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Críticas 392
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
22 de noviembre de 2025
195 de 208 usuarios han encontrado esta crítica útil
(8'5/10)

Clint Bentley presenta una de las mejores cintas del año con su adaptación de la novela de Denis Johnson. La falta de promoción, sumada a un ritmo pausado y con una trama contraria a la inmediatez del algoritmo, la convierten en la candidata perfecta para pasar desapercibida hoy. Sin embargo, creo que Sueños de trenes (2025) reúne todas las características necesarias para ser esa obra que el tiempo pone en su lugar, esa pequeña joya ignorada en su estreno que, tiempo después, resurge con la etiqueta que mereció desde un inicio.

La idea de capturar la esencia absoluta de una vida siempre ha sido un desafío mayúsculo del que esta cinta sale victoriosa, entregando un drama bello que convierte la contradicción en virtud. Bentley se aleja de las prisas narrativas actuales para que su película adopte un ritmo meditado porque entiende que la vida real no corre, simplemente sucede. Esa cadencia no es un defecto, sino una herramienta más para que la historia transmita coherencia, generando de esa forma una belleza propia que reside precisamente en su negativa a acelerar.
La cinta consigue transitar por los estados vitales más universales. La obra instrumentaliza a su protagonista para explorar sentimientos tan complejos como la felicidad más pura o el remordimiento más irracional posible, todo ello pasando por un halo de soledad constante en mayor o menor medida. Todo lo que sucede durante el filme responde al mimo de un director capaz de crear trascendencia de lo cotidiano, perfilando con cautela sentimientos comunes que adquieren una dimensión lírica. Es un relato provisto de la inusual virtud de extraer belleza de las cenizas y esperanza de la desolación, sirviendo así como recordatorio de que disfrutar el momento presente es, a veces, la única victoria frente a la nimiedad de nuestra propia existencia.

Más allá del virtuosismo de un director prometedor, hay que alabar a Adolpho Veloso, quien es el artífice de una propuesta estética tan cautivadora como hipnótica, una fotografía naturalista que te atrapa sin florituras. La cámara parece transmutarse en un elemento más del ecosistema, fundiéndose para que el paisaje no sea un mero fondo, sino un ente vivo que respira junto a los personajes. A este equilibrio se suma una banda sonora que acierta al mantenerse presente pero respetuosa, acompañando la emoción sin sentirse protagonista.
Joel Edgerton & Kerry Condon
Joel Edgerton evidencia una vez más por qué es uno de los actores más infravalorados de su generación. Su interpretación destapa una demostración de contención coherente con la construcción de su personaje. Es un trabajo desprovisto de artificios y que transmite la sensación inequívoca de estar presenciando la vida de un hombre sencillo.

Seguramente Sueños de trenes (2025) sea merecedora de un reconocimiento explícito por la inmensa dificultad de lo que intenta y, sobre todo, de lo que consigue. Creo haber visto una de esas películas especiales, de esas que quizás hoy quedan sepultadas por la oferta masiva, pero que el sabio juez que es el tiempo se encargará de colocar en un lugar privilegiado. Es cine mayúsculo lo que entrega Clint Bentley.

https://juevesdecine.com/suenos-de-trenes-2025-la-grandeza-de-una-vida-minuscula/
25 de enero de 2026
199 de 242 usuarios han encontrado esta crítica útil
Marty Supreme (2025) es una experiencia singular que no se contempla, se sobrevive. Joshua Safdie firma una primera película en solitario agotadora, abrasiva y extraordinariamente viva, un descenso hacia la obsesión y la humillación profundamente estimulante. No existe ningún tipo de romanticismo deportivo o relato de superación; esta comedia deportiva es un viaje frenético que abraza el caos y el desgaste para convertirlos en su razón de ser.

Durante más de dos horas y media, la película se siente como el éxtasis de una historia de perdedores que no dejan de perder. Todo avance es provisional, cada logro es inmediatamente erosionado por una nueva caída. Marty Supreme (2025) navega constantemente entre el orgullo y la humillación, entre la dignidad y la necesidad de arrastrarse para seguir avanzando. La película entiende el fracaso como un estado permanente hasta que no se cruce la línea de meta.

