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6
12 de agosto de 2021
12 de agosto de 2021
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos hemos soñado alguna vez en la vida con tener nuestra propia tienda de música/películas/videoclub y que esto significase ALGO, sobrevivir contra viento y marea a base de hacer lo que te apasiona, ser un poco Tarantino o John Cussack en 'Alta Fidelidad' (aunque su personaje sea un gilipollas), esa especie de gurú al que nadie ha preguntado una mierda pero que está ahí para darte la chapa sobre el grupo/director de turno y que hará que te acabes llevando a tu casa un puto cd de Kyuss o una copia de 'Underground' de Kusturica cuando tu venías a por el 'Nevermind' de Nirvana o a alquilar 'Terminator 2'. Es un sueño universal, como el de tener un bar con los colegas y poner SIEMPRE la música que te dé la gana. Y quién diga que no ha soñado por un instante con alguna de esas cosas, miente.
Esto hace que simpatice con esta película. El argumento es super simple y los personajes son estúpidos a más no poder (no me queda claro si son estúpidos por exigencias del guion, puesto que interpretan a adolescentes pre-universitarios, si es algo que había en la bebida o en el ambiente en los 90 o si es que simplemente son así de imbéciles), pero la trama avanza a ritmo de 'If you want blood (you've got it)' de AC/DC y me veo enganchado a la pantalla hasta el final.
Esto hace que simpatice con esta película. El argumento es super simple y los personajes son estúpidos a más no poder (no me queda claro si son estúpidos por exigencias del guion, puesto que interpretan a adolescentes pre-universitarios, si es algo que había en la bebida o en el ambiente en los 90 o si es que simplemente son así de imbéciles), pero la trama avanza a ritmo de 'If you want blood (you've got it)' de AC/DC y me veo enganchado a la pantalla hasta el final.

Una historia del pequeño comercio frente al gigante monopolio, de resistencia ante las franquicias impersonales de consumo rápido y ante las multinacionales, gestada DESDE LA WARNER. Una historia con cierto poso de romanticismo idealista, ¿premeditadamente? ingenua, en parte frívola, un brindis al sol muy en consonancia con los 90: mantener tu personalidad, ser un poco 'outsider', diferenciarte fuertemente de los demás pero siempre sin dejar de ir a la moda (la moda underground, se entiende). Hora y media en la que se acumulan las contradicciones de los 90, casi como cualquier disco de Rage Against The Machine.
Lástima que una historia así no tenga cabida en estos días del desencanto, en los que todos nos hemos vendido y rendido a las grandes empresas, al corporativismo y a Amazon (gracias a la cual pude ver esta película).
Lástima que una historia así no tenga cabida en estos días del desencanto, en los que todos nos hemos vendido y rendido a las grandes empresas, al corporativismo y a Amazon (gracias a la cual pude ver esta película).
27 de julio de 2022
27 de julio de 2022
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Exploit italiano puro y duro, sin piedad, sin concesiones. Subproducto de cine de género perpretado por dos sospechosos habituales del mundillo, autores de "joyas" como "Apocalípsis canibal", "Año 225 después del holocausto" o "Zombi 3" que hay que aceptar y abrazar como lo que es (o dejarla correr si no es tu rollo).
El spaghetti western es violencia (siempre, SIEMPRE gratuita), suciedad, estridencia rallando el paroxismo, personajes deleznables movidos por los instintos más bajos del ser humano...y aquí Claudio Fragasso y Bruno Matei en esta rara avis de 1987 (cuando el western prácticamente no existía, no digamos ya el spaghetti) toman esos mismos elementos y los retuercen en una especie de homenaje al género en forma de serie B italiana, conformando una obra que no deja de ser un eurowestern pero pasado por el filtro de la explotación de los 80, con todo lo que esto último conlleva: fallos de raccord, cutrerío a mas no poder, escenarios casi de cartón piedra, diálogos vergonzantes, altas dosis de ingenuidad, pero también sangre, gore, TETAS, y ante todo una dirección ramplona donde en ciertos momentos no parece haber nadie al mando...pero eso no quita que no haya algún que otro destello puntual de genialidad, como esa salvaje escena final.
