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España España · Madrid, Jaca
Críticas de jaly
Ordenadas por:
777 críticas
8
19 de junio de 2007
80 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Lolita que nos presenta Adrian Lyne tiene mucho más que ver con un ser humano, perverso, pero humano, que la que nos dejó Kubrick, plagada de excesos, lejana, nunca apasionada, que reducía a sus protagonistas, Sue Lyon y Peter Sellers al estereotipo más burdo y distante.
Esta Lolita es sin lugar a dudas una obra infravalorada, a la que la polémica de su momento de estreno ni mucho menos ayudó (en ¡¡¡¡¡¡1995!!!!!!!), sufriendo el acoso y derribo de los sectores más reaccionarios de la sociedad que no vieron más allá del estereotipo de la historia de un hombre maduro y una niña de 12 años.
Pero esta Lolita no es ni mucho menos la obra morbosa que muchos quisieron ver, sino un complejo y duro retrato de una obsesión, que es fiel a su referente, es fiel a sus personajes, y es fiel a la audiencia, algo que no se pude decir de la anterior versión. En el continuo viaje de Humbert y Lolita vamos descubriendo las motivaciones y los motivos del dolor que sienten el uno por el otro, lo que en parte les ha unido, y lo que en parte no puede separarles. El caráter destructivo de ella y el autodestructivo de él cran una bomba de relojería que por mucho que oculten o nieguen explotará dañando a todos los que alcance. El uso en esta película del personaje de Quilty lo que hace es integrarlo en la historia a modo de perfil perverso de Humbret, de ahí su ensañamiento al encontrarse con él.
Desde un punto de vista técnico, Lolita es una bellísima reconstrucción de ese viaje en el que Adrian Lyne nos enseña los bellos Estados Unidos y en el que el autor da un paso más en la madurez artística que supone se carrera, desde los duros ochenta hasta la excelente Infiel, pese a que muchos de los excesos de su cine aún están patentes en Lolita.
Y por último, Jeremy Irons vuelve a su personaje favorito, aquél de moralidad confusa, de perversidad cuestionable, per en este caso añade en él un halo romántico y patético que hace de su duro y dificil Humbert una interpretación casi perfecta, casi tanto como el de la malograda Dominique Swain, Lolita perfecta, Lolita perversa, triunfadora en su tour force interpretativo, valiente, conmovedora, despreciable, y poseedora de esa belleza triste de la que hablaban Navokov y Humbert. Por último Griffith hace su última gran interpretación en el cine demostrando porqué llegó a tener el nombre que tuvo, ya que su Charlotte es una auténtica cascada de matices, que consigue una incuestionable presencia en su breve papel.
La película es acompañada asímismo por un ambiente romántico que la hace opresiva y bella, y una maravillosa música de Ennio Morricone.
jaly
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10
22 de octubre de 2014
112 de 162 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mundo, Demonio y Carne. Estos son los tres epítetos que titulan a las tres partes de Magical Girl. No existen las máximas universales a la hora de calificar una obra maestra en el cine como tal, pero podría ser que algo que tienen en común es la falta de evidencia, el no poder dar nada en la obra por sentado, lo desconocido que hay detrás de la imagen y que es en sí mismo el “otro” guión de la película, ése que no está escrito pero tiene tanto poder como el que se dice.

Magical Girl, partiendo de una proverbial verdad (2 + 2 son 4), se lanza hacia lo desconocido, al ilusionismo de lo que está y de pronto deja de estar. A partir de los ojos de una niña enferma (la hipnótica Lucía Pollán), y del ferviente amor paternal de su progenitor (Luís Bermejo, la sutileza hecha hombre), la historia de Magical Girl se va ramificando hasta crear un cuadro completo de la realidad social de un país. Como daño colateral a una mujer trastornada (Bárbara Lennie, la mejor interpretación que ha habido en el cine español en mucho, mucho tiempo. Es difícil que un cuerpo pueda contar más de lo que cuenta esta extraordinaria actriz con su composición), el miedo a lo desconocido asola la narración, el argumento y la propia sala de cine. Y los efectos causados en un solitario hombre mayor (José Sacristán, ¿existe una voz y unos ojos más reveladores que los suyos en nuestra cinematografía?) hiperbolizan cada elemento expresivo, narrativo y simbólico de la película. En el corazón de todo ello, un hombre del que no sabemos nada, el particular mago de Oz de este universo tan aséptico como real (Miquel Insua, demostrando el poder de lo oculto, la fuerza de la ironía, el desasosiego de lo que no se sabe), que lanza en un soberbio monólogo las claves argumentales de una película tan extraña como universal.

