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Argentina Argentina · Buenos Aires
Críticas de Charly Barny
Ordenadas por:
85 críticas
1 2 3 4 5 10 17 >>
5
10 de agosto de 2018
9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
No conocía el cine de Ortega más allá de algún episodio aislado que vi por televisión de Historia de un Clan y de El Marginal. Había visto en él capacidad narrativa, una mirada atractiva sobre lo social que excedía el marco televisivo para generar un auténtico interés sobre sus propuestas, con un despliegue de producción y un interés por los espacios abiertos que pocas veces se habían visto en nuestras series.
En El Angel, Ortega recurre a la historia criminal de nuestro país. Se inspira en la carrera delictiva de Carlos Robledo Puch, un joven de 18 años que conmocionó la sociedad argentina a principios de la década del 70 con una serie de robos y asesinatos que terminaron irremediablemente llevándolo a la cárcel con una condena de reclusión perpetua, desarrollándola en forma libre sin atenerse demasiado a los hechos históricos, tratando de crear una versión propia de la personalidad del delincuente.
No obstante ello, el personaje principal nunca alcanza carnadura propia. La mirada de Ortega sobre Robledo Puch (encarnado por Lorenzo Ferro) hace recordar a otra mirada, la que Visconti echaba sobre Dirk Bogarde en Muerte en Venecia cuando éste, sentado en una reposera de playa, se dedicaba a contemplar la belleza de Tadzio (Björn Andresen) en un film que justamente reflexionaba sobre perdida de la juventud y la llegada de la vejez. En este caso, la adolescencia que da paso a la adultez.
Muy poco que ver tiene esta visión con la recreación de la carrera delictiva de un joven asesino, absolutamente inmoral, incapaz de valorar una vida, y dar rienda suelta a un instinto asesino más propio de un animal que de un ser humano. Ortega lo sigue y lo contempla tratando de encontrar en él rasgos de una humanidad de los cuales carece. En esa mirada contemplativa, el film va perdiendo todo su interés dado que la historia está basada en hechos reales y por lo tanto conocida por una gran parte del público potencial.
Lorenzo Ferro no logra dar carnadura al personaje principal. Su actuación es poner la cara, transitar algunos pasos de baile, y mostrar su frialdad en cada asesinato. El resto de su actuación carece de rasgos humanos. Su personaje es plano. Si bien estamos ante la historia de un asesino frio y sanguinario, también es la historia de un adolescente descubriendo la vida y sobre todo la sexualidad. La importancia que a estos acontecimientos le otorga el director es mínima. De la misma manera pinta la relación con sus padres, dos seres que parecen pintados dentro de una casa incapaces siquiera de intuir las tendencias y correrías criminales de su hijo. Las relaciones familiares parecieran ser nulas e intrascendentes.
La pintura de época que presenta es otro punto débil de film. Ortega elude todo compromiso político y social en medio de una época que justamente se caracterizó por su violencia. Los hechos policiales que tuvieron como protagonista a Robledo Puch sucedieron durante todo 1971 y terminaron el 4 de febrero de 1972 con su detención, prácticamente 6 meses después del asesinato del General Aramburu que puede ser tomado como el punto de partido de una represión política social sin precedentes en Argentina.
La banda sonora, sin música de carácter incidental, esta paradójicamente poblada de hits de la época en versiones posteriores poco conocidas. La cantidad de temas incluidos, salvo La Balada del Angel por Astor Piazzola, no juega un papel fundamental en la recreación de la atmosfera del film.
Cuesta entender la motivación de Ortega de realizar un film sobre una persona real transformándola en un personaje absolutamente desenganchado de la realidad política social del país. La pintura del personaje principal es absolutamente exterior. Una personalidad simplemente criminal. No existe posibilidad alguna de relacionar a ese personaje como un símbolo de la crueldad porque esas características nunca aparecen de manera consientes en el film. Ortega sigue a su personaje en su carrera criminal fuera de todo contexto salvo en la escena donde los criminales son detenidos por la policía por manejar sin documentos pero que el director recrea como una travesura más de dos muchachos jóvenes atolondrados en la plenitud de su juventud. De ninguna manera la escena trasciende el peligro de la detención en consideración del momento político que se vivía en el cual la sospecha comenzaba a estar a la orden del día.
El film de Ortega me decepcionó. La pintura de la época solo está sugerida por la banda sonora a través de los innumerables hits que acompañan a las imágenes. La dictadura de aquella época y el comienzo de los movimientos subversivos son ignorados. El personaje principal deambula por la película generando una violencia que nunca se acaba de entender si proviene de una mente enferma, de un desinterés por la vida, o si es un icono de una sociedad enferma cuyos únicos referentes son los propios padres de los protagonistas.
