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6
18 de marzo de 2025
18 de marzo de 2025
31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Novocaine es una película de acción y humor con un protagonista que no siente dolor, pero que en lugar de tener aires de Terminator es un personaje con miedo incluso a comer tarta. Y de pronto, tras el secuestro de la chica que le gusta, se transforma en algo así como John McClane persiguiendo y enfrentándose a los tres secuestradores despiadados y cínicos. Ahora bien, si asumimos esta premisa inverosímil, la película se las ingenia para funcionar como una comedia de acción al estilo de Kick-Ass.
Lo que llama la atención es que este "superpoder" de nuestro protagonista, su insensibilidad al dolor, no es un factor determinante en la trama ni influye en el argumento, pero consigue darle un aire único a las escenas de pelea y las situaciones adversas, aportando un tono desenfadado que hace que la película sea más amena y disfrutable.
En resumen, es una película sin pretensiones, con una trama extremadamente sencilla y un humor basado en la exageración y lo absurdo para ofrecer una mezcla de acción y comedia que, aunque no es revolucionaria, logra entretener gracias a su protagonista y su curioso enfoque del peligro.
Lo que llama la atención es que este "superpoder" de nuestro protagonista, su insensibilidad al dolor, no es un factor determinante en la trama ni influye en el argumento, pero consigue darle un aire único a las escenas de pelea y las situaciones adversas, aportando un tono desenfadado que hace que la película sea más amena y disfrutable.
En resumen, es una película sin pretensiones, con una trama extremadamente sencilla y un humor basado en la exageración y lo absurdo para ofrecer una mezcla de acción y comedia que, aunque no es revolucionaria, logra entretener gracias a su protagonista y su curioso enfoque del peligro.
Miniserie
2025
2
8 de abril de 2025
8 de abril de 2025
18 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es un producto de capítulos en plano secuencia sin conexión entre ellos, cada uno de una hora. Yo no la llamaría serie, pero pretenden presumir de innovadores, de hacer algo diferente. Es algo inacabado, con muchas lagunas y sin editar para eliminar metraje irrelevante (aunque eso no le importa a Netflix, que vende los productos al peso). Es un rompecabezas al que no le falta una pieza: le faltan todas. Y es una lástima, porque los actores lo hacen bien, especialmente los adolescentes, que no sobreactúan, pero un guion y un formato así es imposible sacarlo a flote. En esta línea se pueden añadir todos los capítulos que quieran, inventarnos historias paralelas sin sentido como un día el niño con su padre en el coche antes de lo ocurrido, o el día que se fue la luz. Es un producto de Netflix tan malo, que da juego a todo. Es algo así como el capítulo de Braking Bad que estaban buscando una mosca. ¡Épico! por no decir que era una tomadura de pelo, del cual se resalta la importancia de ser meticuloso en el laboratorio para que los experimentos salgan bien. Pues esa es la línea de Adolescencia. Y así tenemos 4 capítulos.

Owen Cooper & Stephen Graham
Empieza con el protagonista siendo arrestado, se mea en los pantalones, dice cien veces que es inocente pero un vídeo lo inculpa. Una hora completa para contar algo que cualquier serie decente resolvería en 10 minutos. Todo estirado con miradas largas, silencios incómodos y un ritmo tan lento que parece hecho para castigar al espectador.
Continua 1 mes después con la policía visitando el instituto. Se insinúa bullying, posibles cómplices, secretos... pero nada se desarrolla, nada se enlaza con el capítulo anterior. Es como cambiar de canal, pero sin la satisfacción de encontrar algo mejor. Solo cambia el escenario, pero la sensación de vacío sigue igual. Y algo innovador, los adolescentes controlan los emojis de instagram mejor que los adultos, con un lenguaje que desconocemos.
