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México México · Guadalajara, Jalisco
Voto de Sergio Espinoza:
8
7,5
90.497
votos
Sinopsis
Película basada en hechos reales del corredor de bolsa neoyorquino Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio). A mediados de los años 80, Belfort era un joven honrado que perseguía el sueño americano, pero pronto en la agencia de valores aprendió que lo más importante no era hacer ganar a sus clientes, sino ser ambicioso y ganar una buena comisión. Su enorme éxito y fortuna le valió el mote de “El lobo de Wall Street”. Dinero. Poder. Mujeres. ... [+]
13 de enero de 2014
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Decir que el cine de Martin Scorsese es inclasificable es con toda seguridad una perogrullada, pero sirva para que los neófitos en la materia alcancen a comprender un poco la elefantiásica locura fílmica que supone su última cinta. "The wolf of Wall Street", basada en las memorias de Jordan Belfort, un ex corredor de bolsa que se enriqueció ilícitamente a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990; un auténtico festín en pantalla, sin casi precedentes en la carrera del pequeño director neoyorquino.

Y es que a pesar de las evidentes semejanzas y paralelos narrativos y metaliterarios que se pueden trazar entre ésta cinta y su ya emblemática "Goodfellas" de 1990, o de que pueda ingresar a su selecto estudio sobre la moral norteamericana del siglo y medio que llevan los Estados Unidos como potencia mundial, "The wolf of Wall Street" es única, en tono y estilo, en fondo y forma. Alguna vez Scorsese, junto con Spielberg, Lucas y Coppola, financió la última ilusión onírica del gran Akira Kurosawa (Dreams, 1994). Es justo entonces que el maestro se haya permitido explayar en pantalla sus propias locuras febriles, pues ha entregado no sólo una pieza de entretenimiento de alto nivel, sino un producto artístico íntimo al que hay que apreciar en varios niveles, porque toca fibras al por mayor.

Guionadas en forma de sátira, las memorias de Jordan Belfort, ese gran estafador contemporáneo, se convierten en oro líquido para Scorsese, quien con su reconocido estilo visual va componiendo un tapiz en el que lo mismo tienen cabida la voz en off y el falso documental que la "gag comedy", manteniendo al espectador como cómplice directo de la decadencia material y personal de una larga fauna de tiburones bursátiles, a cual más empáticos. Curioso esto último, pues si bien el tono general cómico de la película hace asequible el reconocimiento de los personajes, no deja de ser cierto que su obnubilada cualidad ética haría sonrojar al más pervertido de nuestros "putañeros" compañeros de oficina, y sin embargo, el espectador sonríe y festeja, cómplice. Scorsese asesta un puñetazo a nuestras conciencias.

No hay vestigios de ensañamiento moral hacia los implicados. Scorsese, el cronista de la maniquea descomposición societal urbana, no acomete jamás el juicio de valor. Jordan Belfort no es peor ni mejor persona que Henry Hill (Goodfellas), Bill the Butcher (Gangs of New York), Sam Rothstein (Casino) o Travis Bickle (Taxi Driver). Su delirante mundo de drogas y sexo desenfrenado es apenas una herramienta más para exponer su ego y ambición. Nuevamente, como en toda su filmografía, sus poderosos y grandilocuentes personajes masculinos, misóginos y machistas, sucumben en lo íntimo ante el poder femenino, reminiscencia quizá de un matriarcado disfrazado que las sociedades occidentales dudan en reconocer.

El peso del filme, hay que decirlo, cae casi por completo en un desenvuelto y correctísimo Leonardo DiCaprio, quien se adueña por completo del papel y compone uno de sus personajes más entrañables. Encuentra en un sorprendente Jonah Hill a un compinche automático (de toda la estela de comediantes surgidos de la escuela "Apatow", Jonah Hill es sin duda el mejor intérprete). Por momentos, en "Wolf", esta pareja me hace recordar aquel mítico dúo De Niro-Pesci, aunque con una retahila de secuencias mucho menos naturales.

Sin duda alguna, "The Wolf of Wall Street" es una de las mejores películas del año. Martin Scorsese nos recuerda la gran forma en la que está, y los amantes de su cine seguramente les hará delicias ver el catálogo de recursos visuales y técnicos que tiene a su disposición el genio de Queens en este sorprendente título. Por último, hay que decirlo: la secuencia final es brillante. Quien haya visto "Amour" de Michael Haneke, comprenderá inmediatamente la intención de Scorsese con su travelling final.
Sergio Espinoza
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