Maspalomas
2025 

6.9
11,284
Drama
Tras romper con su pareja, Vicente, de 76 años, lleva la vida que le gusta en Maspalomas: su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta. En este nuevo ... [+]
21 de septiembre de 2025
21 de septiembre de 2025
92 de 104 usuarios han encontrado esta crítica útil
Han pasado 11 años desde que unos cineastas vascos presentaron en San Sebastián "Loreak (flores)", con el sello de la productora Moriarti de la que son propietarios. En esta edición vuelven a estrenar su nuevo proyecto en el Zinemaldia, concursando por la Concha de Oro, un año después de clausurar la sección Perlas con "Marco". En esta ocasión de los tres Moriarti, los que han dirigido "Maspalomas" han sido José Mari Goenaga y Aitor Arregi.
El resultado es una magnífica película, de la que es mejor conocer lo menos posible, que es una constante montaña rusa de sorpresas, y que me descolocó varias veces. Me transmitió mucho en las situaciones más dramáticas, y me hizo sonreír en algunas escenas.
La historia tiene como protagonista a Vicente, que está viviendo en Maspalomas, en la tranquilidad de las Islas Canarias.
La película tiene un prólogo de 20 minutos bastante atrevido y directo, con el protagonista pasándolo muy bien en su día a día en Canarias, después de haberse separado de su pareja, un hombre con el que llevaba 25 años de relación. A partir de este momento, no voy a contar nada más sobre la trama, para que puedan descubrir lo que sucede en la vida de Vicente.
El resultado es una magnífica película, de la que es mejor conocer lo menos posible, que es una constante montaña rusa de sorpresas, y que me descolocó varias veces. Me transmitió mucho en las situaciones más dramáticas, y me hizo sonreír en algunas escenas.
La historia tiene como protagonista a Vicente, que está viviendo en Maspalomas, en la tranquilidad de las Islas Canarias.
La película tiene un prólogo de 20 minutos bastante atrevido y directo, con el protagonista pasándolo muy bien en su día a día en Canarias, después de haberse separado de su pareja, un hombre con el que llevaba 25 años de relación. A partir de este momento, no voy a contar nada más sobre la trama, para que puedan descubrir lo que sucede en la vida de Vicente.

Hay muchos puntos fuertes en la película, pero hay uno fundamental y es el guion escrito por José Mari Goenaga, que va abriendo subtramas relativas al personaje central y a los secundarios, y consigue terminar bastante bien todas ellas, con unos diálogos muy ácidos y directos, que ponen su punto de mira en la crítica al comportamiento del ser humano en la sociedad actual, el egoísmo, la amistad, el amor, el placer o la soledad.
El otro aspecto destacado es el gran trabajo interpretativo de José Ramon Soroiz, un actor al que hemos visto muchas veces en personajes secundarios, y que gracias a su trabajo nos regala una de las mejores actuaciones del año, en un personaje que consigue trasmitir mucho, con unos cambios de registro bastante creíbles entre los momentos de alegría y los de tristeza.
Entre los secundarios destacan las actuaciones de Nagore Aranburu, que interpreta a Nerea, la hija de Vicente, y Kandido Uranga como Xanti. Los dos están magníficos en unas grandes trabajos, cuyos personajes son fundamentales en el desarrollo de la historia.
El otro aspecto destacado es el gran trabajo interpretativo de José Ramon Soroiz, un actor al que hemos visto muchas veces en personajes secundarios, y que gracias a su trabajo nos regala una de las mejores actuaciones del año, en un personaje que consigue trasmitir mucho, con unos cambios de registro bastante creíbles entre los momentos de alegría y los de tristeza.
Entre los secundarios destacan las actuaciones de Nagore Aranburu, que interpreta a Nerea, la hija de Vicente, y Kandido Uranga como Xanti. Los dos están magníficos en unas grandes trabajos, cuyos personajes son fundamentales en el desarrollo de la historia.

A nivel técnico, no es una película tan destacada como otras de los Moriarti ("Handia", "La trinchera infinita"), pese a todo ello me gustaría reseñar como aspectos positivos, además del trabajo de dirección, el montaje de Maialen Sarasua Oliden y la banda sonora compuesta por Aránzazu Calleja.
