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Críticas de gerardops
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3
17 de enero de 2014
65 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sé que voy a contracorriente pero, a pesar de sus numerosos premios, reconocimientos y nominaciones, “El Lobo de Wall Street” me ha desilusionado. Considero que es una película menor y, hasta cierto punto, mediocre. Puedo entender que, para recrear la vida de un corredor de bolsa sin escrúpulos en Wall Street (lo segundo es, por lo visto, condición indispensable para lo primero), sea preciso dedicar una parte del metraje a la plasmación del despilfarro, del lujo sin medida, de la lujuria, del desenfreno y de otras inmoralidades e ilegalidades que llevan aparejada la codicia sin control ni límites. Pero tres horas de proyección cuyo único común denominador sea tal avalancha de impudicia, dispendio y ostentación revela un desinterés manifiesto por abordar la historia con rigor y una preferencia por dejarse llevar por el estilo más obsceno de la comedia adolescente y descerebrada. Personalmente, estaba saturado antes de la primera media hora de semejante festival de Barbies operadas, Ferraris y yates espectaculares, y pastillas y polvos esnifados. Y a los noventa minutos, ya no daba crédito a que Martin Scorsese firmase el largometraje.
Porque, por mucho que quiera vender que se trata de una parodia de ese universo financiero, responsable en gran medida de una de las peores crisis económicas mundiales, la triste realidad es que roza más la apología de ese estilo de vida. De hecho, son pocas las diferencias entre varias de sus escenas y los últimos videoclips de Miley Cyrus, productos vacíos, artificiales y prefabricados que pretenden divertir y excitar pero que, al menos en mi caso, fracasan en el intento. Les invito a comparar las imágenes de la otrora angelical chica Disney lamiendo herramientas de construcción y contorneándose sobre una gigantesca bola de demolición con la escena en la que el protagonista gesticula obscenamente mientras engaña por teléfono a un pardillo para que invierta miles de dólares en Bolsa. Tan solo faltaba de fondo la decadente música de Pitbull para que la horterada lo inundase todo. Y así, casi tres horas.
El film está basado en el libro de memorias de Jordan Belfort, donde narra su evolución personal desde el tan manido sueño americano hasta la codicia financiera más salvaje. Es una idea que se puede abordar de muchas maneras. Por ejemplo, hace tres años se estrenó la recomendable “Margin Call”, nominada al Oscar al mejor guion y, un cuarto de siglo atrás, Oliver Stone trasladó su visión a la gran pantalla en “Wall Street”. Cualquiera de estos dos títulos supera con creces a esta concatenación de secuencias sobre la chulería y la prepotencia de un grupo de tiburones de las finanzas carentes de escrúpulos.
No obstante, pese a terminar harto de su personaje, reconozco la buena labor interpretativa de Leonardo DiCaprio y centro los fallos en el guion y en la dirección. El actor se limita a obedecer con solvencia las órdenes de Scorsese. Le acompañan numerosos rostros conocidos, como Matthew McConaughey, Jean Dujardin o los directores Rob Reiner y Jon Favreau – a cargo de pequeños papeles-. Todos ellos contribuyen a personificar la juerga desenfrenada que ha ideado el realizador italonorteamericano.
Este indiscutible referente del Séptimo Arte ya trabaja en sus dos próximos proyectos: “Silence”, con Andrew Garfield y Ken Watanabe y “Sinatra”, biopic del célebre actor y cantante. Ambos largometrajes tienen previsto su estreno en 2015. Confío en que con ellos recupere su rigor profesional y un estilo personal cuya calidad y brillantez ha demostrado sobradamente en tantas ocasiones.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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3
1 de mayo de 2013
26 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mientras veía “La gran boda” no pude evitar que mi mente asociase a la mayoría de sus actores con otros personajes interpretados en comedias de antaño por ellos mismos y con idéntica fortuna. Es decir, ninguna. Para dar vida al sacerdote, Robin Williams se habrá basado en su desesperante recreación del religioso de la insoportable “Hasta que el cura nos separe”, cinta en la que demuestra que, sin un director capaz de frenar unos impulsos más propios de Jim Carrey, termina por convertirse en una mala caricatura. A su vez, Robert de Niro debió pensar que, dejándose barba, evitaría ser comparado con otro progenitor como el de “Los padre de él”, “Los padres de ella” o “Ahora los padres son ellos”. Pese a ser uno de los mejores actores de la historia del cine, no descubro nada nuevo al afirmar con rotundidad que el género cómico no es precisamente su especialidad. Por lo que se refiere a Diane Keaton, le han obligado a repetir diez años después “Cuando menos te lo esperas”, mientras que Susan Sarandon, que hasta ahora no había caído en la tentación de hacer el ridículo en filmes pseudo humorísticos y no tenía pasado del que echar mano, se deja arrastrar por la decadencia de este elenco de primeras figuras de Hollywood que, rozando la setentena, han optado por llenar de borrones sus cuasi impolutas filmografías. Sus jóvenes compañeros de reparto están bastante mejor, sin duda porque, al no contar con el glorioso pasado de sus colegas, tampoco se exponen a unas comparaciones tan odiosas.