Es por ello que el viaje en el que nos embarca Joshua Safdie es extenuante, ya que nos empuja de un extremo emocional a otro sin posibilidad de acomodarnos. La película sube, baja, sacude y descoloca, alternando momentos de euforia con descensos a la realidad. Hay vergüenza ajena, hay humor negro, hay situaciones grotescas, pero todo al servicio de una lógica interna clara: la de un personaje incapaz de detenerse incluso cuando avanzar resulta, en esencia, retroceder. Marty no busca que admiremos su camino, busca que nos cansemos con él, que rabiemos y nos contagiemos de una extraña fascinación.
Timothée Chalamet
En este recorrido existe un estudio de personajes por el que se apuesta hasta el final sin importar las consecuencias. El protagonista, interpretado por Timothée Chalamet, es un tenista henchido de un ego desmedido, tan convencido de su superioridad que alardea de ella sin vergüenza alguna; es dañino y no pide disculpas por ello. Y es que su sueño está por encima de todo y de todos, y la película no intenta suavizar esa verdad ni pedir disculpas por ella. Marty no aprende a ser mejor persona para alcanzar su objetivo; alcanza -parcialmente- su objetivo porque es incapaz de dejar de ser quien es.

Por otro lado, el personaje femenino que lo acompaña también está lejos de la idealización. Su actitud oscila entre la sumisión, la mentira y decisiones discutibles que forman parte del mismo universo moral; todos resultan imperfectos, actuando siempre desde la carencia y la necesidad, pero consecuentes con sus actos hasta el final. La redención -en una dosis muy pequeña- no llega del arrepentimiento o del aprendizaje, sino del cumplimiento del objetivo. No se da esa gran escena final de redención, solamente existe una escena que revela la desoladora realidad de nuestro protagonista.
Timothée Chalamet
Formalmente, Marty Supreme (2025) es una experiencia de primer nivel. Asfixiante en el mejor de los sentidos, Safdie vuelve a apostar por primeros planos sobre el rostro de Chalamet, generando una sensación constante de urgencia, de que nada se frena, de que los problemas continúan y de que todo es profundamente improvisado, provisional, con la sensación de que todo está a punto de desmoronarse.

A esto le acompaña un apartado técnico con una resolución sobresaliente; las escenas del tenis de mesa están filmadas con una precisión y nervio admirables, se consigue que cada punto importe. El espectador se preocupa, se tensa y se involucra en un partido de ping-pong, ya sea por Chalamet, por una soberbia banda sonora o por lo bien rodado y resuelto que está cada golpe.

Y en el centro de toda esta vorágine se encuentra un Timothée Chalamet firmando, probablemente, su mejor interpretación hasta el momento. Marty es carismático y repulsivo, brillante y exasperante, alguien a quien se admira un segundo y se detesta durante horas aunque no se pueda dejar de mirarlo. El estadounidense se entrega totalmente para que, en su cuarto intento, le den la tan ansiada y merecida estatuilla.

Marty Supreme (2025) agota, sacude y fascina a partes iguales. Un relato que se mueve entre la euforia, la comedia ácida y la tristeza más seca, haciendo que el espectador habite ese incómodo espacio donde nada es del todo admirable ni completamente despreciable. Joshua Safdie firma una obra feroz, profundamente estimulante, un cine que te hace vibrar hasta el último golpe. Es sin duda una de las tres mejores películas del año.

https://juevesdecine.com/marty-supreme-2025-la-emancipacion-de-safdie-y-el-oscar-de-chalamet/
23 de enero de 2026
199 de 265 usuarios han encontrado esta crítica útil
(9'5/10)

La experiencia humana ha encontrado en el arte un espacio donde procesar aquello que resulta difícil de nombrar, ya sea la pérdida, el amor, o la necesidad de dotar de sentido al dolor. Chloé Zhao va más allá de la narración de hechos concretos; esta obra se aproxima a la vida desde lo emocional, entendiendo que hay vivencias que solo pueden ser transitadas, no explicadas. Hamnet (2025) logra inscribirse en esa tradición, utilizando el séptimo arte como vehículo para acompañar los pasajes más frágiles de la existencia.

