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España España · valencia
Críticas de esteve
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Críticas 80
Críticas ordenadas por utilidad
8
23 de febrero de 2010
56 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
La he visto muchas veces y me parece una película muy buena, pero... hay algo en ella, algo ambiguo, que la lastra.

Veamos: la película trata de un motín en un barco de la Marina de los EEUU (no descubro nada, está en el título), pero se deja claro en el filme con líneas sobreimpresionadas que nunca ha habido un motín... en la Marina de los EEUU. ¿Qué quiere decir eso? Pues que desde la US Navy se participó en el rodaje de la película (de ahí que se pudiera rodar en los propios barcos y durante sus maniobras, etc con el consiguiente ahorro de $ ), pero con un mensaje que se dejó claro a los productores: “Colaboramos, pero debe quedar claro que rebeliones a bordo en buques norteamericanos no han existido jamás”. Da igual que se trate de ficción. El condicionante está ahí, y el director Dymytryk ha de apechugar con él; soportarlo, en definitiva.

Y ese condicionante, llamémoslo de esta manera, está planeando en el filme: sólo así se entiende las imprecaciones del letrado encarnado por Ferrer sobre la valentía del capitán Queeg, y todo el mensaje de la sobresaliente secuencia final, con el abogado borracho. Nuevo ejemplo de cómo se puede estar asistiendo a una escena brillante y emocionante, pero condicionada en un 100 % por los imperativos antes descritos.

Bogart está excepcional: da agonía verle con lo que sostiene en la mano cada vez que se pone nervioso; Van Johnson pone cara de estreñido demasiado a menudo, sobre todo en la parte final, pero tampoco carguemos demasiado las tintas sobre él; Fred MacMurray, a mi modo de ver, también está que se sale: su personaje manipulador está muy bien definido. Y E.G. Marshall, en su papel de fiscal, lo hace francamente bien. No nos olvidemos de un joven Lee Marvin, tan correcto como siempre.

Mención aparte merece José Ferrer: compone fenomenalmente su papel de abogado aparentemente descreído y a vuelta de todo, pero que valora sobremanera la honradez, de forma que dedicará todos sus esfuerzos en defender a su cliente, por encima de la opinión personal que pudiera tener. Por eso este filme suele proyectarse en ciclos que versen sobre películas de juicios y, particularmente, sobre el tema de la ética profesional de los abogados.

Tampoco dejemos de mencionar la secuencia de la tormenta: estará hecha con maquetas de la época y todo lo que queramos, pero realmente está muy pero que muy lograda.

Y efectivamente la historia de amor sobra completamente. Aquí vuelvo en cierta manera a lo que comentaba antes. ¿Por qué aparece dicha historia? Pues por presiones ¿De la Marina? No, en este caso, directamente del productor.

Y así se iba haciendo buena parte del cine norteamericano de estos tiempos: con presiones directas e indirectas de todas partes incidiendo en la tarea de unos guionistas y directores que bregaban con eso lo mejor que podían, saliéndoles en unos casos películas espantosas, y en otros malas o regulares.

A veces buenas. O incluso muy buenas.

Ésta pertenece al último grupo.
esteve
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3
17 de mayo de 2010
31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
La alopécica actriz hindú Persis Khambatta, que había aparecido en la buena película "Star Trek", protagonizó este en más de un aspecto inclasificable producto, esta vez con cabello, junto con actores "consagrados" como Michael Beck, Barry Bostwick, Edward Mulhare y Henry Silva.

Es decir, con 0 (cero) nivel de consagración. Sin embargo, regresemos a 1982: en Televisión Española, empezaron a anunciar insistentemente una película con el nombre "Megaforce" (o sea, ésta) que se presentaba talmente como el estreno del año. El esfuerzo de marketing no era pequeño: llegaron a fabricarse unos relojes Casio negro (estamos en la época de los Casios 12 melodías etc etc) con los dibujos de Megaforce en la pantalla, que representaban a Barry Bostwick y la señorita Khambatta subidos a la moto.

Pero volvamos al aspecto cinematográfico. Como se pueden imaginar, un servidor sucumbió a semejante campaña propagandística y acudió a ver el producto. Balance:

