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Voto de General Mola:
1
Comedia Manolo y Paco son vendedores a domicilio de cursos de karate. Un chino miope los confunde y los contrata para liquidar a uno gansters chinos. Debido a su estado financiero, deciden aceptar el trabajo pese al equívoco. (FILMAFFINITY)
12 de enero de 2012
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo vengo de una familia pobre.

Hoy en día estamos familiarizados con teras, gigas y megas, pero allá por los años 80 los avezados usuarios vivíamos en una época de carestía informática, teníamos que apañarnos con modestos bytes y algún que otro kilobyte. Entonces se empezaron a comercializar en España ordenadores personales de distinta índole:

La gente con posibles tenía el Commodore 64; los de clase media transitaban en su vida informática con el Amstrad; los más humildes teníamos que luchar en la arena informática con la menos glamurosa de las computadoras: el Spectrum. Sí, yo tuve un Spectrum.

Mis primeros pasos informáticos fueron con el Spectrum 16K (K de kárate), pero las aplicaciones eran paupérrimas: un primitivo juego de derribar muros (un Arkanoid Australopitecus para entendernos); un programa de contabilidad indescifrable; y algún que otro programa lamentable. Como algunos recordarán, los juegos y programas se cargaban con un cassette, con un tiempo aproximado de carga de 5 minutos (ja ja ja, me río yo de la gente que se queja de que Windows tarda en arrancar…).

Debido a que necesitaba más prestaciones (¿!) hice acopio de ahorros en mis ganancias con la paga de los domingos -aparte de otras actividades inconfesables- y conseguí reunir el dinero suficiente para ampliar la memoria de mi Spectrum; ¡por fin tenía un Spectrum 48K! (K de Kalatrava). Seguía siendo pobre pero, al menos, había dejado de ser un paria.

Conseguí entrar pues en la élite informática de entonces. Ya tenía acceso a grandes juegos como el Attic Attack, Nigel Mansell, Gaunlet, Emilio Sánchez Vicario (te cagas), Jet Set Willy, Ole Toro o Fernando Martín (inolvidable su mate de lado). Pero había 2 juegos que me conocía al dedillo: el Match Day (con su mítica introducción musical: Tatatatá tarata tata, tatá taratatatá) y el Match Point, un juego de tenis en el que los jugadores eran unos monigotes, directamente. Con este último tenía un problema: lo tenía tan dominado que ya no tenía encanto (ganaba 6-0 6-0 6-0 en el nivel difícil). ¿Qué podía hacer?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
General Mola
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