Una película muy recomendable, y que creo que puede gustar bastante cuando se estrene el próximo viernes en los cines españoles, ya que transmite muchas emociones y realidad, y hace reflexionar sobre muchas cosas de la sociedad actual.
Merecería tener protagonismo en la próxima temporada de premios nacionales, aunque hay que reconocer que no lo tiene nada fácil teniendo en cuenta el gran nivel de los estrenos españoles de lo que llevamos de año.
LO MEJOR: el guion. La interpretación de José Ramón Soroiz.
LO PEOR: a nivel técnico no está al nivel de otras películas de los Moriarti.
Pueden leer las críticas con imágenes y contenidos adicionales en http://www.filmdreams.net
Una película muy recomendable, y que creo que puede gustar bastante cuando se estrene el próximo viernes en los cines españoles, ya que transmite muchas emociones y realidad, y hace reflexionar sobre muchas cosas de la sociedad actual.
Merecería tener protagonismo en la próxima temporada de premios nacionales, aunque hay que reconocer que no lo tiene nada fácil teniendo en cuenta el gran nivel de los estrenos españoles de lo que llevamos de año.
LO MEJOR: el guion. La interpretación de José Ramón Soroiz.
LO PEOR: a nivel técnico no está al nivel de otras películas de los Moriarti.
Pueden leer las críticas con imágenes y contenidos adicionales en http://www.filmdreams.net
26 de septiembre de 2025
26 de septiembre de 2025
65 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que empieza como el relato de un hombre que se resiste a envejecer se transforma en una reflexión poderosa sobre la identidad, la memoria y la posibilidad de reconciliación, incluso cuando los años pesan más que los sueños. La trama emociona porque no se limita a contar un drama familiar, es también una historia sobre la resistencia frente al silencio, sobre lo doloroso de volver al armario y lo heroico de seguir afirmando quién eres cuando la sociedad, y hasta tu propia familia, parece no querer verlo.
José Mari Goenaga y Aitor Arregi se mueven con un pulso exquisito entre lo íntimo y lo social, la dirección no busca subrayar ni dramatizar en exceso; apuesta por la delicadeza, por dejar que los silencios y las miradas hablen tanto como las palabras. Hay una sensibilidad muy vasca en la forma de filmar San Sebastián, con esa lluvia constante que contrasta con la calidez solar de Maspalomas, y que funciona como metáfora del viaje emocional de Vicente, de la luz a la sombra, de la libertad a la represión.
José Mari Goenaga y Aitor Arregi se mueven con un pulso exquisito entre lo íntimo y lo social, la dirección no busca subrayar ni dramatizar en exceso; apuesta por la delicadeza, por dejar que los silencios y las miradas hablen tanto como las palabras. Hay una sensibilidad muy vasca en la forma de filmar San Sebastián, con esa lluvia constante que contrasta con la calidez solar de Maspalomas, y que funciona como metáfora del viaje emocional de Vicente, de la luz a la sombra, de la libertad a la represión.

El corazón de Maspalomas late en la interpretación de su protagonista, Jose Ramón Soroiz que encarna a Vicente, logra transmitir una mezcla de vitalidad, ironía y fragilidad que emociona en cada plano. Es un personaje que podría haber caído en el estereotipo, pero aquí se convierte en alguien profundamente humano, contradictorio y entrañable. La relación con su hija se dibuja con sutileza, evitando el melodrama fácil, y regalando escenas de gran carga emocional donde se percibe tanto el rencor como la necesidad de ternura.
La fotografía abraza los colores vivos, saturados y cálidos de Maspalomas para luego sumergirse en los tonos grises y fríos de San Sebastián, reflejando con precisión el viaje emocional del protagonista. El montaje es sobrio, respetuoso con los tiempos de los personajes, dejando respirar los diálogos y las pausas con naturalidad.
Es cine necesario y emocionante, una historia que habla de algo universal desde una perspectiva que pocas veces tiene espacio en pantalla, la de un hombre mayor, homosexual, que se enfrenta a su pasado y al miedo de tener que ocultarse otra vez. Su mayor logro es que lo hace con ternura y honestidad, sin victimismos ni sermones. Es una película que emociona, que hace pensar y que, sobre todo, deja la sensación de haber acompañado a un personaje inolvidable.
