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Críticas de Filiûs de Fructüs
Ordenadas por:
35 críticas
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7
7 de julio de 2016
117 de 153 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corría el año 2006 cuando Paul Verhoeven se dejaba ver por última vez detrás de las cámaras. Lo hacía con el enésimo acercamiento del cinematógrafo a un contexto temporal y geográfico tan trillado como el de la segunda guerra mundial en Europa. Sin embargo, conociendo las filias del director neerlandés, podíamos estar seguros que el filme estaría teñido con los excesos, deseos y cuestionamientos morales a los que nos tiene acostumbrados a lo largo de su filmografía. Verhoeven deshumanizaba a sus personajes, independientemente del bando que defendieran, y ello le servía para realizar una crítica mordaz y cruda de la sociedad holandesa. Es algo que hemos visto, con mayor o menor predominancia, en su filmografía y Elle, su última joya, no está desligada de estas bondades.

Elle se abre con una mirada: la de un gato en contraplano que observa, altivo e impasible, la violación de su dueña a manos de un desconocido. La idea principal con esta escena inicial era de hacerla en un plano único, a distancia, como si los ojos del gato fueran los nuestros. En la sala de montaje, el propio Verhoeven decidió prescindir de ello ya que, en sus propias palabras, empezar el filme con un plano tan largo, incluso en nombre de Haneke, era demasiado. Su estatus de autor no le impidió que su costado hollywoodiense llegara al galope para dotar con algo más de dinamismo una escena seca, dura, que sin duda consigue dejarnos con mal cuerpo.

Volvemos a la mirada del gato por dos razones: primeramente porque nos da la sensación que esa contemplación entre indiferente y soberana es la del propio Verhoeven en esos diez años de silencio (si no tenemos en cuenta su producto televisivo Steekspel, en 2012) ante el panorama cinematográfico que pasaba ante sus ojos. Y segundo, porque ese carácter felino, que el director neerlandés consigue captar únicamente con un plano, describe a la perfección a la protagonista de Elle, Michèle, interpretada majestuosamente por una Isabelle Huppert que consigue una de las interpretaciones más fascinantes de los últimos años (por comedida y ambigua, un absoluto lujo de actriz).

Michèle es el punto de anclaje sobre el que los otros personajes de la película orbitan. Es ella quien decide cómo es cada una de sus relaciones interpersonales, es ella quien ostenta el poder y sobre la cual sus familiares y amigos consiguen avanzar. Su actitud para con ellos no dista en exceso de la que tiene su gato ante la escena de violación: los trata con la misma frialdad y mala leche con la que suelen deleitarnos los mininos. Y, contrariamente a lo que podríamos pensar sobre un supuesto thriller de venganza, aquí el retrato de personajes y cómo se relacionan en sociedad es primordial. No echaremos en falta ningún tipo de relación social: desde la que tenemos entre familiares y amigos, pasando por las relaciones de subordinación o autoridad que encontramos en el trabajo o las de cordialidad con los vecinos y conocidos.

No es nuestra intención desenmascarar una trama rica en matices como la que nos sirve en bandeja un Verhoeven pletórico. Sólo queremos dejar constancia que, lejos de ser un thriller de manual, es una película de la que pueden recogerse diversas lecturas aún más interesantes, como la visión mordaz de la familia, las alianzas contra natura (los instintos básicos) o la perversión del ser humano. Así, la base sobre la cual el director neerlandés apuntala su film es la de un humor negrísimo que acaba dotando al conjunto de un tono ambiguo y viciado, señas características de un realizador que nunca deja indiferente.

No dejemos de remarcar, eso sí, que este último proyecto de Verhoeven funciona perfectamente como historia de venganza y que en su estructura narrativa podemos encontrar los rasgos característicos del relato vengativo que comenzó con la Orestíada de Esquilo y que tan buenos resultados ha dado tanto en la literatura como en el cine. Sí, la estructura clásica está ahí: el hecho inductor (la violación), la acción firme por parte de la protagonista (la búsqueda de la venganza) y el juicio. No desvelaremos nada más: conocemos los cimientos de Elle, pero somos conscientes que Verhoeven jugará con ello y sabrá encontrarnos desprevenidos. Ese es su estilo. Y que siga siendo así.

Reseñada en www.cinemaldito.com
Filiûs de Fructüs
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6
13 de abril de 2011
64 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque en la base de datos de FA sólo este corto del bueno de Segundo de Chomón, espero que ninguna alma ingenua pueda pensar que es su única aportación al cine. Ni siquiera es la primera, cosa que puede comprobarse por la ya depurada técnica que muestra a lo largo de estos nueve minutos.

