Bella de día
7.6
13,236
Drama
Sévérine, una joven casada con un atractivo cirujano, descubre la existencia de la prostitución diurna. Impulsada por la curiosidad, ingresa en la casa de citas de Anaïs y termina acostumbrándose a llevar una doble vida. La aparición de Marcel, un delincuente que se enamora de ella, complicará la situación de la protagonista. En 2006 contó con una secuela, "Belle Toujours", dirigida por Manoel de Oliveira.
13 de febrero de 2009
13 de febrero de 2009
111 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil
Film de Luis Buñuel que obtuvo un gran éxito de público y crítica. El guión, de L. Buñuel y de su colaborador habitual durante la etapa francesa, Jean-Claude Carrière, adapta la novela “Belle de Jour” (1928), de Joseph Kessel, novelista francés, nacido en Argentina, de origen judeo-lituano, que fue miembro de la Academia Francesa. Se rueda en escenarios exteriores de Paris (Campos Elíseos, Bois de Boulogne, Chalet de la Gran Cascada ...) y en los platós de Studios Franstudio (Saint-Maurice). Obtiene el León de oro, de Venecia. Producido por Raymond y Roger Hakim para Paris Films Productions (Paris) y Five Films (Roma), se estrena el 24-V-1967 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en Paris y alrededores en 1965-66. Séverine Sérizy (Deneuve), de 23 años, casada desde hace casi un año con el cirujano Pierre Sérizy (Sorel), a causa de un trauma infantil (probablemente debido a abusos sexuales continuados por parte de un hombre mayor) es frígida, no comparte el lecho con el marido y alivia la tensión sexual mediante fantasías sadomasoquistas. Con el deseo de superar sus represiones, se pone a trabajar como prostituta a tiempo parcial (de 2 a 5 de la tarde). Séverine es hermosa, elegante y refinada. Encarna la imagen de la virginidad, la perfección y la elegancia. Es fría y distante, pero está enamorada de Pierre, que es comprensivo y tolerante con ella.
La acción dramática tiene lugar en Paris y alrededores en 1965-66. Séverine Sérizy (Deneuve), de 23 años, casada desde hace casi un año con el cirujano Pierre Sérizy (Sorel), a causa de un trauma infantil (probablemente debido a abusos sexuales continuados por parte de un hombre mayor) es frígida, no comparte el lecho con el marido y alivia la tensión sexual mediante fantasías sadomasoquistas. Con el deseo de superar sus represiones, se pone a trabajar como prostituta a tiempo parcial (de 2 a 5 de la tarde). Séverine es hermosa, elegante y refinada. Encarna la imagen de la virginidad, la perfección y la elegancia. Es fría y distante, pero está enamorada de Pierre, que es comprensivo y tolerante con ella.

Macha Méril & Catherine Deneuve
El film desarrolla un drama psicológico, que nace de una experiencia traumática infantil, se manifiesta a través de una conducta sexual desordenada, da lugar a fantasías eróticas perversas e impulsa comportamientos de riesgo. El tema permite al realizador explorar la psicología de los personajes, una de sus tareas predilectas. Se plantea cuestiones referentes a los instintos, la racionalidad y la conducta, en los que halla un campo amplio de reflexión e investigación, acorde con sus gustos, conocimientos y experiencia. El análisis que desarrolla se ajusta al estado de la ciencia en su momento.
Las limitaciones de la ciencia, entonces y ahora, mueven al realizador a explicarse con precaución y sin afanes de exhaustividad. Apunta las causas posibles con indicaciones someras que dejan en manos del espectador el completarlas. Responde a las preguntas sobre las causas sugiriendo respuestas esbozadas o simplemente enunciadas. Las referencias a los comportamientos se apoyan en elipsis que reclaman supuestos y sobreentendidos. La indefinición del relato contribuye a elevar el tono de misterio y oscuridad, que potencia el dramatismo de la historia. El interés de la protagonista por afrontar y resolver los problemas que la afectan y las consecuencias imprevisibles de sus actos aportan elementos que, administrados con la pericia de Buñuel, dan fuerza y vigor al relato. La serena belleza y el rostro angelical de Séverine ocultan un mundo interior de angustia, frustraciones y desesperación.
