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España España · Madrid
Críticas de keizz
Ordenadas por:
220 críticas
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9
4 de diciembre de 2016
193 de 232 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paterson (Adam Drive) vive en la ciudad de Paterson, New Jersey, es un gran aficionado a la poesía de William Carlos Williams, un poeta que vivió también en la ciudad de Paterson. Su vida es rutinaria, se despierta cada día sin necesidad de despertador, da un beso a su mujer, Laura (Golshifteh Farahani), desayuna cereales, trabaja conduciendo un autobús en el que escucha las conversaciones de los pasajeros, regresa a casa para cenar, saca a pasear a su perro, y termina la jornada tomando una cerveza en el mismo bar todas las noches. Además de eso, en sus ratos libres, Paterson escribe poemas en su libreta.

No puedo ser objetivo con Jim Jarmusch. Me enamoré de sus películas desde la primera que vi (“Mystery train”) y cada vez que veo una película suya salgo convencido de que él es el director que yo querría ser si me dedicara a hacer películas. Las ha hecho muy buenas, buenas, regulares y malas (como casi todos), pero su sello particular siempre está ahí. Un sello que entronca conmigo, lo cual siempre me reconforta. Si además sucede como en esta ocasión, que el nivel de la película es muy alto, la fiesta es completa. “Paterson” está entres las tres o cuatro películas de Jarmusch que más me han gustado, y eso es mucho decir. Pero, insisto, no soy objetivo, pues hablo del director que yo sería. Es decir, de algún modo, hablo de mí mismo, y uno nunca es objetivo consigo mismo.

“Paterson” es un canto a la poesía y a la vida. No a la poesía académica, grandilocuente o elitista, sino a la lírica, la belleza, la poesía que se encierra en las cosas cotidianas, aquella que solo quienes tienen alma de poeta pueden percibir. A la pureza de las cosas. Más que eso: a mirar las cosas con pureza. Con la actitud poética adecuada, tu mujer puede ser una princesa, un rutinario viaje en autobús puede convertirse en una maravillosa aventura, los versos torpes de una niña pueden ser un primoroso poema. Lo que para unos puede ser feo, aburrido o lánguido, alguien como Paterson lo encuentra interesante, armónico, bello, con la belleza de la sencillez y la ilusión de la ingenuidad.

Paterson ama a Laura, una mujer infantil, voluble, soñadora, que se pasa el día diseñando cosas en blanco y negro, pintando, inventando recetas, que tan pronto quiere montar un negocio de cupcakes como ser cantante de country. Dominante, habladora, impredecible, sacaría de quicio a casi cualquier hombre, pero a Paterson no. El la ama, la idolatra, la apoya incondicionalmente en sus caprichos por absurdos que sean.

Jarmusch derrocha todo su talento retratando una semana de la rutinaria vida de Paterson con un prodigioso buen gusto cinematográfico, mostrándonos al Paterson externo y sus cotidianos quehaceres y al interno, con sus pensamientos, los versos que se le van ocurriendo, sus sensaciones, de modo que el espectador no tiene el más mínimo problema en empatizar con el personaje. Uno se siente Paterson desde el principio hasta el final. Incluso algunos, después de salir del cine.

La repetida rutina diaria de Paterson no es un problema para él. Despertar cada día al lado de su amada es una bendición, no un problema. Conducir cada día el autobús no es un problema sino una oportunidad de escuchar nuevas e interesantes conversaciones. Volver a casa o ir cada noche al bar son siempre situaciones abiertas a la sorpresa. Y por si esto fuera poco, Paterson no solo disfruta de su coreografiada vida, sino que tiene algo más, algo muy importante, su libreta.

Con su bolígrafo y su libreta, las limitaciones de su mundo cuadriculado desaparecen. La vida no es un cúmulo de obligaciones sino una fuente inagotable de inspiración, desde una simple caja de cerillas hasta la más grande historia de amor, las posibilidades son inabarcables. Solo hay algo mejor que un cuaderno lleno de poemas: uno en blanco, con todos los poemas posibles por ser escritos.

Jarmusch pone a la ciudad de Paterson en el mapa y la glorifica durante toda la película. No solamente está presente William Carlos Williams en el film, sino que también se mencionan continuamente otras personalidades gloriosas de la ciudad, como el también poeta Allen Ginsberg, el actor Lou Costello o el boxeador Rubin “Hurricane” Carter.