La fotografía abraza los colores vivos, saturados y cálidos de Maspalomas para luego sumergirse en los tonos grises y fríos de San Sebastián, reflejando con precisión el viaje emocional del protagonista. El montaje es sobrio, respetuoso con los tiempos de los personajes, dejando respirar los diálogos y las pausas con naturalidad.
Es cine necesario y emocionante, una historia que habla de algo universal desde una perspectiva que pocas veces tiene espacio en pantalla, la de un hombre mayor, homosexual, que se enfrenta a su pasado y al miedo de tener que ocultarse otra vez. Su mayor logro es que lo hace con ternura y honestidad, sin victimismos ni sermones. Es una película que emociona, que hace pensar y que, sobre todo, deja la sensación de haber acompañado a un personaje inolvidable.
5 de octubre de 2025
5 de octubre de 2025
84 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anoche vi la esperada película de Maspalomas y me llevé una profunda decepción. No es mal producto, pero ni de lejos me pareció una maravilla, por mucho que ahora el hiper realismo esté de moda en nuestro cine y se premie enseñar penes como algo súper moderno y progre (señores y señoras, el porno lleva décadas existiendo). Además, creo que el personaje principal está mal desarrollado y en spoiler desarrollaré, pero a mí me transmitió una idea muy contraria a la que supuestamente se quiere mostrar en la película de hombre víctima y sufridor. Basta con que hagan el siguiente ejercicio: transformen a Vicente en heterosexual y piensen sobre todas sus acciones en el filme, su visión sobre él cambiará radicalmente.
Hay algunas escenas muy buenas, como la del encuentro con el bar de Donosti al que hacía años que no iba, y también algunos personajes entrañables en la residencia. Pero he visto una enorme cantidad de clichés y estereotipos que no sé si benefician al sufrido colectivo gay (por cierto, las lesbianas nuevamente olvidadas) que me han parecido bastante flojos (el enfermero queda retratado como alguien ingenuo y pervertido, además dando la sensación de que lo es solo por su orientación sexual, lo cual me parece injusto).
Hay algunas escenas muy buenas, como la del encuentro con el bar de Donosti al que hacía años que no iba, y también algunos personajes entrañables en la residencia. Pero he visto una enorme cantidad de clichés y estereotipos que no sé si benefician al sufrido colectivo gay (por cierto, las lesbianas nuevamente olvidadas) que me han parecido bastante flojos (el enfermero queda retratado como alguien ingenuo y pervertido, además dando la sensación de que lo es solo por su orientación sexual, lo cual me parece injusto).

En fin, que por todo ello me ha parecido una producción sobrevalorada que tiene que gustar porque sí, sobre todo si eres progre, y creo que debemos valorar los productos por lo que muestran narrativamente y cinematográficamente.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Vamos a jugar a transformar a Vicente en un hombre heterosexual:
Hola, me llamo Vicente. Soy un hombre de 75 años. Tras estar muchos años casado con mi mujer, la dejé por otra con la que la engañaba y esto provocó que cortara mi relación con mi familia, incluida mi hija, un poco por decisión de ambas partes. Después de salir 25 años con mi segunda pareja, descubrí de repente que me apetecía vivir, ya de mayor, una vida llena de encuentros sexuales y obsesión por el sexo. Pero no con gente de mi edad. Quise buscar jovencitas. Me aprovechaba del morbo de algunas o de que fueran drogadas y buscaba en discotecas oscuras y en aplicaciones muchachas de este tipo, a poder ser con cuerpazos de gimnasio. Y si no me hacían caso, algo injusto, pues contrataba prostitutas, además inmigrantes, y, claro, que fueran jóvenes. En la residencia, tras darme un ictus, no paraba de mirar con vicio y deseo a las enfermeras jovencitas y hasta tonteé por app con una de ellas haciéndome pasar por la hija de uno de mis compañeros de residencia. Ah, me masturbé con la foto de ella y todas las noches buscaba liarme alguna jovencita en Tinder. Ya con la pandemia me dediqué a ir a las dunas a tirar los tejos a las chicas jóvenes diciéndole lo bonitas que estaban sonriendo.