Las limitaciones de la ciencia, entonces y ahora, mueven al realizador a explicarse con precaución y sin afanes de exhaustividad. Apunta las causas posibles con indicaciones someras que dejan en manos del espectador el completarlas. Responde a las preguntas sobre las causas sugiriendo respuestas esbozadas o simplemente enunciadas. Las referencias a los comportamientos se apoyan en elipsis que reclaman supuestos y sobreentendidos. La indefinición del relato contribuye a elevar el tono de misterio y oscuridad, que potencia el dramatismo de la historia. El interés de la protagonista por afrontar y resolver los problemas que la afectan y las consecuencias imprevisibles de sus actos aportan elementos que, administrados con la pericia de Buñuel, dan fuerza y vigor al relato. La serena belleza y el rostro angelical de Séverine ocultan un mundo interior de angustia, frustraciones y desesperación.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La combinación de realidad y sueños y la suma ambigua que en ocasiones se da de ambos componentes, introduce factores que más que incrementar la complejidad de las situaciones, generan efectos de apelación a la imaginación, iniciativa y fantasía. La visión del film resulta tanto más grata y satisfactoria cuanto más activa es la disposición del espectador. Este hecho podría explicar, al menos en parte, las diferentes acogidas que la cinta ha tenido y tiene en ámbitos diversos del público. El acierto de Buñuel a la hora de plantear un relato inacabado e incompleto, pero sugerente y abierto, ha sido posiblemente una de las causas de su resistencia al envejecimiento.
La cinta suma, y en ocasiones mezcla, sueños, fantasías, imaginación, símbolos y realidad. En esta ocasión el componente surrealista de los sueños tiene mayor peso que en los films inmediatamente anteriores, por lo que algunos críticos hablan de recuperación de técnicas de la primera etapa del realizador. Un análisis sosegado y detallado posiblemente pondría de relieve que el film dosifica la combinación de elementos diversos de acuerdo con las exigencias de la propia historia y de su traslación al celuloide. En todo caso, no se trata tanto de un film surrealista, como de un film que aborda un problema humano profundo y de alcance dramático con una sugestiva combinación de recursos realistas, simbólicos y surrealistas.
La cinta suma, y en ocasiones mezcla, sueños, fantasías, imaginación, símbolos y realidad. En esta ocasión el componente surrealista de los sueños tiene mayor peso que en los films inmediatamente anteriores, por lo que algunos críticos hablan de recuperación de técnicas de la primera etapa del realizador. Un análisis sosegado y detallado posiblemente pondría de relieve que el film dosifica la combinación de elementos diversos de acuerdo con las exigencias de la propia historia y de su traslación al celuloide. En todo caso, no se trata tanto de un film surrealista, como de un film que aborda un problema humano profundo y de alcance dramático con una sugestiva combinación de recursos realistas, simbólicos y surrealistas.

Catherine Deneuve
No falta la crítica habitual a la burguesía y a sus prácticas perversas. Por la pantalla desfilan voyeurismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, sadomasoquismo, necrofilia, dominación, humillación, bondage, machismo, fetichismo, coprofilia, celos, etc. Las críticas a la aristocracia son más severas: ésta añade a las perversiones burguesas prácticas específicas de desprecio de la persona, soberbia, clasismo, intolerancia y deliberada mala educación. La cámara ofrece imágenes de los fantasmas y fetiches propios del realizador: zapatos, botas, látigos, campanillas, cajas misteriosas, personas con defectos físicos o discapacidad (dentadura de Marcel), etc. Muestra armas de fuego en manos de locos, como en “Él” y “Ensayo de un crimen”. Realza imágenes de espaldas desnudas, nalgas y pies.
La interpretación de Deneuve es convincente y fascinante. La banda sonora se sustituye por efectos acústicos que culminan en un coro singular de sonidos diversos (maullidos de gato, viento, mugidos de buey y otros). La fotografía, de Sacha Vierny (“La guerra ha terminado”, Resnais, 1966), en color (eastmancolor), ofrece una visualidad espléndida, que se apoya en un trabajo de cámara, más suave y cuidado de lo habitual en los trabajos del realizador.