Una película súper torpe que busca su identidad como spaghetti western repitiendo patrones o tomando prestado de obras previas infinitamente mejores, como podrían ser Los Despidados (sobre todo de esta, con esa banda de sudistas renegados), Oro Maldito o Mannaja (incluso diría que fusila un momento de Rambo 2). Sin embargo, ¿acaso no todos los spaghetti western repiten una y otra vez los mismos patrones? ¿no espera todo fan del género oir una trompeta al tiempo que se despliega ante nuestros ojos el duelo de miradas, gestos y el consabido tiroteo final en un siempre burdo plagio de Sergo Leone? Por copiar, aquí se copia hasta la banda sonora sin pudor ninguno, tomando prestado un poquito del morricone de Hasta que llegó su hora, del de Los despidados (de nuevo) y de algun otro caso que no termino de identificar pero que estoy seguro de haber oido anteriormente.
Lo que queda después de todo es una película irregular, por qué no decirlo, mala, pero absolutamente entretenida, una obra alucinada y muy disfrutable que como fan del italowestern y de la serie B te da todo lo que puedes esperar, con algún que otro momento que ya justificaría por si solo su visionado.
El spaghetti western es violencia (siempre, SIEMPRE gratuita), suciedad, estridencia rallando el paroxismo, personajes deleznables movidos por los instintos más bajos del ser humano...y aquí Claudio Fragasso y Bruno Matei en esta rara avis de 1987 (cuando el western prácticamente no existía, no digamos ya el spaghetti) toman esos mismos elementos y los retuercen en una especie de homenaje al género en forma de serie B italiana, conformando una obra que no deja de ser un eurowestern pero pasado por el filtro de la explotación de los 80, con todo lo que esto último conlleva: fallos de raccord, cutrerío a mas no poder, escenarios casi de cartón piedra, diálogos vergonzantes, altas dosis de ingenuidad, pero también sangre, gore, TETAS, y ante todo una dirección ramplona donde en ciertos momentos no parece haber nadie al mando...pero eso no quita que no haya algún que otro destello puntual de genialidad, como esa salvaje escena final.
Una película súper torpe que busca su identidad como spaghetti western repitiendo patrones o tomando prestado de obras previas infinitamente mejores, como podrían ser Los Despidados (sobre todo de esta, con esa banda de sudistas renegados), Oro Maldito o Mannaja (incluso diría que fusila un momento de Rambo 2). Sin embargo, ¿acaso no todos los spaghetti western repiten una y otra vez los mismos patrones? ¿no espera todo fan del género oir una trompeta al tiempo que se despliega ante nuestros ojos el duelo de miradas, gestos y el consabido tiroteo final en un siempre burdo plagio de Sergo Leone? Por copiar, aquí se copia hasta la banda sonora sin pudor ninguno, tomando prestado un poquito del morricone de Hasta que llegó su hora, del de Los despidados (de nuevo) y de algun otro caso que no termino de identificar pero que estoy seguro de haber oido anteriormente.
Lo que queda después de todo es una película irregular, por qué no decirlo, mala, pero absolutamente entretenida, una obra alucinada y muy disfrutable que como fan del italowestern y de la serie B te da todo lo que puedes esperar, con algún que otro momento que ya justificaría por si solo su visionado.
7 de octubre de 2020
7 de octubre de 2020
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si tuviera que definir este "eurowestern" tardío de Joaquín Luis Romero Marchent con una palabra, esa sería "turbio". "Turbio" por el ambiente malsano que respira la cinta, que se mete por todos sus rincones de la película y que traspasa la pantalla y te deja tirado en el sofá y con mal cuerpo varias horas después de que acabe la proyección.