Y damos un salto temporal a 4 meses después y aparecemos en un reformatorio. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y todas las pistas del capítulo 2? ¿Tenemos a un Hannibal Lecter juvenil? Una psiquiatra lo entrevista, lo provoca, él estalla… y uno no sabe si reír o llorar. ¿Estamos hablando del mismo chaval que se meó encima en el primer capítulo al ver a la policía? ¿De verdad esperan que nos traguemos ese arco psicológico en off?
Continua 1 mes después con la policía visitando el instituto. Se insinúa bullying, posibles cómplices, secretos... pero nada se desarrolla, nada se enlaza con el capítulo anterior. Es como cambiar de canal, pero sin la satisfacción de encontrar algo mejor. Solo cambia el escenario, pero la sensación de vacío sigue igual. Y algo innovador, los adolescentes controlan los emojis de instagram mejor que los adultos, con un lenguaje que desconocemos.
Y damos un salto temporal a 4 meses después y aparecemos en un reformatorio. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y todas las pistas del capítulo 2? ¿Tenemos a un Hannibal Lecter juvenil? Una psiquiatra lo entrevista, lo provoca, él estalla… y uno no sabe si reír o llorar. ¿Estamos hablando del mismo chaval que se meó encima en el primer capítulo al ver a la policía? ¿De verdad esperan que nos traguemos ese arco psicológico en off?

Owen Cooper
Y 6 meses después el capítulo final, pero no en un juzgado, sino con los padres en Leroy Merlin porque les han hecho una pintada en la furgoneta. ¿Y qué pasa? Nada. Absolutamente nada. Ni redención, ni revelación, ni desenlace. Nos insinúan que la agresividad del hijo la ha heredado, porque en este capítulo el padre estalla porque le hacen una pintada en el coche que pone "pedófilo" en slang. Y Es como si el guionista hubiese dicho: “¿Y si lo dejamos ahí, en plan arte contemporáneo?”. Y es que eso no es arte, es pereza que nos venden como cine experimental.
Adolescencia no es una serie: es una provocación. No hay hilo conductor, no hay desarrollo, no hay recompensa. ¿De qué sirve plantearnos sospechosos, un móvil, un gatillo para que una persona explote y pistas en una serie policial para luego no desarrollar la historia? Solo hay pretensión, lagunas narrativas, y un profundo desprecio por el tiempo del espectador.
Adolescencia no es una serie: es una provocación. No hay hilo conductor, no hay desarrollo, no hay recompensa. ¿De qué sirve plantearnos sospechosos, un móvil, un gatillo para que una persona explote y pistas en una serie policial para luego no desarrollar la historia? Solo hay pretensión, lagunas narrativas, y un profundo desprecio por el tiempo del espectador.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
¿Y el final? Van los padres y la hermana en la furgoneta volviendo de Leroy Merlin y el niño les dice por teléfono que se va a declarar culpable, no se sabe si por llegar a un acuerdo con la fiscalía o porque realmente lo hizo. ¿La reacción de la familia? Y los padres y la hermana... pues poco menos que congelados. Reaccionan con la misma energía con la que uno responde cuando le dicen que se acabó el pan en casa. Cero emoción, cero impacto. No hay una explosión dramática, ni una pelea, ni una lágrima convincente. Nada que cierre, explique o justifique todo el sinsentido anterior.
Y es ahí cuando miramos el reloj y nos damos cuenta de que hemos pasado cuatro horas esperando que pase algo. Ese “me voy a declarar culpable” debería ser el clímax, la bomba, el momento en que todo encaja… pero como no hay nada que encajar, solo suena vacío. Como si un actor leyera una línea aleatoria del guion porque ya toca cerrar el chiringuito.
Y es ahí cuando miramos el reloj y nos damos cuenta de que hemos pasado cuatro horas esperando que pase algo. Ese “me voy a declarar culpable” debería ser el clímax, la bomba, el momento en que todo encaja… pero como no hay nada que encajar, solo suena vacío. Como si un actor leyera una línea aleatoria del guion porque ya toca cerrar el chiringuito.