* Una delirante intriga en que aparece, mencionémosle de nuevo antes que a nadie, el actor Edward Mulhare (es decir, Devon Miles en "El coche fantástico"), quien no puede evitar hacer un ejercicio de tratar de ser Michael Caine 2. Los resultados, los esperados.
* Un Michael Beck que trataba de pegar el salto como galán después de su paso en películas como "Xanadú", cuya participación en "Megaforce" resultó altamente contraproducente para sus propósitos.
* Una Persis Khambatta que no sabe muy bien qué hace ahí. Trata de interpretar a la chica inteligente-seductora-sexy-con personalidad, y al final da más bien la impresión de que está deseando que aquello acabe cuanto antes.
* Un Barry Bostwick absolutamente perdido.
* Un Henry Silva, que aparece en el reparto como actor-gancho (!) [ya saben: "Actúan X, Y, Z y... en este caso Henry Silva]. en plan de macarra de desierto + ángel del infierno + motero de Mad Max, en un personaje que es malo, pero luego bueno, aunque sigue siendo malo, pero en el fondo es bueno, en una ¿interpretacìón? realmente para olvidar.
* Y unos efectos especiales de tercera división, en que merece mención de honor (no destripo nada, tranquis), la escena en que la moto sube al avión, hacia el final. Nunca olvidaré cómo la gente iba saliéndose de la sala aunque quedaba poco para los letreros.

Ni que decir tiene que los relojes Casio con el dibujito de Megaforce no tuvieron demasiado éxito...
esteve
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6
6 de febrero de 2010
25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las películas con uno de los mejores repartos de todos los tiempos del cine español ¿Significa eso que es una película excepcional? Pues no.

Jaime de Armiñán reunió a lo más selecto del panorama patrio para rodar esta historia que podía haber dado para más (no para mucho más). De nuevo, un guión, en este caso regular, desaprovecha un reparto, en esta ocasión excelente.

Hay guiños interesantes: ese "¡Viva Europa!" que proclama el almirante encarnado por Fernando Rey, que así nos revela que está más en la línea de los nuevos tiempos; el papel de los jóvenes oficiales (entre otros, Juanjo Puigcorbé y el actor que hacía de "Senyor encarregat" en el popular programa de TV3 "Filiprim"); las bromas que gastan los protagonistas; el papel de Rafael Alonso...

Pero la historia no acaba de cuajar, el argumento renquea, Mònica Randall vuelve a realizar un actuación deficiente, y el final cae dentro de lo sensiblero.

Pero no la arrojemos a las tinieblas. Un reparto integrado por actores que están más allá del bien y del mal merece de sobra que se vea esta película.
esteve
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8
18 de septiembre de 2013
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
No, no me refiero a la novela de George Orwell, sino a esta notable película, que retrata como pocas aquel año, en concreto la Barcelona de aquella época...

Aunque contiene esas escenas y temáticas tan presentes en el cine de Aranda (en una especie de mezcla de transgresión y provocación), el paso del tiempo provoca que el impacto de dichas imágenes “escandalice” menos que en la época de su estreno: los diálogos subidos de tono, alguna insinuación homosexual o (por no revelar cosas del argumento) la crudeza de las palizas que se arrean algunos personajes ya resultan, para bien o para mal (yo creo que para mal), habituales en teleseries y películas de esta segunda década del siglo XXI, y de ahí su menor repercusión.

La protagonista lo hace francamente bien (y por cierto, ¡oh, qué cosas! está muy bien doblada), el poli también da el pego como ser totalmente pasado de rosca, y el desaprovechado en el mundillo del cine español Paco Algora realiza un papel muy ajustado. Permítasenos aquí una mención al actor Ian Sera, protagonista de una insólita carrera, que oscila desde intérprete principal de películas infantiles (“Misterio en la isla de los monstruos” de JPSimon —Juan Piquer Simón, ya se sabe—) a quinqui (esta película), para luego desaparecer en combate.

El mérito de Aranda a la hora de retratar la Barcelona marginal no se debe solo a sacar la cámara a la calle, y reflejar lo que acontece: la secuencia de “El Molino” con sus canciones pasadísimas y un espectáculo más bien tirando a rancio (pero muy valorado en la época); la ambientación de las habitaciones de hoteluchos de mala muerte y la descripción de qué ocurría en las comisarías son otros aspectos contenidos en un guión rebosante de brío en que se nota la mano de don Vicente, quien, no siendo ya un jovencito, demostraba su oficio.

En fin, que alguno de los nuevos realizadores que empieza ahora podría aprender de “Fanny pelopaja”. Nos iría mejor a los sufridos espectadores...
esteve
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6
10 de marzo de 2010
20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
No se sabe muy bien por qué, pero cuando comenzó el boom del vídeo en España, allá por 1982-1983, esta película se encontraba en muchos anaqueles de los videoclubes. Como puede imaginarse, la copia (al menos la que un servidor vio) era bastante infame, que era lo habitual por aquella época.

Ciñéndonos a la peli, cabe decir que maneja un argumento original y un guión trabajado, que tiene una estética de telefilme a la que no acaba de sustraerse; que se ve con agrado el trabajo de auténticas vacas sagradas como son Burt Lancaster, Richard Widmark, Melvyn Douglas y Joseph Cotten; y que, en fin, “el toque Aldrich” se halla presente en toda la película.

Sin llegar a ser una excelente película, sí es una película interesante.
esteve
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