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España España · Gijón
Críticas de Relax
Ordenadas por:
150 críticas
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10
23 de marzo de 2008
274 de 319 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo quiero ser como tu, amigo Eduardo. Quisiera poder amar a mi padre con la pureza con la que tú lo haces. Te creó inacabado, pero le amas igual. Tu padre que te enseñaba cuantas tazas de te era necesario aceptar y cuantas rechazar, tu padre, que paraba su sabia explicación para leerte poesía. Nunca le reprochaste que no te diera manos, es más se lo agradeciste con tu creatividad, yo quiero ser como tu, amigo Eduardo.

Yo quiero ser como tú, amigo Eduardo, porque desde el primer momento en el que te sacaron de tu hábitat intentaste adaptarte con todo tu corazón a la mezquina vida mundana. Para todos tenías una palabra o un acto amable ya sea poniendo tu cara al servicio de los productos Avon o abriendo una lata de coca cola en una barbacoa.

Yo quiero ser como tú, amigo Eduardo, y hacer cosas bonitas como tus dinosaurios verdes y tus estatuas de hielo. Me bastaría saber hacerlas con mi cuerpo que a primera vista no está trabado pero tal vez se trate de eso tú utilizas tu deformidad para crear belleza, los tipos normales como yo y como los vecinos que a ti te rodean pocas cosas podemos hacer que se salgan de lo rutinario, yo quiero ser como tu amigo Eduardo.

Yo quiero ser como tú, amigo Eduardo, y enamorarme de una chica imposible por el simple hecho de enamorarme. Sabes que nunca podrás abrazarla pero la amarás igual y robarás y matarás por ella pero no por dinero o por hacer daño sino simplemente por amor, yo quiero ser como tú, amigo Eduardo.

Yo como quiero ser como tú, amigo Eduardo, porque eres un tipo sabio que repartiría una bolsa llena de dinero encontrada al azar entre sus seres queridos. ¿Dársela a la policía? ¿Que haría la policía?: repartirla entre sus "amigos" (que no seres queridos), yo quiero ser como tú amigo Eduardo.

Yo quiero ser como tú, amigo Eduardo, porque hay que saber llegar al límite en el momento justo. Ese límite donde no importa pinchar una rueda de un coche o cortarle una pata a un dinosaurio verde. Yo siempre llego al límite a destiempo y cuando eso sucede no hago más que tonterías, yo quiero ser como tú, amigo Eduardo.

Yo quiero ser como tú, amigo Eduardo, porque aunque pierdas a la chica sabes que la has ganado para siempre y ella nunca podrá ver la nieve de la misma forma y le contará a sus nietos una y otra vez tu hermosa historia que es a la vez la suya. Yo cuando pierdo a una chica me niega hasta el saludo.

Yo quiero ser como tú amigo Eduardo...
Relax
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8
10 de octubre de 2009
169 de 195 usuarios han encontrado esta crítica útil
Os confesaré algo: Woody Allen es mi amigo. Y lo es desde hace mucho tiempo, desde mis 12 o 13 años, tal vez antes. Quise ser amigo suyo porque me hacía reír. Me encantaban sus primeras películas tontas: Toma el Dinero y Corre, El Dormilón, Bananas... y también Sueños de un Seductor que yo pensaba entonces que era suya. Poco a poco fui descubriendo su filmografía: Annie Hall, La Rosa Púrpura del Cairo, Días de Radio, Delitos y Faltas... y cada vez me sentía más cercano a él porque además de la risa me enseñaba muchas cosas, sobre el amor, el sexo, la vida, la muerte, la ironía, la moral, la religión, la psique, el optimismo, la esperanza... en cierto modo cuando me disponía a ver una de sus películas yo me sentía como si estuviera tomándome una cerveza con un amigo sabio de habla reposada y lúcida que conseguiría a cada momento emocionarme.

Y mi amigo Allen comenzó a visitarme una vez al año. Solía venir a finales de Septiembre o principios de Octubre y nos citábamos en un cine. Yo me quedaba en silencio y el me contaba una de sus historias. Y en el momento de la despedida yo siempre tenía una amplia sonrisa en el rostro y mi visión de la vida se había enriquecido. Me gustaba caminar por la ciudad después del adiós porque aquel amigo tenía el don de cambiar mis ojos, y nunca fue una despedida triste porque yo sabía que al año siguiente, recién entrado el otoño, el volvería.

