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Críticas de El Tito Mel
Ordenadas por:
395 críticas
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3
17 de agosto de 2019
748 de 1169 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay ciertos autores de culto, tanto en cine como en otras artes y oficios, que han desencadenado, con mayor o menor justicia según qué caso, una horda de seguidores o secta de fieles que les enarbolan cualquier cosa que dicen o hacen. Hoy en día, los máximos exponentes de este fenómeno en el grupito de directores de cine son Christopher Nolan y Quentin Tarantino. Y es curioso como la última película de cada uno de ellos supone un punto equivalente en sus carreras.

Érase una vez en Hollywood es el Dunkerque de Tarantino. Cuando fui a ver la peli de Nolan me encontré algo similar, la crítica y los fans irredentos la aupaban a categoría de obra maestra y lo mejor del director, mientras que el resto del público salió bastante frío de las salas. Descartando al grupo de fans irredentos, que les flipa todo lo que hace su autor de culto, esto se debía a que a nivel técnico Dunkerque era una proeza audiovisual que suponía efectivamente el trabajo de dirección más minucioso de Nolan en toda su carrera, pero a un nivel narrativo la película no le funcionaba a la mayoría. Decían lo que suelen decir, con cierto miedo y complejo, de las pelis que sospechan que no están mal hechas pero que a ellos les han parecido infumables: "No es mala, pero a mi no me ha convencido".

Pero, aunque como producto final me parezca pobre, también hay motivos de elogio. Igual que Nolan en su última peli se propuso, y consiguió, realizar un prodigio técnico, aquí Tarantino hace lo propio. Esta es, sin la menor duda, la película mejor rodada de su carrera. Debe haber sido una delicia componer el story board, recrearse en buscar la opción más plástica para cada plano. Cada decisión visual de estas viñetas ha salido descaradamente de la mente friki de Tarantino, porque los mejores homenajes y guiños de esta ensalada de referencias se encuentran en sus planos. Así que ahí lo reconozco, para un cinéfilo avezado es una delicia disfrutar de este mix de planos tributo. Aunque, claro, lo mismo hacía Brian de Palma en su época y fue una de las razones de que nunca lo tomasen en serio. Supongo que los tiempos cambian.

Ya hemos visto a la pareja de actores en mejores performances (y digo pareja de actores porque los nombres de Robbie, Pacino, Russell... se usan más para rellenar cartel que otra cosa), pero lo que sí es cierto es que DiCaprio está genial en el único personaje bien desarrollado de la historia y que Brad Pitt conforma más que a un personaje a un icono. Le rodea un aura de carisma innata que resulta tan atractiva como el propio Pitt, que a sus 55 años parece en esta película más sex symbol que nunca. Pese a que su Cliff Booth es un perdedor, un inadaptado y sospechamos que en cualquier momento va a rebasar la barrera que separa al sociópata del psicópata, lo cierto es que todos desearíamos ser él de la misma forma que Tyler Durden era lo que Edward Norton quería ser en El club de la lucha.

Pero claro, de la misma forma que un personaje no se puede componer únicamente de estética, una película tampoco puede hacerlo. Y es que una vez más tenemos que decir eso de que el contenido no está a la altura de su continente. Érase una vez en Hollywood está tan vacía como ese Cliff Booth que nos encandila pero del que si lo pensamos bien no nos desarrollan absolutamente nada. Claro, Tarantino ha pintado una postal de amor al cine con el que creció, pero lo hace olvidándose que esa postal la va a ver más gente además de él. Y ahí empiezan los problemas. De entrada, el cine con el que crece Tarantino no solo es una época muy concreta que deja fuera generacionalmente a gran parte del público (finales de los 60 y principios de los 70) sino que encuentra la mayoría de sus referentes en el cine de serie B o Z, en series de la televisión americana y en películas internacionales que han visto él y tres enfermos más (esto me recuerda a cuando Alex de la Iglesia, otro director frikazo que ha visto de todo, explicó su primer encuentro con Tarantino, definiéndolo como el único tío que ha visto películas que a él ni le suenan).

