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Argentina Argentina · Buenos Aires
Críticas de Charly Barny
Ordenadas por:
94 críticas
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8
26 de febrero de 2018
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hacía mucho tiempo que no se estrenaba comercialmente una película de Claire Denis en Argentina. Se vió Una Mujer en África en el Festival de Mar del Plata en 2014 (se repitió en el BAFICI 2015), donde contamos con su presencia y disfrutamos de una Master Class donde se explayó con gran simpatía sobre su presente, su cine y su manera de hacerlo. Pero fuera de los festivales, debemos remitirnos muchos años atrás, concretamente a fines de los 90, para encontrarnos con el estreno de aquella notable obra que fue Bella Tarea.
Afortunadamente, este bello sol interior protagonizado por Juliette Binoche, llegó a las salas porteñas con puntualidad. Y qué podemos decir? Juliette se apodera de la película.
Inmenso retrato de una mujer de unos 50 años, magníficamente interpretada por la Binoche, una actriz extraordinaria, sensible y sensual que centraliza mágicamente el relato a través del cual pasaran cuatro hombres con los que intenta generar una relación estable.
El film no solo describe la vida y los sentimientos de una mujer que en su madurez aún se siente joven sino que va más allá y aborda la precariedad de las relaciones en el mundo moderno. Isabelle es una pintora separada de su marido con el que alterna la tenencia de su hija de 10 años. Ciertamente, Isabelle no es una mujer sola. Vive rodeada de amigos y pretendientes. Pero su soledad es inmensa. La incapacidad de generar una relación duradera, incluso de compañerismo con alguno de los hombres que llegan a su lado se hace absolutamente imposible.
Claire Denis enfoca este tema con madurez y crudeza. Las relaciones que plantea son circunstanciales. Hay en todas ellas una explicito interés por la sexualidad antes que el amor, la compañía o incluso la amistad. Observa con crudeza un mundo que pareciera estar regido por lo sexual, y que por otra parte, la falta de satisfacción y desarrollo de relaciones más estables, daría lugar a una precariedad e inestabilidad de las relaciones humanas que estaría condicionando al mundo a vivir en soledad. No es casual el incremento en la cantidad de divorcios ni la precariedad que muestra la pareja moderna. Ello deja ver cambios sociales importantes donde, en síntesis, el materialismo de una época se impone sobre la espiritualidad.
Cinematográficamente, Denis aprovecha el talento de la actriz y prácticamente nos cuenta su derrotero en extraordinarios primeros planos que solo una gran actriz como la Binoche puede soportar. Es remarcable también la escena que transcurre en un boliche nocturno donde conoce a alguien con quien baila. En la banda de sonido suena Etta James con su inolvidable versión de At Last. Es un momento donde Isabelle parece disfrutar del baile en un momento de profunda comunión con su circunstancial pareja. Posiblemente, sea el momento de mayor espiritualidad de todo el film.
El final depara una sorpresa. Aparece Gerard Depardieu haciendo de un vidente. Isabelle pasa revista a todas sus relaciones. El vidente la atiende con la solemnidad de una psicoanalista. En ese momento de extraordinaria franqueza e intimidad, Isabelle parece tomar conciencia del paso del tiempo y comprender, que solo el tiempo es capaz de curar heridas, otorgar experiencia, y enseñar a esperar.
Charly Barny
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7
6 de abril de 2018
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No conocía el cine de Carpignano, un joven director neoyorkino de origen italiano, cuyo segundo film, La Ciambra, se estrenó en Buenos aires. Su primera película, Mediterránea, permanece aún sin estrenar.
El film es una historia sobre una familia de gitanos que trascurre en La Ciambra, un villa miseria en Sicilia, en el sur de Italia, en medio de un lugar que no solo es reconocible por sus hermosos paisajes, y la mafia sino también porque es puerta de entrada de las corrientes inmigratorias provenientes de Medio Oriente y el norte de África dando lugar al asentamiento clandestino de miles de personas en estado de precariedad económica y habitacional.
No obstante ello, no estamos ante un film coral sino ante una historia de crecimiento personal, la de Pío, un adolescente que debe crecer, hacerse un hombre como consecuencia que tanto su padre como su hermano son llevados presos por la policía, dado que son agarrados infraganti en un robo de autos. Cabe agregar que la mayoría de los gitanos pobres que viven en la zona se dedica al robo de autos para revender las autopartes.
El film es también una historia de encierro, la de un joven que no puede escapar a su destino. La de alguien que sabe que tiene que ayudar a su familia y dada su juventud, es incapaz de salir de su encierro familiar.
