casa del marido, los ruegos a la cuñada para que perdone las debilidades del marido, la imagen del baile vista a través del arco del harpa.
La música combina melodías rusas tradicionales, mazurcas, canciones populares y acompañamientos de fondo de las escenas más emotivas. La fotografía aprovecha la extraordinaria fotogenia de la actriz para mostrar su belleza y atractivo personal. William Daniels, el fotógrafo habitual de Garbo, aportó una contribución decisiva para la exaltación de la actriz a mito del cine. Se sirve de una iluminación imaginativa y eficaz, de un vestuario espléndido y de una composición del dibujo de gran fuerza plástica. El guión contiene unos diálogos fluídos y equilibrados, elaborados por S.N. Behrman. La narración se desarrolla en un crescendo de inquietud, melancolía y tristeza, construído con gran sentido del ritmo. La interpretación de la protagonista destaca por la naturalidad, serenidad, aire distante y la mirada fría propia de las mujeres fuertes y atormentadas que encarnó en sus grandes papeles. Le acompaña un elenco brillante de secundarios de lujo. La dirección teje, con hilos de pasión y desventura, un relato emocionante e intensamente dramático.
La película obtuvo un gran éxito y confirmó el estrellado de Greta Garbo.
La acción tiene lugar en Rusia (San Petesburgo y Moscú) en tiempos del zar Nicolás I (1825-1855). Narra la historia de Anna (Greta Garbo), casada en matrimonio de conveniencia con Alexei Karenin (Basil Rathbone), aristócrata y funcionario de alto rango. Tras conocer al conde Vronsky (Frederich March), se enamora de él. La película explica la conmoción que produce en el ánimo de Anna el súbito descubrimiento del amor y la pasión, ausentes hasta entonces de su vida. Por fidelidad a este amor sacrifica posición social, nivel económico, la compañía del hijo, el honor personal y el reconocimiento público. Asume una vida de marginación, cargada de grandes riesgos. El marido, encarnación de la crueldad, reacciona con ira incontenida: le niega el divorcio, las visitas al hijo y la humilla duramente. El torbellino de pasiones incluye la ingratitud del amante, el egoismo del hermano, la fría compasión de la cuñada, la añoranza del hijo, la coquetería de Kitty, etc. La película condena la doble moral y la hipocresía de la alta sociedad, el culto a las apariencias, el amor convenido por intereses ajenos a la pareja, la represión del amor sincero, la sujeción de la mujer al capricho del marido en la tramitación del divorcio. En suma, exalta el amor puro, sincero, desinteresado y dispuesto a los mayores sacrificios, pese a sus riesgos para la mujer. Son escenas destacadas la de la escalinata de la casa del marido, los ruegos a la cuñada para que perdone las debilidades del marido, la imagen del baile vista a través del arco del harpa.
La música combina melodías rusas tradicionales, mazurcas, canciones populares y acompañamientos de fondo de las escenas más emotivas. La fotografía aprovecha la extraordinaria fotogenia de la actriz para mostrar su belleza y atractivo personal. William Daniels, el fotógrafo habitual de Garbo, aportó una contribución decisiva para la exaltación de la actriz a mito del cine. Se sirve de una iluminación imaginativa y eficaz, de un vestuario espléndido y de una composición del dibujo de gran fuerza plástica. El guión contiene unos diálogos fluídos y equilibrados, elaborados por S.N. Behrman. La narración se desarrolla en un crescendo de inquietud, melancolía y tristeza, construído con gran sentido del ritmo. La interpretación de la protagonista destaca por la naturalidad, serenidad, aire distante y la mirada fría propia de las mujeres fuertes y atormentadas que encarnó en sus grandes papeles. Le acompaña un elenco brillante de secundarios de lujo. La dirección teje, con hilos de pasión y desventura, un relato emocionante e intensamente dramático.
La película obtuvo un gran éxito y confirmó el estrellado de Greta Garbo.