Es difícil intentar racionalizar lo que ocurre en Magical Girl. Su vigor está en cada elemento de los planos, en cada decisión estética, en la fuerza a la hora de crear iconos (el vestido de Magical Girl, la puerta del lagarto negro, el diseño de vestuario y las cicatrices del personaje de Bárbara Lennie, la constitución española como símbolo, la copla…) y en la propia dispersión de la forma. Como decía al principio, tal vez la falta de evidencia sea la clave para calificar a una obra maestra, y esa es la mayor y más reconocible virtud de Magical Girl: el misterio que hay en todo lo que la compone. Todos sus actores son excepcionales porque hacen todo lo que debe hacer un actor para serlo, pero además, en sus interpretaciones está presente siempre aquello que los espectadores no sabemos ni llegaremos tal vez a saber, pero que es una verdad intachable para esos personajes. La soledad de Pollán y Bermejo; la sádica relación entre Bárbara Lennie e Israel Elejalde como su marido; el mundo, pasado y presente del personaje de Bárbara; el carácter omnisciente y nuclear del personaje de Insua; o la gran elipsis ausente, la pieza del puzzle que falta para el personaje de Sacristán entre la primera secuencia de la cinta y su protagonismo en la última parte; son las incógnitas que elevan a Magical Girl como uno de los grandes acontecimientos del cine reciente, piezas que “están pero no están” en una historia que es a la vez cine social, película de terror psicológico y pieza de cámara sobre sentimientos universales.

El miedo a lo desconocido hará que mucha gente no reconozca como obra maestra a esta película. Pero lo que Carlos Vermut ha hecho con su segundo largo está lejos de palabras y opiniones. Es una película en la que todo cuenta, y cuenta de todo. Es difícil llegar a una conclusión sobre su(s) tramas pero en ellas hay verdad, originalidad y magia. Magical Girl es melancólica y feroz. Es divertida a la vez que agónica y dura. Expone los grandes dolores que alguien puede sufrir (como aclaración, “mundo, demonio y carne”), sin concluir ni juzgar aquello que se nos muestra, y lo que deja a nuestra imaginación. Es un tiro en la cabeza a lo racional, a lo encorsetado, a lo que se presupone que es nuestro cine.
jaly
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6
5 de enero de 2017
80 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como lujoso juguete de retorcidas intrigas, Contratiempo es una película divertidísima, que funciona mejor cuanto menos en serio se toma a sí misma. En esta historia tenemos de todo: hombres inmorales, mentiras, falsas identidades, rubias, morenas, encuentros secretos, venganzas, choches hundidos en lagos, misivas de amenaza, chantaje... todo un Greatest Hits del cine negro que, como decía, cuando es un descarado refrito de sus miles de referentes, hace de la película un entretenimiento tan digno como divertido.

Otra cosa es que sea una historia redonda, que no lo es. Su guión, entre giros, giros y más giros, queda con algunos llamativos agujeros, y es que como dice el personaje de Ana Wagener, la importancia está en los detalles, y hay muchos detalles que podrían haberse limado en su guión para hacer de Contratiempo algo más redondo. Pienso en cosas "tontas", como el hecho de que dos personajes anden buscando una linterna aunque lleven smartphones de última generación en las manos; o que ninguno de los coches del accidente tenga rasguño alguno; o que la policía no busque, en una zona llena de lagos, dichos coches en el agua; o que cae vez que la historia necesita avanzar dando información a sus protagonistas, éstos se cruzan con una televisión en horario de noticias (por supuesto de Antena 3 o la Sexta, ¡maldito product placement!)... aunque sea en sitios inverosímiles; etc...

Pero por otra parte, Oriol Paulo sí maneja la intriga con la cámara y el montaje de forma ejemplar. Además de todos sus guiños al género, el director planifica las secuencias con elegancia, beneficiándose de un lujoso y muy hermoso diseño de producción, y mantiene la tensión, en todas las vertientes y variantes del metraje como si estuviésemos ante la última secuencia. Es fascinante cómo con la cámara crea juegos de ambigüedad y puntos de vista, y los claros hallazgos de Contratiempo son en gran parte debidos a su realización.

Y la otra parte de los grandes méritos de esta película está en esa morena y esa rubia. Sus protagonistas masculinos están correctos, aunque quizá falle el que parecen tomarse la historia demasiado en serio. Pero ellas dos son de otro planeta. Es decir, ya es obvio, gracias al señor, que Bárbara Lennie y Ana Wagener son probablemente las dos mejores actrices del cine español. Aquí, como en todas sus interpretaciones, son capaces de trasformarse y jugar con la sutileza, pero la grandeza de sus caracterizaciones y de sus dos (...) personajes tiene mucho que ver con el estilo y el conocimiento del juego de "grand guignol" que están viviendo, lo que refuerza el carácter icónico y la fuera y energía de sus dos espléndidas creaciones.

