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Críticas de Tylercito
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2
24 de agosto de 2017
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Hacía siglos que no escribía una crítica, pero Juste la fin du monde me ha exasperado tanto que no he podido evitar recaer en mi antiguo vicio.
A mí el Dolan de Mommy me gusta bastante, pero que con solo 28 años el chico ande firmando una película por año desde J'ai tué ma mère dice muy poco de su contención creadora y, lo que es peor, de su capacidad de criba. Ni Woody Allen es capaz de evitar algún pestiño aplicando ese método de filmación estajanovista.
El film que nos ocupa es la peor película hasta la fecha del francés. Gente sobreactuada nivel Jack Nicholson modo mal (salvo la Cotillard poniendo la misma cara de boba de siempre) frente a un Gaspar Ulliel con cara de enfermo y ojitos de cordero degollado. Mucha reacción inexplicable, gente de los nervios sin motivo, momentos videocliperos con Dragostei Din Tei de fondo y todo al final para nada. Porque eso es esta peli, una nada absoluta sin dirección que pretende hacerse pasar como una catástrofe personal y-barra-o catarsis griega. Y bueno, algo de catástrofe tiene, pero de catástrofe artística.
¿Lo mejor? Que dura poco (y menos mal, porque aún así se me hizo larga).
Tylercito
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6
4 de enero de 2013
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se recuerda más Edipo Rey que El asno de oro, aunque siempre haya un Decamerón por cada Dante cartografiando su Infierno, o un tartazo de Linder junto al desierto de Stroheim.

Aunque el hilo de Ariadna esté hecho con fibras trágicas, alguno de sus trenzados no dejan de tener cierta gracia (maldita la gracia). La vida nunca se me antojó como pura tragedia, más bien, amarga broma. Sin embargo, hay muchos aplauden con ímpetu las representaciones artísticas de la vida entendida como tal. La gente parece preferir el victimismo. Claro, mejor verse como la víctima inocente antes de como la víctima de algún tipo de inocentada.

Alguien dijo una vez que por suerte sólo hay un Haneke y no puedo estar más de acuerdo. Me basta con uno. Haneke no es nada complaciente con el espectador, casi se le podría considerar un sádico. Pero contra más "víctima" te sientas, más te gustarán sus películas; irónicamente, su falta de complacencia complacerá a tu sentimiento trágico.
Me asombró la extrema gelided y su representación visual de la muerte en El vídeo de Benny, acepté con reservas el juego planteado en Funny Games, levanté una ceja en Caché, me aburrí en La cinta blanca y terminé cabreado con Amor. Haneke me recuerda a Cioran; en pequeñas dosis enriquece, pero un exceso de cualquiera de los dos nos desvela con claridad su pose impostada e hipócrita, su tremendismo maquillado y, en el caso de Haneke, ese amor de la tragedia y la frialdad por la tragedia y la frialdad en sí mismas, que tantos parecen aplaudir.

Tenemos bastante reciente otra aproximación a la dependencia diametralmente opuesta en forma y fondo: Intocable. Pues bien, Amor me parece tan poco honesta como su reverso galo. Una es un cuadro de El bosco; la otra, representa la tetraplejía en tonos naíf. Es la baza buenrollista vs. el pesimismo más tremebundo. Querer reventar taquillas vs. buscar el aplauso de la crítica de siempre. Esa crítica que antepone ante todo lo trágico y-barra-o apocalíptico, la que confunde el cripticismo con la hondura intelectual e interpreta cualquier maraña como una muestra de complejidad. Esa crítica que acepta sin reservas a cualquier Lynch o se masturba durante las proyecciones de Béla Tarr. Expertos en algo que nunca se han molestado en hacer y que en el fondo parecen despreciar.

La vida podrá ser trágica, absurda y descorazonadora, pero no lo es todo el tiempo. No hay mal que cien años dure ni cabrón que los aguante. Así que, entre dos mentiras, me alegra ver cómo la taquilla se decanta por Intocable. Le dejaremos a Amor el aplauso de esa crítica sadomaso que se pone erecta cada vez que lo pasa mal en un cine. Sí, es imposible obviar que, en términos puramente cinematográficos, Amor es superior a Intocable. Pero ambas son igual de deshonestas. Omitir el accidente o cualquier momento de tragedia pura (amén de otros sonrojantes mensajes que Intocable emite y que aquí omitiré) es una vergüenza, no lo niego, pero hacer lo mismo pero en sentido contrario aún me parece más execrable. La falta de honestidad de Intocable busca la sonrisa a la salida del cine a toda costa; Haneke recurre a ella para que te sientas hecho una puta mierda.

La principal baza del director austriaco es que sabe que la vida nos deparará "momentos Haneke". Eso es algo tan inevitable como la muerte ("momento Haneke" supremo). Pero la vida también es (de hecho, lo es casi todo el tiempo) eso que sucede entre los "momentos Haneke". Eso de lo que Haneke nunca habla. Justo lo que consigue hacernos creer que merece la pena ser vivida.

