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Críticas de Francisco Javier Millan
Ordenadas por:
265 críticas
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3
25 de mayo de 2015
66 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Era de esperar. Hay ocasiones en que es completamente indefendible el hecho de hacer un remake, ya que las comparaciones son completamente abismales.
Gil Kenan, bajo la producción de Sam Raimi, aborda una nueva versión de todo un clásico del cine de los 80. Una película generacional que nos mostró el horror en el estado más puro, de una forma única e irrepetible.
Pero ahora no estamos en ese momento, ni mucho menos. En la actualidad el cine de terror para el gran consumo se ha vuelto insípido, sin sangre, y sin alma. Hay películas que dan miedo en base a los sustos, pero no se atreven a cruzar la línea de lo realmente terrorífico.
La sobreprotección a la que se somete la sociedad actual se refleja en su cine. Los niños y adolescentes de los 80 recibíamos una mayor tasa de imágenes impactantes, pero con los de ahora, hay un cierto temor a asustarlos realmente.
Todo es políticamente correcto y blanco.
La película carece de atmosfera, está vacía por todos los costados. No niego que pueda tener ciertos hallazgos visuales, como las imágenes del “otro lado”, pero no llega ni al aprobado justo si la comparamos con su predecesora.
La historia se limita a seguir escrupulosamente toda la trama, añadiendo algún enfoque diferente, y reduciendo con bastante poco acierto muchos de los momentos célebres de la cinta del 82.
Escenas como la del árbol y los ataúdes que salen disparados en el clímax, son una simple anécdota en este nuevo acercamiento.
Los actores en piloto automático. Sam Rockwell está desubicado, y Rosemarie DeWitt aguanta el tipo pero sin hacernos olvidar a Jobeth Williams, y su lucha interna por rescatar a la pequeña Carol Anne.
Astutamente la cinta cambia el nombre de la niña, pero no sabe crear la inquietud que transmitía la malograda Heather O’Rourke. Casi provoca más miedo el personaje de su hermano en esta ocasión.
Y le falta un punto importantísimo, el punto de la maravilla. La película original contenía un buen número de secuencias donde el escalofrío te recorría de arriba abajo, y no por el terror de las imágenes, sino por todo lo contrario.
La escena de los espectros bajando por la escalera mientras son grabados por los parapsicólogos, o el momento en el que el espíritu de la niña atraviesa a la madre, y ésta nota todo su amor, son de una belleza emocional irrefutable. ¿Dónde están esos momentos en esta nueva versión?.
Y haciendo cierto esfuerzo para disfrutarla, porque entretenida lo es, lo que ya no resiste ningún tipo de comparación es la banda sonora. La música en vez de maravillar, destroza el conjunto. Se convierte en ambiental y accesoria, y se olvida del subrayado y el desarrollo de los personajes.
Jerry Golsmith entregaba en 1982 una auténtica obra maestra, donde cada uno de los personajes tenía un tema principal, y donde todas las situaciones poseían un desarrollo orquestal, basado en una poderosa melodía principal descriptiva del personaje de Carol Anne.
Cualquier aspirante a director debe encarecidamente analizar, la perfecta comunión que se creaba entre la música y las imágenes. Si no te percatas de ello, es mejor ir pensando en cambiar de oficio.
Muchos me dirán que son otros tiempos. Pues yo sólo les digo, que prefiero quedarme en los ochenta.
Si buscáis una palabra para definir el remake, “innecesaria” sería la más correcta. Y siendo muy benévolos.
Francisco Javier Millan
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5
5 de noviembre de 2013
51 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo tiene esta película que no termina de convencerme. Durante su proyección tuve la sensación constante de estar viendo un episodio menor de esas series, que a mitad de temporada, siempre ponen capítulos para rellenar.
El primer acercamiento de este héroe de Marvel por parte de Kenneth Branagh me sorprendió, y me dejé llevar por un universo totalmente nuevo para mí. Nunca he leído (ni leeré) un comic de estos personajes.
Esta segunda parte viene lastrada por la aureola de “Los vengadores”, una película difícil de superar en muchos aspectos. Y aunque la simpatía y esa sensación de ligereza están muy presente, no puedo sino incidir en una serie de problemas, que para mi gusto, hacen que la cinta se convierta en un “aburrido” entretenimiento.
El presunto lado épico al llevar la historia al planeta de origen de Thor, no termina de cuajar del todo. Las batallas son escasas, y la emoción de la aventura carece de fuerza en buena parte del metraje. Harina de otro costal es el fabuloso clímax, con ese vórtice que hace prolongar el gran enfrentamiento final, en varios espacios equidistantes de nuestro planeta.
