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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2,672 críticas
9
24 de marzo de 2009
70 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace algún tiempo, tuve en terapia holística a una muchacha que me trajeron con un alto grado de depresión, bajo el supuesto de haber sido "victima de reiteradas violaciones por su propio padre".

En un ejercicio de anamnesis con la joven, describió lo que ocurría en cada acercamiento de su progenitor… y al final, pudimos concluir que nunca hubo violación y tan solo fueron leves actos de irrespeto a los que se veía inducido su padre por la soledad y el rechazo que recibía de su esposa. Hubo entonces catarsis y la joven se quitó pronto ese gran peso moral que la impedía aceptar a otro hombre.

Hago referencia a esta experiencia, para dejar constancia de que, lo que se expone en “LA CALUMNIA”, es perfectamente viable. Algunas personas puede autoengañarse cuando, por falta de discernimiento, malinterpretan lo ocurrido, y así como hay tantas y tan dolorosas víctimas de los más atroces abusos, también hay que admitir que hay unos cuantos menores mitómanos, manipuladores y con capacidad de sostener una mentira hasta las peores consecuencias. ¿Y qué pretenden con esto? Defender intereses muy particulares; evitar un presunto castigo... o quedar bien con alguien que representa mucho para ellos.

La obra de Lilian Hellman (escritora de relevante presencia en películas como “The Little Foxes”, “The Chase" o “Julia”, entre otras), ha sido llevada al cine, en segunda ocasión, por el calificado director William Wyler, quien readapta una historia que, el oprobioso código Hays, había transformado en otra cosa cuando la hizo con el título, “These Three” en 1936.

La historia nos habla de dos emprendedoras y agradables mujeres: Karen Wright y Martha Dobie, quienes han fundado una exitosa escuela para niñas. Se graduaron juntas y ahora sostienen una gran amistad que les permite trabajar con armonía entre ellas, y sobrellevar las incomodidades que alguna empleada siempre produce. Karen es la novia del médico Joe Cardin, y están próximos a casarse cuando, una de sus alumnas, Mary Tilford, queriendo escapar de la escuela donde se han descubierto sus continuas mentiras, y para quedar bien con su rígida abuela, decide contar con morbosos añadidos, algunas cosas que escuchó y que, sabe, comprometen la dignidad de las dos damas que dirigen el colegio.

Lo que Wyler recrea, con gran eficacia, es el efecto que la intolerancia genera cuando se obstaculiza el libre desarrollo de la personalidad y cuando una sociedad hipócrita se ensaña con aquellos que, por alguna diferencia, se salen del marco de lo convencional.

<<LA CALUMNIA>>, es una valiente apología sobre el derecho a la autodeterminación, la cual fue mal acogida en su momento por el conservadurismo de la época... y ahora, quizás resulte un poco rezagada por las libertades, supuestamente, alcanzadas en nuestra cultura.

Un brillante reparto que incluye a Audrey Hepburn, Shirley MacLaine, Fay Bainter y Miriam Hopkins, recrea un drama que impacta y que sacude con fuerza nuestros más rezagados prejuicios frente a los sentimientos y derechos de los demás.

Titulo para Latinoamérica: LA MENTIRA INFAME
Luis Guillermo Cardona
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7
21 de octubre de 2009
50 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
“El hombre sabio sube a la montaña y desde allí contempla a la gente… Luego desciende y convive con la gente”. (Anthony de Mello)

Resulta “casi milagroso” que, en una película que no pudo acabarse, a la que le faltaron numerosas escenas para que Buñuel desembuchara y aclarara todo lo que quería decir, y que concluye con un final forzado y decididamente abrupto, uno pueda encontrar tanta riqueza narrativa y un alegato, en definitiva, coherente.

Los estilitas eran famosos anacoretas que, asumiendo una “total renuncia del mundo”, vivían en lo alto de una columna. Se alimentaban con lechuga y agua que les traían algunos de sus devotos, y llevaban una vida de extraño aislamiento de un mundo al que consideraban pecador. Hubo muchos de ellos, sobre todo en oriente, a lo largo de varios siglos, y uno de los más conocidos fue San Simón, en cuya historia se ha basado Luis Buñuel para demostrar la vana experiencia de un aislamiento al que llaman santidad.

Y así, lo que vemos en este agudo filme, es a un hombre barbudo y sucio, subido a una columna (falo), y rodeado por un simulacro de ring protector, desde el cual lucha, solo, contra las tentaciones del mundo. Tiene un grupo de adeptos que lo proveen de su escaso alimento, y a ellos predica, y con ellos ora cada tanto, para cumplir con su “sagrada misión”. Entre tanto, el diablo, metido en el precioso cuerpo de Silvia Pinal, decide tentarlo, de las más diversas formas, para convencerlo de que no renuncie al mundo.