Charly Barny
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7
26 de mayo de 2018
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con una importante experiencia adquirida en el exterior, la dupla Bo/Giacobone demuestra en Animal sus habilidades de escritura. El guión de Animal es sólido, coherente, y por lo tanto, creíble. Nunca cae en puntos muertos y la continuidad de las escenas transcurre con espontaneidad.
El protagonista, Antonio Decoud disfruta de todas las comodidades de un típico burgués de clase media. Es un hombre que lo tiene todo y de la noche a la mañana se encuentra al borde del abismo. En él aparece un espíritu de sobrevivencia que lo lleva a transformarse en el animal que menciona el título. Al ver que la lista de donantes no avanza, decide comprar un riñón por su cuenta. Lo cierto es que en él se produce una metamorfosis. En la lucha que entabla aparece lo peor de un ser humano, un proceso de corrupción que lo lleva a ponerle un precio a la vida. Lo notable del caso es que el pordiosero que le ofrece su riñón es tan especulativo como él. Si bien la puesta en precio de un riñón puede verse como una consecuencia de la lucha de clases, también es cierto que podría decirse que todo tiene su precio más allá de cualquier tipo de desintegración social. Hay aquí cierta decepción simplemente por el ser humano.
Esta historia de lucha por la vida también puede ser vista como una gran metáfora de nuestro país. El edificio tomado donde vive el pordiosero que está dispuesto a vender su riñón es el famoso Chateau de Fontenac, un palacete construido hace 110 años y que fue una obra arquitectónica que caracterizó a Mar del Plata a principios del siglo pasado cuando la ciudad se transformaba en el balneario predilecto de las clases altas de la sociedad. Otrora vivienda de una de las familias más pudientes de la Argentina, hoy ha devenido en albergue clandestino de linyeras. Un signo inequívoco no solo del deterioro del inmueble sino de la descomposición social que ha sufrido la ciudad, que lamentablemente se hace extensivo al resto del país. Bo no solo utiliza un símbolo de la ciudad para marcar los signos de la decadencia sino también que aprovecha la ciudad y su costanera para llenar la pantalla de tonos grises. Mar del Plata deja de ser la ciudad de turismo veraniega para convertirse en la ciudad de Antonio, una ciudad tan fría y solitaria como las tonalidades de la bruma del mar, de las olas que rompen contra las piedras del Cabo Corrientes, el asfalto de las calles desiertas, y ese viento húmedo de la costa que se cuela en el alma.
Metáfora sobre un hombre enfermo que vive en un país enfermo donde toda se mercantiliza, Antonio está dispuesto a comprar vida mientras haya alguien dispuesto a vender un riñón. Y como bien lo dice el tango, todo se ha transformado en un despliegue de maldad insolente, da lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Antonio no se conforma con esperar su turno en la lista. Sale por su cuenta a buscarse un riñón. En esa actitud del personaje hay un abandono total de valores. Una falta de ética que señala que está dispuesto a todo. Pero del otro lado, encontrará a su par. Un pobre tipo que está dispuesto a vender un riñón.
En este camino hacia el infierno todo parece inducir que cada cosa y cada hombre tienen su precio. Pero un precio también reconoce un costo. Estamos ante la primacía del egoísmo. No importa cuánto uno sacrifica sino el resultado que se obtiene. Una sociedad que ya no se maneja por preceptos morales sino por objetivos. Como si no viviéramos en una sociedad sino en una empresa, la exaltación suprema del esfuerzo individual. Sin ética, sin valores. Sin importar el otro. Un país lleno de contradicciones cuyos habitantes quieren tener un Estado poderoso y protector pero a la vez viven evadiendo impuestos, trabajando en negro y eludiendo las reglas más elementales de convivencia. Un lugar todo se aplica a conveniencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charly Barny
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8
26 de febrero de 2018
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hacía mucho tiempo que no se estrenaba comercialmente una película de Claire Denis en Argentina. Se vió Una Mujer en África en el Festival de Mar del Plata en 2014 (se repitió en el BAFICI 2015), donde contamos con su presencia y disfrutamos de una Master Class donde se explayó con gran simpatía sobre su presente, su cine y su manera de hacerlo. Pero fuera de los festivales, debemos remitirnos muchos años atrás, concretamente a fines de los 90, para encontrarnos con el estreno de aquella notable obra que fue Bella Tarea.
Afortunadamente, este bello sol interior protagonizado por Juliette Binoche, llegó a las salas porteñas con puntualidad. Y qué podemos decir? Juliette se apodera de la película.