Y es también una historia sobre la amistad y la traición, de la incapacidad de sostener una amistad, de recibir ayuda y principios de vida que nunca podrá llevar a la práctica porque vive encerrado en una familia en la cual se deben respetar costumbres ancestrales. Es también la descripción de un pequeño mundo donde las mujeres solo existen para atender la casa y al hombre, y los hombres para ganar el pan nuestro de cada día, cualquiera sea su forma.
Carpignano recrea esta pequeña historia y la hace grande siguiendo el devenir de Pío, a quien sigue con su cámara con disciplina y la rigidez necesaria como para describir a un adolescente que no solo vive las cuestiones propias de su edad sino también se ve necesitado a crecer de golpe.
Contada con cámara en mano con un registro de tipo documental, Carpignano va sumando anécdota tras anécdota personal y familiar para poder armar un momento en la vida, la adolescencia, de un personaje real víctima de los mandamientos familiares.
Los resultados son más que positivos. Si bien La Ciambra es un film lento en su principio, se va afianzando en la medida que su personaje principal va cobrando cuerpo y entidad dramática, a la vez que va concentrando sobre si la mayor parte de la anécdota que se desarrolla . Si bien el objetivo inicial de Carpignano pareciera ser la pintura de toda una comunidad, con dedicada paciencia narrativa va quedando delineado su personaje principal, el cual va asumiendo un protagonismo absoluto a partir del cual su película se transforma en un documento notable sobre la inmigración descontrolada, la falta de oportunidades, la falta de adaptación a las nuevas costumbres y la inevitable marginalidad a la que son condenados millones de refugiados que solo aspiran a tener una vida mejor.
Charly Barny
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8
22 de septiembre de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Basada en la novela Amor y Anarquía de Martin Caparros, recrea la vida de Soledad Rosas, una adolescente rebelde de clase media argentina, que después de terminar sus estudios viaja a Europa en busca de experiencias y termina encontrando en Italia a un grupo de jóvenes anarquistas cuya ideas comienzan a dar sentido a su vida. No obstante ello, Soledad se suicida poco tiempo después mientras cumplía una condena domiciliaria acusada injustamente de haber participado en un atentado contra un tren de alta velocidad.
La caída del Muro de Berlín en 1989, marcó un acontecimiento de características mundiales. Tras la primera euforia económica que provocó el hecho, el reordenamiento de las economías del Este comenzó a generar nuevos problemas con costos sociales altos como la reducción de los montos de los seguros de desempleo, la baja de subsidios familiares y la elevación de la edad jubilatoria en varios países.
Soledad viaja a Italia en 1997, 8 años después de la caída del Muro. La Italia que encuentra no fue ajena a estos acontecimientos. Aquel divorcio involuntario que ella padecía con la sociedad argentina, su incomodidad, su incapacidad de entendimiento de la situación social vuelve a replicarse en la Italia pos muro. La falta de vínculos familiares y materiales que sufre al decidir vivir sola, es canalizada a través de la amistad que genera con jóvenes pertenecientes a los movimientos anarquistas que expresan en forma violenta la disconformidad reinante incapaz de ser contenida a través del sistema político italiano.
Es en aquel marco de gran ebullición y violencia cotidiana donde ella canaliza sus inquietudes, abraza los ideales anarquistas y decide pasar a la acción revolucionaria. Su militancia la llevara a cometer hechos criminales. Paseará por cortes judiciales y pagará días de cárcel. Pero la soledad que no solo lleva su nombre terminará volviéndola a aislar de una sociedad que no la entiende ni la acepta y pagará con su vida.
Agustina Macri guiona (junto a Paolo Logli) y dirige esta película cuyo personaje central lo asume una extraordinaria Vera Spinetta. El film es un patchwork de filmaciones caseras, entrevistas a familiares y amigos, y una recreación libre y ficcional de acontecimientos en Argentina e Italia que marcaron la vida de Soledad generando un fresco social muy interesante sobre el desconformismo de una juventud que no encuentra salida como así también una visión desangelada de una mujer joven que no encaja dentro de los moldes convencionales de familia de clase media con un padre trabajador, una madre ama de casa, y dos hijas que han estudiado en un colegio religioso.
Vera Spinetta es otro de los puntos fuertes del film. Su actuación es verdaderamente consagratoria. No solo da con el rol en todos los aspectos sino que lo enriquece, lo saca del libro y de las páginas de los diarios para transformar a Soledad en un ser real, sensible, una persona alienada por una sociedad a la que no interpreta, con la que no coincide, que a su vez, no la contiene, la vuelve violenta a pesar de sí misma, y que termina haciéndola sufrir la injusticia de un crimen del cual no ha participado.