Nuestro “santo” comete, entonces, varios errores de procedimiento que pueden leerse en su proceso: 1. Al subirse a la columna (quizás para sentirse más cerca del cielo) expuesta al aire libre y a la vista de todos, se muestra superior y con esto denota arrogancia en su pretendida humildad. 2. La columna se convierte en símbolo de un gran falo porque, al negar la sexualidad y reprimirla, ésta se convierte en un poderoso y urgente reclamo difícil de vencer. De ahí las agradables y provocativas visiones que constantemente tiene. San Agustín decía algo así: “Si Dios no juzgara nuestras acciones sino nuestros pensamientos, yo mismo estaría ya condenado”. 3. No se lucha contra el mundo huyendo de él, sino aprendiendo a verlo y a asumirlo de otra manera. La fortaleza se demuestra al tener de frente la ocasión de pecar y conseguir resistirla. En la huida hay, casi siempre, más debilidad que fuerza moral.

Creo que hubiera preferido a Manuel “Loco” Valdez en el rol que hizo Claudio Brook. Pero, Silvia Pinal, me resulta bastante convincente jugando, como la Dietrich, a demostrar que el diablo es una mujer.

La vida se hace plena cuando te mezclas entre la gente. El hombre es un ser sociable, porque es con el otro que se salva o es con el otro que se condena.
Luis Guillermo Cardona
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7
27 de enero de 2009
31 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Realizar esta película, costó la irrisoria suma de ¡$630.000 dólares! Es un cuento, un melodrama, una narración idealista… pero, desde que la vi por primera vez por allá en los años mozos, me resultó y me sigue resultando encantadora.

Los tiempos han cambiado, y aumentan cada día los que se vanaglorian de no amar, de no llorar, de no enternecerse. La dureza y la frialdad se han convertido en la razón de sus sombríos corazones. Y lo más lamentable, es que el intelecto, en vez de ablandarnos siempre, a veces endurece el alma hasta convertirla en piedra.

La principal cualidad de “EL NIÑO Y EL TORO”, es precisamente, que nos devuelve el sentimiento. Es un oasis de ternura en este inmenso desierto de indiferencia.

Un niño, un toro, un viejo camionero, un padre y una joven, confluyen en una sociedad donde hay muchos corazones duros, pero, también en un universo colmado de vivencias simples, de entrega, bondad, respeto y dulzura.

En 1957, la película obtuvo el premio Oscar a Mejor Guion Original. Cuando se llamó a Robert Rich para que recibiera la estatuilla, éste no pudo presentarse en el escenario. Los inquisidores del macarthismo lo tenían en la lista negra... era uno de Los Diez de Hollywood que se negaron a declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses. Su verdadero nombre: Dalton Trumbo, uno de los escritores más importantes con que contaba el cine hollywoodense. “Espartacus”, “The Fixer” y "Johnny got his Gun", eran algunos de sus más notables créditos.

Para poder conciliar con los requerimientos del lamentable gobierno mexicano de aquellos sombríos años, el guion fue retocado por otros para incluir uno que otro gesto patriotero y exaltar la bondad de los poderosos... y es aquí cuando el idealismo hace de las suyas, pero, sin conseguir empantanar una obra de gran valor social.

Lo que, para nosotros, trasciende de esta película es su inmenso contenido humano, pues, además de que exalta a la naturaleza animal, es un canto a la solidaridad, hace un clamoroso llamado a defender los ideales y nos recuerda que, por sobre todo, el hombre es un ser sensible.

La historia es muy sencilla: Leonardo es un chico que se encariña con un becerro, al que él llama Gitano, el cual pertenece a la hacienda donde su padre trabaja. Con el toro mantiene una estrecha relación de cuidados y jugueteos, hasta que, por fin, el animal crece convirtiéndose en un fuerte toro de lidia… y entonces comienza una odisea en la que el niño lucha por recuperar al animal que finalmente le han obsequiado.

Ese restante trozo de cine trasciende cualquier tiempo; el drama alcanza la cúspide y el pequeño, Michel Ray, se roba el corazón del más duro de los espectadores con su caracterización de Leonardo.

Una película inolvidable.

Título para Latinoamérica: EL NIÑO Y EL TORO
Luis Guillermo Cardona
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10
7 de noviembre de 2009
37 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
La contemplación de la belleza, el disfrute de la alegría y el goce afectivo en el encuentro humano, son poderosas razones para la lucha diaria de un hombre cualquiera. Aunque, con frecuencia, por falta de visión y abundancia de torpeza lo que se termina encontrando es pura sombra, lo que siempre se anhela es aquello que da sentido a la vida y que, en definitiva, permite la realización del ser humano. Todo obstáculo espera una superación, todo error merece una corrección, toda carencia ansía ser llenada... y la belleza, la luz, la abundancia y la alegría, surgen como la grata compensación que se nos ofrece ante todo progreso.