Recuerdo la vez que mi amigo regresó en otra fecha, porque lo habían llamado para darle un premio. Cuando lo supe, soñaba con ir a verlo, solo para estrecharle la mano y darle las gracias. Pero luego pensé que la mejor manera de demostrarle mi amistad era no molestarle en unos días donde su intimidad se vería continuamente mermada. Y fui feliz viendo a mi amigo por televisión, paseando por muchos de los sitios en los que a veces yo le había echado de menos. Dicen de él que se enamoró de la tierra que conoció en aquel viaje y tras halagar la ciudad de Oviedo fue honrado con una estatua. Y sí, mi amigo ahora está siempre allí, caminando eternamente con aire despreocupado, con las manos metidas en el bolsillo y la frente pensativa. Cuando le preguntan, en cualquier parte del mundo por su estatua, entre humilde y divertido suele decir “Es lo más simpático que he visto en mi vida”.

Por aquel entonces sucedía además que yo veía como mi amigo se iba haciendo mayor. Seguía yendo a verle cada año pero las emociones no eran las mismas. Aún así en cada uno de aquellos encuentros siempre quedaban destellos de su magia y yo le perdonaba, por supuesto que sí, los momentos bajos, y me dolía seguir el deterioro de su inigualable talento. Pero tengo que reconocerles que llegué a perder la fe en él rehuyéndolo con dolor el año que vino a contarme una historia que se llamaba “El Sueño de Casandra”. Falté a la cita para negar lo que parecía inevitable, mi amigo se apagaba y yo era demasiado cobarde y sentimental como para enfrentarme algo así.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Relax
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10
29 de mayo de 2008
109 de 124 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hubo un tiempo en el que encender la televisión podía ser sinónimo de entretenimiento, evasión y calidad. Hace muchos años de eso pero a menudo mis ojos de niño vuelven al pasado cuando a traición una televisión encendida te escupe en la cara la triste realidad actual en donde programas que solamente dan vergüenza ajena se suceden una y otra vez, día tras día en todas las cadenas donde apenas existe ya un espacio para el buen cine.

En mi lejana niñez con solo dos canales a nuestra disposición solía haber al menos una gran película diaria. Un día tocaba Primera Plana, al siguiente Días de Vino y Rosas o tal vez Vértigo, o Sopa de ganso o por que no El Golpe.

Mi edificio era un corral de niños cinéfilos. Cuando terminábamos nuestra enésima carrera de chapas o cuando una resignada madre nos decía una y otra vez que ya iba siendo hora de dejar de machacar las teclas del Spectrum comunitario que tenía el niño rico del 2º B, sabíamos que después de la cena tocaba una película más como parte indispensable de nuestro crecimiento.

Recuerdo la noche que pusieron El Golpe. Mi padre ya me avisó por la mañana “la de esta noche si que es buena”, dijo. Aquel día El Golpe fue la comidilla en el patio vecinal. Todos los papás habían avisado a sus respectivos vástagos y la tarde se nos hizo muy larga, más aún sabiendo que uno de los protagonistas era aquel tipo que una vez se había tragado 50 huevos, hazaña por la cual era considerado un héroe indiscutible entre todos nosotros.

Y vimos El Golpe. Y no hay nada más que decir, salvo que el efecto que causó en nuestras vidas perdura hasta hoy.

Y que así sea por muchos años.
Relax
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10
6 de mayo de 2009
85 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaya, han pasado tantos años, tantas reposiciones, tanta madurez encubierta de los niños que amaron esta serie a principios de los ochenta que ahora queda muy bien presumir en las reuniones familiares de que tu odiabas verano azul, de que la serie era muy mala, de que ... de que ... pues aquí tienen, queridos adultos de gomina y traje gris, familia de plastilina, tarde de fútbol y polvo de sábado, aquí tienen una critica hecha desde las entrañas del alma, porque sí, digámoslo alto y claro, Verano Azul fue para muchos de vosotros la serie definitiva de vuestra infancia, y os sentabais cada tarde frente al televisor con hermanos, primos o amigos, a degustar un bocadillo de nocilla, mientras Tito, Piraña y el resto de la panda atrapaban bajo el cielo de Nerja el verano de sus vidas.

Me cogió esta serie, como no!!, en el pueblo asturiano de mis abuelos. Pequeño pueblo marinero y cantábrico rodeado de playas salvajes, praderas y acantilados, donde pasaba los tres meses de verano con mi bicicleta BH y una pandilla interminable de niños y niñas, sin clase ni deberes, solo inocencia y libertad, verano de días de mar y juegos, de pesca con un trozo de sedal enredado en el dedo, de peonzas y balones, de verbenas que sabían a regaliz, de me gustas no me gustas, de petardos en latas de coca cola, recolección de saltamontes, agujeros en los zapatos y besos en el moflete.