Con lejanos antecedentes de la injusticia, como “Sacco y Vanzetti” con Gian Maria Volonté y Ricardo Cucciola dirigidos por Giuliano Montaldo en 1971, con aquel dolor físico y moral que expresaba Truffaut en su crítica de “Sin Aliento” de Jean Luc Goddard, con aquel disgusto social con el que “Bonnie and Clyde” se volvían ladrones y asesinos encontrando la muerte a los balazos, con aquella determinación con que “If” de Lindsay Anderson realizaba aquella pequeña revolución en las aulas de una vieja institución académica, con ese mismo dolor existencial se expresa este noble film que se encuentra entre lo mejor de la producción argentina estrenada este año.
Charly Barny
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5
17 de septiembre de 2018
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película de Tobal responde a un subgénero dentro del film de suspenso: las películas de juicio. Hay obras maestras en la historia de cine a la que “Acusada” le hace su pequeño homenaje. Si recordamos Testigo de Cargo (1957) de Billy Wilder debemos encontrar uno de los mejores ejemplos. Tampoco debemos olvidar Doce Hombres en Pugna (del mismo año), Matar un Ruiseñor (1962), Será Justicia (1982), Cuestión de Honor (1992), y tantas otras donde el cine americano lleva una delantera absoluta aunque los italianos también se lucieron con Sacco y Vanzetti de Giuliano Montaldo, los iraníes con La Separación de Ashgar Farhadi, los israelíes con El Divorcio de Viviane Ansalem y recientemente los franceses con Custodia Compartida de Xavier Legrand.
El mayor logro de Tobal es hacer una película entretenida. No es un mérito menor. El film se deja ver de principio hasta final aunque claramente se sospecha cual va a ser el veredicto del tribunal desde el inicio mismo de la película. Hay un argumento bien trabajado desde la cuestión del género. Un episodio confuso durante el cual muere una joven en una fiesta casera donde abundan el alcohol y las drogas que forma parte esencial del misterio del relato. Pero la cuestión es que la muerte no es ni accidental ni natural. La joven dueña de casa muere asesinada a cuchilladas. Lo cual transforma a la película en un clásico ¿Who Done It?, o sea, ¿Quién lo hizo?
Hasta acá todo bien. Film prolijo, legible, que mantiene bien el suspenso, con actuaciones correctas, los actores protagónicos convencidos de sus papeles, pero que no agrega nada más que una experiencia a un director debutante.
Aunque la película no tenga otras pretensiones que las de proveer un buen entretenimiento al espectador y abrirle la puerta grande a su protagonista principal, no obstante no podemos obviar que está colmada de los clichés de siempre del cine argentino. La previsibilidad de los acontecimientos, la pintura estereotipada de los personajes, la ambientación de los espacios, describen un estilo de vida acomodado. La acusada del título, como todas las demás que participan de la fiesta negra, es una chica de la alta sociedad argentina. La descripción de esa clase responde a cada uno de los estereotipos que fija el cine argentino, a la cual, por definición, la considera corrupta, ladrona, perezosa, escandalosa, entregadora y cipaya, transformando involuntariamente a la película en una crítica impiadosa y torpe, que al tirar por elevación, la hace responsable de todos los males que afectan al país, un país destrozado de pies a cabeza desde hace muchos años dándose el lujo de encabezar todos los rankings negativos con que se mide a un país en el mundo.
Tal vez no ha sido la intención ni de los guionistas ni del director hacer una semblanza sobre la Argentina. Sin embargo, lo más interesante de la película resulta la visón que transmite de una sociedad corrupta que alcanza a todos sus estamentos, donde la incapacidad para determinar una responsabilidad es imposible, donde la labor de la justicia no alcanza nunca sus objetivos, donde el crimen queda siempre impune, donde nadie labura y la creación de riqueza brilla por su ausencia, donde la riqueza circula de unos a otros pero no se reproduce, en la cual los nuevos ricos hacen plata a costilla de lo demás sin generar riqueza alguna.
Es paradigmático en el film que el personaje de Sbaraglia, el padre de la familia cuya hija es la acusada del título del film, es un niño bien de la sociedad que ha formado una familia heredando todo lo que ni siquiera ha hecho su padre sino sus abuelos. Y lo peor es que el juicio que se lleva contra su hija, terminará dilapidando en manos de los abogados defensores toda una fortuna donde la creación de riqueza brilla por su ausencia. Casa donde viven, fin de semana y campos heredados solo servirán para pagar un juicio que posiblemente nunca llegue a la verdad. Y es que la verdad ni la justicia importan. Solo importa la absolución del personaje. El qué dirán, la mancha del apellido, la situación traumática vivida por la adolescente parecen solo cuestiones secundarias.