La interpretación de Deneuve es convincente y fascinante. La banda sonora se sustituye por efectos acústicos que culminan en un coro singular de sonidos diversos (maullidos de gato, viento, mugidos de buey y otros). La fotografía, de Sacha Vierny (“La guerra ha terminado”, Resnais, 1966), en color (eastmancolor), ofrece una visualidad espléndida, que se apoya en un trabajo de cámara, más suave y cuidado de lo habitual en los trabajos del realizador.
3 de febrero de 2009
3 de febrero de 2009
90 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
Intento imaginar desde que la ví por primera vez (hace muchos años) que otra actríz podría interpretar el rol de Sevérine. Lo pienso y lo pienso pero no hay caso. No hay ninguna con la belleza, el misterio, la sensualidad y el talento de Catherine Denueve. Es una diosa gélida de una hermosura única. Y don Luis que nunca fué un tonto para estas lides, eligió a la mejor actríz para representar este papel soñado. La doble moral, las apariencias hipócritas. Lo sagrado del matrimonio, para el cuál existía la esposa pura con la cuál se hacia sólo lo normal. Y estaba también la amante, con quién podían desatarse todas las mas bajas fantasías y deseos, que no se permitían con las señoras. Pero acá el buscapleios de Buñuel encara toda esa hipocresía de la sociedad, dando vuelta la tortilla y haciendo que la esposa sea la que busca el placer sexual fuera del matrimonio trabajando en un burdel. Toda la película es una cachetada tras otra a la moral burguesa de la época a la cuál Don Luis odiaba y despreciaba. No quiero entrar en detalles del argumento porque hay que verla, pero les aseguro a los que nunca la vieron que van a encontrar masoquismo, sadismo, voyurismo, humillación sexual y otras cositas ricas absolutamente impensadas hace 42 años. Por algo mi mamá odiaba a Buñuel porque decía que hacía films para degenerados. Y bueno, las mamás no siempre tienen razón. Por suerte.
18 de febrero de 2007
18 de febrero de 2007
70 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con este famoso y barbárico adagio latino, medio motivaba el millonario y ocioso personaje de Henri Husson (Michel Piccoli) a la frígida y casi virginal incontenida dama de la alta burguesía parisina, la respetable señora Séverine Serizy (Catherine Deneuve), a darse una vuelta por el barrio de la ópera, a un reputado burdel de cierta sofistificación y crédito regentado por madame Anais, y donde con el paso del tiempo daría escape a sus represiones infantiles con el apelativo de Belle de Jour ("bella de día", en castellano traducido como "Flor de día") como nombre de guerra, viéndose arrastrada inconscientemente a un marasmo de desenfreno sexual revestido de una sutil capa de erotismo sesentero, cuando las normas morales aún no habían levantado el pie del acelerador, antes de traspasar la fina línea de lo erótico-sugestivo a lo erótico-explícito como antesala de lo porno y sus diversas variantes.
Ta vez la bella Séverine se sintiera atraída por los extraños caprichos de sus clientes, cercanos en la mayoría de los casos a fantasías sexuales sadomasoquistas referentes al placer de la humillación clandestina del orgullo personal, y al placer de hacer sufrir al ser humano amado y de débil predisposición (al marido pusilánime o calzonazos, vamos).
Ta vez la bella Séverine se sintiera atraída por los extraños caprichos de sus clientes, cercanos en la mayoría de los casos a fantasías sexuales sadomasoquistas referentes al placer de la humillación clandestina del orgullo personal, y al placer de hacer sufrir al ser humano amado y de débil predisposición (al marido pusilánime o calzonazos, vamos).

Catherine Deneuve
El genio de Calanda toma prestada la novela epónima en su titulación original en galo "Belle de jour" de 1928, del novelista argentino de origen askenazi Joseph Kessel.
La película es todo un alarde visual y sonoro sobre las vivencias existenciales de esta complicada mujer con recurrentes sueños sadomasoquistas, motivados, intuímos, por una difícil experiencia sexual a edad temprana, cuando fue forzada en repetidas ocasiones por hombres mayores que ella.