A grandes rasgos, 'El hotel eléctrico' no es más que una torpe excusa de la Pathé para demostrar al mundo que no se quedaban atrás en absoluto ante su más duro rival, la compañía Gaumont, que un año antes, mediante el corto 'El hotel encantado' de Stuart Blackton, había mostrado un cine muy afín al que hemos podido disfrutar con esta chomonada. La historia poco importa: una pareja de viajeros llega a un hotel en el que todos los objetos son automáticos. A partir de ahí la virguería padre, con maletas saltimbanquis, cajones indecisos, mesas serviciales y demás fauna muebleril con vida. Pero claro, los avances, el progreso...cualquiera fallo humano provoca la hecatombe.

La simpleza de la historia y, en muchas ocasiones, la reiteración de acciones por parte de los objetos animados se ven compensados por, cómo no, el despliegue pirotécnico que pone Chomón (junto a su colaborador Amédée Pastelli) en pantalla. Es difícil aburrir al personal con un cortometraje de nueve minutos, pero, por ejemplo, escenas como las de la limpieza de botas se alargan en exceso. Cosa más que perdonable, por otro lado.

También resulta curioso el efecto consecuente a la borrachera de uno de los empleados del hotel: salen chispas de los aparatos electrónicos que se encargan del buen funcionamiento de los muebles automáticos. Unas chispas que se utilizarían muchos años más tarde en grandes producciones del mudo, que fueron pintadas directamente a mano sobre los negativos del metro con tinta negra. Así Chomón consigue un efecto resultón (aunque prehistórico).

Ya como anécdota final, comentar el hecho del secretismo imperante durante la época en cuanto al trucaje de los cortometrajes, en cuanto a la ejecución de estos adelantos técnicos: ningún director estaba dispuesto a que le chafasen su idea. Pues bien, llegó el buenazo de Chomón, y, a partir de 'El hotel eléctrico' que nos ocupa, fue el primero en anunciar de forma expresa el procedimiento y la ejecución de tales técnicas. Para que duden de la filantropía española, leches.
Filiûs de Fructüs
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5
27 de junio de 2011
61 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Louis Aimé Augustin Le Prince, más conocido como Louis Le Prince, resulta el paradigma de panoli que no ha tenido suerte en el devenir de su vida. ¿Alguien le recuerda hoy día? ¿Alguien antepone su nombre al de Edison o al de los Lumière? Servidor, que todo hay que decirlo, es algo inculto, no conocía a este señor hasta que FA decidió incluir una ficha de una obra suya, datada de 1888 (varios años antes del nacimiento "oficial" del cine), obra que tiene como máxima virtud la de servir como anécdota, como curiosidad o como ponzoña, al gusto del lector.

El corto (de 2,11 segundos de duración) no es analizable desde ningún punto de vista cinematográfico: un plano fijo y tres o cuatro personas trescando por un jardín, cosa que dificulta el hecho de endosarle -frívolamente- una nota. Como siempre tiraremos del tópico del "valor arqueológico", pero a fin de cuentas no deja de ser el primer vídeo casero de la Historia, con una família a priori adorable* en la que sólo falta el perro (que alguien me corrija, que tampoco me acuerdo si había uno).

* Y digo a priori adorable, porque la historia de este lord llamado Louis de Prince da para más que este primer coqueteo con la imagen real filmada. Por lo visto (en la wikipedia, claro) dos años después de filmar "El jardín de Roundhay", nuestro buen amigo Le Prince desapareció misteriosamente, sin dejar rastro, y fue visto la última vez con vida por su hermano, subiendo a un tren del que nunca volvería a salir con vida. Hay varias especulaciones entorno a la sospechosa desaparición (me habéis pillado, sí, también andan por la wiki) de Le Prince, entre las que se encuentran el hecho de que Prince fue asesinado cruelmente por un sicario contratado por su propia familia. Pero yo soy de los conspiranoicos, y mi teoría es que en ese tren nuestro amigo, aquejado de una hermosa y previsible bancarrota, decidió mostrar su invento (con el que grabó este corto) a un misterioso comprador. El encuentro, cómo no, sería en el tren. Fuentes que no mencionaré para salvaguardar la integridad fisica de mi familia me han soplado que alguien, ése fatídico día de 1890, en ésa fatídica estación de ferrocarril, vió entrar en el tren a una persona que tenía inscrita en su abrigo de piel el nombre de Edison. ¿Coincidencia? No lo creo. ¿Paranoia? Es más que probable. Aunque de todas formas, lo de asesinar sin escrúpulos no se le daba del todo mal al bueno de Edison...(redoble final de tambores y se cierra el telón).
Filiûs de Fructüs
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6
17 de septiembre de 2011
46 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de entrar, furtivamente, en cualquiera de las salas de cine que ofrecen entre su variada -y venenosa- cartelera la nueva película de Malick, uno ya debe saber que se encuentra ante un film ambicioso, diferente, alejado, en parte, de los cánones comerciales que el cine suele auto-imponerse actualmente. Y debe saberlo, para que su ya acartonada cartera no sufra con un desembolso que, post visionado, sea aún más doloroso. Sin duda, con ‘El árbol de la vida’, Malick compone su obra más anárquica y personal, su obra…¿definitiva?