El relato adapta la historia de amor y desgracia de dos figuras tan opuestas como complementarias. Agnes es un personaje vinculado a la naturaleza, primitivo en su forma de entender el mundo, guiado por una conexión espiritual con su madre que la conecta con todo lo que la rodea. Frente a ella, Shakespeare se presenta de una forma más terrenal, racional y capaz de comprender el universo interno de su mujer, pero negado en el arte de verbalizar lo que siente. En él vive el miedo a la irrelevancia, a sucumbir a la nimiedad más absoluta.
Jessie Buckley
A medida que avanza la película, esta se funde con los protagonistas, entendiendo el duelo no como un acontecimiento puntual, sino como un proceso que se filtra a través del tiempo. Hamnet (2025) filma la tragedia desde la persistencia, enfocando cómo esta se instala en el cuerpo, en la memoria y en la forma de mirar el mundo. Todos los sentimientos derivados de este sufrimiento conviven con una necesidad de redención; se construye un tapiz donde los personajes no buscan respuestas, sino formas para seguir existiendo.

Durante todo este recorrido, la interpretación de Jessie Buckley es capital. Su Agnes es magnética desde el primer fotograma; es capaz de transmitir el dolor genuino de una madre a través de una serie de recursos tan variados que resulta irreal. Buckley ganará el Oscar con la misma rotundidad con la que encarna a una madre que parece tan real como la que tiene cada uno en su casa. Sin embargo, Paul Mescal interpreta un personaje construido desde la coraza emocional, situándolo deliberadamente en un segundo plano expresivo que, siendo coherente con su naturaleza, lo relega a nivel de impacto.
Además de a Chloé Zhao, hay que darle las gracias a Lukasz Zal. El director de fotografía despliega una enorme sensibilidad que, apoyada en un naturalismo hipnótico, encuentra la belleza tanto en la intimidad de los cuerpos como en los paisajes abiertos. Simetría visual y luz natural convergen en cada plano para que los personajes cavilen, sufran, se cansen de sí mismos y se reconcilien con su propia fragilidad. El polaco compone una maqueta visual de una belleza incuestionable.

Hamnet (2025) hipnotiza desde lo visual, lo narrativo y lo interpretativo. El arte se entiende como un espacio de unión y supervivencia, como una forma en la que el dolor se transforma en memoria, legado y redención. Es una película que acepta la complejidad de la experiencia humana y la imposibilidad de cerrar ciertas heridas.

Resulta difícil abandonar la película sin la sensación de haber asistido a algo profundamente íntimo. Pasajes que transitan desde el nacimiento a la muerte no se imponen por medio del impacto, sino por la acumulación de emociones. Hamnet (2025) no solo aborda asuntos como la pérdida o el duelo, sino que también muestra cómo el arte puede transformarlos en algo hermoso. Una obra totémica, de una belleza y honestidad infrecuentes, un prodigio sobre cómo la emoción supura ante la crueldad de la muerte.

https://juevesdecine.com/hamnet-2025-la-mejor-pelicula-del-ano/
30 de enero de 2026
76 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
(5'5/10)

Después de dirigir Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022), Sam Raimi vuelve; esta vez se aventura con una propuesta más cercana a su ADN. Send Help (2026) le sirve al director para ofrecernos una película más gamberra, más irreverente y menos constreñida. El director estadounidense recupera parcialmente gestos, tonos y cierta mala leche para divertirse detrás de las cámaras incluso cuando el material entre manos no está a la altura.

El guion, escrito por los guionistas de Freddy contra Jason (2003) y Baywatch: Los vigilantes de la playa (2017), es el mayor escollo para un director del calibre de Raimi. Y es que tanto la construcción de personajes como los giros de la película dan la sensación de sucumbir a la falta de talento de sus autores. La escritura quiere abrazar la caricatura de forma deliberada, pero la insistencia en definir a los personajes con una brocha tan gorda hace que el espectador se sature ante tantísima obviedad. Está bien abrazar la sátira, pero con mesura o con un poco más de arte.
Aun así, no todo es negativo. La película construye situaciones con gracia, conflictos que sostienen el interés y una relación de poder que, sin destacar por la novedad, resulta lo suficientemente atractiva. Y aunque el ritmo sea irregular, Raimi consigue que la película avance sin despeñarse, apoyándose más en lo que se ve que en lo que se oye.