Inmenso retrato de una mujer de unos 50 años, magníficamente interpretada por la Binoche, una actriz extraordinaria, sensible y sensual que centraliza mágicamente el relato a través del cual pasaran cuatro hombres con los que intenta generar una relación estable.
El film no solo describe la vida y los sentimientos de una mujer que en su madurez aún se siente joven sino que va más allá y aborda la precariedad de las relaciones en el mundo moderno. Isabelle es una pintora separada de su marido con el que alterna la tenencia de su hija de 10 años. Ciertamente, Isabelle no es una mujer sola. Vive rodeada de amigos y pretendientes. Pero su soledad es inmensa. La incapacidad de generar una relación duradera, incluso de compañerismo con alguno de los hombres que llegan a su lado se hace absolutamente imposible.
Claire Denis enfoca este tema con madurez y crudeza. Las relaciones que plantea son circunstanciales. Hay en todas ellas una explicito interés por la sexualidad antes que el amor, la compañía o incluso la amistad. Observa con crudeza un mundo que pareciera estar regido por lo sexual, y que por otra parte, la falta de satisfacción y desarrollo de relaciones más estables, daría lugar a una precariedad e inestabilidad de las relaciones humanas que estaría condicionando al mundo a vivir en soledad. No es casual el incremento en la cantidad de divorcios ni la precariedad que muestra la pareja moderna. Ello deja ver cambios sociales importantes donde, en síntesis, el materialismo de una época se impone sobre la espiritualidad.
Cinematográficamente, Denis aprovecha el talento de la actriz y prácticamente nos cuenta su derrotero en extraordinarios primeros planos que solo una gran actriz como la Binoche puede soportar. Es remarcable también la escena que transcurre en un boliche nocturno donde conoce a alguien con quien baila. En la banda de sonido suena Etta James con su inolvidable versión de At Last. Es un momento donde Isabelle parece disfrutar del baile en un momento de profunda comunión con su circunstancial pareja. Posiblemente, sea el momento de mayor espiritualidad de todo el film.
El final depara una sorpresa. Aparece Gerard Depardieu haciendo de un vidente. Isabelle pasa revista a todas sus relaciones. El vidente la atiende con la solemnidad de una psicoanalista. En ese momento de extraordinaria franqueza e intimidad, Isabelle parece tomar conciencia del paso del tiempo y comprender, que solo el tiempo es capaz de curar heridas, otorgar experiencia, y enseñar a esperar.
Charly Barny
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7
6 de abril de 2018
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No conocía el cine de Carpignano, un joven director neoyorkino de origen italiano, cuyo segundo film, La Ciambra, se estrenó en Buenos aires. Su primera película, Mediterránea, permanece aún sin estrenar.
El film es una historia sobre una familia de gitanos que trascurre en La Ciambra, un villa miseria en Sicilia, en el sur de Italia, en medio de un lugar que no solo es reconocible por sus hermosos paisajes, y la mafia sino también porque es puerta de entrada de las corrientes inmigratorias provenientes de Medio Oriente y el norte de África dando lugar al asentamiento clandestino de miles de personas en estado de precariedad económica y habitacional.
No obstante ello, no estamos ante un film coral sino ante una historia de crecimiento personal, la de Pío, un adolescente que debe crecer, hacerse un hombre como consecuencia que tanto su padre como su hermano son llevados presos por la policía, dado que son agarrados infraganti en un robo de autos. Cabe agregar que la mayoría de los gitanos pobres que viven en la zona se dedica al robo de autos para revender las autopartes.
El film es también una historia de encierro, la de un joven que no puede escapar a su destino. La de alguien que sabe que tiene que ayudar a su familia y dada su juventud, es incapaz de salir de su encierro familiar.
Y es también una historia sobre la amistad y la traición, de la incapacidad de sostener una amistad, de recibir ayuda y principios de vida que nunca podrá llevar a la práctica porque vive encerrado en una familia en la cual se deben respetar costumbres ancestrales. Es también la descripción de un pequeño mundo donde las mujeres solo existen para atender la casa y al hombre, y los hombres para ganar el pan nuestro de cada día, cualquiera sea su forma.
Carpignano recrea esta pequeña historia y la hace grande siguiendo el devenir de Pío, a quien sigue con su cámara con disciplina y la rigidez necesaria como para describir a un adolescente que no solo vive las cuestiones propias de su edad sino también se ve necesitado a crecer de golpe.
Contada con cámara en mano con un registro de tipo documental, Carpignano va sumando anécdota tras anécdota personal y familiar para poder armar un momento en la vida, la adolescencia, de un personaje real víctima de los mandamientos familiares.