Desgraciadamente, el notable ego del director acaba consumiendo las expectativas que muchos teníamos en ésta obra. Y no sólo por la ambición de querer emular al Kubrick más plástico y perfeccionista de su carrera (en ése cuarto de hora triposo), sino por la discutible funcionalidad del personaje de Jack adulto (interpretado por un insulso Penn), el vástago más despótico del cúmulo de engendros perpetrados por la señora O’Brien (Jessica Chastain) y el señor O’Brien (un buen Brad Pitt). Sin duda, un chaval que no parece tener nada que envidiar al Arno Frinch de Haneke (incluso físicamente); o el desequilibrio e irregularidad imperantes en la narración (creo que por primera vez en Malick) sesgada y no temporal de sus imágenes. La película del cineasta norteamericano sí puede entenderse como una suerte de canto a la vida, a sus orígenes, pero la trama se pergeña a través de una suceso radicalmente opuesto: la muerte de uno de los hijos de la pareja protagonista, a partir de la cual se suceden flashbacks y flashforwards de dudosa practicidad que emborronan el conjunto del relato.

A pesar de la radicalidad de la propuesta, ‘El árbol de la vida’ lleva el sello Malick: el norteamericano sigue utilizando un discurso narrativo cimentado sobre voces en off que acompañan o anticipan la acción; sigue haciéndose eco de la naturaleza; incluso, en ocasiones, uno quiere ver autoreferencialidad en algunas de sus imágenes (especialmente en sus trabajos en ‘Malas tierras’ y ‘El nuevo mundo’) y, además, sigue haciendo un uso mágico-dramático de la nostalgia, uno de los sentimientos más arraigados en el trabajo de éste poeta de las imágenes. Y es que, si algo no se le puede negar a la última película de T. Malick es que sea una criatura hecha con mimo, perfeccionada hasta el último detalle y envuelta en un aura de misticidad pocas veces vista en pantalla. Más allá de la belleza de algunos planos, lo que realmente importa es el significado que tienen en sus entrañas. Pocas cosas he visto tan hermosas y simbólicamente atractivas y conseguidas como el plano que da pie –y nunca mejor dicho- al póster definitivo de la película: un pie diminuto entre las manos de su padre, toda una vida por delante enmarcada en una imagen que, sencillamente, cautiva.

Sigue en el espoiladero, sin contar nada relevante de la trama (aunque eso sería relativamente absurdo, va para los despistados):
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Filiûs de Fructüs
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9
31 de mayo de 2009
33 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quién me lo iba a decir. Informándome sobre los sucesos que acontecian en Cannes, surgió de nuevo en mi el recuerdo de Lars von Trier, más que nada por su pedantería y su poca humildad al afirmar que él "era el mejor director del mundo".
No es que antes no lo conociese, sino que no me llamaba demasiado la atención.
Después de eso sí lo hizo y de entre su filmografía elegí Dogville, me gustaba las imágenes que veía en Internet, me gustaba la estética de la carátula, me gustaba la sinopsis, pero sobretodo, me gustaba Nicole Kidman.

Los 10-20 primeros minutos, lo reconozco, me dije, ¿qué cojones hago yo mirando esta basura?¿Después saldrán escenarios no?¡¿Dónde está la Kidman?!

Si bien esos minutos iniciales son interesantes, llegan a ser lo más flojo de la peli.
Lars nos empieza a introducir personajes a cascoporrillo, a tal velocidad que la mayoria acabas sin saber quién diablos son.

Pero llega la Kidman y todo cambia, tanto en el argumento del film, como en mi estado de ánimo. La peli empieza a mejorar. Joder Lars, si el hecho de que no haya decorados empieza a ser la polla.

La historia se vuelve más oscura, se va complicando la trama, ese pueblecito honrado del principio de la peli ya no es lo que parecía, hasta aquí llega la corrupción. Todo empieza a cojer interés, te empiezas a fijar en cualquier detalle, porque, nunca se sabe, al final puede tener relevancia y empiezas a flipar en colores.

¡Si Lars!¡Eres la polla! Estas haciendo que me enganche mazo esta película y que me sienta identificado con los personajes, qué tristes son, qué patéticos, qué imperfectos, qué humanos...

Y llega el final y: ¡hala! Tío, cómo mola el final. Yo alomejor no sé mucho de cine, pero te lo aseguro Lars, yo si hubiese hecho esta peli, estate seguro de que también iría soltando por allí que soy el mejor director del mundo. Sí señor, con un par de cojones.

Lo mejor (en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Filiûs de Fructüs
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