6 de julio de 2007
6 de julio de 2007
12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta magnífica película retrata la inevitable caída en desgracia de una mujer que llevaba una vida respetable: casada con un alto funcionario de San Petersburgo, con una elevada posición y un gran prestigio social, un hijo al que adora, un hermano que vive en Moscú y al que visita de vez en cuando para reconciliar los problemas matrimoniales y familiares de éste... Pero en una de las ocasiones en las que va a visitar a su hermano, conoce a Vronski, un oficial del regimiento ruso. En seguida salta la atracción entre Anna y Vronski y ambos se ven arrastrados hacia una relación ilícita y adúltera que significará para ambos (sobre todo para Anna) la condena y la marginación social. Separada de su hijo por su intransigente marido (hombre frío que sólo cuida las apariencias y se niega a concenderle el divorcio para no ver salpicada su impoluta vida), Anna se sumergirá en el engañoso olvido de la pasión y tratará de vivir su amor al máximo, pero pronto el mar de fondo la arrastra y la conduce hacia la infelicidad, porque tiene el alma desgarrada debido a su separación de su hijo y por el ostracismo y el rechazo social a que está sometida.
Con unas excelentes interpretaciones (sobre todo de la bellísima y seductora Greta Garbo, cuya aura engrandece la película), una fotografía muy estudiada y que cuida mucho los detalles simbólicos (fíjense, por ejemplo, en el accidente de la estación que ocurre en el comienzo, o en el momento en que Anna se ve claramente dividida entre las exigencias de su hijo y las de Vronski, que la reclaman cada uno por su lado, o ese detalle curioso de la forma de encender los candelabros en la casa de Vronski), y con una banda sonora que acompaña con acierto y ofrece los toques adecuados de dramatismo.
Es un trágico drama que toca el alma, que transmite en toda su intensidad la tragedia de una buena mujer que descubre que tiene que pagar el precio más alto por sentir y consentir el verdadero amor de un hombre que no es su marido y experimentar la pasión aún conociendo de antemano las tremendas y desoladoras consecuencias de sus actos. No podemos condenarla; sólo podemos sentir compasión y vivir su desgarro interior.
Por cierto, muy bien adaptada la magistral novela de Tolstoi. Sólo le pondré una pega: me habría gustado que se desarrollara y se mostrara más la relación entre Kitty (la pariente de Anna que estuvo enamorada de Vronski y se desengañó cuando él la desdeñó por Anna) y Levin. Habría sido bonito ver la evolución de los sentimientos de Kitty para superar el desengaño y acabar enamorándose de Levin. Creo que, por lo bello de esta relación en el libro, podían haberle hecho más honor en la película, pero bueno, lo hecho hecho está y de todos modos la película es maravillosa.
Con unas excelentes interpretaciones (sobre todo de la bellísima y seductora Greta Garbo, cuya aura engrandece la película), una fotografía muy estudiada y que cuida mucho los detalles simbólicos (fíjense, por ejemplo, en el accidente de la estación que ocurre en el comienzo, o en el momento en que Anna se ve claramente dividida entre las exigencias de su hijo y las de Vronski, que la reclaman cada uno por su lado, o ese detalle curioso de la forma de encender los candelabros en la casa de Vronski), y con una banda sonora que acompaña con acierto y ofrece los toques adecuados de dramatismo.
Es un trágico drama que toca el alma, que transmite en toda su intensidad la tragedia de una buena mujer que descubre que tiene que pagar el precio más alto por sentir y consentir el verdadero amor de un hombre que no es su marido y experimentar la pasión aún conociendo de antemano las tremendas y desoladoras consecuencias de sus actos. No podemos condenarla; sólo podemos sentir compasión y vivir su desgarro interior.
