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Críticas de Francisco Javier Millan
Ordenadas por:
265 críticas
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3
25 de mayo de 2015
55 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Era de esperar. Hay ocasiones en que es completamente indefendible el hecho de hacer un remake, ya que las comparaciones son completamente abismales.
Gil Kenan, bajo la producción de Sam Raimi, aborda una nueva versión de todo un clásico del cine de los 80. Una película generacional que nos mostró el horror en el estado más puro, de una forma única e irrepetible.
Pero ahora no estamos en ese momento, ni mucho menos. En la actualidad el cine de terror para el gran consumo se ha vuelto insípido, sin sangre, y sin alma. Hay películas que dan miedo en base a los sustos, pero no se atreven a cruzar la línea de lo realmente terrorífico.
La sobreprotección a la que se somete la sociedad actual se refleja en su cine. Los niños y adolescentes de los 80 recibíamos una mayor tasa de imágenes impactantes, pero con los de ahora, hay un cierto temor a asustarlos realmente.
Todo es políticamente correcto y blanco.
La película carece de atmosfera, está vacía por todos los costados. No niego que pueda tener ciertos hallazgos visuales, como las imágenes del “otro lado”, pero no llega ni al aprobado justo si la comparamos con su predecesora.
La historia se limita a seguir escrupulosamente toda la trama, añadiendo algún enfoque diferente, y reduciendo con bastante poco acierto muchos de los momentos célebres de la cinta del 82.
Escenas como la del árbol y los ataúdes que salen disparados en el clímax, son una simple anécdota en este nuevo acercamiento.
Los actores en piloto automático. Sam Rockwell está desubicado, y Rosemarie DeWitt aguanta el tipo pero sin hacernos olvidar a Jobeth Williams, y su lucha interna por rescatar a la pequeña Carol Anne.
Astutamente la cinta cambia el nombre de la niña, pero no sabe crear la inquietud que transmitía la malograda Heather O’Rourke. Casi provoca más miedo el personaje de su hermano en esta ocasión.
Y le falta un punto importantísimo, el punto de la maravilla. La película original contenía un buen número de secuencias donde el escalofrío te recorría de arriba abajo, y no por el terror de las imágenes, sino por todo lo contrario.
La escena de los espectros bajando por la escalera mientras son grabados por los parapsicólogos, o el momento en el que el espíritu de la niña atraviesa a la madre, y ésta nota todo su amor, son de una belleza emocional irrefutable. ¿Dónde están esos momentos en esta nueva versión?.
Y haciendo cierto esfuerzo para disfrutarla, porque entretenida lo es, lo que ya no resiste ningún tipo de comparación es la banda sonora. La música en vez de maravillar, destroza el conjunto. Se convierte en ambiental y accesoria, y se olvida del subrayado y el desarrollo de los personajes.
Jerry Golsmith entregaba en 1982 una auténtica obra maestra, donde cada uno de los personajes tenía un tema principal, y donde todas las situaciones poseían un desarrollo orquestal, basado en una poderosa melodía principal descriptiva del personaje de Carol Anne.
Cualquier aspirante a director debe encarecidamente analizar, la perfecta comunión que se creaba entre la música y las imágenes. Si no te percatas de ello, es mejor ir pensando en cambiar de oficio.
Muchos me dirán que son otros tiempos. Pues yo sólo les digo, que prefiero quedarme en los ochenta.
Si buscáis una palabra para definir el remake, “innecesaria” sería la más correcta. Y siendo muy benévolos.
Francisco Javier Millan
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5
5 de noviembre de 2013
47 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo tiene esta película que no termina de convencerme. Durante su proyección tuve la sensación constante de estar viendo un episodio menor de esas series, que a mitad de temporada, siempre ponen capítulos para rellenar.
El primer acercamiento de este héroe de Marvel por parte de Kenneth Branagh me sorprendió, y me dejé llevar por un universo totalmente nuevo para mí. Nunca he leído (ni leeré) un comic de estos personajes.