Se trata de un título plagado de buenas intenciones, pero también de tópicos, reiteraciones, copias, plagios y referencias a otros que en su momento ya exprimieron una fruta a la que no le queda apenas jugo. Narra la historia de un matrimonio maduro que ha fracasado por la infidelidad y posterior enlace del esposo con la mejor amiga de su mujer. Ante el inminente enlace de su hijo adoptado, tratarán de hacer creer a su madre biológica -que acudirá a la ceremonia y que mantiene unas profundas creencias religiosas- que continúan felizmente casados. Partiendo de estas premisas, el realizador y guionista Justin Zackham intenta componer situaciones graciosas, hilarantes, irónicas que fracasan en su mayor parte. Además, la sensación de falta de originalidad y de creatividad es patente. Estamos nuevamente ante el enésimo ejemplo de copia disfrazada, unida a la mediocridad de unos gags que pretenden sin éxito concatenar unos fotogramas con otros.
En resumen, la comedia americana persiste en su particular camino hacia la autodestrucción y, aun con el precipicio delante, acelera. De eso sabe mucho Susan Sarandon desde que participó en “Thelma & Louise”. Y eso que, aunque la mítica película que rodó Ridley Scott de 1991 no era una comedia, contaba con algunas escenas que consiguieron arrancarme la risa y también el aplauso. Claro que estoy hablando de otra clase de cine, otra categoría, otro nivel.
Entre los integrantes más jóvenes del reparto se salva la actriz Katherine Heigl, una habitual de la comedia que, aunque a veces participa en largometrajes regulares, completa su trayectoria profesional con otros más dignos como “27 vestidos”. Le acompaña la cada vez más popular Amanda Seyfried (“Mamma Mía, Los Miserables). En definitiva, un reparto de primera fila desaprovechado por culpa de un pobre guión que refleja una buena idea mal desarrollada.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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5
1 de diciembre de 2012
19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
El principal problema que presenta “Golpe de efecto” es que, pese a publicitarse en letras bien grandes a la sombra del nombre de Clint Eastwood, no se trata de una película de Clint Eastwood. Aunque forma parte del reparto, no se sitúa detrás de la cámara y esa ausencia se nota y mucho. Hacía casi veinte años que este mito del cine norteamericano no interpretaba y dirigía simultáneamente. La última vez lo hizo en el correcto y muy entretenido thriller de Wolfgang Petersen “En la línea de fuego”.
En esta ocasión, el realizador es Peter Lorenz, uno de sus colaboradores habituales, que debuta detrás de las cámaras con este film. Hasta ahora había sido ayudante de dirección de muchos de los proyectos de la estrella californiana. Y es que Eastwood, con ochenta y dos años cumplidos, más de cincuenta interpretando y cuarenta dirigiendo, no solo es uno de los referentes fundamentales de la cinematografía estadounidense sino, también, uno de los cineastas que más notablemente ha mejorado con la edad. Es indudable que a partir de la década de los noventa firma sus mejores trabajos. Cuatro son los Oscar que ha obtenido de un total de diez nominaciones y, a pesar de su fama de especialista en el género de acción ganada en su primera etapa profesional, ha triunfado realmente gracias a otras interpretaciones dotadas de una sensibilidad y un dramatismo difíciles de igualar. “Sin perdón”, “Million Dollar Baby”, “Mystic River”, “Los puentes de Madison” o “Más allá de la vida” son algunas muestras de su capacidad para transmitir al espectador experiencias originales, profundas y narradas con gran habilidad. Además, cuando él aparece en pantalla, sabe mejor que nadie combinar la imagen de hombre rudo y varonil con una carga de emotividad muy loable.