Podría decirse que es un "eurowestern" por eso de que está rodada en España, porque aparecen algunos habituales del género y porque tras los mandos está un pionero del género en nuestro país, pero en mi opinión de eurowestern no tiene prácticamente nada. Está ambientada en América y transcurre a finales del siglo XIX, pero eso es meramente circunstancial. A mi modo de ver se acerca mucho más al fanta-terror que se hacía por aquí en aquellos años (Amando de Ossorio, Paul Naschy, Jess Franco) y al giallo italiano que ya venía despertando pesadillas en el país transalpino desde mediados de los 60 (Mario Bava, Lucio Fulci, Dario Argento). A nivel visual, tampoco guarda mucho parentesco con el género que le da cobijo: para empezar, en contraposición con los primerísimos primeros planos, el uso y abuso del zoom o los amplios planos generales con gran angular, aquí se tira de planos medios y cortos, primeros planos sencillos y algún que otro plano general que ayuda a transmitir la desolación del paisaje. Es decir, tomas relativamente sencillas que no caen en excesos estilísticos ni artificios, como si a través de una narración orgánica y natural Romero Marchent quisiera acercarnos más a los protagonistas y hacer partícipe al espectador de esa sensación de angustia, de estar atrapado con ellos; para continuar, llama la atención algunas decisiones de "narrativa visual" poco vistos con anterioridad en el género, como esos planos suspendidos que se suceden a lo largo de todo el metraje para resaltar una situación en concreto, o esa fotografía terrosa, de tonos rojizos y apagados que contrastan con la esperada tonalidad fría de colores vivos del paisaje en el que se desarrolla la acción.
Aunque en honor a la verdad, hay que reconocer que tiene algo muy propio del spaghetti western: su interés por transgredir unas fronteras establecidas del mismo modo que lo hicieron en su día Leone y cohetaneos, y las traspasa, sin duda. En "Condenados a vivir" encontramos una especie de hijo bastardo de "Oro Maldito" de Giulio Questi y "El Gran Silencio" de Corbucci. De ellas toma esa atmósfera inquietante poblada de personajes desquiciados, los estallidos de violencia visceral y sobre todo su frialdad para con el espectador, con esos finales secos y abruptos que no pretenden ser agradables sino una conclusión coherente con el relato que se está contando.
Todo eso está en "Condenados a vivir" llevado hasta el extremo, el ambiente es aún más denso, la violencia está presente no solo a nivel gráfico sino que subyace a la imagen, es una violencia psicológica y esa falta de concesiones con el espectador está presente desde el primer momento (ver spoiler). Su capacidad de incomodar al espectador a través de ese ambiente malsano va un paso más allá de las obras mencionadas y la emparentan directamente con otras películas igualmente polémicas y más populares como "Perros de paja" de Peckinpah o "La caza"/"Ana y los lobos" de Carlos Saura.
Una película valiente, un paso adelante de su director, que dió un giro de 180 grados con respecto a su filmografía previa, más orientada a seguir unos patrones clásicos, una obra como ya he dicho turbia, inquietante y a la vez hipnótica, que te impide dejar de mirar aunque no quieras.