Esta segunda parte viene lastrada por la aureola de “Los vengadores”, una película difícil de superar en muchos aspectos. Y aunque la simpatía y esa sensación de ligereza están muy presente, no puedo sino incidir en una serie de problemas, que para mi gusto, hacen que la cinta se convierta en un “aburrido” entretenimiento.
El presunto lado épico al llevar la historia al planeta de origen de Thor, no termina de cuajar del todo. Las batallas son escasas, y la emoción de la aventura carece de fuerza en buena parte del metraje. Harina de otro costal es el fabuloso clímax, con ese vórtice que hace prolongar el gran enfrentamiento final, en varios espacios equidistantes de nuestro planeta.
El villano no me convence, y se ve completamente eclipsado en cada una de las apariciones de Tom Hiddleston, que de manera inteligente, es rescatado tras su derrota, dando un giro al personaje de Loki, sencillamente genial. Lo mejor de la cinta.
Pero lo que no tolero, y me resulta insultante, es que se humille de tal manera al que es sin duda, uno de los mejores actores europeos. Me refiero a Stellan Skarsgard, cuyas apariciones se tornan en ridículas desde los primeros minutos en pantalla.
Cuando vea el conjunto de esta fase 2 de Marvel, ya os diré lo que me parece, pero de momento el listón está mucho más bajo que la anterior vez. Espero que el Capitán América se presente este próximo invierno, en el salvador que todos estamos esperando.
Francisco Javier Millan
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3
3 de mayo de 2017
53 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
La brecha generacional de una forma de hacer y entender el cine se hace todavía más evidente con esta inenarrable secuela del universo Marvel. Si ya en la primera parte no comprendí su encumbramiento, con esta segunda me es totalmente imposible entrar en su torbellino de imágenes y escenas de acción. No logro empatizar con sus personajes y menos cuando la historia que les rodea es una absoluta nadería.

James Gunn, su realizador, consciente del halo de popularidad conseguido, saca pecho y, en vez de entregarnos una digna continuación, gira el timón hacía el más imposible todavía. El resultado se salda con una borrachera de escenas digitales, diseños arriesgados y, lo que es peor, ausencia total de un guion que provoque un mínimo de atención. Me sorprende descubrir a Star-Lord, un personaje con bastantes posibilidades heroicas, estancado en un planeta digital rodeado de psicodelia alienígena. Tras todo el escaparate creativo, chillón e irritante, se esconde la clásica historia de hijo encuentra a padre, a base de una sobredosis sentimental sin apenas un ápice de emoción.

Caso parecido le ocurre al resto del grupo. Su dinámica de familia no se puede disfrutar tras tanto ruido. Todos están perdidos en estúpidas misiones, sin saber potenciar sus atributos. Una demostración de fuerza presentada a lo bruto, que ni de lejos apela a la nostalgia. Existe un abismo entre esta cinta y las de los 80, y lograr que ambas décadas conecten, no solo se logra con un machacón montaje musical. Aquellas con muchos menos recursos llegaban al corazón, ésta, por el contrario, taladra la cabeza. Una pena que los jóvenes hoy en día tengan que tomar a estos héroes como referencia. Pena no, lo siguiente.
Francisco Javier Millan
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6
17 de diciembre de 2014
48 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
El viaje ha terminado, pero en esta ocasión hay cierta sensación de desasosiego. Peter Jackson evidencia con este capítulo “definitivo” muchos de sus aciertos, pero también algunos de los defectos que han convertido a esta nueva trilogía, en uno de los trabajos cinematográficos que más opiniones encontradas ha provocado entre el público.
El principal defecto de esta conclusión, es su excesivo abrazo hacía situaciones exageradas llevadas al límite. Mientras las grandes batallas del Abismo de Helm o de Minas Tirith eran absoluto virtuosismo que combinaba a la perfección espectacularidad y artesanía, en esta nueva lucha entre razas de la Tierra Media, todo parece desmedido. En ocasiones más que una película parece que uno está dentro de un juego de plataformas, con criaturas a las que hay que cortar la cabeza para ganar puntos. Lo que se ha venido a llamar “hacerse un Legolas” adquiere una dimensión bastante descarada.