Hola, me llamo Vicente. Soy un hombre de 75 años. Tras estar muchos años casado con mi mujer, la dejé por otra con la que la engañaba y esto provocó que cortara mi relación con mi familia, incluida mi hija, un poco por decisión de ambas partes. Después de salir 25 años con mi segunda pareja, descubrí de repente que me apetecía vivir, ya de mayor, una vida llena de encuentros sexuales y obsesión por el sexo. Pero no con gente de mi edad. Quise buscar jovencitas. Me aprovechaba del morbo de algunas o de que fueran drogadas y buscaba en discotecas oscuras y en aplicaciones muchachas de este tipo, a poder ser con cuerpazos de gimnasio. Y si no me hacían caso, algo injusto, pues contrataba prostitutas, además inmigrantes, y, claro, que fueran jóvenes. En la residencia, tras darme un ictus, no paraba de mirar con vicio y deseo a las enfermeras jovencitas y hasta tonteé por app con una de ellas haciéndome pasar por la hija de uno de mis compañeros de residencia. Ah, me masturbé con la foto de ella y todas las noches buscaba liarme alguna jovencita en Tinder. Ya con la pandemia me dediqué a ir a las dunas a tirar los tejos a las chicas jóvenes diciéndole lo bonitas que estaban sonriendo.
¿Qué les parece Vicente? ¿Un viejo verde con un problema de obsesión sexual tardía? Sí, a mí también.
25 de enero de 2026
25 de enero de 2026
61 de 86 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi la película ayer (24/01/2026) con mi pareja y aunque pasamos un rato entretenido y nos nos pareció mala, la verdad es que esperábamos bastante más y nos defraudó un poco a los dos (imagino que es el problema de leer críticas megahinchadas durante cuatro meses, ver que ha tenido diversas nominaciones en certámenes y hacerte unas expectativas acorde a todo ello, para luego pegarte una pequeña torta contra la pared cuando por fin la acabas viendo).
El metraje es correcto; las interpretaciones, también. Las escenas explícitas de sexo de las que tantos hablan y algunos se escandalizan o molestan aparecen casi en su totalidad tan solo durante los primeros 15-20 minutos y tampoco lo son tanto -explícitas- porque todos sabemos que están claramente falseadas (nunca verás un pene introduciéndose en ningún orificio; es todo bastante mecánico y frío); en fin, más publicidad/marketing que otra cosa.
Más allá del protagonista -que va y viene con cara medio compungida por todos lados, no se sabe muy bien por qué; será porque en realidad es medio tonto; lo aclaro en la zona de spoilers- me quedo con el papel de su compañero de habitación en la residencia y sobre todo el de la hija del primero, que lo bordan los dos.
El metraje es correcto; las interpretaciones, también. Las escenas explícitas de sexo de las que tantos hablan y algunos se escandalizan o molestan aparecen casi en su totalidad tan solo durante los primeros 15-20 minutos y tampoco lo son tanto -explícitas- porque todos sabemos que están claramente falseadas (nunca verás un pene introduciéndose en ningún orificio; es todo bastante mecánico y frío); en fin, más publicidad/marketing que otra cosa.
Más allá del protagonista -que va y viene con cara medio compungida por todos lados, no se sabe muy bien por qué; será porque en realidad es medio tonto; lo aclaro en la zona de spoilers- me quedo con el papel de su compañero de habitación en la residencia y sobre todo el de la hija del primero, que lo bordan los dos.

Zorion Eguileor
Mi principal problema con el film es que a nivel de guión hace bastantes aguas; no me lo acabo creyendo, me parece un poco inverosímil en varios -muchos- aspectos. Todo esto, de nuevo, tengo que tratarlo en la zona de spoilers.
En fin... Creo que, con todo, la película es entretenida e incluso disfrutable, el tema que aborda es coherente -tiene sentido- y, en general, está bien resuelta pero para mí no llega ni al 7 y por eso la dejo en un 6 justo (aprobado+ pero sin llegar al notable). Creo que la cinta podría haber dado mucho de sí con un guión algo más verosímil, sin tantos flecos.