Por cierto, muy bien adaptada la magistral novela de Tolstoi. Sólo le pondré una pega: me habría gustado que se desarrollara y se mostrara más la relación entre Kitty (la pariente de Anna que estuvo enamorada de Vronski y se desengañó cuando él la desdeñó por Anna) y Levin. Habría sido bonito ver la evolución de los sentimientos de Kitty para superar el desengaño y acabar enamorándose de Levin. Creo que, por lo bello de esta relación en el libro, podían haberle hecho más honor en la película, pero bueno, lo hecho hecho está y de todos modos la película es maravillosa.
10 de octubre de 2017
10 de octubre de 2017
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada tan erróneo como un matrimonio por conveniencia. Con mayor o menor impulso, consciente o inconscientemente, el mayor anhelo de los seres humanos es el amor, y cuando una mujer se casa por lo que el hombre po$ee, aunque éste la mantenga entre multitudes tendrá tan profundo sentimiento de soledad que, aquí y allí, estará anhelando que surja un hombre-pleno que llene su vacío corazón… y el día en que lo encuentre, se arrojará a sus brazos pase lo que pase, porque será ese, el maravilloso momento en que su vida, por fin, tendrá sentido.
Cuando, Anna Karenina, se casó con el oficial zarista, Alekséi Aleksandrovich Karenin, tampoco lo hizo impulsada por el amor… y cuando conoce al conde, Alekséi Kirillovich Vronski, sentirá un gran flechazo y no tardará en darse cuenta de que lo ha puesto bien adentro de su corazón. Una dramática historia de amor tendrá lugar desde entonces, y el escritor Lev Tolstói, se servirá de su escenario en la San Petersburgo del siglo XIX, para desarrollar una acendrada crítica contra los matrimonios por conveniencia, y con más fuerza aún, contra la aristocracia de entonces, cuya hipocresía y dobleces saltaban siempre al dar vuelta a la espalda.
La escena del teatro está magníficamente lograda en la adaptación que ha hecho el director, Clarence Brown, ilustrando muy claramente que, más que el interés por el arte escénico o por la música, lo que interesaba a aquellas pintarrajeadas ‘damas’ -además de aparentar- era hacer comidilla de los reconocibles y non sanctos ‘nobles’ que asistían a los teatros. De hecho, el arte para ellas era una feria y un noticiario de primera mano.
Tolstói publicó su novela, “Anna Karenina” (Áнна Карéнина), primero incompleta (en 1876) en la revista Ruskii Véstnik (Mensajero Ruso) por desacuerdo con el editor; y luego en formato libro, en 1877, considerada pronto como “una de las obras cumbre del realismo”, siendo también un tratado psicológico y sociológico de gran altura, mientras que, Anna, queda en nuestro recuerdo como una de esas mujeres que han amado más de lo que debían. Se dice que fue en, María, la hija mayor del gran escritor, Aleksandr Pushkin, a quien conoció durante una cena y lo dejó impactado, que Tolstói se inspiró para describir la figura de, Anna Karenina. No soy el primero en objetar a la novela que se vuelve demasiado extensa al contar dos historias alternas, la segunda de las cuales nunca consigue interesarnos, puesto que, en tal sentido, lo que, acertadamente han hecho los guionistas desde, "Love" (Edmund Goulding, 1927), ha sido extraer la impecable historia de Anna, y de hecho, así se han mantenido las adaptaciones cinematográficas.
Conservando una notable fidelidad a la trama, pero, con las necesarias modificaciones y recortes que toda adaptación cinematográfica reclama, Brown, vuelve a contar con la actriz, Greta Garbo, y con el director de fotografía, William Daniels –quienes ya habían trabajado en “Love”, la atinada versión que, de la novela, hiciera Goulding- para llevar a cabo este remake en el que, confieso que la Garbo me resulta menos interesante. Muy poca la empatía que logró con el respetado, Fredric March, en relación con la que sostuvo al lado de John Gilbert, actor a quien quiso dentro y fuera de la película, y él la quiso más. La escena en la que, March (Vronsky) le confiesa su último sentir, creo que fue la más verosímil que pudo darse en esta, <<ANA KARENINA>>.