Los resultados son más que positivos. Si bien La Ciambra es un film lento en su principio, se va afianzando en la medida que su personaje principal va cobrando cuerpo y entidad dramática, a la vez que va concentrando sobre si la mayor parte de la anécdota que se desarrolla . Si bien el objetivo inicial de Carpignano pareciera ser la pintura de toda una comunidad, con dedicada paciencia narrativa va quedando delineado su personaje principal, el cual va asumiendo un protagonismo absoluto a partir del cual su película se transforma en un documento notable sobre la inmigración descontrolada, la falta de oportunidades, la falta de adaptación a las nuevas costumbres y la inevitable marginalidad a la que son condenados millones de refugiados que solo aspiran a tener una vida mejor.
Charly Barny
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7
19 de agosto de 2018
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gastón Duprat y Jorge Cohn son artífices de una filmografía muy particular. Con una experiencia importante en televisión y el documental, y después de 10 años del debut cinematográfico con El Artista, han generado, en forma independiente, un universo personal, un conjunto de películas que tangencialmente aluden al hecho de la creación artística y literaria construyendo una obra cinematográfica rigurosa y lúcida con un tema dominante que conduce al análisis del ser nacional.
Ellos mismos definen su cine como “comedias incómodas”, un cine hibrido caracterizado por un raro equilibrio cuyos personajes son capaces de conseguir por un lado la sonrisa del espectador y por otro, generar una profunda inquietud, incluso, desasosiego, que obliga a la reflexión sobre lo visto.
Mi Obra Maestra no escapa a estos conceptos. Relata la relación entre un pintor exitoso (Brandoni) y su merchant (Francella), en el crucial momento en que la popularidad y el éxito del pintor comienzan su etapa de decadencia, transformando a la película en una lúcida mirada sobre el mundo del arte, el trabajo del artista, el éxito y el fracaso proyectando estos elementos hacia la cuestión del ser.
En un concepto amplio, arte engloba a todas las creaciones realizadas por el ser humano con una finalidad estética. La película induce a pensar en las diferentes etapas de un artista, sus diferentes momentos creativos, la llegada del éxito comercial, el reconocimiento artístico, el fracaso, e incluso, la celebridad después de su muerte.
Aquí aparece una dicotomía difícil de entender entre los que es el arte y el mercado del arte. Esta cuestión que termina por ser el nudo gordiano del film también podría ser vista en la película como una reflexión con tono de cruel parábola sobre el ser nacional. Aquella que confunde el éxito pasajero con la gloria del reconocimiento y que como consecuencia no puede diferenciar el carácter de un simple logro enrolándolo en una categoría que le es impropia. Es esa misma sociedad que también crea falsas idolatrías y modas para después desconocerlas. Es común creernos como argentino los mejores en todos los terrenos, confundiendo el éxito individual con un éxito colectivo que en realidad no es tal. Ejemplo de ello es el futbol. Messi es el mejor jugador del mundo pero el equipo nacional clasifica lejos del campeón. Solemos confundir el éxito a nivel individual con algo muy diferente que es el logro colectivo. El desarrollo de un país depende de esto último, de la suma de voluntades.
Cuando un artista triunfa en el exterior, afirmamos que el arte argentino triunfa en el mundo. Pero también ocurre lo contrario como en El Ciudadano Ilustre, en la cual un escritor argentino que ha hecho la mayor parte de su carrera literaria en Europa es galardonado con el Permio Nobel de Literatura. En esta película, el triunfador es Mariano Mantovani, que cuando regresa a su pueblo es defenestrado y hasta perseguido. Es decir, lejos de la admiración se genera un rechazo que expresa la envidia hacia quien para triunfar o superarse ha tenido que irse.
En esta crítica de ciertos aspectos de la argentinidad que la película no desarrolla pero sugiere, se encuentra una de las claves del cine de Duprat y Cohn. Un cine que logra interesar porque a través de sus personajes nos retrata tal cual somos. Un cine que indirectamente indaga en el ser nacional sin acartonamiento, sin sentencias ni formalidades. Simplemente nos retrata como somos. Con defectos que superan a nuestras virtudes, que claramente no alcanzan para sacarnos del pozo donde estamos como nación.
Comenzando por la gran actuación de Brandoni, siguiendo por la correcta contención de Francella, el buen gusto de la puesta en escena del director y terminando por el equilibrio de un muy buen guion, Duprat y Cohn vuelven a su tema de siempre, el ser nacional, tratado con gran ironía y precisión, destacando aquéllos puntos débiles donde aparecen el doble discurso, la apariencia, el engaño, la envidia, la corrupción, el desapego a la ley que nos caracteriza como una sociedad de chantas al borde del mundo, sociedad que la película recrea con una gran lucidez.
Charly Barny
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