Y es que, durante buena parte de su primer tercio, el guion no parece saber muy bien qué hacer con dos personajes aislados en una isla. Es cuando llegan los giros más claros, o las situaciones donde la acción conlleva una consecuencia, cuando la película consigue avanzar con solvencia. Fuera de estos giros, los diálogos se sienten poco inspirados, por no decir que son puro relleno. Tampoco me voy a meter a analizar ciertas conveniencias narrativas o suspensiones de la incredulidad que hay que aceptar, porque tampoco quiero hacer sangre.

Por otro lado, se puede entender cierta intención de crítica social, de crítica al capitalismo, pero al ser tan sumamente caricaturesca pierde toda su potencia. Send Help (2026) entretiene cuando la historia abraza esa vertiente de thriller de supervivencia que mezcla a Misery (1990) y Náufrago (2000) en un cóctel que posee cierto mérito. Profundizar en su intención de pseudo mensaje no creo que juegue a su favor.
El apartado técnico cumple sin brillo. Hay una clara sobreexplotación de efectos digitales que son difíciles de pasar por alto. No creo que sea dramático, pero sí creo que es digno de mención. En este sentido, la fotografía es plana y funcional; le basta con apoyarse exclusivamente en los paisajes paradisíacos de la isla. Es una puesta en escena correcta; existe violencia moderada, pero está más al servicio del thriller con humor negro que a cualquier intento de provocar terror.

Y donde la película encuentra su salvavidas es en el trabajo interpretativo de Rachel McAdams. La actriz maneja con soltura multitud de registros, ya sea la mujer socialmente torpe, la superviviente competente o la figura perturbada que disfruta de su situación de poder. La canadiense sostiene la cinta y eleva a un Dylan O'Brien al que he sentido un tanto sobreactuado, aunque no llega a desentonar gravemente.

Send Help (2026) es limitada pero no desastrosa. Quizás tiene más sombras que luces, pero se deja ver gracias a Raimi y McAdams. Es una propuesta entretenida y permite vislumbrar destellos de un Raimi más libre, pero eso no la exime de un guion pobre y de personajes excesivamente encorsetados. Un regreso a medias, simpático en su concepción, pero frustrante en su ejecución.

https://juevesdecine.com/send-help-enviad-ayuda-2026-la-loca-y-el-gilipollas/
25 de octubre de 2024
70 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kelly Marcel, directora que cuenta con una filmografía bastante pobre con trabajos como 50 sombras de Grey, ha sido considerada para cerrar una trilogía mediocre pero, a la vez, importante, con un presupuesto de 120 millones de dólares. Con estos precedentes, era difícil ser positivo.

Es casi misión imposible que esta trilogía escriba un guion con un mínimo de sentido común, como ya vimos en las dos primeras entregas. Sin embargo, lo de esta última es imposible de pasar por alto, incluso yendo sin ningún tipo de pretensiones. Los personajes son completamente unidimensionales y la trama es un cambalache de ideas ya ejecutadas por Marvel de mejor forma (tampoco es muy difícil). Hay momentos que llegan a provocar vergüenza ajena, ya sea por los planos innecesarios, los diálogos infantiles o las escenas que te dejan con cara de estupor.

Lo que colma el vaso es la intención de la directora de aportar una carga dramática al final de la cinta, algo que no es posible, ya que no se ha construido a lo largo de la película. Esto hace que, en vez de conmover, el final resulte pretencioso, en una cinta que se puede permitir ser de todo menos eso.
Tom Hardy
Lo único que puedo destacar son ciertos momentos a cuentagotas donde los efectos visuales son medianamente atractivos. Aun así, la violencia que se podría esperar de Venom tampoco se da, y todo queda en una amalgama de peleas repetidas.

Quizá, con esta crítica, se pueda inferir que fui al cine con pretensiones de algo novedoso, pero ni mucho menos. Esto ha sido un ejercicio de pura conveniencia corporativa para finalizar el capítulo de Venom de Tom Hardy.
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