Hay que decir también que para que el personaje de Paterson nos llegue tanto hay que valorar el magnífico trabajo del actor que lo encarna. Adam Driver se sale en esta interpretación. Creo que Jim Jarmusch no solo ha dado a luz una gran película, sino también un gran actor. Bueno, dos. Porque Goldshifteh Farahani también se luce. La iraní deslumbra y si tiene más actuaciones de este nivel pronto aprenderemos todos a escribir bien su nombre.

“Paterson” ha sido una inyección de vitaminas para mi sensibilidad. No me ha defraudado, con lo fácil que hubiera sido, ya que llevo varios meses esperando verla. Tiene varias escenas memorables que me costará olvidar, y tuve en todo momento la sensación de estar viendo una película extraordinaria con envoltorio de película sencilla. Una película vestida de normal que cuando se desnuda te deja totalmente boquiabierto de tanta belleza.

Y es que esta película es una carta de amor a la vida. Paterson no usa smartphones ni ordenadores, escribe a mano, prefiere el contacto físico al virtual, es un enamorado de las cosas simples y es feliz simplemente con tener al lado a Laura, como el poeta Petrarca. Si, definitivamente Jarmusch, con su habitual estilo minimalista, nos regala una carta de amor a la vida, un disparo de utopía humana repleto de sensibilidad artística que nos recuerda que la vida debería ser algo de lo que disfrutar cada minuto.

Gracias maestro, has vuelto a hacer la película que yo haría.

https://keizzine.wordpress.com/
keizz
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4
19 de mayo de 2014
197 de 324 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Snowpiercer” es una película de entretenimiento. Y entretener, entretiene. Y ya. Creo que es lo único bueno que puedo decir de ella, porque por lo demás, me ha decepcionado bastante. Fui a verla porque me pareció interesante la sinopsis, tenía curiosidad por ver cómo se desarrollaba esa historia cuyo planteamiento me parecía todo un reto. Pero como digo, salí muy decepcionado. Todo muy anodino y previsible.

Y es que para hacer una buena película no basta con una buena idea de argumento y mucho dinero para producirla. Se necesita talento para desarrollar esa idea de partida, para convertirla en una obra de calidad. En este caso, el desarrollo hace aguas por todas partes. No es convincente, no es creíble, y a medida que va transcurriendo la historia cada vez lo va siendo menos. De acuerdo que es ciencia-ficción, pero hasta la ciencia-ficción tiene que tener un mínimo de credibilidad para que el espectador pueda meterse en la pantalla.

Los personajes son como sacados de un comic. Con todos los clichés posibles. El héroe de los pobres, que se rebela contra la injusticia. Valiente y generoso. Los poderosos, que tienen un ejército tremendo para defenderles, al mando de un malo malísimo, vil y traidor. El amigo del bueno, que muere, claro. El sicario, el brazo armado del malo, que es frío y despiadado. Vamos, lo nunca visto. Seguro que no adivináis quién gana.

Son personajes sin alma, sin interés alguno para el espectador. Te da igual lo que les pase porque no te los crees. La violencia no impresiona, las escenas sangrientas se hacen monótonas, hay mil cosas que no tienen sentido, el que se supone que es el bueno es un soso que no cae bien, y el final es lamentable. Es que cada vez que lo recuerdo me da vergüenza. Intenta que el final sea emocionante, que nos haga pensar en lo que es el mundo y la condición humana, e intenta decir que aún hay esperanza para el ser humano, que podemos empezar de nuevo. Intenta. Lo que consigue es el esperpento.

Los actores no me convencieron, ninguno de ellos. Tilda Swinton es la menos mala. Como mínimo, su papel lo cumple bien (tampoco daba para mucho). Una de mis debilidades, John Hurt, totalmente desaprovechado. Song Kang Ho, que cuando ví que salía pensé que se animaría la cosa, nada, petardazo. Chris Evans, como de costumbre, ineptitud interpretativa total. Y Ed Harris ya hace mucho tiempo que dejó de decirme nada, es un actor que cada vez que le veo me parece que trabaja peor que en su anterior película.

