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Empire Records

Comedia Los jóvenes empleados de Empire Records, una pequeña pero animada tienda de discos, vivirán una jornada de trabajo un tanto especial. La tienda corre peligro de ser comparada por una cadena y el encargado, Joe, está dispuesto a impedirlo. Su idea es comprar el Empire y conservar así el estilo propio del local. Sin embargo, por la mañana descubre que el dinero que debía entregar al dueño de la tienda se lo ha gastado Lucas, el vigilante ... [+]
Críticas 13
Críticas ordenadas por utilidad
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6
12 de agosto de 2021
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos hemos soñado alguna vez en la vida con tener nuestra propia tienda de música/películas/videoclub y que esto significase ALGO, sobrevivir contra viento y marea a base de hacer lo que te apasiona, ser un poco Tarantino o John Cussack en 'Alta Fidelidad' (aunque su personaje sea un gilipollas), esa especie de gurú al que nadie ha preguntado una mierda pero que está ahí para darte la chapa sobre el grupo/director de turno y que hará que te acabes llevando a tu casa un puto cd de Kyuss o una copia de 'Underground' de Kusturica cuando tu venías a por el 'Nevermind' de Nirvana o a alquilar 'Terminator 2'. Es un sueño universal, como el de tener un bar con los colegas y poner SIEMPRE la música que te dé la gana. Y quién diga que no ha soñado por un instante con alguna de esas cosas, miente.

Esto hace que simpatice con esta película. El argumento es super simple y los personajes son estúpidos a más no poder (no me queda claro si son estúpidos por exigencias del guion, puesto que interpretan a adolescentes pre-universitarios, si es algo que había en la bebida o en el ambiente en los 90 o si es que simplemente son así de imbéciles), pero la trama avanza a ritmo de 'If you want blood (you've got it)' de AC/DC y me veo enganchado a la pantalla hasta el final.
Una historia del pequeño comercio frente al gigante monopolio, de resistencia ante las franquicias impersonales de consumo rápido y ante las multinacionales, gestada DESDE LA WARNER. Una historia con cierto poso de romanticismo idealista, ¿premeditadamente? ingenua, en parte frívola, un brindis al sol muy en consonancia con los 90: mantener tu personalidad, ser un poco 'outsider', diferenciarte fuertemente de los demás pero siempre sin dejar de ir a la moda (la moda underground, se entiende). Hora y media en la que se acumulan las contradicciones de los 90, casi como cualquier disco de Rage Against The Machine.

Lástima que una historia así no tenga cabida en estos días del desencanto, en los que todos nos hemos vendido y rendido a las grandes empresas, al corporativismo y a Amazon (gracias a la cual pude ver esta película).
7
1 de mayo de 2025
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la era digital, donde todo está en la nube, la música y el cine han dejado de depender de soportes físicos. Las citas se concretan con un simple swipe, llevamos cámaras en nuestros bolsillos, y los videojuegos, en ocasiones, se presentan en cajas vacías con un código de descarga.
No hay objeto. No hay huella. Lo ilimitado se parece peligrosamente al olvido.

En Empire Records (Allan Moyle. 1995), uno de los empleados le dice a una clienta, con tono filosófico: «Un disco es como la vida… da vueltas y vueltas». Y, en aquel entonces, algo de verdad había en eso.

Porque sí, la vida se parecía más a un vinilo: tenía un principio, un final, rayones, pausas, momentos en los que había que darle la vuelta. Escuchabas el álbum entero, incluso cuando no te gustaban todas las canciones. Y por eso lo recordabas. Además, tenías un presupuesto limitado: a veces necesitabas ir a casa de un amigo para escuchar un disco o jugar un videojuego. Quizá por eso todo se sentía más personal.
Lo que intento describir es una sensación generacional: la pérdida de anclajes tangibles. Lo físico ofrecía una forma de relación con el mundo que lo digital ha ido diluyendo.
La inmediatez nos ha robado pequeñas epopeyas. Antes, quedarse atascado en un videojuego podía significar días de ensayo y error, hasta que alguien encontraba la solución o aparecía una guía en papel. Ahora todo está al alcance del bolsillo. Se ha perdido parte del misterio, del esfuerzo… incluso de la decepción.

En Empire Records, los personajes no están menos perdidos que los jóvenes de hoy. Pero el lugar donde se pierden —y se encuentran— tiene forma: la tienda, los vinilos, los pósters, los turnos de trabajo, el dinero en una caja metálica.
Hay una materialidad que los contiene, que actúa como refugio, que da soporte a sus crisis. Y eso importa. Hoy, ese espacio se ha desmaterializado: son píxeles, perfiles, notificaciones. Todo está en todas partes… y al mismo tiempo, en ninguna.
Lo analógico tenía límites. Y en esos límites, uno se encontraba. El disco se rayaba, se acababa la cinta, el carrete tenía 36 fotos, la consola funcionaba con un cartucho.
Esas finitudes no eran fallos: eran la estructura sobre la que se construían las experiencias.

Esto no pretende ser un canto nostálgico ni una cruzada contra la tecnología, pero a veces dan ganas de recuperar algo de aquel mundo con peso, textura y límites. Comprar una cámara de usar y tirar y llevarla de viaje. Mandar una postal a tu crush. Volver, aunque sea por un instante, a esos anclajes tangibles que nos recordaban que las cosas tenían principio y fin.