Serie
2023Quoc Dang Tran (Creador), Oded Ruskin
10
20 de junio de 2023
20 de junio de 2023
14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una serie bien hecha, que podría ser sobre el mundo del vino o sobre cualquier otro tema. Entra de lleno en lo difícil que es enfrentarse a normas clásicas que todo el mundo ve como pilares de nuestra sociedad, en este caso del mundo del vino, dándole valor al criterio propio y al método científico de experimentar y aprender. Y trata de una forma directa y elegante el problema de los padres controladores, desde Francia hasta Japón.
La serie es amena y en cada capítulo avanzamos más en la historia, y nos engancha.
En su temporada 2 partimos de una hipótesis, si al catar un vino exploramos en nuestra mente para localizar aromas y sabores en nuestra memoria (melocotón, regaliz, vainilla...), ¿puede la cata de un vino destapar recuerdos, miedos o traumas? Y es así como nuevamente la serie profundiza en la parte emocional de los personajes, con historias y problemas familiares que son algo universal.
La serie es amena y en cada capítulo avanzamos más en la historia, y nos engancha.
En su temporada 2 partimos de una hipótesis, si al catar un vino exploramos en nuestra mente para localizar aromas y sabores en nuestra memoria (melocotón, regaliz, vainilla...), ¿puede la cata de un vino destapar recuerdos, miedos o traumas? Y es así como nuevamente la serie profundiza en la parte emocional de los personajes, con historias y problemas familiares que son algo universal.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Zasca a los que se creen que saben de vinos porque se saben el precio de la botella, sin querer aprender a catar el vino en cata ciega, saboreando, oliendo y aprendiendo, que es cuando nos damos cuenta de que un vino de una bodega pequeña hecho con esmero es mucho mejor que un vino que se hace de forma industrial que al final sólo vende una etiqueta.
6
25 de marzo de 2026
25 de marzo de 2026
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es un matiné disfrutable, empieza con un duelo en el que ridiculiza a su rival dejándolo en calzoncillos, pero sin ser ese matiné intragable con malos actores y niños que se creen graciosos e inteligentes. Pero para los que crecimos leyendo los comics de Morris y Goscinni esta serie más que una adaptación, es la continuación de aquellas historias adaptándolas al mundo actual.
De entrada, la serie empieza con un Lucky Luke que no puede usar su pistola. ¿En serio? Y todo indica que va a dejar de ser ese cowboy solitario que cabalga hacia el sol poniente para ser ahora una pareja de aventureros, perdiendo ese aura de leyenda silenciosa que definía al personaje original. Y encima perdemos el humor de los comics con los comentarios jocosos de su caballo Jolly Jumper, ese bufón de Shakespeare que decía verdades incómodas y hacía de conciencia irónica.
La serie está bien, familiar, pero es más bien una obra inspirada en Lucky Luke o una continuación del comic. Es como si en las películas de Astérix y Obélix empezáramos quitándoles la poción mágica. Serían divertidas, pero no serían lo mismo. Un Lucky Luke vulnerable desde el minuto uno rompe el mito, porque es quitarle lo que lo hace especial.
De entrada, la serie empieza con un Lucky Luke que no puede usar su pistola. ¿En serio? Y todo indica que va a dejar de ser ese cowboy solitario que cabalga hacia el sol poniente para ser ahora una pareja de aventureros, perdiendo ese aura de leyenda silenciosa que definía al personaje original. Y encima perdemos el humor de los comics con los comentarios jocosos de su caballo Jolly Jumper, ese bufón de Shakespeare que decía verdades incómodas y hacía de conciencia irónica.
La serie está bien, familiar, pero es más bien una obra inspirada en Lucky Luke o una continuación del comic. Es como si en las películas de Astérix y Obélix empezáramos quitándoles la poción mágica. Serían divertidas, pero no serían lo mismo. Un Lucky Luke vulnerable desde el minuto uno rompe el mito, porque es quitarle lo que lo hace especial.