Podría decirse que es un "eurowestern" por eso de que está rodada en España, porque aparecen algunos habituales del género y porque tras los mandos está un pionero del género en nuestro país, pero en mi opinión de eurowestern no tiene prácticamente nada. Está ambientada en América y transcurre a finales del siglo XIX, pero eso es meramente circunstancial. A mi modo de ver se acerca mucho más al fanta-terror que se hacía por aquí en aquellos años (Amando de Ossorio, Paul Naschy, Jess Franco) y al giallo italiano que ya venía despertando pesadillas en el país transalpino desde mediados de los 60 (Mario Bava, Lucio Fulci, Dario Argento). A nivel visual, tampoco guarda mucho parentesco con el género que le da cobijo: para empezar, en contraposición con los primerísimos primeros planos, el uso y abuso del zoom o los amplios planos generales con gran angular, aquí se tira de planos medios y cortos, primeros planos sencillos y algún que otro plano general que ayuda a transmitir la desolación del paisaje. Es decir, tomas relativamente sencillas que no caen en excesos estilísticos ni artificios, como si a través de una narración orgánica y natural Romero Marchent quisiera acercarnos más a los protagonistas y hacer partícipe al espectador de esa sensación de angustia, de estar atrapado con ellos; para continuar, llama la atención algunas decisiones de "narrativa visual" poco vistos con anterioridad en el género, como esos planos suspendidos que se suceden a lo largo de todo el metraje para resaltar una situación en concreto, o esa fotografía terrosa, de tonos rojizos y apagados que contrastan con la esperada tonalidad fría de colores vivos del paisaje en el que se desarrolla la acción.
Aunque en honor a la verdad, hay que reconocer que tiene algo muy propio del spaghetti western: su interés por transgredir unas fronteras establecidas del mismo modo que lo hicieron en su día Leone y cohetaneos, y las traspasa, sin duda. En "Condenados a vivir" encontramos una especie de hijo bastardo de "Oro Maldito" de Giulio Questi y "El Gran Silencio" de Corbucci. De ellas toma esa atmósfera inquietante poblada de personajes desquiciados, los estallidos de violencia visceral y sobre todo su frialdad para con el espectador, con esos finales secos y abruptos que no pretenden ser agradables sino una conclusión coherente con el relato que se está contando.
Todo eso está en "Condenados a vivir" llevado hasta el extremo, el ambiente es aún más denso, la violencia está presente no solo a nivel gráfico sino que subyace a la imagen, es una violencia psicológica y esa falta de concesiones con el espectador está presente desde el primer momento (ver spoiler). Su capacidad de incomodar al espectador a través de ese ambiente malsano va un paso más allá de las obras mencionadas y la emparentan directamente con otras películas igualmente polémicas y más populares como "Perros de paja" de Peckinpah o "La caza"/"Ana y los lobos" de Carlos Saura.
Una película valiente, un paso adelante de su director, que dió un giro de 180 grados con respecto a su filmografía previa, más orientada a seguir unos patrones clásicos, una obra como ya he dicho turbia, inquietante y a la vez hipnótica, que te impide dejar de mirar aunque no quieras.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
¡Se mata al protagonista a la media hora de la película! O al menos al protagonista natural porque la historia comienza con una narración suya en off. Luego descubriremos que los protagonistas en realidad son los nueve criminales, pero aquí Romero Marchent también consigue transgredir los códigos habituales del cine.
8
1 de julio de 2012
1 de julio de 2012
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta obra de Saura sorprende. Sorprende por su fotografía, por su forma pausada de narrar la historia, plano a plano, recreándose en ellos, y por el marcado carácter psicológico del film. Sorprende la crudeza y violencia de sus imágenes y el ambiente malsano de ese coto de caza que invade al espectador y que puede hasta respirarse sin esfuerzo alguno. Sorprende esa galería de personajes, de amigos que no se conocen, que no se soportan y que no pueden ocultarlo, pues lo dicen todo con la mirada, tan ambiguos, tan interesados, tan sucios todos ellos. Y esa tensión, palpitante, protagonista indiscutible de este pintoresco cuadro.
Cualquiera diría que estamos presenciando una película de Peckinpah (si bien está mucho más cerca del Peckinpah de Perros de Paja que del de Grupo Salvaje), pues todos estos elementos y la forma de hilar los acontecimientos dando lugar a un clímax que encuentra en la violencia el único desenlace posible es algo común al director estadounidense, pero no. Sorprende pues, en última instancia pensar que una película en cierto modo tan rompedora, tanto visual como narrativamente -llaman la atención las escenas en las que Saura sitúa a los protagonistas mirando a la cámara mientras hablan entre ellos, como si su discurso fuera dirigido al espectador en un intento de hacerlo aún más partícipe de la función- sea española, sobre todo teniendo en cuenta el contexto cultural de la España en la que fue concebida, tan marcado por la censura, tan dado a la comedia ligera, a los costumbrismos, a las películas de "cine de barrio".