Más me han llegado, Basil Rathbone (Karenin), el intolerante militar empeñado en guardar las apariencias, aunque para ello necesite ser cruel y mentiroso. Maureen O’Sullivan, la Kitty (Ekaterina) que bien sabe perder y más sabe acomodarse a las tradiciones “nobles”; y el toque de buen humor lo impone, Reginald Owen (Stiva), el aristócrata que no se conforma con una sola mujer, y como el colibrí, donde ve una atractiva flor, enseguida busca su néctar.
Cuando, Anna Karenina, se casó con el oficial zarista, Alekséi Aleksandrovich Karenin, tampoco lo hizo impulsada por el amor… y cuando conoce al conde, Alekséi Kirillovich Vronski, sentirá un gran flechazo y no tardará en darse cuenta de que lo ha puesto bien adentro de su corazón. Una dramática historia de amor tendrá lugar desde entonces, y el escritor Lev Tolstói, se servirá de su escenario en la San Petersburgo del siglo XIX, para desarrollar una acendrada crítica contra los matrimonios por conveniencia, y con más fuerza aún, contra la aristocracia de entonces, cuya hipocresía y dobleces saltaban siempre al dar vuelta a la espalda.
La escena del teatro está magníficamente lograda en la adaptación que ha hecho el director, Clarence Brown, ilustrando muy claramente que, más que el interés por el arte escénico o por la música, lo que interesaba a aquellas pintarrajeadas ‘damas’ -además de aparentar- era hacer comidilla de los reconocibles y non sanctos ‘nobles’ que asistían a los teatros. De hecho, el arte para ellas era una feria y un noticiario de primera mano.
Tolstói publicó su novela, “Anna Karenina” (Áнна Карéнина), primero incompleta (en 1876) en la revista Ruskii Véstnik (Mensajero Ruso) por desacuerdo con el editor; y luego en formato libro, en 1877, considerada pronto como “una de las obras cumbre del realismo”, siendo también un tratado psicológico y sociológico de gran altura, mientras que, Anna, queda en nuestro recuerdo como una de esas mujeres que han amado más de lo que debían. Se dice que fue en, María, la hija mayor del gran escritor, Aleksandr Pushkin, a quien conoció durante una cena y lo dejó impactado, que Tolstói se inspiró para describir la figura de, Anna Karenina. No soy el primero en objetar a la novela que se vuelve demasiado extensa al contar dos historias alternas, la segunda de las cuales nunca consigue interesarnos, puesto que, en tal sentido, lo que, acertadamente han hecho los guionistas desde, "Love" (Edmund Goulding, 1927), ha sido extraer la impecable historia de Anna, y de hecho, así se han mantenido las adaptaciones cinematográficas.
Conservando una notable fidelidad a la trama, pero, con las necesarias modificaciones y recortes que toda adaptación cinematográfica reclama, Brown, vuelve a contar con la actriz, Greta Garbo, y con el director de fotografía, William Daniels –quienes ya habían trabajado en “Love”, la atinada versión que, de la novela, hiciera Goulding- para llevar a cabo este remake en el que, confieso que la Garbo me resulta menos interesante. Muy poca la empatía que logró con el respetado, Fredric March, en relación con la que sostuvo al lado de John Gilbert, actor a quien quiso dentro y fuera de la película, y él la quiso más. La escena en la que, March (Vronsky) le confiesa su último sentir, creo que fue la más verosímil que pudo darse en esta, <<ANA KARENINA>>.
Más me han llegado, Basil Rathbone (Karenin), el intolerante militar empeñado en guardar las apariencias, aunque para ello necesite ser cruel y mentiroso. Maureen O’Sullivan, la Kitty (Ekaterina) que bien sabe perder y más sabe acomodarse a las tradiciones “nobles”; y el toque de buen humor lo impone, Reginald Owen (Stiva), el aristócrata que no se conforma con una sola mujer, y como el colibrí, donde ve una atractiva flor, enseguida busca su néctar.
