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Voto de Sergio Berbel:
6
Voto de Sergio Berbel:
6
Drama En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo ... [+]
3 de febrero de 2022
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Pan de limón con semillas de amapola” es una buena y (demasiado) amable película, pero viniendo de un genio de la magnitud de Benito Zambrano, sabe a poco, a blandito y excesivamente pacifista cuento cargado, eso sí, de la mejor sororidad femenina, su mejor baza. Porque se trata de una historia de mujeres que interesa, que capta la atención, que nos llama para mostrar lo mejor de la solidaridad femenina y esa es la parte más notable del film.

Sin haberla leído, intuyo que el problema argumental de origen de la cinta procede de tener que ser una no fácil adaptación cinematográfica de la novela homónima de Cristina Campos, porque demasiadas cosas quedan en el aire para el espectador que no ha leído el texto literario fuente de la película y algunos cambios de actitud de sus personajes (sobre todo de la adolescente díscola o de la panadera seca y cortante) quedan en el aire sin entender ni comprender. Pero estamos hablando de Benito Zambrano, que viene de adaptar “Intemperie” y dejarnos un hito del cine de la década pasada de una manera agrestemente excelsa. Evidentemente, estamos en el caso contrario, su reverso dulce como el azúcar, porque “Pan de limón con semillas de amapola” es un cuento humanista lleno de personajes buenísimos y con una artificial ausencia de maldad por todas partes.
Benito Zambrano
Básicamente, entiendo que existen dos problemas “ab initio” que lastran todo el contenido de la película:

1.- Un buenismo que se respira en cada plano, en cada escena, donde todos son personajes angelicales sean médicas, cooperantes, monjas, ricas venidas a menos, hijas díscolas (que nunca se explica por qué oscilan al polo opuesto de pronto, imagino que por un mal movimiento adaptativo del guión con respecto al texto literario primigenio), panaderas más secas que un conductor de la Rober en Granada o ancianas argentinas adorables en demasía. Sólo hay un malo en la función, pero es tan arquetípico, tan sacado del manual del malo malísimo, que resulta increíble y ridículo, que es lo peor que le puede pasar a un malo de película.

2.- El casting, y esto es lo peor, resulta ciertamente defectuoso de manera generalizada, porque salvo con dos notables excepciones, el resto del elenco actoral no funciona. Porque es difícil sostener una película en torno a un personaje en el que su actriz protagonista no resulta creíble en ningún momento. Elia Galera no transmite, o al menos conmigo no funciona, y no creer en el personaje protagonista es estar condenado al fracaso como film. Ese malo interpretado por Pere Arquillué está tan sobreactuado que da más risa que miedo en determinados momentos.
Esto en cuanto al debe, porque en el haber de la cinta, insisto, que también lo hay y de forma notoria, está ese canto a la solidaridad entre mujeres, esa película netamente femenina como si del mismísimo Pedro Almodóvar se tratase, ese pequeño misterio que finalmente se revela a pesar de lo demasiado previsible que resulta y un buen partido estético que el director andaluz logra de los paisajes mallorquinos gracias a una dirección de fotografía preciosista de Marc Gómez del Moral. Al menos por estos últimos aspectos, vale la pena darle una oportunidad si nunca esperas encontrar en “Pan de limón con semillas de amapola” el nivel del genio andaluz creador de “Solas”, “La voz dormida” o “Intemperie”.
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