En fin... Creo que, con todo, la película es entretenida e incluso disfrutable, el tema que aborda es coherente -tiene sentido- y, en general, está bien resuelta pero para mí no llega ni al 7 y por eso la dejo en un 6 justo (aprobado+ pero sin llegar al notable). Creo que la cinta podría haber dado mucho de sí con un guión algo más verosímil, sin tantos flecos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cosas del guión que me chirriaron mucho:
- El protagonista “salió del armario” hace 25 años, cuando conoció a su pareja, pero en realidad se metió en otro armario mucho más grande (Maspalomas) y parece que en todo ese tiempo no se dio cuenta. Opino que en aquella época -los '90- ya había poca necesidad de esconderse tanto (yo salí del armario por aquellas fechas, con 21 añitos, y no hizo falta tanto drama; imagínate teniendo 30 años más).
- El protagonista tuvo pareja durante 25 años. Aunque luego lo dejaran, si esa persona se entera de que ha sufrido un ictus, no me creo que no se interesara mínimamente por su salud o fuera a verle al hospital o a la residencia. !Fueron pareja durante 25 años, coño!
- Lo mismo ocurre con su "coleguita" de Maspalomas. Se ve que se preocupa y le llama, pero resulta poco creíble que no sea capaz de gastarse 50e en un vuelo barato para ir a verle ni una sola vez. No tiene sentido.
- El protagonista “salió del armario” hace 25 años, cuando conoció a su pareja, pero en realidad se metió en otro armario mucho más grande (Maspalomas) y parece que en todo ese tiempo no se dio cuenta. Opino que en aquella época -los '90- ya había poca necesidad de esconderse tanto (yo salí del armario por aquellas fechas, con 21 añitos, y no hizo falta tanto drama; imagínate teniendo 30 años más).
- El protagonista tuvo pareja durante 25 años. Aunque luego lo dejaran, si esa persona se entera de que ha sufrido un ictus, no me creo que no se interesara mínimamente por su salud o fuera a verle al hospital o a la residencia. !Fueron pareja durante 25 años, coño!
- Lo mismo ocurre con su "coleguita" de Maspalomas. Se ve que se preocupa y le llama, pero resulta poco creíble que no sea capaz de gastarse 50e en un vuelo barato para ir a verle ni una sola vez. No tiene sentido.

- ¿De qué trabajó el protagonista durante esos 25 años en Maspalomas? ¿Es cierto que su pareja, bastante más joven, le mantenía? La verdad, no parece muy madura la actitud de estar mantenido al 100% sin hacer nada (ser gay no implica tener que ser gilip*****).
- Puedo entender que se escondiera en Canarias, pero no que diera completamente de lado a su hija durante todo ese tiempo, ni que no se interesara por su nieto. Reconocer que eres homosexual no te da carta blanca para huir de tu vida anterior. Su comportamiento es el de alguien que esconde la cabeza como un avestruz e impide cualquier maduración y crecimiento personales.
- La hija del protagonista es mucho más madura y sensata que él. Podría haberse negado perfectamente a saber de su padre y meterlo en una residencia, especialmente cuando él ha pasado olímpicamente de ella. Estaba 100% legitimada para mandarlo a tomar por saco (suerte que no heredó su mismo comportamiento).
- Puedo "comprar" que el protagonista quiera volver al armario al ingresar en la residencia -nunca llegó a salir de él- pero no la necesidad de tratar así a su cuidador. ¿Por despecho? ¿Por aparentar ser más macho delante de los demás? Lo único que refleja es una personalidad infantiloide que nunca ha llegado a madurar, pese a haber vivido muchos años en un entorno tolerante.
- Cuando se abre un perfil en la app de citas y descubre que su cuidador está allí, y éste dice que le gustan mayores, no se entiende que siga mintiendo con su edad. Hablamos de un tío de 76 años que ya debería estar de vuelta de esas tonterías.
- Siguiendo con lo anterior, ¿qué gana pidiendo que le cambien al cuidador? ¿Aparentar delante del resto que no le gustan los gays? Resulta muy pueril.
