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Gracias y favores

Drama Mac Sledge, un alcohólico vagabundo que fue en otros tiempos un cantante famoso, entra en la vida de una solitaria viuda, que vive con su hijo en la árida llanura de Texas. El problema es que Mac, antes de empezar una nueva vida, debe enfrentarse a un doloroso pasado. (FILMAFFINITY)
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6
10 de marzo de 2010
22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras una borrachera Mac Sledge (Robert Duvall) acaba en una gasolinera, donde conoce a la dueña y a su hijo, con los que al final se acaba quedando. Esta es, en pocas palabras, la historia de "Gracias y favores", que resulta interesante ver por el magnífico Robert Duvall (justamente galardonado con el Oscar por esta película). El actor, que ya había obtenido un gran reconocimiento pr sus papeles en "El Padrino" y "Apocalypse now", pone en este film todo su empeño (de hecho fue también co-productor y escribió alguna de las canciones que él mismo canta durante la película) en la interpretación este hombre, otrora estrella del country, ahogado en el alcohol y al que la vida reserva una segunda oportunidad.
La verdad aparte de Duvall (y de la banda sonora) no me convenció demasiado ningún otro aspecto del film: ni la dirección, ni el guión, excesivamente previsible, falto de chispa y optimista, ni el resto del reparto. Si que me gustó más la imagen que da de Texas como un enorme desierto.
También hay que decir que la edición en DVD que existe en España es horrorosa, con una imagen terrible y sin subtitulos.
En conclusión, pequeña y entretenida aunque facilona y edulcorada película donde Duvall hace una excelente interpretación y que resulta especialmente recomendable para los fans de este grandísimo actor.
8
3 de diciembre de 2009
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entrañable película que nos adentra en el duro mundo del alcohol aunque no lo hace de una manera demasiado dura, mas bien ahondando en los sentimientos de unos personajes que tratan de rehacer sus vidas perdidas.
Una historia entrañable tratada con ternura donde los sentimientos afloran por instantes pues poco a poco nos va descubriendo los secretos del pasado dejando ver que el pasado de una forma o de otra siempre vuelve.
A destacar la magnifica interpretación de Robert Duvall merecedora de un Oscar, el guión también merecedor de este premio, las canciones country y los paisajes de las áridas llanuras de Texas .
En resumen merece la pena ver esta cinta entrañable y un tanto olvidada para la categoría que creo merece.
7
16 de septiembre de 2015
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque alguna vez hayas perdido el camino y te hayas manchado con actos improcedentes, fíjate como la vida, generosa, tolerante y amorosa, te abre siempre una nueva senda para que tengas ocasión de redimirte. ¿La vas a tomar para encontrar el sosiego y la esperanza?… ¿o vas a terminar tu vida entre las sombras forjando como recompensa un largo y azaroso tormento?

El que busca encuentra. El que ya sabe que necesita cambiar y se propone hacerlo, hallará los recursos necesarios para lograrlo porque la existencia siempre está a la espera de un acto reconciliatorio que nos devuelva a la luz. La meta es la Unicidad, y pase lo que pase, hasta ella llegaremos.

Mac Sledge, fue un exitoso cantante de música country que, por improcedencias del pasado, ahora tiene un presente lleno de carencias: Su esposa le abandonó, un juez le ha prohibido acercarse tanto a ella como a su hija por antecedentes de maltrato y alcoholismo, y ha dejado la música porque el entusiasmo le ha abandonado también. En busca de un nuevo horizonte, Mac ha llegado hasta la gasolinera que regenta una atractiva viuda, llamada Rosa Lee Wadsworth y cuya única compañía es la que le brinda su pequeño hijo de diez años, ya que su esposo murió durante la guerra contra el Vietnam. Como una suerte de oasis, aquel lugar va a representar muchas cosas para Sledge y quizás sea el momento de que renazca la esperanza.

Tan cotidiano y sencillo resulta lo planteado en esta historia que, los ejecutivos de la Universal perdieron toda esperanza de que pudiera resultar un éxito y el filme fue lanzado en tan solo ¡tres salas! de los EEUU. En lo personal, me dejó sorprendido el Oscar a Mejor actor concedido a Robert Duvall por este particular crédito, pero pienso que, al igual que el que también le dieran al guionista Horton Foote, éste pretendía recompensar dos fructíferas carreras que, por el conjunto de su obra, bien que lo merecían.

Este hecho y el respaldo que le dieran los cantantes de country a la labor realizada por Duvall, quien entre otras cosas compuso dos de las canciones ("Fool's waltz" y "I've decided to leave here forever") que él mismo interpretó, ayudó para que este filme se posicionara mejor, y al final, los que nos hemos animado a verlo, sentimos que en su cotidianidad y sencillez hay mucho calor humano, reluce el espíritu solidario y se demuestra de nuevo que la vida es bien pródiga con la esperanza. Da lo mejor de ti y recibirás lo mejor del mundo, es lo que nos dice la experiencia diaria.