El villano no me convence, y se ve completamente eclipsado en cada una de las apariciones de Tom Hiddleston, que de manera inteligente, es rescatado tras su derrota, dando un giro al personaje de Loki, sencillamente genial. Lo mejor de la cinta.
Pero lo que no tolero, y me resulta insultante, es que se humille de tal manera al que es sin duda, uno de los mejores actores europeos. Me refiero a Stellan Skarsgard, cuyas apariciones se tornan en ridículas desde los primeros minutos en pantalla.
Cuando vea el conjunto de esta fase 2 de Marvel, ya os diré lo que me parece, pero de momento el listón está mucho más bajo que la anterior vez. Espero que el Capitán América se presente este próximo invierno, en el salvador que todos estamos esperando.
Francisco Javier Millan
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9
18 de noviembre de 2015
36 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mi actual vida laboral es un auténtico desastre. Lo digo claro y alto. Un desastre provocado principalmente por la gente “tóxica” que me he ido encontrando por el camino. Algunos me dirán que son las dificultades del día a día, pero no estoy de acuerdo.
Tengo que tratar habitualmente con CEOs, con Executive Directors de no sé qué, y con un sinfín de personajes variopintos que han preferido machacar nuestro lenguaje, refugiándose en siglas anglosajonas que ni ellos mismos saben que significan. Y ya ni os cuento cuando hablo con los “coworkings” y “startups” y otras sandeces.
Llamadme clásico, carca, lo que queráis, pero aún creo que hay esperanza para los que pensamos en clave tradicional. Unas formas donde lo más importante es el saber hacer, las buenas intenciones y el trabajo que influye en positivo para los demás y en ti mismo.
Una utopía en la que se introduce la nueva película de Nancy Meyers. Una cinta aparentemente simple y comercial, que encierra un mensaje amable muy necesario en un mundo, donde los “grises” se han adueñado del mercado laboral.
Meyers tiene una imagen muy agradable y sencilla de nuestro entorno. Su cine parte de la discreción, pero se introduce de una manera asombrosa en el alma del espectador.
Es también un canto de esperanza para la gente mayor. La simple idea de un jubilado trabajando como un becario en una empresa de venta por internet, podría a priori resultar ligera e intrascendente. Pero en manos de esta directora, es todo lo contrario.
La relación que se crea entre los dos protagonistas va creciendo en la pantalla, de la misma manera que lo hace en tu interior. Estamos ante uno de los desarrollos personales más humanos de todo el año. Una amistad que nace de la duda y del abismo generacional, que termina volviéndose inseparable.
No es descabellado anunciar, estar presentes ante una de las mejores interpretaciones de Robert DeNiro de los últimos años. Un actor condenado a la comedia innecesaria, que al fin logra un papel a la altura del símbolo que representa para muchos espectadores.
Su personaje denota bondad, reflexión, y una constante necesidad de ayudar a los demás en todos los niveles. En definitiva, seguir sintiéndose útil.
Cuando una película logra mover algo dentro y te hace salir del cine con una inyección de positivismo, es que sin duda hay detrás de ella una gran maestría en su creación.
Mientras tanto los tóxicos nos seguirán diciendo, que esta clase de historias son para débiles e ilusos. Pues prefiero ser así, y no vender mi corazón a una vida gris y sin pasión.
Francisco Javier Millan
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4
7 de abril de 2014
51 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que la Biblia es uno de los textos más enigmáticos escritos por el ser humano, y aunque mi lado lógico me hace pensar que todo lo que se cuenta en ella es mentira o es un simple cuento, soy de los que piensan que encierra pasajes basados en sucesos reales pero magnificados hasta el extremo.
Dentro de este contexto el director Darren Aronfsky, considerado por algunos (no por mí) un visionario, se acerca a las sagradas escrituras y más concretamente al Antiguo Testamento. Un tiempo oscuro de la humanidad repleto de cataclismos y situaciones sangrientas, con un Dios mucho más cruel que benévolo.
El problema de Aronofsky es la coctelera a la que ha sometido a la historia, aunque parte de la culpa de ello puede estar en los sucesivos montajes creados por la productora con el fin de contentar a todas las partes.
En la película podemos encontrar, elementos del creacionismo más rancio (Adán y Eva, la manzana, la serpiente, …) mezclados con la teoría de Darwin (que parece filmada por Terrence Malick), pasando por seres de piedra (“los ángeles caídos”) más propios de “El señor de los anillos” y sus secuelas, y escenas oníricas del jardín del Edén, con criaturas luminosas que parecen ser … extraterrestres. Sí, sí, lo habéis leído bien.