Claro, si las referencias son tan herméticas (y más cuando el que ve la película no vivió en USA en aquella época, que se le pasan por delante todas esas referencias de revistas, cartelería, marcas de consumibles, etc...) es complicado que tu postal sea universal, que es lo que consigue unir a la gente ante la poesía de este tipo de cartas de amor. Pero lo peor no es eso, ya que al fin y al cabo las referencias solo son un extra. O deberían. Pero es que para Tarantino, se puede hacer, y lo hace, una película que sean solo referencias. Sin más. Normalmente los guiones se escriben pensando en un tema, en una motivación, en una tesis, en unos personajes... Aquí no. Aquí el tema, la motivación y hasta los personajes son todo única y exclusivamente referencias. No hay historia, no hay trama, no hay desarrollo. En definitiva, no hay guión. La estructura es una catarata de sketches con regular o poca gracia que no llegan a parecer nunca un producto unificado sólido.

Al final lo intenta arreglar con un chiste, incluso con una cierta autoconsciencia, la del tipo que sale a decir algo, se da cuenta de que no ha estado a la altura y decide darle a la gente una pildorita de alivio cómico para poder hacer mutis por el foro sin que todos nos sintamos demasiado mal. Y es que hasta Tarantino se da cuenta de que dedicar casi 3 horas a hacerse una paja que solo disfruta él usando la aquí pervertidísima excusa del Macguffin (Hitchcock le atizaría de lo lindo si siguiese vivo) es demasiado incluso para él, el maestro del anti-ritmo, experto en estirar hasta la extenuación (aquí más que nunca, da la sensación de querer poner a prueba la paciencia del espectador con ese abuso de los cutaway gag -chistes de flashback-). Y sí, el final es descojonante, pero ni esa despedida con risas, ni todo este ornamento perfeccionista, son suficientes para justificar casi tres horas de metraje hueco.
El Tito Mel
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Klaus
Klaus (2019) España
7,6
14.383
Animación
10
18 de noviembre de 2019
108 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este año han surgido varias pelis con potencial de culto como Joker, Parásitos, el punto final de la saga Vengadores con Endgame, Tarantino lanzó su penúltima película y ahora se estrena El irlandés con De Niro y Pacino a las órdenes de Scorsese. Pues bien, para mi la película del año no es ninguna de esas, para mi es una pequeña pieza navideña de animación nacional estrenada en Netflix. ¿Quién lo iba a decir? ¿La mejor peli del año es una de dibujitos y española? Pues sí.

De hecho, hacía mucho tiempo que una película no lograba encender en mi interior lo que consigue esta reinterpretación del mito de Santa Claus. Todo en ella me parece perfecto y muy por encima de mis expectativas. La clave es que al frente de este proyecto está Sergio Pablos, un animador con experiencia que trabajó en la última etapa de los clásicos Disney (El jorobado de Notre Dame, Tarzán, Hércules...) y en la nueva industria (creador ni más ni menos que de Gru mi villano favorito y uno de los diseñadores principales en Río). Y la verdad es que se nota, Klaus coge lo mejor de ambos mundos. Tiene aroma de clásico pero entendiendo a la industria y al espectador modernos. Y la mezcla le sale de fábula, porque Klaus está al nivel de lo mejor que ha dado la animación en los últimos años, ya quisiera Pixar estrenar una película como esta en todos los cines del mundo.

La película es una delicia en todos sus aspectos, desde el diseño visual tanto de backgrounds como de personajes, hasta el guión y sus diálogos, pasando incluso por una emotiva banda sonora o un muy bien elegido doblaje. Es como si todo les hubiese pillado en estado de gracia para lograr su propósito de conmovernos con una historia que pese a haber sido mil veces contada aquí nos da la sensación de que nos la cuentan por primera vez.

