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Críticas de Wellesford
Ordenadas por:
180 críticas
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10
11 de septiembre de 2013
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stiller fue quizás el mejor cineasta escandinavo que apareció en los albores del cine, con el permiso de Sjöstrom y Dreyer.
En esta obra maestra llama la atención la fluidez con que se desarrolla todo el relato, dividido en cinco actos. Basándose en una novela de la premio Nobel Selma Lagerlöf, el director sueco construye un drama de tintes trágicos, aderezado de elementos oníricos para narrar una historia de crimen y amor fatalista.
Llama la atención el tratamiento que hace de la naturaleza, un entorno helado que influye en el carácter de los personajes, como un ente vivo que condiciona las conciencias y emociones que confluyen en la trama, aislando la acción en un limbo temporal (el barco salvador aprisionado en el hielo).
La puesta en escena es impecable, ofreciendo varias escenas de antología (sobretodo la última, el oscuro cortejo fúnebre contrastado en la nieve, emulada por Eisenstein años después en su Iván el Terrible); las sobreimpresiones, magníficas, para mostrar apariciones espectrales que surgen del subconsciente de la protagonista o ligeros travellings (al inicio en el pasillo de la cárcel donde se fugan los tres escoceses). Utiliza también el cambio de cromatismo: azules para los ambientes gélidos y nocturnos del exterior, tonos ocres para interiores o rojizos para situaciones violentas.
La película tiene mucho para analizar y disfrutar de gran cine, no en vano el mismo Carl Theodor Dreyer admitió haber sido influído por esta joya en su carrera como director. Creo que mi reseña es minúscula y poco aportará a los elogios que merece la obra de Stiller, así que sólo puedo recomendarla a todo aquél que sienta la cinefilia en las venas.
Wellesford
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10
10 de abril de 2013
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un lugar pantanoso, de altos juncos mecidos por el viento, aislado de la guerra lejana que se ha llevado a los hombres en el Japón feudal. Dos mujeres mimetizadas en el entorno, suegra y nuera, matan guerreros perdidos y venden sus armas y corazas. Supervivencia.
Esa es la base del relato, un cuento de connotaciones ancestrales en el que su autor muestra los más primarios instintos humanos de manera visceral, dotando a la narración de una atmósfera opresiva, donde el paisaje ondulante de los juncales se asemeja a un ente orgánico que engulle a sus personajes. Dos hembras apartadas de su pasado, transformadas en animales primitivos, hambrientos, a las que el regreso de un antiguo vecino del lugar, huyendo de la guerra, despierta la pasión carnal largo tiempo dormida.
Aflora el deseo, el egoísmo y el engaño, derivando en el terror. Un terror silencioso e intuitivo que traspasa la pantalla mientras deambulan entre cañaverales claustrofóbicos y duermen bajo el calor sofocante de la cabaña. La joven desprende sudorosa sensualidad y osadía, mientras la vieja denota cautela y rencor.
La cámara ofrece a la narración imágenes que poseen un tenebroso lirismo, gracias a una fotografía portentosa, con gran nitidez en los encuadres. Se suceden planos con carga sexual, atrevidos para la época, como los encuentros carnales de la joven con el recién llegado o la simbólica masturbación de la vieja abrazada a un árbol seco.
La cinta está plena de excelencia visual, los claroscuros dominan la pantalla iluminando sin pudor los pechos femeninos en la oscuridad, los elementos como la lluvia y el viento parecen estar vivos y el ambiente sofocante se adhiere a las retinas.
Un parábola apocalíptica sobre la especie humana en su estado más primitivo, del que fluyen los más básicos instintos animales del hombre (o la mujer en este caso), donde el alma es reemplazada por los demonios interiores y la muerte es el modo de vida.
Wellesford
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10
17 de noviembre de 2012
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Feliz descubrimiento. Me inicio en la obra de Ichikawa con su película más emblemática y las espectativas han cumplido con creces.

Se trata de una película sobre el final de la guerra en Birmania. Una fábula llena de lirismo y espiritualidad, donde la música hace estremecer los sentidos cada vez que se oye ese arpa acompañada de las voces solemnes de un grupo de prisioneros japoneses. Un soldado que transmuta en monje, en un viaje que busca la dignidad de los muertos desconocidos, las víctimas anónimas de la cruenta guerra.

Fotografiada de manera sublime, sus imágenes están impregnadas de poesía visual en cada uno de sus encuadres. El momento en que el soldado se despide de sus compañeros tocando el arpa, que ellos acompañan cantando, desprende auténtica sensibilidad y la lectura de la carta por parte del comandante provoca una emotividad abrumadora.

Bellísima y contundente oda a la paz, es a la vez un canto a las almas que son arrastradas por la sinrazón humana, abocadas al olvido. Ichikawa imprime en cada plano una armoniosa plasticidad llena de poesía.
Wellesford
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10
8 de febrero de 2012
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Obra maestra de Murnau. La cantidad de logros técnicos es portentoso en esta película de textura lóbrega, donde los semblantes iluminados contrastan con el sombrío lienzo en el que se debate la batalla entre el poder del averno y el del amor. El clásico mito del hombre que vende su alma al diablo tiene aquí su máximo exponente cinematográfico, en una obra inundada de hermosa profundidad plástica con escenas y planos de gótica belleza, al mismo tiempo que construye una historia emocionante, tensa y coherente en todos los ámbitos que recorre; ya sea en la descripción de los personajes con una simple mirada o un gesto clarificador, o en el tramo final mostrando el destino de la mujer en un in crescendo tragicamente devastador.

En resumen, estamos ante una película poseedora de una magia adherida a sus imágenes, sin dudas prodigiosa. Un Mephisto, interpretado por Emil Jannings, que a pesar de algún momento burlesco, desprende auténtica malevolencia en un rol inolvidable, además de la dulce Gretchen (Camilla Horn), personaje que sufre una desgarradora transformación en su apacible y desconsolada composición. Tan sólo me resta recomendar esta gema del señor Murnau con la absoluta seguridad de haber visto una irreprochable obra maestra.
Wellesford
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6
9 de enero de 2012
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comedia muy efectiva en sus diálogos, con el mundo de las apuestas hípicas de fondo, en la que la pareja Gable-Harlow brillan en todas sus escenas, lástima que Jean Harlow falleciese antes de acabar la filmación. Utilizando una doble en algún plano de espaldas a la cámara, se terminó. La película no es una obra maestra, pero tiene buen ritmo y un guión bastante bueno, dirigida por Jack Conway, que era un buen artesano durante esos años (los treinta), cumple con lo que se le exije a una buena comedia romántica. Lo mejor es la mítica pareja de estrellas (con razón) en sus duelos dialécticos.
Wellesford
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