La esplédida fotografía corre a cargo de Sacha Vierny, y la magnífica y virtuosa dirección de la cámara fue por cuenta del turolense, el mejor cineasta de nuestro cine patrio de calle. Los personajes no están muy perfilados psicológicamente pero aún así constituye un justo equilibrio mediático de conjunto.
Buñuel nos introduce en un mundo de perversiones subjetivas que acucian la psique de una remilgada protagonista que de pronto decide dar rienda suelta a sus sueños masoquistas.
La película es todo un alarde visual y sonoro sobre las vivencias existenciales de esta complicada mujer con recurrentes sueños sadomasoquistas, motivados, intuímos, por una difícil experiencia sexual a edad temprana, cuando fue forzada en repetidas ocasiones por hombres mayores que ella.
La esplédida fotografía corre a cargo de Sacha Vierny, y la magnífica y virtuosa dirección de la cámara fue por cuenta del turolense, el mejor cineasta de nuestro cine patrio de calle. Los personajes no están muy perfilados psicológicamente pero aún así constituye un justo equilibrio mediático de conjunto.
Buñuel nos introduce en un mundo de perversiones subjetivas que acucian la psique de una remilgada protagonista que de pronto decide dar rienda suelta a sus sueños masoquistas.

Ese sueño inicial, cuando viaja en calesa con su marido y dos conductores... y de repente, el marido manda parar el carruaje para que la vituperen públicamente, azoten y violen los dos conductores, es una pista de lo que el maestro nos tenía preparados.
Poderosa, enigmática, sugerente, sugestiva, imperturbable, virtuosa.
I M P R E S C I N D I B L E.
Poderosa, enigmática, sugerente, sugestiva, imperturbable, virtuosa.
I M P R E S C I N D I B L E.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Un sueño iniciático despierta la película. Un carruaje conducido por dos chóferes y en donde viajan una pareja, el doctor parisino Pierre Serizy (Jean Sorel) y su frígida y casi virginal mujer Séverine (Catherine Deneuve), discurre por un sendero bastante onírico rodeado por hileras de árboles a sendos lados.
De repente, Pierre manda parar el carruaje y obliga a los dos conductores que azoten, vejen y violen a su mujer que suplica clemencia.
El sueño se acaba, y comienza de verdad el entramado.
Séverine es una mujer de la alta burguesía que mantiene una relación de celibato con su marido Pierre, aunque éste se tome las cosas con suma paciencia.
Un día, estando de vacaciones con su amiga Renee (Macha Méril) y la pareja circustancial de ésta, el millonario, ocioso y abiertamente repulsivo para Séverine, Henri Husson (Michel Piccoli), ésta se entera de que una conocida de ambas amigas frecuenta como profesional del sexo un burdel con el que obtiene un suculento sobresueldo.
De repente, Pierre manda parar el carruaje y obliga a los dos conductores que azoten, vejen y violen a su mujer que suplica clemencia.
El sueño se acaba, y comienza de verdad el entramado.
Séverine es una mujer de la alta burguesía que mantiene una relación de celibato con su marido Pierre, aunque éste se tome las cosas con suma paciencia.
Un día, estando de vacaciones con su amiga Renee (Macha Méril) y la pareja circustancial de ésta, el millonario, ocioso y abiertamente repulsivo para Séverine, Henri Husson (Michel Piccoli), ésta se entera de que una conocida de ambas amigas frecuenta como profesional del sexo un burdel con el que obtiene un suculento sobresueldo.

Luis Buñuel & Catherine Deneuve
Los virginales ojos de Séverine comienzan a abrirse de par en par.
Otro día, en una conversación con el propio Husson, éste le comenta cómo funcionan ese tipo de sofistificadas casa de citas ("...Vas un día media hora...y el resto del día te sientes mal...") del que él antaño fuera asiduo cliente, y le da el nombre de una de ellas.
Tras varios momentos de indecisión, Séverine, finalmente se arma de valor y entra en uno de esos burdeles regentados por la madame Anais.
