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España España · Santa Cruz de Tenerife
Críticas de gerardops
Ordenadas por:
294 críticas
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3
17 de enero de 2014
66 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sé que voy a contracorriente pero, a pesar de sus numerosos premios, reconocimientos y nominaciones, “El Lobo de Wall Street” me ha desilusionado. Considero que es una película menor y, hasta cierto punto, mediocre. Puedo entender que, para recrear la vida de un corredor de bolsa sin escrúpulos en Wall Street (lo segundo es, por lo visto, condición indispensable para lo primero), sea preciso dedicar una parte del metraje a la plasmación del despilfarro, del lujo sin medida, de la lujuria, del desenfreno y de otras inmoralidades e ilegalidades que llevan aparejada la codicia sin control ni límites. Pero tres horas de proyección cuyo único común denominador sea tal avalancha de impudicia, dispendio y ostentación revela un desinterés manifiesto por abordar la historia con rigor y una preferencia por dejarse llevar por el estilo más obsceno de la comedia adolescente y descerebrada. Personalmente, estaba saturado antes de la primera media hora de semejante festival de Barbies operadas, Ferraris y yates espectaculares, y pastillas y polvos esnifados. Y a los noventa minutos, ya no daba crédito a que Martin Scorsese firmase el largometraje.
Porque, por mucho que quiera vender que se trata de una parodia de ese universo financiero, responsable en gran medida de una de las peores crisis económicas mundiales, la triste realidad es que roza más la apología de ese estilo de vida. De hecho, son pocas las diferencias entre varias de sus escenas y los últimos videoclips de Miley Cyrus, productos vacíos, artificiales y prefabricados que pretenden divertir y excitar pero que, al menos en mi caso, fracasan en el intento. Les invito a comparar las imágenes de la otrora angelical chica Disney lamiendo herramientas de construcción y contorneándose sobre una gigantesca bola de demolición con la escena en la que el protagonista gesticula obscenamente mientras engaña por teléfono a un pardillo para que invierta miles de dólares en Bolsa. Tan solo faltaba de fondo la decadente música de Pitbull para que la horterada lo inundase todo. Y así, casi tres horas.
El film está basado en el libro de memorias de Jordan Belfort, donde narra su evolución personal desde el tan manido sueño americano hasta la codicia financiera más salvaje. Es una idea que se puede abordar de muchas maneras. Por ejemplo, hace tres años se estrenó la recomendable “Margin Call”, nominada al Oscar al mejor guion y, un cuarto de siglo atrás, Oliver Stone trasladó su visión a la gran pantalla en “Wall Street”. Cualquiera de estos dos títulos supera con creces a esta concatenación de secuencias sobre la chulería y la prepotencia de un grupo de tiburones de las finanzas carentes de escrúpulos.
No obstante, pese a terminar harto de su personaje, reconozco la buena labor interpretativa de Leonardo DiCaprio y centro los fallos en el guion y en la dirección. El actor se limita a obedecer con solvencia las órdenes de Scorsese. Le acompañan numerosos rostros conocidos, como Matthew McConaughey, Jean Dujardin o los directores Rob Reiner y Jon Favreau – a cargo de pequeños papeles-. Todos ellos contribuyen a personificar la juerga desenfrenada que ha ideado el realizador italonorteamericano.
Este indiscutible referente del Séptimo Arte ya trabaja en sus dos próximos proyectos: “Silence”, con Andrew Garfield y Ken Watanabe y “Sinatra”, biopic del célebre actor y cantante. Ambos largometrajes tienen previsto su estreno en 2015. Confío en que con ellos recupere su rigor profesional y un estilo personal cuya calidad y brillantez ha demostrado sobradamente en tantas ocasiones.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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8
27 de julio de 2018
39 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tengo que reconocer que, en esta ocasión, mis predicciones han fallado estrepitosamente. Narcotizado por completo por la peligrosa y autodestructiva corriente de las secuelas interminables que invaden la industria cinematográfica americana, comencé el visionado de la sexta entrega de “Misión imposible” imbuido de un pesimismo desbordante. Presagiaba la enésima reiteración de tópicos y una nueva rendición de la creatividad frente a una concatenación de secuencias grandilocuentes alejadas años luz de la más mínima credibilidad. Sin embargo, confieso que me ha sorprendido gratamente. Me atrevo incluso a afirmar que se trata la mejor de las seis películas estrenadas hasta la fecha y, muy posiblemente, ante el largometraje de acción del verano. Una conclusión inimaginable para mí cuando, desde hace ya varios meses, repasaba el listado de estrenos estivales.