La parte técnica de la película es la única que no puedo criticar. La verdad es que la fotografía es de una calidad asombrosa, y que los efectos visuales son magníficos. Lo malo es que a mí con eso no me alcanza. Quiero que me cuenten algo que me haga sentir cosas, y con esta película lo único que sentí es que me tomaban por tonto.

http://keizzine.wordpress.com/
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
keizz
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8
23 de marzo de 2014
71 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una comedia de Wes Anderson. Que no es lo mismo que una comedia cualquiera. Es una película con sello de autor, que no podría ser de ningún otro. Personalmente, diría que es una comedia de sonrisa más que de risas. Pero es divertida a rabiar. Quizá no sea de carcajadas (para mí no lo es) pero es muy divertida, entretenida, de sonrisa casi perenne.

Estamos ante un espectáculo. Algo que mantiene a los sentidos ocupados durante todo el metraje. Es un espectáculo sensorial, una fiesta de colores, música e imágenes vertiginosas. Como digo, puro espectáculo.

Basada en los libros de Stefan Zweig, se nota en la manera de exponer el escenario en que se desarrolla la película. La Europa de los años 30 tantas veces retratada por Zweig con tanta destreza es el paisaje en el que sitúa Anderson a los personajes de su historia. La Europa de aquella época, tan misteriosa como hermosa, con sus hoteles lujosos, sus delicadas pastelerías, aquellos perfumes franceses, esos trenes de vapor que podían ser asaltados en cualquier momento por la policía alemana…

“El Gran Hotel Budapest” nos retrotrae inevitablemente al cine de animación, a las maquetas, a los decorados rimbombantes. Parece una película de dibujos animados interpretada por personas. Recuerda bastante al cine de Charlot o Buster Keaton, pero esta vez en color. Qué digo en color, el una borrachera de colores. No sabemos como serían aquellas películas de cine mudo si se hubieran hecho con los medios actuales, pero supongo que se parecerían bastante a ésta.

Como en los dibujos animados, aquí también se desdramatizan las situaciones por muy graves que parezcan. La segunda guerra mundial tratada de un modo trivial, desprovista de cualquier atisbo de circunspección. La guerra, la muerte, en esta película se ven con una sonrisa, nada impresiona. Si alguien tira un gatito por la ventana y lo estampa contra el suelo de la calle, no produce ningún mal sentimiento, al contrario, mueve a la risa. Todo lo malo que pasa lo vemos con ojos infantiles, como cuando ves dibujos animados donde todo es reversible. Como en los sueños, donde todo lo malo que pasa se puede solucionar solo con despertarte. Como en los juegos, que por mal que acaben, siempre puedes volver a empezar.

Wes Anderson vuelve a hacer una película con su habitual fórmula. Tiene derecho a hacerlo y además lo hace muy bien. Nos vuelve a introducir en su mundo preciosista, y vuelve a poner los aspectos formales muy por encima del fondo. En su afán por impresionar, se recrea tanto en la estética exterior que pierde de vista la esencia de la narración. Esto hace que la película sea una delicia para los sentidos pero que no alimente el alma. Los personajes carecen de profundidad porque están al servicio de lo principal, que es la parte visual. Esto es habitual en las películas de Anderson, aunque debo decir que en esta ocasión los personajes dejan trascender una cierta ternura, y hay un tono general melancólico en la película respecto a aquella vieja Europa.

Esta profunda sensación de melancolía viene producida en parte por la música. Una vez más, para mi gozo, la música vuelve a correr a cargo de Alexandre Desplat (últimamente siempre está presente en las películas que veo) y su intervención engrandece la película. El elemento musical funciona a la perfección en la película y corrobora mi impresión de que Desplat es un genio en eso de añadir música a las imágenes.

Y si la música es exquisitamente bella, la parte visual no va a la zaga. Los habituales ejercicios estéticos de Wes Anderson se superan más aún si cabe en este film. Deslumbran esos colores del hotel, rojo intensísimo, violetas, rosas. Esas imágenes de los Alpes nevados donde el blanco y los tonos azulados del anochecer componen un cuadro admirable. Y no son sólo los colores, claro, son los fantásticos movimientos de cámara y la excelente utilización del encuadre, es la multitud de cuidadísimos detalles y el ostentoso diseño de producción lo que hace que, todo junto, componga una maravillosa coreografía estética que no está al alcance de cualquiera y que es imposible no admirar.

El reparto es grandioso, aunque también forma parte de la pretenciosidad de Anderson, ya que hay algunos grandes actores que aparecen casi testimonialmente y que apenas sirven para engordar la lista de grandes nombres de intérpretes de la película, como por ejemplo Bill Murray, que apenas aparece durante unos segundos. El resto, junto a los dos protagonistas (Fiennes y Revolori), grandes nombres como F. Murray Abraham, Adrien Brody, Edward Norton, Harvey Keitel (irreconocible), Jude Law, Willem Dafoe o Jeff Goldblum. Como veis, todo en esta película es exceso y derroche.

