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España España · santiago de compostela
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Voto de berenice:
6
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6
Aventuras. Drama Brian Fitzgerald "Fitzcarraldo", un excéntrico y megalómano hombre de negocios obsesionado con la ópera, ha ido perdiendo su prestigio y su fortuna en absurdas empresas sin futuro. Su último proyecto consiste en construir un teatro de ópera en un poblado peruano a orillas del Amazonas; para conseguir el capital necesario para financiar tan magna empresa se dedica al comercio del caucho. Su extravagante plan exige sacar del río un gran ... [+]
20 de agosto de 2013
15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
El título de esta crítica gustaría a Herzog, sin duda, pues es el título que él mismo se adjudicaba para su empresa a propósito del film. Un título hipócrita, pues quien conquista lo inútil está falto de pretensiones y a Herzog le sobran y, además, busca descaradamente el aplauso. Lo "inútil", en este caso, es ese viaje en circular, (volver a empezar o empezar para volver, en cualquier caso para nada). También es inútil el propósito del viaje, aunque el infladísimo y ufano Herzog intente conferirle una carga de romanticismo desesperado a base de gramófono, lírica de la mala. Inutilidades líricas, pero todas impostadas, puesto que el loco Fitzcarraldo, ciertamente, está a punto de conseguir sus imposibles empresas, para lo cual el guionista le suministra artificialmente todo lo que necesita. Así cualquiera emprende locuras.
Pero lo verdaderamente inútil y, por tanto, en lo que más se empeñó el director alemán, es que el barco, sus toneladas y su remolcamiento, (amén, supongo, del desbroze y destrozo en la selva), tenían que ser reales. Herzog transustanciado, trasunto de Fitzcarraldo, embarcado en una empresa tan grandiosamente inútil como el melómano loco; eso sí, con la conveniente publicidad sobre las penurias del rodaje para que se supieran de antemano en todos los festivales de cine, especialmente en Cannes. Se presentaba no un director de cine, sino la misma esencia del cine. No sé por qué no interpretó él mismo al personaje, pero creyó que se llegaría a la poesía por medio del realismo, y ahí olfateó el aplauso de gentes hartas de trucos y deseosas de reciedumbre, (hoy, en la era digital, más que nunca: véase que todas las elogiosísimas críticas, panegíricos muchas, son del año dos mil y mucho en adelante, cuando todos estamos hastiados de los efectos digitales. Ya sé que la página no existía en tiempos de la película). Pero, en este caso, la realidad se funde un poco con lo falso, sin pretenderlo, y es una cosa especialmente curiosa que, al bajar los rápidos o en algunos momentos de subir la montaña, el barco parece, más que nunca, una maqueta, sí, incluso en pantalla grande.
Klaus Kinski
Pero es lo de menos. Lo triste es que, con tanto canto a la futilidad, importan más las maderas, las maromas y las poleas que la carne que va a bordo, con lo que tenemos tan sólo esbozos, (no despreciables, pero esbozos), de cocinero, de piloto, de mecánico, etc, acompañando al visionario. Y con dos horas y media hay que pedir algo más que esbozos, hay que exigir personajes para que la cosa no sea tan plúmbea a ratos. Total, que Fitzcarraldo hace su aventura casi solo, a la postre. Un visionario de perfilado tan elemental, y tan primariamente interpretado por Kinski, que sin gramófono no sería nada. . Además, sin tener ni idea de cómo son las tribus de jíbaros del Amazonas, protesto enérgicamente por el sobrecargamiento de ponchos de estos, en vez de un esplendoroso, cobrizo y amenazador desnudo pintado.
¿Por qué le pongo un seis a una película tan pedantorra y cansina? Por algunos buenos momentos, que los tiene, y, amigos, porque soy hijo de los cómics que leí, de las películas que vi de niño, de mis lecturas de autores clásicos de aventuras que me marcaron y fascinaron; y ver un barco remontando los ríos amazónicos hace tambalearse en mí cualquier severidad excesiva. Hay que verla, porque la selva luce esplendorosa, aunque no se trague al Kinski de los cojones. En la escena final, más lírica de la mala, como en las letras de La oreja de Van Gogh.
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