La saga ya había llegado a las salas de proyección a través de cinco títulos dirigidos por cinco directores distintos. El primero, bueno, a cargo de un efectivo y clásico Brian de Palma. El segundo, claramente el peor, firmado por un descontrolado y desnortado John Woo. El tercero, revitalizando y enderezando el camino, de la mano del enérgico y visionario J.J. Abrams. El cuarto, algo desubicado, con Brad Bird tras la cámara asumiendo el reto de su primera obra no animada. Y el quinto, pretendiendo de nuevo reorientar el serial en la dirección correcta, de un potente y complejo Christopher McQuarrie que no logró alcanzar plenamente su objetivo. El conjunto ofrecía aportaciones interesantes, si bien dentro de una trayectoria irregular.
En este sexto proyecto uno de los cineastas repite detrás tras la cámara. McQuarrie, ganador del Oscar al mejor guion original por la turbadora “Sospechosos habituales”, filma su cuarta cinta como realizador y completa, sin duda, su mejor trabajo. “Misión: Imposible – Fallout” es emocionante, espectacular y con un ritmo constante. Como filme de acción, responde a las expectativas, aunque no se puede negar que las escenas están cosidas con cierta precipitación y el protagonismo de los personajes resulta escaso. No obstante, tales carencias se suplen con creces con una acertada plasmación visual y con un inesperado acierto en las dosis de aventura y tensión. Más de lo que pudiera parecer evidente a simple vista, en numerosos planos se aprecia la mano precisa de un director preocupado por los detalles. Así, el resultado se traduce en una claro ascenso del nivel de calidad de una franquicia que auguraba seguir tambaleándose sobre un alambre. Personalmente, yo no comenzaría a preparar la séptima aventura a tenor de las alabanzas recibidas, ya que bingos de este calibre no se suelen cantar a menudo y, menos aún, de forma consecutiva.
Su estrella indiscutible es Tom Cruise, sobre el que ya he manifestado en otras críticas cinematográficas mi confusión en cuanto a su perfil interpretativo. Inició su carrera artística compaginando papeles centrados en su atractivo físico y en películas de mero entretenimiento (“Top Gun”, “Días de trueno”) con actuaciones más exigentes en otros proyectos de complejidad superior (“Rain Man”, “Nacido el cuatro de julio”). Sus innegables éxitos de taquilla parecían ir asociados a una reconocible calidad (“La tapadera”, “Algunos hombres buenos”, Minority Report”). Trabajaba con directores emblemáticos que le brindaban sus trabajos más arriesgados, como Stanley Kubrick con “Eyes Wide Shut” o Paul Thomas Anderson con “Magnolia”. Pero, de repente, esa deriva cesó para dar paso a una única modalidad de propuestas donde Cruise se empecina en reiterar su prototipo de héroe intrépido e invencible, cerrando aparentemente las puertas a la posibilidad de valorar otras opciones. Una auténtica lástima. Le acompañan en el reparto Henry Cavill (el último Superman), Ving Rhames (un veterano de la saga), Angela Bassett (“Días extraños”, “Tina”) y Michelle Monaghan (“Adiós pequeña, adiós”, “La boda de mi novia”).
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@gerardo_perez_s
gerardops
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3
1 de mayo de 2013
29 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mientras veía “La gran boda” no pude evitar que mi mente asociase a la mayoría de sus actores con otros personajes interpretados en comedias de antaño por ellos mismos y con idéntica fortuna. Es decir, ninguna. Para dar vida al sacerdote, Robin Williams se habrá basado en su desesperante recreación del religioso de la insoportable “Hasta que el cura nos separe”, cinta en la que demuestra que, sin un director capaz de frenar unos impulsos más propios de Jim Carrey, termina por convertirse en una mala caricatura. A su vez, Robert de Niro debió pensar que, dejándose barba, evitaría ser comparado con otro progenitor como el de “Los padre de él”, “Los padres de ella” o “Ahora los padres son ellos”. Pese a ser uno de los mejores actores de la historia del cine, no descubro nada nuevo al afirmar con rotundidad que el género cómico no es precisamente su especialidad. Por lo que se refiere a Diane Keaton, le han obligado a repetir diez años después “Cuando menos te lo esperas”, mientras que Susan Sarandon, que hasta ahora no había caído en la tentación de hacer el ridículo en filmes pseudo humorísticos y no tenía pasado del que echar mano, se deja arrastrar por la decadencia de este elenco de primeras figuras de Hollywood que, rozando la setentena, han optado por llenar de borrones sus cuasi impolutas filmografías. Sus jóvenes compañeros de reparto están bastante mejor, sin duda porque, al no contar con el glorioso pasado de sus colegas, tampoco se exponen a unas comparaciones tan odiosas.