Un pastiche descomunal que encuentra el tono en muy pocos momentos y cuyo ritmo es en muchas ocasiones tedioso, como ya ocurría en aquella insoportable película titulada “Cisne negro”.
Y todo además en un intento de crear un contexto histórico totalmente anacrónico y a la vez realista, pero lleno de incoherencias, donde lo de menos es la historieta de los animales y el diluvio, con el fin de dejarnos atrapar en un discurso más propio de la Nueva Era, vestido de película épica postmoderna.
Además aquellos que se atrevan a verla descubrirán como de manera habilidosa se ha escondido de los trailers cualquier atisbo de personajes fantásticos, lo que revela una confianza dudosa para con el producto por parte de sus responsables.
Los espectadores se harán un sinfín de preguntas cuando la vean: ¿de qué se alimentan los protagonistas, del aire?; ¿qué se supone que es aquel incienso que hace dormir a los animales durante 40 días y 40 noches?; ¿cómo los alimentan, por vía intravenosa?; ¿cómo es posible que el villano se esconda en plan polizón sin ser descubierto?; ¿cómo van a repoblar el planeta o es que al final los hijos se acostaran con sus propias hermanas o madres?; ¿por qué Anthony Hopkins parece el abuelo cebolleta?
Aún así me quedo con su enigmática banda sonora y su ambientación, quizás de lo más logrado del conjunto.
En definitiva un producto completamente desenfocado.
Francisco Javier Millan
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6
17 de diciembre de 2014
48 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
El viaje ha terminado, pero en esta ocasión hay cierta sensación de desasosiego. Peter Jackson evidencia con este capítulo “definitivo” muchos de sus aciertos, pero también algunos de los defectos que han convertido a esta nueva trilogía, en uno de los trabajos cinematográficos que más opiniones encontradas ha provocado entre el público.
El principal defecto de esta conclusión, es su excesivo abrazo hacía situaciones exageradas llevadas al límite. Mientras las grandes batallas del Abismo de Helm o de Minas Tirith eran absoluto virtuosismo que combinaba a la perfección espectacularidad y artesanía, en esta nueva lucha entre razas de la Tierra Media, todo parece desmedido. En ocasiones más que una película parece que uno está dentro de un juego de plataformas, con criaturas a las que hay que cortar la cabeza para ganar puntos. Lo que se ha venido a llamar “hacerse un Legolas” adquiere una dimensión bastante descarada.
Jackson posee una tecnología poderosísima para recrear universos de ensueño, olvidando una de las virtudes que más destacó en la trilogía del Anillo, la presencia de Nueva Zelanda como personaje en sí misma. Aquí encontraremos una ausencia casi total de escenarios reales, salvo en honrosas excepciones. Y eso que los actores han sabido sacar lo mejor de ellos mismos, a pesar de estar actuando en decorados impecablemente diseñados y en estudios con cromas verdes gigantes.
La película contiene sus mejores atributos en su primer tercio, segmento precedido por un prólogo espectacular con ese Smaug arrasando la ciudad del lago. Siendo Bardo, interpretado por Luke Evans, quién adquiere un protagonismo digno de los grandes héroes de la saga.
Cuando el ritmo se calma, y damos paso al desarrollo de los personajes (la locura de Thorin, el efecto conciliador de Bilbo, el romance entre Tauriel y Kili, …) es cuando todo parece volver a su cauce. Ése aura que sigue como sello imperecedero, de provocar empatía en muchos de los espectadores.
Pero aquí si buscas ese tour de forcé emocional que suponía el final de “El retorno del Rey”, no lo encontrarás. Aquí hay una sensación de premura por atar cabos, y dejar los lazos preparados para “La comunidad del Anillo”. El relato en este aspecto, no sale tan mal parado como ocurría en las precuelas de Star Wars, por lo que podremos disfrutar de las seis películas como un todo unitario, con mejores y peores capítulos.
Sin duda es el texto que más deja entrever las costuras de todo lo que han tenido que inventar, el equipo de guionistas con Jackson a la cabeza. Una sucesión de escenas inspiradas y prolongadas ante la ausencia de una base literaria más contundente.
Aún así es una conclusión divertida, mucho más equilibrada que la segunda parte (cuyo ritmo languidecía), pero huyendo de esa sensación de cuento y de maravilla que inundaba la primera de todas. Y que en definitiva, echando la vista atrás, era la más deudora y cercana a los escritos de JRR Tolkien.
Muchos disfrutaran con el viaje, pero al volver a casa, notarás que no te habrá dejado huella alguna.
Francisco Javier Millan
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