Y aquel verano televisivo se mezclaba con el nuestro de tal manera que al final ya no sabíamos si éramos ellos o nosotros. Porque sí, fuimos la pandilla que durante una tarde se dedicó a hablar al revés al incomprensible mundo adulto y nos reíamos mientras ponían cara de palo o de susto, nos hacíamos amigos de gente pintoresca que vivía de las maneras más extrañas como un tipo que habitaba en una cabaña de paja y que sabía hacer trucos de magia y tragarse el cigarrillo, desapareciendo de sus labios hacia el interior de su garganta para luego hacerlo regresar con un movimiento de manos, buscábamos al anochecer extraterrestres en la playa, explorábamos cuevas y lanzábamos botellas al mar con mensajes desesperados de amor.

Pero entre tanta diversión despreocupada, algo ocurrió. Nuestro gran compañero, aquel hombre bueno que todo lo sabía y que vivía ajeno al desorden del mundo en su Barco La Dorada se fue para siempre en una de las tardes más tristes que mis ojos de niño alcanzan a recordar, Y en un capítulo cruel y demoledor, a ritmo de una canción que no citaré y que aún a día de hoy no puedo escuchar sin que algo se me turbe, la tierra caía sobre el ataúd de Chanquete mientras nuestros ojos se llenaban de lágrimas. Y no entendimos nada de nada salvo que aquella serie inocente se había convertido de repente en algo mucho más grande que todos nosotros y nos iba a enseñar muchas cosas para las que probablemente no estábamos preparados.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Relax
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10
23 de marzo de 2008
106 de 135 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace algunos años mi pandilla de facultad destacaba por cosas tan mundanas como:

1.- Vivir la vida.
2.- Experimentar sexualmente.
3.- Escuchar rock and roll.
4.- Tocar la guitarra/ bajo / batería o similares.
5.- Leer libros.
6.- Amar el cine.
7.- No ser aburrido.
8.- Reírse.
9.- No deprimirse.
10.- Vivir la vida.

Recuerdo que en una de nuestras amenas tertulias alguien mencionó en una ocasión. ¿Habéis oído hablar de esa gilipollez a la que llaman Dogma 95? Así nos enteramos de que un don nadie, al parecer danés había hecho un manifiesto cinematográfico con reglas escritas y todo, que mas o menos consistía en que usándolas se podía hacer una peli con menos presupuesto que el de nuestra paga de niños mimados universitarios. El tema del Dogma salió en más ocasiones y siempre nos echábamos unas risas a costa de aquel fracasado que empezaba además a ganar puntos entre otras pandillas de la facultad que se caracterizaban por:

1.- Tener aspecto de estar muertos
2.- Follar con condón.
3.- Escuchar a los Sugarcubes.
4.- Tocar el melotrón/ xilófono/ tuba o similares.
5.- Leer a Nietzsche.
6.- Entrar en éxtasis con El Séptimo sello, Ordet y el Decálogo de Kieslowski.
7.- Aburrirse.
8.- Tener ojeras debido a su profunda duda existencial.
9.- Deprimirse.
10.- Tener aspecto de estar muertos.

Sin embargo hace unos cuatro años por fin me decidí a dar el paso alquilando en el videoclub de mi barrio esta película. Von trier ya era un cineasta aclamadísimo pero yo seguía siendo fiel a mi estilo de vida y por supuesto a mi pandilla de facultad. Y sucedió queridos amigos. Sucedió que simple y llanamente me hizo llorar. Juro que yo no lloro con facilidad. Perjuro que no recuerdo cuando había sido la última vez que lloré viendo una película. Probablemente nunca. Y vuelvo a jurar nuevamente para decir que antes que comprarme un disco de Bjork dejaría que me depilasen las ingles con cera ardiendo. Pero amigos, cuando la peli se acabó, las lágrimas inundaban mi rostro y además mi empatía con Bjork subía y subía hasta límites tan insospechados como inauditos. Y la película en sí era tan hermosa, hipnótica, provocadora, simple, hiriente, mágica... .

Y para terminar diré que después de esto he disfrutado a Von Trier de arriba a abajo. El predogma, el dogma el posdogma, y ... ¡ Me gusta todo ¡¡¡¡¡ Maldita sea es que hasta me cae simpático ese perro dibujado con tiza ¡¡¡¡¡

P.D: Esta crítica está dedicada a Listo Comics, mi crítico favorito de Filmmaffinity, más que nada porque después de leer la suya le he dado por primera vez en el NO. Siempre hay una primera vez colega ¡¡¡¡¡¡¡
Relax
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