De todas las películas que he visto de Wes Anderson, me quedo con ésta. Me lo he pasado bien, y, a estas alturas, empiezo a admirar sus virtudes y a soportar sus defectos. Sin duda vuelve a ser excesivamente excéntrico y camina moviéndose peligrosamente entre la genialidad y la patochada, pero, a mi juicio, esta vez gana la parte buena.
keizz
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6
29 de septiembre de 2016
39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rodrigo Grande dirige esta película de suspense al más puro estilo Hitchcock (hombre tranquilo e inválido se enfrenta a delincuentes profesionales armado sólo con su inteligencia). Y no sólo se trata de la trama, también el estilo narrativo, los elementos en que se apoya (la música y los efectos visuales), los sorprendentes giros de guión, la sensación de claustrofobia que desprende el protagonista que no puede moverse (incluso su perro, tampoco puede caminar), etc. hace que uno se acuerde del cine del Hitchcock irremediablemente.

La película mantiene la tensión durante las dos horas que dura. Y, a pesar de que hay pocas escenas de violencia, éstas son impactantes y uno se teme que se repitan en cualquier momento porque se respira constantemente que cualquier cosa puede pasar.

Hasta aquí, todo bien. El problema es que todo esto debería estar sostenido por un guión sólido y convincente, y no es el caso. Las situaciones, desde el principio, no atienden a ninguna lógica. El personaje de Berta está metido con calzador, y no digamos el de su hija Betty, que figura en la película con la única función de que el malo sea más malo todavía, y por extensión, Berta más tonta de lo que ya de por sí se podía esperar.

A pesar de que casi toda la película se desarrolla en el interior de la casa, se nota que la producción no ha reparado en gastos. La fotografía es excelente y la música está bien, a pesar de que creo que está mal utilizada. Y en el elenco de actores tampoco se han cortado. Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Federico Luppi, Pablo Echarri… no son precisamente actores baratos. Y creo que aciertan, porque la película será un éxito en taquilla, o debería serlo.

Hablando de actores, Sbaraglia y Echarri son lo más logrado de la película en el tema interpretativo. A pesar de que ambos están bien, tampoco va a ser la mejor actuación de su vida. Pero vamos, cumplen. Clara Lago en cambio no me convence. Y no es porque hable con acento argentino (que lo hace bastante bien, la verdad) sino porque no tiene talla como actriz, o yo no se la veo. Muy floja. Y Federico Luppi… su sola presencia ya vale la pena, pero sentí que su talento quedaba totalmente desaprovechado en un personaje demasiado simple para su calidad interpretativa, que la sigue teniendo aunque esté tan mayor.

Volviendo a la música, me parece el ejemplo claro de lo que es la música mal utilizada en el cine. Estoy seguro que esa música escuchada en casa gustaría a cualquiera. En cambio, dentro de la película se vuelve hasta molesta. No encaja. No aporta nada. Más bien resta. Utilizar bien la música parece fácil, pero en esta película se demuestra que no lo es.

¿La única función del perro inválido es desvelarnos el motivo por el que la niña no habla? ¿La única función de la niña es mostrarnos lo malísimo que es el malo? ¿Todo tiene que ser tan extremo? ¿Es normal que un tío que va en silla de ruedas trabaje en el sótano, teniendo una casa enorme y viviendo solo? ¿Tiene algún sentido que una mujer como Clara Lago esté enamorada de un delincuente macarra, que además pasa de ella? ¿Para qué sale la niña al pasillo cuando el malo está interrogando al paralítico y éste está diciendo que no hay nadie? ¿Por qué el español se tira media película diciendo que ha perdido el reloj? Se supone que los espectadores se deben creer las cosas que pasan en la pantalla, pero algunas veces no lo ponen fácil.

Lo mejor de la película es que, con todos sus defectos, mantiene el interés durante todo el metraje. Esto hay que ponerlo en el haber de Rodrigo Grande, que con un argumento plagado de lagunas es capaz de tenerte dos horas pendiente de saber cómo coño va a terminar aquello (aunque en el fondo, sabes de sobra cómo va a terminar).