Se trata de un título plagado de buenas intenciones, pero también de tópicos, reiteraciones, copias, plagios y referencias a otros que en su momento ya exprimieron una fruta a la que no le queda apenas jugo. Narra la historia de un matrimonio maduro que ha fracasado por la infidelidad y posterior enlace del esposo con la mejor amiga de su mujer. Ante el inminente enlace de su hijo adoptado, tratarán de hacer creer a su madre biológica -que acudirá a la ceremonia y que mantiene unas profundas creencias religiosas- que continúan felizmente casados. Partiendo de estas premisas, el realizador y guionista Justin Zackham intenta componer situaciones graciosas, hilarantes, irónicas que fracasan en su mayor parte. Además, la sensación de falta de originalidad y de creatividad es patente. Estamos nuevamente ante el enésimo ejemplo de copia disfrazada, unida a la mediocridad de unos gags que pretenden sin éxito concatenar unos fotogramas con otros.
En resumen, la comedia americana persiste en su particular camino hacia la autodestrucción y, aun con el precipicio delante, acelera. De eso sabe mucho Susan Sarandon desde que participó en “Thelma & Louise”. Y eso que, aunque la mítica película que rodó Ridley Scott de 1991 no era una comedia, contaba con algunas escenas que consiguieron arrancarme la risa y también el aplauso. Claro que estoy hablando de otra clase de cine, otra categoría, otro nivel.
Entre los integrantes más jóvenes del reparto se salva la actriz Katherine Heigl, una habitual de la comedia que, aunque a veces participa en largometrajes regulares, completa su trayectoria profesional con otros más dignos como “27 vestidos”. Le acompaña la cada vez más popular Amanda Seyfried (“Mamma Mía, Los Miserables). En definitiva, un reparto de primera fila desaprovechado por culpa de un pobre guión que refleja una buena idea mal desarrollada.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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3
9 de marzo de 2018
24 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
La factoría “Disney” está perdiendo esas señas de identidad que durante décadas le hicieron mundialmente popular. Al haber ampliado desde hace años su oferta a otros géneros más diversos, ha sobrepasado su vinculación al cine infantil y de animación. En la actualidad abarca estrenos de ciencia ficción, aventuras y acción, y los pequeños de la casa han dejado de ser su público principal. Ha adquirido la saga de “Star Wars”, ha entrado de lleno en el mundo del cómic y se ha asociado con productores como Jerry Bruckheimer, un peso pesado en la puesta en marcha de megaproyectos trepidantes y superproducciones desnortadas en lo que al ritmo narrativo se refiere. Todo parece indicar que el periodo de la infancia es cada vez más breve y que los niños dan el paso a la adolescencia prematuramente.
Y lo cierto es que los responsables de Disney parecen querer adaptarse a estos nuevos tiempos en los que la inocencia y la ingenuidad de la niñez ya no son lo que eran. Tal vez por ello, cuando la célebre productora ha vuelto a apostar de repente por una película netamente infantil, con su magia y su fantasía, con sus brujas y sus hadas, y con una notable carga de buenas intenciones, transmite la sensación de sentirse desubicada y deja al descubierto una de serie carencias a la hora de regresar a su especialidad de antaño. Resulta difícil saber qué fue primero, si el huevo o la gallina. Quizá sean los propios espectadores quienes hayan cambiado de mentalidad. O, por el contrario, sean los directores y productores los que ya no sean capaces de captar la esencia de esa cinematografía creada para las edades más tempranas. O, simplemente, sea que yo esté envejeciendo y no tolere como antaño decorados prefabricados ni hechiceras voladoras dentro de universos imaginarios. Sea como fuere, la visión de “Un pliegue en el tiempo” me parece desafortunada, artificial, carente de gracia y ausente de sentido.
Prefiero pensar que no soy yo, ya que me siguen fascinando algunas recreaciones pertenecientes al mundo infantil, como Peter Pan, conservo cierta propensión a la fantasía y reviso periódicamente algunos títulos como “La princesa prometida” o “Pesadilla antes de Navidad”. Por lo tanto, el problema de “Un pliegue en el tiempo” debe radicar en que sus artífices no han sabido contar una historia apta para todos, aunque con un marcado acento infantil.
Cuenta la historia de un científico que desaparece de forma misteriosa mientras trabaja en un enigmático experimento. Su hija decide ir en su busca y para ello viaja con su hermano pequeño y un amigo a través del tiempo y del espacio. En su aventura, los jóvenes contarán con la ayuda de tres damas mágicas: la filosófica “Señora Quién”, la inquisitiva “Señora Qué” y la líder de todas ellas, la “Señora Cuál”.