- La escena del bar gay vacío en Donosti y la posterior sauna llena no tiene lógica (si los bares están vacíos, las saunas luego no pueden estar llenas ¿De dónde salió esa gente?). Además, ni esa escena, ni la del chapero suramericano, aportan nada relevante a la película.
- Cuando finalmente vuelve a Maspalomas, la pregunta es evidente: ¿qué ha aprendido el protagonista? Porque parece seguir haciendo exactamente lo mismo que antes del ictus. Da la sensación que la única “evolución” es decirle a desconocidos que tienen una sonrisa bonita.
En resumen, me queda la impresión de que el protagonista es un tipo infantil y egoísta, que solo mira por lo suyo y pasa de los demás. Abandona a su hija, se deja mantener por alguien más joven y, cuando lo dejan, se dedica a follar con todo dios como falsa venganza. Sus amigos se preocupan por él, pero él no se deja ayudar. Su cuidador le trata bien y él lo desprecia. Incluso su compañero de habitación, más allá de sus ideas políticas, le trata de maravilla, pero el protagonista le recrimina detalles menores (lo de la "chinita").
Quise ver la película con la idea de confraternizar con el protagonista o verme reflejado pero ha sido justo lo contrario y acabé pensando: “No te compro ni tu carácter ni tu comportamiento; has tenido 76 años para intentar dejar de ser un imbécil integral”.
- Puedo entender que se escondiera en Canarias, pero no que diera completamente de lado a su hija durante todo ese tiempo, ni que no se interesara por su nieto. Reconocer que eres homosexual no te da carta blanca para huir de tu vida anterior. Su comportamiento es el de alguien que esconde la cabeza como un avestruz e impide cualquier maduración y crecimiento personales.
- La hija del protagonista es mucho más madura y sensata que él. Podría haberse negado perfectamente a saber de su padre y meterlo en una residencia, especialmente cuando él ha pasado olímpicamente de ella. Estaba 100% legitimada para mandarlo a tomar por saco (suerte que no heredó su mismo comportamiento).
- Puedo "comprar" que el protagonista quiera volver al armario al ingresar en la residencia -nunca llegó a salir de él- pero no la necesidad de tratar así a su cuidador. ¿Por despecho? ¿Por aparentar ser más macho delante de los demás? Lo único que refleja es una personalidad infantiloide que nunca ha llegado a madurar, pese a haber vivido muchos años en un entorno tolerante.
- Cuando se abre un perfil en la app de citas y descubre que su cuidador está allí, y éste dice que le gustan mayores, no se entiende que siga mintiendo con su edad. Hablamos de un tío de 76 años que ya debería estar de vuelta de esas tonterías.
- Siguiendo con lo anterior, ¿qué gana pidiendo que le cambien al cuidador? ¿Aparentar delante del resto que no le gustan los gays? Resulta muy pueril.
- La escena del bar gay vacío en Donosti y la posterior sauna llena no tiene lógica (si los bares están vacíos, las saunas luego no pueden estar llenas ¿De dónde salió esa gente?). Además, ni esa escena, ni la del chapero suramericano, aportan nada relevante a la película.
- Cuando finalmente vuelve a Maspalomas, la pregunta es evidente: ¿qué ha aprendido el protagonista? Porque parece seguir haciendo exactamente lo mismo que antes del ictus. Da la sensación que la única “evolución” es decirle a desconocidos que tienen una sonrisa bonita.
En resumen, me queda la impresión de que el protagonista es un tipo infantil y egoísta, que solo mira por lo suyo y pasa de los demás. Abandona a su hija, se deja mantener por alguien más joven y, cuando lo dejan, se dedica a follar con todo dios como falsa venganza. Sus amigos se preocupan por él, pero él no se deja ayudar. Su cuidador le trata bien y él lo desprecia. Incluso su compañero de habitación, más allá de sus ideas políticas, le trata de maravilla, pero el protagonista le recrimina detalles menores (lo de la "chinita").