El mundo está lleno de buenas intenciones. La película también. Lali Espósito se luce haciendo todos los mohines necesarios como para que su actuación parezca realmente una actuación. Sbaraglia opera y cumple. Inés Esteves pasa intrascendente con sus gestos de niña llorona. Los que salvan sus papeles son sin duda Daniel Fanego como el abogado defensor, y Gerardo Romano como el fiscal. Los rubros técnicos son sólidos. Tanto la fotografía como la banda musical aportan tanto a los climas de la película como al porvenir grisáceo que les espera a los protagonistas. En síntesis, una visión deprimente de una corrupción que atraviesa desde lo más alto a lo más bajo, la sociedad entera.
Charly Barny
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8
17 de septiembre de 2018
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thomas es pastelero en Berlín y mantiene una relación homosexual con Oren, un ejecutivo de una empresa israelí que viaja constantemente a aquella ciudad. Sorpresivamente, Oren fallece en una accidente en Jerusalén. Thomas se siente atraído por el misterio de esa muerte y viaja hacia aquel lugar en busca de respuestas.
Con un guión construido minuciosamente con una precisión casi hithcockiana que bien podríamos decir que hace recordar muy libremente a La Sospecha, aquel extraordinario film del maestro que data de 1941, protagonizada por Cary Grant y Joan Fontaine, el israelí Ofir Raúl Grazier escribe un guión notable que desde el comienzo mismo de la estadia de Thomas en Jerusalén establece una incógnita que interroga sobre qué ha pasado con aquellos prejuicios sobre el ser alemán y el nazismo.
La respuesta es simple. El film habla de otra cosa, y está regido por un profundo humanismo. Thomas está elaborando un duelo y necesita compartirlo con alguien, pero también se siente atraído por la curiosidad de saber algo más sobre quien fue su amante y por eso, comenzará a trabajar en el bar kosher de la viuda de Oren. Es entonces cuando esas dos personas comenzarán a compartir silenciosamente un duelo. En esa convivencia concentrada en la atención del bar, la ex esposa y el ex amante, entablarán una simbiosis que irá más allá de la de patrón / empleado dando lugar a mutuas sospechas que irán tornando en apasionante una trama que elige a la rutina diaria como su medio de desarrollo.
Opera prima de Grazier, un graduado del Sapir College de Sderot, estamos ante un largometraje notable y arriesgado, que genera mucho interés en su visión. Su debut es muy auspicioso porque su film resulta de una madurez infrecuente en una ópera prima. Mantiene un interés permanente en su obra que describe sentimientos amorosos y de soledad con gran precisión, a la vez que va trabaja un suspenso creciente sobre los caminos que van tomando sus protagonistas manteniendo al film entre el drama y la comedia costumbrista sin perder nunca el equilibrio del relato.
Pero lo logros no terminan allí. Grazier habla también de una relación homosexual entre un alemán y un judío. Habla con libertad de un alemán que viaja a Jerusalén, una ciudad dividida por las religiones, en busca de respuestas. Sus personajes están moviéndose siempre hacia el futuro. En El Pastelero de Berlín el pasado pareciera ser cosa absolutamente superada y solo el mantenimiento de tradiciones como la comida kosher parecen tener sentido para personas como el hermano de Anat, que hace denodados esfuerzos por mantener el carácter religioso del bar de su hermana, mostrando paradójicamente, una personalidad con rasgos de cierta intolerancia.
En el final, así como Oren se trasladaba periódicamente para ir a la oficina alemana de su multinacional en Jerusalén, será ahora otro de los personajes el que se traslada a aquel país en busca de respuesta. Lo notable del caso es que tales repuestas están relacionadas con un pasado inmediato y no con un pasado histórico como el del holocausto. En este sentido, el film muestra una actitud totalmente proactiva hacia la superación de las diferencias y los prejuicios que durante muchos años hicieron que el retorno a su país de un judío alemán fuera poco menos que imposible.
Ya hace unos meses Juan José Sola estrenaba El Último Traje, donde su personaje volvía en busca de su pasado interrumpido violentamente por la guerra, y sobre todo en busca de sus raíces. Hacia el final, ocurre algo parecido. La protagonista, no duda en viajar hacia aquel país en busca de las respuestas que necesita. Todo esto habla de una apertura muy amplia del cine israelí, del interés de sus temáticas, de su falta de prejuicios para encarar temas urticantes.
Película muy recomendable, muy actual e interesante, no hace otra cosa que confirmar el excelente momento que atraviesa la cinematografía israelí, de la que no solo da cuentas el cine sino también la televisión a través de las notables series y miniseries que se han podido ver a lo largo de estos últimos años.
Charly Barny
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