Tess Harper tiene un afortunado debut como la intuitiva mujer que no tarda en adivinar que Sledge tiene un serio compromiso con el cambio. Ellen Barkin es la jovencita que todavía cree en el amor de su padre. Betty Buckley impone los obstáculos a ese exmarido que ya siente que le llenó la tasa. Y Alan Hubbard, es el chico al que, quizás, la vida le devuelva lo que ha perdido.

Bruce Beresford, el director australiano que se hiciera conocer con “Breaker Morant”, ha logrado un filme visualmente muy atractivo, musicalmente bastante agradable y lo mejor de todo es que, mucho más interesado en las emociones que en las acciones, ha conseguido plasmar una serie de personajes que, cuando menos, nos reconcilian con la vida… y eso es algo que siempre se agradece.

Título para Latinoamérica: “EL PRECIO DE LA FELICIDAD”
5
19 de septiembre de 2020
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es una gran película, es tan básica que mientras avanza es lógico esperar un gran golpe en la mesa, un giro en la trama que nos lleve para otro camino, algún cambio sustancial. Mientras te das cuenta que todo es muy previsible también aparece la opción de que ese continuo esperar te lleve a un final que valga la pena al menos. Pero no, no hay mucho más que la segunda vida de un músico, cantautor de country venido a menos que logra encontrar sus nuevos cimientos trabajando en una gasolinera, sin lograr dejar su pasado atrás y logrando lo que debe ser lo más grande que conseguirá jamás, que es casarse con una viuda de muy buen ver.

En todo caso, la pausa y la modorra reinan incluso cuando le da por tocar unos acordes con su guitarra. Duvall está excelso, es cierto, pero también es una verdad como un templo que las letras de las canciones que se oyen son de lo más ñoñas que te puedes encontrar en la historia de la música, son composiciones tan ridículas como los sombreros que calzan en esos bares en los que si entra un negro para pedirse una cerveza lo más seguro es que la cosa no acabe bien para él. Un Texas profundo es un Texas rural que tira de country, y es lo que vemos, pero con el añadido de una lentitud y una falta de chispa que te clavan al sofá de aburrimiento. Si te gusta la música, bien, si no te gusta, otro lastre.

Nos queda un Duvall superior, que no es poca cosa, salva los platos y evita que sea un fracaso absoluto. El tío le echa valor, eso queda claro.
8
25 de febrero de 2026 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
115/47(22/02/26) La reciente muerte de Robert Duvall (5 de enero de 1931- 15 de febrero de 2026) me ha llevado a revisar la que fue, paradójicamente, su única coronación en los Oscar. Un actor que debutó en el cine de la mano de Horton Foote en “Matar a un ruiseñor” y que luego incendió la pantalla como Tom Hagen en “El Padrino”, como el teniente coronel Kilgore en “Apocalypse Now” o como el predicador de “El apóstol”. Seis nominaciones, una sola estatuilla. A veces Hollywood premia la estridencia; otras, cuando se despista, reconoce la contención. Aquí ocurrió lo segundo. Duvall fue uno de esos actores que podían convertir un silencio en una biografía. Nunca fue un divo, nunca fue un “actor de método” de escaparate; fue, simplemente, un intérprete que entendía el tempo humano. Su Mac Sledge es la culminación de esa ética interpretativa: un hombre que ya lo ha perdido todo y que ni siquiera sabe si merece recuperarlo.

“Gracias y favores” es una película sobre la redención sin épica, sobre la fe sin fuegos artificiales y sobre el amor como gesto doméstico antes que como arrebato romántico. Tender Mercies —título original infinitamente más preciso— es un drama que no busca redimir al espectador, sino obligarle a convivir con la herida abierta de su protagonista. Su delicadeza es extraordinaria, aunque a veces su pudor roza la aridez.

El guion de Horton Foote (su obra más célebre: “Matar a un ruiseñor”) fue rechazado por varios directores estadounidenses antes de que el australiano Bruce Beresford (su film más importante: “Paseando a Miss Daisy”) decidiera aceptar el desafío. El estudio, Universal Pictures, nunca entendió del todo la película; tras unos pases de prueba tibios, la dejó prácticamente a su suerte. Es curioso: una historia sobre un hombre incomprendido fue producida por una industria que tampoco la comprendió.

Foote se inspiró parcialmente en un familiar que luchaba por abrirse camino en la música country, pero pronto comprendió que el verdadero interés dramático no estaba en el ascenso, sino en la caída. Esa frase aparentemente trivial —«Sí, señora, supongo que sí»— que Mac responde cuando le preguntan si realmente fue una estrella, es el eje moral del relato. No hay orgullo. No hay nostalgia. Solo constatación.