Hace que nos enamoremos de sus personajes y de cada uno de sus tics y expresiones, incluidos cada uno de los secundarios, hace que vibremos con la aventura que nos cuenta, que nos riamos con sus ocurrencias y que lloremos con sus momentos más espirituales. En definitiva, hace que sintamos la Navidad, convirtiéndose en un clásico inmediato e imprescindible de estas fechas, y que sintamos lo que es el buen cine para toda la familia, un regalo de artesanía con resultados tan mágicos como aquellos con los que Jesper y Klaus consiguen cambiar a los habitantes de Smeerensburg. Maravillosa.
El Tito Mel
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3
3 de octubre de 2017
96 de 109 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de empezar, sí, la he entendido. Y sí, he pillado las referencias bíblicas, la fruta prohibida, Caín y Abel, y todas esas mierdas. Sí, también he pillado la doble lectura sobre el universo creativo. Y sí, también he pillado la lectura naturalista, con esos molestos invitados que somos los humanos. Que sí, que vale, que todo muy bien, que todo pillado, que sí, que entiendo las metáforas, que sí, que veo los tres niveles de lecturas (no vaya a ser que alguien no pueda encontrar algo a lo que agarrarse para elevar el film a obra de culto XD), que sí, que sí... Podemos ahora ahorrarnos el rollo ese de "si no la valoras bien es que no la has entendido", "no está echa la miel para la boca del asno" y todas esas frases manidas que suelen soltar los gafapastas con ínfulas de que todos nos enteremos de lo intelectuales que son.

Ok, mi opinión es que esto no es más que un delirio pretencioso del bueno de Darren, que no me parece en absoluto mal cineasta, cuando la clava la clava bien, tiene mucho talento, pero suele irse de madre a menudo y aquí resbala bastante en lo que a mi me parece una película absolutamente fallida. Intenta tocar tantos palos, tantas lecturas... el que mucho abarca poco aprieta. Y encima lo hace sin tener muy claro el tono, va paseándose por distintos géneros y estilos, de tal manera que puedes irte al servicio pensando que estás viendo una película de Polanski y cuando vuelvas pensar que te la han cambiado por una de Buñuel.

Hay cuadros que retratan las lecturas que pretende retratar esta película con mayor acierto, y son cuadros, un formato en el que puedes visualizar el contenido en toda su plenitud de forma casi inmediata. Sin embargo, Aronofsky escoge el formato audiovisual, pero desdeña con soberbia las guías básicas de la narrativa cinematográfica. Un error en mi opinión. La primera parte, cuando solo va tanteando y sembrando, me parece algo mejor aunque solo sea por la comparativa con lo que viene después ya que luego, conforme va subiendo los graves, la sintonía se hace estridente, es decir, infumable, y acaba bordeando el ridículo. De la orquesta solo se salvan los actores, cuya labor está muy por encima del producto al que sirven.

Lo peor es que esta inaguantable alegoría de dos interminables horas me va a costar el delegar en mi novia las elecciones cinéfilas de los próximos meses. Tras salir de la sala con cara de cabreo tardó casi un cuarto de hora en dirigirme la palabra, solo para hacerme saber, por si su cara no me lo había dejado suficientemente claro, que esta es la peor película que ha visto jamás en un cine y que si no es por mi (yo elegí la peli) se habría levantado y se habría ido.

A Mother me cuesta darle nota, lo importante no es la nota, es el análisis. Le doy lo que le doy simplemente por el trabajo de los actores y porque pienso que hay películas igual de infumables pero aún más estúpidas. Por cierto, y enlazando con el primer párrafo, acepto perfectamente que haya gente para quien la peli, como arte conceptual, como experiencia, les parezca magnífica. Me parece cojonudo. Así que estaría bien que se tenga el mismo respeto a la opinión contraria y no se caiga en frases manidas que vienen a insultar la inteligencia ajena de forma condescendiente.
El Tito Mel
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Soul
Soul (2020) Estados Unidos
7,5
20.708
Animación
6
26 de diciembre de 2020
94 de 144 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace años que Pixar ya no es lo que era y la prueba es que las dos entregas de este año, Onward y Soul, que no pasan de ser películas que se dejan ver sin más, son lo mejor que ha estrenado el gigante de la animación desde Coco, tras varios años sumida en prescindibles secuelas que evidenciaban desgaste de fórmulas (Toy Story 4, Los increíbles 2, Cars 3...).