Sin embargo, al prodigarse excesivamente, -al igual que Woody Allen, rueda una película al año de media- no siempre logra el mismo nivel de calidad y, en el concreto caso de “Golpe de efecto”, su sola participación como actor impide que el citado film pueda catalogarse entre lo mejor de su filmografía. De entrada, una de las señas de identidad de su cine (la que consiste en dotarlo de sensibilidad pero sin caer en la cursilería) se esfuma. La intensidad de la trama mengua y la complejidad de matices de los personajes brilla por su ausencia, tornándolos excesivamente simples. En consecuencia, el resultado final se acerca más al formato de telefilm de sobremesa que a un proyecto cinematográfico de entidad.
No obstante, cuenta a su favor con dos aspectos destacados. El primero, un buen equipo artístico del que sobresalen el propio Eastwood y la actriz Amy Adams que, de nuevo, vuelve a regalarnos otra buena actuación. En su momento ya nos asombró en “The Fighter”, “Julie y Julia” o “La duda” y aquí también nos deleita con su presencia en pantalla, acumulando argumentos para no perder de vista sus próximos proyectos. El segundo, algunos diálogos ágiles y mordaces que, aunque escasos e intermitentes a lo largo del metraje, consiguen remontar la proyección a trompicones. La conclusión final es que nos hallamos ante una película menor que se ve engalanada con la presencia de actores de primera fila. A ratos se ve con pasividad y a ratos con agrado, pero siempre sin eludir cierta sensación de simplicidad que impregna todo el conjunto.
Confiemos en que la próxima cita de Eastwood con la cartelera sea a través de una obra suya al cien por cien, de la que asuma la dirección y desde donde imparta esas lecciones de buen cine a las que nos tiene acostumbrados.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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3
24 de enero de 2014
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay directores de cine que, tras un prometedor e ilusionante comienzo profesional, terminan por vagar desorientados en mundo artístico demasiado condicionado por los resultados de taquilla. Sin ir más lejos, la próxima semana se estrena la última aventura del agente de la CIA Jack Ryan a cargo del otrora cineasta shakesperiano por excelencia Kenneth Branagh quien, tras varios fracasos y algunos años en el dique seco, decidió reconvertirse en realizador de cintas de acción, probando fortuna con la primera entrega de la saga “Thor”. Y si lo que buscaba era reivindicarse a través del éxito en la recaudación, ciertamente lo logró, aunque a cambio decidió olvidarse de sus verdaderas esencias artísticas para limitarse a ser otra pieza más en el entramado de rodar largometrajes como churros, cual operario en una cadena de montaje. Se perdió un realizador.
Esta semana es Spike Lee el que, habiendo también atravesado durante años el desierto del olvido, ha tratado de recuperar su lugar rodando “remakes” de algunas famosas cintas orientales. Su nombre, por lo tanto, pasa también a engrosar la lista de artistas aquejados por la falta de creatividad y engullidos por la salvaje industria cinematográfica. Ya no es ni sombra de lo que fue. Lee ha estado nominado al Oscar en dos ocasiones. La primera fue gracias a “Haz lo que debas”, film de finales de los ochenta, al que le sucedieron un puñado de trabajos interesantes como “Fiebre salvaje”, “Malcolm X”, “La marcha del millón de hombre”, “La última noche” e incluso “Plan oculto” que, si bien se desmarcaba notablemente de sus producciones anteriores, era digna de ver. Se trataba de un cine reivindicativo, original, con un toque muy personal, que funcionaba en los festivales especializados y que contaba con un público fiel. Sin embargo, cuando su trayectoria parecía consolidarse, se embarcó en documentales para la televisión y su estrella comenzó a apagarse inexplicablemente.
Ahora presenta “Oldboy”, revisión del largometraje del mismo nombre dirigido por el coreano Park Chan-wook en 2003 que forma parte de una denominada “trilogía de la venganza”. Considerada una pequeña joya de culto para los aficionados a la cinematografía oriental violenta, obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, además de otros galardones en certámenes más minoritarios.