Allí, poco a poco entablará relación con sus compañeras de oficio, y solicitará como única condición a la madame, que sólo está dispuesta a trabajar de día (de las dos a las cinco de la tarde). Anais le propone el nombre de "Belle de jour".
Sus clientes demuestran una amplia gama de sueños clandestinos inconfesables, que Buñuel nos deja a la libre imaginación.
Así, un fabricante de caramelos, un prestigioso ginecólogo con extraños hábitos sadomasoquistas, un oriental con violentas fantasía eróticas, un duque con fantasía sexuales fúnebres...y finalmente Marcel (Perre Clementí), un joven desdentado perteneciente al mundo del hampa (tal vez Kubrick se fijara en él para su Alex de Large) a las órdenes de un ladrón de poca monta como Hipólito "El murciano" (Paco Rabal e un paupérrimo papel).
Poco a poco el violento muchacho se encapricha peligrosamente de ella bajo su aparente condescendencia y las cosas se salen de madre.
Además un viejo cliente del burdel, el sr Husson descubre a Séverine.
Un día, Marcel acude a casa de Séverine y chantajea a Séverine que ya se había ido del burdel.
Cuando parece que Marcel medio acepta resignado la situación, dispara a bocajarro a su marido en el portal, y huye despavorido.Por el camino un policía le hiere de muerte.
Pierre ha quedado paralítico en silla de ruedas, y el sr Husson acude a visitarle para contarle la historia de su mujer y que así no se sienta tan culpable.
Otro día, en una conversación con el propio Husson, éste le comenta cómo funcionan ese tipo de sofistificadas casa de citas ("...Vas un día media hora...y el resto del día te sientes mal...") del que él antaño fuera asiduo cliente, y le da el nombre de una de ellas.
Tras varios momentos de indecisión, Séverine, finalmente se arma de valor y entra en uno de esos burdeles regentados por la madame Anais.
Allí, poco a poco entablará relación con sus compañeras de oficio, y solicitará como única condición a la madame, que sólo está dispuesta a trabajar de día (de las dos a las cinco de la tarde). Anais le propone el nombre de "Belle de jour".
Sus clientes demuestran una amplia gama de sueños clandestinos inconfesables, que Buñuel nos deja a la libre imaginación.
Así, un fabricante de caramelos, un prestigioso ginecólogo con extraños hábitos sadomasoquistas, un oriental con violentas fantasía eróticas, un duque con fantasía sexuales fúnebres...y finalmente Marcel (Perre Clementí), un joven desdentado perteneciente al mundo del hampa (tal vez Kubrick se fijara en él para su Alex de Large) a las órdenes de un ladrón de poca monta como Hipólito "El murciano" (Paco Rabal e un paupérrimo papel).
Poco a poco el violento muchacho se encapricha peligrosamente de ella bajo su aparente condescendencia y las cosas se salen de madre.
Además un viejo cliente del burdel, el sr Husson descubre a Séverine.
Un día, Marcel acude a casa de Séverine y chantajea a Séverine que ya se había ido del burdel.
Cuando parece que Marcel medio acepta resignado la situación, dispara a bocajarro a su marido en el portal, y huye despavorido.Por el camino un policía le hiere de muerte.
Pierre ha quedado paralítico en silla de ruedas, y el sr Husson acude a visitarle para contarle la historia de su mujer y que así no se sienta tan culpable.
19 de agosto de 2010
19 de agosto de 2010
36 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película narra la historia de una mujer joven, casada, fría y distante, que evita tener relaciones con su marido. Probablemente derivado de abusos en su infancia, padece algún extraño trastorno que le empuja a prostituirse mientras él trabaja. De alguna manera a medida que se sumerge en el mundo de la prostitución comienza a sentirse más cerca de su esposo. Esta es la premisa sobre la que este film desarrolla y entremezcla una serie de situaciones reales e imaginarias en las que se ve envuelto el personaje de una mujer que no llega en mi opinión a definirse con claridad. Quizá sea esa la intención del autor, solamente asomarse al complejo mundo interior de una personalidad confusa, débil y a la deriva, y dejar que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones. Se ha dicho que es una crítica a la falsedad y la hipocresía de la sociedad burguesa, pero creo que eso es aventurar demasiado. Respecto al final, debo decir que me parece más un alto en el rodaje para comer que un verdadero cierre. La floja elaboración de los personajes y unas interpretaciones carentes de expresividad me llevan a no dar una calificación alta a una película de Buñuel que por otra parte ha recibido muy buenas críticas. Personalmente no he llegado a conectar con ella y en algunos momentos me ha resultado repetitiva en su planteamiento.