Beresford entendió que la película debía respirar como el paisaje texano donde se rodó, principalmente en Waxahachie. La fotografía de Russell Boyd (su trabajo más reconocido: “Master and Commander”) evita el preciosismo; hay polvo, horizontes vacíos, luz natural. El Texas de la película no es mítico, es funcional. La puesta en escena huye del primer plano enfático. La escena culminante —Mac y Rosa Lee hablando en el jardín sobre la muerte de su hija— se mantiene en plano general largo, contra la voluntad del estudio. Esa distancia física es, en realidad, proximidad moral.

La decisión más audaz fue eliminar la música incidental. No hay subrayado emocional. Solo canciones interpretadas dentro del relato. Duvall exigió cantar él mismo. Y lo hace. No como estrella, sino como hombre cansado. La escena en la que canta de espaldas, mirando por la ventana, es una declaración de principios: la emoción no necesita exhibicionismo.

Duvall compone a Mac Sledge desde la economía gestual. Camina como un hombre que ha cargado demasiadas resacas. Habla poco. Cuando casi muere en un accidente y se pregunta por qué él sigue vivo, no hay arrebato trágico; hay desconcierto. Esa es la clave: Mac no entiende su propia supervivencia.

Tess Harper (su papel más reconocido: “Tender Mercies”) como Rosa Lee ofrece una interpretación luminosa en su discreción. No es la esposa abnegada de manual; es una mujer práctica, creyente, firme. Cuando acepta casarse con Mac, no hay música celestial ni montaje romántico. Solo una respuesta sencilla: «Sí, creo que sí».

Betty Buckley (su film más célebre: “Carrie”) encarna a la exesposa con una mezcla de resentimiento y espectáculo. Representa el pasado estridente que Mac debe abandonar. Wilford Brimley (su título más popular: “Cocoon”) aporta gravedad sin sermón. Y la joven Ellen Barkin (su film más importante: “El gran desmadre”) encarna a la hija perdida con una vulnerabilidad punzante.

El paralelismo paterno-filial es uno de los grandes aciertos del guion: Mac pierde la oportunidad de reconciliarse con su hija, pero encuentra una segunda oportunidad con Sonny. No es consuelo, es aprendizaje.

Foote construye una narrativa que dialoga con el Libro de los Salmos y con la idea paulina de las “misericordias”. La conversión de Mac al cristianismo ocurre casi fuera de campo. Incluso cuando se bautiza y Sonny le pregunta si se siente diferente, responde: «Todavía no». Es una de las frases más honestas sobre la fe que he escuchado en cine. La transformación no es mágica. Es gradual. Y puede no llegar nunca del todo.

La película también es un tratado sobre la adicción sin morbo. No vemos delirium tremens ni discursos lacrimógenos. Solo un hombre que decide no beber hoy. Y mañana. Y pasado.

Hay una escena demoledora: tras la muerte de su hija en un accidente, Mac no se derrumba en un monólogo catártico. Permanece sentado, procesando lo incomprensible. La película plantea la teodicea sin resolverla. Por qué vive él y muere ella? No hay respuesta. Solo continuidad.

Es inevitable pensar en la posterior “Corazón rebelde” (2009) cuando uno revisa esta película: músico caído, redención tardía, Oscar para el actor veterano. Pero donde aquella era más sentimental, esta es más seca, más honesta. Duvall no busca simpatía. Busca verdad.

También es tentador preguntarse si este era el Oscar que se le debía por “El Padrino” o por “Apocalypse Now”. Quizá sí. Pero aquí no hay concesión. Hay coherencia.

“Gracias y favores” es una película pequeña en apariencia y gigantesca en humanidad. No grita. No subraya. No manipula. Confía en la paciencia del espectador. A veces su ritmo puede parecer excesivamente austero, incluso áspero. Pero esa aspereza es parte de su ética.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Admiro profundamente su integridad formal y moral, aunque no siempre consiga emocionar con la intensidad que promete. Es una obra que se desliza en silencio y deja poso.

Duvall, el actor que un día proclamó amar el olor a napalm por la mañana, aquí aprende a amar algo más difícil: la rutina, el perdón y el gesto mínimo. Y eso, en el cine —y en la vida— suele ser lo más extraordinario.

ZONA SPOILER

La muerte de Sue Anne no es un golpe de efecto; es la constatación de que la redención no implica inmunidad ante el dolor. La escena final, con Mac jugando al fútbol con Sonny, no es un final feliz, sino un final posible. Ha perdido una hija. Ha ganado una oportunidad. No hay garantías, solo misericordias discretas. Y quizá eso sea suficiente.

Gloria Ucrania!!!
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