Cualquiera diría que estamos presenciando una película de Peckinpah (si bien está mucho más cerca del Peckinpah de Perros de Paja que del de Grupo Salvaje), pues todos estos elementos y la forma de hilar los acontecimientos dando lugar a un clímax que encuentra en la violencia el único desenlace posible es algo común al director estadounidense, pero no. Sorprende pues, en última instancia pensar que una película en cierto modo tan rompedora, tanto visual como narrativamente -llaman la atención las escenas en las que Saura sitúa a los protagonistas mirando a la cámara mientras hablan entre ellos, como si su discurso fuera dirigido al espectador en un intento de hacerlo aún más partícipe de la función- sea española, sobre todo teniendo en cuenta el contexto cultural de la España en la que fue concebida, tan marcado por la censura, tan dado a la comedia ligera, a los costumbrismos, a las películas de "cine de barrio".

Es esta, por tanto, una película imprescindible para el aficionado al cine patrio (e igualmente interesante para el que no lo sea), por lo distinto de la misma, por todo lo que puede aportar al espectador y por ser una película que no ha envejecido ni un ápice. Porque obras como ésta permiten restaurar el concepto tan denostado que se tiene en nuestros días del cine español.
12 de agosto de 2021
12 de agosto de 2021
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si tuviera que recomendar una única película que resumiera a la perfección la carrera de Chan Clos, sería esta.
Aquí están todas las constantes de su cine: una trama genial escrita por Steven E. de Souza de esas que sólo se pueden ver en el cine de acción de los 90, un jodido despropósito en la que el belga se ve envuelto sin comerlo ni beberlo, "dirige" un chino curtido en el cine hongkonés de los 80 y 90 venido a menos, está repleto de patadas giratorias y coreografías imposibles y ya se puede ver sin ambages esa caída a los infiernos de cocaína, serie B y películas directas a vídeo. Solo faltaría que aquí Van Damme tuviera un gemelo-clon para que 'Knock Off' fuera la quintaesencia del cine Vandammico.
Todo ello dirigido por una especie de hijo bastardo de Orson Wells borracho y montado por un mono puesto hasta las cejas de anfetas, con unos encuadres y movimientos de cámara imposibles y un ritmo speedico, absurdamente acelerado, que hace que ver 'Knock Off' sea tan extenuante como correr una maratón en pleno mes de agosto.
Si esta película se hiciese hoy, sería obra de culto instantánea.
Aquí están todas las constantes de su cine: una trama genial escrita por Steven E. de Souza de esas que sólo se pueden ver en el cine de acción de los 90, un jodido despropósito en la que el belga se ve envuelto sin comerlo ni beberlo, "dirige" un chino curtido en el cine hongkonés de los 80 y 90 venido a menos, está repleto de patadas giratorias y coreografías imposibles y ya se puede ver sin ambages esa caída a los infiernos de cocaína, serie B y películas directas a vídeo. Solo faltaría que aquí Van Damme tuviera un gemelo-clon para que 'Knock Off' fuera la quintaesencia del cine Vandammico.
Todo ello dirigido por una especie de hijo bastardo de Orson Wells borracho y montado por un mono puesto hasta las cejas de anfetas, con unos encuadres y movimientos de cámara imposibles y un ritmo speedico, absurdamente acelerado, que hace que ver 'Knock Off' sea tan extenuante como correr una maratón en pleno mes de agosto.
Si esta película se hiciese hoy, sería obra de culto instantánea.
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