Intocable y Amor, a su manera, son tan reduccionistas como una porno. El sexo no es (por suerte) lo que Nacho Vidal nos cuenta. Y se olvidan siempre del amor. Así como Amor se olvida de las cosas buenas, e Intocable de las malas. La vida no es champán y mujeres, pero tampoco es la mierda que algunos quieren vendernos. Al menos no todo el tiempo. Sí, estoy muy harto de hanekes.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Tylercito
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10
23 de junio de 2012
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
- Cuando creía que La pequeña de Louis Malle era una obra de ficción, descubrí la existencia e historia de Eva Ionesco.

- Cuando pensaba que no volvería a filmarse un asesinato tan innecesario como el de la tortuga de Holocausto Caníbal, me encontré ante una paloma blanca.

- Cuando escribía, tan escandalizado como con ganas de escandalizar, sobre Historia de Eva en Filmaffinity, jamás pensé que existiera una película que pudiese superarla en todos los aspectos; pero vi Maladolescenza.

Maladolescenza no bordea los límites: los traspasa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Tylercito
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3
23 de junio de 2012
52 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace un tiempo, mientras esperaba en la cola de una librería para pagar Hablemos de langostas, cogí un libro al azar de la estantería de bestsellers y tuve mi primer y único contacto con la prosa de Federico Moccia:
"Noche. Noche encantada. Noche dolorosa. Noche insensata, mágica y loca. Y luego más noche [...]. Éstas son mis amigas, qué demonios... Fuertes. Son fuertes. Fuertes como Olas. Que no se detienen [...]. Olly camina con un contoneo exagerado por la calle. Volumen al máximo y gafas de sol oscuras muy fashion [en cursiva]. Parece Paris Hilton..."
No pude pasar de ahí; pagué lo más rápido posible mi libro y salí pitando de aquel lugar.

Si bien, tal y como acabo de contarles, no he leído a Moccia en demasía (media página y pa' casa), sí me he acercado a sus adaptaciones cinematográficas. Excepto A tres metros sobre el cielo, todas me resultaron insulsos cagarros a la altura de los guiones en los que se basaban, pero... la versión española de A tres metros sobre el cielo me resultó tan aberrante que me hizo sentir algo más que indiferencia.
Bien es cierto que acudí con una pose bastante cínica al cine, pero el cúmulo de despropósitos rompieron mi coraza y empecé a sentir algo por ella; concretamente, odio... la surrealista exhibición de machote ibérico más pasada de vueltas que en Jamón, jamón, el elogio del maltrato y los comportamientos irracionales en general, Mario Cansas en particular (con el insoportable monologuito que siempre regala a sus sufridos espectadores incluido), el momento Coca Cola entre Hache y el padre de Babi... la película era tan zafia, que no pude evitar verla una vez más.

Con el tiempo, empecé a recomendarla entre amigos con gustos afines, y nos la poníamos tomando unas cervezas para echar unas risas... hasta que me di cuenta de que la había visto más veces que otras películas que realmente sí me gustaban. Me había pasado como con Condemor y la filmografía de Sáenz de Heredia: le había cogido cariño. Y además, qué coño, estaba mejor filmada y se podía escuchar a Dorian o a The Unfinished Sympathy.

Así pues, acudí al estreno de Tengo ganas de ti con ciertas ganas de Hache, Babi y sus pretenciosas, sentimentaloides, vergonzosas y-barra-o aberrantes aventuras... por desgracia, la cosa se había descafeinado. La peli estaba bien filmada, los personajes, más reflexivos (dentro de lo que se le puede pedir a personajes de una pieza) y, en definitiva, la cosa era más razonable. Lo cual la convierte en un insulso cagarro que nunca volveré a ver. Una pena que se perdiera ese no dejo indiferente de A tres metros sobre el cielo que, sería una mierda, pero una mierda que ofendía. Y eso es mucho más difícil que hacer una mierda a secas.
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Tylercito
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6
24 de junio de 2011
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Midori es una interesante pero pobre adaptación del cómic Midori, la niña de las camelias, del enfant terrible del manga Suheiro Maruo. Interesante pues el manga lo es, pobre porque la calidad intrínsica del mediometraje lo es.

La niña de las camelias narra la historia de Midori, una pequeña sin rumbo y desgraciada que es adoptada por un circo de atracciones bastante macabro, donde sufrirá todo tipo de vejaciones, al más puro estilo Sade. Y su final será igual de feliz que el de Justine. No obstante, habrá un pequeño intervalo en el que la niña podrá creerse salvada (vanas esperanzas); éste se produce tras la llegada de Masamitsu, un enano ilusionista de personalidad un tanto ambigua que traerá buenas dosis de surrealismo a la historia, y algo de amor para la pequeña. Imagínense la trayectoria que tiene la pobre Midori para que la llegada de un enano pederasta (él es un adulto, y Midori no llega a los doce) nos parezca un hecho bastante afortunado para la pequeña.

La historia tiene tiempo para violaciones, aplastamientos de cachorritos, hermafroditas y seres deformes que harían palidecer a los mismísimos Freaks de La parada de los monstruos de Browning, con los que Midori, la niña de las camelias (flor que representa habitualmente la pureza, también conocida como la rosa del Japón), tendrá que verse las caras. En el 92 ya se había vivido el boom Akira y la exportación del estilo manga al resto del mundo también trajo cosas como Urotsukidoji y otros hentais aún más fuertes, pero eso no impidió para que Midori supusiera un shock para los espectadores occidentales dada su crudeza.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Tylercito
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