De las dos de este año, creo que Onward me gustó más. Soul es mas elegante y está diseñada con mejor gusto estilístico, pero como película a mi me funcionó un pelín mejor Onward. El problema de Soul es que tiene tramos aburridos o, mejor dicho, en general es una película que no engancha demasiado e incluso por momentos genera algo de desidia. Tiene un par de momentos emocionales y también tres o cuatro gags más o menos graciosos, pero el grueso de la cinta carece de la atracción necesaria, ni la trama está bien explotada ni los personajes seducen demasiado y todo da sensación de reciclado de otros films de Pixar como Del revés.

Para más inri, siendo una película donde la música es un componente esencial en la propia base de la historia y de los personajes, he echado en falta temas que me llegasen hondo. El protagonista es un amante de la música y nos explica la magia de cómo la siente por dentro, pero nosotros no conseguimos sentirla con él porque la música de esta película no tiene nada de esa magia que uno desearía sentir. Es una pena que Pixar tenga producciones con temas memorables y que sin embargo en esta, donde la música es componente esencial de la historia, precisamente se eche en falta eso.

Ya digo, una película que se deja ver, pero que está lejos del estándar de calidad que hizo a Pixar un sello diferencial en la animación.

Nota: 6,5
El Tito Mel
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6
17 de marzo de 2019
27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una peli dirigida por J.C. Chandor, el autor de la mejor película sobre la última crisis económica (Margin Call, que le da mil vueltas a la sobrevaloradísima La gran apuesta) e interpretada por 5 actores tipo Oceans Eleven, es decir, de esos que unen perfectamente talento actoral con carisma popular: por un lado tenemos a Poe Dameron, por otro al Rey Arturo, también al poli de Narcos y al chaval de Tron y de bonus track al puñetero Batman, con cuatro hamburguesas de más, sí, pero el puñetero Batman.

Todo esto escrito por Mark Boal, el guionista ganador del Oscar por En tierra hostil y nominado por Zero Dark Thirty que debió ganarlo por En el valle de Elah. Un proyecto que durante años estuvo en manos de la mejor directora de la historia, Kathryn Bigelow, o al menos la única que tiene un Oscar al mejor director. Una historia sobre una cuadrilla de ex-soldados, profesionales que vuelven a unirse para dar un gran golpe a un narco y que se acaban enfrentando a una carrera por la supervivencia. Todo suena acojonante, ¿no? ¿Qué podría salir mal con todos esos ingredientes?

Yo, desde luego, me esperaba una peli maravillosa, de esas de salir deseando decirle a todo el mundo que qué hacía sin haberla visto todavía. Y al final... Todo diluido como un azucarillo. Lo que deberían haber sido personajes bien definidos y mejor interpretados, acaban siendo solo personajes tan poco desarrollados que ni siquiera llegan a ser arquetípicos y que encima parecen estar interpretados con el piloto automático. Qué manera de desaprovechar este cartelazo de actores. Y lo que debería haber sido una historia que mezclase la complejidad de estos hombres compartiendo esta carrera contra la muerte con momentos trepidantes y que te mantuviesen en tensión todo el tiempo, se acaba conviertiendo en un vacío absoluto, donde los diálogos no ofrecen el menor poso ni el menor drama, y donde el ritmo narrativo de una historia de violencia se apelmaza hasta ir dejándonos sin interés, sin esperanza de qué pasará al descubrir que seguramente ya pasará poca cosa.

Dicho eso, no es mala película. Solo la presencia ante la cámara que tienen estos tios unido al bello paisaje de la jungla y las montañas y un par de momentos buenos, ya merecen la pena el visionado. El problema es que es una película muy desaprovechada, que daba para mucho más, una película que aspiraba a tocar un alto techo y que al final deja sin pena ni gloria, deja bastante frío. No le achacaré mucho la falta de acción puesto que a mi me gustan también las películas cocinadas a fuego lento, pero sí le echaré en cara que cocine a fuego lento sin tener nada que guisar en la olla. Tómate el tiempo que necesites, pero échale algo a la cazuela. Aquí nos dicen aquello de "la buena cocina se hace esperar", pero luego nos llevan a la mesa un sandwich mixto sin chicha ni limoná.

En fin, aceptable y aún así decepcionante.
El Tito Mel
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