10 de noviembre de 2013
10 de noviembre de 2013
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las películas de Greta Garbo son un bien escaso, como el agua en el desierto o el aire en México D.F. Greta Garbo es la protagonista de “Ana Karenina” que sin lugar a dudas es una de las más grandes novelas que se han escrito nunca y además dirigida en esta ocasión por Clarence Brown, uno de los directores estrella de la Metro de aquellos años. Greta Garbo era una mujer extraordinaria, era extraordinaria en varios aspectos, porque su interpretación se adelantó a su época, porque sabía mirar como nadie y morir mejor que la mayoría, ahí está esa Camille de “La dama de las camelias” donde realmente parece que se está muriendo de verdad, en esta ocasión yo no creo que haya nadie más ruso que ella haciendo de ruso, es un prodigio como encarna a Ana Karenina.
Esta es bajo mi humilde opinión la mejor de las múltiples versiones que se han hecho de la “Ana karenina” de Tolstoi, una historia con la que se siente el placer de la lectura como pocas veces, en esta película está exprimida hasta la última gota de la obra de Tolstoi, en un film servido con el deslumbrante estilo que tenía Clarence Brown, era el director con el que mejor se entendía Greta Garbo y el que siempre pedía para trabajar a su lado, la entendía mejor que nadie, sabía que esa estatua de mármol podía en algún momento determinado vibrar e incluso hacer que de su piel tan pálida nosotros viéramos como circulaba la sangre. La película tiene todas las ventajas que tenía el cine de entonces, si había que construir un tren, se construía el mejor tren, si había que poner nieve en Pasadera, se ponía toda la nieve que fuera necesaria.
Una película irrepetible, una historia eterna como la de Tolstoi se ha convertido en una película para la eternidad como la de Clarence Brown. Yo creo que siempre será una ocasión estupenda en un momento determinado sentarse a ver un clásico, sentir lo que produce un clásico, esa temperatura llamada placer que produce leer o ver un clásico, placer es lo que se experimenta cuando se ve esta obra maestra del cine que se llama “Ana Karenina”.
Esta es bajo mi humilde opinión la mejor de las múltiples versiones que se han hecho de la “Ana karenina” de Tolstoi, una historia con la que se siente el placer de la lectura como pocas veces, en esta película está exprimida hasta la última gota de la obra de Tolstoi, en un film servido con el deslumbrante estilo que tenía Clarence Brown, era el director con el que mejor se entendía Greta Garbo y el que siempre pedía para trabajar a su lado, la entendía mejor que nadie, sabía que esa estatua de mármol podía en algún momento determinado vibrar e incluso hacer que de su piel tan pálida nosotros viéramos como circulaba la sangre. La película tiene todas las ventajas que tenía el cine de entonces, si había que construir un tren, se construía el mejor tren, si había que poner nieve en Pasadera, se ponía toda la nieve que fuera necesaria.
Una película irrepetible, una historia eterna como la de Tolstoi se ha convertido en una película para la eternidad como la de Clarence Brown. Yo creo que siempre será una ocasión estupenda en un momento determinado sentarse a ver un clásico, sentir lo que produce un clásico, esa temperatura llamada placer que produce leer o ver un clásico, placer es lo que se experimenta cuando se ve esta obra maestra del cine que se llama “Ana Karenina”.
14 de mayo de 2008
14 de mayo de 2008
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Greta Garbo. Impecable. Además de hermosa. Talento, puro talento. Sus miradas, sus gestos, hacen de esta película una cosa hermosa de ver. En todo el film se destaca, aún en las escenas que no aparece. Porque querés que pase pronto para volverla a ver. Es cierto que es una película vieja y en blanco y negro, que a la juventud actual hasta le parece deprimente. Pero, el magnetismo de esta actriz, hace que veas la película, aunque no sea tan buena. No es que vayas a verla una vez por semana, pero cuando descubras la imagen de Greta Garbo en la pantalla, seguro que la sigues viendo.
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