Quise ver la película con la idea de confraternizar con el protagonista o verme reflejado pero ha sido justo lo contrario y acabé pensando: “No te compro ni tu carácter ni tu comportamiento; has tenido 76 años para intentar dejar de ser un imbécil integral”.
8 de febrero de 2026
8 de febrero de 2026
29 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un brindis por la libertad tardía, un “salud por los que llegan tarde a la fiesta”. Un drama que se cree valiente y profundo cuando en realidad es incapaz de sostener un solo arco narrativo que impulse de verdad este supuesto viaje emocional
Vicente, 76 años, es un bonsái humano que decide que ya está harto de crecer recto y en vertical. Se trasplanta a las dunas de Gran Canaria, se quita la corteza, baila, bebe, fuma, folla y vive la primavera que le robaron. La película confunde ese gesto con un despertar, cuando apenas es un impulso sin dirección. Luego aparece el jardinero moral de turno con unas tijeras gigantes para decir "esto se ha desmadrado". Volvemos a la forma clásica: maceta nueva, más pequeña, tierra pobre del norte. Y el mensaje, subrayado con fluorescente, nunca es tarde para ser uno mismo.
A partir de ahí, el film se descompone en un collage de subtramas que fingen ser su corazón dramático. El enfermero y la hija de Vicente existen solo para recordarnos que el protagonista tiene un pasado, pero no para hacer nada con él. Cada escena con ellos tiene la energía de un trámite administrativo. Están ahí para que Vicente mire al vacío con cara de “oh, tengo problemas”, no para generar conflicto, ni fricción, ni cambio.
Vicente, 76 años, es un bonsái humano que decide que ya está harto de crecer recto y en vertical. Se trasplanta a las dunas de Gran Canaria, se quita la corteza, baila, bebe, fuma, folla y vive la primavera que le robaron. La película confunde ese gesto con un despertar, cuando apenas es un impulso sin dirección. Luego aparece el jardinero moral de turno con unas tijeras gigantes para decir "esto se ha desmadrado". Volvemos a la forma clásica: maceta nueva, más pequeña, tierra pobre del norte. Y el mensaje, subrayado con fluorescente, nunca es tarde para ser uno mismo.
A partir de ahí, el film se descompone en un collage de subtramas que fingen ser su corazón dramático. El enfermero y la hija de Vicente existen solo para recordarnos que el protagonista tiene un pasado, pero no para hacer nada con él. Cada escena con ellos tiene la energía de un trámite administrativo. Están ahí para que Vicente mire al vacío con cara de “oh, tengo problemas”, no para generar conflicto, ni fricción, ni cambio.

Aitor Arregi
La película quiere que te importe, pero no te da una sola razón concreta para hacerlo. Las relaciones empiezan tibias, siguen tibias y terminan tibias. No hay tensión, no hay conflicto real, no hay razón que justifique su presencia. El guion parece confiar en que la emoción surja por simple proximidad humana, como si dos personajes compartiendo plano ya fuera dramaturgia. No lo es. No funciona. El resultado es tan amorfo que uno no sabe si la película intenta hablar de dependencia emocional, culpa, deseo, redención o simplemente de nada en particular.
Las escenas que aspiran a ser valientes, honestas o crudas no empujan la historia. Son gestos sueltos, provocaciones sin consecuencias, una autenticidad de escaparate que no transforma nada. No incomodan por explícitas, sino por innecesarias. No revelan, no transforman, no construyen. Son carne sin esqueleto.
Al final, lo que queda no es un canto a la libertad tardía, sino un híbrido narrativo hecho de buenas intenciones y malas decisiones. Todo se mueve, pero nada cambia. Y eso no es liberación, es dar vueltas dentro de la maceta.
Las escenas que aspiran a ser valientes, honestas o crudas no empujan la historia. Son gestos sueltos, provocaciones sin consecuencias, una autenticidad de escaparate que no transforma nada. No incomodan por explícitas, sino por innecesarias. No revelan, no transforman, no construyen. Son carne sin esqueleto.
Al final, lo que queda no es un canto a la libertad tardía, sino un híbrido narrativo hecho de buenas intenciones y malas decisiones. Todo se mueve, pero nada cambia. Y eso no es liberación, es dar vueltas dentro de la maceta.
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