Como apunte final, recomiendo a cualquiera que tenga interés en ver la película, que no deje que nadie le cuente demasiado ni lea en la medida de lo posible, las sinopsis más extensa. Y también como apunte final, me atrevo a augurar a Contratiempo una espléndida recepción del público, que amará esta lúdica cinta.
jaly
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10
26 de diciembre de 2008
67 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hablando con jóvenes de Estados Unidos se revela que Hacia Rutas Salvajes y su protagonista Chris McCandless se ha convertido en hito, Biblia y referencia para muchos de ellos. No deja de resultar curioso que un personaje tan al margen de la ley y la sociedad, con un final tan trágico, tan amoral e incluso egoísta despierte tal fascinación. Pero lo hace, a mí también. Sean Penn adapta el fantástico libro (casi artículo periodístico) del alpinista y periodista Jon Krakauer a la perfección, convirtiendo en hechos dramáticos y cinematográficos lo que en el libro eran notas cortas, declaraciones, pasajes de otros libros y cartas de los propios protagonistas de la historia real de este joven que tras graduarse se marchó sin dinero desde su california natal hasta Alaska, viviendo como un vagabundo y marcando las vidas de todos aquellos con los que se cruzó, trabajó y vivió, por su pasión por la vida en estado puro, en plena naturaleza, alejada de aquellas ideas e inventos creados por los hombres que según él y otros muchos habían acabado con los principios ancestrales del humano: la búsqueda de la paz y la felicidad en los bosques sin senderos, en la orilla solitaria (tan fascinante personaje se asemeja con sus ídolos: Thureau, Byron, Tolstoi, London…). Penn apoya su activa y pasional dirección en un guión sin fisuras que no glorifica a tan complejo personaje, y además se permite hacer una crónica de la América desconocida del mundo: aquellos solitarios que viven al margen de lo que se sabe de América, hippies, vagabundos, aislados, granjeros. Lo caracteriza con una certeza y una humildad encomiables, pero además emociona con una fascinante fotografía de algunos de los pasajes más bellos del mundo y una banda sonora (e idealista) que encaja como un guante. Para el difícil reto de interpretar a Chis, Emilie Hirsh se deja piel y alma y llega a comprenderlo y a hacernos comprender. Su odisea interpretativa alcanza los límites técnicos, físicos, emocionales y transgresores, y los traspasa. Sufrí con verdadera intensidad al verle. Todos los secundarios aprovechan hasta la última gota sus participaciones, están perfectos: Malone, Gay Harden, Hurt, Vaugh, Stewart, Keener y ante todo Holbrook, que da la interpretación más sensible y real en años: lloré con absoluta sinceridad al verle.
Todos ellos dan vida a unas personas por cuyas vidas cruzó un joven, un idealista, un temerario, alguien de principios, un soñador, un alma libre, atrapada, que no sabe escapar.
jaly
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10
7 de enero de 2008
75 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ver Across the Universe sólo como una película es un ingrato error. Across The Universe es una experiencia que va más allá de lo filmico, es una obra llena de vida, una crónica de algunos de los años más vibrantes de nuestro siglo y además una innovadora obra visual (y auditiva). Insoportable para escépticos y puristas, hay que ver Across The Universe como una carta de amor a esos dos pilares de la tierra que son la música y el cine, ya que estos son los protagonistas de esta historia de amor épica e intertemporal que va más allá de las convenciones sociales y / o cinematográficas. Si lo que nos cuentan ya lo hemos visto, poco importa, porque la pasión con la que se cuenta es realmente lo que cuenta (valga la redundancia).
La directora Julie Taymor filma su gran obra (tras las infravaloradas y rompedoras Titus y Frida) con los excesos que la caracterizan, en un cine que confraterniza con Baz Luhrman, pero imprime un sello imborrable en esta gran odisea en la que abarca grandes historias con la banda sonora de nuestras propias vidas: Los Beatles, cuyas revisiones e inserciones en la historia crean momentos realmente inolvidables (Because, Let It Be, Strawberry fields forever , Something… y la larga y perfecta lista al completo).
Por otra parte, la dirección de Taymor puede ser discutible en algunos aspectos, pero desde luego hay que alabar su valentía por defender un estilo único, en el que lo espectacular se da la mano con lo intimista, con el hilo indiscutible de su pasión por la historia que cuenta, por la manera en que lo transmite a imágenes y la forma en la que está cosida la historia, de nuevo con esa, repito, maravilla de música, algo que desde luego no es una novedad, pero sí un tributo.
Señalar asimismo la excelente labor de unos actores en perfecta armonía con la gran maquinaria en cuanto a historia y producción que llevan tras de sí, pero más allá de lo buenas o malas que pudieran ser sus interpretaciones, lo que sorprende y a la par maravilla es la magia que desprenden todas y cada una de las caracterizaciones.
Arte en estado puro.
jaly
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