La belleza está en las cosas, pero, sobre todo, está en la esencia de quien contempla una forma cualquiera, pues es él o ella, quien determina lo que, para su fuero interior, resulta bello o no... y casi invariablemente, el encuentro con un ser o una cosa bella produce exultación, atracción, fascinación… y deliciosamente, la vida renueva su más poderoso sentido toda vez que se produce una percepción de este tipo.

El profesor, Gustav Aschembach, ha ido a Venecia en busca de otros aires que calmen, o quizás alivien, su maltrecha existencia que, acabando de recibir el fracaso de su última composición musical, ahora se encuentra enferma y con el corazón obstruido. Gratos y desgastados recuerdos se agolpan en su mente, mientras ocupa la mejor habitación del Hotel Lido... y la imagen de su esposa y de sus hijas a quienes ama profundamente; la figura de Alfred, su amigo también músico, que debate con él sobre la música y la belleza, tirando por la borda muchos de sus conceptos; la atractiva y sorprendente presencia de la joven prostituta capaz de interpretar a Beethoven en el piano… y otras especiales remembranzas que se entremezclan con esa realidad pesarosa, pero irresistible, que está tirando por la borda la rigidez de sus principios morales.

Entre los turistas, hay un chico llamado Tadzio, miembro de una noble familia, cuya singular y andrógina belleza deslumbra al dubitativo profesor. Más allá de la inefable admiración por las facciones de aquel rostro surge, en su interior, un sentimiento que se supone homosexual y que ansía desfogarse, pero que se ancla en la pura contemplación dadas las circunstancias que envuelven aquel ambiente. “Eso no es vergüenza sino miedo. –Testimonia en sus recuerdos su amigo Alfred- Temes el contacto sincero y directo con lo que sea”. ¿Será eso cierto? ¿"Lo que sea", se referirá a un niño o a cualquier ser humano? ¿Verá el maestro, ya enfermo, en esa figura a un hombre o a una mujer? ¿O acaso verá solamente la belleza que se impone más allá de lo físico?

Partiendo de la novela, "Der Tod in Venedig" de Thomas Mann, una clara simbiosis de autor-protagonista, ese gran maestro que fuera, Luchino Visconti, concreta un filme íntimo, interiorizante, donde el personaje central -brillantemente interpretado por Dirk Bogarde- transmite una compleja e intrincada emocionalidad, valiéndose principalmente de gestos, ademanes y miradas, con los que -si nos hacemos de un poco de sensibilidad-, es posible conectarse para sentir y padecer el intenso conflicto por el que su ser atraviesa.

La grandiosa música de, Gustav Mahler, hace el resto, creando una atmósfera nostálgica, apesadumbrada, romántica e irremisiblemente bella, y así, todo se junta y se entremezcla, de manera sutil y fascinante, para darnos como resultado otra obra cumbre del arte cinematográfico.
Luis Guillermo Cardona
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7
3 de enero de 2009
33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
“EN ALGÚN LUGAR DEL TIEMPO” es un viaje hacia el pasado con el afán de consumar la entrega afectiva con ese ser maravilloso que alguna vez hemos soñado. Un retorno a lo que nunca se ha encontrado, a la esperanza divina de amar y ser amado. Un franquear la barrera tortuosa que imponente nos niega el derecho a nuestra dicha.

La historia, escrita por el famoso guionista Richard Matheson, comienza en 1972. Se está celebrando una obra de teatro y una anciana se acerca al escritor Richard Collier, le entrega un reloj de bolsillo y le dice: “Vuelve a mi”. Ocho años después, en el gran hotel de la isla Mackinac, lugar en el que se han forjado grandes historias, el joven dramaturgo descubre un retrato que lo deja obsesionado.

Para quienes crean en la reencarnación, en que se tienen otras vidas y otros tiempos, esta película reafirmará todas sus expectativas. Richard Collier y Elise Mckenna pasarán el túnel del tiempo y una maravillosa historia de amor vivirán en 1912, sesenta años antes de aquel último encuentro. El sueño idealizado se hace realidad. Se transparenta aquel afecto magnánimo arrinconado por incomprensibles circunstancias. ¡Qué importa si todo no es más que un sueño! ¡Qué importa que el reencuentro apabullante con el mundo de la materia niegue a ultranza lo que nosotros sentimos! Contra todo lo inexequible la consumación ha sido un hecho, llevada a cabo en el más allá, en la dimensión desconocida del pensamiento.

Unos impecables decorados, una pictórica y ensoñada fotografía, una partitura musical que nos acaricia las fibras más recónditas (inolvidable John Barry) y un ambiente general de singular romanticismo, resultan sobrecogedores para cualquier espectador que desinhiba su sentir.

“EN ALGÚN LUGAR DEL TIEMPO” obtuvo, merecidamente, la Licorne d’or en el festival internacional de cine fantástico de París.

Un filme que te hará salir caminando por las nubes, y esto de vez en cuando es bueno, porque no es solamente tierra lo que existe en el universo.

Título para Latinoamérica: “PIDE AL TIEMPO QUE VUELVA”
Luis Guillermo Cardona
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