Con una estética mejorable, un ritmo cuestionable y una inadecuada dirección de actores, el visionado chirría casi en cada escena. Se trata de un producto alejado de este tiempo, con unas interpretaciones excesivamente teatrales y una narración forzada. La permanente sensación de que todo es postizo y fingido lastra irremediablemente un proyecto que, probablemente, gozó de muy buenas intenciones cuando comenzó a elaborarse.
La protagonista es la niña Storm Reid, vista en “12 años de esclavitud”, a quien acompañan dando vida al trío de señoras Oprah Winfrey, Reese Witherspoon y Mindy Kaling. También forman parte del elenco Chris Pine (“Star Treck”) y Michael Peña (“Crash”). Unas y otros se ven afectados negativamente por la falta de acierto al plasmar las imágenes y al contar cinematográficamente la trama.
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@gerardo_perez_s
gerardops
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3
24 de enero de 2014
19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay directores de cine que, tras un prometedor e ilusionante comienzo profesional, terminan por vagar desorientados en mundo artístico demasiado condicionado por los resultados de taquilla. Sin ir más lejos, la próxima semana se estrena la última aventura del agente de la CIA Jack Ryan a cargo del otrora cineasta shakesperiano por excelencia Kenneth Branagh quien, tras varios fracasos y algunos años en el dique seco, decidió reconvertirse en realizador de cintas de acción, probando fortuna con la primera entrega de la saga “Thor”. Y si lo que buscaba era reivindicarse a través del éxito en la recaudación, ciertamente lo logró, aunque a cambio decidió olvidarse de sus verdaderas esencias artísticas para limitarse a ser otra pieza más en el entramado de rodar largometrajes como churros, cual operario en una cadena de montaje. Se perdió un realizador.
Esta semana es Spike Lee el que, habiendo también atravesado durante años el desierto del olvido, ha tratado de recuperar su lugar rodando “remakes” de algunas famosas cintas orientales. Su nombre, por lo tanto, pasa también a engrosar la lista de artistas aquejados por la falta de creatividad y engullidos por la salvaje industria cinematográfica. Ya no es ni sombra de lo que fue. Lee ha estado nominado al Oscar en dos ocasiones. La primera fue gracias a “Haz lo que debas”, film de finales de los ochenta, al que le sucedieron un puñado de trabajos interesantes como “Fiebre salvaje”, “Malcolm X”, “La marcha del millón de hombre”, “La última noche” e incluso “Plan oculto” que, si bien se desmarcaba notablemente de sus producciones anteriores, era digna de ver. Se trataba de un cine reivindicativo, original, con un toque muy personal, que funcionaba en los festivales especializados y que contaba con un público fiel. Sin embargo, cuando su trayectoria parecía consolidarse, se embarcó en documentales para la televisión y su estrella comenzó a apagarse inexplicablemente.
Ahora presenta “Oldboy”, revisión del largometraje del mismo nombre dirigido por el coreano Park Chan-wook en 2003 que forma parte de una denominada “trilogía de la venganza”. Considerada una pequeña joya de culto para los aficionados a la cinematografía oriental violenta, obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, además de otros galardones en certámenes más minoritarios.
¿Mejora en algo Spike Lee el film de Park Chan-wook? No. ¿Aporta algo novedoso o interesante? No. ¿Era necesaria esta nueva versión? No. ¿Ha funcionado en taquilla? No. De hecho, ha sido su mayor fracaso, habiendo recaudado en todo el mundo cuatro millones de dólares después de una inversión superior a treinta. En definitiva, si pretendía retornar a su época de esplendor por esta vía, se ha equivocado. Más le vale centrarse en lo que quiere y sabe contar que en bucear en obras ajenas. El psicoanalista Carl Jung decía que todos nacemos originales y morimos siendo copias, una afirmación triste pero muy acertada por lo que se refiere al máximo responsable de “Oldboy”.
La historia es, obviamente, muy similar al original: un ejecutivo en crisis que es secuestrado y retenido durante veinte años sin llegar a conocer la identidad ni los motivos de su secuestrador. Cuando es liberado, su única obsesión se centra en descubrir a ese individuo que le ha sometido a un castigo tan cruel y saber su porqué. Pero, pese a estar nuevamente en libertad, descubre que sigue siendo víctima de una conspiración.
Forman parte del equipo artístico algunos actores conocidos, como Josh Brolin o Samuel L. Jackson, que cumplen con su labor pero son incapaces de sacar a flote este proyecto por sí solos.
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@gerardo_perez_s
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