Una pequeña insurrección analógica… que ojalá fuera voluntaria, y no forzada a golpe de apagones y caos por una clase política incapaz de garantizar lo básico y que esta semana nos ha tenido —literalmente— aferrados a un transistor a pilas.

Eso sí, será mucho más fácil ver Empire Records desde una plataforma de streaming, propiedad de una de esas grandes corporaciones de las que, precisamente, trata de escapar la película.

Bonus track:
Cada 8 de abril se celebra el Rex Manning Day. Y quizá sea esa celebración —mitad irónica, mitad nostálgica— la que ha convertido Empire Records en una película de culto. Porque, aunque parezca caótica, tiene un núcleo puro: la defensa de lo auténtico, de lo raro, de lo que no encaja en una franquicia.

Es un grito contra la homogeneización, contra el algoritmo, contra el «Music Town» que todos llevamos dentro.Y sí, Rex Manning es un meme con laca, pero también es un símbolo: una caricatura que señala el vacío. Un recordatorio de que lo real, lo que importa, no se promociona. Se defiende.

El 8 de abril, mientras algunos celebran a un ídolo ficticio venido a menos, otros recuerdan a Kurt Cobain. Dos caras de una misma moneda: una parodia del pop; la otra, el emblema de una generación que creyó en la autenticidad como forma de resistencia.
2
2 de febrero de 2019
15 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
A priori sería el público objetivo de esta película. Nacido en los 80, los 90 representan mi principio de adolescencia. Amante de la música, especialmente la no tan comercial, y a la misma vez muy receptivo a la hora de ver películas que, de algún modo, se basan en simplemente mostrar pedazos de la vida común sin una trama demasiado pesada. Tono juvenil, caras reconocibles y una pseudocomedia detrás de todo. Una película que a priori no llegaría al 8 salvo en rara ocasión pero que de alguna manera aseguraría un 6.

Pues no.

Y es que Empire Records me generó más vergüenza ajena que otra cosa. Especialmente terrible el personaje de Ethan Embry, que con cada aparición hacía que me planteara seguir viendo la película. Él es el ejemplo de una película insulsa, sin magia e imposible de empatizar, pero ninguno de los personajes tiene detrás un trabajo acertado que haga que, por lo menos, te caigan bien. Como suele pasar en estas películas que llegan a mí por vías aleatorias y fracasan, una última escena con todos cantando y bailando dando todavía más cringe confirmaba el desastre.
5
3 de enero de 2021 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es que “Empire Records” haya envejecido peor que cintas coetáneas de similar pelaje, como “Solteros” (“Singles”, 1992) y, sobre todo, “Alta fidelidad” (“High Fidelity”, 2000); es que lo ha hecho peor aún que Renée Zellweger.
Vista con la perspectiva de las dos décadas y media transcurridas desde su estreno, esta (presunta) comedieta generacional no funciona prácticamente en ningún aspecto. Tampoco creo que en su día lo hiciera, pero el gusto de entonces difería notablemente del actual, eso es evidente. Si a “Solteros” cabía achacarle el retrato en exceso edulcorado que hacía de la generación X, el que le dedica “Empire Records” raya en el coma diabético. El pobre guion y la torpísima dirección dan como resultado una especie de sitcom inofensiva, reconcentrada en hora y media de metraje y a la que se hubieran extirpado las risas enlatadas —claro que, respecto a esto último no seré yo quien se queje—. Abundan los pasajes en que se bordea la delgada línea roja de la vergüenza ajena, y eso siendo generosos, porque bastantes de ellos abochornarán hasta al espectador más cursi.
Liv Tyler
Con todo y eso, y siempre teniendo en mente los usos (y abusos) del audiovisual de los noventa, “Empire Records” no se ve con demasiado desagrado. Antes al contrario, superada la lógica incomodidad inicial, una leve sonrisa reminiscente nos va a a acompañar hasta ese desenlace a medio camino entre un anuncio de Estrella y un mal viaje de masmelos. La banda sonora es excelente, sin duda lo mejor de la película. Con decirles que la tengo puesta en bucle mientras tecleo estas líneas... El trabajo entregado por su elenco femenino también vuela muy por encima del conjunto. La mencionada Zellwegger, junto a Lyv Tyler y Robin Tunney rebosan carisma y dejan en mantillas a sus contrapartes varones. Contaban 26, 18 y 23 años, respectivamente. “Juventud, divino tesoro”. Ay.
6
9 de febrero de 2025 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Empire Records" es un clásico y tiene el mejor soundtrack que recuerde: Until I Hear From You de Gin Blossoms, A Girl Like You de Edwyn Collins, Video Killed the Radio Star de The Buggles, Counting Blue Cars de Dishwalla, How de The Cranberries, entre otros, logrando que la cinta tenga toda la vibra de los 90.

El gran problema es que, en sus 88 minutos de duración, no pasa nada realmente relevante. Todo se siente como una serie de gags sin mucho sentido, que parecen servir solo como excusa para lucir el soundtrack.

También destaca la participación de Renée Zellweger y la deserción de Tobey Maguire, cuyas escenas fueron eliminadas.
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