5 de agosto de 2025
5 de agosto de 2025
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película arranca con una promesa vibrante: una chica con ganas de adrenalina se infiltra en un mundo de chicos malos en Sicilia, como quien se asoma al abismo solo para sentir el vértigo. El inicio atrapa con fuerza: el montaje ágil, la tensión latente y el calor del verano italiano logran una atmósfera que recuerda al espíritu hedonista de Point Break, entre ligoteos peligrosos y decisiones sin vuelta atrás. La escena del robo al banco, vertiginosa y sin fisuras, condensa todo lo que podría haber sido esta película: adrenalina, juego de máscaras y pulsión vital. Y es cuando piensas que estás viendo un peliculón más de 30 años después del duelo Keanu Reeves y Patrick Swayze, pero ahora la protagonista es una chica de vacaciones en lugar de un agente del FBI.
En ese desarrollo encontramos ápices de las dudas de Johnny Hutah sobre la ética de lo correcto y lo incorrecto del sistema, de ser un antisistema, de tirar al mar su placa del FBI; pero esta vez en Sophie, que es una chica que está en el extremo opuesto de vivir al día, de saltar al abismo sin mirar atrás o disfrutar de la aventura en lugar de ver ruinas del pasado. Y así el director sabe plasmar esta confrontación con escenas saltando de un risco, con romance en una cueva en la playa, o con un piano.
Sin embargo, lo que empieza como una aventura estival cargada de energía pronto se ve lastrada por lo políticamente correcto, como si hubiera un yugo ético invisible, uno a uno los personajes más gamberros son eliminados de forma casi punitiva, desinflando el encanto del grupo rebelde. La película abandona su tono lúdico para volverse torpemente aleccionadora, y lo que podría haber sido un descenso a los infiernos seductores de la transgresión se convierte en una purga sin demasiado sentido. El guion se empeña en redimir a la protagonista a toda costa, traicionando la complejidad que parecía prometer. Se olvidan de que las películas son para vivir historias de ficción, no para educar a los jóvenes a que robar Bancos es malo y conlleva consecuencias.
En ese desarrollo encontramos ápices de las dudas de Johnny Hutah sobre la ética de lo correcto y lo incorrecto del sistema, de ser un antisistema, de tirar al mar su placa del FBI; pero esta vez en Sophie, que es una chica que está en el extremo opuesto de vivir al día, de saltar al abismo sin mirar atrás o disfrutar de la aventura en lugar de ver ruinas del pasado. Y así el director sabe plasmar esta confrontación con escenas saltando de un risco, con romance en una cueva en la playa, o con un piano.
Sin embargo, lo que empieza como una aventura estival cargada de energía pronto se ve lastrada por lo políticamente correcto, como si hubiera un yugo ético invisible, uno a uno los personajes más gamberros son eliminados de forma casi punitiva, desinflando el encanto del grupo rebelde. La película abandona su tono lúdico para volverse torpemente aleccionadora, y lo que podría haber sido un descenso a los infiernos seductores de la transgresión se convierte en una purga sin demasiado sentido. El guion se empeña en redimir a la protagonista a toda costa, traicionando la complejidad que parecía prometer. Se olvidan de que las películas son para vivir historias de ficción, no para educar a los jóvenes a que robar Bancos es malo y conlleva consecuencias.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El final, incoherente y forzado, pretende dejar una puerta abierta a una posible secuela, pero lo hace a costa de dinamitar la lógica interna de la historia. Que todo le salga bien a la protagonista, casi por arte de magia, le resta credibilidad al viaje emocional que había comenzado con tanta potencia. La película se hunde como espuma de champagne: efervescente al principio, pero incapaz de sostener su propio ímpetu, y al final parece que la aburrida hermana de la protagonista tenía razón en todo. Aun así, se agradece su intento de mezclar romance, crimen y existencialismo adolescente con una estética fresca y veraniega. Solo que, como ese amor de verano, lo que queda es más ilusión que sustancia.
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