Jackson posee una tecnología poderosísima para recrear universos de ensueño, olvidando una de las virtudes que más destacó en la trilogía del Anillo, la presencia de Nueva Zelanda como personaje en sí misma. Aquí encontraremos una ausencia casi total de escenarios reales, salvo en honrosas excepciones. Y eso que los actores han sabido sacar lo mejor de ellos mismos, a pesar de estar actuando en decorados impecablemente diseñados y en estudios con cromas verdes gigantes.
La película contiene sus mejores atributos en su primer tercio, segmento precedido por un prólogo espectacular con ese Smaug arrasando la ciudad del lago. Siendo Bardo, interpretado por Luke Evans, quién adquiere un protagonismo digno de los grandes héroes de la saga.
Cuando el ritmo se calma, y damos paso al desarrollo de los personajes (la locura de Thorin, el efecto conciliador de Bilbo, el romance entre Tauriel y Kili, …) es cuando todo parece volver a su cauce. Ése aura que sigue como sello imperecedero, de provocar empatía en muchos de los espectadores.
Pero aquí si buscas ese tour de forcé emocional que suponía el final de “El retorno del Rey”, no lo encontrarás. Aquí hay una sensación de premura por atar cabos, y dejar los lazos preparados para “La comunidad del Anillo”. El relato en este aspecto, no sale tan mal parado como ocurría en las precuelas de Star Wars, por lo que podremos disfrutar de las seis películas como un todo unitario, con mejores y peores capítulos.
Sin duda es el texto que más deja entrever las costuras de todo lo que han tenido que inventar, el equipo de guionistas con Jackson a la cabeza. Una sucesión de escenas inspiradas y prolongadas ante la ausencia de una base literaria más contundente.
Aún así es una conclusión divertida, mucho más equilibrada que la segunda parte (cuyo ritmo languidecía), pero huyendo de esa sensación de cuento y de maravilla que inundaba la primera de todas. Y que en definitiva, echando la vista atrás, era la más deudora y cercana a los escritos de JRR Tolkien.
Muchos disfrutaran con el viaje, pero al volver a casa, notarás que no te habrá dejado huella alguna.
Francisco Javier Millan
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8
1 de septiembre de 2015
25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
En este año de revival ochentero y, con cierta sensación de déjà vú, pocas películas contienen realmente el alma de aquellos títulos tan añorados. Esta nueva adaptación de una novela de John Green, el autor de “Bajo la misma estrella”, tiene el espíritu de “Los Goonies” y “Cuenta Conmigo”. Muy probablemente no llegue a calar como aquellas, pero se basa en sus mismos atributos.
Hay una gran sensación de confort viéndola. Algo que te resulta familiar y cálido. Y lo que es más importante, vuelve a mostrarnos a los adolescentes desde un punto de vista positivo y blanco. En definitiva, igual que en el cine de los 80.
La historia gira en torno a Margo, una chica que es en sí misma un enigma para su joven vecino. El chico es arrastrado por ella a vivir una noche enloquecida, donde se irán vengando de todas aquellas personas que en algún momento les han hecho daño. Una práctica que no descarto realizar con algunos y algunas que conozco.
Esta especie de “Jo que noche” adolescente, da paso al viaje iniciático. Al último recorrido que harán los amigos juntos, antes de ser separados por la universidad.
La estructura misteriosa se mantiene en este segundo tramo, en un juego de pistas que será el impulsor de este viaje. Metáfora del periodo de vida que les está tocando asumir.
La cinta discurre plácidamente, sin excesivos contratiempos y sorpresas. Es un producto muy agradable, veraniego e ideal para ver antes (o durante) las vacaciones.
Te ayuda a cerrar los ojos, a pensar en las Margo de tu vida, y en esa adolescencia que ya se fue, pero que en el fondo cimentó una parte importantísima de la personalidad de cada uno. No te extrañe si empatizas con su protagonista, ya que todos hemos hecho ese viaje de búsqueda.
Es de esa clase de películas que no solo te hacen amar el cine, sino la vida y sus misterios. Si se hubiera estrenado en los 80, estaríamos ante un clásico de aquella década.
Francisco Javier Millan
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