Si eres capaz de abstraerte de las incongruencias del guión, disfrutarás mucho del film, pues los giros sorprendentes están muy bien dosificados en los momentos claves de la película y eso hace que la tensión no decaiga y hasta crezca. Pero para eso tienes que poner de tu parte y tragar con todo. Yo no pude. No logré meterme en esa historia tan rocambolesca, y me pareció que quedaban muchos cabos sueltos cuando terminó. A pesar de lo cual, no me lo pasé mal viéndola. El mínimo de entretenimiento lo tienes asegurado.

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keizz
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8
29 de septiembre de 2016
47 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
El conocido actor Raúl Arévalo debuta como director, y lo hace con una contundencia sorprendente, creando un thriller con sabor a la España de los años 80 pese a estar ambientada en la actualidad, forjando un film seco, incómodo y brutal, que anuncia a un director que seguro que dará mucho que hablar.

“Tarde para la ira” no va entrando poco a poco, lo hace desde la primera secuencia. La escena inicial es una inyección que hace que entres en la película de golpe, sin calentar. Una bofetada de cine para que no desvíes la vista de la pantalla durante el resto del metraje. El atraco, la detención, unos títulos de crédito muy tarantinianos, y ya estás totalmente entregado a todo lo que va a venir a continuación.

Tras la bofetada inicial, Arévalo va poniendo las piezas delante del espectador, una por una. El bar, Ana, José, el padre en el hospital, una pulsera, la cárcel… y no deja que el público enlace todas las piezas de la trama hasta la mitad de la película, cuando todo gira hacia una dirección espeluznante y sin retorno.

Durante esa primera mitad, no puedo evitar recordar el cine quinqui de los años 80 por ese retrato del Madrid suburbial y esa jerga tan característica. Pero en la segunda parte de la película es el espíritu de Sam Peckinpah quien toma las riendas de la película, la cosa se pone seria, y uno no da crédito a que lo que está viendo en la pantalla sea obra de un director español novel.

Hay un gran trabajo en la construcción de los personajes. Habitantes de los barrios más desfavorecidos de Madrid, perdedores que viven más en la taberna que en casa, fracasados de la vida que buscan la gloria sobre el tapete ganando una ronda de cubatas al mus. Complejos seres que acumulan derrotas y sed de venganza, personas a quienes la vida ha mimado poco y cuyo destino parece estar escrito.

Las interpretaciones de estos personajes son todas excelentes, pero por supuesto uno se queda fascinado por la mirada helada de Antonio de la Torre, quien compone un personaje taciturno e inolvidable que va desarrollándose y evolucionando en cada escena, a medida que avanza la película. De la Torre demuestra un poderío interpretativo inconmensurable, con una contención y frialdad que no cualquiera lograría transmitir. Grandioso.

A su lado, Luis Callejo vuelve a demostrar que es uno de los actores españoles en mejor forma, y Ruth Díaz poniendo de manifiesto que es una actriz que debería ser tenida mucho más en cuenta. Y no puedo evitar mencionar la corta pero inolvidable aparición de Manolo Solo, que en los diez minutos que aparece se cuela en la memoria del espectador para siempre. Muy grande.

Arévalo gusta de los planos secuencia y nos deleita con varias escenas apabullantes de cámara en mano combinadas con un montón de primeros planos rodados con elegancia y una sabiduría impropia de un novato. Todo ello aderezado con una magnífica ambientación y una música muy flamenca, muy de barrio, para evocar, una vez más, ese cine español de hace treinta años en el que los protagonistas eran chavales macarrillas destinados a morir en algún atraco o por sobredosis.

Todo funciona bien en esta película. Los personajes turbadores, la trama perfecta que combina el thriller con el drama intenso, el fondo en el que se plantea el sentido que tiene la venganza, y donde acaba ésta y empieza el ensañamiento. La tristeza que desprenden la vida rota de José por lo que le pasó hace ocho años, la vida rota de Curro tras pasar por la cárcel y su dolor por no poder retomar lo que dejó, la vida rota de Ana confundida entre amores equivocados y una juventud que ya se le ha escapado en vano. Vidas rotas, y las que faltan por romperse.

Excelente película. Inesperada sorpresa. No sobra ni falta nada. No hay una escena superflua ni un momento prescindible. Es dura, arriesgada y precisa. Es tensa, arrebatadora y desoladora. Estoy seguro de que dentro de unos años presumiré de haberla visto de estreno.

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keizz
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