¿Mejora en algo Spike Lee el film de Park Chan-wook? No. ¿Aporta algo novedoso o interesante? No. ¿Era necesaria esta nueva versión? No. ¿Ha funcionado en taquilla? No. De hecho, ha sido su mayor fracaso, habiendo recaudado en todo el mundo cuatro millones de dólares después de una inversión superior a treinta. En definitiva, si pretendía retornar a su época de esplendor por esta vía, se ha equivocado. Más le vale centrarse en lo que quiere y sabe contar que en bucear en obras ajenas. El psicoanalista Carl Jung decía que todos nacemos originales y morimos siendo copias, una afirmación triste pero muy acertada por lo que se refiere al máximo responsable de “Oldboy”.
La historia es, obviamente, muy similar al original: un ejecutivo en crisis que es secuestrado y retenido durante veinte años sin llegar a conocer la identidad ni los motivos de su secuestrador. Cuando es liberado, su única obsesión se centra en descubrir a ese individuo que le ha sometido a un castigo tan cruel y saber su porqué. Pero, pese a estar nuevamente en libertad, descubre que sigue siendo víctima de una conspiración.
Forman parte del equipo artístico algunos actores conocidos, como Josh Brolin o Samuel L. Jackson, que cumplen con su labor pero son incapaces de sacar a flote este proyecto por sí solos.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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2
22 de marzo de 2013
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
A los numerosos sectores que están padeciendo la archimencionada crisis (desde la política a las finanzas, desde la ética al trabajo) hay que añadir también el de la cultura y el arte. En mi opinión, por lo que se refiere al cine, el género que atraviesa peor momento es la comedia americana y no porque la industria cinematográfica atraviese dificultades económicas. Antes al contrario, las cifras que recaudan las productoras norteamericanas aumentan año tras año y en los últimos cuatro han batido todos los records de ingresos, habiendo alcanzado su cota más alta en 2012. Se trata, pues, de una crisis de creatividad. El estreno en España de “Por la cara” ha venido precedido por la publicidad de haber logrado el número uno de la taquilla norteamericana durante dos semanas no consecutivas y de haber ingresado en dicho mercado más de ciento veinticinco millones de dólares, cuando su coste apenas ha superad. Se la ha calificado como “la comedia del año”, afirmación claramente discutible aunque solo sea por expresarla sin esperar siquiera a que concluya el mes de marzo.
Pero su innegable éxito económico no puede esconder su condición de producto mediocre que naufraga como película en general y como comedia en particular. Ni entretiene, ni interesa ni divierte. Bien es cierto que existen diversos tipos de humor y que lo que provoca la risa en algunas personas no lo hace en otras. Pero me cuesta creer que las escenas que he tenido que soportar arranquen la más mínima sonrisa espontánea y sincera. Esa comicidad sustentada sobre un personaje obeso y caricaturizado hasta el extremo para provocar la repulsión o sobre dos personajes antagónicos que se pelean tirándose de los pelos conduce a un resultado final demasiado vulgar.
En realidad, se basa en el error de que la mera concatenación de secuencias humorísticas da lugar a un buen largometraje pero, obviamente, no es lo mismo presenciar un “gag” o un “sketch” durante un par de minutos que alargar su duración casi dos horas o que construir sobre él una historia digna de ser contada. Pero es que esta cinta tampoco funcionaría viendo sus secuencias por separado por la sencilla razón de que no tiene gracia. Y eso es lo peor que se puede decir de una comedia.
Su realizador, Seth Gordon, ya había estrenado con anterioridad “Como en casa en ningún sitio” otra fallida muestra del género, esta vez de temática navideña y protagonizada por Reese Witherspoon y Vince Vaughn y “Cómo acabar con tu jefe”, algo más acertada y con Jason Bateman, Kevin Spacey y Jennifer Aniston al frente del reparto. Sin embargo, con “Por la cara” se da la cada vez más habitual paradoja de que la peor obra logra el mejor resultado en taquilla, circunstancia perfectamente explicable si la asimilamos a las mayores audiencias de los realities televisivos más casposos o de determinados programas cuya calidad artística es más que discutible. Semejante pandemia se está adueñando del Séptimo Arte, pintando de negro su futuro.
Poco se puede decir de los actores que integran el elenco. Las mejores interpretaciones de Jason Bateman siempre han derivado de papeles secundarios con los que ha pasado desapercibido (“Up in the Air” -esa sí que es una genial y brillante comedia-, “Juno”, “La sombra del reino”), lo que ya de por sí resulta bastante significativo. En cuanto a Melissa McCarthy, ni siquiera eso.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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