9 de agosto de 2011
9 de agosto de 2011
51 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es un desastre. La fotografía y, sobre todo, la iluminación de los interiores son de culebrón ochentero. O peor: me recordaba a "la aventura" de "Los payasos de la tele", aquel fragmento en que, junto al señor Chinarro, los Aragón se movian entre decorados.
La interpretación de la Deneuve, sin sangre en las venas, emulando un estado de excitación sexual cercano al sonambulismo, me invita a rehuir cualquier otra película en que aparezca. Por otra parte, la nula evolución en el devenir de los personajes invita a la confección de este catálogo plano, paródico y circense (de nuevo) de lo que pasa en un lupanar.
Sinceramente, no sé que pretendía Buñuel con esta película que ni es realmente atrevida, ni arroja luz sobre ningún aspecto. Y, como digo, tiene una factura espantosa que empieza por el director del casting.
No sé, amigos, a veces hay que hacer un pequeño esfuerzo de contemporización. ¿Qué y cómo se rodaba en el mundo alrededor de 1967? Pues lo siento en el alma, pero un año antes que esta película, Ingmar Bergman rodaba "Persona", en la que Liv Ullmann hace uno de los mejores papeles femeninos que yo he visto nunca, exponiendo sus pasiones sexuales, sus miedos, sus anhelos, su rabia... Todo un recital. Y ya no hablemos de la fotografia de Sven Nykvist, que hace de una casita en la playa todo un mundo.
La interpretación de la Deneuve, sin sangre en las venas, emulando un estado de excitación sexual cercano al sonambulismo, me invita a rehuir cualquier otra película en que aparezca. Por otra parte, la nula evolución en el devenir de los personajes invita a la confección de este catálogo plano, paródico y circense (de nuevo) de lo que pasa en un lupanar.
Sinceramente, no sé que pretendía Buñuel con esta película que ni es realmente atrevida, ni arroja luz sobre ningún aspecto. Y, como digo, tiene una factura espantosa que empieza por el director del casting.
No sé, amigos, a veces hay que hacer un pequeño esfuerzo de contemporización. ¿Qué y cómo se rodaba en el mundo alrededor de 1967? Pues lo siento en el alma, pero un año antes que esta película, Ingmar Bergman rodaba "Persona", en la que Liv Ullmann hace uno de los mejores papeles femeninos que yo he visto nunca, exponiendo sus pasiones sexuales, sus miedos, sus anhelos, su rabia... Todo un recital. Y ya no hablemos de la fotografia de Sven Nykvist, que hace de una casita en la playa todo un mundo.

Y ahora sigamos contemporizando y hablemos del tema de la humillación, que parece que es lo que le va al personaje de la Deneuve. Dónde Buñuel habla de latigazos y de recibir una lapidación de lodo, el mismo año, en "El Graduado", Mike Nichols construye la siguiente escena: el personaje de Dustin Hoffman quiere humillar a la jovencita formal con la que se ve obligado a salir una noche y la lleva a un espectáculo de desnudismo. Una bailarina sitúa sobre la cabeza de la chica sus pechos, haciendo rodar unas borlas que lleva colgando de los pezones. La chica formal intenta sonreir. Eso, amigo Buñuel, eso es retratar la humillación.
Podemos seguir adorando al Seat 600, pero ya en el 67 era una buena mierda de coche al lado de cualquier Ford americano o Saab sueco. Lo siento, es lo que hay.
Ufff... me he quedado a gusto.
Podemos seguir adorando al Seat 600, pero ya en el 67 era una buena mierda de coche al lado de cualquier Ford americano o Saab sueco. Lo siento, es lo que hay.
Ufff... me he quedado a gusto.
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